Jack:

Y aquí está, veo que en sus comentarios demuestran que sí les gusta esta historia, pues bien, eso me alegra mucho, porque pienso seguir hasta terminarla. Saludos a todos los lector s y escritor s, y sí, me hicieron una pregunta sobre el romance, claro que tendrá un poco de romance, pero más adelante. Me despido, diviertanse en estas vacaciones de Semana Santa.


4.- El valle de la paz.


Llegaron a China, durante 3 días viajaron hasta llegar a lo que parecía un pequeño pueblo escondido entre enormes bosques de bambú, el camino para vehículos se había terminado, por lo que los dos siguieron a pie adentrándose en los enormes territorios desolados. Po se temía que su padre hubiese olvidado el camino y que a causa de eso habían terminado en una zona peligrosa donde nadie había pisado antes, pero después de caminar media hora más, encontraron el lugar que tanto anhelaban ver. El valle de la paz, se podía leer en un enorme anuncio fabricado con troncos y bambúes, pintado con tinta azul. Después de caminar otros cinco minutos, empezaron a ver pequeñas edificaciones, el camino volvió a formarse, por donde pasaban carretas y personas comprando o simplemente rondando las avenidas hechas en piedras laja y rocas, lo que hacía que tomara un aspecto rústico.

Po observaba con atención todo sus alrededores, jamás había visto algo parecido, le parecía interesante, ver las edificaciones y la arquitectura china, los candelabros colgados en los techos, los faros de luz decorados con tallados de dragones o simples figuras al azar, las personas que vestían atuendos muy extraños, para él. Ping le platicaba muy emocionado y feliz sobre cada rincón del valle, cómo lo conoció y algunas anécdotas de su vida en ese lugar, pero el peliblanco estaba más en su mente, pensando en Mack, seguro que no tardaría en llamarlo, pero pensaba que en un lugar tan alejado como ese no habría señal telefónica, sonrió al sentir que en el bolsillo de su jeans azul empezó a vibrar algo, se metió la mano y sacó el celular donde aparecía que le marcaban y el nombre de Mack en la parte inferior de la pantalla. Se quedó algunos pasos atrás de su padre siguiéndole sin perderlo. Con un toque contestó el celular y en efecto, era la voz de Mack la que lo llamaba.

—Hola, chico perdido, ¿Cómo está todo?. — Se escuchó una voz bronca y firme en la bocina.

—Todo va perfecto, Mack, por fin puedo mover mi brazo con libertad, ya me estaba hartando esa protección, no imaginas lo difícil que era ir al baño con un solo brazo, pero bueno... Aún me pregunto quién te dio permiso de otorgarme un arma. —Po se rascó la nuca mirando las tiendas mientras seguía caminando con la enorme mochila de viaje en su espalda.

—Qué bien, para tu suerte, el impacto fue superficial, por eso te recobraste muy pronto, y sobre lo otro Sencillo hijo, ya eres un agente, y como tal, debes de estar preparado para lo que sea. —Aclaró, con un pequeño tono de burla.

—Lo sé, pero yo no sé cómo usar esta cosa, quizá en el primer intento me dispare a mí mismo. —Reprochó el peliblanco, con el mejor tono lógico que pudo emitir.

—Descuida… mientras no te dispares en el corazón o en un pulmón no pasará nada. —

—¿Qué?. —Exclamó el chico, no notando el tono sarcástico de Mack.

—Jajaja, es broma chico, para eso estaré capacitándote, dentro de una semana iré a ese valle, ya tengo las coordenadas exactas, ve disfrutando el único tiempo que tendrás con tu padre. —Después de eso, se escuchó un grito de mujer, haciendo que Po apartara un poco su oído de la bocina del celular.

—¿Qué fue eso? —Preguntó.

—No es nada, una pequeña situación, no es nada que no pueda controlar, ¡Ya amárrenla para interrogarla!, ¡¿Qué no pueden hacer eso?!... ¡Ash!... como sea, Po, ¿sigues ahí?. —El peliblanco se había quedado con el rostro en blanco, sin embargo, respondió con un sí, restándole importancia al asunto.

—Oye, espera un momento. ¿Cómo es eso de la última semana con mi padre?. —Cuestionó, alzando una ceja, tropezando con un frasco de soda.

—No es el última semana, sólo serán tres años lo que pasarás en la academia, después, serás libre y te llamaremos sólo cuando necesitemos tu ayuda. —Respondió, y a la vez que se escuchaban algunos golpes de mesa y sillas volando.

—Ah… ya veo… ¿Y qué hay de las misiones?... ¿la cacería de mafiosos, asesinos, violadores, homicidas, y raptores? —Preguntó decepcionado, realmente quería acabar con esas amenazas que rondaban por el mundo.

—Eso es lo que harás cuando vivas en la academia, ¿O acaso crees que sólo verás caricaturas y dormirás todo el día? —Preguntó en tono sarcástico.

—Oh, entiendo, entonces te veré en una semana Mack, y otra cosa. —Se apresuró a decir, antes de cortar la llamada.

—¿Sí?. —

—Trata de pasar desapercibido al momento de venir por mí, ya sabes, nada de tanques, helicópteros, o grupos numerosos de soldados que no tenían nada mejor qué hacer. —Espetó mirando con recelo.

—¿Yo?... ¿Pero cómo crees eso?. —Replicó el hombre, tratando de sonar inocente.

—…Bueno, te espero la próxima semana entonces. —

—Hasta luego chico… ¡Maldita bruja! ¡se ha desatado, amárrenla de nuevo par de idiotas!. —Exclamó para después colgar el celular.

