Era un joven tímido, de pocas palabras, con escaso atractivo físico y un sentido del humor prácticamente extinto…detalles que le negaban un lugar entre "los chicos populares", pero que compensaba con su gran intelecto, su voz sedosa…casi hipnótica y su gran corazón. Cualidades que lastimosamente no son muy valoradas ni en el mundo ordinario…ni en el mundo mágico.
Según la creencia popular, el joven Severus Snape gozaba de una vida plena y feliz. Pero contrario a ello, él nunca fue un hombre de suerte, nada le llegó en bandeja de plata y siempre tuvo que pelear para lograr aquello que deseara. En otras palabras, era uno de los que en lugar de nacer con "estrella"… más bien, nació estrellado.
Muchos dirán: ¡Pero si es un mago! La magia debió arreglarle la vida ¿o no?...pues júzguenlo ustedes mismos.
Tenía siete años cuando descubrió que era diferente a los demás, aunque no supo si eso era bueno o malo…quizá ambas cosas a la vez. Esa fue una tarde que no olvidaría jamás. Tobías, su padre, le había encerrado en su habitación por una mala mirada, el hombre era odiosamente estricto y sin saber cómo, el niño había hecho desaparecer la puerta con todo y bisagras. Esa fue su primera muestra de magia accidental.
Ellien, su madre, lo miró con orgullo pero a Tobías no pareció agradarle y con el alcohol y la ira corriendo su sangre, interpretó eso como un claro gesto de rebeldía que obviamente no tuvo un final feliz.
Ese mismo día con solo 7 años de edad, este niño conoció el "rencor" y no sólo en forma teórica. Severus odió a sus padres. A uno por lastimarlo y al otro por no evitarlo.
Pero no todo en su niñez fueron acontecimientos trágicos, también hubieron algunos medio malos y otros casi buenos como aquella ocasión, cuando cumplió los diez años y el destino lo sacó "momentáneamente" de su solitario mundo con un: "¡Hola!...Me llamo Lily y soy tu nueva vecina" dicho por los labios de una niña pecosa y pelirroja, de voz suave y cantarina.
Él la amó desde el momento en que sintió el aroma de sus cabellos correr por la brisa, la amó antes de verla a la cara porque su voz le bastaba para saber que ella era hermosa y cuando al fin se atrevió a mirarla…entonces la amó el doble por esos ojos tan verdes como lo era esperanza de un día confesarle su amor y desear ser correspondido.
¿Qué puede saber un niño del amor?...nada y todo a la vez porque el amor encierra sinceridad, inocencia, sacrificio…y Severus experimentó cada una de esas cosas desde que conoció a Lily Evans. Pero un amor en silencio, es como una sed que nunca quedará satisfecha y de la misma manera en que Severus no podía mandar en su corazón, tampoco pudo hacerlo en el corazón de Lily.
Varios años después, en un frío día de otoño, sentados frente al lago, ella le confesó que el amor había llegado a su vida… "Estoy profundamente enamorada del atractivo capitán de Quidditch James Potter"…le dijo sonriendo con emoción.
…y al escuchar esa frase Severus se tragó el "¿Lily, quieres casarte conmigo?" que en un futuro cercano pensó preguntar y que hasta ese momento no había expresado por cobardía…si, él era un cobarde.
Ocultó su herida lo mejor que pudo e incluso sonrió para ella en señal de aprobación. Desde ese día, su cara, sus gestos se volvieron secos y sus ojos inexpresivos como si llevara encima una espesa máscara y se vistió de negro, quizá por el luto permanente de su alma, porque por dentro sabía que su sueño, el único sueño que creyó hacer realidad en su vida, moría ante sus ojos.
Y mientras más triste era él, Lily se volvía más feliz y eso lo confirmaban las miradas soñadoras que la señorita Evans y el joven Potter se dedicaban mutuamente. Miradas que obviamente él se dispuso a ignorar como si no le estuvieran carcomiendo lenta y dolorosamente.
Su cuarto año escolar comenzaría con una nota amarga. El director le llamó a su oficina para notificarle que sus padres, Tobias y Ellien, terminaron matándose entre sí en una escena de violencia doméstica. Una historia demasiado dolorosa, pese a que trajo algo bueno a su vida. Un nuevo mentor y la oportunidad de sentirse valorado.
