Jack: ... ... ... ... ... No me siento bien, si sigo frente a la pantalla la vomitaré, adiós.
Alisson:
jajajaja, eso te pasa por comer nieve y tomar cosas heladas, ahora moriras de un resfriado, pasa que mi hermano esta muy enfermo, les juro que jamas habia visto que alguien vomitara morado, eso debe ser grave, weño aqui esta el capitulo, gracias a todos por su apoyo, sus opiniones son bienvenida, que esten bien y lo pasen de lo mejor en esta casi casi casi... casi primavera, creo que me estoy adelantando XP, disfruten del capitulo, nos vemos en la secuela mas esperaba de todas, "aprendiendo a ser padres", o fue muy obvio el mensaje o ustedes tiene exceso de materia gris jajaja, bueno, disfruten...
3.- Un golpe de suerte que lo cambia todo.
—Po… ven acá abajo, necesito tu ayuda para cortar los fideos, no seas holgazán—
Un hombre ya muy mayor, vestido con atuendos orientales, se encontraba parado frente a una enorme caldera que parecía asimilarle en altura, en un pequeño escalón de madera, daba un salto y lanzaba cortes de zanahorias, y demás vegetales, terminó de llenar el recipiente con agua hirviendo y después camino hasta llegar a un asiento, donde cómodamente, se sentó a leer el diario con unos lentes que podrían abarcar la mitad de su rostro, sus delicadas pero bien remarcadas líneas faciales indicaban que era un hombre de edad muy avanzada, mojaba sus dedos con saliva y daba vuelta a la próxima hoja del periódico con una tranquilidad inquietante.
—¡Po!, ¡Te dije que vengas abajo! —. El hombre parecía molesto, no solo porque aquel al que respondía por el nombre de Po hiciera caso omiso a su petición, sino también por qué esta vez no tuvo muy buena suerte ya que no encontró la sección gourmet, de dónde sacaba nuevas ideas para sus platillos, quien diría que un hombre con experiencia reconocible obtuviera ideas de una simple lista gourmet de un diario ordinario.
—¡¿Po?! —. Exclamó una vez más, aún más fastidiado que antes, ya que tampoco venía la sección que hacía referencia a su novela favorita, "pasión de un amor imposible". Otro dato importante que pasaría por alto entre la comunidad de sus clientes, alguien tan modesto leyendo novelas baratas, pero así era Ping, siempre tan tacaño.
—¡Ya voy Pa! ¡AAAGH!, ¡¿Dónde diablos metiste mis hojas de cálculo?!— Grito aquel ser, muy enfurecido a juzgar por su tono de voz serio y neutral.
—¡Exacto!, son "tus hojas", no "mis hojas", deja de holgazanear y ven a desayunar, que se te pasará el colectivo de la escuela y llegarás tarde… por milésima vez—.
Por las escaleras bajo un joven adolecente bufando, casi al grado de echar humo por sus fosas nasales, el chico era de tez blanca, un poco robusto y de gran estatura, de cabello y cejas blancas, y esos ojos del color de las hojas de los árboles que tanto lo caracterizaban. Con el rostro furioso paso por un lado de aquel hombre de rasgos orientales quien sonreía con malicia, como si un niño acabara de cometer una travesura a la perfección, tomó un cuchillo enorme y empezó a cortar los fideos, seguido de lanzarlos a la caldera.
—Listo, ahora si no te importa, quisiera dormir hasta mi próxima vida—. Dijo el chico sentándose del lado contrario de la mesa donde se encontraba aquel que parecía ser su padre, dejó caer su rostro en ella.
—Vamos, esto no es tan malo hijo, aún nos tenemos a nosotros, eso es lo que importa—. Po levantó el rostro de la mesa y lo miró con una ceja alzada.
—Claro papá… si haber perdido tu restaurant en China en un juego de apuestas y después ser perseguido a muerte por todo el país por los mismos asesinos a los que llamabas "cobradores" haciéndonos terminar aquí, prácticamente al otro lado del mundo, en un simple departamento de dos habitaciones, siendo sostenidos únicamente por un carrito para vender fideos, entonces sí, ¡esto está perfectamente bien!, ¡es más, no veo por qué no expresarle mi felicidad al idiota que te estafó al decirte que este "lugar" era perfecto y cómodo, el muy infeliz debe creer que vivir bajo 50 grados de calor sin aire acondicionado es cómodo!... ¡Yyy!... ¡Y Ya!... ¡carajo! —. Golpeó la mesa con sus antebrazos mientras recobraba la calma rápidamente, aquel hombre solo sonrió con ternura y suspiró de manera soñadora.
—Ya hijo, tranquilo, deja el sarcasmo y date un respiro, las cosas pasaron y ya no hay vuelta atrás, la vida es muy corta como para quejarse por detalles tan pequeños como ese—. Se reacomodó los lentes y volvió a clavar su mirada en el periódico leyendo con atención.
—Si Pa, igualmente, el tiempo no me alcanza para quejarme de porqué el tiempo no me alcanza para quejarme—. El hombre negó la cabeza con las cejas alzadas sin prestarle mucha atención, Po se levantó y se sirvió un plato de fideos. —Mmm…. Lo único bueno de mi vida son tú y tus fideos papa, por cierto, ponerles Ping a tus fideos fue buena idea, después de todo, ese es tu nombre—.Se sentó a comer tranquilamente
—Ya lo sé hijo, pronto verás que mis fideos nos salvaran, además, tu ya conoces mis técnicas—.
—Sigo esperando a que me digas el ingrediente secreto—. Miró a Ping de manera discreta, sonriendo, ya que sabía que no obtendría el secreto, por más que lo deseara.
