~Capitulo 1: "Sexto sentido"~


Dos semanas. Pensé.

Solamente faltaban dos semanas para que todo esto acabe, el instituto terminaría y empezarían las vacaciones de verano, verano entre comillas porque aquí en Forks apenas salía el sol, y entonces no tendría que verles la cara ciertos compañeros de estudio. Ya saben a quienes me refiero, ¿verdad? Además, esto de ir todos los días al estudiar ya había empezado a aburrirme, sobre todo porque yo ya me sabía todo lo que enseñaban, eso y más. No es por alabarme a mi misma, pero probablemente estaba mucho más capacitada que cualquier profesor de aquí.

No entendía como Edward podía soportar repetir el instituto tantas veces.

Edward. Una de las razones por las cuales quería que la escuela terminara ya. Así podríamos pasar más tiempo juntos… en vez de estar atrapados en una aburrida clase que ya sabemos de sobra.

Edward detuvo el auto en el estacionamiento.

-¿Crees estar bien hoy?.- me preguntó, girándose para mirarme.

Quería decirle que no, que volviéramos a casa y no volvamos nunca más a poner un pie en este lugar, pero eso no estaría bien. Además que estaba siendo demasiado dramática, y no me gustaba serlo con cosas tan sencillas como estas.

Y ambos sabíamos que yo estaba en perfectas condiciones para asistir a clase.

-Si, creo que si.- sonreí ligeramente.

Él parecía como si quisiese que me retractara y dijera que no. De hecho, se veía como si estuviese listo para encender el auto de nuevo y marcharnos a toda velocidad.

Sabía el por qué. Edward no me lo había dicho, tal vez para no preocuparme o no hacer sentir mal, pero yo lo sabía, porque D me lo había dicho, lo que era bueno. No me importaba lo que los demás dijeran o pensaran de mi, pero estaba bien saberlo, para que no me tomen por sorpresa.

-Bella, tal vez deberías saber que…- empezó lentamente.

-Ya lo sé, D…- me corregí de inmediato.- Denisse me lo ha dicho ayer cuando no estabas. Realmente no me importa.- hice un gesto de indiferencia con los hombros.

Edward no parecía muy convencido.

-¿Estás segura? Podemos…-

-Estaré bien.- insistí.

Ya estoy acostumbrada, pensé. Aunque no le dije nada, y tampoco pensaba hacerlo.

-Bueno, pero si en algún momento te sientes incomoda, no dudes en decírmelo.-

Asentí afirmativamente, aunque lo más probable era que me quedara callada si me sentía incomoda.

Él me sonrió ligeramente y apretó mi mano antes de salir del auto primero para abrirme la puerta, como siempre. Le di una brillante sonrisa cuando salí. Me volvió a tomar de la mano y caminamos juntos hacia el edificio donde yo tenía mi primera clase.

Como era de suponer, todos nos miraban sorprendidos y curiosos. Seguramente, después de ver como nosotros estábamos tan distanciados los días anteriores al hospital, creyeron que habíamos terminado nuestra relación. Sobre todo después de lo que "supuestamente" había pasado conmigo.

Jessica Stanley, obviamente, fue la primera en acercarse a "saludar".

-¡Hola, Bella! ¿Cómo estas? Supe que estabas en el hospital. Siento mucho no haberte ido a visitar, pero no quería molestarte.- empezó a balbucear con su desagradable voz. Podía sentir a Edward tensarse a mi lado.

Su cabeza debía ser un lugar muy desagradable ahora, aunque no era necesario leer su mente para darse cuenta de su falsedad.

Estuve a punto de responderle, pero Edward se me adelantó, robándome las palabras de la boca.

-Tu preocupación es realmente conmovedora, Jessica, pero ahora tenemos que ir a clase.-

-Si, así que vete y usa tu hipocresía con el estúpido que se la crea.- agregó D, apareciendo de la nada.

Edward y yo saltamos un poco por la sorpresa y nos giramos hacia ella. Había cambiado su habitual informal ropa negra por un bonito vestido de color azul oscuro y su larga cabellera sujeta en una media coleta, dándole un aspecto elegante pero a la vez juvenil.

-¿Qué haces aquí?- preguntamos Edward y yo al mismo tiempo.

¿Cómo había llegado?¿Cuando había llegado?

-Solo quería desearte un buen día, Bella.- sonrió ampliamente.- Voy a estar un poco ocupada hoy, ya sabes, quiero conseguir un empleo, así que tal vez esté un poco ausente.- miró a Edward por primera vez.- Pero eso no quiere decir que ignore todas las cosas que pasan con ustedes.

Como si no lo supiéramos ya. Ella nos vigilaba cada segundo.

Volvió su atención a mi y sonrió.

-En fin, tengo que irme ya. Deséame suerte, prima.- resaltó la ultima palabra.

Se despidió alegremente con la mano y se alejó, para acercarse en un bonito auto de color negro que no había visto llegar y marcharse a una velocidad que ni el mismo Edward superaría.