Albus Dumbledore no solo conocía las destrezas del chico que tenía frente a él, sino que sabía su pasado…era una alma rota que necesitaba ser reparada antes que terminara destruyéndose a sí misma.
Centrarse en sus estudios le impulsó a ser uno de los estudiantes más destacados de su generación, un gran honor…eso nadie lo niega, pero también le volvió más solitario.
Llegada su graduación, no tenía muy claro lo que deseaba para su futuro… ¿Debía aceptar la beca para estudios avanzados en pociones?…o quizá…no pudo terminar la frase porque escuchó un escándalo en el comedor. Si bien es cierto, nunca pudo comprender el alma fiestera de Potter y sus amigos, mantenía con ellos un espejismo de algo parecido a la amistad, sustentada solo por el amor que le tuvo…o tenía a Lily…espejismo que desapareció ese día, cuando todo Hogwarts fue testigo de la propuesta matrimonial de James y su corazón al fin se quebró.
Quizá eso le proporcionó el coraje necesario para dejar de fingir porque en realidad ya no le quedaba coraje para ver a Lily…a su Lily, unirse a otro hombre para siempre…era mejor huir, marcharse lejos, como el joven cobarde de siempre y así lo hizo.
Pero su lejanía no fue eterna y cuando al pasar del tiempo los rumores de guerra eran la gran noticia, Severus Snape consideró que el tiempo de dar la vuelta había llegado y entonces volvió…
Volvió, si…pero no como el sumiso adolescente de antes, si no con la barbilla en alto acreditado como uno de los mejores sanadores del mundo mágico, un experto en pociones y un hechicero rodeado de un aura mágica muy poderosa.
Su cuerpo lucía más delgado que antes, pero aún así, elegante. Llevaba el cabello largo y negro, ligeramente recogido en una coleta y ya no caminaba viendo al suelo. Sin embargo, habían tres cosas que le seguían acompañando cual si fuesen tatuajes imborrables: La soledad, sus trajes oscuros y su amor por la que, ahora debía llamar: Señora Potter.
Albus se sorprendió gratamente al verle y mucho más cuando al fin le convenció para trabajar en Hogwarts como maestro. El anciano pensó que con un poco más tiempo, los rencores pasados que aún atormentaban a su hijo adoptivo sanarían completamente.
Pero el tiempo corrió en su contra y pasaron pocas semanas antes de que el mismo Severus se presentara en su oficina para ofrecerse de voluntario, no solo para luchar contra el señor oscuro, sino a jugarse la vida como un espía entre los enemigos. Función que ambos magos, mantuvieron totalmente en secreto.
Fue innegable el inmenso aporte que este joven brindó a la causa, pero a ¿Cambio de qué? ¿De su felicidad?¿De su vida?.
Para Albus era doloroso verle llegar temblando, sin aliento, después de una noche entre los mortífagos…y no solo eso, la nube tristeza que Severus Snape llevaba en hombros alejaba a todos en su camino y ni siquiera la noticia del nacimiento de Harry James Potter logró servirle de excusa a su mentor para obligarle a visitar a sus antiguos amigos Lily y James.
Conforme los meses pasaron, Severus continuaba igual…o quizá peor. Su papel, le obligaba a mantener cierta reputación en Hogwarts, era el maestro mas odiado entre los estudiantes, pero eso no lo importaba, al fin y al cabo no deseaba la simpatía de ningún mocoso…pero también cobró un precio muy alto…la vida de Lily…porque sí, él se sentía culpable de que su muerte, porque pese a que no tomó buenas decisiones en el pasado, si debió hacerlo en el presente y permanecer cerca de ella para protegerla.
¿Porqué Lily y James no tomaron las debidas precauciones?¿No se habían enterado que estaban en guerra y que el señor oscuro era peligroso e influyente?¿Qué tanto debían confiarse de los idiotas descerebrados que tenía como amigos?
La respuesta a esa pregunta llegó la noche en que Lucius descubrió la maldita profecía y cambió todo el curso de la historia. A Severus ya no le importó permanecer de incógnito, ya no le importó nada… ni su seguridad, ni su vida, con tal de salvar la de ella.
