Tsu: gah! No puede ser, no puede ser… *caminando en círculos*
UP: ¿y ahora qué te pasa? *tomando un sorbo de su café*
Tsu: que no ves que nuestras vacaciones están por acabar?
UP: *escupe el café* ¿QUÉ?
Tsu: lo que dije! Nos quedan menos de 2 semanas de holgazanería en casa! ¿cómo es que se nos pasó rápido?
UP: bueno… quizá porque NO HEMOS HECHO NADA!
Tsu: de eso se tratan las vacaciones, genio! De no hacer nada!, sólo dormir, y comer, y dormir, y jugar videojuegos, y dormir!
UP: sabes que siempre hacemos eso Shimmy…
Tsu: ahora dime que hacemos algo productivo… *sarcasmo*
UP: pues claro, cocinamos y aseamos la casa…
Tsu: eso es porque nos pagan, genio!
UP: deja de llamarme genio!
Tsu: oblígame! Genio….
(Estimados lectores, por un golpe de inspiración, les hemos traído anticipadamente un nuevo capítulo. Ahora los dejaremos con él mientras que Tsu intenta escapar de la ira de UP, pero tranquilos, todos sabemos que nadie acabará muerto [esperamos].Por mientras, lean y disfruten)
Capítulo 6:
2 meses después
PDV de Zelda
¿Alguna vez Hyrule recobrará su paz y gloria?
Llevo pensando eso bastante tiempo, desde que el héroe elegido por las Diosas vino a mis aposentos en esta maldita torre, jurando que haría todo lo necesario para hacerlo, y haciéndome prometer que protegería y cuidaría de su hermana.
Hablando de Ariadna, ella no ha sido la misma pequeña risueña y curiosa. Desde hace un tiempo su estado de ánimo ha sido deprimente, sus ojos azules ya no brillan con esa intensidad que me hacían sonreír y olvidar mi horrible realidad, su sonrisa radiante se ha convertido en una simple mueca de tristeza y ya no come tanto como antes. ¿Será algo que he hecho mal?, ¿acaso será su falta de libertad?, ¿no habré desempeñado bien mi papel de madre?... ¿o será que extraña a su hermano y yo jamás podré llenar ese vacío…?
Tantas inquietudes me agobian, siento que he traicionado a la palabra del lobo. He intentado todo lo necesario para hacerla sentir cómoda y segura, pero al parecer he fallado… Por la culpa de un obstáculo que se cruza en mi camino por el bienestar de Ariadna.
El problema: Zant…
Ese maldito, ese puto desgraciado ha tenido sus ojos en ella desde el primer momento en que la vio. Primero los hechizos de magia, luego el entrenamiento con espadas, y ahora... ahora no sé qué es lo que hace con ella, pero si llega a poner sus sucias y asquerosas manos en ella, juro por las Diosas que lo asesinaré arrancando lenta y dolorosamente sus órganos internos…
-"¿Princesa…?"
Ese llamado lejano me alertó. Subí con rapidez las escaleras de la torre hacia mi habitación, ya que me encontraba meditando bajo la lluvia en la azotea del castillo, disfrutando de la luz que al fin se hallaba sobre nosotros, sin ningún rastro de las nubes del crepúsculo. Acomodé mi capucha y entré, allí de pie en la habitación se encontraba, un momento, ¿el lobo y… MIDNA?! Santas Diosas, pero ¿qué ha pasado? Se suponía que él regresaría a su forma original y Midna, sería una simple sombra…
Los observé por unos momentos sin llamar la atención, y la respuesta me llegó como un rayo. Eso era obra de Zant, él es el único con el poder del crepúsculo, aparte de Midna. Muchas preguntas inundaron mi mente, pero sabía que no habría respuestas si no ayudaba a la twili inmediatamente.
Me acerqué con cuidado hasta que Link se volteó, sus ojos mostraban preocupación, rabia y miedo que me hicieron sentir escalofríos.
-"Princesa, tiene que ayudarla, estábamos con el último espíritu de la luz hasta que Zant apareció y…"
-Basta- le interrumpí, sabía que estaba nervioso por Midna, y yo también. –Trataré de salvarla, pero esto correrá un gran riesgo para todos…
-Prin-princesa, no lo hagas…- Midna dijo, pero no puedo dejarla morir…
-Lo siento, pero es por tu bien…- dije en un susurro y comencé con mi hechizo, sin antes decirle al lobo en dónde encontrar la espada Maestra, oculta en el antiguo Templo del Tiempo…
Cerré mis ojos y dejé que toda mi magia y sabiduría ayudasen a Midna, sentí como mi cuerpo comenzaba a desaparecer del mundo, sin dejar rastro.