—Lo sabrás, cuando estés listo, y cuando dejes de andar por la casa en bóxers y camisa jaja—. Miró con ojos penetrantes a Po haciéndole darse cuenta de que solo llevaba puesta la ropa interior.
—¡Oh lo siento Papá, no volverá a pasar! —. Dijo con un leve sonrojo mientras terminaba de comer su sopa a una velocidad impresionante.
—Po.. —El chico levantó la mirada con una ceja alzada y con la boca llena de fideos impidiéndole hablar.
—Deberías de dejar el ejercicio por un tiempo, yo creo que ya es suficiente resultado, ¿No lo crees? —. Miro al chico de pies a cabeza.
—Lo pensaré Pa, ahora me tengo que bañar, me quedan 30 minutos antes de que pase el colectivo—. Dicho esto, salió a toda prisa a su cuarto, aún con la boca llena de comida, dejando al hombre con una sonrisa, que pronto se esfumó siendo remplazada por un gesto triste y amargo.
De su bolsa sacó un pequeño papel estrujado y lo abrió releyendo la noticia que lo había alarmado un día anterior.
*No te puedes esconder Ping, te lo dije, te advertí que te encontraríamos, no fue muy difícil para nosotros el hacer que tus amigos te delataran, algunos fueron buenos… murieron con el secreto, pero otros, fueron astutos… te vendieron por unos cuantos pesos, que amigos tienes jaja, nuestro negocio no ha quedado saldado estúpido, nos debes gran parte de la apuesta, tu negocio no basta para pagar lo que nos debes, ahora, atente a los consecuencias, tu y ese hijo bastardo que no es de tu sangre, morirán muy pronto, no puedes escapar de la policía, nadie puede, y ahora nadie te creerá cuando digas que un oficial quiso matarte jaja, cuida tu espalda idiota, estaremos ahí antes de que lo imagines.*
Ping estrujó aquel papel y lo lanzó a los fogones siendo este consumido por las llamas en un santiamén, se levantó del banco y una lágrima resbaló por su mejilla, de pronto, Po bajó de nuevo, con un Jeans azul y una camisa negra, en su espalda llevaba colocada una mochila donde llevaba los útiles escolares, se acerco a Ping y lo abrazó para despedirse.
—Adiós papa, te veo a la tarde—. Ping solo sonrió asintiendo para después soltar al chico, observó cómo salía caminando por la calle tranquilamente, mientras leía una pequeña libreta, suspiro cansinamente y volvió a sentarse en la silla cerró sus ojos tratando de recobrar la calma.
—Nada de eso es verdad, nada de eso pasará… espero que no—.
Po caminaba tranquilamente por la calle, mirando a su alrededor, muy distraído con las personan y lugares que aunque ya conocía de memoria, todos los días atraían su atención, de pronto, entro en una zona que no era muy de su agrado, ya que constantemente rondaban criminales y pandilleros por ese lugar, y al parecer, hoy no sería un día libre de problemas. Mientras caminaba, escucho un pequeño grito que fue ahogado, como si alguien hubiera tapado la boca de una mujer para que esta no escandalizara aun más, el chico peli blanco siguió caminando de manera discreta, detrás de la muralla, justo en el callejón que formaba por detrás de una tienda de conveniencia, pudo observar que una mujer joven estaba siendo asaltada por 3 criminales, los cuales, llevaban navajas en las manos, mientras uno sostenía a la fémina por el cuello amenazando con enterrar el frío metal en su yugular.
—Maldición… llegaré tarde a la escuela… de nuevo —. Po caminó hasta quedar a unos metros de distancia donde se encontraban los ladrones y la chica. —Hola amigos, ¿Bonito día para asaltar cierto?. —Se colocó la mano debajo de la barbilla mientras miraba al cielo con un gesto burlón.
El pandillero se giró lentamente perdiendo un poco de concentración en la chica a la que amenazaba con su navaja, los otros dos hicieron lo mismo, al darse cuenta de quien era el que estaba a sus espaldas, ahogaron un gruñido frunciendo el ceño, tratando de intimidarlo con su mirada asesina, sin embargo, el chico seguía parado ahí mirando al cielo con una sonrisa.
—¡Tu de nuevo infeliz!, ¡qué bueno que te apareces por aquí!... nos ahorras el trabajo de ir a tu casa —. Un sujeto que estaba parado frente al otro que sostenía a la chica, se le acercó a pasos lentos mientras apuñaba con fuerza la navaja.
—Hola hijo de puta —.
—Hola Deivid, tenías tiempo sin hacer acto de presencia por aquí, pensé que ya habías decidido quedarte a vivir en la cárcel… pero parece que ni los policías te quieren por allá—. Bajó lentamente su mirada hasta quedar en dirección del pandillero.
—¡Cállate! —. Le lanzó un ataque con la navaja, al ver que la punta estaba cerca de la playera blanca del chico, sonrió. Pensó que ya había logrado reducir al peliblanco en el primer intento.
De pronto, sintió un dolor punzante a la mitad del antebrazo, movió sus ojos en esa dirección y observo que el chico lo tenía sostenido mientras le presionaba un nervio que dejaba inhábil todo su brazo y que a la vez, le provocaba mucho dolor, trato de librarse lanzándole un puñetazo con la otra mano, pero Po agachó su cabeza y con su mano desocupada le implantó un gancho en la zona toraxica haciéndole perder el aliento de golpe, después lanzó dos golpes más en sus costillas provocando que el pandillero cayera de rodillas y perdiera sus fuerzas, por último golpeó su garganta con la orilla de su mano noqueándolo al instante, los otros dos fueron tras el al momento, olvidando por completo a la chica, la cual se encontraba bien pegada a la pared sin moverse por el susto.