Todos ellos debería ser corredores en las carreras de autos.

Cuando me giré, vi que Jessica se había quedado con la boca abierta, una imagen bastante graciosa a decir verdad.

-Vamos a clase.- le dije a Edward, jalando de su mano.

.

.

.

Cuando tenía once años, mi madre me dijo que creía que yo estaba en las drogas.

No es algo en lo que pienso mucho, de hecho, he tratado de evitar el recuerdo todo lo posible, pero es inevitable no recordarlo cuando mencionaban la palabra. Y con mayor razón ahora, que estaba pasando por una situación muy similar.

Solo que esta vez no me afectó en absoluto, ni tampoco me pasé una hora llorando silenciosamente en la ducha.

Probablemente era porque no me interesaba la opinión de ninguno de ellos, o porque ya había pasado por eso, no lo se, la cosa es que sus ojos puestos en mi o sus susurros bajos no me importaban, ni siquiera hicieron que me sienta incómoda. Total, no era la primera ni la ultima que sería el tema de los chismorreos, se cansarían de mi y encontrarían otra cosa de que hablar los siguientes días.

Lo que en realidad me hacía sentir mal era el recuerdo de mamá, aunque ese día me dijera a mi misma que no debía ser así, y que si ella creía eso, pues que lo crea. Mi conciencia estaba tranquila. Yo nunca había consumido nada de esas porquerías ni pensaba hacerlo. Mi abuela me decía lo mismo, ella no creía en lo que los demás decían de mi. Sin embargo, me seguía importando. Porque mamá era alguien la cual me importaba su opinión, y dolía. Dolía mucho que pensara eso de mi, sobre todo porque nunca le di verdaderas razones para ello.

Dolía y me daba rabia.

Momentos como esos, era donde deseaba odiar. Odiar de verdad. Pero no podía. Nunca he podido hacerlo. Todo el mundo siempre lograba que les perdonara demasiado rápido, a veces sin haberse disculpado siquiera.

Ni siquiera puedo odiar a Casandra, quien es la responsable de que mi madre "comprobara" sus sospechas de mi.

La defendí de unas chicas que la estaban molestando, a pesar de que ella nunca lo hubiera hecho por mi. Y me expulsaron una semana entera del colegio porque yo, supuestamente, había quemado los brazos de una de ellas con un encendedor.

Nunca encontraron ese supuesto encendedor, porque no existía, pero los brazos de la chica si tenían quemaduras de segundo grado, así que me declararon "culpable" de todos modos.

También trato de no pensar mucho en eso, y en como la chica esta terminó quemada, porque yo no traía nada que tuviera fuego en ese momento. Lo único que recuerdo antes de que ella empezara a gritar era sentir un ligero calor en las manos. El episodio me recordó mucho a cuando pelee con Samantha y de pronto tenía quemaduras.

Bueno, no importa, la cosa es que eso hizo que mamá terminara a convencerse de que yo estaba consumiendo drogas y no se que más cosas.

Y aún así, no puedo odiar. A ninguna de las dos. A nadie, en realidad.

-Eso no te pasó por idiota, Bella- me contradijo Carlisle con suavidad.

-Tienes razón, eso me pasó por estúpida.

-No…

-¿Por imbécil?-

-Nada de eso. Lo que hiciste por ella, a pesar de todo lo que te hizo con anterioridad, es una prueba de la buena persona que eres.

-Lo estúpida que soy, será-

-No. Es una demostración de que tienes un alma hermosa- tomó mi barbilla e hizo que lo mirara- Tan hermosa como lo eres por fuera-

Bufé, pero por dentro estaba feliz de que pensara eso de mi y me lo dijera. No solían decirme mucho cosas bonitas y, aunque no lo crean, me gusta cuando me las dicen. Supongo que soy normal en ese sentido.

-Si, claro. Estoy en pijama y acabo de llorar. Soy la viva imagen de la belleza.- respondí sarcásticamente.

Carlisle se rió, y luego se quedó mirándome un rato en silencio.

-Realmente me pregunto que hizo mi hijo para merecer a alguien tan especial como tú.-

La campana de cambio de hora sonó y me sacó abruptamente de mis pensamientos, incluso haciendo que saltara un poco en mi asiento. Afortunadamente nadie pareció notarlo y yo me levanté, cogí mis cosas y salí.

No se como me veía en realidad, porque Edward me abrazó y besó mi frente en cuanto crucé la puerta del salón. Suspiré y sonreí contra su pecho. Esto era lo que necesitaba.

Me aparté de él lentamente después de un momento. Miré a mi alrededor y me sorprendí al ver que estábamos los dos solos en el pasillo.

-¿Qué…?-

-Todos se han ido a sus respectivas clases- respondió.-No tenemos que ir también.

Me tomó de la mano y empezó a guiarme al aparcamiento.

-¡¿Qué?! ¡Edward, no podemos saltarnos la clase!- le dije, mirando a mi alrededor asustada para ver si alguien nos veía escapándonos del instituto.

