Mil perdoneeees por la tardanza D: entre la poca inspiración, el poco tiempo y las fiestas, agh, lo siento mucho D:
Capitulo V: El Bosque de Los Sueños
Un rayo de sol que le daba justo en el rostro la despertó. Enceguecida, Regina intento incorporarse, pero una de sus piernas no le respondió. Así allí, sentada en el suelo, observo lo que le rodeaba sin poder creérselo. Árboles y más árboles, a donde fuere que mirara. Estaba en el bosque. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Qué lugar era ese? ¿Storybrooke? ¿El Bosque Encantado? Regina no lo reconoció, aunque tampoco es que se memorizara muy bien los bosques. Una vez más intento ponerse de pie, pero evidentemente el caminar ya no era una opción. Se arrastró como pudo hasta un troco caído y se sentó en él; al menos así tenía una mejor vista.
-¿Hola?- dijo la morena con un volumen de voz lo suficientemente alto para que la oyeran a varios kilómetros de distancia, pero nadie acudió. Con el ceño fruncido, se levantó la parte del pantalón que le ocultaba lo que fuera que su pierna pudiera tener y estar causándole dolor.
Regina reprimió un grito. Una enorme mancha negra se esparcía por toda la parte delantera de su pierna, mientras que la parte trasera parecía intacta. ¿Qué demonios era eso? Definitivamente no era un moretón, ni nada que Regina hubiera visto antes. Acerco su mano con inseguridad y comprobó que, al tacto, la pierna no le dolía. Era más bien un peso muerto; cosa que no la tranquilizaba en lo absoluto. Cerró los ojos, intentando recordar alguna posible caída o causa de la enorme mancha. Pero nada. El dolor había aparecido inesperadamente cuando estaba en las minas con Emma.
-¡Emma!- recordó Regina. Sus manos se aferraron al tronco mientras su cuerpo se esforzaba por levantarse. Supuso un gran esfuerzo, pero finalmente logró ponerse de pie, aunque sosteniéndose del tronco. De todas formas no era muy útil, porque no podía moverse con la pierna en ese estado. Regina buscó a Emma con la mirada, aunque sabía perfectamente que la rubia no estaba allí. Pero sus ojos quedaron fijos en un punto, o más bien en otro par de ojos. Alguien la miraba a la distancia, desde detrás de un árbol. -¡Oye!- llamó al desconocido para que se acercara o para que huyera. La persona no se movió, así que Regina intento avanzar olvidando el hecho de que su pierna no le respondería. Así que en lugar de dar un paso adelante, cayó sin más. Llena de tierra y con la pierna nuevamente adolorida, la morena maldijo sin contenerse, y cuando levanto la mirada le sorprendió encontrarse con aquellos ojos nuevamente, pero esta vez frente a ella.
Era una niña; no tendría más de siete años. Enormes ojos verdes que observaban a Regina con curiosidad. Rizos rubios y largos que caían por su espalda hasta su pequeña cintura. La niña estaba parada a pocos centímetros de Regina, pero no hizo el intento de ayudarla, y no pronunció palabra alguna. De hecho, a Regina le sorprendió lo silenciosa que había sido la pequeña al acercarse.
-Hola- la saludo finalmente Regina mientras se sacudía tierra de la camisa. La niña no respondió. -¿Estás perdida?- quiso saber la morena. Ja, quien lo diría, la Reina Malvada preocupándose por un niño indefenso. Regina rió amargamente en su interior.
-Ven- dijo entonces la pequeña y, sin esperar respuesta, le dio la espalda a Regina y comenzó a caminar.
-¿A dónde?- preguntó Regina confundida. –Oye, ¡espérame!- exigió al ver que la niña ya se marchaba –No puedo caminar- se excusó señalando su pierna inservible.
La niña se volteó y fue hacia Regina con una expresión de exasperación, lo que la hizo parecer mucho mayor. Una vez frente a la morena, apoyo su mano derecha sobre la enorme mancha negra y, después de unos segundos, un brillo emanó de su mano e hizo desaparecer la mancha. Regina pudo sentir como su pierna volvía a la vida, aunque la tenía algo acalambrada.
-¿Cómo has hecho eso?- le preguntó a la niña mirándola fijamente. La pequeña le devolvió la mirada, pero no respondió. -¿Sabes usar magia?- aquello era algo bastante obvio, pero Regina quería recibir algún tipo de respuesta. -¿Eres curandera?- insistió. Pero la niña ya había retomado la marcha. Sin perder más tiempo, Regina se puso en pie y la alcanzó.