—Vamos chicos, no quiero que se lastimen intentándolo, sean buenos y váyanse si problemas —.Po retrocedió dos pasos dándoles espacio para salir del callejón, pero estos no obedecieron, solo corrieron hacia él con la navaja apuntándole, el chico cambió su gesto tranquilo a uno serio. —No acepto que lloren —. Se irguió un poco apuñando sus manos, mientras los dos pandilleros se le acercaban de manera veloz.
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La chica se aún se encontraba temblando, pronto se acercó Po, en la camisa tenía dos desgarres perfectamente hechos con la navaja, y en la comisura de sus labios llevaba un poco de sangre por lo partido que los tenía, en la ceja tenía otro leve sangrado, pero aún así, el peliblanco se veía sonriente. Se acercó a la chica con una sonrisa cálida y le toco el hombro, haciendo que ella brincara de golpe.
—Oye, no quiero hacerte daño, a menos que te moleste la sangre, prometo no hacerte daño jeje —. La chica alzó su vista y observó el estado de Po, agitó su cabeza hacia los lados y sonrió sintiéndose más segura.
—Hola… ¿Cuál es tu nombre? —.Preguntó con voz suave.
—Hasley —. Respondió aún insegura.
—Bien Hasley, mi nombre es Po, ¿Nos largamos de aquí? —.Hasley asintió riendo por la actitud bromista del chico.
—¿Estarás bien? —. Preguntó viendo la camisa y los labios de Po.
—Que… ¿Esto?... ah sí, un poco de agua y una camisa nueva y listo, no pasa nada —. Contestó restándole importancia.
Cuando se acercaron a la salida del callejón, Hasley observo que los tres sujetos que momentos antes la amenazaban de muerte, ahora estaban moribundos en el suelo, con los ojos morados y demás marcas de golpes en el resto del cuerpo.
—A..ayu..da —. Dijo el único que quedaba consciente mirando a todos los lados.
—¡Silencio! —.Po le dio una patada que lo noqueó al instante, después devolvió la atención a la chica y volvió a sonreír como si nada hubiera pasado, mientras que ella, solo estaba con cara de "increíble".
—Bueno chica, ¿Puedes seguir tu sola? Ó ¿necesitas compañía? —.
—A decir verdad, me encaminaba a la escuela, ya llevo un buen retraso, pero eso no importa, probablemente estaría muerta en este momento, de no haber sido por ti, gracias Po—. Se acercó y le dio un beso en la mejilla y tomó un camino opuesto al que llevaba el peliblanco, dejando a este parado en su lugar, con una sonrisa.
—Mierda… si sigo perdiendo el tiempo no llegaré a clases… ¡maldición! — Apretó sus puños y empezó a correr a toda velocidad a su escuela, de lo que no se dio cuenta es de que del otro lado de la calle, había un auto de 4 puertas con los vidrios polarizados, en el cual, se encontraban 3 hombres sin el rostro definido, observando al joven peliblanco desaparecer en una avenida, después siguieron observando a los 3 delincuentes armados que con mucha dificultad, logró derribarlos es solo.
—Hmm… este chico, parece que es al que estamos buscando. —Dijo el hombre al volante. Giró su rostro al otro lado para ver a sus dos acompañantes.
—Yo no podría estar más de acuerdo, lo hemos estado observando durante un año, y este niño es increíble, aún desconociendo muchas habilidades, ha logrado enfrentarse a peligros que muchos de nuestros hombres no podría lidiar solos como él lo hace. —El copiloto se rascó la barbilla mientras cogía su capuchino, para después, sorber un trago.
—Si si si… mucha altanería, aún no me convence del todo, necesito tener la mejor precisión posible en este niño. — Los dos hombres del frente voltearon a mirar al que iba en los asientos de atrás.
—Créeme, esto es sólo el comienzo, acabas de ver una pequeña muestra de lo que este niño puede hacer. —
—Entonces ¡No me hagas perder más el tiempo!, ¡Llévame de vuelta a la oficina, lo seguiremos investigando después. —
El sedán negro arrancó a toda prisa tomando la dirección opuesta a la que había tomado el chico.
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Una semana después.
Eran las 8:40 am, el juicio estaba por comenzar, todos se encontraban presentes en el tribunal de la suprema orden judicial, era un lugar elegante, las largas bancas de madera y la pequeña entrada de roble a donde se hacía el juicio, el jurado estaba listo para empezar, pronto el juez, hizo acto de presencia, un hombre de mirada pesada, con un gesto molesto, tomo haciendo en su lugar, tomó su martillo de madera y dio un golpe en la mesa, haciendo que todos los presentes se levantaran, incluso los invitados.
—señores… nuestro siguiente caso, un hombre acusado de la violación de una menor, que pasen ambos con sus respectivos abogados. —Dio otro golpe y pasaron los llamados.
Primero pasó el abogado junto al acusado, este era un hombre que aparentaba una edad mayor a la de 40 años, tenía ambas esposas en sus muñecas evitándole moverse libremente, todos los invitados notaron la mirada siniestra y desagradable que el hombre poseía, incluso miró a una miembro del jurado con cierta perversión, haciendo que la fémina se pusiera un poco nerviosa.
Después, entró la victima acompañada de su abogado, una chica de al menos 17 años de edad, de cabellos rubios y ojos celestes, de tez blanca y labios color cereza, su rostro cansado y las bolsas debajo de sus ojos aún resecos demostraron que hacía poco que no lloraba, esta temblaba mientras el abogado la llevaba abrazada con un abrigo poniéndose del lado del acusado, para que este no la intimara con su mirada, los invitados, los testigos, y familia de la victima sentían una
—¡Empecemos el caso!... — Exclamó el juez dando un golpe en su mesa.
Una hora después.
—Lo siento, pero por falta de pruebas… se le declara al acusado, inocente —El juez dio un golpe en su escritorio cerrando el caso.
