Con el sí de Regina tenían que realizar todos los preparativos, debían sincronizarse los cuatro, Emma debía aprender a realizar un hechizo grupal, por lo que todos los días al menos media hora le hacen practicar.
Regina por su parte, cuando no tenía ninguna visita en el hospital, practicaba los movimientos y hacía encantamientos pequeños. Si bien hacer magia era como montar en bicicleta y hacía meses que no usaba su magia, podía sentirla diferente, había algo que no estaba bien, pero no preocuparía a los demás por algo tan simple, al menos eso era lo que ella creía que era, solo era falta de práctica.
El hechizo constaba de cuatro partes la primera era la poción, dependiendo en qué entrada del pueblo estaban cambiaban los ingredientes de la misma. August conociendo muy bien el bosque donde vivió durante toda una temporada, fue recolectando todos los ingredientes faltantes para unas pequeñas pociones que debía llevar cada uno a cada entrada. Cuando la tuvieran debían esparcirla en la línea recta sobre el camino justo en el límite del pueblo, al mismo tiempo. Una vez hecho esto pasaban a la segunda, y no menos importante, fase del hechizo: el conjuro; no era más que un ritual que activaba los efectos de la poción y extendía sus efectos por el cielo y la tierra comenzando a unir las cuatro pociones. Como tercer paso el hechicero debía provocarse un corte en la mano y dejar caer unas 7 gotas de sangre sobre la línea, en la que habían echado la poción para finalmente pasar a la cuarta y última parte en la que debían prender fuego la línea por un largo tiempo, hasta unir las cuatro paredes. Todo esto debía hacerse de forma cronometrada y sincronizado ya que la mínima dispersión del tiempo podría llegar a causar estragos en todo el pueblo.
Por las dudas de que algo saliera mal, David, junto a los enanitos y Marco se habían encargado de crear un gran bunker bajo tierra, aprovechando las minas, todos los habitantes del pueblo allí esperarían hasta que todo acabase, todos menos Bella, quien se quedaría en la torre del reloj que se encontraba sobre la biblioteca. Bella sincronizaría relojes con los cuatro hechiceros y los ayudaría a hacerlo de modo prolijo, haciendo sonar la campana cada vez que debieran proseguir con el siguiente paso del hechizo. Obviamente a Gold no le había hecho ni pizca de gracia cuando Hook propuso que fuera ella la que hiciera sonar la campana, pero a ella le había gustado la idea, así podría al menos colaborar con algo y cuando a ella se le metía una idea en mente no había forma de persuadirla. En lo único que Hook pensaba era que Gold ahora sentía la misma preocupación que él por la realización del plan. Por su parte Snow y David junto al resto de la población esperarían en los bunkers.
Sí, lo tenían todo fríamente calculado, todo menos la presencia de Greg y Tamara en los bosques de Storybrooke.
Hacía tan solo dos días que habían llegado y como habían planeado, Tamara practicaba con sus nuevas habilidades. Lo que la máquina había ocasionado era algo que cualquiera de los habitantes del pueblo tendrían que haberlo visto para creerlo. La máquina, diseñada a modo de prueba y error por Tamara tenía como propósito arrebatar la magia de cualquier ser colocado en su interior. Guardándola en pequeños tubos especiales diseñados para contenerla.
En sus primeros intentos de máquinas Tamara había matado a muchos seres mágicos al intentar quitarles la magia siendo que esta estaba ligada a la fuerza vital del ser. Cuando ese problema pudo ser solucionado enfrentó otro: los depósitos de magia no lo guardaban por más de 60 segundos. Con el paso del tiempo pudo perfeccionarlo todo, incluso fue capaz de crear una máquina que realizara el proceso inverso. Eso era lo que se había hecho a sí misma: al obtener una parte de la magia de Regina se la había implantado a sí misma cuando entró con Greg a la máquina, ahora solo le quedaba poder controlarla y acabar así con la magia que había en ese pueblo que no debía existir.
Luego de mucha práctica Emma al fin lograba dominar su parte del hechizo.
Regina por su lado seguía practicando a escondidas, lo que fuera que estuviese mal o diferente en ella, no tenía que dejar que los demás supieran. Cada vez que Hook llegaba a su habitación, ella se detenía tan rápido que él no llegaba a darse cuenta de lo que hacía. El resto del día Regina se la pasaba rodeada de gente que la quería y se preocupaba por ella de verdad, abrazando a su hijo y hablándole de cosas triviales, intentando saber más del seguro de su madre y abrazada dándose amor con su pirata manco favorito.
El día que tenían como fecha de realización del hechizo había llegado en un abrir y cerrar de ojos, debían despedirse, decirse adiós aunque solo fuera por lo que durara la realización del hechizo.
En un abrazo, Emma se despidió de sus padres, quienes llorando le devolvieron el abrazo.
"¡Eh! Que solo son un par de horas, no tienen por qué preocuparse" dijo ella que no estaba acostumbrada a que alguien se preocupara de ese modo por ella.
Henry se despidió de sus madres con un gran beso y abrazo. Hook se acercó a Regina, abrazándola por la cintura desde atrás y en su oído susurró.
"No tienes que hacerlo si no quieres, no hay nada de malo en que digas que no"
"Sabes que tengo que hacerlo, ya lo hemos discutido" respondió ella y se volteó a verlo abrazándolo por el cuello.
"Prométeme que estarás bien"
"No te preocupes, regresaré a la hora acordada, como dijimos y cuando lo haga tu y yo iremos a cenar como dijimos" Dicho eso lo besó con mucha suavidad y amor, mientras le acariciaba el cuello con su mano derecha
"Bueno, bueno…" dijo Gold interrumpiendo el beso "¿Qué tenemos por aquí?"
"¿Qué quieres cocodrilo?" Preguntó Hook de mala gana, enojado porque les había cortado el rollo.
"¿No creen que pueden dejar eso para después? No tenemos tiempo que perder" A regañadientes él aceptó soltarla luego de darle el último beso de despedida.
Regina fue al lado de su madre y la tomó de la mano.
"¿Estás lista?" preguntó Cora
"Nací lista" respondió ella y añadió "No hay nadie más con quién me gustaría realizar el hechizo que contigo, madre"
"Eh… creo que hay algo que…" Comenzó a decir Cora, pero el tiempo se agotaba y las interrumpieron "Te diré luego mi cielo" la besó en la frente ahorrándose contarle la verdad sobre su padre.
Luego de que Gold se despidiera con un gran beso de Bella partió cada uno hacia direcciones opuestas, a cada entrada del pueblo y Bella al reloj.
Tamara ya lograba dominar algunas cosas de su magia, pero tenía mucho que aprender todavía, todavía había muchas cosas que debía dominar. Sin embargo para poder tener éxito solo necesitaba que uno de los cuatro magos no realizara el hechizo a tiempo con los otros y ella sabía bien a cuál de los cuatro hechiceros debía atacar
