~ Capítulo 2: "Soluciones y acuerdos" ~


Está subido a la silla, temblando de pies a cabeza. Tiene mucho miedo. No quiere hacerlo, pero no ve otra salida. Puede que esto lo mejore. Quizás la muerte sea la única manera.

"¡No lo hagas!" Quise gritar, aunque sabía que eso ya había pasado hace mucho tiempo, y no había nada que yo pudiera hacer, aparte de presenciar su horrible muerte, como si fuera un receptáculo del dolor de aquel chico.

Las sogas son solo algunas tiras de lo que alguna vez fueron sus sabanas, que ha arrancado y trenzado. Lo a una viga, hace el nudo, se asegura de que está fuerte y mete la cabeza.

La escena empieza a cobrar más claridad para mi. Sabía, por su peinado y sus ropas, que eso había sucedido hace décadas, pero me resultaba tan familiar… Aunque no había ninguna relación, ninguna conexión, el chico que estaba a punto de saltar se parecía mucho a mi amigo Alejandro.

El chico salta, pateando la silla donde estaba parado. La soga le ciñe al cuello. Jamás hubiera imaginado que algo pudiera apretar tanto, que pudiera doler tanto. Su cuerpo, ajeno a las intimidaciones o la tristeza, lucha por vivir: vasos sanguíneos que se revientan, músculos que se tensan, se retuercen sin control. Su cuello es un cepo de dolor insoportable, que solo desea abrirse lo suficiente para respirar, per no puede. No puede.

Me llevé las manos a la garganta, aunque sabía perfectamente que nada me estaba impidiendo respirar, mi cuerpo no lo hacía. Sentía que me asfixiaba al igual que el chico. Una parte de mi me decía que me entregara a aquella sensación, pero me resistí con todas mis fuerzas. Sentí que iba a morirme si lo hacía.

"Me echo atrás" Piensa el muchacho "Me echo atrás" Patalea como loco en el aire y busca un lugar donde apoyar los pies para salvar su vida; por muy rota que esté y triste de que sea, es mejor que esto, pero no encuentra donde apoyarse, y todo se vuelve negro en su cabeza…

Di una gran bocanada de aire y me apoyé contra la pared de la cafetería, cerrando los ojos y tratando de regular mi respiración. Tratando de no entrar en pánico. No podía ponerme histérica en publico.

Abrí los ojos después de un momento, y lo primero que hice fue asegurarme si alguien me había visto, pero aparentemente nadie me estaba prestando atención. Yo me había detenido junto a la cafetería después que D y Edward se fueran y no pasaron ni dos minutos que me quedé sola para que la horrible escena apareciera ante mis ojos.

Y no solo eso, mientras D se iba y yo me despedía de Edward, una chica con ropa ensangrentada con aspecto de haber sido arrollada pasó por mi lado… Y

… Y…

…Y ¡ahora mismo una chica rubia flotante se ha detenido junto a mi y está jugando con mi cabello!

Pero no puedo hace ni decir nada, porque los demás pensarían que estaba loca, aparte que ella no podía saber que la veía. Yo no tengo otra opción que quedarme quieta donde estoy y fingir que no la veo, que no veo a ninguno de ellos. Que no puedo ver sus horribles muertes. Que soy como cualquier adolescente normal que no ve ningún fantasma. Que mi cabello se mueve simplemente a causa del viento.

Gracias a Dios, veo el auto de Carlisle aparecer y yo caminó, porque mis piernas están demasiado débiles para trotar o correr, dejando atrás a la chica fantasma.

-¿Así que te vas con él de nuevo?-

Había reconocido su voz, pero me giré de todas formas. Jessica estaba para atrás mío, muy cerca de mi.

-Si, ¿tienes un problema con eso?- sisee dando un paso hacia ella. Jessica retrocedió, intimidada.

Con todos los problemas que tenía ahora, no estaba dispuesta a aguantarla a ella también, así que le di la espalda otra vez y caminé hacia el auto, esta vez con más firmeza que antes. Carlisle salió del auto para darme el encuentro.

