Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Primerizo.
Summary: ¿Quién es el bebé de mamá? ¿Quién obtuvo su primer trabajo? ¿Quién consiguió su primera erección con una mujer real? Ah sí, yo, el pequeño Eddie. Veinticuatro años bajo la sobre protección de mi familia para que un trabajo lo cambie todo. La boca del lobo… ¿O loba? Todos Humanos. Bella&Edward
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction ) porque de ahora en adelante me ayudará a corregir los capítulos, así que los "peors" pasaran a ser los "peros" que corresponden.
Capítulo 22: La primera vez de Eddie.
— Uh…
— Cállate.
— P-pero…
— Guarda silencio.
— Mhm…
El resto del camino lo recorrimos en silencio. Isabella había mandado a Dimitri a que ayudara a Emmett y Jasper a subir a su limusina, mientras ella me tiraba –literalmente– del brazo, estuvo a punto de arrancármelo. No era como si sintiera algo, ya que todo mi cuerpo en sí se sentía entumecido, aunque al ver que realmente era ella la que había estado de pie ahí en la entrada de La Comarca había traído la lucidez a mí por un efímero momento. Estaba enojada, realmente furiosa, me preguntaba por qué.
¿No era ella la que había empezado con esto?
Tal vez y andaba buscando una relación abierta como Alice y Jasper.
Ah, eso podía explicar el porqué se había colgado del cuello de otro.
Oh, y por si lo olvidaba. Íbamos a su pent-house.
Esa era otra de las cosas que me costaba procesar en estos momentos.
…
— ¡Dimitri, e-estaciona el auto! —chilló Jasper, golpeando la ventanilla que nos separaba del conductor— ¡Joder, Dimitri, estaciona el jo-jodido auto!
Jasper estaba un tanto desesperado. Tal vez quería hace pis o algo. Yo me estaba quedando dormido en el cómodo asiento que tenía la limusina. Isabella se movilizaba con clase, no podía discrepar en ello. Emmett y Swan llevaban conversado –o tratando de hacerlo– desde que nos subimos a la limo. Creo que Isabella estaba regañando a mi hermano por algo de lo que aún no estaba consciente, no alcanzaba a procesar todo lo que hablaban, solo palabras sueltas a las cuales tampoco le estaba tomando importancia.
Tenía hambre y quería mi cama ahora.
— ¡Jasper, siéntate de una puta vez y deja de chillar como una nena!, ¿qué es lo que quieres?
— Vo-voy a vo-vomitar —cubrió su boca rápidamente cuando soltó la última palabra.
¡Rayos y centellas!
— ¡Dimitri, vete a la orilla rápido! —chilló Bella a su conductor, quien le hizo caso inmediatamente— ¡Estúpido, me manchas el tapiz y juro que te haré limpiarlo con la lengua! —Isabella le abrió la puerta y lo ayudó a "bajarse" de la limusina.
Jasper estaba prácticamente colgando, mitad del cuerpo afuera, mitad del cuerpo dentro.
Y Jasper invocó a Guajardo, Gutiérrez y Ulloa (1).
Luego de eso todo volvió a la normalidad. Dimitri podía manejar en silencio, ya que Jazz quedó Knock-out luego de acomodarse dentro del auto y decir la tan conocida frase –o mejor dicho, falacia– "No bebo nunca más". Isabella seguía regañando a Emmett por el estado en el que se encontraba y como tenía una mujer encinta en casa esperando por él –si, finalmente había logrado descubrir que era lo que hablaban– y luego estaba yo…
Repito: Comida y cama, ¡ayuda!
— ¡Emmett Theodore Cullen!
El chillido de Rosalie fue enorme y estuvo a punto de romper mis amados tímpanos, pero aún así no pude evitar soltar una pequeña risita al escuchar el nombre completo de Emmett. Mamá amaba a Sir Theodore Martin, un poeta escocés… Y así fue como la vida de mi hermano entró en caos cuando descubrió su hermoso segundo nombre. Emm intentó asesinarme con la mirada, esa táctica era muy usada y yo siempre me preguntaba el porqué de ello, si por más que se desfiguraran y trataran de mirarte feo no íbamos a morir misteriosamente.
Gente y sus creencias populares.
— ¡R-Rosie! —hizo un puchero que no alcanzó a ablandar el corazón de Rosalie— ¡S-solo estábamos divirtiéndonos un poquitito! —hipó. No era el único que estaba arruinado después de todo— ¡No-no podía dejar a mi hermanito s-solo en es-sto bebé! —de un momento a otro Emmett se quedó estático— Es-speren… ¿es-scuchan es-so?
— ¿Qué demonios estás diciendo? ¡Eres el único haciendo alboroto en la calle a estas horas Emmett Cullen, ponte de pie inmediatamente! —Rosalie estaba roja, nunca la había visto así de enojada en la vida. Las mujeres enojadas eran algo de lo que uno tenía que cuidarse firmemente.
— ¡Shh, Rosie, lo escucho! —Emmett cayó sobre sus rodillas y pegó su oreja al vientre de Rosalie— ¿Q-qué es lo que dices piojito? —todos estábamos observando esa escena –excepto Jasper que dormía como tronco luego de la sucedido con anterioridad– con el ceño fruncido— Ah, ¿Q-qué mami qué?... ¿Q-quieres que mami perdone a papi por llegar e-ebrio?... —Emmett dejó un beso sobre el vientre de su pareja y miró hacia arriba— R-Rosie, no e-estoy tratando de extorsi-sionarte ni na-nada para que me perdones, pero nu-nuestro piojo dice q-que él estaría muy feliz si ignoraras el estado en el que me en-encuentro.
El silencio reinó en el lugar por un breve instante, hasta que la furia de Rosalie se desató.
— ¡No vas a utilizar a mi hijo en tus artimañas, jodido idiota. ¡Te quiero dentro del apartamento en menos de tres segundos! —tragué saliva al ver como Emmett se estremecía. Emmett le sacaba unos veinte centímetros a Rosalie de altura y era el triple de ella en musculatura física, pero estaba casi seguro de que el pobre idiota estaba a punto de mearse los pantalones— Uno… dos…
Y salió corriendo como alma que lleva el diablo.
