De vuelta por aquí con el segundo capítulo! Muy mal, lo mío...: otra vez me quedó más largo, jaja.
Gracias por los reviews y los buenos ánimos... :D
Espero les guste!
2- La Respuesta Es, Siempre, 'Sí'
-Tal vez quería que dependiera totalmente de mí. Y ahora… ¿estoy arrepintiéndome? Esperaba que me deseara… en una forma NORMAL, pero ésta en realidad es una forma ANIMAL. Es el celo característico de un gato pero potenciado a un saiyajin…
Bueno, sí, finalmente funcionó. Logré lo que quería. Pero nunca esperé tales efectos secundarios. Quizás sea hora de reconstruir el momento en que fabriqué la droga. De esta manera sabré cómo mejorarla… o no…-
Flashback
Hacía algunas semanas que Vegeta se había casi 'internado' a entrenar en la cápsula de gravedad y Bulma apenas lo veía. Regresaba agotado, y eso se debía a que su tiempo se concentraba únicamente a dos actividades: volverse más fuerte y reponer su cuerpo… para seguir volviéndose más fuerte. Los 3 años para la llegada de los androides se habían acortado a bastante menos que eso y, lejos de aflojar, Vegeta se exigía cada vez más.
He aquí el problema. Vegeta ya no ponía atención a su mujer y eso básicamente la enfurecía. La intimidad se había reducido como consecuencia de la meta que se había planteado como indiscutible guerrero. Simplemente estaba muy ocupado en superar la fuerza de su eterno rival, en convertirse en el legendario super saiyajin. Bulma ideaba formas de atraerlo hacia ella pero pocas veces lo lograba. Hasta que, como por arte de magia, una situación iluminó su mente…
La peliazul estaba prácticamente arrojada sobre el sillón de la sala de estar, con el mentón pegado al pecho y sus brazos reposando a los lados de su cuerpo. Delante de ella había una mesa ratona repleta de revistas que había comenzado a leer y que siempre dejaba por la mitad. Cada vez que se concentraba en algún artículo, terminaba relacionando el texto con algún aspecto de Vegeta y su mente sobrevolaba hasta dispersarse por completo. Sus ojos permanecían entrecerrados, como si quisiera lucir indiferente entre estar despierta o en un profundo sueño.
"¡Malditas revistas femeninas!" maldijo.
Hasta que el clima de la habitación fue invadido por la presencia de su madre, quien desató el nudo de su delantal de cocina de su nuca y luego de su cintura. Vio a su hija tirada en el asiento lo que llamó terriblemente su atención pues Bulma nunca adoptaba posiciones como ésa. Se acercó lentamente hacia el centro de la sala y observó de reojo los títulos de las revistas que llenaban la mesa. La Sra Briefs abrió levemente la boca y luego volteó a ver a su hija quien permanecía inmutable.
-Bulma, ¿qué te sucede?-inclinó la cabeza -¿Estás en tus días?-
Ante el comentario, la joven se reincorporó bruscamente e infló las mejillas.
-¡¿Pero qué dices, mamá?!- gritó frunciendo el ceño y rechinando los dientes –Ya te pareces a Vegeta…-
Nuevamente mencionándolo.
-Si no es eso, entonces…- llevó el dedo índice a una de sus mejillas y miró hacia el techo –No me digas que el joven Vegeta y tú andan con problemas de cama…-
A Bulma se le erizó cada uno de sus azulados cabellos y una enorme vena se le dibujó en la frente. Apretó los puños y trató de esconder su furia agachando la cabeza.
-Pero… ¡eso no puede ser posible! Estoy casi segura que Vegeta es todo un semental. ¡Jamás dejaría insatisfecha a una dama!- se sostuvo el rostro con ambas manos -¡Aaah! ¡De tan sólo imaginarlo me avergüenzo!- apretó los muslos acercando sus rodillas y se ruborizó.
Parecía que Bulma se transformaría en un monstruoso demonio en cualquier momento y que su cabeza estallaría derramando sangre por toda la habitación.
