Si estás aquí es porque has decidido leer mi historia a pesar de tanto tiempo que desaparecí sin explicación, y te agradezco infinitamente por hacerlo. Más abajo encontraras una nota mía, por lo pronto, lee el siguiente capitulo. Espero que te guste ^^
Cap. 3: "Hechos inesperados" (Primera parte)
Él era incapaz de contener la sangre dentro de su cuerpo. Brotaba entre sus dedos y escapaba en chorros calientes, empujada por los latidos de su corazón. No podía detener la hemorragia. Era una herida terrible, e intentar taparla era imposible.
Iba a morir.
A su alrededor, el mundo había perdido sus horizontes. La niebla ocultaba la playa, y podía escuchaba el sonido de las olas que rompían en la arena, pero solo divisaba los cadáveres más cercanos: montículos grisáceos desdibujados entre la bruma. Podían ser compañeros o enemigos. Excepto el más cercano, no podía distinguirlos. Ese se encontraba a solo unos metros de distancia, con la espada de él clavada en el pecho, exactamente en el corazón. Había lanzado un alarido desde el fondo de su garganta cuando se la clavó, pero no lo soltó hasta que estuvo muerto.
Y mientras él esperaba tendido la llegada de su propia muerte, un bramido rompió el silencio posterior a la batalla. Se puso rígido y se presionó con más fuerza la herida. Más tarde, se preguntaría por qué había reaccionado de aquel modo. Debería haberse abandonado y morir antes de que llegaran a donde él se encontraba.
El enemigo estaba recorriendo el campo de batalla rematando a los heridos. Habían luchado todo el día y obligado a los suyos a retirarse, y no estaban interesados en hacer prisioneros. Él debería haber acelerado su muerte, dejándose arrastrar por la tranquilidad que acompañaba a la pérdida de sangre, algo parecido a quedarse dormido. El enemigo sería mucho menos considerado.
¿Qué lo empujó a esperar? ¿La esperanza de matar a uno más? Pero si era eso, ¿por qué no trataba de arrastrarse para recuperar su espada? Simplemente permaneció allí, apretando su herida, viviendo aquellos escasos minutos adicionales por alguna razón que no comprendía.
Y entonces la vio.
Al principio no era más que una silueta. Una silueta con grandes y luminosas alas blancas. La vio detenerse junto a un cadáver y luego junto al siguiente y permaneció allí largo rato.
¿Qué estaba haciendo? ¿Una especie de rito funerario? Se preguntó.
Se volvió y caminó hacia él.
A cada paso su imagen se definía más. Era delgada y tenía las piernas largas. Sus alas estaban plegadas, y su modo de andar transmitía al mismo tiempo gracilidad y tensión por la potencia reprimida. En una mano portaba su espada, y un cuchillo de luna creciente prendía enfundado sobre su muslo.
Avanzó unos pasos, hundió los pies en la arena y la bruma desveló su rostro, y el de él a ella. Se detuvo en seco al percibir que estaba vivo. Él se preparó para sentir un grito, una arremetida repentina y más dolor cuando ella le clavara el cuchillo, o peor aún, su espada, pero la chica no se movió.
Durante un largo instante se miraron el uno al otro. Ella ladeó la cabeza con un gesto burlón parecido al de un pájaro que no denotaba violencia, sino curiosidad. De sus labios no brotó ningún alarido. Su rostro permaneció serio.
Notablemente, era hermosa.
Se acercó un paso más. Él contempló su rostro a medida que ella se aproximaba. Deslizó su mirada por aquel largo cuello hasta las clavículas. Su constitución era delicada y elegante . Tenía el largo pelo rubio sujetado en una trenza muy ajustada, lo que revelaba la arquitectura de su rostro perfecto. Y sus ojos. Él pudo ver que eran grandes, celestes cristalinos y luminosos, vivaces y apenados.
Sabía que aquella pena era por sus compañeros caídos y no por él, pero aun así se sintió traspasado por la compasión de su mirada. Le hizo pensar que quizás nunca hubiera mirado realmente al enemigo. Estaba acostumbrado a tratar con rehenes, y a guerreros como ella solo los había visto mientras eludían un golpe mortal o lanzaban otro, medio cegados por el sangriento fragor de la batalla. Si ignorara su espada ensangrentada y su armadura ajustada al cuerpo, si solo se concentrara en su rostro, tan inesperadamente encantador, parecería una muchacha, una muchacha que había encontrado a un joven moribundo en la playa.
Durante un instante, fue eso. No un soldado, ni el enemigo de nadie, y la muerte que se cernía sobre él pareció carecer de sentido. Aquella forma de vida, todos encadenados a una sucesión de asesinatos y muertes, de muertes y asesinatos, se presentó como una elección arbitraria.
Como si pudieran elegir sin más no morir ni matar.
Sin embargo, no era así. Aquello era lo único que existía entre ellos. Y aquella muchacha estaba allí por la misma razón que él: masacrar al enemigo. Y eso implicaba matarlo a él.
Entonces, ¿por qué no lo hizo?
Se arrodilló a su lado sin tomar ninguna precaución para protegerse de cualquier movimiento inesperado que él pudiera hacer. Recordó el cuchillo que llevaba a la cintura, no era nada comparado con su espada y su enorme cuchillo de media luna, pero podía matarla. Con un solo movimiento podría clavárselo en la garganta. Su perfecta garganta.
Sin embargo, permaneció inmóvil.
Estaba aturdido. Había perdido mucha sangre. Y al contemplar el rostro que se inclinaba sobre él, se preguntó si sería real. Podía tratarse de un sueño de moribundo, o tal vez la hubieran enviado desde el más allá para recoger su alma… Si es que todavía tenía una.
Sintió que tiraban de él, que lo llamaban. Mareado, pensó que no le importaría seguir a aquella mensajera hasta el siguiente reino o a donde sea.
Imaginó que ella lo guiaba y, empujado por la serenidad de aquella imagen, retiró la mano de la herida para acercarla a los dedos de la muchacha y entrelazarlos con los suyos, resbaladizos por la sangre.
Ella abrió los ojos con sorpresa y retiró la mano.
La había asustado, no era su intención.
-Iré contigo - dijo él. Apenas oía su propia voz, pero ella distinguió sus palabras.
Miró a los lados y luego a él.
-No creo que quieras acompañarme a donde yo voy.
Su voz sonaba tan hermosa como una canción.
-Muerte- continuó él. Había dejado de presionar la herida, y la vida se le escapaba rápidamente. Los ojos se le cerraban poco a poco.- Estoy listo.
-Pues yo no. He oído que es aburrido estar muerto.
Pronunció aquellas palabras con tono frívolo, divertido, y él levantó los ojos hacia ella. ¿Estaba bromeando? La muchacha sonrió.
Sonrió.
Él también. Sorprendido, sintió que una sonrisa se dibujaba en su boca, como un reflejo provocado por el gesto de ella.
-Aburrido, suena bien- respondió dejando caer los párpados.- Tal vez pueda ponerme al día con mis lecturas.
Ella contuvo la risa con una mano y él, a la deriva, empezó a creer que estaba muerto. Sería menos extraño que pensar que aquello estaba sucediendo realmente. Había perdido la sensibilidad en el hombro destrozado y no se dio cuenta de que ella lo estaba tocando hasta que sintió un dolor intenso.
Jadeó y sus ojos se abrieron de golpe. ¿Lo había apuñalado después de todo?
No. Le había colocado un torniquete por encima de la herida. Eso había provocado el dolor. Él la miró sorprendido.
-Te recomiendo que sigas vivo - dijo ella.
-Lo intentaré.
A continuación se escucharon voces cercanas. La muchacha se quedó inmóvil y, con un dedo sobre los labios, musitó:
-Shhh.
Intercambiaron una última mirada. La bruma difuminó el sol tras ella, delineando su cuerpo y sus alas sobre un resplandor. Su cabello rubio parecía suave y tenía aspecto de terciopelo. Su rostro era dulce, su sonrisa era dulce. Él no estaba familiarizado con aquella sensación que lo atravesó hasta llegar a lo más profundo de su pecho, donde no imaginaba que se ocultaran sentimientos. Era tan nuevo y extraño como si le hubiera aparecido de repente un ojo en la nuca, ofreciéndole una nueva perspectiva de su entorno.
Quería tocar su cara, pero se contuvo porque tenía la mano cubierta de sangre y, además, notaba pesado incluso el brazo que no tenía herido y no se sentía capaz de levantarlo.
Pero ella sintió el mismo impulso. Alargó la mano, vaciló un instante y luego rozó con sus fríos dedos la frente abrasada por la fiebre y las mejillas de él, hasta detenerse en el punto de su garganta donde latía débilmente su pulso. Los mantuvo allí un momento, como para asegurarse de que la vida aún corría por sus venas.
¿Sintió cómo sus latidos se aceleraban cuando lo tocó?
Y entonces, de un salto, ella se levantó y desapareció. Aquellas largas piernas la impulsaron entre la niebla con trotes tan fluidos que parecía volar, y sus alas ligeramente desplegadas y levantadas como cometas convertían cada descenso en un movimiento de danza. A lo lejos, él distinguió cómo su silueta se unía a otras entre la bruma. Conversaciones que se dirigían hacia él, y entre todas las voces, la de ella, tranquilizadora.
Él confiaba en que los alejaría de él, y así fue.
Sobrevivió, y aquella experiencia lo cambió para siempre.
-¿Quién te ha colocado este torniquete? - le preguntó alguien después, cuando lo encontraron y lo llevaron a un lugar seguro.
Él contestó que no sabía.
Sentía como si hasta ese momento hubiera pasado su vida deambulando por un laberinto, y en ese campo de batalla hubiera hallado por fin el centro. Su propio centro, aquel punto donde las emociones habían despertado del entumecimiento. Ni siquiera había sospechado que aquel lugar existiera hasta que la enemiga se arrodilló junto a él y le salvó la vida. La recordaba de forma difusa, como en un sueño, pero no había sido un sueño.
Ella era real y tenía su espacio en el mundo. Estaba ahí fuera, como los ojos de los animales que brillan en la oscuridad del bosque.
Ella era un ligero resplandor en la más absoluta negrura.
(Bella)
Todo estaba listo. Puse las rosas blancas que me había traído Carlisle en un florero con agua en mi habitación. Me cambié de ropa, más oscura y ligera, y recogí mi cabello en una cola de caballo alta. Para mi plan, tenía que estar lo más cómoda posible, y pasar desapercibida, aunque no hubiera nadie allí a esta hora. Como dije, tenía todo listo.
Bueno, casi.
Faltaba una cosita pequeñísima para poder iniciar: Decirle a Carlisle sobre mi plan. Solo que, cuando se lo dije, él me respondió con un enorme y rotundo…
-No.
-¡Pero tú dijiste que ibas a acompañarme!- repliqué, pateando ligeramente el piso con mi pie, mis voz sonando más aguda de lo normal y un poco infantil.
Ok, bastante infantil.
-Eso fue antes de que me dijeras a donde querías ir y lo que planeabas hacer allí.- replicó.
Precisamente, esa fue la razón por la que no se lo dije.
-¡Vamos, no seas malo! Además, fue idea tuya eso de aprender a contralarlo.- insistí.
-Pero no ahora. No así. Puede ser peligroso, y si efectivamente está empeorando…-
-Sé que es arriesgado, pero no puedo andar evitando todo los lugares donde haya muerto gente, sobre todo porque siempre voy a encontrar un lugar nuevo donde… veo eso, y no me quedaré encerrada en mi casa esperando a que la solución caiga del cielo. He estado huyendo de esto todo el día, y así no voy a descubrir nada. Ya es hora de que me enfrente a ellas, de que descubra qué me pasa después.-
Tenía que hacerlo, no pensaba encerrarme en mi casa de por vida, o hasta que dejara de ver muertos, como una niña asustada, aunque así me sintiera. Sabía que a D no iba a gustarle nada mi idea, y cuando se entere de que desobedecí su orden de no salir pegará grito en el cielo, pero, como ya he dicho, no pienso quedarme de brazos cruzados. Nunca he sido de las que huye de los problemas una vez que los tiene. Ya me había asustado, deprimido, y llorado, pero ahora estaba en la etapa de buscarle solución, y tenía una pequeña idea al respecto que tal vez podría ayudar. Y no pienso acobardarme ahora, por más aterrador y horrible que sea esto.