— ¿Estarás bien? —le preguntó Isabella a través de la ventanilla de la limo.
— Completamente, puedo lidiar con uno. Pero a ese —me apunto a mí, el enojo aún latente en sus facciones. Me encogí en el asiento del automóvil tratando de hacerme bolita y así desaparecer— no me lo dejes aquí.
Estuve a punto de recordarle que el apartamento era tanto mío como suyo.
De hecho, era más mío que suyo.
Pero era mejor no hacerla enojar más de lo debido.
— Tranquila, no te alteres estoy segura de que Emmett ya debe estar durmiendo dentro, recuerda que no debes esforzarte mucho por el bebé —Rose le sonrió a Isabella y asintió— Y por Cullen no te preocupes, tengo una habitación para huéspedes en mi hogar.
— Gracias por cuidar de Eddie, Isabella.
— De nada, fui niñera cuando tenía quince años, esto es pan comido.
Y ambas rieron confidencialmente.
…
— ¿Puedes caminar o tengo que seguir arrastrándote? —me preguntó hostilmente. Asentí un tanto avergonzado y me dispuse a bajar del automóvil cuando llegamos a nuestro destino. Puedes que me haya tambaleado unas dos o tres veces, nada fuera de lo común.
Isabella se despidió de Dimitri y subió al ascensor junto a mí. Cuando se dio cuenta de que me estaba costando un poquito apretar el botón de PH, resopló. Apartó mi mano de un manotazo y lo apretó ella. El silencio denso que concentraba en aquel reducido espacio me estaba desquiciando, se podía cortar fácilmente con una tijera la tensión que se sentía en el ambiente. Era incómodo y estaba muerto de miedo. Isabella realmente era alguien a quien temer.
Un inconsciente puchero se formó en mis labios, no me gustaba que la gente estuviera molesta conmigo.
— Sue preparó una de las habitaciones de invitados para ti, solo debes doblar en el siguiente pasillo a la derecha. Sabes dónde está mi habitación, si necesitas algo… Espero que no, no quiero que me molestes más esta noche, ya tuve suficiente de ti, así que…
— ¡E-espera, e-espera! —chillé, cortando la larga charla que estaba comenzando — T-tú… ¿q-qué fue lo que hice ahora? —fruncí el ceño al no entender su actitud— ¡T-todo es-s tu culpa!, ¡todo, todo, todo!, ¡yo ni s-siquiera bebo y mírame ahora! —empuñé mis manos y seguí despotricando— ¡Des-sde que entré a es-sa jodida editorial he hecho cosas-s que nuuuuunca había hecho!, ¡nunca! Y no s-sé porqué es-stás enojada conmigo —Isabella alzó una de sus cejas y solté un bufido— ¡Eres-s una des-scarada! —me crucé de brazos y resoplé— ¿Qué? T-tu y yo no somos-s nada, puedo bes-sar a quién quiera… ¡Tú estabas-s con otro tipo cuando me habías-s dicho que me querías-s! —finalmente lo había sacado de mi sistema. Isabella me observaba sorprendida, no pude hacer más que agachar la vista y susurrar—: no es justo.
— Te pedí que no huyeras de mí —susurró, mirándome fijamente con sus grandes ojos—, y fue lo primero que hiciste. Me estabas evitando, volviste a llamarme "señorita Swan", no me mirabas directamente y tratabas de alejarte lo más posible de mi —levanté la mirada y tragué saliva cuando sentí sus pasos al acercarse a mi— ¿Qué querías que hiciera si no me decías nada? ¡No sé leer mentes, joder!, ¡pensé que te había asustado o algo!, ¡estaba tratando de dejarte el camino libre! —observé a Isabella fijamente, una pequeña arruga se había formado entre sus cejas debido a su ceño fruncido— estaba tratando de no pensar en ti como lo hago todos los putos días, ¿qué mierda fue lo que me hiciste, chico?
— ¿Quién era él? —le pregunté, ignorando todas las verdades que me había lanzado a la cara. Era realmente bueno en ignorar a las personas. Ah, y por si fuera poco, la sobriedad vino a mí de la nada, genial— ¿Quién era ese tipo con el que estabas en la cafetería?, ¿quién era ese hombre al que besaste?
— James.
"Por lo menos tu último chico, ese modelo… ¿cómo era que se llamaba? ¿James? ¿Laurent? ¿Félix?"
Ah, papá Swan tenía razón después de todo.
— Creo que le odio. Y yo no odio a las personas, por muy antipáticas y desperdicio humano que estas sean, porque el odio es un sentimiento demasiado grande el cual indica que le das importancia a alguien, al igual que el amor —entrecerré mis ojos y volví a cruzarme de brazos—. Pero a él lo odio.
— Fue una estupidez, lo sé —rodó sus ojos y soltó una risita—. Estaba enojada contigo, y con todo el mundo… estaba triste, también. James no es nadie, la verdad. Yo sabía que tú estarías en la cafetería, tal vez quería ver si reaccionabas o algo, no lo sé… ¡Cuando se trata de ti no sé nada y eso me exaspera, joder!
— Bueno, te perdono.
— ¿Disculpa? —oh, creo que Isabella se había enojado otra vez— ¿Me perdonas?, ¿por qué, si se podría saber?
— P-por… P-por besar a o-otro chico, a ese J-James —inflé mis mejillas, las cuales estaban sonrojadas, y desvié la mirada— n-no deberías andar besando a la gente, así porque sí… —fruncí el ceño y pensé en una respuesta mejor— de hecho, no deberías besar a nadie más.
Ah, bien hecho Edward, corto y preciso. Directo al hueso.
— Y nuevamente repito: ¿disculpa?, ¿quién eres tú para decirme esas cosas? —admito que dolió un poco ahí nuevamente— ¡Hace unas pocas horas tenías a una prostituta rubia sobre tu regazo tratando de violarte!, y no digas nada, porque vi lo cómodo que estabas con ella.
