Hola a todos! Disculpen la tardanza pero como retomé los estudios estoy complicada con el tiempo. Pero aquí va lo prometido.

Bueno, este chapter va a ser más dramático que cómico pero, bueno..., la situación así lo merita. ;)

Gracias por el infinito apoyo! :3


3- Rebobina Y Verás

¿Habré ido muy lejos a estas alturas? Vegeta no es ningún tonto y tarde o temprano podría descubrir por sí solo la verdad detrás de todo esto.

¿Quizás sobrepasé el límite? ¿El límite de la vergüenza y el deseo?

Toda acción tiene sus consecuencias, y ésta no es una excepción.

-Bueno…- se apoyó sobre el respaldar de la silla y secó el sudor en su frente con la manga de su chaqueta blanca –Ya está suficientemente probada: con esto la acción debería volverse más inmediata…-

Bulma se había propuesto concentrarse completamente en mejorar la droga y había pasado largas horas en el laboratorio. En el escritorio había un microscopio de alta potencia, varios portaobjetos, muchísimos papeles con ilegibles indicaciones y varios tubos de ensayos rotulados de diferentes colores estratégicamente ubicados en una gradilla. Sonrió satisfecha al ver terminada su labor.

"Pero todavía sigo sin entender el por qué de los episodios de amnesia…" se preguntó borrando esa sonrisa de su rostro.

-Hija… ¿Necesitas ayuda?- escuchó decir a su padre cuando notó que lo tenía apenas a centímetros de distancia de su presencia, agachado sobre el hombro de la científica y acomodándose los anteojos intentando adivinar lo que aquellas notas decían.

Enseguida temió que el doctor la descubriese y de un solo arrebato intentó tomar todos los papeles amontonados y taparlos con sus delgados brazos contra su pecho. Se le oscureció el rostro y abrió los ojos de par en par.

-Emm…- titubeó –No, gracias, estoy bien, papá… ¡De verdad!-

-Hmm… ¿segura?- preguntó aproximándose más aún a ella –Pero ya hace varias horas que estás aquí…-

-¡Te digo que estoy bien!- exclamó perdiendo la paciencia –Ya he acabado, no necesito tu ayuda…-

El Dr Briefs parpadeó y asintiendo salió del lugar de trabajo. Bulma suspiró aliviada.

"¡Lo único que faltaría! ¡Que mi padre se entere de todo esto!" se aterrorizó.

Apiló la montaña de hojas lo más que pudo. Observó de lejos los tubos de ensayo.

"Es extraño que no se pregunte… que no se cuestione… ¿Tan grande es su orgullo que no le interesa nada más?"

De pronto, oyó la puerta abrirse detrás de ella.

-Huh…- dijo cerrando sus ojos intentando calmarse y apoyando la palma de la mano en su frente –Ya te dije que no necesito nada…-

-Pues yo no sé qué necesitas ni me interesa…- oyó de la voz de Vegeta.

Velozmente se volteó en su silla giratoria y frenó con sus pies. Apretó los dientes.

-Ve-¡Vegeta!- gritó sorprendida.

Sin recibir respuesta, el saiyan se dispuso a inspeccionar todo el laboratorio como si estuviese buscando algo. Su ceño fruncido y sus brazos cruzados le daban un aire autoritario que hicieron temblar a la terrícola. Tras dar la vuelta alrededor de las mesadas llegó finalmente al escritorio donde Bulma había estado trabajando. Una gota de sudor sintió caer la joven al temer que Vegeta descubriera todo su trabajo que en esos momentos se encontraba totalmente a su merced. Entonces notó como él observaba fijamente hacia un punto específico del escritorio y tornó su mirada hacia ese mismo lugar. Él no estaba viendo cualquier objeto al azar, sino que estaba mirando los tubos de ensayo con sus distintivos colores.

-¿Qué es eso?- preguntó secamente.

-Buenas tardes, Vegeta. Sí, a mí también me alegra mucho verte…- dijo sarcásticamente cruzando sus brazos a lo que Vegeta sólo quedó mirándola.

-Son distintas variantes de la droga que te estoy administrando, a eso se deben los diferentes colores…- entrecerró los ojos.

-¿'Distintas variantes'?- preguntó curioso.