Pero sus esfuerzos para avisarles no sirvieron de mucho…quizá de nada porque la única persona por la que Severus estaba dispuesto a dar su alma y a sufrir un eterno cruciatus, su amada Lily, acababa de morir en sus brazos dejándole una nueva misión que cumplir: "Sé su padre Severus"
Pero él no sabía cómo ser un padre, el modelo paterno que aún conservaba desde sus memorias infantiles no era suficiente, no podía ser suficiente!…un padre debía ser algo más que disciplina y control.
Heme aquí…yo…aquel que era reconocido en nuestro mundo por su inigualable destreza en pociones, ante quien los estudiantes de Hogwarts temblaban, aquél a quien incluso sus compañeros de trabajo tenían miedo de mirar a los ojos, aquel supuesto mortífago…el valiente y adiestrado espía que vivía día a día bajo la sombra de la muerte…yo…El gran Severus Snape…tenía un bebé en mis brazos y me sentía insignificantemente pequeño ante él!..
Esos fueron los pensamientos de aquel hombre, cuyo pasado estaba marcado por el dolor, la soledad, la frialdad y la también la cobardía, pero éste no era el momento de comportarse como un cobarde, él ya no era el mismo de antes, él ya no tenía miedo.
"En mi corazón una voz me gritaba que estaba listo para hacer frente a lo que fuera necesario para cuidar de ese niño"
Ahí comprendió que un padre es aquel mortal que encarna el papel de un valiente ángel, que protege, que guía, que te levanta si te caes, que te ama, que te cuida, que te conduce por el buen camino.
Aún en mis brazos, Lily me dedicó su última sonrisa y en el instante en que sus ojos se cerraron, mi corazón se desquebrajó en millones de pedazos dejando de latir…creo que una parte de mi antiguo ser murió ese día…todos los años de amargura, rencor, soledad, odio y desprecio fueron suplantados por un nueva razón de vivir: "Harry"…
Aquella misma hora, frente al cuerpo sin vida de su amada Lily, Severus Snape levantó su varita jurando por su magia amar y proteger a ese bebé, a quien nunca había visto antes, quien era un extraño a la luz de sus ojos...pero quien era su hijo a los ojos del corazón.
Lily Evans, la niña pecosa de cabellos rojizos ya no estaría a su lado pero él se aseguraría de que Harry James Potter tuviera un destino diferente al suyo, Harry sería feliz y él estaría siempre a su lado para asegurarse de eso, aunque le costara la vida. Esa Fue su promesa.
Una promesa dicha por su boca que fue bendecida por el cielo y en señal de ello, mientras Severus hablaba sus ojos inexplicablemente irradiaron luz cual si estuvieran hechos de plata y su magia estalló los cristales de la ventanas.
Y así, oculto en el manto de la noche…una noche casi tan oscura como sus propias vestiduras, el nuevo guardián tomó aquel niño en sus brazos y desapareció sin dejar rastros, cual si fuera un ser que nunca existió, cual si fuera un ángel…un ángel de túnicas negras.
CAPITULO 4 (PARTE I)
"UN ANGEL DE TÚNICAS NEGRAS"
-Despejado… una voz dijo en un susurro casi inaudible.
-Despejado…repitió otra voz a su tercer acompañante que le seguía muy de cerca, casi rozándole los talones.
-¿Uh?...respondió el rubiecito con cara de no entender nada…y es que en realidad no entendía nada!...¿Este es el callejón Diagón?...lespreguntó dando una miradita a sus alrededores, la verdad es que en las revistas parecía ser un lugar muy diferente a la cabaña en que estaban.
-Duuuuhhh, por supuesto que no…el pelirrojo que iba por delante le respondió en tono muy bajito sin siquiera mirarle…Estamos en la madriguera, agregó con voz fantasmal, nuestra caaasaaaa.
-¡¿Qué?! ¡¿Y qué hacemos en tu casa?! ¡¿Y por qué estamos de rodillas?!...el niño gritó enojado poniéndose de pie y recogiendo su escoba que se le había caído.
El atardecer estaba por tintar de colores el horizonte y dar paso al ocaso. Hace muy poco tiempo que la hora de la merienda había pasado, pero en lugar de sentir hambre, éstos tres jovenzuelos llevaban un buen rato arrastrándose a gatas como si fuesen tres reos condenados y buscados por la policía del país...vale, si eran tres fugitivos pero lo de la policía salía sobrando…aunque quizá la fuerza policial completa sería menos amenazante que sus padres.
