Capítulo 5: No abandonaremos ahora.
Tras las dos eternas semanas la invocadora se animó a ir al templo. La guiamos hasta la sala del invocador con grandes dificultades. Allí esperamos. Y esperamos más y más…el tiempo fluía con lentitud. Pasaron horas y horas hasta que Ginnem salió. O mejor dicho, un cuerpo movido por alguna fuerza interior desconocida salió de la sala. Fui a por ella y comprobé que estaba inconsciente. Mandé a Chappu que la cargase hasta el hostal; pero en la salida tuvimos un altercado. Nos encontramos con Hirosan, un invocador que perseguía el mismo destino que Ginnem.
-Vaya, vaya- dijo-Resulta que la esperanza de Spira no puede con un simple templo.
-Hirosan, limítate a seguir tu camino, nosotros seguiremos el nuestro-le contesté con el tono más amable que conseguí poner.
-No me hagas reír, vuestro camino termina hoy, ahora, aquí.- Acto seguido se puso en posición de ataque, y con un suspiro Chappu dejó a Yuna en el suelo. El invocador llamó a sus cuatro acompañantes. Parecían temibles, los cuatro eran grandes y fuertes, pero sabía que la fuerza no bastaría para derrotar mi poder mágico. Sin embargo, consiguieron herirme en varias ocasiones, y mi magia iba perdiendo fuerza. Chappu no podía hacer nada contra ellos, tuve que sacar fuerzas de donde no las tenía. Les lancé todos los hechizos que pude, y cuando estaban a punto de volver a herirme, Ginnem, se levantó.
-A pesar de tu debilidad tienes agallas- Dijo Hirosan-Iros-les ordenó a sus guardianes.
-No necesito fuerza para vencerte- El hombre gruñó de rabia, y Ginnem invocó a un eon: Shiva. Se libró una batalla entre el eon de nuestra invocadora e Ifrit, de Hirosan. La invocación de Hirosan tenía mucha más fuerza que cualquiera de las de la Ginnem, pero ella sabía mejor lo que hacía, y consiguió vencerle. Cuando terminaron, la morena miró al hombre con desprecio y dijo:-¿Lo ves?
Por la noche tuvimos que dormir los tres en la misma habitación, el hostal estaba lleno. Ginnem nos pidió quedarnos un par de días más para descansar. Aunque acepté con una sonrisa, mi cuerpo quería gritar un desesperado "no". Sabía que la petición era por el miedo a su próximo destino, la Llanura de la Calma. Allí muchos invocadores perdían el rumbo y tenían que abandonar su peregrinaje, por lo que decidí apoyarla. Acaricié su rostro suavemente y le susurré:
-No tienes por qué tener miedo. Eres una gran invocadora. No abandonarás, no aquí, conseguirás tu deseo, ya lo verás, y yo estaré apoyándote.- Detrás de nosotras se escuchó la voz de Chappu: "¡Y yo!" Pero no le hicimos caso. Ginnem me abrazó y me dijo:
-Eso espero, Lulu, eso espero.
