Capítulo 2: ¿Y después, qué?

Tiempo después llegamos a nuestro siguiente objetivo: el templo de Kilika. De nuevo Ginnem demostraría su gran poder superando sin problemas el templo.

Pasamos bastantes días en la ciudad, yo me dediqué a las oraciones y a conocer a los habitantes. Casi todos los testimonios hacían que desease más llegar a nuestro objetivo. Los días que fui al templo vi a varios invocadores saliendo de la prueba: uno de ellos no la superó, y los otros dos salieron casi derrotados. Sin embargo, cuando Ginnem salió del templo tan solo tenía despeinada su larga cabellera castaña, pero sus ropas de tela fina estaban tan planchadas que dejaban entrever su bello contorno. Quizás al verla sentí cierta admiración hacia ella. Yo siempre la había cuidado, aun así la consideraba mi hermana mayor, la figura que admiras e intentas seguir incansablemente.

Allí consiguió un nuevo eon, Ifrit. Fuimos a cazar para que Ginnem pudiese luchar con él por primera vez. Mientras, Chappu y yo cazábamos unos lobos. Uno de ellos, en un momento de despiste, alcanzó a arañarme una muñeca. El pelirrojo terminó de matar al animal y corriendo me llevó detrás de unos árboles. Me puso una cinta azul que le dio su hermano para parar la sangre y me limpió con un pañuelo impregnado en un brebaje curativo. Me dio un beso en las heridas y dijo: -Así sanarán antes.

Hacía tiempo que sabía que Chappu me quería, pero nunca había hecho tal gesto de cariño. Esa noche me puse a pensar en el futuro: tenía fe ciega en que derrotaríamos al enemigo, pero después… ¿qué? Ginnem volvería con su familia y se convertiría en la invocadora de su ciudad; Chappu también iría a casa y encontraría algo a lo que dedicarse; pero ¿y yo? No tenía a donde volver, ni familia, ni siquiera un amado, por lo que decidí ir al cuarto de Chappu…