-Ssssssssshhhhhhhhhhhh!... ¡Abajo!...los gemelos le regañaron mientras lo jaloneaban para que se agachara de nuevo pero este niño era terco y no se dejaba, por lo que los gemelos entablaron una de sus memorables conversaciones.
-¡¿Estás loco?!- George lo giró para que lo mirara mientras le reñía.
-¡¿Quieres que nos descubran?!- Ahoralo giró Fred porque era su turno de regañarlo.
George aparto al lado derecho de su cuerpo al niño y hablo con su fotocopia: Es obvio que mamá no está en casa pero…-
-…Ron y Giny si están aquí y pueden interferir con nuestro gran plan…-Completando la frase de su otra fotocopia Fred aparto al niño al lado izquierdo de su cuerpo.
-…de Escape!- ambos dijeron en perfecta sincronía y obligaron su amigo, que por cierto estaba embrujadamente confundido, a que se agachara otra vez para que continuaran sigilosos su camino.
Después de voltear la cabeza de un lado a otro tratando de entender las palabras que susurraban las dos idénticas caras, el chiquillo rubio se sintió mareado y solo atinó a preguntar: ¿Y…y… cuál es su plan?
-Pues mira que volar hasta el callejón Diagón es tentador peroooo…Fred esquivaba uno de los palillos mágicos que usaba la señora Wesley para tejerles sweteres.
-pero es un poco arriesgado, ya sabes podríamos encontrarnos con grandes peligros…George pateó la madeja a medio acabar de su madre.
-…como los mortífagos o algo peor: como nuestra madre!... así que lo más seguro essss…
-…es colarnos discretamente en casa, para utilizar la Red flu.
Harry, que justo hoy no lucía su acostumbrado cabello revuelto, no entendió ni jota de la explicación, ¡Estos dos estaban más locos que él!... pero le daba igual, ya estaba metido hasta las gafas de problemas con su papá, así que si tenía la oportunidad de conocer el callejón Diagón antes de morir, pues se daba por satisfecho.
Así que aunque le pareciera ridículo arrastrarse sobre sus codos y rodillas por debajo de la mesa, lo hizo sin protestar, pero tenía una pregunta: ¿Qué era esa cosa flu de la que hablaban?…Uhmm…quizá y solo quizá, debería poner un poquitito más de atención durante las clases mortalmente aburridas de su padre.
Quedando de acuerdo en su plan, cautelosamente los tres chicos se acercaron a una enorme chimenea. Harry les seguía muy curioso de todo lo que veía a su alrededor.
Las ollas y los platos se lavaban solos, una escoba rota por el mango barría todo el lugar y sin control, el reloj de la sala apuntaba a que sus nuevos amigos idénticos estaban en fuga de casa…y aquí valga la pena resaltar que Harry jamás de los jamases había visto un reloj tan raro!
Se quedó un poquito más mirando el mágico aparatito porque también aparecía una niña muy risueña pelirroja y muy bonita, 'seguro esa es la Giny de la que hablaban' -pensó- luego una lechuza cayó dramáticamente en el centro de la mesa con cartas y un paquetito. Eso casi lo hace pegar un grito pero se contuvo. Harry sabía muy bien de ésas lechuzas porque su papá le había hablado que ellas en el mundo mágico entregaban la correspondencia. Se sonrío con júbilo, su huida estaba resultando muy divertida!
También le sorprendió el tamaño de la chimenea y pensó en lo pequeña que era la de su casa…aunque en eso no se podía quejar porque proporcionaba un calorcito muy acogedor y no pudo evitar recordar las veces que se quedaba dormido sobre la alfombra escuchando una de las aventuras mágicas de su papá aunque según él eran pocas y aburridas, pero Harry se ponía de lo más entusiasta y atento cuando lo convencía de que le contara cosas, ¡como aquella vez en que salvó a varios mugos, o mugleee…o bueno como se llamen!... en el fondo el niño sabía que había mucho más ,muchísimo más, para contar solo que su papá era un aburrido y no le decía nada!
"¡Wooo…esto sí que es un hogar mágico!...¡Apuesto a que ni siquiera tienes que sacar la basura porque seguro camina por si sola!...¡Las personas que viven aquí deben ser magos muy poderosos, quizá me ayuden para que papá no me mate!