— Ah, bueno —murmuré, avergonzado—, yo solo… Yo quería… Bueno, tú lo habías hecho antes con ese tipo entonces, ¿por qué no podía yo? —nuevamente agaché la mirada, me estaba comportando como un crío. Sentí la mano de Isabella posarse suavemente en mi barbilla, para así levantar mi cabeza un poco y hacer contacto visual.
— Tú… —algo brilló en los ojos de Swan—, tú no puedes hacer esas cosas porque eres mío. Estuve a punto de matar a esa perra…
— El vocabulario, Isabella… —murmuré, sus labios se acercaban cada vez más a mí. Soltó un pequeño bufido y rodó sus ojos— sea como sea, ella es una mujer y merece respeto.
— Ella es una perra —susurró, su aliento golpeando tenuemente contras mis labios embobándome segundo a segundo.
— ¡Bella! —traté de regañarla, ¿pero cómo podría? Creo que Jasper tenía razón, Alice tenía razón, todo el mundo tenía razón; realmente me gustaba ella. Isabella me estaba sonriendo hermosamente, sus ojos brillaban con felicidad y diversión— ¿Q-qué? —murmuré un tanto cohibido.
— Me llamaste Bella, nunca me habías llamado así antes.
— Uh, ¿sí? Lo hago todo el tiempo en mi mente —me golpeó con su pequeño puño en el hombre y reí— ¿Qué está pasando? —nuevamente fruncí el ceño confundido por todas las emociones que se agolpaban en mi.
— ¿Eh? —nuestras narices se rozaban con sutileza, sentí un pinchazo de orgullo al ver que no era el único afectado por la cercanía— ¿qué está pasando de qué?
— Primero estábamos peleando y ahora… —sus ojos volvieron a observarme y ahí me perdí en la estratosfera nuevamente— Y ahora solo quiero besarte —susurré, carraspeando y con las mejillas arreboladas. Iba a bendecir el día en que dejara de sonrojarme— No estoy acostumbrado a estos bruscos cambios de emociones y comportamiento.
— Que no se diga más, entonces.
Isabella se empinó en la punta de sus pies y junto finalmente nuestros labios.
Oh, la había extrañado.
Como Spiderman extrañaba a Gwen aunque se mintiera a si mismo diciéndose que MJ era el amor de su vida.
Había extrañado la dulzura de sus besos, la suavidad de sus labios sobre los míos. Había extrañado sentir aquellas "chispas" en el cuerpo cuando su lengua se entrelazaba con la mía. Había extrañado tantas cosas de este mundano contacto siendo que no había pasado mucho tiempo de ello, pero a pesar de todo parecía como si hubiera pasado una eternidad sin sentir el sabor a chocolate de sus labios.
Porque Isabella sabía a chocolate, puede que a Hershey's… y yo era un fan empedernido.
— Edward… —murmuró, dejando un beso sobre mis labios al tiempo que se separaba lentamente de mi— Te llevaré a mi habitación —volvió a murmurar, dejando un nuevo beso sobre mis labios.
— Uh, está bien —me sentía drogado gracias a sus besos. Había descubierto recientemente que Isabella era mi criptonita. Sinceramente, si Clark hubiera tenido una criptonita que luciera como ella, no le hubiera importado el debilitarse a su cercanía, para nada… y el mundo de hubiera ido al caño, pero ese es otro tema.
— Edward… —junto nuestros labios por cuarta vez en la noche y dejó un largo beso en ellos, al separarse mordió mi labio inferior suavemente, causando un sonrojo en mí. Su sonrisa traviesa no tardó en aparecer—, haremos el amor.
— Eh, está bien, está bien —ella no se callaba y yo solo quería que me siguiera besando. Jaló de mi mano y me guió a su habitación. Me sentía sobre una nube, estaba caminando, ¿o flotando? Por un suelo esponjosito. Ah, estaba en el paraíso… — ¡Espera! ¡¿Qué es lo que haremos?! —chillé histérico cuando me di cuenta de sus palabras anteriores— Uh, I-Isabella yo c-creo q-que… no, espera…. I-Isabella, c-creo q-que…
— Shhh… —posó su dedo índice sobre mis labios y sonrió nuevamente.
¡Mayday, mayday!
Estábamos en su habitación, esa donde el señor Swan nos había pillado aquel día. Isabella estaba de pie frente a mi mirándome intensamente, me removí incomodo en mi lugar por su escrutinio, ¿qué esperaba encontrar?, era el mismo después de todo, ¿por qué me miraba así? Me estaba poniendo más nervioso de lo que ya estaba al pensar en lo que haríamos en la cama que estaba a solo unos pasos atrás de nosotros. Las dudas comenzaron a embargarme nuevamente, no iba a dar la talla, no iba a ser suficientemente bueno. Una imagen del tipo con el que estaba en la cafetería apareció en mi mente, yo era un fideo comparado con él.
¡Oh recórcholis!, yo era nada.
¿Qué era?
Un chico flaco, con grandes lentes de montura, con bóxers de Superman y probablemente precoz.
Tragué saliva, nervioso, y comencé a remover mis manos. Esto no saldría bien y me humillaría a mi mismo nuevamente, como siempre lo había hecho. Era el ciclo de la vida, me humillaría hasta el día de mi muerte. Nunca dejaré de preguntarme como una mujer como Isabella quería estar con alguien como yo. Digo, ¡ese tipo que estaba con ella era para ella! Los dos con esa apariencia de gente importante de Hollywood, ella con su hermosa figura y él con ese sixpack envidiable… y luego estaba yo.
Siempre iba a estar luego yo.
…
— ¿Invitaras a Cullen al baile de primavera?
Me quedé escondido tras el árbol al escuchar mi apellido. Tal vez y estaban hablando de mi hermano Emmett, el era realmente popular con las chicas. Estaba nervioso y temblando sin ninguna razón aparente, acomodé las gafas sobre el puente de mi nariz y decidí dejar mi escondite. Sí, lo más seguro era que hablaban de Emmett. Con la cabeza en alto e ignorando como me sudaban las manos pasé junto al grupo de chicas que estaba cuchicheando entre sí.