Po negó con la cabeza imaginando que estaba sucediendo en esos momentos al otro lado del mundo, suspiró con suavidad y se puso de nuevo con Ping, mientras este seguía platicando sus anécdotas, pensando que el peliblanco lo estuvo escuchando todo el tiempo, de nuevo, el hombre detuvo su paso, haciendo que el chico hiciera lo mismo, pararon frente a una casa de dos pisos, hecha a base de adobe y pintada de color rojo, con enormes telarañas y algunos lugares con huecos. Ping sacó una llave de su camisa roja y la colocó en la cerradura de la puerta viejo de madera, al abrirla esta emitió un rechinido desagradable, producto de no aceitarla por más de 14 años, al entrar se apreció un largo comedor al aire, con mesas, sillas y bancas hechas a base de madera, algunas algo deterioradas y otras aún en buen estado. De nuevo se toparon con otra puerta al final del comedor, Ping la abrió entrando en la casa, llena de polvo y telarañas, con algunas cosas destruidas.

—*cof, cof, cof*… Este lugar es del siglo pasado, estoy seguro que algún hombre de 400 años atrás pisó este lugar. —Dijo Po, quitándose el polvo del pelo y colocando su mano cerca de su rostro.

—Vamos Po, no seas tan criticón, este lugar está en perfecto estado, sólo necesitamos darle un retoque y quedará como nuevo. —Ping sonrió buscando algunas pertenencias que dejó olvidadas en el lugar, utensilios de cocina y algunos objetos similares.

—De acuerdo pa… buscaré una habitación para desempacar nuestro equipaje, y después comer algo, me muero de hambre. —

—Po, pero no hace más de dos horas que comimos camino acá, no creo que tengas hambre. —Pero el gruñido feroz proveniente del estómago del peliblanco lo contradijo inmediatamente.

—Será mejor que pongas en acción tu vieja cocina pa, o me verás morir por falta de comida. —Replicó riendo y subiendo las escaleras que lo llevaban al segundo piso. El hombre oriental sonrió negando con la cabeza, se puso su delantal rojo y su gorro, tronó sus nudillos y su cuello.

—Manos a la obra. —Exclamó, empezando a limpiar todo el desorden.

Po encontró dos habitaciones donde acomodó todas las pertenencias de ambos, en una las de su padre y en la otra las de él, limpió todo el desorden y la tierra que había en ellas, acomodó en el closet de bambú su ropa, y realizó todas las labores domésticas ayudando a su padre, pasaron cuatro horas y los dos ya estaban cansados de tanto limpiar, pero al fin lo habían logrado, terminaron con todo el desorden y la suciedad que permaneció durante 14 años intacta, sólo faltaba darle un nuevo toque al negocio y pronto estaría de nuevo en funcionamiento.

La tarde ya había llegado y el sol empezaba a descender detrás de las enormes montañas que rodeaban el pueblo, dando paso a un atardecer rojizo que le brindaba una bella mirada a los atractivos de la naturaleza. Po estaba sentado con su padre en la cocina, observando como el hombre reparaba el techo y la barra donde los comensales se sentarían en un futuro.

—Wow pa, tenías razón, este lugar es bárbaro, sólo necesita unos cuantos ajustes mas y pronto serás el chef más asombroso de todo el pueblo. —Espetó, mientras comía un plato de fideos.

—Gracias hijo, pero nada de esto hubiera sido posible de no ser por ti. —Aduló el hombre el peliblanco, haciendo que se sintiera un poco avergonzado. —Eres mi héroe, mi pequeño bebé comelón.

—Ya pa… esto se está poniendo incómodo. —Replicó, con las mejillas rojas, Ping rió negando con la cabeza mientras dejaba las herramientas en una java que guardó debajo de la barra.

—Listo hijo, ya he terminado de reparar todo, sólo falta que pintemos esto y todo quedará preparado para empezar a vender fideos. —Comentó, sentándose a un lado del peliblanco y bebiendo horchata con cubos de hielo. —Mañana compraré algo de pintura y lo haremos, ¿qué te parece?.

—Suena perfecto pa, ahora si me disculpas, iré a caminar un rato por ahí, para conocer más este lugar. —Ping asintió con la cabeza mientras seguía haciendo algunas últimas labores.

Po entró a su habitación, saco la maleta y el estuche donde venía la pistola, la tomó, le introdujo un cargador y guardo un segundo en su bolsillo, guardo el maletín y metió la pistola en su cintura, por debajo de su camisa, tomó su billetera y el celular para salir a caminar. Ya era algo tarde, eran pocos los que rondaban los negocios, algunos ya estaban cerrando, encendiendo los faros de luz que iluminaban las calles empedradas. Suspiró mirando con sus intensos ojos verdes jade a una pequeña anciana que cargaba enormes bolsas con comida, se acercó a ella y de una manera educada le preguntó.

—Señora, veo que no puede con esto, si gusta, puedo ayudarle a llevarlo a donde sea que se dirija. —La anciana oriental asintió con una sonrisa cálida dándole las bolsas e indicando el camino que ambos siguieron. Después de ayudar a la mujer mayor, de nuevo empezó a andar por todos los lugares.

Encontró un teatro de sombras, un teatro normal, algunos otros restaurantes de comida, un bar y un pequeño local con juegos para niños, y por último un pequeño hospital, sí, todo le parecía perfecto y adecuado en el lugar, lo único que le pareció extraño era que no localizó ninguna estación de policía, en todos los lugares había uno, para mantener la seguridad, pero en este no, restándole importancia se sentó en lo que parecía ser una plaza donde había un puente que cruzaba un pequeño rio y una cascada. Tomó su celular y empezó a estudiarlo, observando todas sus aplicaciones. Sin darse cuenta, había pasado una hora en la que estuvo sentado donde mismo, ya era de noche y no había nadie a la redonda, su celular marcaba que la batería se estaba agotando, suspiró guardando el aparato de nuevo en su bolsillo, se puso de pie y observo que estaba solo, y el silencio absoluto era lo único que lo acompañaba. Estiró sus brazos y piernas bostezando, ya sentía el cansancio sobre su cuerpo. De regreso a casa, cruzó por lo que parecía ser la calle principal del valle, esta seguía su curso hasta algunos escalones que subían una montaña, las cuales se perdían en la oscuridad de la noche. Con curiosidad empezó a caminar hacia ellas, tomó la linterna que le regaló Mack y empezó a alumbrarlas, subió algunas y notó que el camino seguía y seguía, subiendo por la montaña. Ahora su curiosidad de saber hasta donde llevaba ese camino lo carcomía desde adentro, pero el sueño lo estaba venciendo, así que decidió volver y preguntarle a su padre acerca de eso al día siguiente.