Carlisle me estudió cuidadosamente en silencio, mirándome fijamente. No como si pensara que estaba loca, sino más bien como si se preguntara si de verdad soy real, con admiración, y algo más que no pude identificar.
-¿Sabes que, la mayoría de personas, de estar en tú lugar, haría exactamente lo contrario y evitaría a toda costa no salir de su casa y así no ver… lo que tu estás viendo?- me preguntó finalmente.
-Si, pero yo no soy la mayoría de la gente.-
-Completamente de acuerdo.- dijo.
Nos quedamos en silencio otra vez.
Empecé a acercarme lentamente, rodeando la pequeña mesa de te entre nosotros (La nueva, ya que rompí la otra en un arranque de ira luego de discutir con Edward) y me detuve frente a él.
-¿Vas a acompañarme?- le pregunté con voz suave. Él no dijo nada, aunque su ojos decían que no.
Decidí volverlo a intentar, quería que viniera conmigo, pero si no aceptaba no tendría otra opción que ir sola, aunque la mera idea me aterrorizara. No pensaba echarme para atrás bajo ninguna circunstancia. Me lo había jurado a mi misma, y yo siempre cumplo mis promesas, sea como sea.
-Dijiste que lo harías.-
-Si, pero fue antes, cuando no sabía lo que en realidad planeabas hacer.-
-Pero…-
-No.-
Rayos, esto no estaba funcionando. Tendría que recurrir al seguro y efectivo plan B.
-Oh, vamos, ¿por favor?.- puse mi mejor cara de cachorro abandonado, mirándolo con ojos suplicantes. Su postura firme decayó, pero solo un poco. Sonreí internamente, estaba funcionando. Me acerqué más.- ¿Por favor?- susurré con voz dulce. Cerré la distancia entre nosotros y apoyé las manos en su pecho, alzando la cabeza para verle directamente a los ojos, los suyos me decían que estaba absolutamente ganando.- ¿Vendrás conmigo? ¿Si? ¿Por favor?.-
Él desvió la vista de mi y masculló "Tantos años y me sigue afectando sus ojos…" o algo por el estilo pero no le di importancia, seguí mirándolo como "El gato con botas" de Shrek.
Finalmente, suspiró. Supe que se había rendido.
-Iré contigo.-
-¡Gracias!- exclamé con una gran sonrisa, lanzándome sobre él para abrazarlo, me correspondió un segundo después.
-No tengo otra opción. Vas a ir de todas formas, te acompañe o no.-
-Sip. Pero prefiero ir con alguien.- me aparté y tomé su mano para jalarlo hacia la puerta.- Espera. Estoy olvidando algo.- le solté y corrí escaleras arriba. Si íbamos a hacer esto, necesitaría algo.
Abrí la puerta de mi habitación y encendí la luz. Entré a mi enorme armario y rebusqué en los cajones. Cogí un frasco de cada poción, excepto la que pulverizaba a los vampiros porque no creía necesitarla ( Y porque la ultima que me quedaba la tiró Edward cuando le pillé en mi habitación) Y lo puse en mi bolsillo. También cogí una linterna. Apagué la luz y cerré la puerta de mi habitación.-
-Ahora si, vámonos.- empecé a caminar hacia la puerta
-Espera- me detuve y le miré. ¿Qué pasaba?- Estuve pensando…-
-¿No me digas que te has arrepentido y ya no…?
-No, no es eso.-
-Entonces, ¿Qué? Dime. Realmente quiero acabar con esto lo antes posible.-
Además, se estaba haciendo de noche y… y...
-Solo quiero asegurarme de que realmente puedes defenderte…-
-Carlisle, vamos a ver a los fantasmas. No vamos a pelear con ellos. Ellos no pelearan con nosotros.-
O eso esperaba. No sabía nada sobre fantasmas. Y en caso de que si lo hicieran, atacarnos, bueno, estábamos enormemente jodi… Fritos.
-No hablo de eso.- dijo. Le miré confundida.- Me refiero a… Uhm… ¿Los que te persiguen?-
La comprensión me llegó. Él se refería a los vampiros maniacos que me asechaban y que aún no hemos podido localizar. La razón porque la que no me dejaban sola ni un segundo. Entendía a los demás, ellos creían que yo era humana. Humana rara con fuerza sobrenatural, pero una chica humana común. No sabían que era una cazadora. No me habían visto pelear, no de verdad. ¿Pero él?
-Carlisle, ¿tengo que recordarte que soy una cazavampiros? Y el hecho de que me haya enamorado de uno no quiere decir que olvide el entrenamiento que recibí. Por supuesto que puedo defenderme.-
-Ya lo sé, solo quería asegurarme de que… No importa. Será para otro momento.-
-¿Qué…?- empecé a preguntar, pero entonces lo entendí y me detuve.- Oh.- musité.- ¿Quieres que te muestre lo que puedo hacer?.-
-No es necesario que sea ahora.- dijo con rapidez.
-No, está bien, será rápido. ¿Pero con quien?- pregunté. Él se quedó viéndome- Carlisle, no voy a pelear contigo.- dije.
Frunció el ceño.
-¿Por qué no?-
-Porque… porque…No. Además, tu ya me has visto pelear…
-Tanya no cuenta.- dijo, adivinando el hilo de mis pensamientos.
Pelear con él sería raro, muy raro. Sería como pelear con Edward, o con Esme, o con D…Ok, con D no luchaba ni de broma.
-Bella, solo es una demostración. Nadie saldrá herido.-
Pero aún así…
Suspiré. Bien. Solo para demostrarle que yo podía cuidarme sola. Tal vez él, luego de ver que no soy tan indefensa, convencería a los demás para que dejaran de sobreprotegerme.
-Ok…- dije lentamente.- Bien.- repetí con más fuerza. Me sentí torpe de repente- ¿Empezamos a la cuenta de tres?- pregunté de manera vacilante, sintiéndome tonta.
En las practicas de la organización siempre había alguien quien anunciaba el inicio y el final de una pelea, habían reglas. Y, obviamente, cuando no era una practica y me encontraba en una lucha de verdad, la pelea empezaba sin ser anunciada.
Afortunadamente, él no se rió de mi "a la cuenta de tres" y asintió afirmativamente.
Físicamente ya estaba lista, así que solo me preparé mentalmente, que en realidad era la base de todo esto. Verán, la fuente de nuestro poder de cazavampiros es más mental que otra cosa, si no estás lo suficientemente concentrado, los golpes duelen más, no tienes fuerza o rapidez, y estás perdido. Nuestro cuerpo aún sigue siendo humano, y la más mínima distracción puede ser fatal para nosotros.
Sorpresivamente, el hecho de luchar contra alguien, así que sea de mentira, me llenó de extraña emoción. Hace mucho que no lo había hecho y supongo que había estado echándolo de menos. Aunque no iba a pelear contra Carlisle realmente, solo le inmovilizaría. No quería hacerle daño, por muy pequeño o no intencional que sea.
La cuenta llegó a su fin y empezamos. Carlisle se movió más rápido de lo que esperé, lo admito, pero eso no me intimidó. Fingí atacarlo también, pero cuando él estuvo lo suficiente cerca giré sobre mi misma en un muy fluido movimiento, ok tal vez me estaba luciendo un poco, y me coloqué detrás de él. Fue tan repentino que no se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta que fue demasiado tarde, de hecho, creo que ni aún ese momento entendió lo que estaba haciendo. Agarré sus brazos a la vez rodeaba su torso y parte de sus piernas con las mías y nos hacía girar en el aire para aterrizar en el suelo en el segundo siguiente, él boca abajo y yo sobre él, aún presionándolo con fuerza.
Liberé una mano y tomé su cuello, haciéndole levantar la cabeza, para hacerle saber que de haber sido alguien más y encontrarnos en una lucha real, este era el momento de arrancársela.
-¿Esto de convence?- le pregunté.
-Si.- aspiró, con los ojos muy abiertos. Obviamente no se lo esperaba.
Lo solté y me levanté de un rápido salto, sonriendo orgullosa de mi misma. Carlisle se levantó también y acomodó su camisa.
Puse un mechón salido detrás de mi oreja y caminé hacia la mesita donde había dejado la linterna para irnos de una vez, pero algo sucedió.
Carlisle aparentemente no se había rendido y, aprovechando que me había girado, se abalanzó sobre mi creyendo que el factor sorpresa le ayudaría. Y lo hizo. Un poco. Solo tuve tiempo de girarme para hacerle frente, y en el segundo siguiente ambos caímos al suelo de nuevo, él sobre mi esta vez.
¿Así que haciendo trampa, eh? Muy mal, Carlisle, muy mal...
Solo yo puedo hacer trampa y salirme con la mía.
Había tomado mis muñecas con una mano y atrapado mis piernas juntas entre las suyas, inmovilizándome por completo.
Casi por completo.
-¿Te rindes?- me preguntó, claramente pensando que había ganado.
No tenía ni idea.
En situaciones como estas, es donde suelo usar la cabeza. Literalmente.
-Nunca.-
Le di un cabezazo que lo distrajo lo suficiente para poder liberar mis muñecas y empujarle lejos.
Tuvo la suerte de que mis piernas estuvieran inmovilizadas por las suyas, porque de lo contrario hubiera sido peor para él, ya que en vez del cabezazo le hubiera dado un rodillazo en cierta parte de su anatomía masculina que lo habría hecho ver las estrellas. Y se lo tendría bien merecido por hacer trampa. Aunque tal vez luego me sentiría un poco culpable.
Me levanté rápidamente del suelo como la primera vez y reanudé mi camino para tomar la linterna, luego, me giré hacia Carlisle que aún no se había levantado del piso y me miraba más sorprendido que antes.
Si amigo, no te conviene pelear conmigo, y menos hacer trampa, terminaras mal.
-Bien, ¿eso fue suficiente para ti? Se hace de noche y tenemos un sitio a donde ir.-
.
.
.
El instituto de Forks se veía mucho más tétrico después de que oscureciera. Aunque creo que eso pasa con todas las escuelas.
Claro, yo ya había estado en el edificio por la noche, pero fue para asistir al pasado baile, cuando el aparcamiento estaba atestado de coches y había un montón de gente alrededor. En aquel momento, no había nadie en el edificio y reinaba un silencio tan siniestro, que estaba reconsiderando dar media vuelta y regresar a mi iluminada y acogedora casa.
-¿Estás segura de esto?- me preguntó Carlisle. Estábamos mirando el edificio desde el bosque que estaba frente a el. - Podríamos probarlo más adelante. Otro día, quizá, cuando estés más repuesta.-
Negué con la cabeza. Ya estábamos aquí, tenía que hacerlo. Además D me había dicho bien claro que no debía salir de casa, y definitivamente no le iba a agradar lo que estaba haciendo. Ella no iba a dejar que hiciera esto. Era ahora o nunca.
-Si esperamos, me echaré atrás. Tengo que hacerlo ahora.
Habíamos estacionado el auto a una distancia razonable del instituto para que no lo vean, en caso de que alguien pasara por aquí.
Un movimiento es captado por el rabillo de mi ojo y me volví para mirar.
Resultó ser la chica flotante que jugó con mi cabello esta tarde y que yo me esforcé por ignorar. Estaba vagando cerca del portón de la oficina principal, con aspecto confundido y triste, mirando a todos lados, como si estuviese esperando a alguien que nunca llegó.
De pronto, sus ojos se posaron en mi, y yo desvié la mirada inmediatamente, como si no la viera. Pensaba que, si las ignoraba y hacía como que no las veía, tal vez desaparezcan. Es decir, había visto "Sexto sentido" Lo que menos quería ahora era que los fantasmas me siguieran a todas partes y me pidieran ayudarlos con sus problemas. Con los míos tenía más que suficientes.
Ella se quedó mirándome un buen rato, curiosa. Sus ojos eran traslucidos y sus largas pestañas rubias casi indetectables. Ladeó la cabeza y me observó detenidamente, como si yo fuera un extraño experimento que llamaba su atención.
Entonces, empezó a acercarse.
Mi corazón dio un vuelco y me puse tensa de inmediato. Retrocedí y me aferré al brazo de Carlisle.
