Hola a todos una vez más. Dos meses exactos otra vez, el doble de lo que me propongo pero a estas alturas casi lo considero un logro. Quiero agradecer profundamente los reviews de: Ramib89, maximilian fabian prewett, Cartaz, Drrakkos, karakely, Jorge 4, Dark Terros, M. Hiroko Inukai y javi815. Ahora está de moda decirme cuanto han tardado en leer la primera parte, Drrakkos, karakely, Jorge 4 (tú también lo ibas a hacer javi815), un trabajo de 5 años y lo leen en 2/3 días. Aarrrgg! Les quiero y odio a la vez. Cartaz gracias por la comparación, he leído poco pero lo tengo en mi lista, es lo que tiene el ver la serie, me pone de mal humor leer y ver a la vez por todas las cosas que cambian. Maximilian todo ocurrió muy rápido y por eso no le hubiera dado tiempo a llamar a la serpiente (al menos en mi imaginación). Dark Terros por tu nick tengo claro que te van las artes oscuras, este es tu fic! xD y gracias por lo de épico. Ramib89 mientras escribía la primera pensaba en una segunda pero al final escribí un final que me permitiera dejarlo así por si no reunía el valor para continuar, pero no lo puedo dejar, es un vicio! M. Hiroko Inukai, como varios de los anteriores creo que eres nueva por este fic así que bienvenida y gracias por las felicitaciones, espero seguir contando con tu opinión.
Nada más, como siempre, espero que les guste y nos vemos en el próximo.
Capítulo 3: El juicio Parte 2
- ¡Harry!- Gritó Angelina asustada cuando apareció frente a la celda del chico. Sabía que algo iba mal pero nunca imaginó que se encontraría a Harry abatido y con una daga incrustada en el pecho.
Con la varita en alto, abrió la puerta con un simple gesto pero cuando entró e intentó apartar al hombre que había sobre el moreno su varita no respondió. Entonces oyó como Harry tosía expulsando una gran cantidad de sangre de color rojo intenso. Aquella imagen la estremeció y la impulsó a actuar. Invocó la espada de Helga Hufflepuff, se acercó rápidamente y con la pierna empujó violentamente el cuerpo del hombre para apartarlo. Observó como el hombre tenía clavada en un costado la espada de Griffindor, una espada de la que únicamente veía la empuñadura y la punta ya que atravesaba por completo su cuerpo. Incluso así, aquel asesino aún tuvo fuerzas para llevarse la mano a la parte derecha de su pantalón y sacar otro pequeño cuchillo. En contra de lo que pensó en un primer momento, el hombre no dirigió el arma hacia ella sino que volvió a lanzarse hacia Harry. Actuando por puro instinto y sin que le agradase en absoluto lo que hacía, se abalanzó sobre él y clavó la espada en su corazón con contundencia. No se detuvo ni un segundo en pararse a comprobar si el hombre volvía a reaccionar, sabía a la perfección el lugar exacto en el que había hundido la espada. En cambio, se apresuró a arrodillarse junto a Harry y sacar de su camisa el colgante de Hufflepuff con forma de tejón. Sin embargo antes de utilizarlo se percató de que el chico aún tenía la daga incrustada en el pecho. Sujetó con ambas manos el mango de ésta, inspiró profundamente para reunir el valor necesario para hacerlo y extrajo la hoja del cuerpo de Harry. Aquello provocó que el heredero gimiese y vomitase más sangre. Con las manos temblorosas y el pulso acelerado a causa de todo el líquido rojizo que tenía a su alrededor, agarró su colgante y comenzó a emitir una luz amarilla que envolvió a Harry, concentrándose especialmente en la parte superior de su cuerpo. A los pocos segundos el orificio de su pecho se cerró y el chico volvió a toser para liberar tu tráquea de la sangre que la obstruía.
- Ss… Sálvale.- Fue lo primero que articuló Harry después de poder respirar nuevamente. La morena no reaccionó.- ¡Ayúdale! Necesito que hable.- Insistió el heredero, que veía como la chica seguía sin reaccionar.
- Está muerto. Y de ninguna manera pensaba ayudar a alguien que ha intentado matarte.- Se defendió Angelina todavía algo temblorosa por lo que había ocurrido. Harry se percató del estado de la chica y no quiso volver a insistir, en su lugar se reincorporó como pudo y la abrazó.
- Gracias.- Murmuró Harry abrazándola con toda la fuerza de la que disponía en ese momento. Se mantuvieron abrazados durante casi un minuto hasta que alguien los interrumpió.
- ¿Qué ocurre aquí?- Preguntó una mujer plantada frente a la celda con la varita preparada. Quería aparentar seguridad pero parecía nerviosa.
- Alguien ha intentado asesinar a Harry Potter. Le aconsejo que informe a sus superiores.- Contestó Angelina recomponiéndose para usar un tono autoritario. La auror dudó por un instante, miró la sangre y el cuerpo inerte del hombre atravesado por dos espadas y sin decir nada salió corriendo por uno de los pasillos.
- ¿Estás bien?- Preguntó Harry una vez la mujer se marchó.
- Eso debería preguntártelo yo a ti.- Alegó Angelina dibujando una media sonrisa que para desconsuelo del chico se borró enseguida.- ¿Qué nos ha pasado Harry? ¿Cómo podemos vivir así?- Reflexionó algo alicaída mientras observaba con detenimiento las manchas rojas de sus manos.
- Lo siento. Tomé una decisión puramente egoísta para intentar aliviar mi conciencia sin tener en cuenta como podía afectarte a ti o a los demás.- Se disculpó Harry sabiendo que la morena se refería a los problemas que últimamente había existido entre ellos.- Y sé que es difícil vivir así, pero lo lograremos como lo hemos hecho hasta ahora, juntos.- Aseguró con convencimiento, provocando que Angelina lo mirase a los ojos.- La guerra puede que haya acabado, pero las consecuencias de ésta nos perseguirán durante años, tal vez toda la vida… ¿No te ves con fuerzas para seguir luchando?
- Sí, siempre que sea a tu lado.- Afirmó sin titubear Angelina sin apartar ni por un instante su mirada de la de él. En ese momento Harry sintió el impulso de besarla, aunque cuando fue a hacerlo se percató de que seguía con la boca manchada de sangre y trató de limpiársela con la manga de su camisa. Antes de que hubiese terminado Angelina terminó el recorrido que había iniciado él y lo besó. Sus labios se unieron durante varios segundos antes de volver a fundirse en otro abrazo, un abrazo que simbolizaba el regreso a la situación en la que siempre habían estado hasta aquel juicio.- ¿Crees que me importa un poco de sangre? No olvides que la llevo dentro de mí y gracias a eso estás vivo. Sentí que algo iba mal.
- Bueno, yo tampoco me he defendido mal.- Bromeó Harry mirando por un instante el cuerpo sin vida del hombre que unos minutos antes había intentado matarlo.- Tengo que decirte algo. Algo que ocurrió durante la vista de hoy.- Confesó adoptando una actitud más seria. Angelina lo miró con interés mientras él le contaba todo lo que había sucedido durante el juicio y que ella no había podido ver. Le describió lo mejor que pudo recordar todo lo ocurrido, incluyendo las palabras exactas que aquellos individuos le transmitieron y las razones por las que creía que podían estar diciendo la verdad.