-Vámonos rápido de aquí. Quiero ir casa- le pedí cuando estuvo a punto de decirme algo.

Él me miró con ojos preocupados y confundidos por un momento, para luego asentir y abrirme la puerta del auto. Entré rápidamente y me abroché el cinturón de seguridad, poniendo mi mochila sobre mis piernas y abrazándola. Cerró mi puerta despacio y luego rodeo el auto para subirse él.

Encendió el auto sin decir nada y salimos del estacionamiento, dejando atrás rápidamente al instituto, al que lastimosamente tenía que regresar mañana, pasado, el resto de la semana, y la próxima. Y, aunque fuera aburrido y monótono, una parte de mi agradecía tener algo de normalidad, como asistir a la escuela, hacer tareas y esas cosas. Pero ya no tendría ni eso, porque ahora asistir al instituto era parte de las extrañas situaciones sobrenaturales que solían pasarme.

Empecé a hacer una lista mental, enumerando todos los problema que actualmente tenía.

Problema uno: Unos vampiros me están siguiendo y definitivamente no es para nada bueno, lo que significa que no puedo quedarme sola ni un segundo porque creen que no puedo defenderme por mi misma. Solución: Exterminarlos. Hablo de los vampiros que me siguen. Pero dudo que eso suceda en un futuro cercano.

Problema dos: Soy una cazavampiros, y, aunque antes no era un problema para mi, ahora si lo es. Por razones obvias. Aún no estoy segura de como haré para salirme de la organización y quedarme con Edward. Además de que en algún momento tendré que contarle la verdad y no se como se lo vaya a tomar. Solo espero que no me odie. Solución: No tengo ni idea.

Problema tres: Ahora veo… veo los vestigios de antiguas muertes, y también fantasmas. Es decir, veo gente muerta. Si, lo sé, soné como el niño de sexto sentido, pero eso es lo que me pasa. Solución: Tampoco la encuentro. D me ha dicho que me iba a ayudar y solucionar esto, y me advirtió que no saliera a ningún lado, pero no estoy segura de cuanto tiempo voy a tener que lidiar con esto.

Problema cuatro: Casi todos en el instituto creen que consumo drogas y que estuve en el hospital a causa de una sobredosis. Pero, considerando mis otros problemas, este no es tan grave. No es la primera vez que piensan eso de mi, de todas formas.

Problema cinco...

Me detuve. Hacer listas de mis problemas no me estaba ayudando en nada.

Giré la cabeza hacia la ventanilla y miré por ella, calculando cuanto faltaba para llegar a mi casa. Quería ir a mi habitación y tirarme en mi cama y dormir, o vaciar por completo mi mente para no tener que pensar en todos mis problemas y así evitar que me de mi crisis. No podía permitir que otra vez me diera mi crisis. Tenía que bloquear cualquier pensamiento que tenga que ver con los acontecimientos que solo a mi me pasaban. Debía mantener la calma.

Traté de encontrar una manera de calmarme y actuar con normalidad, pero me era imposible mantener una conversación en estos momentos.

Llegamos a mi casa y yo salí despavorida en cuanto se detuvo el auto. Abrí la puerta de mi casa y fui directo a las escaleras, directo a mi habitación, ignorando los llamados de Carlisle.

Entré a mi habitación y cerré la puerta, tiré mi mochila al sillón, y luego me tumbé en mi cama haciéndome un ovillo.

-¿Bella?- tocó la puerta.

-¡Quiero estar sola!.- grité, abrazando una almohada.

Y también quería quedarme en mi habitación el resto de mi vida. Tal vez encerrada aquí dejaran de pasarme todas estas cosas.

Pero él me ignoró y entró de todas maneras.

-¡Te dije que quería estar sola!- hundí la cara en la almohada. Luego, dándome cuenta de que estaba siendo grosera, agregué- Estoy bien. No te preocupes por mi.

-Bella, no puedes salir corriendo de esa manera y esperar que no me preocupe por ti.- se sentó a mi lado en la cama y acarició mi cabello, apartando algunos mechones de mi cara- ¿Qué te pasó? Puedes hablar conmigo.-

No, no podía.