En la mañana.

El resplandor del sol iluminaba con intensidad el valle de la paz, uno de sus rayos dorados se filtró por la ventana de la habitación de Po, posándose en su rostro. En unos segundos, el calor que este le provocaba le hizo despertar con un gesto de mala gana, se levantó, tomó un baño y se colocó un cambio nuevo de ropa, un short amarillo y una camisa negra, con su par de tenis blancos con agujetas negras. Se talló los ojos una última vez mirándose frente a un espejo, sus ojos verdes se quedaron hipnotizados por unos momentos, hasta que el sonido de la puerta golpeándose le hizo salir de su trance.

—Po… oh, qué bueno que te encuentro despierto, necesito que vayas a comprar algunos ingredientes que me hacen falta para hacer mi sopa, empezaré a vender dentro de dos horas, así que apresúrate —Anunció el hombre de mirada alegre, apartándose del marco de la puerta y dejando al peliblanco con una ceja alzada.

—Bueno… veamos cómo es mi primer día en mi nuevo hogar. —Murmuró tomando de nuevo la pistola y guardándola en el estuche que escondió debajo de su cama.

Al entrar en la cocina un poderoso rayo de luz lo cegó obligándole a llevarse una mano frente al rostro para cubrirse, el olor de la famosísima sopa de Ping le abrió el apetito de golpe, saboreándose los labios se acercó a su padre y tomando un cucharón sorbió un poco de su sopa suculenta.

—Ah… tan deliciosa como siempre pa. —Afirmó, mirando la enorme lista que el hombre de rasgos orientales llevaba apuñada en su mano.

—Correcto Po, ahora, necesito que vayas a conseguir todo esto, lo necesito lo más pronto posible para empezar a preparar más sopa. —Espetó, restándole importancia a lo que el peliblanco había dicho anteriormente.

—Claro pa, volveré en lo más pronto posible. — Replicó, empezando a salir de la cocina, pero justo antes, sintió que le sujetaba del brazo.

—Hijo, este es un lugar tranquilo, trata de no buscar problemas por aquí, nada de peleas, ya sabes a lo que me refiero. —Advirtió Ping, tomando un gesto serio y una mirada profunda.

—De acuerdo pa… no haré nada malo, lo prometo. —Dijo Po, con voz firme.

—Bien… ahora, ve. —

El día parecía muy bien aceptado por todos en el lugar, se veían sonrientes, felices, los comerciantes rondaban tranquilamente las avenidas, acercándose a los negocios, divirtiéndose con sus familias, esto le era excelente al peliblanco, siempre quiso vivir en un lugar así, donde reinara la paz y la armonía. Con una ancha sonrisa, aflojó su paso merodeando todos los lugares cercanos.

Después de dos horas, había vuelto al negocio de su padre con lo solicitado en la lista, después, se fue a su cuarto, mientras que recostado en su cama, pensaba mirando el techo, con sus manos entrelazadas por detrás de su nuca, hasta que recordó las escaleras que había visto la noche anterior, con esa curiosidad invadiéndolo de nuevo, se levantó, salió de su casa diciéndole a Ping que saldría de nuevo a dar la vuelta, pero rápidamente cruzó el pequeño puente y empezó a ascender las escaleras que parecían no tener fin. Después de algunos minutos, apreció lo que parecía ser la sima, donde divisó una casa, que para él parecía una especie de mansión elaborada al mero estilo Chino. Con jadeos de cansancio, terminó de llegar hasta arriba, sentándose en el primer escalón recuperando el aire, después de hacerlo, caminaba con recelo, inspeccionando cada rincón y posible escondite de lo que parecía ser la entrada a ese lugar, las puertas de entrada se encontraban cerradas y las paredes que lo apartaban del interior del lugar parecían algo altas, pero esto no fue impedimento para el joven peliblanco, que con algo de ingenio, trepó a un árbol que asimilaba la altura de la pared, unió sus pies y dio un fuerte salto, lográndose sujetar con sus manos se impulsó hasta quedar sentado sobre la pared, dio un salto cayendo encima de otro árbol que se encontraba en el interior, bajo y lo que vio lo dejó impresionado. Parecía un campus enorme, había una especie de dojo, una cancha y una pequeña fuente de agua. A su derecha seguía un camino que lo llevaba varias edificaciones enormes, con múltiples entradas , en una edificación vecina se indicaba que era un gimnasio y salón de entrenamiento. Con sigilo entró en la primera edificación de 3 pisos, por la puerta corrediza. El peliblanco pensó que era un lugar abandonado, pero esa idea fue rápidamente descartada al ver algunas velas prendidas sobre muebles y candelabros de la pared.

—Wow… este lugar es bárbaro, eso parece una cocina… me pregunto si habrá comida ahí dentro, subir hasta acá me ha abierto el apetito… —Murmuró mirando los demás objetos extraños que se cruzaban por su camino.

Apenas y entraba en la cocina observó que en ella se encontraban 5 personas, dos mujeres y 3 hombres, parecían de su misma edad, uno vestía un par de pantalones cafés y un chaleco del mismo color, es sus brazos llevaba unas muñequeras, de pelo café claro y ojos avellana. Otro y al parecer, el más bajo de estatura llevaba puesto un pantalón de entrenamiento azul, con una camisa verde aqua, de pelo gris y ojos rojo manzana, el último vestía una camisa blanca, de pantalones azules y un sombrero de paja en su cabeza, con ojos claros al parecer, era el más alto de los cinco. La siguiente era una chica, con ojos azul celestes, cabellos lacios y oscuros y una boca sensual que vestía un largo kimono verde con detalles azules, y por último se encontraba otra chica, vestida con un chaleco rojo, con detalles de uvas color dorado, una venda amarrada a su cintura y un par de pantalones negros, en sus muñecas llevaba sujetas otras vendas. Sus ojos eran de tonalidad carmesí, de pelo corto, lacio y café claro, pudiéndose confundir con anaranjado.