-O… Quizás, ¿tú no puedas seguirle el ritmo?- la miró fijamente.
-¡YA CALLATE DE UNA VEZ! ¡¿ACASO NO TIENES VERGÜENZA?!- le gritó al oído dejándola sorda.
Respiró agitada intentando relajarse.
-Bueno, hija, tampoco es para que te pongas así…- trató de calmarla sonriendo y agitando una mano hacia arriba y abajo.
Pero la presencia de la señora duró poco al ver la mirada tajante que su hija le propinaba, su rostro oscuro y sus ojos brillantes. Una gota de sudor en su frente dejó entrever su miedo.
-Está bien, está bien… Ya me voy…- huyó despavorida.
Apenas se aseguró de haberla visto desaparecer de su lado, se arrojó nuevamente al sillón pero tuvo que levantarse con toda velocidad al sentir un bulto y oír un maullido agudo bajo su espalda. Se espantó y puso su mirada en el asiento donde se encontró a Tama, el gato de su padre, prácticamente aplastado, con su cola inflada y sus ojos dando vueltas como torbellinos. Lo tomó hábilmente sosteniendo sus patas delanteras y lo sacudió hacia delante y atrás para volverlo en sí, lo cual logró sin problemas.
-¿Miau…?-
-Que suerte que te encuentres bien…- le respondió Bulma.
Lo apoyó en uno de los brazos del sillón y se sentó a su lado. Lo acarició en la cabeza y luego en el lomo provocando que ronronee. Su pelaje negro era increíblemente suave y daba ganas de seguir tocándolo, sin embargo alejó su mano para observarlo detenidamente.
-Vaya… Me recuerdas tanto a…- -
Pero se interrumpió al ver al felino tirarse sobre su espalda y, con las patas traseras separadas, comenzar a lamerse su peluda panza, dejando mostrar sus partes íntimas masculinas.
-Gato pervertido…- lo llamó mirándolo de reojo.
-…así que ése es el problema…- escuchó decir la joven en un tono muy bajo y proveniente de la otra sala.
Volteó hacia la puerta descubriendo a su padre y madre espiándola y, sin dudas, hablando sobre ella. Enseguida el Dr Briefs notó la mirada de su hija sobre ellos, aclaró su garganta en un intento fallido de cambiar de tema y disimular lo que estaban haciendo.
-Eh-eh… Sí… Es decir, ¡que gato! ¿verdad?- dijo subiendo la voz y rascándose la cabeza del nerviosismo- Está en celo otra vez así que debe estar buscando una nueva novia…-
Bulma enfiló los puños y sus ojos se envolvieron en llamas.
-¡¿QUÉ NO TIENEN NADA MEJOR QUE HACER?!- gritó haciendo que la casa temblara y Tama saltara del sillón y cayera con las garras clavadas en uno de los almohadones.
Y al instante ambos parecieron haber huido de la faz de la Tierra.
Suspiró y volvió su atención al gato que aún temblaba por el grito de la mujer.
-…En celo…- se repitió en voz baja.
Lo miró durante otros segundos.
-¡Eso es!- exclamó decidida y sonriendo de triunfo.
Tomó al minino del lomo y se lo llevó consigo a gran velocidad. Recorrieron la casa hasta llegar al laboratorio. Lo apoyó en una camilla y lo ató con dos precintos mientras agitaba sus patas intentando rasguñarla sin éxito. Maullaba desesperado.
-¡Tranquilo! Sólo te sacaré un poco de sangre y te dejaré ir…- le avisó poniéndose unos guantes de látex y buscando una jeringa en los cajones.
Y eso hizo, recibiendo el siseo de Tama a cambio. De inmediato lo desató y huyó arañando sus garras contra el suelo. La joven elevó la jeringa observando el contenido a través de la luz de la lámpara, con un gesto decidido y glorioso.
-Con esto será más que suficiente…- agregó.
