Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Primerizo.
Summary: "¿Quién es el bebé de mamá? ¿Quién obtuvo su primer trabajo? ¿Quién consiguió su primera erección con una mujer real? ¡Ah sí!, yo, el pequeño Eddie. Veinticuatro años bajo la sobre protección de mi familia para que un trabajo lo cambie todo. La boca del lobo… ¿O loba?" Todos Humanos. Bella&Edward
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque de ahora en adelante me ayudará a corregir los capítulos, así que los "peors" pasaran a ser los "peros" que corresponden.
Capítulo 32: Primerizos.
— Uh, ¿Jasper?, ¿podrías…
— ¡Deja de joderme las pelotas!, ¡no!, ¡por enésima vez, no!, ¡no llamaré a Alice nuevamente para preguntarle si Bella se ha arrepentido de casarse contigo! —Jasper jaló de sus cabellos exasperado por mi petición no hecha. Emmett me observaba con diversión y palmeaba mi hombro suavemente.
— Hermanito, relájate, ella fue la que te pidió matrimonio, ¿cuántas probabilidades existen de que te deje plantado?
— ¿Enserio quieres que empiece con probabilidades aquí y ahora? —le pregunté, la histeria volviendo a mi nuevamente— Porque puedo hacerlo, y para tu información el número de probabilidades de que eso suceda, tomando en cuanta cuantas mujeres se han arrepentido luego de proponer matrimonio a lo largo de estos años, no es tan escaso como piensas, así que no se te ocurra nombrar la probabilidades.
— Joder, eres… ¡Relájate! Ella llegará, ya lo verás.
El día finalmente había llegado.
Estábamos en una de las catedrales centrales de Nueva York, la ceremonia estaba pronta a comenzar y yo me iba a desmayar en cualquier momento. Parado ahí, frente al altar mientras la catedral se llenaba poco a poco con los invitados, me estaba muriendo de los nervios. Jasper y Emmett eran mis padrinos, su tarea era recibir a las personas que venían entrando pero mis padres habían ocupado su lugar cuando los chicos vinieron a mi rescate en pleno inicio de un ataque de pánico que estaba teniendo.
En realidad existía esa probabilidad de que Isabella se haya arrepentido.
Digo, no es como si fuera el primer hombre que dejaran en el altar.
Y tampoco me complace ese "Hijo, es una tradición el que la mujer se haga esperar cuando la estés esperando en el altar, no hay nada de qué alarmarse, tu madre me hizo esperar por media hora" que soltó papá cuando le conté de mi pequeña preocupación. No me agradaba absolutamente esa frase, ¿por qué les gustaba hacernos sufrir?, ojalá e Isabella no sea una mujer de tradiciones, yo no quería esperar, si me hacía esperar así de tanto como mamá lo hizo con papá alguien iba a tener que traer mi bolsita.
Pronto.
— La catedral está llena.
— Lo está, genio, podemos verlo —murmuró Emmett junto a mí.
— Yo… ¿Ustedes no deberían entrar con las damas de honor?, ¿qué están haciendo aquí?
— ¡Ayudando a tu trasero, idiota!, aún tienes cara de desmayarte en cualquier momento, ¿crees que Bella nos perdonaría si encontrara a su preciado Eddie desmayado con convulsiones a los pies del altar? No lo creo amigo, y por cierto, amo mi trabajo, ella me echaría de una patada en el culo.
— Estamos en una iglesia y la cantidad abrumadora de malas palabras que sale de tu boca es escalofriante.
— Jesús me perdona, joder, perdonó a esos cabrones que lo crucificaron y no lo va a hacer conmigo —rodó sus ojos como si su explicación fuera de lo más inteligente—. Pero tienes razón, Eddie, es hora de que tomemos nuestros lugares —Jazz me sonrió y me dio un fuerte abrazo— Por favor no te desmayes, por favor no.
— No lo haré —murmuré con diversión, devolviéndole el abrazo—, gracias por ser mi amigo.
— Aw, no te pongas marica —se alejó de mí y me guiñó un ojo, sonriendo con diversión.
— Se feliz hermanito —murmuró Emmett, dándome uno de sus abrazos de osito cariñosito—, se feliz y lárgate luego de mi jodido apartamento, por favor.
— Eres el peor hermano.
— Me amas, Eddie, me amas —rio y palmeó mi espalda antes de desaparecer por una puerta que estaba escondida tras el altar.
Y ahí estaba yo, solo a la espera.
Lo peor de todo era que veía como la catedral finalmente estaba repleta. Jacob y Alec estaban sentados en frente junto a su pequeña hija, unas alegres sonrisas adornaban ambos rostros. Tragué saliva y comencé a posar mi vista en todas partes, la puerta de la catedral finalmente había cerrado, estaban todos dentro a la espera.