-Sí, esta tarde he estado trabajando en perfeccionarla y gracias a mi inteligencia logré acortar el tiempo de respuesta…- contestó con sus ojos cerrados y sonriendo orgullosa.

-Hmm… Entonces, inyéctame…- sólo atinó a decir.

Quedó estática al escuchar su orden pero de todas maneras obedeció. Buscó sus materiales descartables y le aplicó la droga. No hubo palabras de por medio, pero por supuesto a Bulma le recorrían una variedad infinita de emociones. Por un lado, esto representaba un importante secreto, uno sólo para sí misma, del que sólo ella conocía y podía disfrutar. Pero por otro lado también tenía una gran responsabilidad, pues convengamos que Vegeta no era un simple ratón de laboratorio… ni siquiera se trataba de un hombre normal.

-Listo. Eso es todo…- finalizó arrojando el material al cesto.

¿Quizás estaba olvidando lo que inevitablemente vendría a continuación? De pronto su calma se vio interrumpida al sentir como Vegeta la tomaba del antebrazo y la llevaba apuradamente por toda la casa.

-¿Qué-qué?- se preguntaba en vano -¿Qué sucede, adónde me llevas?- trató de detener su agarre sin éxito -¡Oye! ¡No me arrastres como un perro! ¿Qué es lo que quieres?- gritó.

Ninguna de sus cuestiones fueron contestadas, pero entonces dejó de insistir al verse en un lugar donde no esperaba llegar: la cápsula de gravedad. Antes de que pudiese opinar nada, Vegeta la hizo ingresar y de inmediato cerró la compuerta.

-¡¿Qué?!- gritó temerosa -¡¿Por qué me traes aquí? ¿Acaso te has vuelto loco?!-

El hombre la miró directo a los ojos lo que hizo que se estremeciera.

-Hay algo que aún no logro entender… Y es que cada vez que logro convertirme en super saiyajin y puedo aprovecharlo en mi entrenamiento, termino perdiendo la conciencia y ya no sé qué sucede después…-

-Y-y ¡¿yo qué diablos tengo que ver con esto?!- gritó agresivamente escondiendo su miedo.

-TÚ has hecho la droga así que TÚ observarás qué me sucede…-

-¿Qué?- apretó los puños -¡Claro que no! ¡Yo no soy tu esclava! ¡No pienso quedarme encerrada aquí hasta que tú lo decidas!-

-Pues tendrás que hacerlo porque de ninguna manera permitiré que salgas de aquí…- cruzó los brazos.

No podía escapar, simplemente no podía. Se vio atrapada. Y pronto vendría lo que a sabiendas ocurriría.

-Así que mejor ponte cómoda…- le sugirió sentándose en el suelo y apoyando su espalda contra los teclados.

Bulma sintió como sus piernas se aflojaron, sus rodillas cedieron y cayó al suelo sentándose sobre la cara posterior de sus pantorrillas. Enseguida percibió un dolor punzante sobre uno de sus muslos, se tocó intentando aflojar el dolor y quitando la tensión de los músculos.

"¡Aaah!" enmudeció su queja.

Subió disimuladamente la falda azulada que vestía en busca de algo que explicase su dolor y entonces encontró el comienzo de un moretón de un tamaño importante y que parecía continuar en la parte posterior de su muslo.

"¿Cómo…? No recuerdo haberme golpeado…"

Inmediatamente vino a su mente la imagen de Vegeta y ella en el baño, donde él la sostenía del muslo para dar camino abierto a su vibrante penetración.

"¡Maldición!"

Apenas había podido cubrir las marcas en su muñecas con algunos brazaletes… y ahora esto. Temiendo que él se diera cuenta, bajó ágilmente la prenda.

El único sonido que atravesaba aquella habitación era el producido por las luces encendidas. Nada provenía del exterior, nada salía de sus bocas. Bulma lo observaba detenidamente. Vegeta la ignoraba: con sus ojos cerrados lucía como si estuviese practicando alguna técnica de relajación.

-Vegeta…- rompió el hielo -¿puedo… preguntarte algo?

Tomó su silencio como un 'sí'.

-¿Has logrado controlar la transformación? Digo… ¿Has podido dominarla a tu voluntad?- preguntó serenamente sentada en el suelo apoyando su espalda contra la pared y abrazándose a sus rodillas.