-¡Hey! ¡despierta! que tú vas primero niño volador…o como te llames…Dijeron los hermanos empujando al chico hacia la chimenea… ¡Y apúrate!
-¿Qué?...Harry dio vuelta sobre su propio eje como trompito….¿Pero qué hago?
El par de chicos le vieron con los ojos entrecerrados… ¡Usa la red flu!...ordenaron impacientes señalando al frente.
Harry se reacomodó sus gafas, no tenía ni la menor idea de qué hacer, esto era un chimenea como cualquier otra!...ehhhh bueno, lo único que le pareció extraño fue un curioso botecito que estaba sobre la chimenea.
Indeciso, pero sin querer parecer un tonto, tomó el bote y al parecer iba por buen camino porque los gemelos se relajaron un poco. Bien…ahora que ya tenía esa cosa en sus manos, el segundo paso era…era…
-¡Saca los polvos de una vez!...George le gritó nervioso presintiendo que se quedaban sin tiempo.
-¡No me grites que a eso voy!...Harry le contestó de mal modo, caray que el niño también tenía su genio!.
Bien, ya había sacado los raros polvos verdes y ahora el tercer paso era…era…era…¿Comérselos?...¿Y si sabían horrible? ¡Já, Si su padre apenas y lograba que se comiera las verduras, mucho menos se comería esa cosa verde!
Pero antes de que nuestro pequeño hombrecito rubio pudiera protestar, los gritos de una niña que fue bruscamente despertada de su siesta hicieron brincar a todos los fugitivos, segundos después apareció otro chiquillo que por reírse de la broma jugada a su hermanita, tropezó por las escaleras y cayó de narices, justo a las espaldas de sus hermanos mayores.
Los ojos de Harry se abrieron al tope cuando vio al…al…¿niño? o gnomo calvo, sin pelo ni cejas, que se aventaba contra los gemelos.
-¡Idiotas me las van a pagar!...Les gritaba tirando puñetazos, patadas y mordidas a diestra y siniestra…¡Mamá Fred y George están aquí!
-Cállate Ronniquis!- Dijeron los contrincantes tratando de taparle la boca al "gnomo" de su hermano pero el pequeño no dejaba de gritar diciendo lo mismo.…¡Mamá Fred y George están aquí!
Y como si la cosa no estuviera ya suficientemente estresante, un ruido estridente como las sirenas de bomberos que Harry había visto en las películas retumbó en toda la casa, y además, las puertas y ventanas comenzaron a cerrarse solas.
Desde afuera, una voz ronca gritó un: ¡Bombarda! y la puerta delantera salió volando por la explosión.
Harry siempre deseó aprender un hechizo para meterse dentro de la TV y ayudar a su superhéroe a combatir a los malvados!... ¡Oh sip, eso sería genial!...pero hoy, justamente hoy que se encontraba en el corazón de la batalla, la cosa no le parecía tan fácil como en las series televisivas y Súperman no daba ni señales de aparecer!
Entre el ruido, el llanto de Giny y la pelea que se tenían los gemelos y Ron en la alfombra, Harry estaba a punto de colapsar de los nervios y no juzguen que cualquiera se hubiera orinado del miedo al estar en su situación!... debía salir de ahí y rápido!...pero…¿Dónde estaba su escoba?
Tragando saliva, Harry vió su escoba nueva tirada bajo la mesa pero con el miedo corriéndole por los pelos, tomó los polvos sin saber que decir, sin saber qué hacer, sin saber si al final moriría sin conocer el famoso callejón Diagón…
-¡Hay pero yo quiero ir al maldito callejón!...se quejó mientras cerraba los ojos y arrojaba los polvos al suelo con fuerza.
BRRRRRRRUUUUMMMMM!
Todos en la madriguera se quedaron callados mirando la chimenea, pero no porque quisieran arreglar las cosas de una forma civilizada. El hecho de que ese extraño niño había desaparecido por la red flu, fue sólo una pausa que duró sólo ½ segundo antes de que los cuatro pelirrojos volvieron a la lucha importándoles menos que una rana de chocolate, el que las alarmas estuvieran sonando.