Po se quedó congelado, los 3 chicos se encontraban sentados dándole la espalda, pero las mujeres se encontraban expectantes, observando a aquél peliblanco que compartía su mismo gesto, de impresión.

—Oh mierda... creo que no debí adentrarme mucho en este lugar. —Pensó el peliblanco, tragando con lentitud y respirando con mucha calma, después de unos segundos, las dos féminas se pusieron de pie golpeando la mesa y señalándolo.

—¡Es un intruso! —Exclamó la peli oscura, mirándolo como si fuese una amenaza que pusiera en riesgo sus vidas. Los demás chicos voltearon a verlo poniendo el mismo gesto que ellas, los cinco dejaron de comer, y saltaron frente a la mesa, tomando poses de pelea muy extrañas y diferentes a las que el peliblanco conocía.

—Oigan, esperen, esto no es lo que parece, yo pensé que este lugar estaba abandonado, no traté de robar nada ni hacer algo malo. —Dijo Po, alzando sus manos en defensa.

—¡Con que querías robarnos ¿eh?!¡No sabes en lo que te has metido chico!. —Exclamó el peli café, con voz amenazante.

—Oh… genial Po, ahora te ven como un ladrón, eres un idiota… miren amigos, esto es un malentendido, para evitarnos un problema, saldré por esa enorme puerta, me largaré de este lugar y todo volverá a la normalidad, ¿De acuerdo?. —Pero en respuesta recibió una aguja que le lanzó el más bajo de estatura, con dirección a su yugular, pero el peliblanco fue más rápido, tomó la aguja entre sus dos dedos antes de que esta le causara daño. —Supongo que eso es un no. —Replicó, golpeándose mentalmente. —Escuchen, no busca nada, sólo entre aquí porque parecía un lugar abandonado, mi brazo acaba de sanar y quiero evitar un esfuerzo. —Rogó de nuevo, tratando de evitar una pelea con los 5 que se encontraban frente a él.

—Jaja, claro, y nosotros nacimos ayer. —Dijo la chica de ojos carmesí. —Vayan por él. —Ordenó, y al instante los cuatro que se encontraban a su lado se abalanzaron sobre él.

Po empezó a correr por el pasillo, seguido de los 5 jóvenes que tenían toda la intención de reducirlo, pero los pasillos parecieron multiplicarse por 4, ahora no recordaba que hubiera tantos pasillos en el lugar, pronto empezó a frustrarse de no hallar la salida y se lanzó por una ventana donde entraba la luz del sol, al hacerlo se dio cuenta que frente a él se encontraba la enorme puerta por donde había saltado para ingresar al lugar. Saltó del segundo piso y cayó en un giro sobre la cancha de pelea, su brazo izquierdo había comenzado a dolerle un poco, ya que aún lo tenía sensible por el balazo, se puso de pie y ya comenzaba a correr cuando la chica de ojos carmesí cayó frente a él, tomando de nuevo esa especie de pose que en un principio le causó gracia a él, esta consistía en abrirse de piernas lo más posible, su brazo izquierdo alzado con la palma en esa dirección y su izquierdo estirado frente a ella con el puño cerrado.

—¿Te vas tan pronto?. —Preguntó con una mezcla de burla y reto.

—Ah… rayos, escucha chica, yo no he hecho nada, lo único que quiero es salir de aquí. —Explicó él, tomando su pose práctica para pelear, que consistía en alzar sus dos puños a la altura de su cara, abrir un poco sus piernas y erguirse un poco.

—Hubieras pensado dos veces antes de saltar el muro. —Dijo la chica de cabellos castaños, empezando a caminar a él de manera amenazante.

—¿El muro?, pero si no había nadie que me advirtiera de no entrar. —Se defendió el peliblanco, frunciendo el ceño y retrocediendo lentamente.

—Mira atrás, ¿A eso le llamas nadie?. —La chica apuntó a donde había 4 hombres que resguardaban la entrada, con una pequeña armadura y una lanza en su brazo.

—Oh vaya… no los vi ahí cuando llegué, oye escucha, aún así no quiero probl… —Cuando volteó de nuevo a la chica, esta tenía su pie a un centímetro de su cara, no pudo cubrirse, sólo cerró los ojos.

¡Pass!. El peliblanco sintió todo el poder del ataque en su cráneo, haciéndolo retroceder a pasos cortos, mientras que la chica caía del otro lado, dándose un giro en el aire y un salto hacia enfrente, quedando a una distancia prudente.

El peliblanco cayó sobre su rodilla derecha y su palma izquierda, sacudiendo la cabeza para recobrar la concentración a causa del golpe, se puso de pie y cuando volteó atrás era el puño de la chica el que ahora trataba de darle en su pecho, lo tomó con rapidez jalando de ella, la chica le lanzó un codazo que él tomó con su otra mano, la pateó las piernas haciendo que cayera de rodillas, tomó ambos brazos y los colocó por detrás de su espalda, inmovilizándola.

—Mira, te digo de nuevo, no quiero pelear, sólo quiero irme, tranquilamente… —Espetó, con un tono de dolor, ya que el brazo lastimado empezaba a dolerle por el esfuerzo.

—Hmmp… no creo que quieras irte, esto apenas comienza. —contesto la chica en tono burlón, impactando el estómago de él con una patada, seguido de otra y otra.