-¿Bella?- giró la cabeza hacia mi para mirarme.- ¿Qué sucede?-
No le respondí. Estaba paralizada, viendo con horror como la chica flotante se acercaba más y más. Más cerca, y ahora de noche, su aspecto se veía muy diferente al que recordaba. Me pregunté como alguien podía verse tan hermoso y aterrador a la vez.
Carlisle se quedó mirándome un momento más, para después seguir lentamente el camino hacia donde yo miraba. Y, para mi enorme sorpresa y horror, sus ojos se detuvieron donde estaba la chica.
Él dio un respingo y retrocedió, con los ojos muy abiertos.
¿Qué diablos…? ¡La vio! ¡Él la vio!
-¿Puedes verla?- le pregunté en un susurro. Él asintió, sin apartar la vista de ella.
-Genial.- suspiré.- Ya te contagié mi…-
Pero me detuve y dejé sin terminar la oración, porque una suave voz de mujer resonó en mi cabeza. Aunque no fue esa únicamente la razón de que me quedara muda de la impresión, sino más bien fueron sus extrañas palabras susurradas como el viento.
"Luz y oscuridad. Vida y muerte. Fragmento de alma robada, sin una propia. Mezcla de especies, pero mucho más fuerte que todas ellas. Demasiado buena para el infierno. Demasiado mala para el cielo. Atrapada en el medio. Condenada por las cosas que ignora. Destinada siempre a un trágico final. ¿Conseguirá salvarse alguna vez? ¿O dejará que la maldición la arrastre? Ella fue el objetivo. Ella es el resultado. Ella será la respuesta. Solo ella puede liberarse"
Ella entrecerró sus grandes y traslucidos ojos hacia mi un momento más, y yo me empezaba a preguntar si se lanzaría en mi encima para atacarme, cuando ella salió disparada hacia el cielo con una estridente ráfaga de aire. La miré mientras subía más y más alto, ocasionalmente girando a algún lado o perdiendo altitud antes de subir nuevamente. Y luego había desaparecido. Como si nunca hubiese estado allí.
Pero ella había estado ahí. Yo la había visto. Carlisle la había visto.
Yo la había escuchado. Sus extrañas palabras aún rondaban en mi cabeza, repitiéndose una y otra vez, y mi cerebro estaba trabajando duro para darle algún sentido.
"Luz y oscuridad. Vida y muerte. Fragmento de alma robada, sin una propia. Mezcla de especies, pero mucho más fuerte que ellas. Demasiado buena para el infierno. Demasiado mala para el cielo. Atrapada en el medio. Condenada por cosas que ignora. Destinada siempre a un trágico final...
¿Qué demonios se suponía que significaba eso? ¿Y por qué me lo decía a mi?
La había visto hoy en la tarde al salir del instituto, e incluso se había detenido junto a mi para jugar con mi cabello, pero no me había dicho absolutamente nada. Y sobre todo, solo yo la había podido ver. ¿Por qué ahora la había visto Carlisle?
Moví la cabeza en un vano intento de aclararme. No funcionó.
Esto no estaba saliendo como tenía planeado. Y eso que aún no habíamos entrado.
-¿Por qué la viste? Solo yo las veo… Al menos que tú también puedas y no me lo hayas dicho…- mis ojos se entrecerraron al mirarle. Realmente no creía eso, pero existía la pequeña posibilidad.
Carlisle negó con la cabeza y regresó su atención a mi, ya que se había quedado mirando donde la chica flotante estaba hace un rato.
-Bella, eso no era un fantasma.
-¿Qué?- musité.
-Nunca he visto uno, pero no dudo mucho que los fantasmas hagan lo que ella acaba de hacer- dijo, mirando ligeramente a los lados con cautela.
Tenía razón. Eso de flotar y elevarse en el aire...
Oh Dios, y si no era un fantasma ¿que era esa cosa?
-¿Entonces qué era?-
-No estoy seguro pero… Creo que era una sílfide.-
¿Sílfide? Era primera vez que había oído hablar de ellas. ¿Qué se supone que eran? ¿Acostumbraban decir cosas tétricas a aquellos que los veían?
-¿Y qué es una sílfide?- seguí preguntando.
-¿Qué, no eras tú la cazadora experta?- inquirió.
-En vampiros, no en sílfides, sean lo que sean esas cosas.-
De eso se encarga la Hermandad Caza Seres Sobrenaturales, y yo pertenezco a la Hermandad Caza Vampiros. Nosotros nos hacemos cargo únicamente de los vampiros. Solo nos han entrenado para eso. Si no son vampiros, estamos totalmente fuera de base. Como aquella vez, por ejemplo, cuando tuvimos un pequeño encuentro con los lobos y yo apenas sabía como defenderme de ellos. Afortunadamente la cosa no pasó a mayores y no necesité pelear.
A veces nos hablan de otras criaturas y nos enseñan algo de ellas, pero nunca había oído hablar de un sílfide ni nada que se le parezca.
-Las sílfides son elementales del aire.- Carlisle habló rápido, echándole una mirada al cielo hacia donde la chica flotante se había elevado hace un rato.- Se piensa que están lejanamente relacionados con las hadas. Comúnmente se creía que no existieron o simplemente habían dejado de existir, pero yo creo que es porque una sílfide difícilmente tocaría el suelo, lo que haría imposible encontrar una y buscarlas sería una enorme perdida de tiempo.-
Así que elemental del aire. Genial. Realmente fantástico. Ahora me persiguen las silfis, o sílfides, o como se llamen esas cosas voladoras flotantes.
En serio, ¿Qué seguía ahora? ¿Hadas? ¿Extraterrestres?¿Sirenas? ¿El Monstruo del Lago Ness, quizás?
Mi vida era más simple cuando me limitaba a llevar vampiros a la organización para que los mataran.
Una sonrisa fue extendiéndose en el rostro de Carlisle.
-Wow.- Carlisle pasó sus manos por su cabello, sus ojos se iluminaron con emoción.- Una sílfide. ¡Realmente existen!-
Puse los ojos en blanco y reprimí un suspiró irritado.
Claro, como a ti no te ha hablado mentalmente y te ha recitado una extraña especie de profecía…
Lo miré de nuevo, él seguía metido en sus propios pensamientos y con los ojos brillantes.
Ok, lo admito, era adorable. Parecía un niño en la mañana de Navidad. Me estaban dando ganas de pellizcarle las mejillas.
Me hubiese reído si no fuera por la situación en la que me encontraba.
-Eh- le llamé, agitando las manos por delante de su cara.- Tierra llamando a Carlisle. ¿Estás ahí?-
Eso lo hizo reaccionar. Me miró.
-Lo siento. Me dejé llevar. -
Si, se nota.
-Si, bueno, es mejor que…-
Estaba sugiriéndole que entráramos de una vez, pero entonces Carlisle se puso tenso y me hizo un gesto para que me callara. Le miré confundida, a la espera de una explicación. No lo hizo. Estuvo en silencio escuchando no se que.
Escuché el sonido de un auto acercarse y me tensé también, aferrándome al brazo de Carlisle de nuevo. Ambos nos ocultamos entre los arboles cuando el coche entró en el terreno del instituto y se estacionó frente al edificio. Carlisle y yo intercambiamos una mirada.
Pero mi pánico se transformó en sorpresa cuando vi quienes salían de ese auto.
Entre risas y coqueteos, veo salir al profesor suplente de Biología del instituto con la profesora de Ingles, aquella con la que me confundieron el primer día.
¿Pero que…?
Con mis ojos ampliados, veo como se apoyan en la columna de al lado y se besan. Se besan. Un beso de verdad. No era uno de esos besos fingidos que Carlisle y yo nos dábamos para molestar a la Sra. Anderson. Se estaban besando de verdad.
¡Oh, Dios mío! ¡El profe de Biología y la de Ingles! ¡Me muero! ¡No me lo puedo creer! ¡Y los estoy viendo enrollarse junto al edificio principal en primera fila! Sólo me faltan las palomitas.
Oculta tras el árbol para que no me vean, contengo la respiración. Por favor… ¡por favor! Si se dan cuenta de que estamos aquí, me muero de la vergüenza. Lo que es estúpido, ya que lo que debería importarme era que vernos escondidos aquí acarrearía preguntas y muchos problemas. Porque, más extraño que mis dos profesores estén aquí, era que yo y Carlisle, o sea el padre de mi novio, estemos agazapados en el bosque junto al instituto. Mucho más extraño.
Yo no debería estar viendo esto. Carlisle tampoco debería ver esto. Nadie debería verlo. ¿Por qué diablos no se iban a sus casas o a un hotel a hacer… sus cosas? ¡Por Dios! ¡Cualquiera podría pasar por aquí y verlos! Seguramente estaban ebrios, si, debía ser eso. Creo que ninguna persona en sus cinco sentidos haría lo que ellos.
Recordé aquel día donde bebí y por alguna extraña razón Carlisle junto conmigo también terminó ebrio. Me pregunté si al igual que mis profesores, protagonizamos una escenita como esa, sobre todo viendo como amanecimos al día siguiente. Deseché aquellos pensamientos de inmediato. Si había pasado algo, no quería saberlo. Nadie debía saberlo. Dios, había visto a suficientes personas en estado de ebriedad para saber lo que les hacía, y yo debí haber aprendido que nunca debía terminar como ellos. Es decir, a mi madre le dio por ponerse sentimental y empezar a decir que me quería mientras lloraba, y en una fiesta de la Organización mis dos únicos amigos Jenny y Max se besaron. Por supuesto, ni mi madre ni mis amigos se acordaron lo que hicieron, y yo preferí no mencionarlo.
De repente, ella suelta el bolso y sin ningún miramiento toca con decisión la entrepierna de él. ¡Ahhhh! ¡Le está tocando el paquete!
¡Por todos los santos! ¿Cómo es esto posible? ¡Habíamos pasado de ver misteriosas sílfides a presenciar como se liaban mis profesores! ¡Que asco!
¡Dios! Ahora es él quien le mete mano a ella por debajo de la falda. Se la
sube, la empuja hacia arriba contra la columna y se comienza a refregar contra ella. ¡Que horror!
¡Dios mío! ¿Qué hago? Me había quedado paralizada a causa de la traumarte escena.
Entonces, cuando él le dio vuelta y la apoyó contra el capo del auto, la mano de Carlisle me cubrió los ojos y tiró de mi hacia el bosque. Reaccioné y empecé a correr con él.
Aún así, no nos alejamos lo suficientemente rápido, porque pude oír claramente cuando él le preguntó:
-Dime, ¿qué quieres que te haga?-
Ella, como una gata en celo, murmuró entregada por completo a la causa:
-Lo que quieras… lo que tú quieras.-
Me alegraba ya no estar viendo, porque lo siguiente y ultimo que oigo es un lejano gemido. Cerré los ojos y me tapé los oídos. No podía, ni quería, imaginar que le estaba haciendo que la hacía gemir de forma tan desvergonzada.
Nos detuvimos cuando estuvimos lo suficientemente lejos y no podíamos oír nada de lo que mis profes calenturientos hacían. Se me revuelve el estomago al recordar de lo que había sido testigo.
Me apoyé contra un árbol, respirando con dificultad. No necesito un espejo para saber que estoy más pálida de lo normal.
Todo por lo que tengo que pasar, Dios. En serio. ¿Por qué?
Y lo peor de todo es que Carlisle estaba conmigo en ese momento, aumentando mis nervios y mi vergüenza ajena. Es decir, era como estar viendo tranquilamente una película con tus padres y de pronto sale una escena muy subidita de tono y tú no sabes que hacer ni donde meterte. Solo que en esta ocasión no era ninguna parejita cariñosa de peli, sino una en vivo y en directo, que no eran nada más ni nada menos que ¡mis profesores! ¿Cuan raro y traumante es eso?
-Otra cosa que agregar a mi lista de situaciones extrañas e incomodas.- dije.
-¿Son muchas?- me preguntó Carlisle.
Hago una mueca y dejo escapar una risa irónica. A veces sentía que había vivido y visto demasiado para la edad que tengo.
-Con decirte que cuando tenía ocho años vi a mi vecino desnudo...-
-¿Qué?-
-Si, como lo oyes. Un día salí muy feliz y tranquila a regar mi jardín trasero cuando giro la cabeza hacia la derecha y veo que el Sr. Henderson, mi vecino, estaba como había venido al mundo. ¿Por qué? Ni idea. Afortunadamente, estaba de espaldas hacia mi, así que no fue tan traumante.-
-¿Qué hiciste?-
-Entré a mi casa lo más rápido y silenciosamente que pude.-
-¿No gritaste?-
-¡¿Para que se voltee y verle también la parte delantera?! La escena me impresionó y me atontó, pero no tanto.-
Carlisle me miró un momento sin poder creerlo y luego se tapó la cara con una mano, moviendo la cabeza.