— Uh, ¿d-disculpa? —me paralicé al darme cuenta de que me estaban hablando a mí, di media vuelta tímidamente y una adorable chica estaba tras de mí con una pequeña sonrisa en sus labios. Se había separado del grupo que estaba unos cuantos metros más atrás— Tú… Tú eres Edward, ¿verdad? —asentí sin encontrar la voz para hablar— Oh, bueno… y-yo me preguntaba s-si… s-si tú querrías ir al baile de p-primavera c-conmigo.
Abrí mis ojos con sorpresa y mi rostro rápidamente se cubrió de rojo. No podía salir del estupor en el que me encontraba. Yo, Edward Cullen de quince años, el chico con gafas y un leve problema de acné, estaba siendo invitado al baile de primavera por una hermosa chica que nunca había visto en mi vida. Tragué saliva y traté de responderle, abriendo mi boca un par de veces en un intento vano por hablar.
— ¿Qué es lo que pasa? —todos levantamos la vista ante esa voz.
Mi gozo en un poco.
Michael.
El bully.
— Uh, n-nada —murmuró la chica— y-yo solo… él…
— ¿Estás molestando a esta dulce señorita, Cullen? —se acercó a mí con ese aire de matón que las chicas amaban y me dio un empujón— ¿Qué fue lo que te dijo el friki este? —apoyó su brazo sobre mis hombros. Me encogí ante la perspectiva de lo que sucedería a continuación— ¿Es que acaso estabas tratando de invitarla al baile, Cullen? —me preguntó con burla.
"Bueno, técnicamente ella me estaba invitando al baile".
Eso era lo que yo iba a contestar, pero alguien se me adelantó.
— Oh, ¡s-si! —se rió nerviosamente— ¡Él me invitó al baile de primavera!, ¿absurdo, no crees? —la misma chica que minutos antes me había detenido de una agradable caminata a solas a mi casa, para conectarme y poder jugar Counter Strike en paz, estaba mintiendo frente a mis ojos— Digo, quién iría con él si estás tú aquí… —y ahora estaba flirteando con Michael.
Me removí incómodo bajo el brazo de Newton, quien apretó más el agarre en mí. Ouch, eso traería otro moretón a mi cuerpo debilucho, simplemente genial. Tendría el record guiness de moretones en la vida si seguía así. Suspiré y me quedé ahí, esperando que tiraran toda la basura diaria que tiraban sobre mí de una vez por toda.
— Ya escuchaste a la señorita, Cullen —otro empujón más y esta vez caí al suelo—. Será mejor que la dejes tranquila, engendro —se giró a la chica en cuestión y le guiñó un ojo—. Ya veremos eso del baile, dulzura.
Y partió, dejándome ahí tirado en completa humillación.
¿Es que nadie entendía que yo solo quería llegar a casa a jugar?
— Uh, E-Edward, y-yo…
— Está bien —murmuré poniéndome de pie y limpiando mi atuendo— Está bien, lo entiendo, no intentes disculparte, no lo necesito. Él es un chico popular, él es guapo, él es Mike y yo solo soy Edward. Lo entiendo —le sonreí tenuemente y seguí con mi camino.
¿Cuánto era que faltaba para salir de la secundaria?
Por Merlín, cerca de tres años más.
…
— ¿Edward?, ¡hey!, cariño… —Isabella estaba sujetando mi rostro con ambas de sus manos. Moví mi cabeza levemente para despejarme de los recuerdos del pasado. Pero que buenos años fueron aquellos, huh. Le sonreí tenuemente y ella le dio una suave caricia a mi mejilla, sonriendo en respuesta.
— Estoy bien.
— ¿Estás seguro?, te veías un poco… perdido —suspiré y asentí.
— Yo… Y-yo solo no sé como lo haré, y-yo… no puedo saber si lo haré bien —me encogí de hombros restándole importancia— Tengo miedo de no ser suficiente, de que llega alguien mejor —cough, James, cough— y… nuevamente vuelva a ser solo Edward. El empollón de Edward, el adicto a los videojuegos. Edward.
— Creo que será mejor que te calles, me he cansado de hacerte ver que nada de eso que dices es verdad. Así que de ahora en adelante guarda silencio y… —Isabella sonrió y dejo un rápido beso sobre mis labios— déjate querer.
— Oh, b-bueno.
— Entonces, ¿lo haces tú o lo hago yo?
— ¿Eh?
— La ropa —me sonrojé cuando entendí lo que estaba diciendo— Esta bien, yo lo haré —rodó sus ojos y comenzó a levantar el sweater que estaba usando, mostrando una porción de su hermoso abdomen— Pero solo por esta vez, ¿eh? —sonrió y me guiñó un ojo utilizando sus armas de mujer, esas que te hacen caer rendido a sus pies.
— Uh, espera, yo quiero —rasqué mi nuca nerviosamente y acomodé mis gafas una vez más.
— Adelante, entonces —alzó sus manos al aire, sin borrar la pícara sonrisa de su rostro.
Me acerqué a ella lentamente, un tanto intimidado por su libertad y su manera de tomar las cosas. Isabella me jaló del brazo haciendo que colisionara con su cuerpo suavemente, alzó una de sus cejas y guió mis manos al dobladillo de su sweater. Lo levanté con cuidado y lentitud, guiando mis temblorosas manos a través de su torso, empezando por su plano abdomen y siguiendo por el costado de sus pechos –puedes que me haya demorado un poco más cuando pasé por allí– y finalmente lo saqué por sus brazos, dejando solamente su brassier…
Oh.
— ¿Te gusta? —me preguntó, con un adorable sonrojo en sus mejillas.
¿Por qué me hacía esto?
Una cosa era ver el brassier de Capitán América en su cajón de lencería, y otra era verlo puesto.
— Es perfecto —murmuré, sin quitar mí vista de sus redondos pechos— Completamente perfecto.
— Me alegra que te guste, es mi turno ahora —asentí en su dirección un tanto nervioso. No sé por qué, ella ya me había visto así, solo con los bóxers.