La musiquita empezó a sonar.
Oh por Odín y todos los dioses nórdicos.
Me traspiraba todo, todo, todo.
Primero entraron los padrinos junto a las damas de honor, Alice y Jasper del brazo caminaron hacia mí lentamente por el eterno pasillo de en medio y se posicionaron en sus respectivos lugares. Rosie y Emmett hicieron lo mismo, y por último venía mamá cargando al pequeño Maxx que traía las argollas consigo.
Luego lo perdí.
Literalmente.
¿Puede alguien morir en vida?
Escuchaba la marcha nupcial bastante lejana, realmente lejana, sobre todo cuando fijé mí vista en las puertas de la catedral que anteriormente estaban cerradas. Isabella estaba de pie en la otra punta del pasillo, agarrado del brazo de mi padre. Ella lucía angelical… Ella lucía realmente hermosa, brillante, una dulce y gigantesca sonrisa adornaba sus rosados labios. Su vestido de novia le quedaba como anillo al dedo, la larga cola que este poseía la hacía ver como una reina. Isabella estaba caminando demasiado lento a través del pasillo, ¿papá no podía guiarla más rápido? Comencé a mover mi pie incesantemente, sin quitar mis ojos de Isabella, siempre sobre ella. Era solo ella en la habitación y nadie más, ¿cómo alguien que ya era hermoso podía serlo aún más? Por eso siempre he dicho que Dios no fue equitativo a la hora de repartir la belleza por el mundo, a algunas personas simplemente les dio demasiada, y mi novia, a.k.a. futura esposa, era una de esas personas.
Afrodita sentiría envidia.
— Luces excelente en traje —murmuró Isabella cuando llegó a mi lado. Me sonrojé y sonreí levemente a sus palabras.
— Uh, tú estás realmente hermosa —sonrió abiertamente y soltó una pequeña risita.
— Cuida de Isabella, hijo, se el caballero que te enseñamos a ser con tu madre —papá me sonrió y palmeó mi hombro con su mano derecha, luego dejó un casto beso sobre la mejilla de Isabella y tomó su lugar junto a mamá.
Isabella y yo miramos al frente, donde el cura esperaba pacientemente.
Finalmente estaba por comenzar.
— Estamos reunidos aquí para presenciar la unión de Edward Anthony Cullen e Isabella Marie Swan…
…
— ¡Es el momento del brindis!
La ceremonia había terminado rápidamente, puede que yo, uh, bueno, haya apresurado un poco al pobre hombre que nos estaba casando. Digo, el empezó a hablar de cosas sin sentido y que pasaron hace chorrocientos años atrás, ¿acaso no podía ir simplemente al grano? Yo solo quería que fuéramos Edward e Isabella Cullen, no necesitaba saber los mandamientos del señor ni lo que decía en Mateo no sé cuánto. En fin, Isabella casi me ahorcó por eso, cabe decir, pero el brillo en su mirada la delataba, ella simplemente lo estaba pasando de la grande viéndome argumentar con el obispo.
Y aquí estábamos, la fiesta que tanto habían esperado Emmett y Jasper.
¿Había mencionado que el bar estaría abierto toda la noche?
Este último, Jazz, estaba de pie sosteniendo una copa de champagne en sus manos. Yo estaba tomando bebida, aun recordaba aquella mala experiencia con ese líquido que sabe a pipi, no iba a caer nuevamente en sus redes. Cuando Jasper llamó por el brindis, las otras mesas guardaron silencio rápidamente.
— Bien, ahora que tengo su atención —Jasper carraspeó—, es el momento de que nuestro querido novio diga unas palabras a la hermosura de esposa que tiene, Eddie, si nos haces el favor.
¿Qué hay de mi pánico escénico?
Me puse de pie lentamente bajo la atenta mirada de todos los presentes, mi rostro se fue a rojo en un santiamén. Carraspeé y abrí mi boca para hablar, pero ahí estaba, el pánico cerrando mis cuerdas vocales.
— Si no puedes hacerlo no importa, amor, siéntate.
Isabella susurró aquellas palabras por lo bajo, solo para que yo escuchara, ella era tan comprensiva.
¿Cómo no iba a decirles a todos los comensales el porqué era afortunado de tenerla como esposa?
Le sonreí y negué suavemente con mi cabeza.