Po se hizo hacia atrás, tratando de recuperar el aire por esos 3 fuertes impactos. Alzó su vista algo nublada y vio que una patada certera se dirigía a su rostro de nuevo. Se tiró al suelo, rodando hasta quedar apartada de la chica, se colocó de pie respirando por la boca, mientras que la joven de ojos carmesí tenía un gesto confiado en el rostro, mientras respiraba tranquilamente, como si nada hubiera pasado.

—¡Maldición!, no quiero pelear, ¡es enserio!. —Exclamó el peliblanco, con total frustración, mientras el dolor de su brazo iba en aumento.

De pronto, el resto de los que acompañaban a la chica cayeron de un tejado formados en fila enseguida de ella, tomando sus poses extrañas de pelea, que eran muy diferentes a las de ella. Po bufó molesto, la paciencia se le estaba acabando, y su cabeza se llenaba con aire caliente, si estos sujetos no entendían por las buenas, entenderían por las malas, aunque esta vez, sabía que posiblemente le darían una paliza. Si una fue suficiente para dejarlo jadeando los 5 juntos serían algo casi imposible de manejar, pero el peliblanco no se rendiría, jamás lo hizo y esta vez, no sería la excepción.

—Tigresa, por fin te encontramos, aunque parece que no necesitabas nuestra ayuda. —Comentó el más bajito, de cabellos grises.

—No importa, ¡ataquen!. —Ordenó ella, y así, los 5 se abalanzaron sobre el peliblanco, mientras este tensaba todos los músculos de su cuerpo.

El primero en atacar fue el de cabellos negros con sombrero de paja, saltó con todas sus fuerzas y dejó caer todo el peso en una patada giratoria, Po logró detenerla con ambos antebrazos flexionados. Seguido de la patada, el chico de más bajito de cabellos grises le lanzó una ráfaga de puñetazos que él logro esquivar con su rostro, en contra ataque le dio una patada en el costado, haciéndolo retroceder, la siguiente fue la chica de cabellos negros, que logró impactarle una patada en el estómago, y por detrás de él apareció la de ojos carmesí, dándole un puñetazo en la parte central de la columna, después vino el de cabello y vestimenta café, propinándole 3 golpes certeros en el pecho.

La pelea empezaba a prolongarse, los 5 extraños parecían no cansarse, pero el peliblanco empezaba a jadear con más frecuencia, y su brazo izquierdo estaba casi inmóvil, el dolor era insoportable, ya había recibido varios impactos en todo el cuerpo, causándole un pequeño sangrado en los labios, y en la nariz, sus nudillos estaban descarapelados y ensangrentados, producto de lanzar golpes que eran bloqueados por las manos de la chica de ojos carmesí, que asimilaban la dureza del acero. Golpear sus palmas era igual de doloroso que golpear el concreto para Po. Pasaron alrededor de 6 minutos, y los 5 notaron que el extraño no tardaría en desplomarse, por lo que aumentaron la intensidad de sus golpes. Po sólo observaba, mientras recibía cada golpe, miraba detenidamente los movimientos de pies y de manos en cada individuo, analizándolos con sus ojos verdes, buscando un punto débil en cada uno de ellos. El dolor estaba a punto de desmallarlo, pero sólo supo ignorarlo y seguir concentrado en los ataques de sus adversarios y en desviar los que pudiera. Después de un tiempo, apreció los que podían ser las debilidades de sus ataques, primero fue el de cabellos cafés, este le lanzaba una patada derecha, al parecer… el fuerte de él eran sus ágiles piernas, Po aprovechó el momento, la tomó con su izquierda y alzó el codo de su derecha, lo dejó caer con toda su fuerza en la rodilla de este, emitiendo un crujido desagradable.

—¡Gaaagh! ¡Hyaaagh!. —Gimió el individuo, cayendo de espalda en el suelo, y golpeando el suelo con sus puños por el dolor, también al ver que su pierna estaba fracturada con una bola en su rodilla.

—¡Mono!. —Exclamaron los otros cuatro alarmados por su compañero.

Po aprovechó de su pequeña desconcentración. Tomó al de sombrero de paja de un brazo, observó que él era bueno moviendo sus hombros y espalda al momento de los golpes. Golpeó espalda de él con toda su fuerza, repitiendo el movimiento en uno de sus hombros. Cuando el chico quiso contra atacar sintió un enorme dolor en la parte izquierda de su cuerpo, su brazo y espalda ardían como el demonio, este cayó sentado, para después recostarse sobre su lado derecho.

—¡Grulla!. —Gritaron de nuevo.

—¡Tú, te voy a dejar inconsciente para el resto de tu vida!. —Exclamó furiosa la de ojos carmesí, mirando con profundo odio al chico de ojos verdes, mientras este jadeaba con intensidad.

—¡Ya basta!. —Se escuchó el grito poderoso de un hombre bajito de rasgos orientales que se encontraba parado a las entradas de la enorme edificación en la cual Po había entrado sin consentimiento.

Este dio un enorme salto cayendo en medio de Po y del resto de los que quedaban en pie, Po no pudo más, cayó sentado en el suelo, respirando agitado, y apretando tomando su brazo izquierdo. La chica de ojos carmesí cambió su rostro por completo, de uno agresivo a uno de preocupación, al igual que el pequeño y la otra chica también lo hicieron. El hombre de baja estatura caminó hasta ellos, con un gesto que decía lo furioso lo que estaba. De pronto la arena se llenó de monjes y demás discípulos que vestían pantalones naranjas y chalecos del mismo color, sin cabello y de ojos pequeños.

—¡Maestro! ¿Qué sucede?¿Por qué tanto alboroto?. —Preguntaban los de la multitud mientras ayudaban al peli café y al de sombrero de paja a ponerse de pie.

Sin embargo, el hombre al que llamaban maestro se quedó en total silencio, mirando expectante a los 3 que se encontraban frente a él, más específicamente a la chica de mirada carmesí. Po miraba a todos con absoluto silencio, para después centrar su mirada en aquel hombre de estatura baja.

