Tsu: OH MY GOSH! Al fin logramos actualizar algo!

UP: ni que lo digas… aun no comprendo cómo es que de la nada ya no eres capaz de pensar en algo para los fics….

Tsu: bueno, discúuuuulpeme, princesa…. No es mi culpa de entrar a clases y no tener ni un solo puto día libre!

UP: claro que sí, si te organizaras, y estudiaras…

Tsu: pfff… estudiar es para loosers! I am the better student in my class! And you know it!

UP: por favor… no te pongas a hablar en inglés….

Tsu: why? Oh, wait, I got it, you hate me and my english because YOU don´t speak it!

UP: oh yeah, c'mon here, and tell me it in the face!

Tsu: I tell you! I tell you! YOU ARE A F*CKING MOTHERF*CKER IN MY ASS!

UP: C'MON HERE, FU*CKING CRAP!

(Estimados lectores, queremos pedirles disculpas por los retrasos en las actualizaciones en los fics. Marzo se nos ha complicado con el comienzo a clases, a nuestra hermana le vino un terrible episodio de reacción alérgica a un medicamento [no se preocupen, ahora está mucho, mucho mejor], y no sabemos lo que se fumaron los profesores, pero tenemos exámenes y trabajos en casi toda la semana… Bueno, sin más preámbulos, excusas, y bla bla bla, les dejamos un nuevo capítulo, lean y disfruten.)


Capítulo 7

4 meses después

PDV de Ariadna

Salí de la arena de entrenamiento más temprano de lo normal. Mis batallas han ido muy bien desde que encontré el cuerpo inerte de Zelda en medio de la habitación de la torre. Por ahora debo llevar como sesenta y seis victorias consecutivas. Pudieron haber sido sesenta y siete, pero Zant dijo que era suficiente por hoy y me dio el día libre.

Él sin embargo tuvo que marcharse para dejar todo listo para la llegada del amo Ganondorf.

Nunca lo he visto, pero he escuchado a algunos guardias mencionarlo antes. Dicen que es el ser más poderoso del reino del Crepúsculo; y aunque Zant quiera negarlo, fue Ganondorf quien le dio sus poderes y lo trata como su lacayo. La conquista de Hyrule sólo fue otra de las órdenes de nuestro amo y maestro.

Antes no lograba comprender las acciones tomadas en esos instantes. Pero ahora con lo ocurrido con Zelda todo se volvió más claro frente a mis ojos. Y como me lo habían prometido, a la llegada de Ganondorf, por fin podré vengarme del "Elegido" y asesinarlo.


Caminé unos cuántos pasos por unos de los inmensos corredores del castillo, pateando una piedra imaginaría y con las manos tras la espalda.

Como siempre mi cabeza en esos momentos estaba más allá de este mundo, pensando en Ordon, en mis amigos, y en Link. Ha pasado mucho tiempo y aun así ni noticias sobre ellos. Tengo un mal presentimiento de que les ocurrió algo grave…

-Joven Ariadna

-¿Sí?- me volteé hacia el guardia que se acercaba lentamente a mí. Ellos me tenían respeto y terror.

El hombre se detuvo unos segundos tratando de ordenar sus palabras, yo fruncí el ceño irritada y este tragó nervioso para luego hablar inmediatamente. –Jo-joven Ariadna, el rey Zant requiere de su presencia en estos instantes en el salón del trono. Al parecer Ganondorf ha llegado.


Llegué al frente de la inmensa puerta que daba hacia el salón. Regulé mi respiración, me calmé un poco y entré erguida, manteniendo mi mano en el puñal de mi espada por si se presentase algún contratiempo.

Efectivamente el guardia estaba en lo cierto, sentado en el trono había un hombre inmenso y moreno, de cabello tan rojo como las brasas ardientes de una fogata. Traía una armadura negra, y a pesar de sus rasgos faciales, diría que es el mismo Ganondorf de hace décadas, el mismo vencido por el Héroe del Tiempo, mi abuelo Link.

-Fiera, al fin te presentas.- Zant, quien estaba a la derecha del gerudo habló. Incliné mi cabeza ligeramente en modo de respuesta al saludo y luego me dirigí hacia el moreno, agachándome respetuosamente frente a él.

-Así que, Zant. ¿Ésta es tu mascota de la que tanto me hablabas?

-Sí, señor…

Gruñí para mí al escuchar eso. Aunque no lo haya mencionado antes, todos en el castillo me decían que era una especie de mascota para Zant, y que de no ser por las órdenes de Ganondorf, y por los cuidados anteriores de Zelda, el hechicero twili me habría hecho suya, literalmente.