—¡No puede ser posible! — Gritaron los invitados y la familia en protesta por aquella injusticia, el juez y los miembros del jurado, se retiraron del tribunal, con la mirada baja sintiendo esa impotencia dentro de ellos.
La chica rompió en llanto corriendo a abrazar a su madre y a su padre, mientras estos dos la consolaban y lloraban junto a ella, mientras que el acusado, era liberado por un oficial de policía y al quedar libre, empezó a reírse a carcajadas burlándose de la familia y de la víctima, salió silbando de la sala mientras le daba una última mirada perversa a la chica de cabellos dorados, haciendo que esta llorara aún más fuerte. Algunos invitados al caso ya habían salido del lugar indignados por lo ocurrido, pero sólo quedaban 4 que aún no se levantaban de sus lugares. Del lado izquierdo 3 hombres que vestían trajes elegantes con gafas oscuras, del lado derecho, un chico peliblanco que parecía tener la misma edad que la víctima, vestía un pantalón de mezclilla con zapatos cafés, llevaba puesto una camisa blanca y encima de ella un saco del mismo color que sus zapatos, unas gafas de sol oscuras ocultaban sus ojos. Este se levantó dejando el periódico en su lugar, caminó hasta la víctima y su familia.
—Hola. —Dijo con voz suave.
La chica y sus padres se giraron a mirarlo con un gesto confuso, aún en un todo sollozante, la madre respondió. —Hola… ¿Necesitas algo hijo? —Preguntó con suavidad.
El chico no dijo nada, tomó la mano de la mujer y con la otra le dio una suave palmadita.
—He venido para decirles que, ese sujeto no se saldrá con la suya, yo veo la verdad en tus ojos —Volteó a mirar a la chica —Se lo que te hizo ese hombre, puedo verlo en ellos, te prometo que, pronto verás que la justicia terminará ganando. —Dicho esto, el chico peliblanco partió del tribunal, dejando a los padres y a la chica, un poco confusos.
Un par de minutos después, los 3 hombres que se encontraban sentados al otro lado de las bancas, también salieron del lugar.
#######
—Jajajaja, ¡miren quien volvió a casa!. — El mismo hombre del tribunal donde se le acusaba, entró en una zona de departamentos, donde se encontraban algunos hombres iguales de apariencia a él, otros tenían aretes o tatuajes por todo su cuerpo.
—Es bueno verte de vuelta… necesitamos a nuestro raptor experto para el trabajo, no hay tiempo para festejar, un cliente quiere 4 chicas y dentro de un mes vendrá por ellas, debes conseguirlas lo antes posible. —
—¿Y cuanto las tenga puedo?... —
—No… él las quiere vírgenes, no podrás hacer tus porquerías con ellas —Respondió un hombre que se encontraba en la entrada de un departamento, con una escopeta en las manos y un cigarrillo en su boca, tenía un tatuaje de cruz en su hombro derecho.
—Ni hablar… bueno, ¿Ya las tienen localizadas?. — El hombre del tatuaje asintió con una sonrisa desagradable.
Todos detuvieron sus actividades al ver que un joven peliblanco con una vestimenta presentable, los presentes se miraron confusos, sólo eran 17 hombres los que podían entrar y trabajar en ese lugar, y ese chico, no era uno de ellos, el hombre que había sido liberado unas horas antes en el jurado, fue el que tomó la delantera de lo que se encontraba dispersos en la residencia, el sujeto de la escopeta mantenía la mirad afilada tensando más el gatillo entre su dedo.
—¡Ey! ¡Ey!, no puedes entrar aquí niño, este lugar está prohibido — Dijo el que se le acercó, le tomó el hombro con brusquedad y lo empujó al suelo, este cayó por efecto de la gravedad.
Mas sin embargo, el chico peliblanco no respondió, se colocó de nuevo en pie y se quedó mirando al sujeto a través de los cristales oscuros de sus gafas, haciendo que el hombre se molestara, alzó un poco la mirada y lentamente, fue curveando sus labios en una sonrisa.
—Así que… aquí es donde traen a las chicas que raptan y las usan como prostitutas ¿Eh?... eres un sinvergüenza, incluso no pudiste esperar al día siguiente, tienes deseos de dañar a otra chica. —El hombre miró al chico con mucha impresión, ¿acaso lo estuvo siguiendo todo el tiempo?, sin dar mas tiempo tomó de la camisa al chico hasta sentir que lo asfixiaba.
—¡¿Cómo sabes eso?! —Preguntó demandando una respuesta, pero sólo recibió un golpe certero en el rostro que lo aturdió y lo sentó en el suelo.
Los que se encontraban en la residencia se pusieron de pie y rodearon al chico de una manera amenazante, el hombre de la escopeta se paró enfrente de él mientras le apuntaba con ella.
—¡¿Quién te crees que eres mocoso?!, aprenderás a no meterte con nosotros, ¡Qué esperan, vayan por él¡ —
Los sujetos sacaron cadenas y cuchillos, rodearon al chico mientras el hombre del arma se hizo algunos pasos hacia atrás, este soltó una amena carcajada.
—Quiero que lo hagan sufrir, y después, lo encierran en el sótano —
El peliblanco rió en voz baja, se quitó el saco de vestir y desabrochó su camisa blanca, tronó su cuello y dio un largo respiro.
—Empecemos. —Fue lo único que dijo, después golpeó a un sujeto que se encontraba a un lado de él.
Los demás empezaron a atacarlo con sus armas, mientras que el que estaba en el suelo, se levantaba perdiendo lo recién aturdido, la pelea fue un poco rápida, los 5 hombres que habían atacado al chico ahora estaban inconscientes en el suelo, mientras que él peliblanco tenía la ropa percudida, los pantalones arrugados y un leve sangrado de la boca y la nariz, respiraba pesado y tenía el ojo izquierdo cerrado, había marcas de cadenas en su ropa. El hombre armado estaba estupefacto, no lo podía creer, incluso el otro que había sido liberado, no podían creer que él los hubiera vencido.