—¿Qué pasó, Tigresa?. —Preguntó con furia y decepción.

—Maestro, él trataba de robarnos, se infiltró sin permiso de nadie, lo encontramos en la cocina mientras tomábamos la comida. —Explicó ella, cada vez agachando más la mirada con pena.

—¿Y tú cómo sabes eso?... quizá venía a algún asunto importante, o ¿le diste oportunidad de explicarse?. —Le envió una mirada penetrante.

—No maestro… él trató de excusarse… pero… no le dimos oportunidad. —Replicó con voz suave, mirando al suelo con desaprobación.

—Me lo imaginaba… guerreros de la academia del palacio de jade, ¡Vuelvan a sus asuntos, y repórtense todos a dormir antes de las 11 de la noche!. —Ordenó.

—¡Sí, maestro Shifu!. —Respondieron ellos, mientras desaparecían del lugar.

—Pero ustedes no, se quedan aquí. —Les ordenó a los 5, mientras estos respondían asintiendo con la cabeza.

—Vívora, Mono, Mantis, Grulla, Tigresa, realmente me mortifica su actitud hostil hacia los extraños, ya les he dicho que no ataquen sin un buen motivo. —Regañaba el hombre bajito, con sus manos por detrás de su espalda.

—(Con que… esos son sus nombres… qué extraños, bueno, no es como que mi nombre fuera el mejor, de hecho, es estúpido, ¡espera!, ¡silencio!, admítelo, el nombre es estúpido, el de ellos lo es más, en eso no te equivocas, ¡espera!, ¿Con quién carajos estoy hablando?... ¡Aagh!, mejor me dejo de pensar). — Sacudió la cabeza concentrándose de nuevo en la plática.

—Maestro, perdone nuestra poca paciencia. —Dijo la chica de mirada carmesí. Po pudo notar que su mirada era diferente a la de los demás, en ella reflejaba tristeza, y angustia.

—(Suspiro)…Tigresa, ve a terminar de comer, después retoma tu entrenamiento junto a Song y Mei-Ling, también necesitan enseñarle a Peng las técnicas básicas. — Explicó de nuevo. Los chica de ojos carmesí asintió. —Grulla, Mono, ustedes no, vayan a la enfermería a que les traten esas lesiones, no podrán entrenar hasta nuevo aviso, Mantis, Víbora, ayúdenlos a llegar.

—¡Sí, maestro Shifu!. —Respondieron en unión, caminando de nuevo dentro de la edificación.

Mientras tanto, Po se puso de pie de nuevo, sosteniendo su brazo y limpiándose la sangre de su nariz y labios, observó que el hombre que se hacía llamar Shifu se encontraba frente a él, vestía una larga bata café, con un cinturón de tela verde y una hombrera del mismo color, de ojos azul claro, barba y bigotes largos y canosos.

—Siento lo que pasó tu… —

—Po, señor, mi nombre es Po Ping, a sus servicios. —Espetó el peliblanco, sonriendo levemente.

—Ah sí… bien Po, lamento lo que mis alumnos te hicieron, aún les falta mucho por aprender. —

—¿Aprender qué?. —Preguntó alzando una ceja.

—A proteger a las personas de este valle en lugar de lastimarlas. —Respondió Shifu, mirando hacia la puerta que era custodiada por los guardias.

—Ooh… interesante, debo decirle que ellos pelean muy bien, nadie había logrado lastimarme tanto, hasta hoy. —Contestó sincero, rascándose la cabeza.

—Eh… sí, supongo que si han aprendido algo, Po.

—Supongo que sí… Shifu, ¿Verdad?.

—Así es, joven… veo que tú también sabes pelear muy bien, pero aún no sabes cómo usar ese potencial que tienes, si así pudiste reducir y aguantar a dos de mis mejores alumnos, no veo lo que podrás a llegar a hacer con un buen entrenamiento. —Dijo el hombre de cabello canusco.

—¿Me está ofreciendo alguna especie de invitación?. —Preguntó alzando la otra ceja.

—No del todo joven Po… pero si te interesa aprender, el palacio de Jade mantendrá sus puertas abiertas para ti. —Respondió, brindándole una pequeña sonrisa.

—No lo creo, no se ofenda, pero nadie se había portado tan bien conmigo. —Po puso un gesto de sarcasmo.

—Bueno, la verdad es que yo tampoco te quiero aquí. —Dijo Shifu, rodando los ojos con molestia.

—¡¿Qué?!. —

—Mira, mi maestro observó la pelea, y me dijo que tú tienes potencial, un enorme potencial, y quiere que te unas a nosotros, y que seas su pupilo, porque él personalmente quiere entrenarte, y enseñarte los mil rollos sagrados. —

—¿Tú tienes maestro?... vaya, yo pensé que eras el jefe de este lugar. —Espetó con una pequeña risita apretada.

—Sí… es el gran maestro del palacio, el maestro Oogway . —Respondió el hombre con tono molesto y una mirada fulminante.

—Oh, perfecto… ¿Y cómo se llama lo que enseñan?.

—Este es el arte marcial más sagrada de todos los tiempos, fundada por el mismo maestro Oogway, a lo que llama, el Hung Gah Kung fu. —Respondió con orgullo y la mirada en alto.

—Qué nombre tan largo… —Comentó Po, con un gesto de aburrimiento.

—Puedes llamarlo Kung fu, si así lo deseas. —Shifu empezaba a perder la paciencia.

—Y qué tal si… ¿Lo llamo Kung?. —

—¡Aaah!, ¡llámalo como quieras!. —Exclamó histérico el oriental.

—Está bien… no te enojes. —Murmuró Po, en tono minúsculo.

—¡Bien!. —

—Bueno, ya me tengo que ir Shifu, mi padre me espera, sobre lo de entrenar con ese maestro Goway. —

—¡ES Oogway! ¡MAESTRO Oogway!. —Gritó con frustración.