El gerudo se me quedó viendo atentamente con una mirada que me puso nerviosa. Ojalá no se haya dado cuenta de que soy la nieta de Link.

-Zant, puedes retirarte, yo me quedaré sólo con la chica…- ahí va, es mi fin. Zant lo miró asombrado, luego esa perversa y estúpida sonrisa cruzó por su rostro antes de marcharse y dejarme a solas con Ganondorf.

Al escuchar el golpe de la puerta al cerrarse, el rey moreno se paró de su asiento y comenzó a caminar directamente hacia mí. Yo aún me encontraba con una rodilla apoyada en el suelo y con la cabeza gacha, hasta que sentí unos fuertes dedos presionar mi barbilla y me obligó a elevar la cabeza y verlo inspeccionando minuciosamente mi rostro.

-Mmm… como lo sospechaba, eres descendiente de ese mocoso ladrón de la Ocarina del Tiempo, el famoso Héroe.

Me safé de su agarre y retrocedí unos pasos, alejándome de él y manteniendo mi mano en mi espada. Le fruncí el ceño y le siseé -¿y qué si soy nieta de Link? No te tengo miedo, si quieres, asesíname, te estoy esperando…

Lo peor que pude haber escuchado en toda mi vida, fue su risa, una grande y estruendosa, que resonó en toda la habitación y retumbó en mis tímpanos.

-Sí que eres la nieta de ese mocoso verde. Pero de haberte matado, lo habría hecho cuando el idiota de Zant estaba aquí.- ¿Lo habría hecho? Entonces, ¿por qué…? –y antes de que preguntes. Te necesito con vida para que hagas un trabajito para mí…

-¿Un trabajito? ¿a qué te refieres?- pregunté desconfiada.

-Oh, no es nada. Sólo quiero que mates al nuevo elegido de las Diosas…

De pronto mi interés en la conversación se incrementó y me hizo olvidar toda desconfianza y odio hacia Ganondorf.

-Está bien, ¿qué es lo que quieres que haga?

Puedo jurar, que entre la sonrisa de Zant, y la sonrisa del rey Gerudo, la de este último era más perturbadora. Tragué saliva, esperando a que el moreno me explicase lo que quería hacer.

-Sé que Zant te ha estado enseñando técnicas en el arte de la espada, y magia. Es por eso que irás a las Ruinas del Pico Nevado, y ayudarás a Yeta a destruir al muchacho. Pero viendo lo debilucha que eres, necesitarás esto.- Ganondorf sacó de un cajón cercano un bulto envuelto en una tela de seda color negro. Me la entregó, y al desenvolverla, vi que era una máscara antigua, de no más de 100 años.

-¿Me dices debilucha, sólo para entregarme una máscara inútil?- gruñí arrojando el objeto hacia el trono, para luego darme la vuelta y marcharme. Pero el gerudo se me adelantó.

-Escúchame bien, mocosa. Te pondrás esa máscara, quieras o no, e irás hacia el lugar donde te dije, y destruirás al descendiente del "chico hada" y a su molesta compañera twili…

-¿…Qué?- ¿Escuché bien esa parte? ¿acaso dijo que…? -¿Me has engañado…? ¿tú sabías que el Elegido era mi…?

-Tú hermano, por supuesto. Zant me lo informó, al momento en que te capturaron, la marca de la trifuerza del valor brilló sobre tu mano. Todos los descendientes de los portadores de la trifuerza, son protegidos por una pequeña parte de ella sobre todo mal que pone en peligro la vida de la persona…

Toqué mi mano izquierda, recordando la venda de hace unos meses, y el agudo dolor que me había provocado.

-Pe-pero, ¡aun así! Intentaron manipularme, ¡sólo para matar a mi hermano mayor!- alcé la voz y apreté los puños en mi espada, lista para atacar.

-¿Manipularte? Tú misma dijiste que harías lo imposible para encontrarlo y vengarte de él, ya que por su culpa, la princesa Zelda falleció…

Era cierto, cuando vi el cuerpo inerte de la princesa en el piso, juré por las Diosas que lo encontraría, y lo…

-No,- dije firme –antes no sabía que el elegido era Link. Pero ahora que lo sé, no voy a matarlo. Y si Zelda dio su vida para ayudarlo, yo haré lo mismo. A veces, necesitas arriesgar tu propia vida para ayudar a los que más quieres. Él hizo lo mismo conmigo, y no dejaré que un tarado como tú, o Zant, vayan a lastimarlo, sólo porque se les dio la gana y quieran salirse con la suya.- y así, corrí directamente hacia el gerudo, con mi espada en alto, y con una furia e ira que no logré controlar.