— Siempre pensé que seríamos mis cómics y yo para toda la vida, ya saben, ¿como las chicas dicen que serán solteras por siempre y con miles de gatos? Bueno, yo tengo miles de cómics y un perro llamado Loki —sonreí avergonzado—. Cuando entré a trabajar a Black Swan Editorial conocí a cierta mujer que me hizo la vida imposible, pero con cada pequeña cosa que hacía se iba metiendo lentamente bajo mi piel —abrí mis ojos— Bueno, ya saben, en sentido figurado, ella no puede meterse bajo mi piel literalmente —rodé mis ojos y la sala rio—. Pero cuando la conocí bien, solo descubrí que era una adorable ovejita en el disfraz de una loba —observé a Isabella que me miraba con una de sus cejas alzadas—… uh, claro, a veces —los invitados volvieron a reír—. Ella es la chica que todo hombre desearía tener, tiene un ingenio terrible y la paciencia de aguantarme. Ella ha sido mis mil y una primeras veces, ella es… Todo. Isabella, mi heroína personal, para mi eres todo, te amo al infinito y más allá.
Me senté lentamente, con la vista clavada en la mesa. Luego de haber dicho todas esas palabras que salieron desde lo más profundo de mis sentimientos, la sala había quedado en un silencio abrumador. Era incómodo para mí, ¿no querían ellos que dijera unas palabras?, ¡ahí estaban!, ¿por qué me hacían sentir incómodo.
— Te amo —miré hacia Isabella quien sonreía hacia mí, sus ojos estaban brillantes por la emoción y su labio inferior temblaba suavemente. Fruncí el ceño y toqué su frente con mi mano.
— ¿Estás bien?, ¿te sientes bien?
— Me siento bien, solo… te amo, nada más.
— Yo también te amo —y le sonreí.
¡Y solo ahí aplaudieron los muy malvados!
— Bien, luego de que Eddie nos dejara en shock con ese conmovedor discurso… —Jasper suspiró— Eddie, aún recuerdo ese día que te conocí en la editorial. Estabas ahí, tan flacucho, tan endeble, tan aburrido que me dije "Hey, Jasper, es momento de hacer tu buena acción del día" y decidí acercarme al pobre cabrón sin amigos —suspiró teatralmente y continuó—. Fue amor a primera vista —una ronda de risitas se escuchó—, enserio, ¿quién puede resistirse a esa adorable carita? —rodé mis ojos, sintiendo mis mejillas colorearse ante sus absurdas palabras— Por eso, Bella, prométeme que cuidarás bien de nuestro pequeño. No lo perviertas tanto, y que tengan mucha prosperidad en su vida —alzó la copa en dirección a Isabella, quien le respondió, y ambos le dieron un sorbo.
Jacob se puso de pie ahora.
Santo Dios.
— Y pensar que estuve a punto de rechazar tu aplicación a la empresa, chico —rio—. Bells tuvo algo contigo desde esa primera entrevista, ya se me hacía extraño que ella le diera una oportunidad a alguien que solo había durado tres horas en su primer y último trabajo —nuevas rondas de risas se escucharon—. Pero, ¿sabes?, nunca había visto a mi querida amiga así de feliz, como la veo ahora. Eres un mocoso al que le falta madurar aún, tal vez nunca lo hagas… Me guío estrictamente por la segunda…
— ¡Salud por eso! —chilló Jasper, dándole un nuevo sorbo a su copa.
— En fin, a pesar de todos tus defecto chiquillo, la haces feliz —El señor Black sonrió y levantó su copa—. Salud por ambos, sé que tendrán una larga y entretenida vida, aún les quedan muchas primeras veces —y bebió de su copa, no sin antes guiñar un ojo.
— Solo tengo una cosa que decir —mamá se puso de pie—, bebé, te amo, siempre serás mi pequeño nenito, no importa lo que digan —mamá me hacía sonrojar incluso para el día de mi boda, tratándome como a un crío—, así que Isabella, más te vale saber que si veo a mi bebé derramar una sola lágrima, te la verás conmigo.
¿Esas palabras no se suponen que debían decírmelas a mí?
¡Yo era el hombre en esta relación!, ¿por qué me sentía como la damisela en apuros?
— Entendido, Esme —Isabella sonrió levantando su copa.
— ¡Por los novios! —chilló Emmett, alzando su copa al aire. Le siguieron un coro de "¡por los novios!" y luego de eso ninguna persona tenía champagne en sus respectivos vasos, gracias al salud.
…
— ¡¿Eddie, dónde estás?!
En el baño, estaba escondido en el baño.
Ya, vale, Isabella me había enseñado a adorar el coito tanto como ella lo hacía. Habían pasado dos semanas desde que habíamos contraído nupcias y estábamos en nuestra eterna luna de miel. Ella no dejaba a mi amigo tranquilo, y él necesitaba descansos de vez en cuando. Digo, Eddie Jr. enserio necesitaba reponerse. No me estaba quejando, para nada, de hecho me había enseñado unas cosas nuevas que eran realmente, realmente agradables. ¡Pero quería descansar un ratito! Solo un ratito pequeño hasta que aquella parte de mi anatomía por la que Isabella sentía fascinación, volviera a las pistas.