En cambio, él se echó a reír.

-Vamos, amor. Una clase no hará daño. Ya estamos diez minutos tarde de todos modos.- abrió la puerta del pasajero y esperó a que entrara.

Suspiré y entré al auto de mala gana. No me malinterpreten, realmente quería pasar tiempo con Edward, sobre todo ahora que D no nos dejaba solos, pero no quería perderme más clases. No es que las necesite, claro, per aun así no podía faltar. Y solo quedaban dos semanas para que nos larguemos de aquí, al menos hasta el próximo año escolar.

Me giré para mirarlo mientras conducía, él tenía una sonrisa divertida en su rostro.

-¿Qué pasa?- le pregunté, de pronto sintiéndome nerviosa.

Tal vez esto de saltarme las clases con él no eran tan buena idea.

-¿Qué? ¿Acaso no puedo estar contento de que estemos pasando un tiempo juntos?- me miró inocentemente y estiró una mano para tomar la mía, conduciendo solo con una.

Aquello no me tranquilizó, al contrario, me preocupó más. Sip, definitivamente esto no había sido una buena idea.

-¿A dónde vamos?- inquirí, sin poder esconder el toque de alarma con que sonó mi voz.

Su sonrisa creció, y yo pensé que debí haberme quedado en el instituto.

-Lo verás cuando lleguemos. Confía en mi, te divertirás.- me prometió.

-Bueno.- murmuré, no muy convencida.

Es Edward, me dije, él nunca haría algo para dañarte. A lo mucho, esto terminaría en algo horriblemente vergonzoso para mi.

Volví a girarme para insistir en que me responda lo que pensaba, pero él todavía estaba sonriendo radiantemente. Sea lo que sea que estuviera planeando, parecía muy feliz con ello. No quería arruinar su felicidad, así que sonreí también y me relajé en mi asiento. Sea lo que sea, no podía ser tan malo. Iba a pasar tiempo a solas con él y eso era lo que importaba. Tal vez luego podríamos ir a mi casa y…

-Así que yéndose se pinta. Muy bonito.-

Un pequeño grito se escapó de mi garganta a causa del susto y Edward por primera vez casi se salió de la carretera, ambos sobresaltados por su repentina aparición en la parte trasera, digna de una película de terror. Edward tuvo que soltar mi mano para estabilizar el auto y finalmente detenerlo haciendo que todos saltáramos por el abrupto frenado.

-Bella, ¿estás bien?- me preguntó Edward, preocupado, mirándome en busca de aparentes daños.

Asentí.

-¿Tu lo estás?.- él se quedó mirándome. Por un momento había olvidado que era un vampiro y no podía herirse por cosas como estas. Me sonrojé por mi obvia estupidez. - Cierto. Perdón.-

Me acordé de la presencia de D en el auto y me giré hacia ella hecha una furia.

-¿Qué mierda tienes en la cabeza? ¿Y si era yo la que estaba conduciendo? ¡Hemos podido chocar! ¡Incluso con otros autos!- ella simplemente se rió.- ¡Ah! ¡Y todavía te ríes! ¡Te burlas de todo lo que digo! ¡Como diciendo que te llega al…!.-

Me callé, de pronto dándome cuenta de que estaba usando malas palabras delante de Edward, cosa que nunca había hecho. Aunque solo alcancé a decir una, pero iba a decir muchas más, solo que me di cuenta a tiempo. Casi. Muerta de vergüenza, me giré un poco para mirarlo. Él se había quedado mirándome sorprendido. Movió la cabeza ligeramente y se volvió a D.

-Bella tiene razón, pudimos haber chocado por tu culpa. ¿Y como hiciste para aparecer aquí?- le preguntó.

Ella se encogió de hombros.

-Habilidades mías.- le respondió simplemente. Se volvió a mi.- Siento mucho esto. No pensé que se asustarían tanto. No volveré a aparecer así de repente… Al menos cuando están conduciendo.-

Asentí secamente, aún molesta con ella.

-¿Qué haces aquí?- pregunté.

-Si. ¿No se suponía que estabas buscando empleo?- secundó Edward.

-Oh, en eso estoy, pero de pronto me entero de que ustedes dos se están escapando del instituto y…-

-¿No me digas que vas a venir con nosotros?- inquirí.

Oh, no. Eso si que no. Ni que lo piense. Yo realmente quiero pasar tiempo con Edward. Solos. Sin D.

Para mi alivio ella, negó con la cabeza.

-De hecho, pensaba hacerlo, pero creo que puedo dejarlos solos si prometen ser responsables, y si tu mantienes tus manos quietas.- advirtió, mirando fijamente a Edward.

Él y yo nos miramos un segundo antes de volvernos hacia D y asentir.

-Bueno. Me voy entonces. Disfruten su día de vagancia, pero no demasiado, si saben a lo que me refiero. Si hacen algo, lo sabré, así que cuidado. Nos vemos más tarde.-

Ella se despidió agitando la mano y volvió a desaparecer en el aire así como había aparecido.