- Eso explica tu comportamiento. Hermione y yo creímos por un momento que te habías vuelto loco. Bueno, más de lo que ya estás.- Aclaró Angelina bromeando momentáneamente pero sin hacerle ninguna gracia lo que escuchaba.- ¿Crees que puedes confiar en ellos?
- No lo sé. Es lo que pretendo averiguar. Mi experiencia me obliga a desconfiar pero parecían hablar completamente en serio y lo que dijeron me hizo dudar.- Reconoció el chico repasando mentalmente por enésima vez las palabras que había escuchado durante la vista.
- ¿Harry? ¿Eres tú, Harry?- Inquirió una tercera voz en forma de susurro, una voz que le resultaba conocida pero que no pudo reconocer de inmediato. Tanto Angelina como él se giraron velozmente, atentos a cualquier nueva amenaza que se pudiese presentar.
- ¿Quién es?- Preguntó Harry inquieto por no saber de quien se trataba. Antes de que esa voz respondiese Angelina se levantó y empuñó su varita, preparándose.
- Soy… Soy Peter, Harry. No puedo creer que sea verdad que estás aquí.- Respondió la ya inconfundible y lastimosa voz de Peter Pettigrew. Le hablaba desde alguna de las celdas próximas a la suya, aunque se suponía que estaría en una zona aislado del resto de presos seguramente el animago había usado sus habilidades de rata para arrastrarse hasta allí.
- No pensé que tuvieras el valor para volver a acercarte a mí.- Determinó Harry hablando lentamente. Angelina se giró hacia él preguntándole con la mirada si quería que hiciese algo. El chico se limitó a hablar de nuevo.- Creí que habrías escapado la noche que te llevé al Ministerio. Veo que al final has acabado donde deberías haber estado los últimos quince años.
- Tu amiga me atrapó esa noche. Creo que es la misma que está contigo ahora.- Reveló Pettigrew con un temor palpable en sus palabras. Esta vez fue Harry quien buscó con la mirada a la chica, quien asintió levemente.- He… He venido para decirte que es injusto que te hayan metido aquí. Todo lo que te ha ocurrido y lo que has tenido que hacer ha sido por culpa del señor tenebroso. Igual que yo, Harry. Los dos hemos sido víctimas del señor tenebroso. Todo lo que hice lo hice obligado por él, él me controlaba Harry, tienes que creerme.- Suplicó el traidor de sus padres demostrando más y más desesperación con cada frase que pronunciaba. Harry soltó una carcajada de incredulidad y rabia antes de responder.
- Que estés aquí no significa que te lo merezcas. Tu sola presencia en este mundo es un insulto para mí y mi familia. Lo que realmente mereces es la muerte. En su día me detuvo el hecho de que quería limpiar el nombre de Sirius, ahora que ya se ha desvelado tu gran mentira nada me impide terminar lo que dejé a medias.- Amenazó Harry meditando antes de lo que creía si romper su propia promesa de no volver a hacer daño a nadie.
- No Harry. Tienes que creerme. Lo siento mucho. Siento todo lo que ha pasado. Yo nunca quise hacerte daño. Yo… Yo te quiero Harry, igual que quería a tus padres…
- ¡Cállate!- Estalló Harry perdiendo definitivamente la calma. Con su grito, la pequeña antorcha que alumbraba la celda produjo un fogonazo que por un instante los cegó, iluminando la estancia en la que estaban y gran parte del pasillo.
Viendo aquella reacción, Angelina decidió actuar y salió de la celda. Miró un segundo a su derecha y luego se dirigió a la izquierda. Hubo un pequeño chillido de terror y súplica, un resplandor rojizo y por último el silencio, aunque Harry ya no estaba atento a Peter. Se había quedado mirando una diminuta ascua que había llegado hasta él proveniente de la antorcha. Emocionado y expectante, intentó cogerla para comprobar si se producía alguna reacción. En cuanto lo hizo, se quemó la mano. Al contrario que la vez anterior, en esa ocasión aguantó el dolor y cerró el puño ferozmente alrededor de la insignificante brasa, decepcionado y enojado consigo mismo.
- No entiendo por qué ahora he podido conjurar un aturdidor y antes no.- Comentó Angelina con naturalidad y volviendo con él. Pretendía hablar de cualquier otro tema y distraer a Harry para que olvidase cuanto antes las palabras de aquel desgraciado.
- Estoy seguro de que sí lo sabes.- Objetó Harry tras unos segundos.- En los pasillos no, pero el interior de las mazmorras de Azkaban están protegidas contra el uso de la magia, al menos de la provocada por las varitas.- Puntualizó sin apartar la mirada de su mano, la cual abrió dejando a la vista una fea quemadura en la palma de ésta.
- Oh Harry…- Lamentó Angelina acercándose hasta él y volviendo a arrodillarse una vez comprendió lo que ocurría. A pesar de las reticencias del chico, agarró su mano y utilizó de nuevo su colgante para curarle la herida.- Debes tener paciencia. Cuando menos te lo esperes volverás a poder hacer todo lo que hacías antes.
- Eso me dijeron ellos, que recuperaría mi magia, aunque no me dijeron cuándo o cómo sucedería. Al estallar la antorcha pensé…- Pero Harry no terminó la frase, se había quedado abstraído en sus pensamientos mientras observaba como se regeneraba la piel de su mano bajo la cálida y reconfortante luz de la Hufflepuff.
- Tú mejor que nadie sabes que cuando un mago se altera puede generar magia accidentalmente. En cualquier caso es una buena señal, debes ser paciente.- Lo animó Angelina con una dulzura que en absoluto encajaba con el lugar en el que estaban.
- Tienes razón.- Aceptó Harry con más resignación de la que manifestaba.- Por cierto, ese miserable dijo que habías sido tú quien lo había atrapado aquella noche en el Ministerio, y aunque pareciera distraído tampoco pasé por alto que durante la vista la Ministra se mostró especialmente amable contigo. Incluso llego a decir que en nombre del Ministerio volvía a darte lar gracias. Nunca me has contado lo que pasó esa noche después de que yo… desapareciese.
- Tampoco hemos disfrutado de mucho tiempo juntos para que pudiera hacerlo.- Se excusó la morena contactando con los ojos verdes de Harry. No le hacía ninguna ilusión rememorar lo ocurrido aquella noche, pero después de un intento de asesinato y la desafortunada visita de Pettigrew un relato como ese podría ayudar a Harry a mantener la mente despejada un rato y sabía que tarde o temprano acabaría contándoselo.- Lo primero que quiero que sepas es que no estoy orgullosa de lo que hice, perdí el control…
Flash Back
- ¡Seguid luchando! Lord Voldemort ha caído, pero yo, Lord Ruacet, su hijo, ocuparé su puesto.- Anunció el chico rubio intentando evitar una huída masiva de mortífagos. Con algo de ayuda, había conseguido librarse de los grilletes con los que la heredera de Ravenclaw lo había apresado y en aquel momento intentaba arrogantemente asumir el puesto de Voldemort.- ¡Mortífagos! El nuevo señor tenebroso ha…- Comenzó a declarar con ímpetu cuando algo le impidió continuar. Una cascada de sangre comenzó emanar de su garganta, y tras unos segundos, su cabeza cayó rodando por el suelo.