Enserio, parecía cansado ahí, todo doblado el pobre.
— Tiempo para reponerme, ¿es mucho pedir? No lo creo, de hecho, es para su propio bien, incluso ella disfrutará más de esa forma… ¿Tendrá esa enfermedad de la fiebre uterina de la que mamá me habló una vez? Por Thor, ¿se habrá hecho ninfómana?
— ¿Edward? —Isabella golpeaba la puerta del baño de la suite en la que nos encontrábamos con sus nudillos— Bebé, ¿qué estás haciendo en el baño?, ¡llevas más de una hora metido ahí dentro!, ¿necesitas ayuda con algo? —y ahí estaba de nuevo, esa voz que utilizaba cuando quería algo de mí, específicamente algo de mí aparato reproductor masculino.
— Uh, Isabella, yo… Estoy tratando de alegrar el ambiente, ¿entiendes? Tratando de… Traerlo a la vida, sí, eso —una risa se escuchó al otro lado de la puerta.
— Cariño, yo puedo ayudarte con eso, puedo ayudarte muy, pero muy bien y lo sabes —lo sabía, claro que si lo sabía, ¡ella era una máquina!—, pero tendrás que esperar a la noche para eso —¿mis oídos habían escuchado bien?—, recuerda que hoy iremos a recorrer Maui, ¿lo has olvidado?
— ¡C-Claro!
Abrí la puerta rápidamente y me encontré frente a frente con mi esposa. Aún se sentía raro decirlo, incluso en mi cabeza, pero era la pura y santa realidad. Isabella había elegido Hawái como nuestro destino en nuestra luna de miel, lo que ella quisiera, yo iría de todas maneras. El lugar era hermoso, estábamos en una de sus islas, Maui como dijo ella anteriormente, lamentablemente no habíamos tenido el tiempo de recorrer el lugar ya que, uh, bueno, Isabella tenía otros planes antes que me incluían a mí, una cama, un jacuzzi, una encimera e incluso un balcón. Lo del balcón fue, eh, no existe palabra para describirlo, pero yo parecía un tomate con patas pensando en que alguien nos podía ver.
En realidad, lo dicho anteriormente es solo una farsa, a Isabella solo le costó besarme aquella parte del cuello que solo ella conocía para que dejara de pensar en algún posible vecino voyeur.
En la habitación en la que nos encontrábamos no había ninguna distracción más, Isabella había pensado realmente bien el mantenernos en cautiverio solo para disfrutar de nuestros cuerpos. ¡Ni siquiera me dejo traer mi Nintendo DS!, no es como si lo hubiera usado tanto, pero había veces donde lo extrañaba enormemente.
Un pequeño jueguito no le hace mal a nadie.
— ¿Qué quieres recorrer primero?
— Lo que sea menos buzo —Isabella rodó sus ojos— ¡No me rodes los ojos!, ya te he dicho, ha habido cuatro casos de mordeduras de tiburón en estos lugares, yo simplemente quiero regresar a casa completo y no como un rompecabezas, muchas gracias.
— Eres un exagerado, ¡yo quiero bañarme en la playa!
— Podemos ir a la playa, si, no hay problema en eso. Yo dije nada de buzo, no nada de nadar, aunque, por favor, te pido desde ya que no vayas tan dentro, donde mis ojos te vean Isabella, ¿y si aparece un tiburón de la nada y te come? Eres tan pequeña que no dudaría en tragarte de un bocado y, por si tienes duda, me gustaría disfrutar mucho, mucho más de mi esposa.
— Me encanta como suena eso —sonrió y se acercó a mí, recargando su cabeza contra mi pecho— Dilo otra vez.
— Uh, ¿mi esposa? —Isabella rió y dejó un beso sobre mi pecho.
— Te amo, Eddie —se puso de puntillas hasta alcanzar mis labios, sonreí contra ellos y la besé suavemente.
— Te amo más, señora Cullen.
Partimos luego de coger un rico desayuno que nos trajo el servicio a la habitación. La primera vez me habían traído unos waffles con la forma del escudo del Capitán América, me enamoré inmediatamente de ellos, y aún más de Isabella por ser la dueña de la idea. Ella estaba tomando zumo de naranja y unas tostadas, últimamente solo comía eso y cosas bastante ligeras como ensalada, ew.
Llegamos a la playa rápidamente ya que el hotel donde nos hospedábamos quedaba justo frente a esta. El paisaje era sublime, el agua era tan cristalina que dejaba ver todo a su paso. Yo le tenía un poco de miedo a esto, y aparte que le tenía un gigantesco respeto al sol, mi piel era tan blanca que solo unos segundos bajo este me hacían poner rojo como una jaiba.