Isabella se acercó a mí con andar felino, tiró de la cinturilla de mis pantalones y nuevamente quede pegado a ella. Con una sonrisa deshizo la corbata y la lanzó lejos para así luego comenzar a desabotonar mi camisa con maestría, todo esto lo hacía sin quitar sus ojos de los míos. Tal vez me estaba reconfortando, pues así era como yo lo sentía. Sacó mi camisa rápidamente y solo quedé con la polera musculosa que usaba debajo. Isabella posó sus manos sobre mi pecho y recorrió mi torso lentamente, tuve que aguantar la respiración en el momento en que llegaba a su cometido, el dobladillo de la polera estaba demasiado cerca de la zona sensible. Ella volvió a hacer el recorrido por mi cuerpo, en reversa esta vez, cuando finalmente retiró la polera y ya no había nada más que piel, se acercó a mi pecho y dejó un casto beso sobre el músculo que me mantenía con vida pero que estaba amanzanado con fallar su cometido en cualquier momento.
En este momento podrían estar quemándose mis DVD's de Star Trek y ni siquiera Spock se daría cuenta de ello.
—Te quiero —murmuró, mirándome entre sus pestañas— Y si se te ocurre arrancar de mi una vez más, genio, te cortaré tus partes intimas con mucho gusto, ¿entendido? —asentí intimidado, juntando mis piernas en un acto reflejo a sus palabras.
El resto de nuestras prendas desaparecieron con la misma rapidez que antes. Mi pantalón estaba y al cerrar mis ojos ¡paf! Había desaparecido por competo, al igual que los de Isabella. Me empujó haciendo que cayera de espaldas sobre la cama, gateó hasta mí y me besó como si el mundo se fuera a acabar mañana… hoy… no recuerdo como era la frase popular.
La cosa era que me estaba besando.
Con fuerza, ímpetu y mucha ferocidad.
Y me gustaba.
Se separó de mi lentamente, dejándome con los problemas del asma a flote… tendría que buscar una bolsita o algo, siempre olvidaba el inhalador. Maldito. Isabella fue dejando pequeños besos por mi rostro, primero dejó un delicado beso en la punta de mi nariz, luego en la mejilla izquierda, derecha y así siguió bajando por mi mandíbula… también descubrí que los besos en el cuello eran algo de temer, o tal vez Isabella había encontrado otra de mis zonas erógenas.
Ella podía investigar cuanto quisiera, si soy sincero.
Aunque…
Cuando siguió bajando a lo largo de mi cuerpo tuve miedo.
Oh por Thor.
Ella iba bajando muy rápido y…
Oh…
— ¿Qué pasa? —murmuró la muy bribona, sabiendo qué era lo que pasaba. Cerré mis ojos y comencé a contar número primos, para así olvidar como se sentía el aliento de Isabella sobre mi pecho cada vez que soltaba una pequeña risita cuando yo me estremecía— ¿Te gusta esto, Edward? —e inesperadamente pasó su lengua sobre mi tetilla para luego soplar delicadamente sobre aquel lugar.
Nunca entendería como lograban contenerse tanto.
Yo sentía que estaba a punto de morir.
— Uh, mhm —murmuré, incapaz de formar alguna oración coherente.
— Me alegro —dijo, volviendo a besar dulcemente la piel que cubría mi corazón— hoy se trata sobre ti, así que tú solo siente —estuve a punto a reclamar como un niño malcriado. No era equitativo, yo también quería causar aquellos estremecimientos en ella.
¿Cómo se sentirían sus pechos en mi boca?
Ah…
¡Quita eso de tu mente, quítalo, quítalo ahora!
— Whoa, creo que alguien quiere salir a jugar.
Maldito traidor, ¿no podía esperar un poco más para despertarse?
Isabella volvió a reír y siguió bajando dejando pequeños besos a lo largo de mi torso, se detuvo sobre mi ombligo y levantó la vista, clavando sus ojos en los míos. Me dio una sonrisa torcida que mando ciertos estímulos a aquella parte de mi cuerpo que aparentemente se mandaba sola. Qué terrible era todo esto, terrible y placentero, no sabía si avergonzarme por todas las cosas que estaba sintiendo o dejarla seguir en lo suyo.
En realidad si sabía, porque la iba a dejar que siguiera en lo suyo.
— Eh, B-Bella, es-espera…
Ella había llegado al inicio de mis bóxers, ya había pasado el "camino de la felicidad" y estaba jugando con el elástico de mis bóxers. Yo tenía que prepararme mentalmente para este momento, porque cuando le diera la señal ella se desprendería de la única prenda que cubría mi cuerpo y el amigo por fin vería la luz del día –en sentido figurado, ya saben, estamos de noche– y se asomaría engreído frente a ella.
— ¿Edward? —llevé mi vista hacia donde se encontraba Isabella. Sus brazos estaban cruzados sobre mí bajo vientre y ella tenía apoyada su barbilla allí, una sonrisa adornaba sus labios y una de sus cejas estaba alzada— Me gustan tus bóxers, sabes…
— Oh, gra-gracias —murmuré, sin saber que decir. Mis superhéroes siempre me acompañaban en momentos difíciles, era el turno de Superman ahora, que se encontraba impreso en mi ropa interior.
— ¿Estás listo, cariño? —la pregunta del millón.
¿Estamos listos?
Bueno, mi compañero estaba más que listo.
— Y-yo, mhm —cuando asentí lentamente con mi cabeza podía imaginarme la canción Gonna Fly Now de fondo, a lo muy Rocky Balboa corriendo por las calles de Philadelphia.
Vamos Edward, tú puedes, no pierdas el control.
¡Ka'pla!
O en vuestro idioma: ¡La victoria es mía!
— Oh… Whoa, mhmm —no quería abrir mis ojos y menos luego de aquellos murmullos inteligibles, ¿Qué se suponía que significaba todo eso?— solo… ¡whoa!
— ¿Q-qué pasó?, ¿a-algo anda mal? —murmuré, cubriendo mi rostro con ambas de mis manos— ¿N-no te gusta? —Isabella soltó una carcajada y nuevamente estuve a punto de morir. ¡Ella no podía hacer eso cuando no había nada cubriendo mi miembro! Simplemente no podía.