—Me seguiste hasta aquí desde la corte, conoces a mi víctima, y bienes a destruir y golpear a mis trabajadores… no eres alguien normal. —El chico sonrió en respuesta. —Dime cómo te llamas.
—Mi nombre es Po, y he venido por ti, para hacer justicia. —Trato de correr por ellos, pero el sujeto que estaba armado lanzó un disparo que por su mala puntería, un pequeño fragmento del disparo logró dar en el brazo de Po, este corrió en la dirección opuesta escondiéndose detrás de una pared.
—¡Aaagh!... rayos, me ha dado. —Murmuró observando el sangrado de su hombro.
—Había pensado en dejarte vivir un poco más, pero nos has causado muchos problemas niño, tu destino es morir a mis manos — empezó a caminar apuntando en la dirección donde se había refugiado su objetivo. —No hay escapatoria, ¡sal de una vez y facilítame más las cosas!.
Al ver que es chico no hizo caso, caminó en su dirección a pasos lentos.
—(Mierda, ahí viene, estoy encerrado, no puedo salir sin quedar como coladera). —Masculló respirando de manera agitada.
—Voy por ti niño… aquí estas. —Se paró frente a Po y le apuntó con el arma. —Prepárate a morir.
Po cerró los ojos esperando el disparo, retuvo la respiración escuchando el latir descomunal de su corazón. ¡PUUM!
Escuchó el disparo pero tuvo un extraño presentimiento, a pesar de que el gatillo había sido activado, no sintió el impacto del proyectil en ninguna parte de su cuerpo, ningún dolor, como si nada hubiese pasado, abrió los ojos lentamente para encontrarse con el sujeto que le amenazaba, ahora tenía una herida en su pecho, que teñía su camisa violeta de rojo, sus manos perdieron fuerza dejando caer el arma al suelo y segundos después, el se desparramó en el piso, Po salió del escondite en el que se hallaba y observó a dos hombres vestidos de negro y gafas oscuras, uno que apuntaba en su dirección con una pistola aún con el cañón humeante y el otro que se encontraba amagando al tipo que había salido libre horas atrás. Po, un poco confuso, caminó a pasos lentos acercándose, pero un enorme dolor que le rebotaba en los nervios de todo su brazo le obligó a detenerse y gemir de dolor. Cuando la sensación pareció calmarse un poco, terminó de acercarse a los dos hombres que le miraban con concentración.
—¿Quiénes son… —Antes de terminar, el hombre bajó su arma y la guardó en la faja de su cintura.
—Hola niño, ¿Te encuentras bien? —Preguntó analizando cada brazo y pierna del peliblanco.
—No del todo… me hirieron en el brazo —Po bajó la mirada con un gesto incomodo.
—Fue muy tonto de tu parte venir solo a enfrentar a una banda de secuestradores y contrabandistas, hubieras muerto de no ser porque nosotros llevamos siguiéndote todo el día —El hombre se volteó dándole la espalda para mirar a su compañero, dejando a Po con la boca abierta porque estaba a punto de decir algo. —¿El sujeto está bien asegurado?. —En respuesta, el otro respondió asintiendo con la cabeza. —Perfecto, hemos atrapado a uno grande, los agentes tendrán una larga jornada de trabajo interrogándolo. —Se volteó de nuevo a donde estaba el chico. —Y tú… nos acompañarás, hay algunas cosas que debo preguntarte. —
—¿De qué se trata todo esto?, yo no iré a ningún lado si no me explicas que sucede. —Po respondió, frunciendo el ceño. El hombre detuvo su caminar, volteó la mirada sobre su hombro alzándose las gafas oscuras, y a la vez alzando una ceja.
—Te salvé la vida… date por bien servido con la confianza en mi niño. —Se colocó de nuevo los lentes y siguió caminando a la salida de aquél lugar, seguido del otro hombre que venía cargando al que Po había seguido desde el tribunal.
Él, se quedó pensando, mirando al suelo, sintiendo esa desagradable sensación de dolor en su brazo, el escurrir del sudor mezclado con pequeñas gotas de sangre en la palma de su mano, alzó un poco la vista viendo aquel hombre alejarse a pasos lentos, meditó un poco lo que debería de hacer, estos sujetos parecían de confianza, de seguro tenían un buen centro médico a donde fuese que se dirigieran, ya que no quería llegar a casa con el saco agujerado y junto con su camisa, ambas prendas teñidas de su sangre, era bien sabido por el señor Ping que su hijo se metía en problemas, no lo reprendía ni nada que un padre sobreprotector haría en su caso, sólo le aconsejaba pensar dos veces las cosas antes de actuar.
—¿Vienes o te meto al carro a la fuerza? —El chico parpadeo un par de veces, tomo un respiro de cansancio y asintió subiéndose al sedan negro.
En la trayectoria indefinida del conductor, Po reclinaba la cabeza encima de la puerta y el vidrio, mirando a través de ella, perdido en su mente. El hombre robusto, le tocó el hombro haciendo que perdiera su concentración en aquello que hacía, volteó a mirarlo con una ceja alzada.
—Mi nombre es Mack… hola. —Incluso, el conductor supo que fue un intento estúpido por parte de su compañero para establecer una conversación con Po, este sólo rodó los ojos volviendo a recargar su frente contra el vidrio.
—Ahora que no sé a dónde me llevas, mientras mi brazo está por caerse de mi cuerpo ¿me dirás para qué me quieres? —Espetó con una voz firme. Mack suspiró rascándose la nuca.