Aparté un poco la cara de la almohada y abrí los ojos, para ver a Carlisle mirarme con tristeza.

Y entonces no pude reprimirlo más, las lagrimas que estaba conteniendo todo el día empezaron a salir en ese momento. Carlisle envolvió sus brazos alrededor mío y me atrajo hacia su pecho. Hundí la cara en su hombro y lo abracé, llorando con más fuerza, recordando todo lo que me había pasado hoy. Estaba harta de todo esto, tenía miedo, y no sabía que hacer. Yo respiraba entrecortadamente y me di cuenta de que estaba temblando. Lo estaba perdiendo de nuevo y no podía evitarlo.

-Shhh, Bella. Todo va a estar bien.- susurró, acariciando mi cabello.

-No me dejes.- supliqué.

-Estoy aquí, no voy a ir a ningún lado.-

Lo abracé con más fuerza, aferrándome a él como si fuera la única cosa que evitaba que me cayera del borde del mundo.

Gracias a Dios, él estaba aquí. Él no dejaría que nada me lastimara, lo sabía. Me ayudaría. Mi desbocado corazón empezó a normalizarse mientras sentía que presionaba sus labios en mi cabeza con suavidad, y traté de igual mi respiración con la suya.

Después de lo que pareció una eternidad, fui capaz de hacerme hacia atrás y mirarlo.

-¿Estás bien ahora?- me preguntó, poniendo sus manos a cada lado de mi cara.

Asentí y esnifé. Me di cuenta de que tenía una gran mancha húmeda en el hombro en el que había estado llorando. La limpié, frunciendo el ceño.

-He arruinado tu camisa.-

-Está bien, Bella. Tengo otras, no te preocupes.- respondió con una ligera sonrisa.

Busqué con la mirada mi caja de pañuelos desechables que estaba encima de uno de mis veladores. Carlisle me las alcanzó.

-Gracias.- murmuré, dándole una pequeña sonrisa.

Tiré los pañuelos a la basura cuando terminé y dejé la caja a un lado. Me volví a apoyar contra Carlisle, esta vez sin llorar, y él me rodeó con los brazos rápidamente. Nos quedamos en silencio otra vez.

-¿Ahora me dirás por qué estabas así?- preguntó.

Negué con la cabeza.

-No.-

Si le contaba esto ahora si iba a pensar que estaba loca, y probablemente yo también lo creería si no fuera porque D también los veía. Es decir, yo nunca había creído en los fantasmas. Si, me asustaban esas películas, pero nunca creí realmente que existieran. Nunca había visto uno.

-¿Por qué?-

-Vas pensar que estoy loca.-

-Claro que no.-

-Si, lo harás.-

-No.-

-Si.-

Él suspiró.

-Bueno, entonces cuéntamelo y veremos.- dijo. Cuando no dije nada, continuó.- Seguiré insistiendo, Bella. Créeme, puedo llegar a ser tan obstinado como tú.-

Iba a responderle que no era nada importante, que solo estaba siendo dramática hace un rato, pero supe que no me iba a creer. Eso me recordó que tenía que volver mañana al instituto, y que tendría que volver a ver a los muertos. Me estremecí y Carlisle apretó su abrazo alrededor de mi.

-Está bien, puedes decirme.- susurró.

Suspiré, rindiéndome, y me aparté de él para mirarlo. Necesitaba hablar con alguien urgentemente y él era el indicado. Solo que no sabía como empezar.

-Alguien murió en mi clase de historia.-

-¿Qué?-

Ok, definitivamente esa no fue la mejor de decirlo.

-¡Hoy no!- aclaré con rapidez. Carlisle se relajó pero me miró confundido.- Hace tiempo…- siguió mirándome sin entender.- Quiero decir…- tomé una respiración profunda. Bien, vamos, hazlo. Ya espesaste, no hay vuelta atrás.- Vi la muerte de un conserje hoy, en mi salón de historia. Y… luego la de un chico fuera de la cafetería. Son pasadas, solo que, por alguna razón, estoy empezando a verlas…

Me detuve, no sabiendo como continuar, y esperé ver a que Carlisle me mirara como si estuviese loca, pero no fue así. Tal vez él no entendía.