Pero esto es por el bien de Hyrule…
Es por el bien de Midna…
Perdóname, Ari…
Narrador
Ariadna se hallaba sentada en una silla dentro de una de las miles de habitaciones del castillo. Sus ojos estaban posados en una pequeña telaraña, de la cual había una mosca atrapada, tratando de luchar para poder huir antes de que la temible tejedora se acercase a ella y la devorase, pero finalmente logró librarse de las pegajosas redes y salió volando, pasando frente a la cara de la niña y luego desaparecer por la ventana.
-Al menos esa mosca logró su libertad…- La joven pensó tristemente, dejando caer las lágrimas por sus mejillas, sus ojos dejaron la telaraña y se detuvieron en sus manos. Tenía las manos frías, llenas de cicatrices y callos. En los últimos meses, Zant le hacía entrenar duro, todos los días y a todas horas, muy pocas veces lograba estar sola y sin hacer nada. Pero cuando lograba escabullirse de los ojos del tirano y de los guardias, se escondía en cualquier rincón del castillo y permanecía allí, en silencio y tranquila.
-Estúpido Zant, -frunció el ceño -todavía no entiendo para qué me necesita… soy sólo una niña. Aunque, siempre he querido aprender a blandir una espada… y esto de la magia no está nada mal…- dijo mientras sus ojos se volvían rojos he iniciaba una pequeña flama en su mano –¡agh, pero a quién engaño! Extraño Ordon, extraño a mis amigos, extraño mi casa, y, extraño a Link… ¿dónde se supone que está?... Bueno, sentada aquí, hablándole al aire no obtendré respuestas… Zelda debe saber algo.
Y así, se levantó, dirigiéndose hacia su torra la cual compartía con su "mamá". Abrió la puerta y sacó lentamente la cabeza, volteó a ambos lados y, convencida de que no había moros en la costa, salió completamente y se dispuso a andar.
No había caminado mucho hasta que escuchó una conversación que provenía de la sala de estar real.
-Bah, deben ser Carlos y Raúl discutiendo sobre las apuestas, otra vez…- pensó, pero como seguía siendo curiosa, se acercó a una pequeña hendidura que había en la puerta, y para su sorpresa, estaba Zant, su tiránico maestro, hablando con alguien a través de una visión en la fogata de la chimenea.
-…Espero que todo esté como acordamos, Zant…- el hombre de la visión dijo en una voz profunda y tenebrosa, su cuerpo era fornido y oscuro, su cabello se mezclaba con el rojo y anaranjado del fuego de la chimenea y perfectamente era más alto y grande que el tirano, causando que escalofríos recorrieran por la espalda de Ariadna.
-S-sí, amo, todo está según lo planeado… Tengo a la princesa Zelda aún encerrada en la torre…
-¿Y el elegido de las Diosas?
-Ya me ocupé de ello. Gracias a él y Midna, recuperé la Sombra Fundida, y para que no siguiesen interfiriendo, los maldije con mi poder. Al muchacho lo transformé en bestia para siempre, y a mi traidora la expuse al mundo de la luz, en estos momentos no tendría que estar entre nosotros…
Ariadna se tapó la boca y ahogó un sollozo. Echo un último vistazo al rey y salió corriendo, directo a contárselo a Zelda.
-Perfecto. Dentro de poco, regresaré a Hyrule y lo tomaré como mío, y muy pronto, me volveré REY… Pero, dime, Zant, ¿cómo va esa esclava tuya?
-Oh, la pequeña hylian cada vez se hace más fuerte. Y si todo sigue de acuerdo a mi plan, la máscara de la Fiera Deidad podrá adaptarse perfectamente a ella y será la guerrera perfecta…
-Muy bien…- la figura desapareció ante una fuerte brisa helada que apareció en la habitación. Dejando solamente troncos humeantes en la chimenea. Zant se le quedó viendo por un momento, luego se acercó a un escritorio y del cajón, sacó un objeto envuelto en una suave seda de color carbón. Lo desenvolvió, revelando una máscara humana, de piel pálida, con tres tatuajes, uno azul en la frente, y dos rojos en las mejillas.