— ¿Enserio me estas preguntando si me gusta? —me preguntó con diversión.
— B-bueno, yo no… N-no lo sé, ¿q-qué debería decir? ¡No sé qué decir! —chillé histérico.
— Entonces no digas nada —a pesar de no estar viéndola, podía sentir la sonrisa en sus labios— Y sí, me gusta y está muy bien… —y luego hizo algo imperdonable, algo que debería ser ilegal, algo que me hizo abrir los ojos como dos platos y aguantar las respiración por un largo momento.
Isabella había dejado un beso travieso en la punta de mi asta.
Si saben a lo que me refiero.
— Está más que bien…
Y otro.
— Creo que es muy tú…
¿Cómo era eso posible? Pero no obtuve respuesta, nope, obtuve otro pequeño beso.
— ¿Sabes? creo que me encanta.
Y nuevamente me torturó con sus labios.
Ayuda.
— ¿B-Bella? —pregunté con temor. En realidad, no era temor, estaba tratando de contenerme lo más que pudiera. En cualquier momento soltaba un gritito no muy masculino por mi parte si ella seguía haciendo eso— ¿P-podrías dejar de hacer e-eso?
— ¿Por qué? —me respondió, enfurruñada. Era como si le hubieran quitado un dulce a un pequeño niño— ¿No te gusta acaso? Yo pensé que lo estabas disfrutando tanto como yo.
Ah, si supiera.
— Uh, no… digo, sí —mantuve mis ojos cerrados y conté mentalmente para calmarme— Me gusta —admití sumamente avergonzado. Carraspeé antes de continuar—, p-pero…
— Edward, ¿podrías abrir tus ojos? —suspiré e hice caso a su petición.
Isabella me observaba sonriente, a pesar de que sus ojos estaban un tono más oscuro. Le sonreí tímidamente de vuelta y ella lo tomó como una invitación. Nuestros rostros quedaron a la par y dejó un casto beso sobre mis labios. Debido a la nueva posición su entrepierna estaba sobre mi hinchado amigo. Solté un leve siseo a causa de la fricción. Oh, esto era mucho mejor que haber conocido a Leonard Nimoy en la Comic Con. Conocer al actor que encarnó a Spock era una cosa alucinante, pero esto…
No necesitaba seguir viendo Viaje a las estrellas si tenía esto.
— ¿Bella? —sonrió. Sus ojos se habían cerrado en algún momento en el cual me dejé llevar por todo lo que me estaba haciendo sentir— ¿Estás bien? —me estaba preocupando un poquito ya que no quería abrir sus ojos y mantenía su labio inferior encarcelado con sus dientes.
— E-estoy perfectamente —alcé unas de mis cejas y entrecerré los ojos con cuidado— ¿Q-qué? —me dijo, carraspeando en el proceso, cuando abrió finalmente sus ojos— No eres el único que se está aguantando aquí, por si no lo notaste.
— Oh.
— Sip, oh —volvió a sonreír y dejó un casto beso sobre mi nariz— es hora de quitarme esto —fruncí el ceño, pero luego me di cuenta de que estaba hablando. Isabella llevó una de sus manos a su espalda y en un abrir y cerrar de ojos su brassier estaba fuera, dejando aquellos cremosos pechos a mi merced.
Ah, esto era el paraíso.
Mis ojos no podían dejar de mirar aquellas circunferencias que se mecían frente a mí. Isabella era perfecta en todos los sentidos de la palabra, y su cuerpo no daba discusión a ello. Se veían tan suaves, las manos me picaban para tocarlos, tuve que contenerme nuevamente para no salir de sí y dejarme llevar por los más básicos instintos del ser humano.
Era una persona racional, no un primitivo.
Pero se veían tan, tan blanditos…
— P-puedes tocar si quieres —Isabella no había dejado su sonrisa decaer por nada del mundo y esta no sería la ocasión. Sentí como mis mejillas se coloreaban cuando me preparé para tomar uno de sus senos con mi mano…
Ah, sip.
Eran sumamente blanditos y cabían perfectamente en mis manos.
—Una vez en la secundaria, escuché a los chicos decir que tocar los pechos de una chica era igual que tocar un bíceps —sonreí recordando aquello, sin quitar mis manos de la nueva entretención que había encontrado— Cuando llegué a casa, estuve cerca de una hora tocando mis brazos —Isabella soltó una risita, tuve que dejar de mirar a mis nuevos dos amores para enfocar su rostro— Ellos estaban equivocados, esto es mucho, muchísimo mejor.
— Eres adorable —sus brazos se fueron a mi cuello rápidamente y nuestros labios comenzaron una nueva danza.
Y no solté a mis chicas, no señor.
Me enderecé un poco para así estar apoyado contra el respaldo de la cama de Isabella, quien se acomodó nuevamente sobre mi regazo, haciendo que la fricción de nuestros sexos se intensificaran. He muerto un par de veces a lo largo de este proceso, pero cuando Isabella soltó un pequeño gemido a través de sus labios debido a un movimiento que ocasionó una nueva fricción, estuve completamente seguro de que había muerto he ido al cielo. Tuve que dejar mi lugar feliz en sus pechos para sujetar su cintura, si seguía moviéndose de esa forma nuevamente abría un problema y no estaba para eso.
No a estas altura por Thor.
— Edward, tenía planeado que hiciéramos más cosas aparte del acto en sí —asentí a sus palabras cuando se separó de mi, nuestras respiraciones estaban erráticas y sinceramente no me sentía capaz de hablar— Pero, chico, no puedo más y te necesito —para enfatizar su punto presionó nuestras caderas deliciosamente y sentí mis ojos rodar a la parte trasera de mi nuca— Y siento como tú me necesitas también.
Ella me estaba matando lentamente.
— Uhm, e-está bien —murmuré como pude. Isabella sonrió y se bajó de mi regazo rápidamente.