La científica permaneció toda la noche trabajando en su experimento. Extrajo la hormona causante de los estados temporales de celo, la sintetizó, la concentró. Chequeó que todo estuviese correcto. No podría existir margen de error. Continuó todo el siguiente día perfeccionando su invento hasta que finalmente se sintió satisfecha y confiada en que podría utilizarlo a su favor. Ahora sería cuestión de probarlo en su ratón de laboratorio: Vegeta.
Fin del Flashback
…
Bulma metió la jeringa usada en su envoltorio y lo arrojó al cesto de basura. Por supuesto usaba guantes y su delantal blanco pues podría decirse que realmente se involucraba en su personaje.
"Es extraño que piense que me interesa tanto que se convierta en super saiyajin." reflexionó la mujer observando a Vegeta.
El saiyan limpió el pinchazo con el trozo de algodón humedecido en alcohol y lo dejó apoyado en el escritorio junto a la camilla.
"Ahora que lo pienso, es lógico viniendo de un hombre no sólo orgulloso sino tan egocéntrico…" agregó.
El saiyan se dio la vuelta y caminó hacia la salida del laboratorio. Bulma se dio cuenta y lo llamó.
-Vegeta…- estiró la mano hacia adelante.
Haciendo oídos sordos, abrió la puerta topándose con la Sra Briefs parada delante de sus ojos sosteniendo una bandeja con dos vasos largos. Se asustó ante la inesperada imagen y dio dos pasos hacia atrás.
-Joven Vegeta, Bulma… Les traje unos té helado para que se refresquen un poco…- dijo sonriendo de par en par –Vamos, tomen…-
La peliazul aprovechó la ocasión para acercarse.
-Oye, Vegeta, ¿acaso te vas a ir sin decirme nada?- lo desafió frunciendo el ceño.
Lo vio tomar uno de los vasos y beber hasta casi la mitad. Tragó y la miró fijamente.
-No tengo nada que decirte, mujer… Ahora debo ir a entrenar.- tomó el resto de la bebida y la devolvió a la bandeja.
Esquivó a la señora y a su hija y salió del lugar, dejando a ambas mujeres atónitas.
-¡Que desagradecido!- exclamó inflando las mejillas.
Tomó el otro vaso y lo bebió de una sola vez, se le entregó a su madre y se fue maldiciendo por lo bajo.
…
Anochecía y Bulma creyó que era el momento indicado para un baño de burbujas. Se entusiasmó al recordar que tenía unas sales de baño que no había estrenado y se preparó como si de un spa se presentase. El baño más grande se encontraba algo alejado de las habitaciones pero valía la pena si de relajarse se trataba. Dicha habitación se encontraba separada en dos partes: la primera tenía la ducha, los muebles típicos y algunos asientos que servían para un sauna, y en la segunda ocupaba una gran tina; ambas estaban aisladas por una separación de vidrio esmerilado con una puerta corrediza.
Una vez preparada la tina, se desvistió e ingresó lentamente aferrándose del pasamanos. Se hundió en el agua y suspiró. La espuma formada parecía querer escaparse de la bañera. Observó el techo y al vapor de agua que invadía el espacio. Allí recordó a Vegeta en aquella noche donde podría decirse que fue placenteramente abusada. Lucía casi inconsciente. Observó sus brazos que se dejaban caer a cada lado, donde notó que sus muñecas presentaban zonas en un tono morado. Se trataban de las marcas que Vegeta le había dejado tras maniatarla durante todo el acto.
-Todavía sigo sin entender por qué no recuerda nada de ese episodio… ¿En qué habré fallado?- se preguntó.
E inevitablemente vinieron a su mente las imágenes íntimas que la habían llevado a la locura. La presencia de sus caricias, la sensación de su penetración, las poses, los sonidos…, todo logró avergonzarla al punto de esconder la mitad de su rostro bajo el agua, donde la espuma le llegaba debajo de la nariz. Sopló y algunas burbujas explotaron cerca de sus mejillas. Su plan había funcionado.