—Sí, quise decir eso… bueno, lo pensaré, ¡adiós!. —Y así, salió a paso apresurado del lugar, dejando al pobre hombre con la histeria a tope.

—¡Grr!, ¡qué insolente es ese muchacho!. —Murmuró en voz alta, caminando a otro lugar.

Lo que no sabían, era que ambos eran observados por cuatro individuos que se encontraban escondidos a las entradas de las barracas.

—Wow, ¿Vieron a ese chico?, es guapísimo. —Exclamo una chica, que vestía un pantalón gris de entrenamiento, con una blusa morada y desmangada que llevaba una pequeña armadura en el abdomen y hombros y un par de guantes grises, de rasgos delicados, ojos púrpura y cabello oscuro.

—Sí Song, espero que sea un nuevo estudiante. —Dijo otra chica que se encontraba a su lado. Esta vestía un chaleco azul, un pantalón café para entrenar y un par de guantes que a diferencia de Song, los de ella eran Negros. De mirada dulce y peligrosa, con ojos cafés, cabello castaño y labios pequeños.

—No, no lo creo, yo prefiero que ya no vuelva nunca. —Dijo la otra chica de mirada carmesí, cruzada de brazos y con un semblante asesino.

—Ay, Tigresa, no seas así, el chico tiene talento… y unos ojos hermosos y verdes. —Comentó Song, con una mirada soñadora.

—No, no confío en él, puede tramar algo grande. —Replicó Tigresa, con una voz fría.

—Bueno, espero que tu naturaleza paranoica desaparezca algún día, Tigresa. —La chica rodó sus ojos en respuesta.

—Cuando algo malo suceda, entonces te darás cuenta de que es importante tomar precauciones, Mei-Ling.

—Claaro… pero por mientras… vayamos a entrenar, Peng es el pequeño nuevo, y está al cuidado de nosotras. — Tigresa y Song asintieron, mientras entraban a la enorme edificación que decía salón de entrenamiento.

—Espero que por lo menos no nos de entrenamiento hoy, la maestra Mugan, o nos asesinará con su extremismo. — Dijo Song, rascándose la cabeza.

—Me gusta su forma de entrenar. —Comentó Tigresa.

—Sí, tú amas todo lo que sea extremista o suicida. —Replicó Mei, mirando con sarcasmo a la chica. Tigresa sólo rodó sus ojos.

Po había llegado a su casa, donde vio a su padre muy ocupado, haciéndole algunos arreglos al futuro restaurante, mientras tanto, él se metió a escondidas en su cuarto, se cambió rápidamente de ropa, se lavó el rostro para limpiar la sangre seca y se untó una pomada de hiervas para el dolor en su brazo, lo vendó ligeramente y se puso una camisa que lo cubría hasta los antebrazos, sacó la maleta debajo de la cama y sacó la pistola que guardó en su cintura, debajo de su camisa, por si había algún problema. Bajó con su padre y empezó a ayudarle tranquilamente, como si nada hubiese pasado.

Pasó la semana y Po no tuvo rastro alguno de los chicos que había conocido en lo alto de aquella montaña, Ping ya sabía que su hijo se iría y no lo volvería a ver dentro de un largo tiempo.

—Bueno papá, son las 2 de la tarde, y estoy seguro que no tardarán en llegar por mi… por otro lado, ¡por fin terminamos de arreglar el restaurante!, ¡es bárbaro!. —Dijo eufórico, abrazando a Ping con mucha felicidad.

—Sí hijo, lo sé, es grandioso. —Comentó el hombre, con tono de tristeza, de lo cual, Po se percató inmediatamente.

—¿Qué sucede pa, por qué estas triste?. —Pregunto Po, frunciendo el ceño, confuso.

—Es sólo de que no te veré hasta dentro de 5 años hijo. ¿Crees que es fácil para mi?. —Preguntó, casi gritándole al peliblanco.

—Lo sé pa… lo sé… pero debo cumplir con mi parte del trato, y además, creo que esta es la oportunidad que esperaba, para hacer un cambio en el mundo. —Contestó, abrazando a Ping con más fuerza, mientras sobaba su espalda.

—Hijo, estoy feliz por ello, pero aún así… los fideos del señor Ping no serán lo mismo sin ti. —Dijo Ping, con los ojos llenos de lágrimas.

—Bonito nombre para el lugar pa… ay… no te pongas así, me haces más difícil la despedida. —Dijo él, sonriendo con suavidad.

—Lo entiendo hijo, pero si hubiera al menos, un método por el cual estuviéramos en contacto… —A Po se le ocurrió una gran idea, se apartó de él y del bolsillo de su Jeans sacó el celular moderno que Mack le había dado.

—Ten esto papá, es un celular, te llamaré a él cuando esté allá, en mi cuarto está el cargador, junto a mi ropa, tenlo siempre cerca de ti. —Le explicó Po, mientras le daba indicaciones al hombre viejo, que parecía entenderle muy poco.

—Claro hijo, estaré atento a tus llamadas, tenlo por seguro. —Agregó Ping, ahora con una sonrisa cálida.

—Bien, ahora sólo queda esperar a que… —No terminó por que empezó a escucharse un zumbido que se hacía más y más fuerte, los dos se miraron confusos.

—¿Qué será ese ruido?. —Preguntó Po, saliendo de la casa seguido de Ping.

Cuando salieron, observaron un enorme helicóptero que descendía en una zona despoblada, aventando ráfagas de aire que agitaban los pastizales y árboles cercanos.

—¡Pero qué demonios!. —Gritó Ping, asustado por ver un helicóptero de tan cerca, los demás residentes del pueblo salieron de sus hogares y se acercaron al lugar donde el helicóptero aterrizaba, con sus hélices encendidas.

—Pa… creo que ese es mi transporte (¡Le dije que no llamara tanto la atención maldita sea!). —Po tomó sus maletas y salió del valle, acercándose al helicóptero, seguido de Ping y los pueblerinos.