Mis ojos la siguieron como si fueran un imán que atraía mi mirada inconscientemente, no podía dejar de admirarla, sería una aberración si lo hiciera. Ella era tan condenadamente hermosa. Isabella sacó un pequeño paquete plateado de su buró y me guiñó un ojo cuando lo sostuvo frente a mí. Lo colocó sobre mi mano y luego volvió a alejarse… Finalmente se desprendió de sus bragas y quedó como Dios la trajo al mundo.
Venus debería sentir vergüenza de sí misma.
Isabella a lo mejor era su reencarnación, o algo sumamente mejor.
— Llegó la hora, muchacho —se colocó a horcajadas de mi nuevamente y me quitó el paquete de las manos.
Creo que me había quedado en shock.
Oh Dios.
Que no se me ocurra necesitar la bolsita ahora, por favor.
Observé con curiosidad como Isabella colocaba magistralmente el condón sobre la punta de mi ya adolorido aparato reproductor. Agarró la punta de este y luego lo deslizó con suavidad hasta la base. Tragué saliva debido al escalofrío que recorrió mi cuerpo, no sé si fue por sentir sus manos sobre mi parte más sensible o al ver como su pequeña lengua lamía su labio inferior mientras efectuaba la maniobra de colocar el condón.
Estaba todo listo.
Eddie junior estaba infundado en su gorrito de fiesta y estaba listo para divertirse.
— Eddie, mírame —Isabella agarró mi rostro entre sus manos y juntó nuestras frentes— No estés nervioso, ¿sí? Lo disfrutarás al igual que yo —asentí como un niño pequeño— Yo… Te quiero, y lo digo enserio, ¿está bien? —volví a asentir perdido en su voz— Mañana ya hablaremos, mañana veremos dónde nos dejará esto, ahora solo queda disfrutar.
— Yo… —cerré mis ojos una vez más y me di el valor que me hacía falta—, a pesar de que soy un tanto lento para entender las cosas, e incluso necesité ayuda para saber qué era lo que me sucedía respecto a ti… lo que quiero decir es que… seguiré pensando que esto —la apunté a ella y luego a mi— es una locura.
— En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón.
— Y no, no metas a Nietzsche (2) en esto —Bella rió suavemente y asintió— hare como dices y dejaremos todo lo que tenemos que hablar para… unas horas más, ya que técnicamente son más de las doce y ya hemos pasado al día siguiente, por ende…
— Oh, cállate —y me besó, al mismo tiempo que se alzaba sobre sus rodillas y deslizaba mi feliz miembro dentro de su ser— Oh, si… así está mejor.
Mi cabeza se fue hacia atrás, golpeándose con el respaldo de la cama.
No era como si hubiera dolido, no existía nada más en este cuarto que el calor de Isabella envolviéndome de maneras que nunca creí posibles para mí. Bella posó sus manos sobre las mías que aun se encontraban sobre sus caderas y me hizo apretarla un poco más fuerte para que no soltara el agarre, luego enredó sus brazos en mi cuello y me volvió a besar.
Esta vez lo hizo con lentitud, siguiendo el compás de su cuerpo mientras este se mecía de arriba abajo.
Arriba.
Abajo.
Un gemido escapó de mis labios cuando aumentó el ritmo. La habitación estaba en penumbras y lo único que se escuchaba era el rozar de nuestros cuerpos y las pequeñas exclamaciones que salían de nuestras bocas cuando no estábamos besándonos. Por todo los jodidos astros. Nunca pensé que fuera así, digo, en las películas de Emmett se veía como gozaban con el placer que este simple acto acarreaba pero vivirlo era completamente diferente. Era mágico y puede que adictivo.
Arriba.
Abajo.
Gemido.
Y no sé donde salió este sentimiento, pero tenía unas ganas enorme de darla vuelta y tenderla bajo de mi cuerpo.
¿Qué fuerza del mal era la que me estaba poseyendo?
— E-Edward —traté de concentrarme en la voz de Isabella, ¿ella quería hablar?, ¿enserio?— Ha-Hazlo.
— ¿Q-qué? —murmuré con la voz entrecortada. Isabella seguía deslizándose sobre mí sin ningún reparo alguno, ella iba a un ritmo enloquecedor y estaba realmente asombrado de no haber… Bueno, acabo en un segundo nuevamente.
— T-toma el control, c-cariño.
Tomar el control.
Me dije a mi mismo que podría hacerlo. No era tan difícil, ¿no?, solo tenía que dar la vuelta y quedar sobre ella, luego comenzaría a mover mis caderas de atrás hacia adelante y eso era todo el tecnicismo en sí de la cuestión. Entonces, ¿por qué estaba tan nervioso de tan solo pensar en ello?
Era por Isabella.
¿Y si lo hacía mal?
¿Y si iba muy lento?
¿Y si…?
— Hey —volví a observar sus ojos.
Y ahí me perdí.
Si con anterioridad había pensado que Isabella lucía hermosa, su imagen ahora era sublime. No se había detenido en ningún momento y a veces me era difícil pensar gracias a ella, la presión que hacía su sexo en el mío, encerrándolo en su calor, como me deslizaba dentro de ella como si no hubiera un mañana no lo permitía, creo que por eso había pasado por alto como lucía ella realmente. Sus cabellos estaban enmarañados y una suave capa de sudor descansaba sobre su cuerpo al igual que en el mío, sus ojos brillaban como dos luceros en una noche sin luna y su rostro estaba levemente sonrojado y contorsionado debido al placer.
Placer que yo le estaba dando con la herramienta que tengo allí abajo.
¡Santa Madre de Dios!
Sin pensar en lo que hacía nos giré a ambos sin ninguna delicadeza, pude ver la sorpresa en el rostro de Isabella cuando finalmente la tuve bajo mi cuerpo, en plena gloria y majestad. Oh mierda, ¿y qué hacía ahora? Me quedé observando su rostro y como su pecho subía y bajaba rápidamente gracias a la acción que estábamos realizando. Enserio esta mujer tenía unos pechos cautivadores.
¿Y-y qué hacía?
Ah, sí…
Cadera.
Pelvis.
Atrás.
Adelante.