-Ella es un poco espeluznante a veces- dijo Edward.

Asentí.

-Si, lo sé.-

Y eso que nunca ha hablado en tu cabeza. O las has escuchado reírse como esas brujas malvadas.

Aunque no era mala. Terrorífica si, pero no mala. Sintiendo que debía defenderla un poco, continué:

-Pero es una buena persona en el fondo.-

-Muy en el fondo.-

Me reí.

-No, en serio, ella me ha ayudado mucho en algunas ocasiones. Créeme, no es mala. Solo...-

-...Escalofriante.- terminó por mi.

Me volví a reír y le di un rápido beso en los labios. Sonrió.

-Vamos, deja de ser miedoso y llévame a cual sea ese lugar donde planeábamos ir antes de que la "Terrorífica D" aparezca.-

.

.

.

No estaba prestando la más mínima atención a donde íbamos, así que me sorprendí cuando nos detuvimos en el estacionamiento de la pista de hielo. Edward me sonrió y salió, rodeando el auto para llegar a mi lado y abrirme la puerta. Tal vez tenían una buena cafetería dentro o algo así, que era la única razón por la cual viniéramos aquí que se me ocurría.

-¿Qué hacemos aquí?- le pregunté con el ceño fruncido por la confusión.

Él me tomó de la mano y me llevó dentro, ignorando mi pregunta, aún con la sonrisa plasmada en su cara. Yo solo le miraba completamente confundida esperando a que me de una explicación.

Pero entonces él se acercó al mostrador y mis preguntas fueron respondidas.

No.

Ahogué un grito cuando vi como Edward pagaba y alquilaba los patines. Dios mío ¿Realmente íbamos a patinar?

La mujer detrás del mostrador le entregó los patines, y yo me pregunté como era que sabía mi talla de zapatos. Edward me tomó de la mano otra vez y me sonrió, guiándome hacia los bancos. Me di cuenta de que la mujer no dejaba de ver a Edward mientras nos alejábamos. Sus ojos se movieron de él a mi y, no se como le habría estado mirando, porque alejó la vista inmediatamente.

-Pensé que me querías.- le dije.

Él se detuvo para mirarme confundido.

-Por supuesto que te quiero. ¿Qué te hace pensar lo contrario?-

-Si me quieres, ¿entonces porque intentas matarme?-

Edward rodó los ojos.

-Vamos, Bella. No seas tan dramática. Esto no es tan malo como crees-

Moví la cabeza. ¿Por qué me hacía esto?

-Claro, como tu sabes patinar.- empezamos a caminar de nuevo.- ¿Puedo al menos decir mis ultimas palabras?-

Nos pusimos nuestros patines y nos encaminamos a la pista de patinaje. No había nadie más allí, probablemente porque eran como las nueve de la mañana.

Mientras nos acercábamos, empecé a entrar en pánico de verdad.

-De verdad, Edward. No se patinar bien, y nunca lo he hecho sobre hielo. Me voy a caer o peor y tendré que regresar al hospital otra vez. Y, realmente, acabo de salir de allí, esto ya sería demasiado.-

Él se rió. Me gustaba el sonido de su risa.

-Lo sé, Ángel, no te preocupes. Te ayudaré. No dejaré que te lastimes.- me prometió.

No se si fue por la seguridad que me dieron sus palabras, o porque había vuelto a llamarme "Ángel", dejé que me adentrara en el hielo.

Lo reconozco, me encantaba ver patinar a la gente sobre hielo, y secretamente, siempre había deseado poder aprender, pero nunca había hallado el suficiente valor para intentarlo.

Bueno, me dije a mi misma. ¿Qué es esto para una cazavampiros profesional como tú?

Además, había patinado un par de veces. Ok, con los patines normales, pero algo era algo.

No me caí. Edward tomó mis manos y empezó a deslizarme por todo el lugar, él estaba patinando hacia atrás, frente a mi.

-Estás doblando los tobillos ligeramente. Trata de mantenerlo en forma recta, o no tendrás ningún control.- dijo, mirando mis pies.

Me puse más recta pero entonces sentí que mis pies se deslizaban hacia afuera y empecé a perder el equilibrio, inmediatamente, él me tomó por la cintura y detuvo mi definitiva caída.

Suspiré con tristeza. Sabía que esto era imposible para mi.

-Está bien, no te desanimes. Vamos a intentarlo de nuevo.- me sonrió.- Párate derecha y mantén los pies quietos. Voy a tirar de ti hasta que puedas conseguir el equilibrio.- le dio una patada a mis patines con suavidad, empujándolos para juntarlos mientras tomaba mis manos nuevamente.

Me las arreglé para mantenerme en pie durante un tiempo antes de empezar a resbalar otra vez, mis pies simplemente se me iban y no podía controlarlos. Dejé escapar un grito ahoga pensando que me caería vergonzosamente pero él me sostuvo antes de que cayera.