-Veamos si entendí bien- dijo finalmente, con más calma de lo que pensé que hablaría- ¿Estás teniendo visiones de muertes pasadas, en los lugares donde ocurrieron?-

Asentí de forma temblorosa, una parte de mi aliviada de que no haya salido corriendo o me haya acusado de lunática.

-Si, pero no siempre. A veces solo veo sus espíritus, o sus fantasmas o lo que sea.- continué, con más seguridad.- Al menos, así fue la primera vez.-

-¿Está empeorando?- pude notar la preocupación en su voz.

-Creo que si. No estoy segura…-

-¿Desde cuando te ocurre todo esto?¿Alguien más lo sabe?-

-Solo lo sabe D, porque ella me vio cuando… bueno, me pasó eso, además que ella también puede verlos.- no tenía ni idea de eso, nunca me lo dijo, aunque no parecía afectada por ello. Tal vez ya estaba acostumbrada a ver fantasmas- Y desde hoy, por eso te digo que no estoy segura si está empeorando con el tiempo o no.-

-¿Cuántas veces te pasó esto?-

-Dos. La primera vez, solo lo vi. Pero la segunda, más que verlo, lo sentí. Era un chico que se ahorcó, y… y yo sentí que me asfixiaba también. Fue horrible. Ambas fueron horribles.. -sentí el pánico regresar a mi.- Tuve que esforzarme para recordar quien era y donde estaba. Quise pararlo, pero no puedo… y…y tengo miedo y no se que hacer… y…y.- se me escapó un sollozo. No pude seguir hablando.

Me di cuenta que estaba comenzando a temblar otra vez, quizás de miedo, agotamiento, o tención. No lo se, solo sabía que tenía un limite de aguante y todo esto lo estaba sobrepasando. Creo que sobrepasaría a cualquiera.

Los brazos de Carlisle me envolvieron de nuevo. No lloré esta vez, solo hundí la cara en su cuello, mientras trataba de calmarme y normalizar mi respiración.

-Vamos a superar esto.- él habló como si esto nos afectara a ambos, y no únicamente a mi como en realidad era.- Estoy seguro de que encontraremos una manera de arreglarlo. Siempre hay una manera.- colocó un mechó de cabello detrás de mi oreja.- También es posible que pierda el efecto con el paso del tiempo… y si no, tal vez podamos encontrar una forma de que controles… tu nuevo don.-

Suspiré.

-Eso estaría bien.- admití débilmente, aunque dudaba mucho que haya una forma de…

De pronto, una idea de se me ocurrió. Estuve apunto de decirla, pero entonces mi estomagó me interrumpió rugiendo.

Sentí el cuerpo de Carlisle sacudirse ligeramente por la risa. Esta situación me recordaba mucho a esa vez cuando le dije que era una cazavampiros.

-Supongo que tienes hambre.-

-¿Me crees si te digo que hasta este momento ni cuenta me había dado?- también me reí. Ahora que recordaba, no había comido nada desde el desayuno.- Vamos a la cocina. Denisse fue de compras ayer y prácticamente se trajo todo el supermercado. Parece como si…-

-…Nunca hubiese comido en su vida.- completó por mi con una risita.

-Si.- me reí.

En serio, la mujer había comido en tres días lo que yo comía en un mes. Y yo no sabía a donde diablos se le iba la comida.

-Oye, ¿me acompañarías a un sitio después?- le pregunté cuando bajábamos las escaleras rumbo a la cocina.

-Claro. ¿A dónde quieres ir?- sonrió.

Parecía contento de que quisiera salir, o tal vez solo estaba aliviado de ver que me sentía mejor.

Si tan solo supiera al lugar a que iríamos… No estoy segura si se sentiría igual de emocionado.

-Te lo diré cuando llegué el momento.- contesté con aire misterioso, para evitar responder su pregunta. Al parecer funcionó muy bien porque su sonrisa creció.- Ahora, a comer. Me muero de hambre.

(Narradora)

-Tu humana si que tiene mala suerte.