Los mortífagos miraron con terror a la responsable de tal acto. Tras el cuerpo de Ruacet había aparecido la imponente figura de la heredera de Hufflepuff. La mirada que profesaba la chica era suficiente para helar la sangre de cualquiera que osara entablar contacto visual con ella. Algunos mortífagos comenzaron a desaparecer, liberados de la obligación que les unía con el señor tenebroso o su malaventurado sucesor, sin embargo, alguien apareció de la nada para hacerle frente. Una mujer joven de cabellos dorados, semblante blanquecino y labios morados se había plantado delante de ella.
La heredera de Ravenclaw, intentando recomponerse de lo que acababa de ocurrir y queriendo acabar con aquello de una vez, llegó hasta su compañera para prestarle su ayuda, pero ésta ni la quería ni la necesitaba. La Hufflepuff, con gran determinación, apuntó con su varita a la princesa ya convertida en reina de los vampiros. Aparentemente no había ocurrido nada, pero la heredera comenzó a caminar directamente hacia Lynette sin dejar de apuntarla. La vampiresa no se movía, parecía totalmente petrificada. Al llegar hasta ella, Angelina sacó su espada, y haciendo alarde de su habilidad para las transformaciones, en un instante transformó el material con el que ésta estaba fabricada, de acero a madera. Sin vacilar un solo segundo, apretó aún más fuerte la empuñadura de su nueva espada y la clavó en el corazón de la mujer rubia y pálida que tenía frente a ella. Inmediatamente, el cuerpo de la vampiresa comenzó a temblar incontroladamente y por todos los orificios de su rostro comenzó a expulsar sangre. Deseando evitar verse salpicada, la morena desenterró la espada del pecho de la vampiresa y con una espiral de su varita el fuego comenzó a devorarla, entre horribles chillidos provenientes de la mujer, ahora que ya se encontraba fuera del hechizo de la heredera.
Hermione miró a su amiga y no tardó demasiado en comprender su nuevo comportamiento. La muerte de Harry había afectado a la chica de igual manera a como la aparente muerte de ella había afectado en su día al primero. Todo en la morena irradiaba odio, su alma clamaba venganza, y sus deseos por acabar con todo aquel que se interpusiera en su camino podían percibirse por cualquiera que estuviese lo suficientemente cerca. Los ojos de Angelina helaban la sangre, pero el poder que desprendía estremecía hasta lo más profundo de cualquier ser viviente. Observó la situación detenidamente, la Hufflepuff acababa de matar sin piedad a la reina Lynette ante la mirada de sus vampiros, quienes en lugar de procurar vengar la muerte de su reina, se miraron con expresión enfurecida y dubitativa antes de salir corriendo de allí. Los mortífagos tardaron algo más en aclarar su indecisión, y eso les costaría la vida. La heredera no dudó un solo momento a la hora de tomar su decisión… Comenzó a desaparecerse y aparecerse por todas partes, lanzando maldiciones asesinas a unos mortífagos que no eran capaces de ver por donde les atacaban. Hermione miró con lástima a su amiga, finalmente Harry había conseguido en muerte lo que no pudo en vida, oscurecer el alma de un espíritu puro como era el de la Hufflepuff. Pero sería injusto culpar a su amigo de la decisión que ésta había tomado, cada uno debía ser responsable del camino que escogía tal y como había hecho el moreno, a pesar del desacuerdo que ella pudiera sentir hacia esas decisiones o el dolor que esos caminos pudieran causarle. Harry los había dejado y más muerte no reemplazaría el hueco que dejaba en sus corazones.
- Ravenclaw… ¿Q… Que ha ocurrido aquí?- Tosió la deteriorada voz de Neville Longbottom, apareciendo cerca de la heredera y observando a su alrededor en busca de alguna explicación.- Los mortífagos comienzan a huir entre gritos de que el señor oscuro ha muerto, ¿es cierto? ¿Dónde está Hart?- Preguntó el chico, aún estricto en la norma de preservar los nombres, incluso en la situación en la que se encontraban.
- Ha… Harry…- Hermione se percató en ese momento de cuanto le costaba contar lo que había ocurrido.- Harry se ha ido.- Determinó finalmente la castaña bajando la mirada.
- Se sacrificó para matar a Voldemort.- Completó repentinamente la tosca voz de una irreconocible Angelina.- Y yo terminaré lo que él empezó.- Añadió con firmeza. La Hufflepuff observó a Neville y se acercó a él, introduciendo la mano en uno de sus bolsillos y sacando una pequeña bola negra.- El efecto de lo que te tomaste debe estar a punto de agotarse si no lo ha hecho ya. Vuelve a la sala de los herederos y llévate a Némesis contigo. Allí encontrarás a Ginny y a Ron, éste último está gravemente herido. Helga tiene otro cuadro en San Mungo, pregúntale si es seguro ir y en caso de que así sea, utiliza los polvos Flu para ir al hospital, llevando a Ron contigo. ¿Has entendido lo que te he dicho?- Quiso asegurarse la heredera mientras ponía el renacido fénix en las manos de un Neville que la miraba impresionado. La tenacidad y dureza de sus palabras no daba opción a réplica alguna.
- Sí, lo he entendido pero… Aunque los mortífagos comiencen a huir el Ministerio está siendo asediado, vengo de allí y es…
- De eso me encargo yo.- Declaró Angelina con un sádico brillo en sus ojos que ninguno de sus dos amigos pasó por alto.
La heredera de Hufflepuff se lanzó nuevamente a la batalla sin perder un segundo. Era cierto que una gran cantidad de mortífagos estaban huyendo y desaparecían al creer que su señor había muerto, pero aún eran muchos, sus más fieles seguidores, los que mantenían la lucha convencidos a culminar la misión que Voldemort les había encomendado.
Se acercó rápidamente a un grupo de mortífagos que parecían discutir entre ellos y sin pensárselo dos veces conjuró una maldición que explotó a su lado y los hizo saltar por los aires. Aquello llamó la atención de al menos otra decena de mortífagos a su derecha que se dispusieron a atacarla inmediatamente. Sin alterarse, creó una capa helada de agua en el suelo provocando que varios de ellos perdieran el equilibrio y cayeran. Un segundo después, agitó su varita con violencia y varias cuchillas afiladas salieron despedidas hacia los pocos que habían quedado en pie. Una acabó en el pecho de uno de los mortífagos, otra en el estómago y la última se incrustó en la frente de otro mortífago con tal agresividad que la sangre saltó a varios metros a su alrededor. Ese hecho produjo que los supervivientes y todos lo suficientemente cerca para ver lo sucedido cambiaran de idea y salieran corriendo en dirección contraria.