— Yo me quedaré aquí —murmuré, acomodando la sombrilla para ponerme bajo esta.
— ¿No te bañaras conmigo?
Isabella estaba poniendo esa expresión desolada en su rostro, como si yo fuera el peor esposo en la historia de los peores esposos. Suspiré y asentí reticente, no era un gran fan de bañarme en la playa, la arena se te pegaba a la piel y luego todo te escocía, y no hablemos de los animalitos que viven en el mar, eran tan viscosos.
Ew.
— Primero debo ponerme bloqueador —le dije, buscando el frasco en su bolsa—, ¿dónde está el bloqueador? No puedo bañarme contigo si no tengo mi bloqueador, Bella —seguí buscando hasta que no quedó nada donde buscar— ¡No trajimos el bloqueador, Isabella!
— Eddie, tranquilízate —colocó ambas de sus manos sobre mis hombros— Respira corazón, bien, así es —sonrió cuando comencé a calmarme— No te hará daño un poco de sol, solo será un ratito pequeño, ¿sí, amor? Te aseguro que no tendrás problemas, mira, yo soy igual de pálida que tú y no me pasará nada.
— ¿Me lo prometes?
— Te lo prometo, corazón, ahora quítate esa playera y ven a nadar conmigo —sonrió abiertamente, y ya vestida en su despampanante bikini, tendió una de sus manos en mi dirección. Suspiré y quité la playera de mi cuerpo, dejándola bajo la sombrilla—. Y así es como me gustas, ligero de ropa.
— Si me quemo tendrás que cuidar de mí.
— Siempre, bebé.
…
— ¡Ouch!
Yo le dije.
Yo le advertí que sin el bloqueador habría consecuencias.
¿Pero quién escucha a Eddie? Nadie lo hace, ni siquiera su esposa. Y heme aquí, tirado de panza sobre la cama porque mi espalda estaba tan roja que ni siquiera podía usar una playera. Isabella estaba aplicando algo líquido sobre mí que me refrescaba un tanto, a veces me dolía cuando me tocaba demasiado brusco, ardía como el infierno.
— Eres… Debí haberte escuchado, todo tú es una exageración en sí, debí haberlo imaginado. ¡Ni siquiera estuvimos tanto tiempo en el agua y mira como quedaste! —chilló, sin dejar de aplicar el ungüento— Mi pobre bebé, pareces… —se rio quedito. Yo no le encontraba la gracia a esto, nada de nada— Dios, lo siento, no me reiré.
— No es necesario que estés aquí —murmuré con la cabeza sobre una almohada—, estoy bien. Querías ir a comprar los recuerdos para la familia y el luau (1) debe estar por comenzar, no quiero que por mi culpa te prives de hacer esas cosas, pronto estaré mejor.
— Oh, cállate, me quedaré aquí, ¿cómo pretendes que te deje solo? —la mano que estaba en mi espalda se detuvo abruptamente— Joder, esta cosa huele asqueroso —la verdad es que yo no olía nada a parte de mentol, y no olía tan mal— Mierda…
Isabella me dejó estirado sobre la cama, solito y abandonado mientras ella corría a vaya a saber Dios donde.
Mi espalda se sentía un poco más fresca gracias a sus cuidados.
— Isabella —llamé, con la cara enterrada en la almohada, no tenía ánimos de moverme— ¿Isabella?
— Aquí, lo siento —giré el rostro para toparme con su figura— ¿Quieres que te siga echando crema?
— No, muchas gracias —me impulsé con mis brazos para tomar asiento con cuidado, hice una pequeña mueca cuando me ardió la espalda—. Será mejor que te arregles.
— ¿Arreglarme?, ¿para qué?, ¿no nos íbamos a quedar aquí después de todo?
— Tú querías ir al luau.
— Eddie, mírate, apenas y puedes moverte, no tiene importancia.
— No, vamos a ir al luau.
— Edward…
— ¿Por favor?, quiero ver los malabares con fuego y esos bailes típicos de la zona, y quiero verte bailar Hula (2).
— ¿Quieres verme bailar Hula? —Isabella arqueó una de sus cejas.
— Por supuesto, el Hula es el baile característico del luau, yo tengo que verte bailar Hula.
— Tu solo quieres verme usando unos cocos en mis pechos.
— ¿Por qué querría hacerlo cuando puede verte desnuda aquí? —fruncí el ceño ante la conclusión que Isabella había sacado. Aunque sé que se vería realmente hermosa usando uno de los trajes típicos de Hawái, bueno, la prefería mil veces como se veía sin ellos.