Es eso quedarse corto.

D suspiró internamente con desanimo, aunque su expresión seguía siendo seria.

Últimamente, se dio cuenta D, que estaba recurriendo a la ayuda de su padre con mucha frecuencia. Se dijo a si misma que eso debía cambiar, y de inmediato. No le gustaba deber favores, y menos a alguien como él.

-¿Conoces a alguien que aún haga esos amuletos?.- le preguntó, ignorando su comentario anterior.

Al menos, pensó, esta vez no se ha reído.

Tal vez era porque él también podía ver a las almas errantes y le resultaban muy molestas, y entendía el problema que ahora tenía Bella.

Solo que ella podía ver más que fantasmas.

Él negó con la cabeza pesadamente.

-Sabes que dejaron de hacerse hace muchísimo tiempo, y ahora cada quien tiene que fabricar el suyo si quiere uno.- respondió. La cara de D cayó -Pero.- continuó él.- Tratándose de ti y de Bella, puedo darte el mío.

Metió la mano en uno de sus bolsillos y sacó un delgado collar de plata, del que colgaba un racimo de cristales de colores unidos por finísimas bandas de plata también.

Él se lo tendió, pero D no lo cogió.

¿Es en serio?

D alzó los ojos del collar a él para mirarlo, no estando dispuesta a recibirlo.

-Uh, no, gracias. Pero prefiero no aceptarlo. Ya encontraré otra manera de arreglar esto.- dijo, retrocediendo un paso.

-¿No? ¿Por qué?-

-Porque no quiero que Bella sea poseída por ti o por algún otro espíritu maligno.- gruñó, apretando los puños.

La comprensión le llegó a él y se echó a reír.

-¿Crees que este collar es algún tipo de talismán?- inquirió.

-Si, no soy estúpida, duque. Soy lo mismo que tú, ¿sabes?-

La sonrisa de él desapareció y suspiró.

-Nunca te haría dañó. Ya te he dicho eso, pero te niegas a creerme.-

D no apartó los ojos de él, mientras permanecía allí frente a ella, otra vez extendiéndole el collar en la palma de su mano como si fuera una pieza especial, lo cual así era, en cierta forma, pero eso no cambiaba el hecho de que, una de las gemas, palpitara una escencia oscura que reconoció como la de él.

Pero no tenía otra opción, no una inmediata, y ese collar era lo único que ayudaría a Bella.

Cerró los ojos un momento, y vio a Bella llorando, lo que significaba que esto la había sobrepasado.

Dio un largo suspiro y alargó el brazo para coger el collar.

-Estás haciendo lo correcto.-

D asintió.

Claro que lo estoy haciendo. Siempre se lo que hago.

Sostuvo el collar en un puño y tocó disimuladamente una piedra de color negro antes de guardarlo en su bolsillo.

-Y, bueno, ya que estás más dispuesta a recibir regalos míos…- sonrió ampliamente y de la nada sacó una docena de rosas rojas.- Para ella.

D se quedó mirándolo con expresión incrédula unos momentos, luego las fijó en las rosas, que afortunadamente no tenían nada malo, solo el hecho de que él las haya aparecer y se las esté enviando a Bella.

-¿Qué es eso?- le preguntó.

-Rosas.- dijo con voz obvia.- A las mujeres les gusta, ¿no?

No a esta, amigo.

-Bella odia las rosas rojas.- dijo D. Prefirió no decir que le gustaban las blancas, capaz que él hace aparecer unas así.- Y suponiendo que le gustase y yo de las llevara, ¿Qué le voy a decir? ¿"Toma estas rosas, te las manda mi padre, que, por cierto, es uno de los señores del…?.

-Bien, bien, no sigas. Lo capto. Solo quería enviarle algo que quizás la animaría un poco.- le cortó.- ¿Entonces que hago con ellas?-

D chasqueó los dedos y las rosas se incendiaron hasta desaparecer sin dejar ningún rastro, ni siquiera cenizas.

Él bajó la mano con la cual hace un rato sostenía las rosas, ahora vacía, y frunció el ceño.

