Todo a GRRM.


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Ser Oswell.

La espada brilla al sol cuando le pasa la piedra para afilarla, Ser Oswell lo hace casi automáticamente, teniendo ya muchos años de práctica. «Y lo seguiré haciendo más seguido a este paso», piensa amargo mientras mira la Torre de la Alegría. El príncipe Rhaegar debía de tener un humor tan oscuro como el suyo o simplemente ser ingenuo como para ponerle aquel nombre a la edificación.

Vuelve a pasar la piedra por la superficie de la espada, dejando que las chispas cayesen a otro lado, lejos de su capa blanca. El blanco nunca le pegó bien y el deber nunca fue una de sus amantes predilectas (muy tiesa, muy fría), sin embargo, el ser uno de los vástagos de una rama menor de los Whent no le daban muchas oportunidades en la vida. Sí, se pudo haber convertido en maestre o septón o unido a la Guardia de la Noche, ¿pero dónde estaba la diversión en eso? No era pío ni tenía la perseverancia para forjar una cadena y la perspectiva de congelarse en el norte no le hacía ninguna gracia.

«Cambié una capa negra por una blanca ―pensó con una sonrisa mordaz―, mi padre seguro habría estado orgulloso»

Mira el casco con las alas negras y lo patea hacia otro lado, fuera de su vista. ¿De qué servía afilar la espada si solo tenían que mantener a la chica loba dentro de la Torre? Quería un oponente, una buena pelea que lo mantuviese entretenido, pero sus acompañantes, Ser Arthur y el Lord Comandante, se mantenían ocupados pensando en su príncipe Rhaegar o en sus familias.

«Pero si matara a la chica… ―el pensamiento le hace agua a la boca, no el hecho de matar a la chica en sí, sino lo que ocurriría: Rhaegar despertaría de su ensoñación ridícula y la guerra terminaría en menos de un abrir y cerrar de ojos― Seguro que mis Hermanos me apoyarían». Mira hacia donde está Ser Arthur y lo ve mirando hacia la Torre, hacia la chica. Ser Oswell rechina los dientes y desiste de su plan.