-Puedo controlarla… incluso no me es necesaria la droga. Simplemente me transformo cuando deseo…- contestó abriendo a medias sus ojos negros.

-Entonces… ¿por qué sigues pidiéndome que te inyecte?- cuestionó sin entender.

-Las veces que me transformo debido a la droga, alcanzo un nivel superior. Y estoy casi seguro que esos momentos en los que no recuerdo nada influyen de alguna manera…-

Bulma tragó saliva.

-Pero… ¿realmente no recuerdas nada?- se sintió arrepentida de preguntar cuando Vegeta cruzó los brazos y la miró directo a los ojos.

-Sólo tengo algunas imágenes… como sueños… Eso es todo.-

Apoyó su mano derecha sobre el suelo y se levantó. Dio la vuelta alrededor del teclado central y se reubicó donde la peliazul no pudiese verlo, causándole estupor.

-¿Qué? ¡¿Por qué te vas allí?!- le gritó.

-Quiero dormir y tú hablas demasiado…- escuchó del otro lado y una vena saltó de su frente.

"¡Que desconsiderado!" pensó pero planeó dejarlo en paz.

El tiempo pasó y la joven bostezaba constantemente al ver siempre el mismo monótono paisaje: el techo.

Bulma despertó de repente y vio un halo dorado frente a ella. Restregó sus ojos para enfocar mejor y vio a Vegeta parado a unos metros de distancia de ella, de espaldas, convertido en super saiyajin.

-Vegeta…- susurró al mismo tiempo que se levantaba para aproximarse a él.

Cuando finalmente llegó a unos centímetros de distancia se detuvo suavemente y lo miró de arriba abajo. Por primera vez admiraba lo maravillosa de su transformación sin que él tratara de lanzarse sobre ella. ¿Quizás aún estaba consciente?

-Vegeta…- repitió.

E instantáneamente el saiyan se volteó punzándole aquellos ojos verdes. Se sintió asombrada y atemorizada a la vez. La imagen que tenía delante de sí mostraba de lleno una presencia difícil de ignorar. Pero de pronto, y a una velocidad que fue incapaz de registrar, vio como Vegeta la tomaba fuertemente del cuello con su mano izquierda y apretaba su garganta. Abrió los ojos a más no poder e instintivamente probó remover sin éxito aquella prisión de su cuello con sus pequeñas manos.

-Ve-ve-ve-geta…- suplicó esforzándose porque su voz fuese entendida.

Esto no era sexy… en lo absoluto. Era desagradable, doloroso. Más de lo que acostumbraba a recibir.

-¿Acaso crees que no me he dado cuenta?- dijo con el ceño fruncido y rechinando los dientes.

Estaba desesperada. Si tan sólo pudiese soltar su cuello podría darle todas las explicaciones que consideraba… aunque seguramente no lograría nada con ellas.

-¡Me has tomado por idiota! ¡Ya sé de todo lo que esto se trata!- aplicó más fuerza sobre la zona.

"Vegeta… por favor, déjame explicarte… Suéltame, ¡me haces daño!" dijo para sí puesto que ya era incapaz de emitir palabra.

-¡Eres una inútil!- gruñó –Ya verás lo que te espera por pasarte de lista…-

Despertó de la pesadilla más real de su vida. Sudaba como nunca y tomaba enormes bocanadas de aire que apenas duraban porque exhalaba para volver a inhalar. Su corazón parecía querer salirse de su pecho. Intentó secar su frente con su mano al mismo tiempo que acariciaba su rostro como una madre queriendo calmar a su hijo luego de un susto.

Miró a su alrededor. Todo seguía exactamente igual, como si no se hubiese dormido. Vio hacia el teclado intentando imaginarse a Vegeta del otro lado, seguramente dormitando. Se sintió curiosa por verlo pues tarde o temprano la droga lograría convertirlo en aquel poderoso guerrero, y anhelaba poder vislumbrarlo con tranquilidad. Y tras relajarse unos minutos, se levantó sigilosamente y decidió dar la vuelta al teclado. No quería ser escuchada.

Y entonces, antes de que pudiese cumplir su deseo sintió como aquel cuerpo musculoso la aprisionaba contra el teclado y la empujaba obligándola a sentarse sobre una pantalla. No pudo evitar ruborizarse.