— Eres único y te amo por eso —se inclinó para besar mis labios— ¿A qué hora partimos?
…
— ¡Ahí están bailando hula! Oh, ¡mira, mira, ellos tienen fuego!
Chillé como un niño en una tienda de dulces al ver un grupo de bailarines sobre un escenario cerca de la playa. A los pies del escenario había unos hombres de la zona haciendo malabares con fuego. Isabella suspiró cuando comencé a jalar su mano para acercarnos al lugar, y siguió mi paso lentamente. Había sido una completa odisea ponerme una playera, gracias al cielo había encontrado una que me quedaba relativamente holgada gracias a Emmett y su afición a Linterna Verde, él siempre ocupaba mi polera, aunque pareciera cualquier cosa apretado en ella.
— Es imposible que yo baile eso.
Las chicas que bailaban en el escenario movían sus caderas de una manera impresionante. Era como si esa parte de anatomía estuviera completamente separada del torso, el cual no movían a la hora de bailar. Isabella se vería tan bien bailando eso, ¿por qué no quería bailar un poquito?, un poco y nada más, solo una muestrita, ¿tanto le costaba?
— Me harías bastante feliz con un pequeño bailecito Bella.
— Me llamaste Bella, ¿estás tratando de chantajearme?
— ¿Yo? No, por supuesto que no, yo solo decía que vine aquí a pesar del dolor en mi espalda, para ver a mí esposa bailar Hula, porque se vería realmente hermosa bailando Hula. Pero si no quieres está bien, no hay problema —suspiré alicaído por la situación.
— Eres de lo peor Cullen, de lo peor —resopló y se soltó de mi mano— Haré el ridículo solo porque es nuestra luna de miel, ¿entendido? Si le dices a alguien sobre esto juro que pido el divorcio.
— Callaré hasta el final de mis días.
Sonreí cuando Isabella se acercó al grupo de baile, las chicas le sonrieron amablemente y dos de ellas se colocaron a ambos lados de Isabella, para instruirla poco a poco en el Hula. Una chica apareció por detrás de Isabella y le colocó uno de esos collares con flores, mi esposa se sonrojó e hizo una mueca, tratando de seguir el ritmo de la música con sus caderas. ¡Les dije que se vería de lo más hermosa y adorable!
Ella me levantó el dedo corazón luego, cuando simplemente no pudo hacer los pasos.
— ¿Mai tai? (3) —fruncí el ceño a la chica que me estaba ofreciendo una bebida. No sabía que era así que la acepté cortésmente, cuando estaba a punto de darle un sorbo alguien me la arrebato de las manos.
— Ni se te ocurra, tú y el alcohol no son buenos amigos —Isabella regresó el vaso a la bandeja de la chica y me dio una mirada llena de reprimenda—. Ya tenemos suficiente con tu espalda roja como para agregarle a eso una borrachera de tu parte.
— No es necesario que me regañas —un involuntario puchero se formó en mis labios—, yo solo quería ser amable, además, ¿qué iba a saber yo lo que era un mai tai? Se veía lindo —me encogí de hombros— al igual que tú bailando Hula.
— Te odio.
— Me amas y lo sabes.
— Desgraciadamente lo hago —murmuró con cansancio.
— ¡Hey!, lo haces sonar como si fuera lo peor de la vida —fruncí el ceño y mi labio sobresalió aún más— En cambio yo, te amo de aquí hasta donde tú quieras —Isabella rodó sus ojos, pero una tenue sonrisa se formó en sus labios.
— Pues quiero infinito.
— Eso está bien para mí —murmuré, atrayéndola en un abrazo—, infinito está más que bien.
Y así, abrazados –yo abrazándola mejor dicho, si ella me abrazaba iba a tener que tocar mi espalda y eso, definitivamente, no era bueno– estuvimos observando por un rato el maravilloso baile. Algunas chicas pasaban junto a nosotros y colocaban más de esos collares llenos de flores de colores en nuestros cuellos, Isabella ya tenía como cinco de ellos. El lugar era místico, la playa de fondo le daba todo el toque caribeño, y las antorchas que utilizaban como iluminación… Era mágico, todo, el lugar, estar aquí con Isabella, simplemente todo.
— Ten —Isabella me entregó un pedazo de pollo que le habían dado a degustar—, está exquisito.
— Uh, ¿qué tiene? —lo miré detenidamente antes de echarlo a mi boca.
— Está cocido en leche de coco —me dijo Isabella, echando otro pedazo a su boca— Joder, nunca había comido algo tan rico. Vamos, pruébalo, te encantara Eddie.