—Te hemos estado observando chico… desde hace tiempo, hemos sido prácticamente tu sombra, sabemos que le mientes a tu padre diciendo que vas a la escuela, sabemos sobre tus actos justicieros, sabemos que eres un idiota por hacerlo. —Respondió con voz suave. Po engrandeció sus ojos sintiendo un escalofrío en la columna.
—¿Qué quieres de mi? —Mack arqueó una ceja ante el cambio drástico de voz de Po.
—Hoy en día… nuestros oficiales son malos, su rendimiento es vergonzoso, hay demasiados corruptos y si te dijera los demás, podríamos llegar en auto hasta Europa. Lo que quiero decir es… que ya no hay nadie como tú, ¿Cuántos años tienes? —
—Tengo 17 años… los acabo de cumplir… —Espetó con timidez.
—Es increíble… teniendo una edad tan corta, eres capaz de hacer muchas cosas que nadie lograría en toda su vida… —
—Al grano viejo, no tengo todo el tiempo. —Mack refunfuño por el referente, pero sólo se limitó a callar por algunos segundos.
—Mi punto es que… necesitamos a alguien como tú, cubres todos los requisitos y algo más… ¿Qué te parece? —Mack alzó su mano hasta dejarla frente a Po, este le miró con el ceño fruncido.
—¿Y que gano yo con todo esto?. —Preguntó con tono inseguro.
—Que ganas tu… tu ganas todo… el dinero es lo que menos te importará una vez que estés con nosotros, tendrás todo, viajarás a lugares que no pensaste que podrían existir… y eso, es sólo el comienzo de los beneficios que obtendrás —Rió de manera orgullosa, pero Po no lo había escuchado, se quedó pensando, tendría amplias posibilidades… pero él sólo tenía un deseo, y ese deseo, era hacer feliz a su padre, porque Ping siempre lo hizo feliz a él, le debía mucho, y aunque su anciano padre lo negara, estaba en deuda con él, desde el momento en que decidió traerlo al mundo.
—China. —Mack se giró mirándolo con un gesto confuso, al igual que el conductor, miró a través de retrovisor.
—¿Qué? —Dijo Mack, confundido por la repentina y extraña expresión del peliblanco.
—China… eso es lo único que pido a cambio. —Repitió con un poco más de fuerza.
—¿Quieres China o qué? —Mack soltó un murmullo burlón.
—Mi padre… se vio obligado a abandonar China, por culpa de unos oficiales corruptos que le hicieron una mala jugada… ahí lo perdió todo, su hogar, su trabajo, su restaurante… todo por esos infelices… si ustedes, me quieren de su lado, antes tendrán que devolverle a mi padre lo que le fue arrebatado injustamente. —Mack se quedó en silencio, el conductor despidió una mirada fugaz sobre aquel chico, a ambos los había tocado, esas palabras fueron un poco profundas.
—Chico… desde que te observo y veo lo que haces, siempre he tenido una pregunta en mente, y me hace resonar en ella cada vez que pienso en algo relacionado —Po lo miró con una ceja alzada, reprimiendo una mueca de dolor por su brazo herido.
—Dime hombre misterioso —Espetó en tono burlón.
—Haha… es Mack. — se rascó nuevamente la nuca, sonriéndole al chico.
—Hahaha… claro Mack, ¿Cuál es tu inquietud? —Dijo Po, ahora más animado y con una sonrisa resplandeciente.
—Todo lo que haces por las personas… todo lo que arriesgas a cambio de esos desconocidos… ¿Por qué lo haces?. —Este se limitó a observar el suelo del carro, pensando en una respuesta entendible, pero a la vez no tan perturbadora para aquél hombre, que con ojos llenos de brillo, esperaba ansioso una réplica de su petición.
—Yo… —Alzó de nuevo su vista, abrazando la herida de su brazo. —Lo hago por el bien de todos… esa es mi idea en este mundo, es mi sueño, en el que un día, todos me vean como un guerrero valiente, en busca de justicia, un día en el que pueda asegurar otro día mas. —Miró a Mack y sonrió al ver el rostro en blanco del hombre. —Un sueño bastante tonto, ¿no es así?.
—No… eres la primera persona que conozco que no tiene un sueño y un futuro egoísta, tu chico, eres diferente, hay algo en ti… pero no sé que es. —Po sonrió con una mirada soñadora.
—Ya me lo habían dicho.—
—Haha… claro… pero eso no responde mi pregunta… ¿Por qué haces esto?, es decir…ayudas a estas personas, que no conoces, sabiendo que estas posiblemente no te lo agradezcan, aún lo haces, ¿Porqué?. —Esta vez, su mirada era firme y su voz igual.
—Mack… tu qué puedes saber, tú sólo eres golpear, estar detrás de un escritorio, interrogar, disparar y en algunos casos… torturar ¿o me equivoco?. —El hombre se sintió ofendido, iba a protestar, pero al abrir la boca, pensó en lo que había escuchado, era verdad, su mundo giraba sólo entorno a eso, refunfuñando cerró la boca y se cruzó de brazos haciendo más intensa su mirada.
—Es temporal… —Espetó en defensa.
—Hahaha… como sea, tendrías que ver las cosas desde otro punto de vista para entender. —
—¿Haces esto por tu padre?... debes apreciarlo demasiado. —Po tomó la palabra de golpe.
—Aprecio lo que ha hecho por mí, y lo aprecio a él —Mack ignoró por completo la expresión aberrante del chico volteando su mirada al lado opuesto.
—Cumpliré tu petición… quieres ir a China… pero China es muy grande, ¿puedes ser más específico?. —Po se frotó las sienes con sus manos.