-Estás siendo muy ingrata, pequeña. Deberías ser más amable- le reprendió con calma.

D simplemente se encogió de hombros.

-Bueno, gracias por tu ayuda.- le dijo- Tengo otras cosas que hacer así que…- empezó a girarse.

Pero, al igual que la vez anterior, él la detuvo.

-Espera, quiero preguntarte algo.-

D suspiró internamente con y se volvió a él de nuevo con fastidio. Ella quería irse de aquí ahora misma. Quería deshacerse de esa piedra de color negro que tenía el collar. Tenía que preparar su clase historia de mañana, y tenía que darles el alcance a los demás en el centro comercial.

Aquello ultimo de su lista de pendientes la hizo reírse internamente. Alguien como ella preparando clases de historia y yendo al centro comercial, con la suegra de Bella y el resto de aquella extraña familia.

Ella se quedó parada mirándolo con impaciencia, esperando a que él hablara.

-¿Sabes como hizo Bella para salir del territorio de los Dreamers?- le preguntó.- Ya sabes, no es algo que la gente haga mucho. A menos que hayan cambiado de parecer y le permitieran seguir con su vida, lo cual es poco frecuente.

D no respondió, básicamente porque no sabía la respuesta a su pregunta. Cuando Bella regresó, era todo lo que le importaba. No le había preguntado por el lugar o hizo para salirse. Nadie hablaba del tema. De hecho, Bella parecía no recordarlo, y sinceramente, D también lo había olvidado.

Hasta ahora.

-Uh…No. No lo sé.- murmuró finalmente.- ¿Tú lo sabes?- ella estaba empezando a tener curiosidad también.

-No exactamente, pero tengo unas cuantas teorías. Te lo pregunté para ver si podía comprobar alguna de ellas.

-¿Y cuales son esas teorías?-

D no lo admitiría, pero lo único que se le ocurría a ella era que Bella fue lo suficiente lista para descubrir la salida por si misma, aunque era una teoría bastante pobre, había que admitir que era bastante probable. ¿Cómo, si no fue de esa manera, Bella había logrado escapar?

-Que alguien le haya ayudado a escapar en la más probable.- dijo, parecía muy convencido.- ¿Cómo logaría salir si no? Ella es muy brillante, lo admito, pero, sinceramente, no creo que descubriera la forma de salir de ese lugar por si sola. Alguien debió haberla ayudado.

D negó con la cabeza, obviamente pensado que la idea era totalmente descabellada.

-Lo dudo. Los Dreamers no ayudan a nadie. Ellos odian su trabajo, por que no fueron creados para ello, y lo único que hacen es cumplir con su deber allí para poder culminar su castigo y regresar a sus asuntos. Y menos lo haría un verdadero Transportador, esos solo se limitan a realizar su trabajo y punto.-

Además, pensó, si la teoría de su padre era cierta y de verdad alguien había ayudado a Bella, seguramente a estas alturas ya se hubiese sabido, y estaría en serios problemas, y eso que ya lo estaban para estar ahí. D dudaba que alguno de ellos tomara tan alto riesgo.

-En eso tienes razón, pequeña.- concordó, haciendo que D gruñera por su aparente a podo. Él sonrió divertido por su molestia.- Pero, ¿Qué pasa si no es un Dreamer?¿Y si es alguien más?

-¿No un Dreamer?.- ¿Qué más podría ser?.- No creo que un simple humano haya podido encontrar la salida antes que Bella…-

-No hablo de humanos.- le cortó.- Yo me estoy refiriendo a alguien más poderoso. Que no sea uno de ellos. Alguien que esté sobre los Dreamers.

¿Por encima de los Dreamers? ¿Quién podría estar por encima de ellos? Mejor dicho, ¿Quién no estaba por encima de ellos?

Ah, cierto, nosotros los mestizos nos consideran escoria de la creación.