-Confía en mi, amor. No dejaré que te caigas.- murmuró en voz baja, levantándome un poco para recobrar la postura y empezar de nuevo.- Mira, estás mejorando. Duraste por lo menos un minuto esta vez.- sonrió.

Me las arreglé para soltar una de sus manos y pegarle en el hombro sin caerme. Su sonrisa creció.

-Ja, ja. Bueno, supongo que un minuto está bien para mi. Es obvio que no puedo hacer esto.- me quejé.

Como para probar mi punto, perdí el equilibrio otra vez, cayendo al instante. Él rápidamente se detuvo para sostenerme, esta vez solo agarrando mis caderas, presionando nuestros cuerpos y levantándome del hielo de manera que pudiera colocar bien pies y volver a empezar, tirando de mi de nuevo. Sentí mi corazón acelerarse, y no era por el ajetreo del patinaje precisamente.

-¡Eso es! ¡Lo estas logrando!- susurró, lo cual por supuesto hizo que volviera a perder el equilibrio. Me presioné contra él otra vez, riendo.

Bien, esto me estaba empezando a parecer divertido y Edward no iba a dejar que me hiciera daño.

-¿Ves? Ahora te estás divirtiendo.- se rió conmigo, sosteniéndome contra él.

De alguna manera, nos las arreglamos para dar dos vueltas enteras en la pista antes de volver a resbalar. Me sentí orgullosa de mi misma. Realmente estaba mejorando.

La pista empezó a llenarse conforme pasaba el tiempo, y yo me caía cada vez menos, pero aún seguía sosteniendo sus manos con un apretón mortal.

-¿Qué hora es?- le pregunté cuando nos detuvimos un momento a lado de la pista. Seguramente el segundo periodo ya había terminado.

Sacó su celular del bolsillo y aspiró el aire a través de sus dientes, produciendo un sonido silbante. Ok, eso no sonaba bien, tal vez nos estábamos perdiendo el segundo periodo también.

-Eh, Bella, nos hemos perdido las tres primeras clases se hoy.- hizo una mueca.

-¡¿Qué?!- dije casi gritando, lo que me hizo desestabilizarme y resbalar. Me agarré de lo que primero que vi y fue la camisa de Edward, a la vez que él me sujetó de la cintura, pero al parecer lo jalé con demasiada fuerza, porque ambos terminamos cayendo a la fría superficie de hielo, yo sobre él. Su cuerpo presionado contra el mío, su cara a centímetros de la mía. Mi corazón empezó a acelerarse de nuevo. Ninguno de los dos nos movimos, simplemente nos quedamos allí mirándonos a los ojos. Empecé a sentirme un poco mareada, y me di cuenta de que no estaba respirando, así que tomé una respiración entrecortada. Eso pareció reanimarlo.

Se incorporó en el hielo y yo quedé a horcadas sobre él, luego me senté a su lado. Él se levantó primero y me ayudó a levantarme.

-Será mejor que nos vayamos ahora si queremos alcanzar la ultima clase. No estoy seguro, pero creo que a Denisse no le agradará saber que nos perdimos todo un día de escuela. No quiero desatar su ira, sobre todo considerando que soy su persona favorita en el mundo- dijo, haciéndome reír.

En lugar de sostener mis manos para ayudarme a llegar hasta el otro lado, me sostuvo de la cintura, patinando en reversa mientras me arrastraba. No sabía que hacer con mis brazos, así que me apoyé en sus hombros. Cuando comencé a caerme de nuevo, se agachó y me recogió en sus brazos fácilmente como si no pesara nada, lo que así era para él. Se dio la vuelta en su lugar y patinó hacia delante, rápido. Muy rápido. En realidad me dio un poco de miedo. Cerré los ojos y lancé mis brazos alrededor de su cuello, presionándome contra él con fuerza. Recorrió toda la pista de nuevo, para finalmente salir del hielo y dejarme en uno de los bancos.

-Quise hacer eso desde el principio.- me dijo con una gran sonrisa.

-¿Y por qué no lo hiciste? Nos hubieses ahorrado muchas molestias.- respondí.

Él se rió.

-Lo tendré en cuenta la próxima vez. Pero si hago eso entonces tú nunca aprenderás a patinar por tu cuenta.- me sonrió antes de ir por nuestros zapatos.

Bueno, en eso tenía razón. Nunca aprendería así. Aunque por otro lado, cuando me cargó fue…

-Espera, ¿Cómo que próxima vez?-

(Narradora)

D podía aparentar veinticuatro años sin problemas.

Después de todo, la edad de su cuerpo humano era veinte, así que solo necesitó vestir con ropa un poco más formal y quedó perfecta. Su aspecto era el adecuado: Su pelo recogido cuidadosamente en una media coleta, un vestido azul oscuro hasta las rodillas, unas pantimedias negras, al igual que su cinturón, y unos zapatos de tacón alto negros también. Consideró por un momento llevar lentes, pero desechó la idea tan pronto como llegó. Siempre había pensado que eran molestos, además que ya tenía suficiente con lo que llevaba puesto.