Ese no era su estilo pero sabía que debía ser contundente para acabar con aquello lo antes posible. Estaba convencida de que si Harry siguiera allí la guerra ya habría acabado. No por su poder sino por que su sola presencia provocaría la huída de todos los mortífagos. Simplemente la intimidación que producía la figura de Hart era suficiente para amedrentar a los mortífagos, y era precisamente eso lo que quería lograr. Ella no estaba acostumbrada a luchar sola, habitualmente Hermione la acompañaba y ambas se cubrían mutuamente las espaldas. Sin embargo en esa ocasión no quería que su amiga fuese testigo directo de su comportamiento. Se concentró durante un instante para acumular el poder necesario y se desapareció, esa noche se cubriría ella misma su espalda.
Cuando reapareció, esta vez en la planta principal del Ministerio, comprendió lo que Neville quiso decir. En cualquiera que fuese la dirección en la que miraba veía una explosión o alguien por los aires. No podía borrar la imagen de Harry de la cabeza pero fue cuando se dispuso a actuar que recordó la visita que habían hecho aquella misma tarde al Ministerio. Habían ido para entregar al mortífago que había traicionado a la familia Potter. Estaba segura de que no les había dado tiempo a trasladarlo a Azkaban y que permanecía en alguno de los calabozos de los que disponía el Ministerio. No podía permitir que uno de los últimos actos de Harry fuese en vano, no permitiría que aquel traidor al que tanto le había costado atrapar escapase. Tras únicamente unos segundos allí volvió a desaparecer.
El lugar al que llegó estaba más oscuro y bastante más tranquilo que la planta principal, pero aún así escuchaba algunos gritos y podía ver varios fogonazos procedentes de un pasillo a la derecha. Sin pensarlo dos veces corrió hacia las voces y alzó la varita, preparada para actuar en cuanto fuese necesario. Por una vez en aquella maldita noche, tuvo suerte y se encontró a los tres mortífagos que había allí de espaldas a ella. Inmediatamente dejó inconsciente a dos de ellos y al tercero lo desarmó y apresó con unas cuerdas por si necesitase sacarle información. Solo había dos aurores allí y uno estaba tendido en el suelo, no sabía si herido o algo peor.
- ¿Y los prisioneros?- Preguntó directamente Angelina al comprobar que las dos únicas celdas de las que disponía el Ministerio estaban vacías.
- A uno… acaba de abatirlo usted…- Respondió el auror superviviente mientras intentaba recobrar el aliento.- El otro está justo a… - Pero no pudo terminar la frase porque en el lugar al que señalaba no había nadie.- No… No puede ser. ¡Estaba ahí hace un minuto!
- ¿Dónde está?- Inquirió la Hufflepuff esta vez hacia el mortífago que aún estaba despierto. No obtuvo respuesta.- ¿DÓNDE ESTÁ?- Estalló Angelina llegando de un salto hasta él y apuntándole entre los ojos con la varita, que empezaba a emitir amenazante resplandor rojo en la punta.
- Púdrete, zorra de mierda…
Angelina estaba a punto de lanzarle una cruciatus cuando escuchó a lo lejos como la puerta del ascensor se cerraba violentamente y éste se ponía en marcha. Sin decir una palabra más, salió como un rayo hacia donde había escuchado el ruido. Como temía, cuando llegó el ascensor ya se había marchado. En cualquier caso, si pretendía huir solamente había una planta a la que podía dirigirse, y ningún ascensor del mundo era más rápido que ella.
Al parecer su breve aparición unos minutos atrás había alertado a los mortífagos, porque en cuanto apareció de nuevo en la sala del Atrio comenzó a recibir maldiciones desde todas las direcciones. Sin querer perder más tiempo del imprescindible, se limitó a bloquear los hechizos que llegaban hasta ella mientras corría hacia el extremo donde se encontraban los ascensores. Al menos tres de ellos estaban destrozados. Se mantuvo atenta a cualquier movimiento y no tuvo que esperar mucho hasta que uno a su izquierda se abrió. Su corazón se aceleró durante un instante hasta que vio como del interior salían cuatro aurores con la ropa manchada de sangre. Aunque parecían apurados, no les prestó mayor atención. Pocos segundos después el último de la derecha también se abrió. Corrió hacia él todo lo rápido que pudo, pero cuando llegó se desanimó. Estaba vacío.
Entonces vio algo que hizo reaccionar a su cerebro. A pesar del cansancio, su mente relacionó ágilmente lo que veía con uno de los pocos recuerdos que tenía de los escasos detalles que Harry le había dado de Peter Pettigrew. "Al igual que lo fue mi padre o Sirius, ese desgraciado también es un animago. Gracias a eso ha podido escapar tantas veces" Ella buscaba una persona, por esa razón no le dio demasiada importancia a la rata que correteaba nerviosa dentro del ascensor. No tenía ni idea de que clase de animago sería, pero estaba segura de que no podía ser una coincidencia. En el momento en el que apuntó con su varita a la rata ésta pareció percatarse y salió disparada, pasando a escasos centímetros de su pierna izquierda. Incluso en una situación como aquella, su fobia a los pequeños roedores hizo que instintivamente diera un pequeño salto para alejarse del animal. Inmediatamente se giró y con una rapidez y habilidad extraordinaria hechizó a la rata dejándola pegada al suelo, chillando e incapaz de moverse. Un instante después, lanzó otro conjuro y el cuerpo del animal se transformó en pocos segundos en algo mucho más parecido a una persona. Ignorando los gritos y súplicas del mortífago, lo aturdió y apresó al suelo asegurándose de que únicamente ella pudiera liberarlo de allí.
Con la consciencia liberada de aquella carga, decidió que ya era hora de acabar definitivamente con aquella maldita noche. En mitad del vestíbulo, entre la multitud de mortífagos y aurores que continuaban luchando, se encontraba la fuente sobre la cual se erguían las figuras de un mago, una bruja, un centauro, un duende y un elfo doméstico. Varias de las figuras estaban dañadas pero poco le importaba a ella algo como eso. En su lugar fijó la mirada en el agua que había bajo ellas. Era consciente de que podría herir a muchos de los aurores, pero en ese momento solamente quería que todo terminase.
Antes de que pudiese concentrarse percibió un resplandor verde a su derecha. Aunque hubiera podido anular la maldición sin más, la reflejó devolviéndosela a su atacante, quien poco pudo hacer antes de caer inerte al suelo. Sin ni siquiera mirar a quien había intentado matarla, alargó sus manos hacia el agua. Durante un segundo sólo se formaron unas ondas en la superficie, pero después toda la masa de agua se elevó violentamente varios metros. Lo hizo tan rápido que sus manos comenzaron a temblar debido a la tensión que sentía. Llevando al límite sus fuerzas, se concentró lo suficiente para triplicar el volumen del agua que manipulaba. Muchos de los presentes se giraron estupefactos hacia la imponente muralla líquida que inexplicablemente se había creado ante ellos. Sufría pinchazos en los brazos que los hacían temblar incontrolablemente, como si estuviese sujetando ella misma el peso del agua. Volcando sobre el agua toda la ira y el dolor que llevaba en su interior, agitó los brazos enérgicamente y provocó una inmensa ola que arrasó con todo lo que interpuso en su camino. Incluso cuando la ola llegó hasta ella en el otro extremo del Atrio ésta aún alcanzaba los dos metros de altura. Tan fatigada física como emocionalmente, se arrodilló para tener que esforzarse lo mínimo posible en que su elemento no la arrastrase a ella también. Cuando pasó, no quedaba nadie en pie…
Fin Flash Back
- ¿Y por qué dices que no estás orgullosa de lo que hiciste?- Preguntó Harry realmente sin entender la culpabilidad de la chica. Había vencido a Lord Ruacet, a la nueva reina de los vampiros en Asia, había evitado que Pettigrew escapara y además había salvado al Ministerio, motivos más que suficientes para sentirse orgullosa. Al menos él lo estaba de ella, aunque creía adivinar a lo que podía referirse la Hufflepuff.