Unos veinte minutos después comenzó a sentirse demasiado relajada y, con miedo a quedarse dormida, se levantó serenamente con intenciones de meterse bajo la ducha y enjuagarse. Todavía desnuda, deslizó la puerta corrediza para salir a la otra parte del baño pero por su mente jamás cruzó la idea de encontrarse con lo que vio. ¿Quizás había olvidado que pronto surgirían los efectos de su reciente invento? Detenido como si nada, completamente desnudo, estaba Vegeta en medio del lugar. Y por supuesto, convertido en super saiyajin.
Gritó desesperada y con un poco de dificultad debida a la humedad del sitio, Bulma intentó cerrar la abertura, lo cual sólo logró a medias y con lo cual intentó cubrir su desnudez como podía.
-¡Maldición, Vegeta! ¿Dónde rayos están tus modales? ¿Qué no ves que estoy dándome una ducha?- exclamó sin recibir respuesta a cambio.
Los ojos del hombre sugerían estar perdidos en la nada misma. Pero, de pronto, se acercó velozmente y con fuerza abrió del todo la puerta casi destruyéndola y tomó a la mujer del antebrazo jalándola hacia él. La arrojó sobre la fría y húmeda pared de cerámicos y se lanzó hacia su cuello, besándolo y lamiéndolo. Su mano aún sostenía el delgado brazo y su musculoso cuerpo se apoyaba de lleno en el de ella. Bulma no pudo evitar sonrojarse y entrecerrar sus ojos ante lo que él le brindaba. De nuevo sucedía.
Vegeta la aprisionaba con más fuerza y sus besos ascendieron hasta su oreja, provocándole escalofríos. Se miraron a los ojos y se besaron con violencia. Él sacó su lengua y la metió dentro de la boca de la mujer intentando probarla. Los gemidos se ahogaban con la sola intención de probar sus bocas y lamer cada rincón. Permanecieron así hasta que Bulma se sintió algo ahogada y deshizo el beso esquivando el rostro.
-¡Vegeta!- lo llamó agitada y creyendo que el corazón se le saldría por la boca –Espera, por favor…-
Enseguida vio como Vegeta se detenía y la observaba expectante de lo que tenía que decir, lo cual incomodó a la peliazul y quitó las palabras de su boca.
-Es que… yo… no…- agachó la mirada.
-¿No?- repitió Vegeta en el mismo tono.
-¿Eh?- sus azulados ojos se agrandaron –No, no quise decir que 'no', es sólo que…- pero no pudo terminar la frase.
El príncipe levantó su rostro desde el mentón con su mano libre y la miró directo a los ojos.
-NADIE me dice que 'no'…- exigió en un tono temible.
Las pupilas de la joven se contrajeron y enseguida volvió a sentir como la lengua de Vegeta intentaba probar la de ella en un modo que era imposible no excitarse. Se acomodó entre sus piernas. Sintió placentera la oposición entre el calor de su cuerpo y el frío de la pared. Lo vio bajarse por su pecho, acariciando uno de sus senos mientras que al otro le otorgaba todo el placer de su boca. Lamía alrededor del pezón y evitaba rozarlo, lo cual desesperaba a Bulma como jamás hubiese imaginado. Hasta que cuando por fin metió el pezón en su boca, lanzó un gemido exasperado de satisfacción.
Estiró su mano libre para tocar al fin su miembro desesperantemente erecto, el cual sintió humedecerse al tiempo que le propinaba sus caricias. Que la viera con sus ojos entrecerrados y ese gesto malvado la enloquecía de placer. Pero Vegeta le quitó la mano, apoyándolo en el sexo de Bulma que ya estaba evidentemente húmedo y se deslizaba entre los labios. Lanzó otro gemido al sentirlo rozarla de esa manera. Vegeta se movía como si la penetrara aunque aún no lo hacía, y eso provocaba que el ardor se incrementara y que ya no pudiesen esperar más por sentirse fusionados.
-¡Vegeta…!- le rogó y él entendió lo que quería.