Le miré con mala cara cuando al final, como siempre, se empezó a reír.
-Claro, si, ríete de mis desgracias. Como no has sido tú el que lo vio.- le miré enojada por un rato pero segundos después fui incapaz de hacerlo y me empecé a reír también, de pronto divertida de todas estas extrañas situaciones. No se si es porque la risa de él es demasiado contagiosa, porque finalmente me he vuelto loca, o tal vez porque ya pasada la situación no es tan malo. Simplemente me dan ganas de reír, y yo lo hago, porque se que es mejor y lo prefiero.
Cuando por fin podemos acallar nuestras risas, dejamos de apoyarnos contra el otro y tomamos un largo respiro. Me paso las manos por el cabello y suelto una ultima risita.
-Por cierto, ¿sabes quienes eran ellos?- me preguntó, refiriéndose a las dos personas que habían montado su pequeña película para adultos.
Asentí.
-Si, son mis profesores.-
El rostro de Carlisle pasó por una divertida sucesión de emociones que iban desde la obvia sorpresa hasta el enojo y la indignación. Antes de que Papá-Carlisle hiciera su aparición con toda su fuerza y dijera algo al respecto, dije:
-Carlisle, déjame recordarte que nosotros estábamos a punto de entrar a hurtadillas al instituto.-
-¡Si, pero no con intenciones de hacer… lo que ellos estaban haciendo!-
-Pero igual está mal. Además, ¿Qué podemos hacer? No hay forma de acusarlos sin hacerlo a nosotros también.- de hecho la había y él abrió la boca para replicar pero yo no lo dejé.- Hay que dejarlos con sus asuntos, ¿si? Lo que debemos hacer es regresar y entrar de una vez sin que nos vean.-
-Bella, por lo que acabo de ver, seguro han entrado al instituto y la están siguiendo ahí.-
Si, era lo más probable, pero no podía regresar otro día. D no iba dejarme, y yo me iba a arrepentir. Tenía que ser hoy. Ahora.
-Tiene que ser hoy.- insistí.
-¿Por qué?-
-Porque quiero averiguar que pasa cuando acaba la visión, porque D no me dejará venir otro día, y porque sé que me echaré para atrás si lo dejamos para otra vez.-
Carlisle no dijo nada, solo se quedó mirándome. Yo también lo miré. Estaba lista para poner mis ojos del gato con botas y así convencerlo, o iría sola en todo caso, pero no iba a desistir de mi plan.
Finalmente suspiró.
-Vamos- dijo, empezando a avanzar. Se detuvo cuando vio que yo no me movía.
Estaba sorprendida. ¿Eso era todo? ¿De verdad?
-¿Qué? ¿No vas discutir conmigo y decirme que no?- le pregunté.
Él negó con la cabeza.
-Si me niego a acompañarte, iras de todas formas, y las posibilidades de que pueda detenerte son nulas. Además, ambos sabemos que terminaras por convencerme, así que no tiene caso.-
Sip, tenía razón otra vez. Supongo que me conoce más de lo que pensaba, o solamente lo dedujo por lo terca que suelo ser. Quizá ambas.
Empezó a avanzar de nuevo, y esta vez yo también lo hice. Debía averiguar algo de mi nueva habilidad, que pasaba si me dejaba ir en la visión. Y si era posible, encontrar una forma de controlarla. Tenía que ser valiente y afrontar mi problema.
Y lo haría a pesar de que eso significara soportar a mis dos calenturientos profesores.
Eww.
Aunque ambos todavía fueran bastante jóvenes...
Eww.
.
.
.
No había nadie en el aparcamiento cuando regresamos, pero Carlisle me dijo que, efectivamente, habían entrado al instituto. Exactamente, en el aula de Ingles.
No iba a volver a ver al salón de Ingles de la misma forma.
Y tampoco iba a sentarme en ninguna carpeta. Al menos, no sin antes haberla limpiado o asegurado que está limpia.
Eww.
Y más, Eww.
En serio, ¿Por qué tenían que hacerlo aquí?
Me pregunto si Edward sabía que estaban juntos. Leía la mente quiera o no, después de todo. Seguramente lo sabía. ¿Por qué no me lo había dicho? ¿Lo habían hecho con anterioridad?
Oh, Dios. ¿Y si yo había tocado algo donde ellos…?
¡EWWWW!
Ok, no. Seguramente Edward, o D (porque seguro que ella también lo sabía. Estúpidos telépatas) me hubiera advertido. Si, ellos lo harían.
¿Verdad?
-Bueno, ya estamos aquí. Ahora...- dijo Carlisle a mi lado cuando llegamos. Miró la puerta.- ...Está cerrado y supongo que no tienes la llave.
-¿No creerás de verdad que algo tan simple como una cerradura nos va a detener?- inquirí.
-Por lo que dices, asumo que tienes un plan para entrar.-
-Claro que lo tengo.-
En realidad no lo tenía, no de antemano. Cuando decidí venir, no pensé en los pequeños inconvenientes que habrían en el proceso, por ejemplo cómo íbamos a entrar, pero realmente no iba a dejar que eso me detuviera.
-No tienes ningún plan, ¿verdad?-
-¡Si lo tengo!- insistí. Como para demostrárselo, me acerqué a uno de los ventanales y señalé el picaporte.- Voy a abrir esta ventana y entraremos por aquí.-
Carlisle me miró, claramente convencido de que no podría abrir la ventana, pero no comento nada al respecto, en su lugar, dijo:
-Se te acaba de ocurrir ahora.-
Si.
-¡Por supuesto que no! Yo siempre tengo un plan.- crucé los brazos.
¿Que les digo? Se me da bien improvisar.
-Claro.- obviamente no me creía.
No le respondí, en su lugar, fijé toda mi atención en la ventana.
Ok manitos, y cerebro, no me fallen. No he llegado hasta aquí para nada.
Recé para que la ventana se abriera, no quería derribar la puerta de una patada, lo que muy probablemente pasaría si no abre.
En momentos como estos, era donde extrañaba mis poderes de cazavampiros, y que desgraciadamente desaparecieron cuando un vampiro me mordió. Maldito James.
-¿También te enseñaron a forzar cerraduras en aquella organización donde perteneces?- me preguntó, ahora viendo con atención mis movimientos para intentar abrirla.
Me pareció ver un movimiento por el rabillo del ojo y me volví rápidamente para mirar, pero no había nada. Quizás solo me había parecido. O tal vez era un nuevo fantasma que rondaba por aquí. Regresé a lo mío.
-No, eso lo aprendí por mi cuenta.
La ventana cedió finalmente y la abrí. Me giré para darle una sonrisa triunfante antes de apoyarme en el filo de la ventana y entrar con una pirueta.
-No puedo creer que estemos haciendo esto.- dijo cuando entró después de mi.
-Solo piensa que es una forma de romper la rutina.- le respondí, empezando a avanzar.
Para mi sorpresa, pude ver perfectamente a través de la oscuridad, así que no encendí mi linterna.
-Evangeline, ¿estas segura de que quieres hacer esto?- me preguntó, caminando detrás de mi con inseguridad, mirando a los lados con desconfianza. Era obvio que no sentía la misma curiosidad y entusiasmo que yo por explorar esta casa abandonada…
Parpadee, de repente con la vista borrosa y sintiéndome confusa. Que extraño, por un segundo tuve el presentimiento de estar en otro lugar. De ser otra persona. Hubiese creído que era una de las horribles visiones sobre muertos que había empezado a tener, si no fuera porque ellas duraban mucho más.
Decidí no dejarme distraer con eso, sobre todo ahora que estaba tan cerca de lograr lo que me había propuesto a mi misma. Afortunadamente Carlisle no parecía haberse dado cuenta de mi breve momento ausente. No quería preocuparlo más.
Cuando llegamos a la puerta del salón de Biología, nos detuvimos. Ninguno hizo nada.
Unas risitas provenientes del pasillo que reconocí como la de mi profesora de Ingles hicieron que Carlisle retomara su expresión de disgusto. Mientras nosotros estábamos aquí con los nervios a flor de piel y la tensión por los cielos, ellos la estaban pasando bomba. Lo extraño e irreal de la situación me hizo querer reír, pero sabiendo perfectamente que quedaría como la loca del año si lo hacía, me puse seria y suspiré. Mi suspiro salió entrecortado.
-¿Sientes algo? - Carlisle se me acercó más. Me hablaba con suavidad y sus ojos me miraban con preocupación.- Deberíamos volver.-
-No. Estoy bien. Aún no siento nada. Solo…- Estoy asustada porque no se que va a pasar.
-Lo sé. - murmuró. Su mano tocó la mía y yo la tomé inmediatamente. Alcé la vista para mirarle y sus me decían que me apoyaba sea cual sea la decisión que tomara ahora, ya sea irnos de aquí o abrir la puerta y entrar.
Después de respirar hondo, cogí el picaporte y lo giré.
Al entrar, el aula me pareció igual de tétrico que afuera, si no es que más, sabiendo lo que iba a ver aquí. En la pizarra, aún estaba escrita la ultima clase de hoy.
-¿Sientes algo ya?- Carlisle no dejaba de mirar alrededor, como si esperara que fuera a aparecer un fantasma o un algún vampiro de un momento a otro. A ellos, al menos, habría sabido cómo combatirlos.
-Creo que tarda unos minutos.- dije.
Me apoyé contra uno de los pupitres, el que solía ocupar Evelyne Miller. No había pensado detenidamente en Evelyne desde aquella vez en la cafetería, cuando, de alguna forma, pude… presentir que estaba embarazada. Y lo estaba. Aparte de que los síntomas eran muy visible ahora, al menos para mi, Edward me dijo que había empezado a escuchar los latidos de su pequeño corazón recién formado. Extrañamente, ella aún no lo sabe, aunque algo presiente. Seguro comprobaría sus sospechas cuando empezara con los primero mareos, vómitos, desmayos… ¿Es que no se daba cuanta que no le venía la…?
Mis pensamientos fueron interrumpidos al ver al conserje, con aspecto derrotado, volviendo a entrar en el aula con el cubo de basura.
-Bueno, aquí vamos- murmuré con un suspiro.
Fui consiente de que Carlisle se me acercó, justo cuando mi entorno había empezado a cobrar otra forma.
El dolor le recorre el brazo y le atenaza el corazón. Le inunda los pulmones, le empaña la vista. El corazón, piensa, y nada le aterra más que sentir que tiene una bomba en el pecho cuyo detonador acaban de pulsar. No debió haber ignorado las indicaciones del doctor.
-¡Bella!- Carlisle me agarró por los hombros y trató de sacarme de la visión, pero no se lo permití. No esta vez. Respiré y me abandoné por completo. Fue como nadar en el río y dejar que la corriente me arrastrara hacia el fondo. Como rendirse...
El dolor lo envuelve, un cepo que cada vez le aprieta más. Se nota la lengua hinchada, los ojos demasiado grandes para las cuencas. No hay dolor peor que este, piensa. No puede haberlo. Cada célula de su cuerpo pugna por obtener aire, se devora a sí misma: destrucción total por dentro y por fuera.
Fui vagamente consciente de que me había desplomado, de que Carlisle me tenía apoyada contra su pecho y me hablaba, pero aquello estaba demasiado lejano para seguir prestándole atención.
El dolor sigue aumentando, se torna insufrible, alcanza medidas inimaginables…
Hasta que el proceso se invierte.
Su cuerpo deja de luchar. Ya no hay necesidad de aire, ni de sangre. No hay necesidad de nada. Él está completo así. Ha dejado de resistirse para que el dolor cese y nada le causa más dicha que esa rendición.
La satisfacción que siente con la muerte de su cuerpo humano es la misma que podría sentir al estar envuelto en una manta:
Lo abriga y lo arropa, pero, de hecho, no es parte de él.
Eso le hace fácil desprenderse de la manta y dejarse ir…
Abrí los ojos. Estaba sentada en el suelo, con las rodillas dobladas, apoyada contra Carlisle y él me abrazaba con fuerza.