-No entiendo. ¿Quieres decir que uno de nosotros…?-

-No. Ninguno de nosotros, ni del otro grupo. Nos está prohibido entrar ahí, ¿recuerdas?- sus ojos brillaron en furia.- Tu has sido la única suicida que se ha arriesgado a entrar. ¿Tienes idea lo malditamente estúpido que fue? Piensa en ello, ¿y si no funcionaba y terminaba en algún otro lugar del que no podías regresar? ¿Y si te veían? ¿Y si te atrapaban? ¿Y si te hacían daño? ¡O peor!- gritó, dando un manotazo a un árbol de junto, derribándolo.

D se sobresaltó. Había gritado muy fuerte y se hizo eco por todo el boque, haciéndolo aún más fuerte. A este punto, todos los animales de los alrededor habían salido huyendo despavoridos.

-Tenía hacerlo. Era la única manera de poder hablar con Bella y advertirle sobre los Dreamers.- explicó. Él no dijo nada, todavía la miraba enojado.- Deberías estar orgulloso de mi.- agregó en voz baja.

Suspiró.

-Lo estoy, pequeña, pero eso siendo estúpido. Simplemente porque funcionó, no quiere decir que lo que hiciste estuvo bien.- se acercó a ella y esta vez no se retrocedió.- No puedo perderte de nuevo. No ahora que te he encontrado.- murmuró en voz muy baja.

D se quedó mirándolo, sorprendida. ¿Había oído bien? ¿De verdad había dicho eso? Quizás el grito que dio hace un rato le había dañado los oídos y estaba oyendo mal..

-Además, ¿tienes idea de lo caro que me habría resultado sobornarlos para que te dejaran ir sin problemas?- dijo, frunciendo el ceño molesto aunque sus ojos brillaban divertidos.

Si, ese se parecía más al que supuestamente era su padre. Tal vez había oído mal después de todo.

-No lo sé, pero estoy segura que no habría sido un problema para ti, siendo quien eres.-

Sonrió, aunque luego volvió a ponerse serio.

-Fuiste muy valiente, y estoy orgullo de ti, pero nunca vuelvas a hacer algo como eso.-

D negó con la cabeza.

-Tengo que proteger a Bella.- respondió.

-No, no tienes que hacerlo.- dijo.

-Pero yo quiero. Debo hacerlo. Si no lo hago yo, ¿Quién lo hará? Soy todo lo que ella tiene.-

Sus amigos y los Cullen no cuentan, más bien están para que los protejan a ellos. En este mundo hay más oscuridad de lo que todos creen.

-No tienes la culpa de todo esto, hija. Eres otra victima aquí, ¿entiendes? No puedes responsabilizarte por algo que no pediste y que otros hicieron.-

Ella irguió los hombros en una postura desafiante, apretando los puños.

-¿Y que quieres que haga? ¿Qué me haga de la vista gorda así como los demás y deje morir a Bella una y otra vez? Se que yo no soy la responsable de todo este problema, pero simplemente no puedo quedarme de brazos cruzados porque los demás no hacen nada. No cuando yo puedo hacer algo. No cuando hay una criatura indefensa de por medio que necesita mi ayuda y es mucho más vulnerable que yo. Tienes razón, no pedí esto, pero tampoco puedo permitir que continúe. Ya lo hice por mucho tiempo-

Ambos se quedaron mirándose en silencio, y él se sorprendió al ver la poderosa determinación que había en la mirada de ella. Y entonces se dio cuenta que todo intento de él para hacerle desistir de su plan era en vano. No podía hacerle retractarse y cambiar sus palabras. Nadie podría. Porque eran más que palabras, era una promesa, una verdadera promesa. Un sentimiento. Y no puedes cambiar un sentimiento tan fuerte como ese.

-Te pareces más tu madre de lo que pensaba.- comentó él finalmente.

Ella gruñó ante su mención.

-Ni la menciones. Según se, ella fue una de los responsables que todo esto esté pasando.-

Él asintió.

-Lo sé, pero… No la culpes tanto. A veces… creo que no fue del todo su culpa. Era alguien un poco fácil de manipular, ¿sabes? Y demasiado crédula también.- una ligera sonrisa apareció en su rostro, a lo que D le pareció nostálgica.

D resopló.