–Entonces, ¿vas a decirme a donde me llevas?- intentó nuevamente Regina, sin mucho éxito. La niña caminaba con la mirada perdida, como si no prestara en absoluto atención a lo que la rodeaba, y sin embargo se movía con seguridad, sin tropezar ni chocarse con nada. -¿Sabes qué? No tengo porque seguirte- dijo con impaciencia Regina, deteniéndose. –No quieres decirme a donde vamos ni porqué, lo que me parece sospechoso-. A ojos de cualquiera, aquella era la criatura más inofensiva de la tierra. Solo era una niña, y con esos ojos claros y esos rizos rubios, tenía un aspecto bastante angelical. Pero una de las cosas que había aprendido Regina en el pasado era que no podía confiar en las apariencias. La niña podría tranquilamente ser cualquier otra cosa. Pero, ¿por qué la había curado? ¿Qué quería de ella? ¿Acaso ya se conocían y Regina no la recordaba? Había algo en sus ojos que le era vagamente familiar, pero la morena estaba bastante segura de que no conocía a la pequeña.
-Ven- repitió la niña, volviéndose por una milésima de segundo hacia Regina, para después continuar caminando. Como si estuviera segura de que la morena la seguiría. Y, en efecto, Regina la siguió.
-¿Al menos me dices en dónde estoy?- quiso saber Regina con resignación.
-El Bosque de Los Sueños- respondió la niña.
-Entonces, ¿esto es un sueño?-. En realidad, Regina ya lo sospechaba. Al menos era un lugar más agradable que el enorme vacío que representaba su subconsciente.
-No exactamente- dijo la pequeña en tono misterioso.
Regina soltó un suspiro. Las respuestas de la niña solo le causaban más dudas. Así que decidió dejar el tema de lado, al menos por el momento.
-Gracias por curarme la pierna- le agradeció, inhalando una gran bocanada de aire fresco. Extrañaba poder moverse tan libremente por el espacio.
-No la he curado, simplemente la he mandado a otra parte, pero es temporal-.
Regina no podía evitar preguntarle sobre aquello. -¿A otra parte? ¿Quieres decir… a otra persona?- preguntó confundida y un tanto curiosa. Nunca había oído sobre una magia que funcionara de esa manera.
-Oh no, la mancha sigue en tu pierna- aseguró la niña.
Regina guardó silencio. Aquella respuesta le era bastante incomprensible, porque podía ver y sentir que la mancha no estaba en su pierna. De todas formas no quiso insistir más en el tema; mientras la mancha no estuviera, ella era feliz.
Caminaron un largo rato, hasta que dejaron atrás el bosque y llegaron a la punta de un acantilado. Exhausta, Regina se dejó caer en el suelo. La niña se sentó a su lado.
-¿Y ahora qué?- preguntó Regina.
-Ahora a esperar- dijo la niña con una pequeña sonrisa.
-¿Esperar que cosa?- Regina estaba cada vez más confundida.
-Ya lo verás- se limitó a responder la pequeña.
Regina intentó buscarle sentido a todo aquello, repasando los últimos sucesos. Recordaba estar en las minas con Emma, el dolor en su pierna, despertar en el vacío, despertar en el bosque, encontrar a la niña. O, más bien, la niña la encontró a ella. Regina se volvió hacia la pequeña, observándola de pies a cabeza. Aún tenía ese aire que se le hacía tan familiar. Y, por primera vez, la morena se fijó en su vestimenta. La pequeña llevaba una remera verde de manga corta, con un patito amarillo en el centro, que le quedaba algo grande; unos shorts de jean, que también le quedaban algo grandes; y unas zapatillas rojas, bastante desgastadas. Y algo grandes pensó Regina. Al parecer, la niña llevaba toda ropa heredada. ¿Tendría hermanos mayores? No le preguntaría, no quería parecer grosera.
-Así que, ¿tú vives aquí?- preguntó Regina después de varios minutos de silencio. Era una pregunta extraña, puesto que aquel parecía ser un mundo en el que nadie vive permanentemente, pero la morena solo quería comenzar una conversación. Y quizás averiguar algo más sobre el asunto de la espera.
-No- respondió la pequeña en tono algo cortante.
-¿Estas con tu familia?-.
La niña negó con la cabeza. Regina no quiso indagar el tema. De pronto sintió pena por la niña, que estaba allí completamente sola. ¿Hace cuánto tiempo estaría en el Bosque de Los Sueños?
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?- se animó a preguntar Regina.
-El mismo tiempo que tú- respondió la niña con aquel tono misterioso.
Regina enarco una ceja. -¿Vas a seguir dándome ese tipo de respuestas?- preguntó con impaciencia. Le molestaba el hecho de que la niña la pusiera tan confusa. La pequeña no respondió, simplemente agacho la cabeza. –Creo que me merezco algunas explicaciones. Después de todo he seguido a una niña extraña, en un bosque extraño, a un lugar extraño- se justificó la morena –Ni siquiera me has dicho tu nombre- se dio cuenta Regina. En ningún momento se habían presentado, lo que la hiso sospechar aún más que la niña ya la conocía. -¿Cuánto tiempo más guardaras silencio? Exijo que me…-
-Emma-.
Regina se detuvo en seco. -¿Qué?-.
-Mi nombre es Emma-.