-¡Vegeta…!- exclamó al verlo transformado y con la mente perdida en el abismo.

Su torso desnudo y esos shorts ajustados lo hacían ver extremadamente deseable. Sin quitarle los ojos de encima, el hombre le subió la falda hasta encontrarse con esa pequeña ropa interior que bajó sin dudar. De un solo tirón la rompió provocando el tirón del elástico sobre la pierna de Bulma quien se quejó pero no demasiado. Se deshizo de ésta, tirándola lejos. Se arrodilló en el suelo y le abrió sus piernas de par en par. Lamió la cara interna de uno de sus muslos provocando un temblor en la joven quien deseaba más que nada en el mundo que la haga suya. Fue acercándose de a poco a su sexo pero evitando aquella parte, enloqueciéndola. Quería jalarlo del cabello y llevarlo de lleno hasta allí, que la devorara por completo. Pero pronto dejó de lado el juego para meter su lengua dentro de su sexo, ya húmedo con los mínimos roces que había recibido. Lamió de abajo hacia arriba, rozando estratégicamente su clítoris, haciéndola lanzar un inevitable gemido de placer. Siguió rozándola. La probó por completo. Sabía qué hacer. Oía cada uno de sus ruidos, prestaba atención a cada uno de sus roces y de sus vaivenes. Ascendió su mirada en búsqueda de su rostro, viéndola con sus ojos entrecerrados, sonrojada, con su mentón pegado al pecho, no queriendo perderse lo que su vista le regalaba.

Comprendió que era el momento y subió para quedar enfrentados y la besó apasionadamente. Sus lenguas se probaron y sus jugos se mezclaron. Los movimientos de la lengua de Vegeta eran desesperantes. Quería probarla más y más. Pero Vegeta tenía otros planes y se lanzó a su cuello, besándolo, lamiéndolo, mordiéndolo. Ella le acariciaba el pecho y la espalda. Deseaba más de él. Sin abandonar su delicioso cuello, metió su mano por dentro del short, bajándolo apenas junto con su ropa interior, para apenas dejar salir a su miembro. Tomó a la mujer por su baja espalda, acercándola más a la orilla y la penetró lentamente. Estaba muy apretada, signo del placer que había recibido con anterioridad. Cerró sus ojos pero aún permanecía en su labor, besando y mordiendo su blanca piel.

Con las sensaciones que tuvo hace un momento, Bulma sabía perfectamente que no podría aguantar demasiado. Su orgasmo llegaría pronto y luchaba porque no sucediera. Vegeta la penetraba con lentitud, pues su estrechez, su calidez y su humedad eran más mortales que cualquier golpe en una batalla. De hecho, parecían batallar. Entre los vaivenes de caderas, la fuerza aplicada sobre la joven y el hecho de no ceder en su cuello, todo daría un claro resultado: los dos se dejarían rendir y sucumbirían a aquel clímax que ya no podían frenar. La escena era ruidosa, totalmente diferente a la anterior, los gemidos, los suspiros, los besos, las penetraciones en aquella empapada entrada; nada quedaba liberado a la timidez. Y sin poder soportarlo más, él la penetró velozmente y ambos acabaron sin más. Vegeta cedió su peso y cayó arrodillado sobre el suelo. Bulma se arrojó de lleno sobre el teclado.

Respiró. Había sido increíble. Bajó la vista encontrándose al saiyan aún transformado, con las palmas de las manos apoyadas en el suelo y la cabeza gacha. Una gota de sudor rodó por una de sus mejillas y cayó al piso. Tal como había planeado, todo se había vuelto más rápido: la transformación, el paso al estado de amnesia… y seguramente su despertar también llegaría en pocos momentos. Debía irse… Y eso hizo. Se acomodó la ropa y el cabello, bajó del teclado y caminó en puntas de pie tratando de evitar el contacto con el hombre. Presionó la tecla de apertura de la puerta de ingreso y huyó hacia dentro de la casa.

"¡Maldición! ¡Ahora sí estoy en problemas!" se reprochó intentando tapar su rostro con sus alborotados cabellos.

Corrió hasta su habitación, arrojó toda su ropa al suelo y tomó nada más lo necesario, su ropa interior. Ingresó a la ducha sin preocuparse por nada más. Sentía ganas de llorar.