D había hecho que el profesor de historia tuviera un pequeño accidente con su auto, para sacarlo del camino momentáneamente. Su padre ya se había encargado de los documentos falsos que necesitaba, y él y sus amigos se encargarían de confirmar lo que sea en caso de que decidan investigarla.

Esto podría funcionar, si representaba bien su papel. Ahora todo dependía de ella.

.

.

.

-Es una suerte que haya aparecido hoy.- dijo el director Greene, sentado al otro lado del escritorio en su oficina del el instituto de Forks.- Anoche hubo un pequeño accidente de carretera y nos hemos quedado sin profesor de historia. No está muy grave, pero definitivamente no podrá dar clases durante un tiempo. No sabíamos de donde íbamos a sacar, en estás épocas de finales de año, a alguien cualificado que pudiera incorporarse de inmediato.-

D le sonrió con toda la seguridad que fue capaz.

-Soy a quien busca.-

(Bella)

Llegamos al instituto justo a la hora del almuerzo, pero yo no tenía hambre y él tampoco iba a comer, así que decidimos no entrar y esperar a que comenzaran las clases. Para nuestra gran sorpresa, D no apareció en ningún momento. Ni siquiera cuando nuestra pequeña sesión de besos empezó a subirse de tono. Lo que fue bueno, pero a la vez muy preocupante.

Biología, la única clase que Edward y yo compartíamos, se pasó demasiado rápido, y muy pronto tuvimos que separarnos.

Edward me acompañó hasta mi clase de Historia, que era la que me habían designado después que me exoneraran de Ed. Física.

-Nos veremos dentro de un rato. Te amo.- se inclino y me dio un casto beso en los labios.

-Te amo.- le dije también. Nos sonreímos el uno al otro, soltamos nuestras manos de mala gana, y yo entré al salón.

Obviamente, como me habían cambiado de horario de clases, Lauren y Ashley ya no compartían clases conmigo, así que me senté en silencio mientras esperaba a que el profesor llegara.

Pero entonces escuché las conversaciones, y me sorprendí al enterarme que el señor Jefferson había sufrido un accidente de auto o algo así.

-¿Y si bajamos la voz?- preguntó una chica rubia, creo que se llamaba Madison, estaba sentada dos carpetas más allá.- Porque si no vendrán para hacernos callar, y ponernos un sustituto.-

Puse los ojos en blanco. ¿En serio creía que no iban a ponernos un sustituto? ¿Y que nos quedemos callados toda la semana esperando a que se olviden de nosotros y no se den cuenta de que el profesor no está? Es decir, este instituto no era uno de los mejores del país, pero tampoco eran tan tontos.

-Es raro que aún no haya venido nadie.- dijo otro chico, Scott, creo.- Los otros profesores ya deben estar muy enojados.

Él tiene razón, pensé. En ausencia del profesor, las conversaciones en susurros bajos habían pasado a rayar la anarquía. Los dibujos en la pizarra aún no eran obscenos, pero seguramente lo serían en unos cinco minutos más.

Suspiré. ¿No era suficiente ya con todos mi problemas, para ahora también soportar a mis compañeros que era unos auténticos...?

De pronto, la puerta se abrió con horrible chillido y el director entró. Todos se callaron de inmediato y corrieron a sus carpetas.

Me quedé boquiabierta cuando D entró con el director.

El silencio de la clase adquirió un timbre distinto en cuanto D entró y captó la atención de todos los alumnos.

-Oh, bueno. Estas semanas ya pintan mucho mejor.- murmuró uno de los chicos.

Él director se aclaró la garganta innecesariamente y dijo:

-Como todos ya saben, al señor Jefferson le espera una pequeña estancia en el hospital hasta que se recupere. Por suerte, hemos encontrado a quien pueda sustituirlo a tiempo completo. La señorita Swan será su profesora de historia y tutora hasta que vuelva el señor Jefferson. Espero que le den una calurosa bienvenida, estén muy atentos y sean respetuosos.

-Yo sería muchas más cosas con ella.- susurró el mismo chico de la vez pasada. Todos los hombres asintieron.

-¿Swan?- repitieron las chicas, girándose para mirarme.

Yo todavía estaba en estado de abatimiento, así que solo me quedé mirando cuando el director se marchó y D comenzó a escribir su nombre en la pizarra y a presentarse. Por un momento consideré la idea de que estaba delirando. Que me había caído en la pista de patinaje y ahora estaba inconsciente el hospital otra vez, soñando todo esto.

Me pellizqué el brazo con disimulo, fuerte. Me mordí el labio por el dolor y me froté el brazo. Nop, no estaba soñando.

Estaba bien despierta.

Y D era la nueva profesora de Historia.

¿Mi vida podría ponerse más rara?