Zant sonrió para sí y alzó la máscara al aire. –Muy pronto, mi pequeña fiera, muy pronto… Ganondorf acabará con todo ser de luz en este mundo… La oscuridad y el crepúsculo gobernarán Hyrule… Y mi dulce Midna, lamento lo que le hice, pero…
-¡Señor!, la prin-cesa… Zelda… está…- uno de los guardias anunció abatido, en la entrada de la habitación. El tirano asintió, y una sonrisa siniestra adornó su pálido rostro. Levantó una de sus manos, pronunció un hechizo en lengua twili y pronto se sintió una atmósfera pesada en el lugar.
-Y todo está saliendo de acuerdo al plan…
Ariadna corrió lo más rápido como sus piernas le permitieron. Su visión estaba nublada por las lágrimas que emanaban de sus ojos y se deslizaban por sus mejillas.
Llegó a la torre y comenzó a subir apresuradamente por las escaleras, tropezando de vez en cuando por los escalones, hasta que finalmente llegó a la puerta.
-¡ZELDA! Zelda, rápido, Midna y el elegido están en proble- ¿Zelda…?- allí, tirada en el frío suelo de la habitación, se hallaba la princesa, quieta, sin inmutarse ante la presencia de la joven.
Por la ventana se veía cómo la lluvia caía y los rayos inundaban el cielo. La niña se agachó y tomó entre sus manos la cabeza de la morena, sintiendo las mejillas heladas, y viendo la piel más pálida de lo normal.
-¿Zelda?- su voz era un hilo agudo, y triste. Las lágrimas volvieron a correr por su cara y su cuerpo comenzó a temblar, había perdido a su amiga. Ella ahora estaba muerta, a su lado…
-Zelda, por favor… no me dejes… por favor, vuelve… Link todavía no ha llegado… todavía soy muy joven para estar sola… Zelda… ZELDA!
Abrazó con todas sus fuerzas el cuerpo de la princesa y se aferró a ella, como si nunca quisiese separarse de ella. Ahora no tendría a nadie en quien confiar, a nadie con quien sentirse segura. Estaba sola en ese inmenso castillo, frío y tenebroso.
-Me mentiste… prometiste siempre estar conmigo… te…odio…- dijo con voz ronca, su rostro estaba completamente rojo, y las lágrimas marcaron un profundo camino en sus mejillas. Lloró hasta más no poder. Aun agachada al lado de la mayor, levantó su rostro y lo dirigió hacia la ventana. Se acercó a ella, captando que corriendo por la pradera, había un lobo y que encima de él, se hallaba la twili desaparecida.
-¡Ahora espero que estés feliz, Elegido!- les gritó mientras que el castillo era envuelto por un campo de fuerza oscuro -¡El día en que te vea, no dudaré ni un segundo en matarte! ¡Y es una promesa!
Una que realizaré, cueste, lo que cueste…
UP: fin del capítulo, esperamos que lo hayan disfrutado…
Tsu: ¿cómo quieres que lo disfruten si ahora están con mil y un preguntas en esa cosa que le llaman cerebro?
UP: no insultes a los lectores, idiota…
Tsu: pff, pues bien… Queridos lectores, sabemos que están en duda, pero queremos que sepan que este capítulo ha sido reescrito cientos de veces (conste que estaba escrito desde Diciembre), si tienen alguna duda, déjenla en los reviews, intentaremos contestarles…
UP: ahora bien… no teníamos planeado hacer la muerte de Zelda tan, terrible y angustiosa… ni mucho menos convertir a Ariadna en alguien rencoroso…
Tsu: en realidad queríamos que fuese violada por Zant… pero eso se iría fuera de contexto y lo borramos…
UP: pero como últimamente hemos estado con un estado de ánimo depresivo, queríamos hacer el capítulo depresivo también, pero no tanto…
Tsu: pero tenemos problemas con una amiga, que ahora nos trata como la mismísima mierda sólo porque "no la llamamos" y ahora nos odia… puta engreída…
UP: por eso el capítulo es así… *le cae una lágrima*
Tsu: …¿quieres que agradezca los reviews?
UP: por favor…
Tsu: gracias a Gatt-chan, Magua, P.Y.Z.K y Zilia-k por sus reviews, y su comprensión por la laguna mental en nuestro apéndice (sí! A ese idiota nuestro cerebro dejó a cargo, el muy hijoputa!)
UP: y no se preocupen, Link aparecerá en el próximo capítulo!
Tsu: nos leeremos en Marzo! Si es que no fallecemos al pisar el colegio
UP: un saludo a todos!
Ambas: Abrazos Psicológicos :'D
Tsu: P.D, dejen reviews xD