-… Como cuando éramos niños. Por favor, no me dejes otra vez. Quédate conmigo, quédate… ¿Bella?-
-Sí...- inspiré, y el hecho de notar el aire en mis pulmones me proporcionó un placer indescriptible, así que volví a hacerlo. -Ya está. -Temblorosa, tosí una vez. ¿Cómo era posible que hasta toser fuera agradable?-. Estaré bien.-
Aunque sabía que era imposible predecir cómo podían afectarme otras muertes, sabía que aquella muerte, en aquella clase, ya no me afectaría del mismo modo la próxima vez. Y además, sabría que esperar. Sabía que no iba a morir, aunque así lo sintiera.
-Hace un momento no estabas bien- dijo Carlisle. Seguía abrazándome y me acariciaba el cabello con una mano.
-Pues ahora lo estoy. De verdad.- insistí, apartándome un poco para mirarlo-. El truco es… el truco es dejar de resistirse.-
-¿Dejar de resistirse?
-Rendirse a la muerte.
-Rendirse a la muerte no parece buena idea. En cualquier circunstancia, pero sobre todo en esta.-
Si, lo sé, suena realmente horrible.
-Sé lo que parece. Pero, de algún modo, esta vez… ha sido lo correcto.- me puse de pie y Carlisle se levantó también para ponerse a mi lado. Tal vez esperaba que me desmayara o algo así.- Sabré mejor qué hacer la próxima vez. No será tan malo.-
-Esto sigue sin gustarme.-
-¿Y crees que a mi sí?- inquirí.- Solo estoy buscando la manera de poder sobrellevar esto.- porque si no lo hago me voy a volver loca.- De verdad, no ha sido tan malo.- y realmente no lo había sido. Solo tenía que dejar de resistirme a la visión y esperar a que pase. Aún así, agregué.- No tengo ninguna otra idea mejor para solucionar esto, pero si tu la tienes, dímelo: ¿Qué sugieres?-
-¡Sugiero que nos larguemos de aquí!
Me agarra de la mano y tira de mí. Salimos del salón de Biología a toda prisa y sin cerrar la puerta. Estoy desconcertada, no se que ocurre o a que se debe esto, pero aún así le sigo y corro también. Nos movemos tan rápido que mis pies ni siquiera tocan el suelo. Corremos a toda velocidad por los distintos pasillos como si no existieran. La puerta principal aparece ante nuestros ojos justo en el momento en que se abre y unas figuras con linternas en las manos empiezan a entrar por ella. Es la policía. No tenemos más remedio que dar media vuelta y correr hacia otra dirección. Pero nos han oído. No saben quienes somos, pero se han dado cuenta que hay alguien aquí. Me pregunto por que y como saben que habíamos entrado. Seguro alguien les había avisado, ¿pero quien?
Entonces recordé. Cuando llegamos, cuando yo estaba forzando la ventana, me había parecido ver una sombra. Tal vez no me había parecido. Me pregunté quien era.
Obviamente, no son lo suficientemente rápidos para alcanzarnos, pero se que nos están siguiendo. Por primera vez siento que el corazón me late a mil por hora y resuena en mis oídos mientras corro, pero se que es por la persecución más que por el esfuerzo.
Se nos acaban los pasillos, y todos los salones, excepto el de Biología donde entramos hace un rato, están cerrados, ni siquiera podemos salir por las ventanas de allí. Y, al igual aquella única ventana que abrí se encontrar junto a la puerta principal, no podemos regresar. Probamos con la pequeña oficina del conserje. También cerrada.
Me giro hacia él con el corazón en un puño . Soy consciente de los pasos. Me quedo de pie a su lado, en silencio, incapaz de moverme. D tenía razón, íbamos a terminar en la cárcel. Debía obedecerla y quedarme tranquila en casa.
Me preparo para lo peor, cuando siento a Carlisle empezar a toquetear mi cintura con una mano. Agacho la cabeza para mirar y empiezo a preguntarle que hace, pero él deja de tocarme. Es cuando veo el pequeño frasco con un liquido naranja en el interior que tiene en la mano y entiendo. Ha estado buscando la posición transportadora que tenía en mi bolsillo, una de las que me dio la Organización cuando me encomendaron la misión en Forks. Yo le dije las funciones de cada frasquito de colores aquella noche donde le conté que era una Cazavampiros infiltrada.
Carlisle toma mi mano y arroja el frasco al suelo, un espeso humo de color naranja claro nos cubre y yo nos visualizo en casa.
O al menos, yo visualizo mi casa.
Carlisle nos imagina a salvo en su auto, de camino a casa.
Así que termínanos en el medio, en alguna parte del bosque.
Ambos miramos a los lados tratando de averiguar en donde estamos, pero a la vez suspirando con profundo alivio.
-Bueno, eso estuvo cerca.- dice Carlisle.
-Si- suspiré.
Nos miramos un momento antes que él estallara en un ataque de risa tan contagiosa que no puedo evitar reírme también. Ambos acabamos agachados y apoyados contra un árbol en aquella parte desconocida del bosque, tronchados de risa.
-Casi me da un infarto… Creí que iban a atrap… - Me quedo sin aliento y sacudo la cabeza.
-Vamos… - jadea, sus hombros sacudiéndose ligeramente por la risa. Tira de mí para atraerme hacia sí.- ¿No eras tú la que pensaba que esta era una buena forma de romper la rutina?-
Asiento. Recuerdo esas palabras, pero por desgracia los últimos minutos han quedado grabados en fuego en mi cerebro y me han hecho cambiar de opinión.
-¿Qué te parece si vamos a buscar el auto?- le pregunté. Quería ir a casa.
Minutos después, encontramos el auto estacionado en aquella carretea abandonada donde lo dejamos. Subimos y, cuando empezamos a avanzar, recuerdo abruptamente algo.
-¡Carlisle, mis profesores!- exclamo.
Eso provoca otra ronda risas entre nosotros.
Aunque, sinceramente, espero que no se hayan metido en demasiados problemas. Sea como sea, ellos siempre fueron amables conmigo.
Para entonces ya hemos dejado atrás la carretera avandonada y estamos en una más transitada y él conduce con una amplia sonrisa y me doy cuenta de que en realidad lo está disfrutando. Esos escasos minutos de peligro lo han emocionado incluso más que la Sílfide.
Pero, Dios, ¡si fue como la escena de una película!
-Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve en un aprieto semejante.- me mira de soslayo.- Pero, para que lo sepas, te considero responsable en parte. Después de todo, fuiste tú quien me convenció para que fuéramos allí.-
Observo su rostro. Hacía mucho que no lo veía así, tan… feliz, tan… despreocupado.
-Bueno, ¿y ahora qué?- conduce sosteniendo el volante con una sola mano.
-Uhmmm… ¿Vamos a casa?- le observo y me pregunto qué podría superar una aventura como esta. Carlisle me devuelve la mirada. Es evidente que tiene ganas de más.
-¿Estás segura? Porque podemos hacer alguna otra cosa. Ya sabes, para no aburrirnos.-
-Creo que estamos infravalorado el aburrimiento.- digo riendo.- Empiezo a ver que tiene sus cosas buenas.
Como, por ejemplo, la policía no te persigue.
Él asiente, se inclina hacia mí, aprieta los labios contra mi mejilla… y está a punto de chocar en el instante en que aparta los ojos de la carretera.
Suelto una carcajada y lo empujo hacia su asiento.
-En serio, creo que ya hemos tentado bastante nuestra suerte por esta noche.-
-Como quieras.- sonríe, y se concentra de nuevo en la carretera para volver a casa.
.
.
.
Por alguna razón, Forks a cobrado vida hoy y ha pasado de ser el tranquilo y aburrido pueblo a uno bullicioso y abarrotado de gente. La carretera principal por donde vamos es un hervidero de autos y apenas logramos avanzar. Así que aquí estábamos, atrapados en extraño e inusual trafico nocturno, a medio camino de mi casa.
Carlisle intenta sacar el tema de mi visiones fantasmales o como sea que se llamen (Ya les he dicho que no soy muy creativa para poner nombres), pero yo lo preveo y cambio rápidamente el rumbo de la conversación antes de que sea demasiado tarde. Ya descubrí que es lo que pasa una vez que la visión termina; nada, y que es mejor dejar de resistirse. Quería zanjar ese asunto de mi lista mental de problemas, al menos, por ahora. Hasta que pueda encontrar la manera de dejar de verlas definitivamente.
Él captó mi indirecta de que no quería tocar más ese tema y lo dejó ahí, lo cual agradecí, sin embargo, estábamos aburridos, así que aprovechamos el hecho de estar atrapados en el trafico para podernos al día en ciertas cosas que habían pasado desde la ultima vez que tuvimos tiempo juntos. Es cierto que nos habíamos visto ayer y todo el fin de semana, pero no era igual cuando los demás estaban alrededor. Nos miraban raro cuando hacíamos o nos reíamos de algo. No nos entendían. Bueno, no todos. D si. Ella simplemente se reía, o, algunas veces, nos miraba con pena.
Pero en este momento, éramos solo nosotros, y podíamos hacer o hablar de lo que queramos sin que los demás nos miren como si nos hubiésemos vuelto locos de pronto.
Y es que era tan fácil y agradable hablar con él. Era casi igual como hablar con Jenny, mi única amiga del montón de conocidos que tenía en la Organización. Solo que más divertido y menos superficial. Se como suena eso, y, aunque me cueste admitirlo, Jenny no se habían vuelto tan cercana a mi en estos años como él en solo unos meses. No me malinterpreten, amaba a la pequeña bola de energía que era mi mejor amiga, pero es que simplemente no podía compararla con Carlisle. Quiero decir, era fácil y agradable hablar con ella también, pero habían cosas que no podía contarle.
Finalmente los autos dejaron de avanzar a una extrema lentitud para detenerse definitivamente, lo que obviamente provocó que nosotros también nos detengamos. Un segundo después me di cuenta de que nos habíamos detenido porque el semáforo estaba en rojo. Deseé dejar pronto es atrás y llegar a mi calle, y que mi calle estuviera despejada. Mi casa estaba en una parte muy poco transitada, así que supuse que sí.
-Esto es raro.- comenté. No tenía ninguna relación con el tema del que hace unos segundos estábamos hablando. Él lo sabía.
-Bastante.- coincidió.
Nunca había pasado algo semejante, al menos que yo sepa, y ambos estábamos seguros de no había ningún accidente de transito adelante, entonces, ¿Qué?
-¡Bella!-
Giré la cabeza para ver quien me llamaba y vi a Daniela Price, la chica nueva que se había mudado a Forks con su madre hace un poco más de un mes y me hice su amiga en cuanto nos conocimos en clase de gimnasia. No la había visto desde que me reincorporé en el instituto luego de mi "accidente" ya que me habían dispensado de E.F. Ella estaba en el auto de junto con su madre.
Sonreí y la saludé.
No tuvimos tiempo para nada más, porque la luz cambió y, ¡por fin! Los autos empezaron a avanzar con más rapidez y el enorme trafico de antes de fue disolviendo.
¡Aleluya! Un poco más y juro que salía del auto y me iba caminado a casa.
Ok, no. Nunca dejaría solo a Carlisle.
-Vaya, por fin.- suspiré.
-Si.- coincidió conmigo.- Estaba empezando a impacientarme, y si no fuera porque no podemos dejar el auto aquí, te habría propuesto que fuéramos caminando.-
Me reí.
-Si, yo también.-
Mi celular suena y veo que he recibido un mensaje. Me sorprendí un poco al ver que era de Daniela, pero también me alegró. No había hablado con ella en varios días, y nos entretuvimos un buen rato contándonos cosas. Me dijo que hoy había ido con su mamá para que le quitaran los aparatos dentales, y parecía feliz. Todo estaba genial, hasta que...
Así que, ¿Quién es el hombre joven que iba contigo?
¿Carlisle? ¿Joven? Si supiera...
Daniela, ¿tú también? De todos, ¿tú?
Dios, ¿Por qué?
Él es el padre de Edward. ¿Recuerdas que te hablé de él? Me acompañó a un lugar y ahora me está llevando de regreso a mi casa.
¿Cuánto tiempo estuvo a nuestro lado sin que me diera cuenta? ¿Habrá visto cuando le revolví el pelo a Carlisle, o que él intentó darme cosquillas, o cuando me apoyé un rato en su brazo?