— Oh, jodida mierda —abrí mis ojos asustado cuando Isabella soltó aquel improperio, me quedé quieto por un rato y la observe con el ceño fruncido. Sus ojos se abrieron y su ceño estaba fruncido de igual manera— ¿Q-qué estás haciendo?, ¿p-por qué te detienes?
— N-no sé, tu dijiste… —mis cejas parecían una de tanto que las había juntado sin entender qué demonios estaba pasando— "Oh, jodida mierda", ¿q-qué se supone que es e-eso?
— "Oh, jodida mierda", en tu idioma quiere decir: Edward, sigue jodiendome de ese modo.
— ¿Q-qué? —volví a preguntar, con el color en el rostro y esta vez no era por desgaste físico.
— ¡Muévete, como lo hiciste antes joder!
Ah, bueno, ella solo tenía que decirlo.
Volví a mover mis caderas como había estado ensayando en mi mente, la sensación era completamente demoledora. Era… irreal. Se sentía maravilloso y saber que Isabella lo sentía de la misma forma era sentirlo maravilloso al cuadrado. Bella se afirmó de mis hombros y soltó un nuevo gemido de placer, yo estaba realmente embobado viendo cómo reaccionaba su cuerpo al mío, nunca pensé que yo pudiera ser capaz de tener una mujer y hacerla sentir de este modo, y menos después de Tanya…
"Tú nunca podrás hacer gritar así a una mujer. Debe ser incómodo estar aquí escuchando eso sabiendo que no eres tú el que la hace gemir de ese modo"
¡Trágate tus palabras, mujer de moral distraída! Porque la que está bajo mío gimiendo de un modo no apto para menores de dieciocho años es nada más ni nada menos que Isabella Swan, haré un baile mental de la victoria… listo, Tanya, jódete en el buen sentido de la palabra.
— E-Edward, más rápido.
— ¿Uh?
— ¡Muévete más rápido!
Y para enfatizar comenzó a mover sus caderas al compas de las mías, incrementando cada vez más la intensidad. Y como ella era la voz de la experiencia en esta cama, no me quedó de otra que seguir sus movimientos. Tenían razón cuando decían que el sexo era el mejor tipo de ejercicios físico en el mundo, porque obtienes placer a la vez que gasta algunas calorías.
Un sonido sordo se escuchaba por el cuarto cuando nuestros sexos colisionaban entre sí, gemidos a los cuales me había acostumbrado y a la vez me encantaban más que nada. Nuestras respiraciones estaban aceleradas a más no poder, pero cuando sentí uno de los brazos de Isabella perderse entre nuestros cuerpos… Y cuando sentí esa misma mano tocar ese punto sensible que tenían las mujeres en sus cuerpos me vi por perdido.
Era la cosa más erótica que había visto en mi corta y virginal vida.
No solo el hecho de que se diera placer a ella misma, si no como sus dedos habían rozado inconscientemente mi miembro mientras este estaba enterrado dentro de ella.
Un gutural rugido salió desde lo más profundo de mi garganta, remarcando mi hombría perdida –nunca pensé que pudiera dar tal grito de guerra–, cuando di la última estocada en su interior y no pude contenerme más, llegando así al fin de una experiencia totalmente maravillosa, para poder ver estrellas y demases, mientras volaba en lo alto del clímax. A lo lejos escuché un grito proveniente de Isabella, el cual fue música para mis oídos.
Había llegado a su fin.
Y había durado, gracias al cielo.
Mi cabeza estaba apoyada en el arco del cuello de Isabella, estaba tratando de normalizar mi respiración para poder hablar como alguien normal y no como un chico jodido por el asma –he usado mucho la palabra "joder" el día de hoy–. Isabella comenzó a acariciar mi nuca dulcemente, mientras soltaba una pequeña risita, la cual hizo estremecer su cuerpo y a la vez el mío que estaba sobre ella como un saco de papa.
— ¿Edward? —levanté la cabeza de mi escondite ante su llamado. Sus ojos brillaban en exceso y su rostro tenía un adorable color rosa— ¿Estás bien?
— M-muy bien, demasiado bien, eres… maravillosa —le contesté, sonriendo con timidez. Una de sus manos acaricio mi mejilla y junto nuestros labios con dulzura.
— Te quiero —murmuró a unos centímetros de mi rostro. Me sonrojé y escondí nuevamente mi rostro en su cuello, inhalando inconscientemente su aroma.
— Y-yo también te quiero.
(1) Esto en mi país se dice cuando uno va a vomitar (?) se supone que el sonido del acto es similar al primer sonido de esas palabras.
(2) Fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores modernos más influyentes del siglo XIX.
¡Buenas Tardes!
No se que decir sobre este capítulo, no me maten, nunca he sido buena para el pseudo-lemmon ni nada de eso, soy horrible, no se escribirlo pero como amo leerlo XDDDDDDDDDDDDD ¡nada más, solo espero que les guste! Eddie finalmente le dijo a Bella que le quería, es un tanto tímido nuestro muchacho para esas cosas, no como Bella que es mas directa y se lo dice sin pudor alguno. También sale un poquito de la vida de Eddie en secundaria, vendrán mas de esos recuerdos, son necesarios para ir moestrando el porque a veces no se tiene mucha confianza :) Sé que no sale la reacción de Alice a Jasper, ya vendrá en el próximo capitulo, a Jasper le caerá una por especial, de eso seguro XD
PD: Chicas, yo hago todo lo posible por actualizar rápido, se los juro. A veces me quedo hasta tarde tratando de escribir los capítulos y esas cosas. ¿Ustedes piensan que me demoro en actualizar? sinceramente XD porque una chica me dijo que donde me demoraba se perdía con la historia y yo... yo creía que estaba bien XDDDDDDD así que, solo díganme, no tengo problema en leer sus sugerencias y esas cosas, pero honestamente yo hago todo lo posible para actualizar una vez a la semana y así poder estar bien mientras escribo y luego la mando a Di para que me corrija... so, si piensan que es mucha la demora háganme saber y trataré de no demorar tanto x)
¡Muuuchas gracias por sus hermosos reviews, alertas y favoritos!
Todas ustedes son un amor con el apoyo que me dan y sus lindas palabras :)
~ Lamb.