- Maté a más de diez personas aquella noche Harry, incluyendo a dos aurores.- Reconoció Angelina bajando la mirada, avergonzada. Harry, consciente de que cualquier razón que pudiese dar para consolarla ya la habría dicho en multitud de ocasiones incluso para convencerse a si mismo, se limitó a agarrar la mano de la chica como señal de apoyo.
- Por lo que a mí respecta todas las víctimas de aquella trágica noche fueron obra de los mortífagos y en su extensión, de Lord Voldemort.- Afirmó una tercera voz desde el exterior de la celda. Tanto Harry como Angelina se sobresaltaron y de forma instintiva se soltaron las manos. Era un automatismo que habían adquirido por haber llevado en secreto durante tanto tiempo su relación.- ¿Alguien puede explicarme lo ocurrido aquí?- Inquirió Amelia Bones percatándose de la reacción de los chicos.
- Señora Ministra, un mortífago ha entrado de forma inexplicable en Azkaban para intentar asesinar a Harry.- Afirmó Angelina intentando sonar lo más formal posible.
- Tan inexplicablemente como lo ha hecho usted.- Contestó la Ministra desviando la mirada hacia el cuerpo desplomado al fondo de la celda. La chica no supo que contestar pero la Ministra habló en su lugar.- Será mejor que hagan desaparecer esas espadas si no quieren crearse más problemas de los que ya tienen.- Les aconsejó al ver las hojas de las espadas de Griffindor y Hufflepuff aún incrustadas en el cuerpo del presunto asesino.
- No ha sido un mortífago. No tiene la marca en el brazo.- Explicó Harry mientras Angelina se apresuraba a seguir el consejo de Amelia Bones.
- ¿Y tiene alguna idea de quien puede querer matarle?- Preguntó la Ministra algo sorprendida por aquella revelación. Harry no pudo evitar reírse ante aquella pregunta.
- La pregunta es si hay alguien que no quiera hacerlo. Incluso estando encerrado aquí.- Respondió Harry ahora sí imitando a Angelina y yendo a buscar su espada. Aunque ninguno de los herederos se percató la Ministra observó con detenimiento y admiración las dos espadas antes de que éstos las hicieran desaparecer.
- Puede ser porque da la impresión de que está aquí porque quiere estar. ¿O niega que podría escapar con la misma facilidad que la señorita Dovmal ha entrado aquí esta noche?
- Me he puesto a completa disposición del Ministerio para acatar lo que sea que éste considere justo.- Contestó Harry evitando responder directamente la pregunta.
- Es posible que el Ministerio o la ley pueda tener un concepto de justicia que no se ajuste a la realidad.- Opinó Amelia Bones provocando un silencio de varios segundos. Harry ya intuía que la Ministra estaba a su favor aún cuando debía aparentar imparcialidad, aunque aquella afirmación lo corroboraba por completo. Antes de volver a hablar, la Ministra miro hacia ambos lados para confirmar que seguían solos.- Haz hecho lo correcto Harry. No permitiré que cargues con una culpa y una responsabilidad que no te corresponde. Aunque suponga mi última acción como Ministra de Magia, mañana serás completamente libre…
…
Su llegada al Ministerio esa mañana fue muy diferente a la del día anterior. Escoltado y bajo un absoluto secretismo pudo llegar al último nivel del edificio sin que nadie se percatase de su presencia. Al tener que modificar la hora para esquivar a la multitud que de seguro volvería formarse en el Atrio, lo hicieron esperar en una de las celdas del Ministerio de las que Angelina le había hablado la noche anterior mientras el Wizengamot se preparaba para emitir el veredicto que podría cambiar su vida para siempre.
Estaba cansado e inquieto. Por mucho que Angelina le había insistido que debía dormir no había podido pegar ojo en toda la noche. Su mente no había parado de darle vueltas a todos los problemas que tenía, y cuanto más pensaba, más incierto le resultaba todo. El asesino que había ido a por él, los misteriosos individuos que se le habían presentado, su futuro… Si fuera condenado a pasar toda su vida en Azkaban al menos no tendría que pensar en nada ya que todo habría acabado para él, pero si la promesa de la Ministra se cumplía y salía libre. ¿Qué haría con su vida? ¿Volvería a Hogwarts? ¿Cómo podría volver después de todo lo ocurrido? Tal vez podría buscar un trabajo o marcharse temporalmente hasta que todo volviese a la normalidad. Demasiadas incógnitas y ninguna respuesta.
Hizo una mueca de dolor y fijó su atención en los grilletes que encadenaban sus manos. Torció ligeramente las muñecas para intentar acomodarse pero lo único que consiguió fue que le hicieran más daño. Lo intentó varias veces más hasta que finalmente se rindió. No conseguía imaginarse toda una vida así. Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando recordó a Sirius. Él puede que mereciera aquello, pero su padrino lo sufrió de forma completamente injusta. En unos pocos segundos notó como la rabia, la lástima y la sed de venganza volvían a él como unos viejos amigos que nunca acabaron de marcharse. Esos sentimientos negativos lo invadieron de forma tan rápida y fácil que por un momento se asustó de si mismo. Respiró profundamente tratando de calmarse y pensar en otra cosa. Afortunadamente ocurrió algo que lo apartó de sus pensamientos. Escuchó la voz de Alice a lo lejos discutiendo con uno de los guardias que lo vigilaban. No lograba entender lo que decían pero notaba el tono alterado de la conversación. Un minuto después la discusión acabó y a los pocos segundos dos figuras aparecieron frente a los barrotes de su celda.
- Hola Harry. Acabo de enterarme de lo ocurrido anoche. ¿Cómo te encuentras?- Se interesó Alice Potter visiblemente agitada.
- Bien. No te preocupes.- La tranquilizó Harry sin atreverse a mirarla. Se sentía avergonzado de que Alice lo viese así.- ¿Por eso discutías con el guardia?
- No me dejaba pasar el imbécil ese. Ni que fueses culpable. Menos mal que ha aparecido Angelina, parece que a ella sí la escuchan.- Comentó la mujer, indignada. Tras su comentario Harry levantó finalmente la mirada para corroborar como efectivamente Angelina estaba allí. La chica le dedicó una sonrisa cuando sus ojos conectaron.- ¡Vaya! A ella sí que la miras. Lo que hace el amor…- Bromeó Alice fingiendo ahora la indignación.
- ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?- Preguntó extrañamente Harry sin ni siquiera reaccionar al último comentario de su tía.
- Claro.- Asintió ella sin comprender muy bien el motivo de la pregunta.