Ella sabía brevemente sobre los Cullen, lo poco que yo le había contado, así que no hizo las misma pregunta que yo cuando me hablaron de ellos por primera vez.
Si, lo recuerdo. Ustedes parecen bastante más cercanos de lo que pensaba. ¿Desde cuando se conocen?
Si, nos había visto. ¿Ya creía que teníamos algo así como la Sra. Anderson?
Y, sobre todo, me preguntó "¿Desde cuando se conocen?" ¿Desde cuando parecía que nos conocíamos?
Le dije la verdad, que nos conocimos en el hospital este año, antes de que me hiciera novia de Edward. Iba a decirle que nos hicimos amigos también, pero decir que eres amiga de tu suegro seria un poco raro. Es raro. Quizás es porque lo conocí por separado y lo veo más como mi amigo que como el padre de mi novio.
¿Por qué?
Agregué al final, a lo que ella respondió:
No se, es que me dio la impresión de que se conocían años. Por eso te pregunté quien era. No me hagas caso.
Accedí en no hacerle caso y le cambié inmediatamente de tema. Aún así, hubo algo que me preocupó. Cuando le pregunté cómo le fue en ese viaje a Seattle que iba a hacer con su madre y al que no pude acompañarla, su cortante respuesta no me convenció.
Bien.
Inmediatamente supe que nada le había ido bien.
.
.
.
Al parecer, todos aquí estaban obsesionados con que yo comiera correctamente. (D incluida. Sobre todo ella) Así que Carlisle me llevó a cenar en vez de ir directamente a mi casa. No tenía hambre, pero acepté de todas formas. Hace horas que no había ingerido alimente alguno, y aunque mi cuerpo no me exigirse comer como antes, sabía que debía comer algo. Probablemente a Carlisle le diera un infarto, si fuese humano claro, si se enterar de que no había comido nada desde el desayuno. Y eso porque D prácticamente me obligó.
-Bella, tienes que comer.- me dijo D con firmeza.
-Pero no tengo hambre.- protesté, empujando mi plato. Realmente no quería rechazar el desayuno que ella se había tomado la molestia en prepararme, pero no tenía hambre. Me sentía bien así, lista para empezar mi día, incluso con más energía de lo normal.
D empujó mi plato de vuelta. Su grandes y almendrados ojos grises me miraron con seriedad.
-Tienes que comer, aunque no tengas hambre. Aunque sientas que no lo necesitas. Tienes. Que. Comer.- remarcó las ultimas palabras.
-¿Por qué?- pregunté.
-Solo come.- ordenó. Estaba perdiendo la paciencia.
-No lo haré hasta que me digas por qué.-
Me lanzó una mirada severa, pero yo seguí firme.
Entonces, sus ojos cambiaron.
Seguían siendo del hermoso gris escarchado que la adornaban hace un rato, pero sus pupilas pasaron a ser dos ranuras verticales como las de un gato. Empecé a retroceder por instinto, pero ella me cogió del brazo por encima de la mesa e impidió que me alejara.
Y fue cuando abrió la boca.
Sus perfectos dientes blancos habían cambiado también; ahora sus caminos eran dos filudos y aterradores colmillos.
-Esta es la razón por la que debes comer, aunque sea un poco. La comida es una forma de mantener tu aspecto humano, al menos, hasta que te enseñe a controlar tu… "transformación"- su voz, increíblemente, seguía siendo suave, aunque su aterrador aspecto no había cambiado aún.- Tal vez no se note, pero al cumplir los dieciocho años, tu cuerpo humano ha cambiado por completo. Ya no es del todo… humano. Así que se responsable, deja la obstinación, y come aunque no tengas hambre si no quieres asustar a tu Eddie y cualquiera que esté a tu alrededor.-
Con cuidado, soltó mi brazo, pero yo no lo moví. Sus ojos volvieron a la normalidad, al igual que sus dientes.
Ella se sentó en una silla frente a mi y acercó su plato y empezó a comer tranquilamente, como siempre, disfrutando cada bocado.
Yo simplemente comí sin decir ninguna palabra.
No estaba segura si lo que decía era cierto, pero no quería arriesgarme a transformarme igual que ella.
No tenía ningún problema en comer ni hacerlo fuera, pero sabía muy bien que en cuanto Carlisle y yo pusiéramos un pie en el restaurante, todos estarían mirándonos.
Y no me equivoqué. En cuando la puerta de cerró detrás de nosotros, todo el mundo se giró y nos miró. Lo que me sorprendió fue lo poco que me importó. Por un segundo, mi mano casi estuvo a punto de traicionarme al levantarse un poco para tomar el brazo de Carlisle, pero la detuve a tiempo, y me limité a caminar a su lado hasta una mesa. Desgraciadamente no pude evitar que Carlisle llegara primero para retirarme la silla y eso provocó miradas más intensas de las personas que sabían quienes éramos nosotros.
Pero ahí no acaba todo, porque, como ustedes saben, soy una persona a la cual la suerte le sonríe, así que no me sorprendí al ver a la Sra. Anderson cenando junto a su marido en una mesa en el fondo.
Dos mesas más allá, había una pareja mayor, aunque no tanto, que nos miraban de reojo, aunque no de forma acusadora, sino más bien avergonzada, como si les hubiésemos pillado haciendo algo malo.
-¿Los conoces?- repregunté a Carlisle, inclinándome un poco sobre la mesa.
Él asintió.
-Si. Trabajan conmigo en el hospital.- se inclinó hacia mi como yo lo había hecho.- Ambos están casados.- me susurró como como si se tratara de un secreto.
Fruncí el ceño, aún sin entender.
-¿Y por qué parecen estar avergonzados entonces?- inquirí.
-Solo dije que estaban casados. Nunca dije que estaban casados entre ellos.- empezó.- Saben que yo sé sobre ellos, por eso están avergonzados-
Tardé un poco en asimilar sus palabras, y cuando lo hice mi boca se abrió por la sorpresa. Traté de hacer algún comentario, pero lo único que hice fue articular y balbucear como una tonta.
-¿Cómo lo sabes?- le pregunté finalmente cuando pude hablar.
-Bueno… Yo pude haber escuchado un par de conversaciones… Y haberlos encontrado en una situación comprometedora en un lugar al no prestar la suficiente atención para saber que ellos estaban allí...-
Bueno, ahora entendía porqué parecían avergonzados de que Carlisle les haya visto aquí.
-Cuéntame los detalles.- exigí.
Habíamos venido aquí antes, pero esta vez no fue Lily quien nos atendió, sino otra chica. No la había visto antes por aquí, así que asumí que era familia de ella al ver el alto parecido que tenían.
Medio esperé a que coqueteara con Carlisle, y me preparé para alejarla y burlarme de él después, pero ella no lo hizo. En vez de eso, se giró hacia mi, me sonrió y batió sus pestañas con exceso de rímel.
-Entonces, ¿Qué puedo hacer por ti?- dijo con una voz demasiado melosa.
Genial, lo ultimo que faltaba para completar mi noche.
Miré a Carlisle. Él miraba por la ventana y estaba haciendo un gran esfuerzo por contener la risa.
Apunto mi orden en su libreta, aparentemente desilusionada por mi falta de atención, y luego se giró a Carlisle de mala gana. Él pidió algo que probablemente yo terminaría comiendo y ella se fue.
Entonces él se empezó a reír.
-Cállate.- musité.
Sus carcajadas llamaron la atención de los demás hacia nosotros. Parecían sorprendidos. Probablemente nunca lo habían visto reírse antes.
Cuando nuestro pedido llegó, no fue la chica quien la trajo, sino un chico que compartía la misma mata de cabello negro y ojos azules.
Esperé a que intentara algún tipo de flirteo conmigo, pero al igual que la vez anterior, me equivoqué terriblemente.
A pesar de que dejó el plato frente a mi, inmediatamente me dio la espalda y fijó su atención en Carlisle.
Cuando el chico se marchó, fue mi turno para reír.
.
.
.
-Así que, ¿piensas regresar?-
Carlisle y yo estábamos en medio de una de las pocas conversaciones serias e importantes que teníamos. En este caso, de la Organización cazavampiros a la que pertenecía.
-No tengo otra opción. Si no regreso en los próximos tres meses, ellos vendrán aquí a buscarme. Y no puedo permitir que eso pase.
-Podemos marcharnos antes de que ellos lleguen. Tal vez piensen que estás muerta y se irán.
Negué con la cabeza.
-No funcionará. De alguna manera, ellos saben exactamente donde estamos, y si seguimos vivos. No pararan hasta encontrarme.-
-Entonces ¿Cuál es tu plan? Porque tienes uno, ¿verdad? No piensas quedarte con ellos.-
Carlisle tomó mi mano sobre la mesa, como si esperase me que fuera en ese momento.
-¡Por supuesto que no!-
No después de lo que D me había contado, sabiendo lo que querían hacerme. No después de haber conocido a Edward y los Cullen. No después de haber conocido la felicidad.
-Regresaré antes de que ellos vengan por mi, y luego renunciaré. Pero tendré que esperar un tiempo antes de hacerlo, o pueden empezar a sospechar.-
Seguro iban a sospechar de todas maneras, pero no se me ocurría algo mejor. Y también tenía mis dudas sobre si iban a dejarme marchar. Hasta ahora, nadie nunca lo había hecho, al menos, que yo sepa. Esperaba que, por tratarse de mi, aceptaran mi renuncia a la Organización.
Carlisle soltó mi mano, pero no se relajó.
Pude ver por el rabillo del ojo que la Sra. Anderson nos fulminaba con la mirada, mientras su esposo pagaba tranquilamente la cuenta. Vieja con la mente cochambrosa.
Bueno, que Carlisle y yo hayamos estado alimentando sus sospechas también ayudaba.
-Tienes que decírselo a Edward.-
Suspiré.
-Lo sé.-
No había manera de que pudiera desaparecerme varios meses sin que el se pregunte donde estoy y por qué me he ido. Ni siquiera Carlisle podría encubrirme tanto tiempo.
-Bella, él no va a odiarte.-
-Si lo hará.-
-No.-
-Si.-
-Si hablaras con él, si le contaras toda la verdad así como lo hiciste conmigo, estoy seguro de que entendería…
-Va a enojarse conmigo por no haberle dicho la verdad antes, en todo caso. -
A unos metros de nosotros, la Sra. Anderson se levantó de su mesa y caminó hacia la salida, no sin antes de dirigirme una mirada que decía claramente que yo era una perra. Me hubiese gustado besar a Carlisle de mentira para reírme de su reacción, pero había demasiada gente alrededor.
Carlisle dejó escapar un pequeño suspiro de derrota.
-Un mes. Quizás dos. Es todo el tiempo que tenemos si no quieres contarle a todos la verdad. Podemos decirles que vas a visitar a alguien de tu familia…-
De pronto, Carlisle se calló, y me di cuenta de por qué. La pareja a la que Carlisle conocía se nos acercó.
-Dr. Cullen.- dijo él, mirándonos a Carlisle y a mi.- Es bueno verlo fuera del hospital.-
-Igualmente, John. Anna.- la mujer apenas sonrió. Su cuerpo se mantenía tenso y parecía querer irse de aquí lo antes posible.- Estaba solo así que decidí cenar fuera, Bella tampoco tenía planes y se unió amablemente a mi. Pensamos que sería bueno charlar y conocernos un poco más.-
¿Conocernos más? No creía que eso fuera posible. El hombre sabía todo sobre mi, le he contado cosas más que ninguna otra persona, tanto que yo estaba frita si algún día decidía revelar todos mis secretos. En realidad, ahora que me pongo a pensar en ello, no se por qué lo he hecho. Dios, ni siquiera escribía diarios por el temor a que alguien pueda leerlos y enterarse de todo lo que escribí en él. Pero por alguna razón, confiaba en él, aunque apenas nos conozcamos de hace unos meses.
-Que bien.- murmuró incómodamente la mujer. Le lanzó una mirada penetrante a su compañero, incitándole a que se vayan ahora.
-¿Conocemos por fin entonces a la encantadora noviecita del so… de Edward?-
Iba a decir solitario. Bueno, al menos no dijo bicho raro.
Sonreí y modulé mi voz para que sonara mejor.
-Isabella Swan. Es un gusto conocerlos.-
Mis voz causó más efecto de lo pensado. Parecían un poco atontados.
