Cuando sus labios se unen por primera vez, de los ojos de Stan comienzan a llover lágrimas, caen todos esos años y todas esas vidas en las que no había logrado estar al lado de aquella persona.

Esto no pasa desapercibido por Kyle, que al igual que Stan, es un chico esta vez. Con un gesto de obvia preocupación, el de ojos verdes posa su mano en su mejor amigo.

–… ¿Stan? –Pregunta, tan confundido como mortificado con el pensamiento de a ver hecho algo que lastimara de alguna forma al chico.

–Kyyyle… –Responde el aludido, en un tono lastimoso y con sus ojos brillando de humedad, rodea al pelirrojo por el cuello con ambos brazos y lo besa con todo lo que tiene. Beso que Kyle al instante corresponde y que dura poco, al menos eso le parece a Kyle, pero más se lo parece a Stan, después de todo unos minutos comparados con vidas enteras no es nada.

–¡Te amo! –Exclama el pelinegro cuando por fin deja libres los labios del otro– Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo…

Kyle se sonroja y se pone tan nervioso que no puede hacer más que reír y darle unas palmaditas en la espalda a Stan, pidiéndole una vez más que deje de llorar.


A veces a Stan le parecía ridículo el amor que sentía por Kyle, algo tan inmenso parecía solo de ficción y eso lo meditaba particularmente en aquellas vidas en las que la situación no había sido favorable para él y más sin embargo lograba ser feliz teniendo al judío en su vida.

Este era un ejemplo perfecto, era de las pocas ocasiones en las que Stanley no era ni un chico ni una chica, ni siquiera era humano, ahora le había tocado caminar en cuatro patas y era incapaz de pronunciar palabra alguna.

Más sin embargo, su esponjosa cola de cachorro se movía de un lado a otro cuando el niño de risos pelirrojos se acercaba a él y lo cogía en brazos.

Sabía de sobra que la vida no le iba a alcanzar para ver crecer a Kyle, pero intentaría vivir todo lo posible para darle nada más que felicidad al joven, ser un perro después de todo no era tan malo si significaba que podía pasar las tardes a los pies del amor de su vida.


Stan jamás había comprendido a las otras chicas de su edad que se desvivían por artistas o cantantes que ni siquiera sabían de su existencia, bueno, la verdad no lo había comprendido hasta ese momento, porque cuando encendió la televisión y unos ojos verdes aparecieron en la pantalla, no pudo hacer más que abrir su boca en asombro y llevarse una mano al pecho, como si tratara de apretar su corazón que había comenzado a latir con fuerza.

El chico que cantaba en su televisión, acompañado de una guitarra, era lo más hermoso que había visto y le resultaba dolorosamente familiar. ¡Era él!

Le pareció increíble y casi hasta gracioso, en ninguna de las vidas por las que había pasado antes había ocurrido algo parecido.

Se quedó atónita por unos cuantos minutos más, procesando la información, su Kyle era famoso… Podría descubrir su ubicación con tan solo indagar por un momento en la red usando su actual nombre, claro, el que aparecía en pantalla en ese mismo instante. No desperdició más tiempo y en unas cuantas horas ya sabía todo sobre su querido cantante, incluso se había topado con comentarios de fans que le habían provocado una extraña sensación en el estómago, ¿celos? Quizá, pero se había deshecho rápidamente de la idea.

Para su mala suerte, Kyle provenía de una ciudad totalmente alejada de South Park, Colorado. Y no se veían fechas de conciertos que estuvieran si quiera cerca de su humilde pueblo, aunque claro, la distancia no detendría a Stanley, a ver encontrado de una forma tan pública al chico era una oportunidad que no desperdiciaría.

Y así fue como Stan pasó a ser una fan, sus ojos se llenaban de amor e ilusión cada vez que se topaba con el pelirrojo en la televisión o incluso cuando lo escuchaba en la radio, la felicidad adornaba su rostro, cosa que no pasó desapercibida por los padres de la chica, para su suerte y fue así como terminó asistiendo, por fin, a un concierto de su "ídolo".

Stan tenía un boleto para primera fila, mucho menos pases a camerinos, que más quisiera ella. Pero vería al chico en persona y ese simple pensamiento hacía que su estómago diera vuelcos, quería vomitar, pero debía resistir.

Así fue como rodeada de todas esas chicas que también presumían amar al centro de atención de esa noche, las luces se apagaron, y el amor de su vida apareció a metros de ella. De sus ojos corrieron lágrimas a la par que Kyle comenzaba el espectáculo.

Stan gritó y saltó con todas sus fuerzas, con la esperanza de que el artista la volteara a ver y sus ojos se encontraran y con suerte Kyle se diera cuenta de que estaba frente a la persona que había amado en múltiples ocasiones.

Pero como las cosas nunca salen como se planean, por más que la chica gritó en llanto, no logró captar la atención del chico que era llamado por otras miles de personas. Fue el único concierto al que Stan logró asistir, no pudo hacer que se fijara en ella y desanimada volvió a su hogar, sin planearlo así, pasó el resto de su vida esperando volver a tener la oportunidad de reunirse con la persona que más amaba en el mundo, dicha oportunidad nunca llegó aunque Stan siguió paciente, refugiándose entre fotos y canciones.