George estaba tirado boca abajo golpeteando el piso con su mano derecha mientras Ron le mordía la pantorrilla, Fred jalaba la camisa de Ron mientras Ginny lanzaba almohadones a George, con tan mala puntería que todos caían en la cabeza de Ron….el cuadro comiquísimo solo fue interrumpido por un grito enojado:
-NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Un grito tan fuerte que asustó a los mocosos pelirrojos- exceptuando a Ron que estaba desparramado en el suelo intentando morder la pantorrilla su hermano como si fuera un muslo de pollo, pero cuando notó al extraño hombre que se le acercaba, decidió unir fuerzas con el enemigo y se puso en posición de ataque junto a los gemelos.
No tenían ni la más remota idea de quién podría ser, obvio no era ningún familiar porque no tenía ni pecas, ni el distintivo cabello rojo, además un Weasley nunca podría tener una cara tan enojada o quien sabe, tal vez su mamá si se enoje mucho cuando los vea.
-¡Es un mortífago!-Ginny gritó advirtiendo a sus descerebrados hermanos mayores mientras corría a esconderse debajo de la alfombra de la cocina,en cuanto estuvo totalmente cubierta desapareció.
El hombre caminaba determinado hacia la chimenea mientras en el camino pisaba un patito de goma amarillo y soltó una maldición.
-¡Aiiiiii!...¡mató al pato!...Gritó Ron asustado al mismo tiempo que Fred, George sacaron sus varitas y le apuntaron dispuestos a lanzarle todo tipo de hechizos pero antes de que pudieran si quiera pensar en uno, los tres terminaron volando sin poder controlar ninguna parte de su cuerpo.
-No- soy- un- mortífago!...Dijo muy despacio el hombre desconocido, pero su voz era tan seca que en lugar de tranquilizarlos, los aterrados chicos cerraron los ojos pensando que ese sería su fin.
El poderoso mago estiró ambas manos frente a sus prisioneros. De su brazo izquierdo, surgió una serpiente que comenzó a sisear amenazadoramente frente al rostro de Fred que casi cambia su cabello al blanco del miedo. George quería ayudar a su gemelo, pero el hombre le apuntaba con su varita soltando amenazas que variaban desde transformarlo en una lombriz hasta convertirlo en un retrete muggle.
Desde su escondite, la pequeña Ginny observaba todo, ella estaba aterrada pero el deseo de salvar a sus hermanos pudo más y también se sumó a la lucha. El plan era… era…era…pues no tenía un plan pero debía hacer algo o pronto serían tres menos en la familia…y hasta ella sabía que eso sería muy aburrido!
La pequeña de los Wesley, recordó una de las bromas de sus hermanos habían jugado a su tía la navidad pasada. Muy sigilosa agarro el tarrón de cerveza de mantequilla que su madre acababa de preparar y lo vació en la cabeza del mago extraño que no paraba de hablar con sus hermanos.
-¡Aggg!¡Niña idiota!...el mago gritó y su aura se expandió salpicando todo del líquido amarillo. Hizo desaparecer la mezcla de su cuerpo prometiendo las mil maldiciones para la chiquilla que lloraba a moco tendido ahora inmovilizada también.
Fred y George pensaron que este era su fin, el fin de todos los Weasley… toda una generación pelirroja moriría en este instante, ¡Adios mundo cruel!¡Tantas travesuras que les quedaban por jugarles a los Slytherin! ¿Qué sería del mundo mágico sin ellos?
Pero Justo cuando creían que dentro de poco escucharían una maldición imperdonable escucharon un par de explosiones.
BUMMMMM! BUMMMMMM!
Los señores Wesley estaban en casa.
Los chicos comenzaron a gritar para alertar a sus padres pero en lugar de pelear, el hechicero se metió a la chimenea y repitió:
-¡Quiero ir al maldito callejón!...desapareciendo entre el fuego verde que botaba la red flu.
Con cara de no entender nada los señores Wesley apenas y llegaron el momento en que el hombre salía por la chimenea.
El Señor Wesley revisó a su alrededor y no había ninguna amenaza…bueno, estaba su esposa si lucía bastante amenazante...quizá incluso más que Voldemort. Algo había pasado allí y los sospechosos de siempre, se encontraban patas arriba.