— No, gracias —murmuré, entregándole el pedacito de vuelta— uh, soy alérgico al coco, si no quieres otra mala racha de mi parte en este día, me mantendré alejado de él. Creo que tu idea de mantenernos dentro de la suite por lo que queda de luna de miel es bastante buena, ahora que lo pienso, no hice más que poner un pie en el exterior para que comenzaran las tragedias.
Y a eso le acompañó el silencio.
Me giré hacia donde estaba Isabella y vaya sorpresa la que me llevé cuando me di cuenta de que estaba hablando solo, ella se había evaporado en el aire y me había dejado a mi completa merced. Uh, bueno… Estos es incómodo, ¿dónde se supone debo ir en estos casos? Me sentía como cuando eras nene e ibas al supermercado con tu madre, y en uno de esos instantes la pierdes de vista y comienzas a entrar en pánico.
¿Dónde estaba Isabella?
Caminé desorientado por un largo rato, cada vez que pasaba junto a una chica hawaiana esta me llenaba de collares, iba a terminar con una cantidad infinita de estos collares, tal vez serían suficientes como recuerdos para nuestra familia, digo, ¿por qué tendríamos que comprarles algo? Sip, le llevaré collares a cada uno, incluso al pequeño Maxx.
— Uh, ¿señorita? Ah, disculpe —golpeé el hombro de una de las chicas de los collares con mi mano, ella me sonrió dulcemente y colocó un collar más en mi— Eh, gracias… Bueno, ¿no ha visto a una mujer como de este porte —hice el gesto con mi mano, enseñándole hasta mi hombro—, con una cabellera castaña y unos grandes ojos del mismo color? Ella está usando una gran cantidad de collares como yo.
— ¡Claro!, ¿short y playera blanca? —asentí sonriente— ella se fue corriendo por allá —y apuntó hacia la playa.
Corrí hacia la orilla de la playa donde las antorchas no alumbraban, las estrellas se veían despampanantes en lo alto del cielo y allí, inclinada sobre su estómago, estaba la sombra de Isabella. Me acerqué lentamente a ella, un tanto confundido por su postura y los extraños sonidos que estaba haciendo. Estaba claramente devolviendo ese "exquisito" pollo cocido en leche de coco. Mira tú, estaba tan exquisito ese pollo que había causado malestar en su estómago.
— ¿Te cayó mal algo de lo que comimos?, estoy seguro de que fue ese pollo, se veía de dudosa reputación, ¿estás enferma de la panza? He tenido presente que últimamente solo bebes agua, que comes ensaladas y solo unas cuantas tostadas en el desayuno. Cuando llegamos solo comías filete a la hora de almuerzo y al desayuno tocino con huevos revueltos, ¿has estado enferma y no has querido decirme y el pollo fue la gota que rebalsó el vaso?
— Edward…
— También te escuché la noche pasada vomitando en la madrugada, ahora que lo recuerdo… ¿Por qué no querrías decirme que te sentías mal? —fruncí el ceño y continué. Esto no era por el pollo, pensándolo bien venía así desde hace unos días y no me había dicho nada— ¿No querías molestarme? Porque si es así, ahora estoy realmente molesto contigo por no avisarme. ¿Y si fuera algo grave?
— No es nada grave, Eddie.
— ¿No?, ¿eres doctora ahora?, ¿cuándo fuiste a la Universidad a sacar tu grado?, ¿es que llamaste a Marty (4) para que te llevara en su auto?, ¿y si estás muriendo y no puedo hacer nada para detener lo que sea que tienes? —oh Dios, me estaba dando un ataque otra vez.
Iba a demandar a Hawái.
Iba a demandar al luau por su comida defectuosa.
¡Iba a demandar al servicio del cuarto aunque me hayan hecho esos exquisitos waffles!
— ¿Marty?, ¿enserio estás metiendo Volver al futuro en todo esto?
— ¡No cambies de tema Isabella!
— ¡No me grites, estoy embarazada bobo!
Ambos nos miramos sin tener nada más que decir, detenidamente, nuestras respiraciones un poco agitadas debido a los griteríos anteriores, la música de la fiesta aún de fondo. Pestañeé un par de veces y traté de calmar mi respiración para poder discernir las palabras que Isabella había pronunciado. Había escuchado bien, ¿no? Ella dijo "Estoy embarazada, bobo" me llamó bobo, luego de soltar aquella gigantesca bomba, algo así como la de Hiroshima.
— ¿Estamos embarazados?
— Comencé a sospechar al inicio de nuestra segunda semana aquí, ¿sabes? Por eso no podía comer casi nada, todo me daba asco, y esa loción que eché en tu espalda hoy en la tarde —Isabella hizo una adorable mueca con sus labios— asquerosa.
— Pero como…
— Creo que sabes muy bien cómo —alzó sus cejas y sonrió con picardía.