Stan está sentado en la cafetería de su escuela, no está en la primaria, mucho menos en secundaria, está sentado en la cafetería de la universidad y está bebiendo una malteada que le sabe a una vida pasada, sin embargo no le menciona nada a los chicos que están sentados con él, son sus amigos, sí, pero no siente la necesidad de hacerlo.

Desvía su atención de su bebida cuando dos compañeros más hacen presencia en la mesa, uno de ellos es su mejor amiga, una chica de ojos verdes a la que quiere con todo su corazón y el otro es un chico robusto que, a pesar de ser siempre un irrespetuoso y presumir de tener un amplio conocimiento en groserías, era considerado por todos los chicos sentados en la mesa como un amigo.

–¡Atención, idiotas! –Llama el recién llegado– Tenemos una noticia que darles.

Todos los aludidos voltean a mirarlos expectantes, los ojos de Stan se enfocan entonces en las manos entrelazadas de Kyle y Cartman y casi automáticamente su estómago da un vuelco.

Es así como Cartman anuncia su futura boda con una sonrisa casi socarrona plasmada en el rostro, tomado de la mano de una sonrojada Kyle que no puede evitar mirar a un destrozado Stan que le sonríe.

Todos los felicitan, Stan también lo hace, aunque hay algo raro en él y a pesar de que Kyle llega a sospecharlo, jamás nota que era su corazón roto.


A Stan le encantaba cuando llegaba a vivir una vida entera a lado de Kyle, pero si por "una vida entera" lo que obtendría eran escasos 18 años, entonces prefería morir en soledad ansioso por una nueva oportunidad.

Para si disgusto, esta vez no era él quien moría, no era él quien estaba posado en una cama atado por tubos que le mantenían respirando, no era él pero le hubiera gustado serlo.

–… Stan –La débil y cansada voz del chico le llama y Stan responde de inmediato con una mirada, atento a cualquier cosa que quisiera decirle.

Una vez más ambos son chicos y una vez más Kyle es pelirrojo al igual que Stan tiene el cabello negro, por alguna razón, cuando las cosas se dan de ese modo, Stan no puede evitar sentir cierta nostalgia y es lo que hay en su mente cuando se inclina más cerca de la camilla de su amigo.

–Dime, Kyle –Responde lo más suave que puede, con ojos llenos de tristeza, esperando paciente a que el otro volviera a hablar.

–¿Qué crees que pasa cuando mueres? –Pregunta en el mismo tono bajito con el que había comenzado a hablar, provocando sorpresa en el rostro del chico, en todo ese tiempo, Kyle jamás había preguntado algo parecido y ciertamente no estaba seguro de que responder, le gustaría a ver tenido más tiempo para pensar en una buena respuesta, incluso consideró contarle todo por lo que había pasado ¿Tendría Kyle algún recuerdo de él también?

–Yo… –Stan no puede evitar ponerse nervioso bajo la mirada expectante de su amigo, contarle la verdad, contarle que probablemente volvería a nacer ¿Sería lo correcto? ¿Haría sentir mejor a Kyle? Sospechaba que no era ningún consuelo enterarse de que dejabas todo atrás para comenzar de nuevo, olvidarte de todo lo que alguna vez quisiste era la peor parte para Stan, por suerte… o quizá por falta de esta, él no tenía que lidiar con recuerdos olvidados.

–¿Tú…? –Pregunta un ansioso Kyle, sacando al chico de sus pensamientos.

–Kyle… Yo creo que… Cuando mueres, recibes otra oportunidad, te olvidas de todo lo que conociste en esta vida y vuelves al mundo como alguien más –Responde por fin y se alarma tan pronto la mirada de Kyle muestra preocupación.

–¡Pero yo no quiero olvidar todo! ¡Eres mi mejor amigo, no me quiero olvidar de ti!–Exclama Kyle, su voz se eleva tanto que casi es parecida al tono que tenía cuando estaba sano– No me quiero morir…

El corazón de Stan se hunde y sus manos de inmediato buscan la del enfermo, que se siente demasiado frágil bajo su piel.

–Kyle, no te vas a morir, eres mi mejor amigo, no vas a morir antes que yo –Insiste como si fuera a volverse verdad si lo repitiera lo suficiente– E incluso cuando pase, no hay de que preocuparse porque te buscaría, no importa si ya no usas tu sombrero verde o si ni siquiera eres un chico… ¡Me pasaría toda mi vida buscándote de ser necesario!

Stan alza la voz y para ese punto las lágrimas ya se derraman de los ojos azules, los verdes lo miran atónito, sabe que Stan le dijo mentiras en un principio, respecto a no morir, pero sabe que las últimas palabras fueron totalmente sinceras, su rostro toma color después de tanto tiempo, se enciende y la máquina a su lado, que anunciaba cada vez que el corazón de Kyle latía, comienza a acelerar y marcar aquel "pitido" más rápido de lo común.

–Te amo –Termina por decir Stan, pasando la mirada de la máquina al chico que estaba conectado a ella–; Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo…

Y lo repite infinidad de veces, tantas veces que pone nervioso a Kyle, quien se ríe despacio y apretando ligeramente su mano le dice que no llore, pero Stan no puede dejar de llorar, porque tan pronto como esto pasa, la máquina, que hacía unos momentos emitía sonidos entrecortados, comenzó a mostrar en pantalla una sola línea recta, el agarre de la mano de Kyle perdió firmeza y las lágrimas de Stan no se detuvieron por nada mientras seguía repitiendo las mismas palabras una y otra vez.