Ok, no más voz especial para cazar vampiros.
Carraspeé y regresé a mi voz normal.
-Tengo entendido que trabajan en el hospital junto con Carlisle…-
-Ah, si, lo hacemos. Nos encontramos por casualidad aquí y decidimos cenar juntos.- la mujer explicó con rapidez.
El hombre parecía seguir embobado por mi voz, mirándome. Desvié la vista de él, incomoda.
-Que.. Agradable coincidencia, ¿no, Bella?- dijo Carlisle.
-Si.-
Claro, "coincidencia"
-Bueno, nosotros ya nos íbamos.- ella agregó apresuradamente. Le dio un ligero codazo a su acompañante y este recién pareció salir de su aturdimiento. Aun así, siguió mirándome de una manera que me ponía nerviosa.
No más voz sedosa para los humanos. No al menos que sea una emergencia.
-Disfruten de su velada.- dijo.
-Gracias.-
Carlisle y yo les sonreímos amablemente y ellos se fueron. Nuestras sonrisas decayeron en cuanto nos dieron la espalda y salieron por la puerta.
-Bueno, eso fue extraño.- comentó.
-¿Qué parte? ¿El hecho de que tuvieron el valor para acercarse a saludar, que nos hayamos encontrado cenando con otras personas que no son precisamente nuestras respectivas parejas, o que él se haya quedado hechizado momentáneamente por el sonido mi voz?-
Él se rió y yo volví a sonreír.
-Creo que todas ellas, pero la más extraña fue…-
Pero entonces Carlisle se vio interrumpido por una furiosa señora que entró al establecimiento directamente hacia la mesa de junto. Con lágrimas ahogadas, reclamaba a gritos por el amor compartido de su esposo a otra mujer que, sin inmutarse, ni por el escándalo, la indiscreción o la inmoralidad, contestó con completa frialdad:
-Querida, reclámale a tu marido. Te casaste con él, no conmigo. Él es el infiel, yo soy soltera, hago lo que quiero y con quien quiero. Así que ahórrate la vergüenza y soluciona tus problemas en casa- dijo resuelta.
La mujer solo atinó a gritarle un par de insultos más y se retiro desconcertada ante la inesperada respuesta.
Dios mío, ¿en que clase de cafetería nos hemos metido? Creí que Forks era un lugar tranquilo.
-… Esa.- terminó Carlisle, refiriéndose a la escena infidelidad que acabábamos de presenciar.
Sacudí la cabeza. Creí que eso solamente pasaban en las películas. Solo a mi me pueden pasar estas cosas en la vida real.
-Vámonos de aquí antes de que pase alguna otra cosa rara.- le dije.
Él asintió antes de llamar a la mesera por la cuenta.
.
.
.
-Dos meses.-
-Imposible. Necesito más tiempo-
Carlisle suspiró.
-¿Cuánto?-
Dudé un momento.
-Seis meses.-
-¡¿Seis meses?! ¡Es demasiado! ¿Cómo se supone que vamos a explicarlo?-
-No lo sé.- suspiré.
Pero es que no podía llegar y renunciar tan rápido, y menos cuando no les he llevado al vampiro. Sospecharían. Demasiado.
-Tienes que decírselo a Edward. Y a los demás. No hay manera de que podamos explicar tu desaparición por seis meses o más.-
-Pero…-
-Bella, ellos no te odiarán.-
-Que tú no lo hayas hecho y me hayas entendido no quiere decir que ellos también lo harán. Creerán que estoy mintiendo y planeo matarlos a todos- dije.
Retomamos el tema de mi problema N° 2 de mi lista de problemas desde que abandonamos la cafetería. Y Como ven, no habíamos llegado a una solución hasta ahora.
Carlisle detuvo el auto, y me di cuenta de que habíamos llegado a mi casa. Se giró para mirarme.
-Bella, si quisieras matarnos, ya lo hubieras hecho. Pudiste haber llevado a Edward a esa organización donde perteneces. Me hubieses matado a mi cuando descubrí lo que eras. Eso prueba que no quieres hacernos daño.-
-Lo sé, pero, ¿Qué tal si ellos piensan que todo esto es un truco para hacerlos confiar en mi? ¿Y, cuando menos se lo esperen, los mataré a todos?-
Iban a odiarme, eso era seguro. Sobre todo Tanya, y justo ahora cuando creo que empezaba a caerle bien. Probablemente ella iba a enloquecer, diciendo que tenía razón sobre mi. Lo cual era cierto, en parte. Aunque no me importaba mucho lo que ella opinara de mi.
Pero, incluso si ellos no me odiaran y me creyeran, probablemente no volverían a confiar en mi.
-¿Entonces, cual es tu plan? Porque a mi no se me ocurre nada.-
Suspiré. No tenía ninguno. Ninguno donde nosotros saliéramos heridos, claro está.
-A mi tampoco. Quizás… Quizás a D… Denisse si se le ocurra algo. Créeme, ella parece saberlo todo.-
Al menos, pensé, parece saber más que yo y los demás.
Carlisle asintió.
-Ah, si. Denisse. Sobre ella quería hablar-
Me tensé inmediatamente.
Rayos, no debí haberla nombrado.
-No es mi prima, si es lo que te preguntas.-
-Ya lo sé. Todos lo saben. Aunque Esme parece creerlo…-
Esme. La única en la familia que creía que D era realmente mi prima. A la inocente mujer le encantaba D, y por alguna extraña razón, a D también parecía agradarle. Lo digo porque la trata con amabilidad y le sonríe, lo que para D, es lo más parecido a la simpatía y cariño que puede tener hacia alguien, además de que es la persona con quien más habla después de mi.
Esme tampoco parecía ver ni sentir la energía oscura y peligrosa que ella siempre emanaba. Para ella, solo era una chica de veintitantos años, de extraños y hermosos ojos grises escarchados, que apenas a terminado la universidad y se ha mudado con su prima para cuidar de ella, y que comparte su misma fuerza y velocidad sobrenatural.
-¿Quién y que es? ¿También es una especie de cazavampiros como tú?- me preguntó Carlisle.
Suspiré. Carlisle seguro supuso que yo sabría sobre ella, lo que es lógico si vemos que se hace pasar por una prima mía y yo la dejo. Pero se equivocaba terriblemente, porque yo no sabía nada sobre D. La misteriosa y lúgubre D.
-Que yo sepa, no es ninguna cazavampiros.- le dije. Carlisle asintió y esperó a que le dijera más. No sabía nada más sobre ella, así que agregué- En realidad, no se nada de ella. No más de lo que ustedes saben.-
De hecho, yo por dentro me estaba haciendo las mismas preguntas. ¿Quién y que era D? Pero no había conseguido averiguar nada sobre ella, y menos de la boca de la misma D. Bueno, si no me contaba cosas sobre mi misma, menos lo haría sobre ella.
¿Qué era ella y como es que estaba relacionada conmigo? ¿Cómo salió de mi cabeza y tomó forma corpórea? ¿Por qué estaba conmigo y decía que quería protegerme? Lo que nos lleva a otra pregunta: ¿Protegerme de qué, exactamente?
D solía decirme que sabría las cosas cuando las tenía que saber, y ni un segundo antes. Pero yo ya me estaba impacientando, sobre todo con todas las cosas que me habían y me siguen pasando últimamente. Todo esto se trataba de mi, y por lo tanto tenía derecho a saber.
-¿Cómo se conocieron?-
La pregunta de Carlisle me saco de mis pensamientos e hizo que volviera a poner tensa. No había manera de que le respondiera con la verdad.
Si, veras… Denisse al principio era una seseante y aterciopelada voz que empezó a hablarme hace unos meses dentro de mi cabeza y me daba indicaciones, aunque en ese entonces me dijo que no tenía un nombre y que simplemente la llamara D. Las cosas en mi vida se pusieron más extrañas desde que ella apareció y…
…Y ya estoy divagando otra vez.
-Es… complicado.- dije al final, desviando la vista hacia mi casa al no poder mirarle a los ojos.
Pensé que Carlisle insistiría en que le responda con la verdad, pero en cambio bajó la voz y me preguntó:
-¿Confías en ella?-
Suspiré. ¿Confiaba en ella? Pensé en como me había aconsejado y dicho muchas cosas, y en que todas esas veces ella había acertado. Me había ayudado, en ocasiones sin que me diera cuenta. Sus decisiones y planes, aunque algo extraños y frustrantes ya que la gran mayoría de ellos lo hacía a mis espaldas, habían resultado bien. Si no fuera por ella, y su insistencia en que vaya a ese baile del instituto, seguramente no habría admitido y descubierto que estaba enamorada de Edward, y si no fuera por ella, él tampoco estaría vivo ahora. No se con qué intenciones lo hizo, ya que D parecía detestar a Edward, pero sea como sea, gracias a eso, nosotros estábamos juntos. Cuando hubo ese malentendido donde yo creía que Edward me estaba engañando con Tanya, ella me dijo que no era verdad, y aunque en ese momento no le creí, terminó siendo verdad.
Me di cuenta de que todo lo que hacía ella era por mi bien, y aunque me ocultara muchas cosas casi todo el tiempo, sabía que lo hacía una por una razón.
-Si, confío en ella.-
Y aunque ya se lo había dicho a ella una tarde, hoy me di cuenta de que realmente lo hacía.
Estaba segura de que aparte de mi y Esme, nadie más confiaba en ella.
Así que cuando Carlisle dijo:
-Bueno, yo también.- Me giré abruptamente para mirarle. Él debió ver mi expresión de sorpresa e incredulidad y agregó con rapidez.- Si, se lo que piensas, pero ella parece realmente interesada por tu bienestar. Aunque no estoy muy seguro si tiene el mismo aprecio por nosotros...-
-Claro que lo tiene. Ella se preocupa por todos- repliqué de inmediato, y Carlisle levantó las cejas.- Ok, quizás no tanto, pero si le agradan. Tú le agradas, y Esme. Tanya también, creo…- más bien a ella la sobrellevaba. Creo que no le caía mal, pero tampoco del todo bien.- Y Edward, bueno…-
-Ella simplemente lo adora.- completó Carlisle por mi.- Y a él no le es del todo indiferente. Él amor que desbordan el uno por el otro es impresionante. De verdad, si fuera tú, empezaría a preocuparme.-
Una sonrisa involuntaria apareció en mi rostro y él también sonrió.
-Si, es cierto que no se llevan muy bien, pero al menos no han peleado en serio.-
-Hasta ahora. Veamos que pasa próxima semana.-
-Oye, no seas pesimista. Tal vez, con el paso se los años…-
-O de los siglos…-
Le dirigí una mirada severa, aunque sonreí.
-Como sea. - continué.- Tal vez lleguen a ser amigos. Ya sabes lo que dicen, del odio al amor hay un solo paso…. No es que quiera que lleguen tan lejos, solo es un decir.-
La sola idea me resultaba tanto imposible como repulsiva, pero sobre todo, muy dolorosa.
No podía imaginarme a D interesada en Edward. De hecho, no podía imaginármela interesada en nadie. Y en serio dudaba que alguna vez lo estuviese.
-¿Crees que ella siga interesada en él?- le pregunté, mientras aplicaba a mis uñas una ligera capa de esmalte rosa claro.
Estábamos solas en mi habitación y hablábamos sobre mi nueva amiga Daniela, una chica que se había mudado recientemente a Forks con su madre luego que ella y su padre se separaba. La ultima vez que hablé con ella me dijo que le gustaba un chico. Su nombre era Mark Evans, creo, pero él había pasado de ella.
-Si, creo que si.- dijo ella sin levantar la vista de la complicada manicura que se estaba haciendo. Por un momento, yo también miré. Se había pintado las uñas de negro y luego había dibujado un complicado diseño con remolinos. - Él es bastante lindo. Aunque él no parece saber siquiera que ella existe-
Alcé la vista para mirarla, no dando crédito a mis oídos. Nunca antes le había oído decir que alguien le parecía lindo o guapo o algo por el estilo.
-¿Te gusta Mark?- le pregunté.
Ella alzó la vista inmediatamente para mirarme con el ceño fruncido.
-¿Estas loca? ¡Claro que no! Que diga que tiene buen aspecto no quiere decir que me gusta.- me dijo, antes de regresar su atención a sus uñas.