Al poco tiempo, Vegeta recobró la consciencia viéndose a sí mismo arrojado al suelo. Pestañeó varias veces. Sabía que también había terminado tu transformación. Se reincorporó observando sus manos. Se sentía sudado, hiperventilaba y su corazón latía con mucha frecuencia.

"¿Qué… sucedió aquí?" se preguntó sin dejar de reconocer esas nuevas sensaciones que lo dominaban.

Se puso de pie y notó su short abierto, y más que eso, sus genitales húmedos por completo. Instantáneamente comenzó a mirar a su alrededor. La mujer no estaba. Hasta que algo diferente en el blanco piso llamó su atención, se acercó y tomó lo que parecía ser un trozo de tela.

-Esa… ¡mujer!- mostró los dientes.

Y sin dudas de por medio, fue por ella.

Bulma salió de la ducha y, desganada, se vistió con un conjunto de ropa interior de color blanco y encima se tapó con una bata. No se secó el cabello. No le pareció importante. Se detuvo frente a la cama sin poder quitarse de la cabeza lo que acababa de suceder. Sí, todo había sido maravilloso… pero sin que Vegeta lo sepa, sin su consentimiento ni su deseo… en contra de su voluntad. No tenían sexo porque él lo quisiera sino que simplemente se trataba de un pobre instinto animal que lo controlaba y que necesitaba ser saciado. ¡Ni siquiera recordaba sus encuentros!

-Que estúpida soy…- se maldijo.

De pronto, oyó la puerta de su alcoba abrirse de un solo golpe y volteando del susto se encontró a Vegeta. Se lo veía furioso: su ceño fruncido, sus puños apretados y mostraba sus dientes.

-¡Vegeta!- tembló de miedo y lo único que atinó a hacer fue taparse el escote estirando la bata.

Ante el movimiento, el joven la observó de cabeza a pies y se detuvo en algo en particular. La manga de la bata que había descendido en el agite dejó entrever unas marcas violáceas en sus muñecas. Tenía que verlas mejor. Le quitó la mano de su pecho y desató el nudo de la bata, obligándola a girarse para quitarle la prenda. Fue entonces cuando la vio de espaldas, curvando su postura, apretando sus piernas, escondiendo el rostro. Y no sólo pudo ver las manchas en sus muñecas sino también en la parte posterior de su muslo. Una gran mancha azulada.

-¡¿Quieres explicarme que significa todo esto?!- le gritó.

-Nada…- intentó calmar su furia y su vergüenza –Nada que te interese…-

Pero su respuesta no hizo otra cosa que encolerizarlo aún más y, tomándola por el brazo, la arrojó boca arriba en la cama. Las sábanas se levantaron ante el golpe y Bulma se sintió en peligro. Él se le tiró encima, investigando más aún su cuerpo. Unas lágrimas querían escapar de los azulados ojos: deseaba nunca haber hecho lo que planeó.

Bajo él, pudo percatarse además de unas pequeñas manchas rojizos a un lado de su cuello, y de la nada una imagen llegó a su mente. Un recuerdo, un sueño quizás. El rostro de Bulma y sus gestos de placer. Entonces entendió el por qué de las marcas.

-Todo esto…- pero no pudo acabar la pregunta.

"¿…fue por mi causa?" pensó.

La vio llorar.

-Mujer, más vale que me digas la verdad. ¿Qué diablos sucedió hace un momento?-

-¡Ya te dije que nada!- le gritó ahogando su última palabra en un sollozo.

-Entonces, ¿qué diablos es esto?- la desafió mostrándole a centímetros del rostro aquel trozo de ropa interior que había descubierto en el suelo de la cápsula.

Sus pupilas se contrajeron. Se maldijo. Las lágrimas seguían corriendo por su rostro. Su mente se puso en blanco. No había nada que decir. La científica se había enmudecido.

Vegeta quedó mirándola y ante la no reacción, gruñó, se levantó y de un portazo salió de la habitación.

La peliazul se sentó como pudo al borde de la cama.

-¿Qué voy a hacer ahora?-


En el próximo capítulo, Vegeta sufre abstinencia a la droga y se inyecta a escondidas de Bulma. Sabiendo las consecuencias, decide encerrarse por completo y aguantar su estado en soledad. Pero, ¿realmente será capaz? en el episodio denominado "Hazme Rogar Por Más".