Capítulo 3: Problemas en Djose.
Tras el viaje llegamos al largo camino de Djose. Desde el puerto, teníamos que atravesar un sendero de tierra rodeado de chocobos con sus respectivos jinetes, lo que dio problemas, pues Chappu adoraba a los chocobos desde que una vez vio a su padre montar en uno, y no paraba de hablar con los criadores y de acariciar a las aves. De hecho, hubo un momento en el que me cabreé con él:
-¿Quieres dejar de una vez a los malditos pollos?-Le dije.
-¡No son pollos! Son chocobos- y recalcó:- CHO-CO-BOS.
Antes de llegar al templo (ya lo podíamos ver en la lejanía), encontramos un grupo de Albhed. Por suerte o por desgracia, según se mire, Ginnem tenía diccionarios en su idioma, por lo que pudimos entendernos. Según alcanzó a traducir nuestra invocadora, nos espetaron que no debíamos seguir, nuestro esfuerzo sería en vano, la única manera de derrotar a aquel bestial enemigo eran las máquinas. Yo aceptaba a los Albhed (cosa que Chappu y Ginnem no, pues iban en contra del Dogma) a pesar de ser muy religiosa. Pero no aceptaría que nos insultasen de esa manera, y menos se metiesen con mis creencias y las de mis compañeros, así que, a pesar de que Ginnem se negaba a que peleásemos por su naturaleza pacífica, Chappu y yo no pudimos evitar crear una batalla.
Ellos no llevaban sus máquinas, y a nosotros no nos hacían falta para vencerles: pronto Chappu se había hecho con dos y los había tirado al suelo, y yo hice que los pies del último se congelasen hasta quedar pegados al terreno. El pelirrojo les sujetó por las muñecas y les dijo:
-¿Dónde están vuestras maquinitas ahora, bastardos?- Ambos prisioneros se intentaban soltar sin éxito.
-Algún día te darás cuenta, y te arrepentirás.- Chappu les soltó y los dos salieron corriendo, dejando a su otro compañero atrás.
Cuando Ginnem salió de la prueba, tuve que sujetarla para que no cayese al suelo. Estaba muy cansada. Supuse que se debía a que no estaba demasiado contenta con la actuación que habíamos tenido sus dos guardianes el día anterior con los Albhed. Por eso, cuando llegó la noche y fuimos a dormir a un hostal, fui a su cuarto. Cuando abrí la puerta vi a Chappu y Ginnem hablando sentados en la cama. Me habría molestado de no ser porque le conté a mi amiga lo ocurrido dos noches atrás con el pelirrojo, y ella nunca me haría daño. Obligamos a Chappu a irse de la habitación. Cuando estuvimos a solas, yo sabía que el chico estaba espiando detrás de la puerta, pero no me importaba.
-Lo siento mucho, Ginnem. Mi comportamiento fue inapropiado. De Chappu podría entenderse-hice una pausa y escuché un pequeño murmullo tras la puerta- pero de mí no. Supongo que sentí miedo por nuestra misión, sé que él y tú no os sentís muy motivados, por eso…
-No importa. Y yo si estoy motivada. Creo que esta es mi única tarea en la vida, y la estoy realizando sin problemas junto a vosotros dos, y sin vosotros no sería posible. Te doy las gracias, Lulu. Y dáselas también al topo.- Justo entró Chappu quejándose por el pequeño insulto, y los tres empezamos a reírnos a carcajadas.