Arthur desencantó a Ginny y a Ron porque de los gemelos se encargaría la señora Wesley… ¡y vaya que se encargó!
- ¡Fred y George Weasley! ¡¿Quien era esa persona? ¡Y en el nombre de Merlín! ¿qué hacen ahí hechizados?!
Nadie le quitaba a Molly de la cabeza que los culpables de que todos eran los gemelos…aunque estuvieran inmovilizados!
-¡Mamá!-
La señora Wesley casi es tumbada al piso cuando retiró el hechizo. Los chicos apenas sintieron sus pies en suelo firme, se lanzaron a abrazarla dejándola desconcertada.
George puso cara de desvalido, sobreactuando un poquito, ¡no era tonto se le venía castigo sí o sí, eso lo sabía muy bien!
-¡Vino un mortífago vestido de negro y…
-…y un mortifaguito volador!... Fred agregó su cuota poniendo cara sufrida.
-¿Un mortífago y un mortifaguito?...Molly les miraba incrédula… ¡Están inventando todo!
-¡NOOOOOOOO!...Los gemelos gritaron a coro e incluso ambos corrieron al mismo tiempo para mostrarles la escoba que el niño tenía.
Ron y Ginny estaban abrazados a su papá y asintieron cuando sus padres buscaron afirmación.
Después de mucho lloriqueo, mimos, más lloriqueo y más mimos, Molly envió a los menores a sus habitaciones y a los gemelos, con la nariz en las esquinas de la sala…este no era le día de suerte de los pobres bromistas.
Después de lanzar un hechizo silenciador, Arthur tomó la escoba: Esto es serio, tengo que hablar con Dumbledore…
-¿Crees…crees… que sea él?...la mujer preguntó sin dar detalles, era un tema secreto para los miembros de la orden.
-No lo sé, lo hemos buscado por tanto tiempo… El caballero pelirrojo reflexionaba…¿Y de repente aparece en nuestra casa? ¿Por qué?. Esto es urgente, debo ir a Hogwart ¿podrás tu sola con los chicos?
-¡Já! ¡claro que podré esta vez fueron más lejos que una simple travesura, se han ganado una buena paliza!
-Hablando de travesura, ¿cuando le saldrá el pelo a Ronny?- Arthur Weasley miró a su hijito como cuando alguien ve por primera vez a Freddy Krugger…Me asusta verlo así.
-Después de tratar con los chicos voy hacer la poción Crece-pelo ya tengo las 40 colas de rata para prepararlo.
-Gracias a Merlín, así no tendré pesadillas.
El señor Wesley se dirigió a la chimenea y con una mirada de buena suerte, dirigida más a sus hijos que a su esposa…se fue.
-Ya es tiempo suficiente: Relinque in Rincn.
Y los chicos salieron volando de las respectivas esquinas en las que se encontraban y la bronca empezó. Ni Molly Weasley ni Fred y George Weasley dejaron de hablar a la vez.
-¡Hacerle eso a su hermanito pequeño!- Molly estaba en el centro de su sala.
-¡Tiene 10 años mamá ya no es un bebé!...George hablaba con sus brazos cruzados en el pecho, aún flotaba…Mira lo que me hizo tu pequeño…le mostró su pierna que tenía marcas de los dientes de Ron.
-Eso sí, es muy enano pero con muy buenos dientes…Fred decía sujetándose la barbilla mientras flotaba igual que su hermano....quizá a la próxima en lugar de cabello, le quitemos los dientes!
-¡Huir de casa!...su mamá continuaba subiendo la intensidad de los gritos.
-Mamá es que casi nos hechas uno de tus conjuros de castigo!- dijeron al unísono como si explicara la raíz de todo.
-Y que les hace pensar que no les voy a lanzar uno ahora?...La señora Weasley dijo sonriendo levantando una ceja.
Los gemelos se miraron uno al otro con cara asustada.
-In manu verbera!
Inmediatamente se inclinaron mágicamente sobre el respaldar del sofá y ambos empezaron a sentir el impacto de fuertes azotes sobre sus traseros.
PLAF PLAF PLAF PLAF…¡Traer a un extraño!...PLAF PLAF PLAF PLAF… ¡A un niño desconocido!… PLAF PLAF PLAF PLAF.
-Pero mamá!... Ayyyyy!...