—Mi padre mencionó sobre un pueblo pequeño, alejado de la población… el valle de la paz, ahí era donde estaba su negocio, a lo que él me dijo. —Mack rió un poco mirándolo desencajado.
—Me pides que te lleve a China junto con tu padre a tu viejo hogar… pero ahora resulta que no sabes cuál es tu viejo hogar… no entiendo. —
—Es así ¿okey?... mi papá me lo contó, yo tenía 4 años cuanto sucedió todo eso, no recuerdo mucho. —Se quejó de nuevo por la herida que le provocaba un dolor punzante en su brazo.
—Sí… conozco el lugar, y puede que nos resulte un benefactor, luego te enterarás porqué lo digo. —
—Si lo que digas… chiflado. —Mack no escuchó esto último.
—Llegamos chico… te curarán esa herida en menos de el cantar de un gallo, después, te llevarán a tu casa. —Mack bajó del sedan, Po le siguió enseguida.
—Oye, espera, ¿Cómo sabrán donde vivo?. —Mack lo miró sobre su hombro.
—Estas tratando con la CIA y el gobierno, no hay cosa que no sepamos hehe. —
Po lo miró con el rostro en blanco, después reaccionó al llamado de una mujer que vestía el uniforme de enfermera, y la siguió, mientras caminaban, el chico se quedó impresionado, no supo cómo ni donde ni cuando llegaron a ese lugar tan impresionante, primero, pasaron por un área enorme de casi 6 metros de altura, era el hangar, había vehículos de todo tipo, deportivos, de terreno, hasta exclusivamente militares, como tanques, helicópteros de guerra, aeronaves y vehículos blindados, después, entraron en otra sección que parecía ser la de entrenamiento, había un gimnasio enorme, albercas donde observó que varios hombres nadaban con armas en sus manos y peso extra que les dificultaba mantenerse en la superficie, en otro lugar había entrenamiento de técnicas para pelear. Luego entraron en una sección la cual, dejó al chico maravillado, había grandes cantidades de armas, de todos tipos, desde letales, hasta devastadoras, también había una zona de tiro donde algunos practicaban su puntería, el pasillo por donde caminaban quedaba inmune a los sonidos, ya que el vidrio era del grosor de una pared. Después de pasar por todas esas áreas, llegaron a lo que parecía ser la sección del hospital. Al peliblanco le corrió un escalofrío al ver que en algunas camillas los pacientes estaban muy heridos, algunas sangraban, otros gemían por la incomodidad que le provocaban sus huesos rotos.
—Siéntate aquí niño, y no muevas tu brazo, traeré lo necesario para sacar el fragmento de la bala y curar la herida. —Po asintió mirando a la chica con timidez. —Tienes unos lindos ojos verdes… me gustan. —Espetó simpáticamente, haciendo que Po se pusiera rojo y por su color de piel, se hizo más notorio.
—Gra-gracias… —
La enfermera salió de la habitación y momentos después volvió con ampolletas, jeringas, pinzas y una venda, él miraba el filo con temor, sudando frío.
—Tranquilo… no te dolerá. —
—Espero que sea verdad… porque soy poco tolerante a las jerinnGAAAAAAAH!.
Dos horas después, un hombre vestido como Mack, llevaba a Po devuelta a su casa, en el camino no se estableció ninguna conversación, el conductor mirada por el retrovisor, y al ver la cara de dolor y las lágrimas en los ojos del chico que se sobaba el brazo vendado, soltaba una que otra carcajada burlesca volviendo su vista al frente.
—Llegamos niño, ya puedes bajar… —Po asintió bajando del sedan, cuando se disponía a entrar a la casa el hombre también bajó del auto. —Mack me pidió que te diera esto. —Sacó del portamaletas del auto una mochila negra de viaje, Po la tomó mirándola con detenimiento.
—Esto no va a explotar¿ verdad?. —El hombre rió de nuevo negando con la cabeza.
—Ahí encontraras un celular, de último modelo, los números de Mack y el mío están grabados, también un gps mostrando la ruta a donde nos puedes encontrar, puedes usarlo de manera ilimitada, puedes llamar a todo el mundo, pero recuerda, en las oficinas operativas escuchan todo, así que trata de ser cuidadoso con lo que hablas… qué mas… ah, también hay un poco de dinero, y los boletos que los llevarán de vuelta a China, llámanos cuando estés allá, o nosotros lo haremos por ti. —El rostro de Po se iluminó, su sonrisa creció todo lo que sus mejillas le permitían, sin saber cómo expresar su agradecimiento, abrazó repentinamente al hombre tomándole por sorpresa, sólo se limitó a sonreír, el chico se aparto mirándolo de nuevo.
—¿Cuándo sale el avión que nos llevará a China?. —Preguntó entusiasmado.
—Mañana a primera hora, sugiero que prepares tus cosas y descanses un poco, mañana tienes mucho que hacer. —Po asintió de manera frenética. —Por cierto, mi nombre es Dave, si estabas interesado en preguntar. —Volteó la mirada avergonzado.
—Gracias Dave, esto que hacen tú y Mack por mí, jamás lo olvidare. —Dave asintió dedicándole una sonrisa.
—Ve… descansa un poco, y trata de no mover mucho tu brazo, deberás mantenerlo en reposo por dos días. —De nuevo, el chico asintió aún más veloz que la vez anterior, se dio media vuelta y ya estaba por entrar en su casa cuando Dave lo detuvo nuevamente.
—Una cosa más chico… en la maleta también hay dinero, me tomé la molestia de dártelo en yuanes, es la moneda que más se maneja en China y… —
—¡Oh sí! ¡Trabajo para la CIA! ¡Es archirecontramega bárbaro!. —Exclamó con devoción.
—¡Po! —Le tapó la boca ya que casi lo escuchan en toda la calle.