Asentí, aunque ella ya no me miraba. Podía entender perfectamente a lo que refería.
Aún así, el tema me había despertado al gusanillo de la curiosidad, y quería una respuesta a cierta pregunta.
-D, ¿alguna vez has estado… te ha gustado alguien?-
Iba a preguntarle si alguna vez se había enamorado, pero la idea me resultaba imposible y extraña, así que no lo hice.
D no levantó la vista hacia mi esta vez, pero me respondió.
-Mis… emociones y necesidades no son iguales a la de los humanos.- respondió simplemente.
No hice caso a su obvia evasión de pregunta ni a su voz cortante, y volví a preguntar.
-Pero, ¿te ha gustado alguien? No como amigos, me refiero. Lo que pregunto es que… uhm… Ya sabes…- mis voz fue perdiendo fuerza conforme hablaba hasta que al final se detuvo por completo.
Pensé que ella no me respondería, como tantas veces había hecho, así que me sorprendí cuando ella, sin dejar de dibujar en sus uñas, dijo:
-Creo que si.-
Su voz fue baja y sin ninguna emoción.
-¿Cuándo?-
-Hace unos doscientos o trescientos años, aproximadamente.-
La cantidad de años no me afecto. Yo calculaba que D tendría esa edad. Lo extraño sería que tuviera la edad que aparenta.
Sabía que no debía, pero decidí presionarla una vez más.
-¿Cómo se llamaba?-
Esta vez, tardó más en responder, y dejó de pintarse las uñas. Sus ojos había adquirido un aspecto melancólico, y por un segundo me pareció ver que una de las esquinas de sus labios temblaba en una media sonrisa.
Pero de pronto, sus ojos grises se endurecieron y juré que por un segundo vi un brillo rojizo en ellos.
-Bastian.- finalmente susurró. Para mi sorpresa, otra vez no mostró ninguna emoción en su voz.- Se llamaba Bastian.-
Me pregunté que había pasado con el tal Bastian y quien era. Debió haber sido ultra-mega-especial, si captó la atención de D.
-Si, supongo que tienes razón.- dijo Carlisle.
¿En qué? Fue lo primero que pensé, pero luego me di cuenta de que se refería a mi frase del odio al amor.
Cuando lo miré, vi que tenía la vista al frente y parecía inmerso en algún pensamiento o recuerdo. Parecía agradable, así que lo dejé seguir con ello. Una pequeña sonrisa fue apareciendo lentamente en su rostro. Finalmente, se giró hacia mi. Fingí no haberlo estado mirando.
-Bueno, ¿quieres entrar? Luego podemos ir a mi casa y esperar allí a los demás.-
Asentí y me desabroché el cinturón de seguridad.
-Si, tengo que dejar estas cosas.- dije, refiriéndome a la linterna que no había llegado a usar y mis dos frascos de pociones que había llevado.
Sonreí cuando él me abrió la puerta del auto.
Saqué mis llaves, abrí la puerta de mi casa y encendí las luces conforme avanzaba.
Subí directo a mi habitación y dejé la linterna en una encimera con varios pisos, y luego me volví hacia mi cómoda donde guardaba mis cosas de la Organización. Abrí el cajón con la pequeña llave y guardé los frascos en la simple caja de madera.
Por el rabillo del ojo me pareció ver una especie de sombra blanca en mi ventana y me volví inmediatamente para ver, pero no había nada. Me acerqué a la ventana y la abrí para mirar por ella. Nada.
¿Habrá sido un fantasma? ¿O tal vez esa aterradora sílfide del instituto? Temblé mentalmente.
Estuve un rato allí mirando por si acaso y veía algo, pero sea lo que sea que haya sido, si es que de verdad fue algo, no apareció otra vez así que volví a cerrar la ventana con un encogimiento de hombros y bajé a la sala de estar.
Si, lo sé, ha pasado muchísimo tiempo desde la ultima vez que subí un capitulo, y no saben lo apenada que me siento por ello. No saben cuanto lamento haber desaparecido de forma tan abrupta, pero lamentablemente las cosas en mi vida fuera de FanFiction no iban muy bien, y la verdad es que no me sentía con ánimos, ni tenía el tiempo para ponerme a maquinar los capítulos y escribirlos. Sobre todo escribirlos. No voy a decirles por qué, creo que soy la persona más cerrada del mundo y nunca me ha gustado contarle mis cosas a la gente, y esa es la razón precisamente por la cual no hago un libro de mi vida que, aunque no es muy larga, estoy segura que me haría millonaria escribiendo todas las cosas que me han pasado, y que a menos que me muera mañana, me van a seguir pasando.
Así que como no quiero que eso se repita, haré una cosa: Si por alguna razón, más adelante me vuelvo a ausentar, pásense por mi perfil que ahí dejaré una nota donde explique que me pasó o cuando voy a actualizar. Así nos ahorramos lo que ha pasado ahora y me siento más tranquila al no desaparecer por completo del mapa sin ninguna explicación.
Como ya dije en una ocasión, no pienso abandonar la historia. Así cambie cosas y la presente como mía, no un fanfic, sino mi historia, no la voy a abandonar. No soy de las personas que dejan algo a medias. Tal vez pueda dejarlas por un tiempo, pero siempre las termino.
Otra vez, vuelvo a agradecerles a la personas que me siguen leyendo a pesar de mi largo tiempo ausente. Creo que solo ha pasado un par de meses, pero para mi me han parecido años. Realmente extrañé ponerme frente a mi computadora o cuaderno (Si, a veces escribo a mano. Una vez recuerdo que escribí sobre una revista que era lo único que tenía a la mano) a escribir.
Y, bueno, pasaré a otros temas, unos más alegres. Como, por ejemplo, ¡que tengo una mascota! ^^ Es una gata hermosa, y le puse de nombre Princesa. Es de color blanco y negro y tiene ojos verdes. Tiene un poco más de un año y mi mamá y yo la adoptamos en diciembre. Es la gata más linda y adorable que he visto. Hablo en serio. Se ha ganado el corazón de mi abuela, y eso que ella prácticamente ODIA a los gatos.
Originalmente, esa gata la había "acogido" mis vecinos temporales (Digo eso porque me voy a mudar dentro de muy poco, otra vez) Y al principio pensábamos que era gato. Según ellos, un conocido les había encargado a su gata por unos días, pero ya no regresó, así que ellos también la abandonaron. Estuvo rondado por el techo y maullando, y mi mamá pensando que era otro gatito que tenían unos vecinos que se habían mudado hace poco y lo habían abandonado, lo empezó a llamar para que le diera algo de comer. Cuando bajó, nos dimos cuenta de que no era ese gato, pero igual le dimos agua y comida. Desde ahí no se movió de nuestra puerta, y creo que solo se iba por ahí al baño. Así estuvo por una semana.
Y aquí es donde viene la parte rara y sobrenatural.
Esa mañana, recuerdo que el gato entro a la casa, cosa rara ya que siempre se quedaba afuera, y mi mamá lo sacó. Yo lo miré por la ventana y me acuerdo que el gato me miró a los ojos y puso su pata en el vidrio, como si presintiera lo que le iba a pasar.
Si hubiese sido mi casa y viviera sola, le hubiera hecho entrar, pero no lo era, y ese entonces mi mamá no quería que entre.
Resulta que, los… desgraciados de mis vecinos que también lo habían abandonado (Pongo desgraciados por no poner otra cosa, porque que no quiero ni me gusta usar palabras groseras). Muy temprano en la mañana, vino el hombre como un desquiciado, y se llevó al gato en medio un horrible estruendo. No le tomé mucha importancia, porque dos veces anteriores también se había llevado al gato para sacarlo fuera y había vuelto a regresar a nuestra puerta por la tarde, así que me volví a dormir y mi mamá que fue normal al trabajo.
Escuché que la hija del loco de mi vecino estaba llorando, y él estaba gritando algo del gato, pero tampoco preste mucha atención.
A eso del medio día, escuché unos lejanos maullidos, y eso me tranquilizó porque pensé que el gato estaba bien y había regresado. No lo vi, por lo que pensé que tal vez estaba en el techo.
Cuando mi mamá regresó, al principio no hablamos del gato, pero después no se como llegamos al tema y yo le dije que seguro ya iba a regresar como siempre.
Y ahí fue cuando mi mamá me dijo que, a la hora que se había ido a trabajar, había visto al gato muerto bajo del puente cerca de la avenida. (Yo vivo por ahí) Cuando regresó ya no estaba, pero asumió que se lo había llevado el camión de la basura o alguien se había desecho de el.
No terminé a comer (Mi mamá llega temprano del trabajo, como a la hora del almuerzo) Y tuve que hacer un enorme esfuerzo por no echarme a llorar. Lo hice cuando me levanté de la mesa y estuve sola en el baño.
Mi mamá también estaba triste. Mi abuela que había venido de visita se puso a llorar. La otra vecina nos confirmó diciéndonos que también lo había visto.
Todos estábamos seguros que el …. Malnacido de mi vecino había matado a golpes al pobre gato y lo había botado justo por el camino donde sabía que íbamos a pasar mi mamá, y yo, sino hubiese estado de vacaciones en el colegio. Así que mi mamá agarró una bolsa negra y metió ahí los tazones donde le dábamos agua y comida al gato y la improvisada cama que le habíamos hecho. Salió a dejar la bolsa afuera y regresó.
Entonces empezaron los maullidos otra vez.
Yo estaba segura que la muerte del gato me había afectado más de lo esperado y ya me estaba chiflando. No dije nada y seguí leyendo mi libro.
Pero los maullidos se hacían más fuertes y cercanos.
Mi mamá también los escuchó y salió de lavandería, abrió la puerta… Y ahí estaba el gato.
Hasta ahora nos preguntamos que ha pasado, porque mi mamá lo vio, y la vecina también, que estaba muerto. Mi mamá y mi vecina lo habían visto y me lo habían descrito, pero yo no seré tan gráfica en contarles a ustedes en que circunstancias estaba.
Mi tío empezó a decir que el gato estaba endemoniado y no se que, pero creo que él no nos cree.
Prefiero pensar que aquel era otro gato idéntico a ella.
En fin, esa misma tarde, mi mamá y yo, con mucho trabajo porque no se dejaba, lo llevamos al veterinario. Y nos enteramos de dos cosas:
No era macho, era hembra.
Y la segunda, que estaba preñada y faltaba unas semanas para que de a luz. Con razón, yo cuando la veía gordita pensé que era por la comida que le dábamos, pero no xD
Les cuento que los gatitos ya nacieron, el 11 de enero. Una hembra y tres machos. Originalmente fueron cinco, pero uno murió :'( Nacieron en mi cuarto, que es donde la gata fue cuando iba a dar a luz. No quería estar en otro lado así que tuvimos que armar su nido ahí. Nadie durmió esa noche porque nacieron en la madrugada.
Todo el mundo dice que la gata nos tiene demasiada confianza porque desde que nacieron sus gatitos nos dejó acércanos a ellos, incluso a mi dejaba de niñera cuando ella se iba fuera, porque al principio no habíamos podido conseguir su caja de arena. En serio, se iba a buscarme donde me encontrar y hacía que le siguiera y no se iba hasta que me sentaba al lado de su cama con sus gatitos.
Todos son hermosos. Ahora ya van a cumplir un mes y son las cositas más adorables que he visto en mi vida. Y también son muy chistosos, sobre todo cuando caminan y juegan, y la gata también se une y empieza a jugar con ellos.
Los miro y me parece mentira que tenga gatos. Yo siempre he sido más una persona de perros, y los gatos nunca me han gustado mucho, hasta ahora, pero no se, creo que ella es diferente.
Y bueno, como en mi país son como las tres de la mañana y tengo que dormir (Es una suerte que esté de vacaciones) Pasemos a hablar del fic. Ya otro día les seguiré hablando de mi gata y otras cosas que quería contarles. Creo que me he ido demasiado del tema.
Como dije en la nota principal, espero que les haya gustado el capitulo. Creo que se dividirá en dos partes y subiré la siguiente el próximo sábado. Si no lo termino a tiempo u ocurre algo que me impida subirlo, estén seguros que habrá una nota en mi perfil que lo explique. Les prometo que no volveré a desaparecer otra vez.
Si quieren, pueden dejarme un comentario. Eso realmente me animaría y ayudaría en la inspiración ^^
Muchos besos.
~Xime~