Enseguida tomó uno de sus muslos, elevándola y dejándola en la posición justa para meterse en ella con toda libertad. La penetró una y otra vez. Lo hizo incansablemente. Ella se sentía aprisionada bajo su fuerza. Él se sentía atrapado en aquellas punzantes sensaciones de placer que lo obligaron a aumentar en velocidad hasta que finalmente acabó dentro de ella. Aflojó la fuerza aplicada en el muslo, dejándolo descender. Bulma se arrojó en su hombro, agotada. Sudaban por el calor del lugar y el que ellos habían generado. Podían percibir sus corazones palpitando con violencia.
Vegeta sacó el miembro dentro de ella y las contracciones generadas le provocaron eyacular hasta la última gota posible. Una vez fuera, Bulma sintió algo caliente recorrer la cara interna de sus muslos. Se sonrojó aún más. Cerró sus ojos intentando desacelerar los latidos de su corazón. Entonces percibió cómo Vegeta se alejaba de ella, lo vio detenidamente mientras se metía cual sonámbulo a la otra parte del baño y ingresaba dentro de la tina. Aún seguía convertido. Pestañeó pues no entendía que le sucedía, pero sabía que debía irse ya que podría despertar en cualquier momento.
…
Bulma y sus padres ya habían terminado de cenar. La señora Briefs se acercó hasta su hija con un pequeño plato y lo dejó delante de ella. Sus ojos se iluminaron como niño con juguete al ver la increíble porción de pastel que estaba a punto de probar.
-Gracias, mamá…- dijo.
Pero antes de que pudiera clavar la cuchara en él, una mano atravesó a la velocidad de la luz haciendo desaparecer por completo el trozo de pastel. La mandíbula de Bulma se desencajó. Vio a su lado encontrándose a Vegeta comiendo a lo animal aquello que le había quitado. Ahora sí era él. Una vena estallaría de su frente en cualquier instante y sin embargo se vio obligada a cambiar de humor cuando el hombre apoyó su mano sobre la mesa levantando cada uno de los platos y servilletas que se encontraban. Un centímetro de distancia separaba sus rostros.
-Escucha bien lo que voy a decirte, mujer…- la desafió –Más vale que no estés tramando algo que pueda costar tu vida.-
Bulma apretó los dientes y una gota de sudor quería caer, pero de inmediato cambió de actitud. No podía lucir sospechosa frente a él.
-Yo… no sé de qué estás hablando…- cerró los ojos y cruzó los brazos.
-¿Se puede saber por qué aparecí de repente en la tina?- preguntó.
Bulma tragó saliva.
-¿Cómo quieres que lo sepa? No eres un niño del que tenga que estar cuidando…-
Al oír la discusión, el Dr Briefs y su esposa se alejaron y fueron juntos hacia la sala.
Vegeta entrecerró los ojos, pero los gestos de la terrícola no le resultaron sospechosos por lo que se enderezó y se marchó sólo con una advertencia.
-Más vale que así sea…- cruzó la sala y subió las escaleras hacia su habitación.
Los padres de Bulma estaban sentados muy cerca uno del otro mientras miraban su telenovela de todas las noches. Procuraron no reaccionar ante la escena de su hija y el poderoso hombre.
-Vaya… Parece que la relación ha mejorado…- dijo el doctor en voz baja.
-¡Pues claro! El té de pétalos de rosa es el mejor afrodisíaco…- aclaró sonriendo.
-¿Eh? ¿Y de dónde has sacado eso?- preguntó sorprendido.
-Lo leí hoy en una de las revistas que Bulma estaba ojeando. De seguro tenía intenciones de prepararlo pero no tuvo suficientes ánimos…-
-Ah…- continuó mirando la pantalla -¡Que lista eres, querida!-
Rió tímidamente y apoyó su cabeza sobre el hombro del señor.
-No tanto como mi esposo…-
Ante esto, el Dr Briefs se ruborizó.
En el próximo episodio, Bulma pasa por ciertas situaciones que le hacen temer que su secreto sea descubierto. ¿Cómo actuará Vegeta mientras tanto? en el capítulo titulado "Rebobina Y Verás".