De la puerta del vehículo aéreo se abrió la puerta corrediza mostrando a Mack, con su habitual smoking negro, de zapatos lustrados y lentes de sol oscuros. Caminó hasta él y lo saludó con un cordial apretón de manos, un soldado vestido de negro, con gafas oscuras y un pasa montañas negro, un poderoso rifle de asalto y un chaleco anti balas bajó del vehículo y tomó las pertenencias del chico y subió con ellas al helicóptero, mientras tanto, Mack y Po charlaban agitándose por las fuertes corrientes de aire que provocaban las hélices.

—Bien chico… es bueno verte de nuevo, ¿Estás listo?. —Preguntó, con tono firme. Po miró por encima de su hombro a su padre, mientras este, lentamente le daba pulgares arriba y una sonrisa combinada con lágrimas.

—Sí Mack, estoy listo. —Respondió con firmeza, caminó hasta su padre, lo abrazó y se despidió de nuevo.

—Cuídate mucho Po, recuerda que siempre serás mi pequeño. —

—Lo haré papá, haz lo mismo tú, por favor. —Espetó con firmeza, deshaciendo el abrazo.

Po subió al helicóptero, mientras Mack subía en el copiloto, cerró la puerta y el piloto alzó vuelo de nuevo, tomando la misma ruta por donde vino, mientras tanto Ping se quedó parado, observando cómo el vehículo desaparecía entre las montañas, después se devolvió al valle caminando y pensando… en su hijo, y en el restaurante que inauguraría mañana. El helicóptero volaba a alturas increíbles, que Po nunca creyó posibles de llegar, se admiraba un hermoso paisaje de nubes, el cielo tan claro y el sol que bañaba todo con un ligero tono dorado, aunque al ver nada más que mar, apartó el rostro de la ventana, ya que le causó algo de miedo.

—Jajaja, ¿mareado?. —Preguntó Mack, Po asintió, con un gesto de asco. Los demás soldados a bordo emitieron una carcajada.

—Oye… ¿Cuándo llegaremos?, estas arcadas me están matando. —

—En una hora, Po, relájate, si quieres, duerme un poco. —Respondió Mack, con los auriculares puestos.

El chico negó con la cabeza, recostándose en su asiento, mientras observaba a los demás soldados, vestidos de negro y con armas poderosas que veía en sus películas de acción favoritas. Después empezó a recordar todo lo que sucedió en la semana, lo que pasó en ese lugar llamado "el palacio de Jade", la pelea intensa que tuvo y después, la mirada carmesí de esa chica, que por alguna razón, era lo que más destacaba de sus recuerdos, se preguntaba por qué, pero no encontró respuesta satisfactoria, pero lo que sí supo entender, fue que esa chica le llamó la atención… tal vez su mirada tan atractiva y peligrosa, o la dureza similar al acero de sus manos, seguro se estaba volviendo loco con los vastos golpes que ella le propinó en la cabeza, aunque, de alguna manera, le gustó que esa chica llamada Tigresa, le hubiese pateado el trasero.

En lo alto de aquella montaña, se encontraba Tigresa, de piernas cruzadas, meditando, y relajándose por el entrenamiento que recién había recibido, y de pronto, recordó la mirada de terror que tenía aquel chico al que le había pateado el trasero, sus ojos verdes tan llamativos. Sacudió su cabeza bufando con frustración, era la quinta vez que recordaba a ese chico que respondía al nombre de Po, necesitaba un baño, y después, pensaba tomar una siesta, se levantó de su lugar, caminando con silencio para no desconcentrar a los demás Shaolin que también meditaban, salió del lugar aún recordando a ese chico.

Mesa Arizona, EEUU.

—Tiempo actual —

Una caravana de 6 Jeep's con sirenas de policía se desplazaba a toda velocidad por las avenidas principales de aquella ciudad, después de evadir el tráfico y saltarse algunos semáforos llegaron a su destino, la antigua casa de Ping y Po. Del vehículo bajaron varios hombres con sacos y pantalón de vestir, en sus manos cargaban rifles Ak-47, del primer Jeep bajó un hombre oriental, con una mirada sanguinaria, y una camisa donde portaba una placa de jefe de policía de las fuerzas de Asia. Con un cigarrillo en su boca y unos lentes oscuros, sonrió con maldad y levantó su mano derecha, apuntando a la casa.

—Ping… te dije que no te esconderías tan fácilmente de mi, y ahora, debes pagar tu deuda… ¡Disparen!. —Ordenó, y enseguida, sus hombres alzaron sus rifles y empezaron a descargar aquellas armas sobre la casa, destrozando ventanas, puertas y adornos, también agujerando las paredes.

Los ruidos de los disparos alertaron a los vecinos y a las personas que transitaban tranquilamente cerca de ahí, provocando que empezaran a gritar y huir despavoridos, mientras que otros llamaban a la policía. Después de disparar por más de un minuto, el hombre ordenó que cesaran el fuego, entró en la casa esperando ver los cuerpos ensangrentados de Ping y su hijo, pero no encontró nada, la casa estaba totalmente vacía. Esto lo hiso enfurecer enormemente, provocando que gritara con frustración y odio, uno de sus hombres se acercó y le tomó del hombro.

—Señor… tenemos que salir de aquí, la policía no tardará en llegar. —Le dijo, pero él sacó una pistola de su cintura y le disparó en la cabeza, dejando a los demás hombres impactados.

—¡Nadie me toca sin mi consentimiento, imbécil!. —Le gritó, mientras descargaba el resto del cargador en su cuerpo.

De pronto, las sirenas de la policía empezaron a zumbar, cada vez más cerca, lo que provocó que otro hombre a distancia prudente le dijera que se tenían que ir, a lo que él accedió muy a regañadientes.

—Te has burlado de mi Ping… esta vez, te encontraré y acabaré contigo, sin fallar. —Murmuró con odio, mientras tomaba un rifle de asalto y lo apretaba con fuerza.


Alisson: (Está dormida XP)