-Ya, y yo tengo veinticuatro años.- dijo sarcásticamente.- ¡Por favor! ¿Desde cuando nosotros somos seres crédulos, manipulables y fáciles de engañar? ¡Ahora solo falta que digas que era una pobre criatura inocente y que la obligaron a entregarme para que hagan esos experimentos raros con nosotros!- se señaló los ojos.-¡Mira! ¡Se supone que deben ser negros, como los tuyos, como deberían ser de acuerdo a lo que somos! ¡Pero noo! ¡Son grises! ¡¿Por qué diablos son grises?! ¡Por la maldita mutación!-

-Tus ojos siempre han sido grises, pequeña. Y yo los amé desde el primer momento en que los vi.-

D se quedó en shock de nuevo.

Estoy oyendo cosas otra vez. Quizás debería dormir en cuanto llegue a casa.

Casa.

Bella.

La clase de Historia.

El centro comercial.

La comida.

-Tengo que irme.- anunció abruptamente, girando sobre sus propios pies.

-¡No, espera! No hemos terminado aún. Todo esto nos ha desviado del tema original.-

D suspiró y se detuvo, aunque no se giró.

-¿Podemos discutirlo después? Realmente tengo muchas cosas que hacer hoy…- empezó. Aunque significara que tendría que volver a verlo.

-¿Preparando tus clases para mañana?- sonrió. Caminó hasta ponerse a su lado- Por cierto, quería darte un consejo sobre eso: Limítate a dictar la clase según dice los libros. Te evitarás de muchos problemas.

-Lo se. Gracias.- dijo.

En realidad ella no pensaba hacer eso.

-Y.- continuó él.- Ahora que eres prácticamente libre y estás conociendo el mundo por ti misma, te recomiendo mantenerte alejada de los humanos, emocionalmente. Quiero decir, puedes divertirte un rato con ellos si quieres pero...-

D alzó las dos manos para detenerlo.

-Espera, espera. ¿Estás insinuando que yo podría querer a un humano? ¿En serio crees que soy tan estúpida?- inquirió. Él no respondió- Pues eso nunca pasará, no necesito tus advertencias-

-Nunca digas nunca, querida. La vida tiene una manera muy divertida de demostrar que nos equivocamos.- dijo.

-Si, si, como digas.- masculló con fastidio.- Ahora…- hizo ademán de marcharse.

Él no parecía contento con eso, pero asintió.

-Bueno, pero pregúntale a Bella como es que logró salir.- volvió a sonreír y movió la mano en señal de despedida- Hasta pronto, pequeña.-

Y desapareció, de la misma espectral manera en que D solía hacerlo.

Ella se quedó allí, en silencio, esperando. Asegurándose de que se había ido de verdad. Cuando lo hubo comprobado, sacó en collar que le había dado de su bolsillo y buscó aquella extraña piedra de color negro. La encontró rápidamente y la arrancó, desprendiéndola del collar y las demás gemas.

La dejó en el suelo, fijó los ojos en la gema oscura y esta ardió tal como lo hicieron las rosas.

-Lo siento, pero no puedo arriesgarme.-

Aliviada, guardó en collar y desapareció también.

Lo que no sabía era que esa no era la gema que debía destruir.


¡Hola!¡Nuevo capitulo! ¿Les ha gustado? Espero que si lo hayan hecho. Si, ya se que dije que este capitulo iba a ser triste y eso, pero al final decidí pasarlo para el siguiente. Cambios de ultimo momento. Pero el próximo si será así, esta vez sin falta. ^^

En este capitulo hay... pequeñas cositas que espero que noten. Una de esas cosas son los ojos de D. ¿Por que creen ustedes que son grises?

Ah, y otra cosa. Los ojos de A son grises también.

¿Por que creen que son así?

En el siguiente capitulo aparece un personaje, que ya ha aparecido en la historia. Aunque no interactúa demasiado con Bella, que es quien lo conoce y se va a encontrar casualmente, su muy breve encuentro será importante.

Bueno, pasando a otros temas, les cuento que se viene mi cumpleaños! ^^ Es este 25 de noviembre. Espero que me saluden ¬¬ xD

Nos vemos la próxima semana! Gracias! ^^

~Xime~