— Y cuando…
— Antes de que nos casáramos, asumo, estoy de tres semanas.
— Espera, ¿cómo sabes…
— ¿Recuerdas cuando fui a buscar mi pedido al centro de Maui? Por supuesto que lo recuerdas, disfrutaste bastante cuando me viste usando el traje de Gatubela —oh, claro que recordaba esa noche— Ese día tenía mi cita con la Doctora Kehau, fue una recomendación de mi doctor de cabecera allá en Nueva York, lo telefoneé la noche anterior.
— ¿Tenías todo previsto y sin consultarme?
— Quería que fuera sorpresa —murmuró, sus ojos mirando al cielo con desgana—, quería decírtelo de una manera más… Linda, no así, luego de que vieras como devolvía mi comida.
— Eso no importa, bobita —sonreí tenuemente— aunque nosotros siempre…
— Usamos condón, si corazón, pero sabes muy bien, como toda la población de este planeta, que no son cien por cientos efectivos. Tal vez alguno vino malo de fábrica, ¿quién sabe? —se encogió de hombros restándole importancia.
— ¿E-Estamos embarazados?
Isabella asintió.
Uh, me senté un ratito solo para procesar la información.
Iba a ser padre.
Iba a ser padre de un pequeño alien como Maxx.
— ¿Estás bien?, ¿Edward? Joder, estás pálido.
— Uh, e-estoy bien, estoy bien —asentí y miré a los ojos de Isabella— Seremos padres —sonreí saboreando la palabra en mi boca. ¡Iba a ser padre por Odín!— ¡Seremos padres! —y me puse de rodillas en la arena para hacerle reverencias a Isabella.
— ¡Edward!, ¿qué estás haciendo? —Isabella rio entretenida.
— ¡No lo sé, solo sé que seremos padres! —rodó sus ojos y tomó asiento junto a mí.
— Sí, Edward, seremos padres —tomó una de mis manos y la posó sobre su plano vientre— En unos meses más tendremos una pequeña cosita que será solo nuestra… —la voz de Isabella fue disminuyendo— Oh… ¿Y si soy una mala madre?
— No serás una mala madre, eres genial con los bebés, la pequeña de Jacob y Alec te adora, y mi sobrino también, ¿de qué estás hablando? —fruncí el ceño— ¡El que será mal padre seré yo!
— No se cambiar pañales, Eddie. No sé hacer un biberón. ¿Qué clase de madre no sabe hacer esas cosas?
— Bueno, yo no vestir a un bebé. Y tampoco se tomarlos, Emmett casi me mató cuando estuve a punto de botar a Maxx en uno de mis intentos —hice una pausa y me giré hacia ella— ¿Y si boto a nuestro bebé? Oh por Thor.
— No sé hacer papillas, ¿qué le daremos de comer?, y cuando le salga su primer diente, ¿qué haremos con eso Eddie? —Isabella gimió por lo bajo— Soy un desastre.
— No lo eres —murmuré, pasando uno de mis brazos por sobre sus hombros para atraerla hacia mí—, vamos a tener que trabajar el doble para poder hacer ciertas cosas pero lo haremos. Esto solo nos convierte en algo.
— ¿No convierte en algo?, ¿de qué hablas?, ¡seremos un desastre!
— Nope, solo seremos primerizos.
E Isabella sonrió dulcemente antes de besar mis labios bajo el estrellado cielo de Hawái
— Primerizos.
(1) Luau es un sinónimo de fiesta allá en Hawái.
(2) Danza hawaiana acompañada de música o cánticos, dramatiza el significado de estas canciones.
(3) Mai tai es un licor que se sirve en estas fiestas (luau), tiene ron blanco y negro, jugo de piña y naranja, limón y granadina.
(4) El protagonista de la película Volver al futuro, Marty McFly.
¡Buenas noches!
Y, señoras y señores, este es el capítulo final de mi bebé. ¡Espero, de todo corazón, que sea de su completo agrado el último capítulo! aún falta el epílogo así que no desesperen. Me demoré un montón con este capítulo, creo que mi mente simplemente no quería terminar el fanfic, aunque aun nos quede un capitulo respectivamente como lo es el epílogo. Sin nada más que decirle, aparte de que ojalá y hayan disfrutado el capítulo. ¡Muchas gracias por su apoyo a lo largo de esta historia! no me extenderé porque eso quiero hacerlo cuando suba el epilogo, ahí me pondré cursi y les tiraré todo mi amor por haber estado junto a mi y Eddie en este camino por fanfiction :)
¡Nuevamente les doy las gracias por todo!
Nos estamos leyendo pronto, y cuando esto acabe, seguiré en mis otros fics por supuesto :)
Lamb.