Sin embargo, el corpulento rey logró esquivar mis ataques. Yo seguí dando estocadas con la esperanza de hacerle daño. Pero no, ni un solo rasguño. Luego de unos minutos, quedé agotada. Tanto así que solté la espada y caí al piso. Mis piernas temblaban, al igual que mis brazos. Jadeaba tratando de regular los latidos de mi corazón y sentía cómo el sudor corría por mi frente.

Ganondorf se agachó y me tomó por el cabello. Sus ojos irradiaban odio, y malicia. Con su mano libre sostenía la máscara de Fiera Deidad, y lentamente la acercaba a mi rostro.

-No intentes oponer resistencia alguna, Fiera. Cuando tu cuerpo sea transformado, quedarás bajo mi merced. Y escúchame atentamente… destruirás al Elegido, quieras o no


Ruinas del Pico Nevado

PDV de Link

-Escucha Link. Sé que estos meses han sido estresantes y extraños para ti. Pero ahora, que estamos tan cerca de destruir a Zant, ¿decides venir a visitar a los yetis, otra vez?- Midna me gritaba en el oído, mientras que yo seguía caminando por el castillo en ruinas, en busca de algo, o más bien dicho, alguien.

Me detuve y suspiré –Si Midna, recuerda que son mis amigos y me pidieron ayuda, ¿cómo podría negarme? Además, tú misma dijiste que presenciabas magia oscura, proveniente de Zant.

Sonreí ante la cara de mi compañera, que estaba con los ojos muy abiertos, bufó, y luego se cruzó de brazos y me dio la espalda.

-Será mejor que no te acostumbres a ganarme en una pelea verbal

-Lo haré.

Seguimos caminando hasta que por fin llegamos a la sala, la cual, nos habían avisado, se encontraba un maligno extraño.

-Muy bien, acabemos con esto

Abrí de golpes las dos puertas de la habitación y me sorprendí por lo que había frente a nosotros. Un enorme caballero, de armadura plateada cubriéndole su cuerpo imponente. Tras él cargaba una espada de extraña forma. Y sus ojos, tan blancos y opacos, como un débil rayo de luna llena en la profundidad de un bosque virgen. El hombre se hallaba parado, quieto y sin inmutarse, como si hubiese estado aguardando por mí.

Desenfundé mi espada, saqué mi escudo, y me puse en posición defensiva. El extraño hizo lo mismo, y nos quedamos así, hasta que hice el primer movimiento.

Gran error

Corrí hacia él con la finalidad de darle una profunda estocada al costado de su cuerpo, pero este se giró a tiempo y me golpeó con el mango de su espada en mi espina. Gemí de dolor, pero logré reponerme de inmediato y procedí con los ataques escudo. Pero no funcionó.

Seguí golpeándolo, utilizando todos mis objetos, mas el caballero no daba signos de agotamiento, y yo me quedaba sin ideas, y energía.

-Al parecer no eres un héroe después de todo…- se burló –si lo fueses, ahora mismo estarías con tu amada hermanita en ese estúpido pueblucho donde viven.

-¡Hasta aquí!- rugí abalanzándome sobre él, con una velocidad que ni él mismo, ni yo, hubiéramos imaginado.

Finalmente logré hacerle daño, haciendo un profundo corte en gran parte de su pecho con mi espada, y le golpeé la cabeza con el escudo, con tal fuerza, que cayó inconsciente al suelo.

Respiraba con dificultad y me venían espasmos involuntarios por todo el cuerpo, pero no iba a desaprovechar esta oportunidad. Tomé la enorme espada del caballero y la levanté, para luego asirla sobre su corazón.

-¡Espera Link!

-¿Y ahora qué, Midna?- pregunté irritado por su interrupción, pero ella solamente se acercó al desmayado hombre, y posó la cabeza de este sobre su regazo.

-Link, este hombre está bajo el encantamiento de Zant, a contra de su voluntad. Lleva puesta una máscara que lo ha transformado físicamente y que controla su mente, y antes de que me interrumpas, quiero que veas al ser bajo este hechizo.

Asentí, un poco intrigado, y ella llevó una de sus pequeñas manos al rostro del caballero, y lentamente vi, cómo este se desprendía, y un insólito resplandor envolvía su cuerpo.

Cuando la máscara estuvo a la vista, no podía creer lo que mis ojos estaban viendo.

La niña que estaba descansando en el regazo de Midna.

La niña que hace mucho tiempo no veía.

La niña que herí y estuve a punto de matar…

¿Ariadna?