- Debí aceptar esa comida de Navidad.- Aseguró el chico con voz apagada. Fue entonces cuando Alice comprendió lo que ocurría, su sobrino estaba castigándose pensando en las decisiones que había tomado y si éstas habían sido las correctas. Era habitual en una situación así arrepentirse de cosas que se han hecho en la vida y sobretodo, de las que no se habían hecho. Pero eso significaba que Harry pensaba que todo había acabado y volvía a sentir la culpabilidad que ella tanto había intentado disipar. Quiso reprenderlo pero entonces volvió a hablar.- El único recuerdo que tiene Emily de mí es amenazando a su madre. Dices que lo ha perdonado, pero yo no lo haría.
- Lo digo porque es cierto. Y si de verdad quieres cambiar eso ven a almorzar a casa este fin de semana. Prepararemos un traslador para que Emily venga y podrán conocerse como lo tenían que haber hecho, con normalidad.- Afirmó Alice con tanta naturalidad que por un momento Harry pensó que sería posible.
- Ojalá...- Murmuró Harry más para él mismo que para los demás.
- Parece que hay movimiento. Puede que ya hayan decidido.- Intervino Angelina mirando a su derecha, hacia el final del pasillo. Efectivamente, el ruido había aumentado ligeramente y no tuvieron que esperar mucho hasta que alguien diera la orden a los guardias de que escoltaran a Harry hasta la sala del Wizengamot.
Tanto Alice como Angelina lo acompañaron todo lo que pudieron, ya que en aquella ocasión ni siquiera la heredera pudo entrar en la sala con él. Hermione también lo esperaba frente a la puerta para darle su apoyo antes de entrar. La castaña le dio un afectuoso abrazo y le prometió que todo saldría bien, algo de lo que no estaba en absoluto seguro. Después de escuchar todo tipo de palabras de ánimo que no lograron su objetivo acabó al fin sentado nuevamente frente a la Ministra de Magia y bajo la atenta mirada de todo el tribunal del Wizengamot. A pesar de tener claro que aceptaría cualquier decisión, estaba más nervioso de lo que él mismo creía. Incluso sin magia, estaba convencido de que prefería enfrentarse a un dragón que a aquel tribunal. Ese pensamiento le hizo sonreír durante un instante, ya había salido impune anteriormente tanto al Wizengamot como a un dragón, pero definitivamente prefería al dragón, aunque fuese un colacuerno húngaro. Seguramente estaba loco.
- Buenos días señor Potter.- Lo saludó Amelia Bones desde su posición elevada. Estaba tan absorto en sus alocados pensamientos que la voz de la Ministra lo pilló por sorpresa.- En primer lugar, en nombre del Ministerio de Magia y de este tribunal quiero decirle que lamento profundamente el altercado ocurrido la pasada noche. Un atentado como ese es inadmisible e intolerable. Ya se ha iniciado una investigación y no tenga ninguna duda de que el Ministerio llegará hasta el final y atrapará a los responsables.- "Pues sí que tengo mis dudas" Se dijo Harry a si mismo, haciendo alarde de un gran autocontrol para no soltarlo en voz alta.- Una vez aclarado esto. ¿Tiene algo que decir antes de que este tribunal emita su veredicto?- Preguntó la Ministra mientras apuntaba algo en uno de los papeles que tenía delante. Aparentaba una frialdad e indiferencia que distaba mucho de la Amelia Bones que había hablado con él tan solo unas horas atrás en Azkaban.
- Únicamente quiero decir unas palabras si me lo permiten.- Acabó por declarar Harry tras unos segundos de silencio en los que había dudado si sería buena idea.- La moderación y lo moralmente correcto no tienen cabida en la guerra. Nadie te enseña cómo actuar cuando tienes en tus manos el destino de miles de vidas. He hecho cosas horribles, lo sé. Pero hoy miro a mi alrededor y lo comprendo… Era lo que debía hacer y volvería a hacerlo.- Sentenció en lo que fue una breve pero contundente demostración de que permanecía firme en su postura. Cuando terminó de hablar se produjeron algunos murmullos pero nada comparable al caos que se había vivido el día anterior. Harry estaba seguro de que habían hablado de lo ocurrido para no volver a dar la imagen de un tribunal dividido y descompuesto.
- Conmovedoras palabras, señor Potter.- Apreció Amelia Bones volviendo a hacer algún apunte y sin mirarlo directamente. Esa impasibilidad y desinterés molestaron sensiblemente a Harry, que se esforzó notablemente para no exteriorizarlo. Unos segundos después la Ministra agarró uno de esos pergaminos que tanto atendía y habló en voz alta y clara para todo el tribunal.- Este tribunal, después de analizar minuciosamente todas las pruebas, testimonios y circunstancias concernientes al acusado, dictamina lo siguiente. - La Ministra Bones hizo una pausa para humedecerse la boca y respirar profundamente.- Se considera a Harry Potter culpable de los siguientes delitos: Violar las restricciones en el uso de la magia para menores de edad; Practicar de forma ilegal las artes oscuras; Usar de forma repetida las tres maldiciones imperdonables. De los demás delitos inicialmente relacionados con el acusado no se han obtenido pruebas suficientes o se le ha considerado inocente.- Esta vez fue Harry quien tragó saliva.- Sin embargo, el sentido común y la lógica obligan a este tribunal a tener cuenta las circunstancias especiales y los indiscutibles atenuantes que atañen a este caso. Es por ello que se establece para Harry Potter una libertad limitada sujeta a una serie de condiciones innegociables, las cuales incluyen: La obligación de presentarse en este Ministerio de Magia semanalmente así como el deber de informar de cualquier desplazamiento o evento extraordinario en el que el señor Potter esté involucrado durante los próximos dos años contados a partir del día de hoy. La obligación de reanudar inmediatamente su actividad en la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería. La obligación de retirar sobre Albus Dumbledore cualquier tipo de maldición, conjuro, hechizo o encantamiento por el que éste se encuentre afectado a causa del señor Potter.- Amelia Bones continuó enumerando durante varios minutos todos y cada uno de los compromisos que estaba obligado a cumplir para asegurarse su libertad. Dichas imposiciones incluían desde registrar a las autoridades las criaturas mágicas que lo acompañaban hasta entregar al Ministerio cualquier material relacionado con las artes oscuras que tuviera en su posesión o incluso una cuantiosa multa por los daños que había causado. No podía procesar toda la información que recibía en ese momento, concretamente su mente se había paralizado desde que había escuchado la palabra libertad.- Asimismo, una vez haya alcanzado la mayoría de edad y debido a las magníficas aptitudes que ha demostrado se le insta a ingresar en la Academia de Aurores coordinada y administrada por este Ministerio con objeto de una completa colaboración y cooperación en el futuro. Establecidas todas las condiciones citadas y para que conste, votos a favor de esta condena…- En ese instante Harry vio como la mayoría del tribunal alzaba la mano, conforme con la sentencia que la Ministra de Magia acababa de formular. De forma rápida y aproximada calculaba que dos de cada tres miembros del Wizengamot había levantado la mano.- Votos en contra…- En esa ocasión pudo contabilizar mejor como algo más de una veintena de personas levantaban la mano, evidentemente contrariados con la decisión que el tribunal había tomado. – Así pues queda confirmada esta sentencia. Señor Potter, ¿acepta cumplir todas y cada una de las obligaciones que este tribunal ha dispuesto para establecer su libertad?- Preguntó Amelia Bones ahora sí mirándolo fijamente. Por un momento Harry tuvo la sensación de que la Ministra sentía cierto temor a que contestase algo que arruinase la solución que tanto esfuerzo le había costado alcanzar.