—Entendido pero… ¿cómo obtuviste mis datos?, oh ya se, olvídalo. —Miró a Dave con sarcasmo.
—Hehehe… suerte en tu viaje chico, te veré allá.— Po lo arqueó una ceja.
—¿Tu también irás?. —
—Claro, yo seré tu capacitor, estoy en todos lados, hay bases de la CIA en lugares tan inhóspitos como Alaska. —Exclamó con orgullo.
—Okey... te veré allá entonces. —Dave subió al sedan y le hecho una última mirada.
—Adiós chico. —
—Adiós Dave. —
El auto arrancó desapareciendo en la primera intersección, Po entró a la casa con la mochila de viaje y observó que su padre estaba cocinando su famosa sopa de fideos, quejándose por el dolor de espalda y cadera, producto del arduo trabajo por ganancias con las que apenas podían sobrevivir.
—¡Papa!, ¡he vuelto¡ —Exclamó eufórico mientras tomaba la olla de las manos de Ping y la colocaba en la mesa.
—¡Hijo! ¡me alegro de verte! ¿Cómo te fue en la escuela?. —En ese momento, el chico dejó de sonreír y miró la maleta que llevaba en su mano derecha. —¡Espera un momento!¡¿Qué te pasó?!. —Preguntó mirando el brazo vendado de su hijo.
—Papa… siéntate un momento… tengo que decirte algo. —Y así Po le contó todo lo que sucedió en el día, con lujo de detalle, mientras Ping, en lugar de estar feliz, estaba horrorizado.
—Hijo… me mentiste, pensé que habías olvidado ese roll de héroe y guerrero… —El hombre agachó su mirada con tristeza, Po sintió un nudo en su estómago.
—Pa… dejé de estudiar hace 3 días, siempre llegaba tarde y...ya sabes... pero gracias a eso, he conseguido algo mejor, mira. —Abrió la mochila y sacó el carnet, los boletos, y el dinero, que le pareció un poco exagerada la cantidad.
—Hijo… ¿qué significa todo esto?. —Preguntó mirando todo lo que el chico le puso sobre la mesa.
—Pa… ahora soy un agente de la CIA, y como tal, pedí esto a cambio de trabajar con ellos. —Colocó los boletos en las manos de su padre.
—Madre mía… trabajas con el gobierno… definitivamente tenemos mucho que hablar... pero ¿Qué es esto?. —Volvió a mirar los boletos.
—Pa… hoy nos largamos de este lugar, esos boletos nos llevarán de vuelta a tu casa, a nuestra casa. —Ping abrió los ojos y su corazón empezó a latir con fuerza.
—Con casa te refieres a… —Empezaba a abrir más y más sus ojos. Po asintió con una sonrisa.
—Así es pa, mañana volveremos a China, al valle de la paz, donde perteneces, y este dinero, nos ayudará a restablecer tu antiguo negocio, y espero que recuerdes bien el camino de vuelta, no quiero perderme al otro lado del mundo ¿Qué te parec—No terminó porque Ping lo tacleó tumbándolo en el suelo mientras lo abrazaba con fuerza y mojaba su hombro con lágrimas de felicidad.
—Hijo… has hecho mi sueño posible, volveremos a casa… volveremos a casa... —Repetía una y otra vez entre sollozos.
—Hahaha, claro que sí pa… por eso acepté este trabajo, era una oferta que no podía dejar pasar. —Ping se quito de encima y le ayuda a Po a levantarse.
—Hijo, sólo prométeme que estarás bien haciendo esto. —Po sonrió asintiendo lentamente.
—Claro que sí pa… mi sueño como justiciero, sólo comienza. —
Pasada la cena entre pláticas y cuentos de Ping sobre lo bonito que era China y el valle de la paz, ambos se retiraron a empacar y a dormir, ya que mañana tendrían carrera contra el tiempo, el hombre oriental ya se encontraba dormido, pero Po estaba en su cuarto, haciendo memoria de lo que Dave le dijo. También hay algo que debes usar con mucho cuidado, te dejé un manual de cómo usarlo, y antes de hacerlo, piénsalo dos veces, nadie ha tenido esto legalmente a tu edad, así que trata de ser discreto, también te dejé una identificación oficial que indica que trabajas con nosotros.
—Cierto, había algo más, debe de estar en la mochila… —Se levantó de la cama y tomó de nuevo la mochila, la abrió y en lo más profundo estaba un estuche de un tamaño promedio color plateado, lo sacó y encima de esta había una hoja, Po asumió que eran las instrucciones de Dave, lo primero que observó en ella fue una combinación de 8 dígitos, observó el estuche donde tenía el seguro, era la clave para abrirlo, cuando colocó correctamente los números esta se abrió, y lo que se encontraba adentro lo dejó pasmado. El contenido del estuche era una pistola de mano, con enseguida había tres cargadores llenos de balas, también un cilindro y una pequeña linterna. Tomó el papel y lo comenzó a leer detenidamente.
Chico, lo que ves ahí es un arma, ten mucho cuidado al usarla, le puedes adherir el cilindro que está ahí, sirve como silenciador y hace que los disparos no sean escuchados fácilmente, también tienes la linterna y tres cargadores llenos de balas, en caso de que estés en problemas, trata de usar bien la munición, en China hablaremos de esto detenidamente, lee el instructivo del reverso para aprender un poco más sobre cómo usar esta pistola. Nos vemos en China.
Le dio la vuelta a la hoja y apreció un diagrame perfecto de lo que era y cómo funcionaba el arma, después de estudiarlo por media hora, tomó la pistola y la miró por unos momentos, suspiró y guardó todo de nuevo en el estuche escondiéndolo debajo de su cama, se acostó y cerró sus ojos.
—Esto será interesante… —