-Diría que todos estamos preocupados por el señor Jefferson y esperamos que se recupere pronto, pero eso sería tan cierto como que aquella señorita de allá es rubia natural, así que pasaremos de eso. Me han avisado de ultimo momento y, lo confieso, voy a necesitar un poco de tiempo para ponerme al día. Solo por hoy vamos a tomarnos las clases como una hora de estudio más, y mañana empezaremos en serio. ¿De acuerdo?- todos sintieron, aparentemente maravillados por su hipnótica voz y su aspecto.- Excelente.- sonrió.

Todos sacaron sus libros y empezaron a hacerse los que estaban haciendo deberes. Mi libro ya estaba sobre la mesa así que no me hizo falta sacarlo para fingir también. En su lugar saqué mi celular que tenías escondido en el bolsillo interno de mi chaqueta.

"¿Se puedes saber que haces aquí?" Le escribí.

Al parecer, el montón de libros apilados en la mesa del señor Jefferson… De Denisse, también le permitió esconder el móvil de ella.

"También corres peligro en el instituto, Bella, y Edward no siempre está aquí. Necesitaba una forma de poder vigilarte, y yo buscaba un trabajo, así que aquí estoy"

Así que el instituto no solo era insoportable, sino también peligroso. Si los vampiros locos que me estaban asechando querían entrar, ¿Quién iba a detenerlos? ¿La señora Cope? No era nada probable.

Tal vez fuera descabellado pensar que esos vampiros iban a irrumpir aquí, pero no estaba segura de que tan lejos podrían llegar.

"¿Y desde cuando enseñas historia?"

"Desde hoy. Pero he vivido durante muuuchos siglos, así que eso debería servirme de algo, ¿no? Además, gracias a unos contactos, el director confirmará que estoy debidamente acreditada. Por lo visto, he cursado un máster en educación, ya ves"

Guardé el celular y me tapé la cara, reprimiendo las ganas de reír. O gritar. Mi vida cada vez se tornaba más rara.

.

.

.

Cuarenta minutos después, definitivamente tuve ganas de gritar.

El conserje entra, con la cara sucia, la mirada perdida. Algo va mal. Muy mal. Pero él no lo sabe aún. Solo piensa que está cansado, cansado de limpiar lo que han ensuciado los imbéciles de los alumnos, cansado de cargar con la escoba. Cansado de todo.

Parpadeó y sacudo la cabeza, tratando de detenerlo, sea lo que sea que fuera, pero es imposible.

El dolor lo paraliza, le irradia desde el pecho hasta la pierna y el brazo. Abre la boca para gritar, pero no le llega el aire a los pulmones. La asfixia es dolorosa. Los capilares oculares empiezan a estallarle...

-¡Bella!.-

La fuerte sacudida de hombros de D me sacó de la horrible ilusión, regresándome a la realidad de golpe. Fui vagamente consiente de que todos me miraban.

-¿Bella?- regresé la vista hacia D. Me miraba preocupada.- Háblame. ¿Estás bien?.-

Mis ojos regresaron a donde hace un rato había presenciado la muerte del conserje. Lo vi otra vez, cayendo de rodillas en el suelo.

D frunció el ceño y giró la cabeza, siguiendo la dirección de mi mirada. Se tensó de inmediato. Lentamente, regresó su mirada hacia mi.

-¿Puedes verlo?- me preguntó en un susurró casi inaudible solo para mi.

Hice un tembloroso y pequeño asentimiento.

-Por Dios.- murmuró entrecortadamente.

Cerró los ojos un segundo y luego los abrió, apartando las manos de mis hombros.

-Para la próxima vez asegúrate de cargar tu inhalador a donde vayas. Hoy fue solo un susto, pero no tendrás tanta suerte la próxima vez.- me advirtió.

Aún estaba medio atontada por la reciente horripilante experiencia, así que tardé unos segundos en entender que solo decía eso para no levantar las sospechas de los otros alumnos.

Miré a donde habían ocurrido los hechos, y afortunadamente el conserje ya había desaparecido.

Dios mío. ¿Qué diablos fue eso?

¿Qué significaba eso?¿Que puedo ver fantasma? No, no fue eso. ¿Puedo ver las muertes de las personas? ¿Todas? ¿Esto se repetiría cada vez que estuviera en el lugar, o solo pasaría una vez? ¿Por qué?¿ Por qué?¿Por qué?

Estaba comenzando a entrar en pánico, lo sentía, así que evité con todas mis fuerzas pensar en lo que había pasado hace unos minutos, y me concentré en respirar y en el libro que tenía en la mesa.

Alcé la vista cuando D llamó la atención de la clase.

-Chicos, si me disculpan, tengo que hacer una llamada importantísima.- anunció con calma.- Regresaré en un momento. Pórtense bien.- les sonrió.

"Quédate donde estás, Edward. No te muevas. Encárgate de tus propios asuntos y no vengas aquí." murmuró entre dientes bajo su aliento.

Dicho esto, salió del salón rápidamente, aunque se quedo en el pasillo.