- Sí, absolutamente.- Afirmó de manera rotunda Harry. No podía decir que le agradasen las condiciones que le habían impuesto ya que le convertirían en una marioneta del Ministerio al menos durante varios años pero al menos no pasaría toda su vida en Azkaban.
Tras su respuesta Amelia Bones continuó con el protocolo unos minutos más hasta dar por finalizado el juicio y ordenar que le quitaran los grilletes que aún mantenía alrededor de sus muñecas. Una vez se los quitaron lo invadió una sensación de libertad y tranquilidad que nunca antes había experimentado. Comenzó a imaginar todas las cosas que podría hacer sin la amenaza de Voldemort y con la liberación que le suponía no ser perseguido por nadie. Volvería a sus clases, a reírse con sus amigos, disfrutar abiertamente de su relación con Angelina… No podía creer que todo hubiera acabado al fin.
- Señor Potter.- Lo llamó la Ministra antes de que saliese por la puerta de la sala. Había recibido algunas felicitaciones por parte de algunos miembros del Wizengamot y miradas casi asesinas por parte de otros pero poco le importaban ya ni una cosa ni otra, solo quería salir de allí y ver a sus amigos. Sin embargo se detuvo y espero a que la Ministra llegase hasta él.- No he conseguido que seas completamente libre, pero si he logrado darte una segunda oportunidad, por favor, aprovéchala.- Le pidió Amelia Bones tuteándolo cuando estuvo lo suficientemente cerca para que nadie los escuchase.
- Lo haré. Muchas gracias.- Respondió él con una sonrisa que no podía borrar de su rostro. La Ministra lo había ayudado de una manera que dudaba si merecía.
- No, gracias a ti.- Lo corrigió a la vez que extendía una mano que Harry apretó instantáneamente con firmeza. Después del apretón de manos que simbolizaba una extraña pero sincera amistad, finalmente salió de la sala a la que esperaba no tener que volver jamás.
…
- ¡Felicidades!- Le gritaron todos cuando entró por la puerta de la Madriguera. En cuanto salió del Ministerio, Angelina y Hermione lo habían llevado en secreto a la casa de los Weasley, donde le habían preparado una celebración de la que no tenía ni la más remota idea. Únicamente había un gran cartel con la palabra "Bienvenido" y algunos globos, pero eso era más de lo que necesitaba en ese momento para ser feliz. Tonks, Lupin, Alice, Stumlich, Neville y gran parte de la familia Weasley estaban allí para recibirlo de nuevo con los brazos abiertos como si durante los últimos meses no hubiera ocurrido nada. Uno a uno fueron abrazándole y felicitándole por haber superado con éxito todo lo ocurrido en los últimos días.
- Cuéntanos cómo lo hiciste.- Le pidió Fred en cuanto acabaron las felicitaciones.
- Que empiece Hermione. Yo necesito probar el pastel de manzana de la señora Weasley.- Respondió Harry dirigiéndose inmediatamente a por un plato y provocando algunas risas. Realmente tenía un apetito que no sentía desde hacía mucho tiempo. Los chicos empezaron el relato mientras él se dirigía con Molly a servirse toda la comida que cupiera en su plato.
- Me alegro mucho de que estés aquí.- Estimó la señora Weasley cuando estaban algo apartados del resto.
- Y yo.- Confirmó él dedicándole una enorme y franca sonrisa.- Siento mucho lo que…
- Olvídalo.- Lo cortó Molly.- Ahora lo único que importa es que estamos todos juntos.
Harry no podía olvidar que la última vez que estuvo en la Madriguera había visto o al menos creído ver como Angelina era asesinada por Lord Voldemort y él se había convertido en un monstruo. Ahora todo era diferente. Apartó ese recuerdo de su mente y en su lugar prefirió reírse de cómo sus amigos creían que él había logrado resucitar de alguna forma. Las horas transcurrieron con rapidez y despreocupación entre las bromas y la charla con los chicos. Antes incluso de que pudieran tratar ni la mitad de los temas de los que querían hablar ya se había alcanzado la hora de almorzar y Arthur Weasley llegó a la Madriguera.
- Hola Harry. Ya he escuchado en el Ministerio la gran noticia. Me alegro mucho.- Lo saludó Arthur acercándose para darle un abrazo y emitir una gran sonrisa a pesar de lo cansado que parecía.
- Gracias, señor Weasley. Siento este alboroto, tendrá ganas de descansar.- Comentó Harry educadamente.
- No te preocupes hijo, hoy es un día para celebrar.- Objetó el padre de los Weasley buscando una silla en la que poder sentarse y devorando la comida con la mirada.
- Pero Harry, aún no nos has dicho por qué acabaste en Indonesia, ¿no encontraste un lugar más lejano para que te encontraran?- Bromeó Tonks continuando la conversación principal tras la pausa que había producido la llegada del señor Weasley. Su relación con la auror no había vuelto a ser la misma desde que ésta intentase engañarlo por orden de Dumbledore, pero el vínculo que mantenía con Remus hacían que mantuvieran al menos la cordialidad.
- Yo no lo decidí.- Objetó Harry exculpándose.- Mi serpiente nació allí. Fue Quetza quien me llevó cuando desaparecí.
- ¿Tu serpiente? Se dice que la llevas siempre contigo y que es aterradora. ¿Nos la enseñas?- Intervino George con el característico brillo en sus ojos que siempre aparecía cuando podían participar en algo prohibido o exótico.
- ¡No por favor! Es asqueroso. No soporto cuando ese bicho sale de él.- Se opuso Angelina rotundamente antes de que el chico pudiese contestar. Harry por su parte aprovechó que sus amigos comenzaron a hablar de las criaturas que más asco les provocaban para acercarse a la mesa donde ahora dialogaban Arthur, Remus y Scott. Lupin no esperó ni a que se sentara por completo antes de dirigirse a él.
- Harry, el Wizengamot te ha obligado a despertar a Dumbledore. ¿Cuándo lo harás? Me gustaría estar presente.- Apreció Lupin acaparando toda la atención de los otros dos hombres. Al moreno le molestó que su antiguo profesor no hubiera esperado a hacerle esa pregunta en privado y tardó unos segundos en responder.
- Ya sabes que he perdido mis poderes. No puedo hacer magia y sin ella no puedo revocar la maldición que lo mantiene dormido.- Contestó Harry revelando la verdad y adoptando una actitud seria por primera vez desde que había entrado en esa casa.- Espero recuperarla pronto y en cuanto pueda lo haré.