-…casi morimos! Auuuuuuuu
PLAF PLAF PLAF PLAF…Y arriesgaron su vidas!...PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF… ¡Y la de sus hermanos!...
PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF
-AUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU mamita lo sentimos buaaaaaaaa buaaaaaaaa
-lo sentimos de verdad ¡Ayyyyyyyyyy!.
Los chicos suplicaban misericordia, pero fue hasta que lección fue asimilada en la roja cabeza tanto como en el rojo trasero de los gemelos, que la señora Weasley detuvo el hechizo.
-Finite Incantatem!
Los chicos sintieron que se reincorporaban de su posición arqueada para quedar frente a su madre con los ojos llorosos y una competencia muy reñida entre sus colas y su cabello por saber quien estaba más rojizo.
-No quiero tener que volver a repetirlo chicos- Molly ablandó el rostro y abrió sus brazos para que sus traviesos hijos se sintieran consolados.
-Nunca máaaaas- Dijeron ambos abrazándose a su madre. La señora Weasley les daba palmaditas en sus espaldas mientras rodaba los ojos con cariño…siempre era lo mismo con ellos…nunca más, nunca más y a la semana siguiente ya hacían otra travesura…si no es que a la siguiente hora.
Después de un momento en que Molly encantada mimaba a sus los gemelos, escucho la voz de uno Fred:
-¿Mamá? ¿papá dónde está?
-En Hogwarts, debemos saber quién era ésa persona que irrumpió en la casa.
-¿Y también donde quedó el mortifaguito?
-Pues, creo que eso ni el mismo niño lo sabe hijo…
…..
…Y como un eco de las palabras de Molly, la voz de Harry chillaba en el callejón.
-¡Maldita sea! ¿Dónde estoy?... se preguntó al salir de la chimenea y de inmediato se cubrió su boca casi con las certeza de que su padre aparecería y le daría una nalgada reprendiéndole por su vocabulario…pero eso nunca pasó.
El niño miró a todos lados, de arriba-abajo de abajo-arriba y nada. El callejón estaba desierto a excepción de la negra bruma que lo envolvía y la luna llena que brillaba espectralmente sobre su cabeza. Este lugar era sin duda, más aterrador que cualquier película de terror que hubiese visto en su larga experiencia como crítico del cine muggle.
Perdiendo toda la osadía que lo había acompañado en su aventura, Harry comenzó a dar pasitos cortos tratando de ser lo más silencioso posible pero hasta su respiración hacía eco entra las paredes que parecía tener ojos y filosos dientes.
Esta visita no estaba en su itinerario, se suponía que iría al callejón Diagon, que haría muchas travesuras, que se divertiría y que luego, utilizaría sus encantos de niño bueno para que su padre no lo castigara de por vida…pero ahora…ahora…estaba solo, triste, hambriento y con miedo…mucho miedo.
Sólo una de las lúgubres casuchas estaba semi-iluminada y sin saber si eso era o no una buena señal, Harry caminó hacia la ventana. Apenas y podía ver porque el ventanal estaba muy alto, necesitaba su escoba.
-¡Mi escoba!¡¿Qué hago sin mi escoba?! Chilló soltando una lágrima recordando que había olvidado su escoba nueva en la casa de los locos pelirrojos.
Un fuerte ruido hizo que el aventurero chiquillo dejara comenzara a preocuparse por otra cosa en lugar de su preciada escoba. Se pegó a la pared intentando hacerse invisible, sus dientes castañeaban del frío y el sudor hacía que sus lentes resbalaran por sus ojos.
Algo se acercaba. Harry no podía verlo, pero podía sentirlo. No sabía que era, pero tenía los ojos rojos como sangre y gruñía haciendo que su corazón bailara en su pecho.
Y entonces aquel valiente niño comenzó a llorar como nunca lo había hecho en su vida. Eran lágrimas de miedo, lágrimas que una a una gritaban pidiendo que alguien apareciera y le rescatara.
Harry James Potter, se olvidó de su súper escoba, de sus deseos de visitar el callejón Diagón y comenzó a llamar al hombre de quien irónicamente se había pasado huyendo todo el día.
-¡Papá!...Ayúdame ¡papá!
Gritó tapando su carita con sus manos como si eso pudiera protegerlo del feroz animal que casi saltaba sobre él.