Mi sentido de la audición era ciertamente mucho mejor que de los humanos normales, así que pude oír lo que hacía.

Efectivamente, salió para hacer una llamada. Disimulé mirando mi libro.

-¿Esme? Hola… Si, soy yo… ¿Qué?... Ah, si. Conseguí trabajo en el instituto de Bella… Profesora suplente de historia… Gracias… Esto.. más bien te quería a avisar que no podré acompañarte hoy en la tarde… Si, Bella está bien… Tengo un asunto que debo resolver. Pero les daré el alcance en cuanto pueda… No te preocupes, no es nada que no pueda solucionar… Si, Edward puede reemplazarme, y también Tanya irá para ayudarte después del instituto… No, no le he dicho nada a Bella… Si… Eh, ¿podrías llamar a Carlisle y preguntarle si puede pasar por Bella hoy? Se suponía que Edward o yo la llevaríamos a casa, pero ya ves… Ok. ¿Le dirías que me mande un mensaje para confirmar? Sabes que alguien tiene que estar con ella... Muchas gracias… Nos vemos más tarde entonces… ¡Oh! Y te recomiendo el color lavanda claro, a Bella le encantará- la escuché reírse.- Lo se, pero el marrón sería raro, ¿no crees?- otra risa.- Si, bien. Adiós.-

D regresó al salón inmediatamente después y cerró la puerta tras ella.

-¿Lo ven? Les dije que sería rápido.- sonrió y guiñó un ojo, emocionando a los chicos.

La campana de la salida sonó veinte minutos después y todos empezaron a guardar sus cosas y marcharse, mientras D los despedía y les daba unas cuantas indicaciones.

Yo también guardé mis cosas, pero lo hice lentamente y así quedarme para hablar con D. Quería respuestas. Necesitaba respuesta. Tenía que saber que no me estaba volviendo loca.

Finalmente no hubo nadie más en el salón y me acerqué a su escritorio. Abrí la boca para empezar a preguntarle, pero ella se me adelantó.

-No tengo ni idea de por qué te pasó eso hace un rato… ¡Espera afuera, Edward!- gruñó como si pudiera oírla, y por alguna razón, presentía que él podía.- Como decía, no se por qué te pasó eso. Se supone que ni siquiera tienes que verlos. Pero tranquila, arreglaré esto. Lo prometo.- me aseguró, mirándome directamente a los ojos.- Ahora…- sacó su celular del bolsillo y miró- Carlisle estará aquí en un momento y te llevará a casa.- guardó su celular en el bolsillo. Sus ojos eran serios cuando alzó la vista y me miró.- No salgas a ningún lado mientras yo llegue con la solución a esto, ¿entendido? NO SALGAS. Tu casa y la de los Cullen es segura, pero no vayas a ningún otro lugar.- cuando asentí, dijo.- Bien. Ahora vamos.-

Cogió su elegante maletín de piel de cocodrilo negro y se lo puso en el hombro.

Mientras ella pasaba un brazo protectoramente por mis hombros y me guiaba a la puerta, tuve el presentimiento de que las cosas para mi se iban a ir complicando más y más conforme pasaba el tiempo.


El primer capítulo de la continuación, espero que les haya gustado tanto como a mi escribirlo ^^ Aunque, personalmente, me va a gustar más el siguiente... y los que le siguen a ese xD Lo que si les digo es que el proximo cap va a ser un poco... uhm... ¿melancólico? ¡No se asusten! No va a pasar nada malo... Eso es para más adelante xDD Pero si, será un poco... triste en una parte. O al menos, así es como quiero que quede. Veamos como es el resultado final.

Pensaba subirlo mañana, pero como mis vecinos han hecho... están haciendo fiesta ahora y no me dejan dormir, decidí ponerme a escribir y subir el primer capítulo de una vez. Si quieren, pueden dejarme un comentario y decirme que tal les pareció. Muchas gracias a los que me han seguido desde el principio y lo siguen haciendo, realmente lo aprecio mucho. Me hace ilusión que alguien más que no sea yo le interese lo que escribo.

Ok, ahora hablemos un poco de este capitulo.

¿Que piensan de lo que le ha pasado a Bella? ¿Se acuerdan de que un día les dije que Bella iba a tener una nueva... facultad? Ya, pues esta es. Bastante feo, ¿verdad? Y se va a poner peor. ¿Por que creen que sea? ¿Y a que se debe esta repentina capacidad?

Antes que nada, no pienso alargar demasiado esto. Lo mio tampoco es el terror, básicamente porque soy una miedosa de primera y, aunque a veces tenga algunas ideas sobre el tema, no me creo capas de escribirlo. Ahora estoy haciendo una excepción, y como ven, lo que he escrito no asusta a nadie.

Curiosamente, este cap lo escribí en Halloween xD Aunque la idea surgió mucho antes de ese día.

El siguiente capitulo lo subiré el próximo fin de semana ^^ Tal vez, si lo termino antes, lo subo un viernes como hoy. Hasta la próxima!

~Xime~