- Yo también quisiera estar presente cuando ocurra. ¿Pero cómo es posible que hayas perdido tu magia? No había escuchado nunca algo así.- Se interesó Stumlich realmente sorprendido y como era habitual preguntando más de lo que a Harry le gustaría.
- Ni yo lo tengo claro. Creo que tiene algo que ver con el tipo de magia que empleé y el desgaste que sufrí aquella noche. Mañana me pondré a ello, espero que no sea nada grave.- Comentó Harry queriendo quitarle importancia.
- Mañana vuelven los alumnos a Hogwarts y el lunes comienzan de nuevo las clases. Si me necesitas ven a mi despacho, puedo ayudarte a descubrir cual es el problema.- Se ofreció con sinceridad su profesor de defensa contra las artes oscuras.
- Gracias. La verdad es que se hace raro volver a las clases como si nada hubiera ocurrido.- Apostilló Harry tratando también de cambiar el tema de conversación.
- Se hace raro para todos Harry.- Intervino el señor Weasley.- Todos hemos sufrido, pero cuanto antes volvamos a la rutina y a hacer vida normal antes podremos superarlo…
…
Era media tarde cuando junto a la chimenea de la sala de los herederos en Hogwarts se produjo un gran resplandor dorado tras el cual aparecieron dos figuras cogidas de la mano. Ellos dos habían vuelto y habían dejado a sus amigos en la Madriguera para que continuaran con la celebración aunque ya sin él. Angelina había ido hasta él y le había dicho que se encontraba mal y que volvía ya pero no quiso dejarla sola. Al fin y cabo ella era quien lo había cuidado todos esos días atrás y era normal que después de todo lo que habían pasado su cuerpo hubiera dicho basta.
- Voy a preparar algo caliente. Una infusión te vendrá bien.- Propuso Harry separándose y dirigiéndose hacia la cocina.- Acuéstate y descansa que yo te la llevo a la cama.
Sin embargo cuando estaba a medio camino el chico sintió como lo agarraban por el brazo y lo hacían girarse con más fuerza y menos delicadeza de lo que hubiera esperado por parte de la morena. Antes de que pudiese hacer o decir nada los labios de Angelina en encontraron con los suyos, besándose con una pasión descontrolada.
- Lo único que quiero que traigas a mi cama es a ti.- Exclamó Angelina con un claro tono lujurioso en su voz. Sorprendido por la actitud exultante de la chica Harry tardó en reaccionar y ésta agarró su mano para apresurarse en llegar a su habitación.
- ¿Pero no te sentías mal?- Preguntó el Griffindor aún confundido mientras era arrastrado por Angelina.
- Que ingenuo eres a veces.- Sonrió la chica deteniéndose nada más cruzar la puerta del dormitorio de Hufflepuff.- Sabía que querrías acompañarme y no podía aguantar más. Nos merecemos nuestra propia celebración.- Justificó la heredera quitándole impulsivamente la chaqueta y dejándola caer para justo después volver a besarlo.
Comprendiendo finalmente lo que ocurría, alargó el brazo y cerró la habitación dando un portazo que animó aún más a la chica. Durante un instante se reprendió por no haber tenido él esa idea. Les habían pasado muchas cosas, los últimos días no habían sido los mejores para ellos y aún no habían tenido la ocasión de disfrutar el uno con el otro en la intimidad. Imitando a la morena, desabrochó los escasos botones de su chaqueta y la arrojó a un lado. En ese momento maldijo su suerte por ir vestidos tan formalmente pero paradójicamente la espera y el esfuerzo por librarse de la ropa hacía aumentar cada vez más el deseo y frenesí que sentían por alcanzar la piel del otro. Solo había vencido a un par de botones de la camisa de la morena cuando percibió la hipnótica silueta de sus senos y no pudo resistirse a atraerla hacia él y comenzar a jugar en su cuello con los labios y la lengua. Mientras Angelina intentaba mantener la concentración suficiente para arrebatarle su camisa él jugueteaba e iba subiendo por su suave piel hasta darle un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja izquierda. Entonces con la lengua le provocó unas ligeras cosquillas y la chica se encogió ligeramente. Angelina aprovechó para despojarle finalmente de su camisa y dejar su torso al descubierto. Había perdido mucho peso pero aún mantenía buena parte de su musculatura debido a su intenso entrenamiento. La morena puso una mano en su pecho y con la otra atrapó su cinturón y tiró de él hacia atrás hasta llegar a la cama. Acelerado y ansioso, perdió la paciencia y agarrando con cada mano un lado de la camisa de la chica la abrió por completo rompiendo los botones que quedaban. Aquello provocó que Angelina jadease de fogosidad y emitiera una leve risita por la actitud temperamental de Harry. El Griffindor se descalzó sin saber muy bien cómo y empujó a la morena para que quedase tendida en la cama. Seguidamente, bajó por el vientre de la chica deteniéndose momentáneamente en su ombligo mientras con las manos se las ingeniaba para retirarle el pantalón. Una vez la hubo desnudado casi por completo se sirvió de su posición para acariciar las sensuales piernas de Angelina y aproximarse lentamente a los genitales de la joven aún escondidos bajo una braguitas de color malva que hacían arder un fuego en su interior más poderoso que cualquiera que hubiera manejado jamás. Para regocijo de ambos y especialmente de ella, Harry acabó alcanzando los otros labios de su amada y apartando la fina tela malva que los separaba la hizo gemir de placer desbocadamente.
Angelina estiró los brazos y mientras con una mano estrujaba impetuosamente las sábanas bajo ella con la otra buscó la cabeza del chico para apoderarse del pelo de éste y poder sentirlo aún más junto a ella. Un minuto más tarde la chica cerró sus piernas casi contra su voluntad de seguir así y miró al moreno cautivadoramente mientras de mordía de forma juguetona el labio inferior de su boca. Lo atrajo hasta ella lo suficiente para alcanzar el cinturón de su pantalón y deshacerse de ellos con una agilidad extraordinaria. Incluso desde fuera podía notar el miembro de Harry firme y vigoroso a causa de la inmensa excitación y libido que experimentaba. Sin embargo el notarlo desde el exterior no era suficiente e introdujo su mano debajo de los boxer del chico.
- Quiero sentirte dentro de mí.- Le susurró libidinosa y sensualmente al oído devolviéndole el travieso e inofensivo mordisco que antes había recibido ella.
Con premura y destreza se desprendieron de las últimas prendas que les quedaban y finalmente se encontraron absolutamente libres para sentir la piel, el calor y hasta la misma vida de uno en el otro. Deseando fervientemente hacer realidad los anhelos de Angelina y los propios se introdujo sin impedimento alguno en el cálido cuerpo de la hermosa chica y ambos pudieron disfrutar del placer y el éxtasis que les brindaba aquella ancestral unión.
…
En aquella misma habitación, entre gemidos, suspiros y susurros ninguno de los amantes se había percatado de que desde la chaqueta del chico se había caído un pequeño papel colocado clandestinamente en uno de sus bolsillos de ésta. Una nota que lo citaba en secreto para el día siguiente y para un asunto de vital importancia, aunque para los dos enamorados que se deleitaban y poseían mutuamente no existía otro momento que el ahora, otra prioridad que ellos u otra necesidad mayor que su amor.
...
