Hola de nuevo! Me he sorprendido cumpliendo por una vez mi propio reto de actualizar en un mes. Como siempre, me gustaría agradecer los reviews de: maximilian favian prewett, Giuli-Deli (por 2 veces), Drrakkos y Roji. Gracias, realmente valoro mucho que alguien se tome la molestia de hacerme saber si le ha gustado o no el cap. Drrakkos, por tu cordura y por la mía, aquí estoy xD. También quiero mandar un mensaje a un "invitado" que no dio nombre pero que dejo un review en el primer fic hace poco desarrollando un amplio análisis sobre las razones por las que Harry cambiaba de actitud y también sobre si no sería más apropiado que Harry fuera heredero de Slytherin y no de Griffindor. Aunque este no es el caso desde luego es una teoría interesante y si lees esto me gustaría que volvieras a contactar conmigo para tratar esos y más temas con tranquilidad.
Y por supuesto, Roji. Claro que te recuerdo, le pasé el fic a Marina (si tú la nombras espero que no se enfade conmigo) para ti y llevo esperando desde entonces conocer tu opinión. Me quitas un peso de encima, ya pensaba que no habías pasado ni de los primeros capítulos. Lo que dices de imprimirlo como un libro es el mayor halago que podrías hacerme y estaría encantado de poder firmarlo. Pero si de verdad quieres hacerlo lo único que pido es que me dejes corregir las erratas y pulir un poco los primeros capítulos. Marina tiene mi correo y mi fb para que podamos también hablar con calma sobre eso. Menuda alegría me has dado con tu mensaje. Espero volver a saber de ti pronto, y sí, después de leer todo seguido y a tu ritmo tener que esperar ahora por mí sé que es una put... ¿Pero es lo bonito de esto no? ;)
Pues nada más, como siempre espero no defraudar y que les guste.
Capítulo 4: La magia
Eran las seis de la mañana de un domingo a finales de marzo. Había llovido durante toda la noche pero en ese momento la calma dominaba el exterior y aunque aún no había rastro alguno del sol la oscuridad comenzaba a disiparse. En las últimas doce horas era la primera vez que tenía la oportunidad de detenerse a observar el mundo real ya que había estado viviendo en un paraíso terrenal. Cerró los ojos e inspiró profundamente, recordándose a sí mismo que ahora podía permitirse ser feliz. Los automatismos que había adquirido en los últimos meses querían obligarlo a levantarse, ponerse en alerta y prepararse para lo peor. Pero ya ni quería ni debía hacerlo. Su reloj interno lo había hecho despertarse tan temprano por costumbre, pero realmente nada le impedía quedarse toda la mañana en la cama.
Miró a su izquierda y la vio. El ángel de su particular paraíso. No quería despertarla pero no pudo contener las ganas y apartó el oscuro y sedoso cabello que caía como una cascada y le impedía ver aquel hermoso rostro. No sabía por qué razón pero aquella mañana la chica dormía con la boca medio abierta y de vez en cuando emitía algún leve sonido que daba a entender que estaba soñando. Se quedó más tranquilo cuando tras observarla con fascinación durante varios minutos percibió que sonreía. Era abrumador pensar como aquella sencilla sonrisa lo embaucaba y lo irradiaba de felicidad con solo observarla. A pesar de todo lo que había vivido siendo tan joven nunca había estado enamorado y no sabía exactamente qué se sentía, pero en ese momento tenía la certeza de que nunca lo estaría más de lo que lo estaba ahora. Sintió el impulso de besarla, pero hizo acopio de toda su fuerza de voluntad para resistirse y no despertarla. Sabía que estaba cansada, y él también lo estaba, después de las últimas horas que habían pasado juntos era normal. Miró a su alrededor y no pudo evitar reírse al observar el desorden que habían causado.
Con extremo cuidado, se levantó y se dirigió al baño. Rompió su rutina de la fugaz ducha de dos minutos y se preparó un gran baño con espuma. Entró en el agua sin pensar y dejó que su calidez lo reconfortase. Casi sin darse cuenta, una lágrima brotó de sus ojos y sonrió. Realmente llegó a estar convencido de que aquella felicidad no estaba destinada a él. Nunca se había alegrado tanto de estar equivocado. Apoyó la cabeza en uno de los bordes de la bañera y cerró los ojos. Estuvo al menos veinte minutos sin mover un músculo, dejándose invadir por la paz y la alegría que sentía. Llegó a tal nivel de relajación que se durmió y se escurrió por la bañera. Entonces se despertó inmediatamente y tosió a causa del agua que había tragado durante unos momentos.
- Sería gracioso morir ahora.- Murmuró para sí mismo y comenzó a reírse despreocupadamente. Hundió la cabeza en el agua, en esta ocasión voluntariamente, y se pasó las manos por el pelo. Cayó en la cuenta de que lo tenía demasiado largo para su gusto y tendría que cortárselo. Entonces recordó que Alice lo había invitado a almorzar para ese día. Dudaba si Angelina querría cortarle el pelo, no le apetecía ir incómodo. Como si realmente estuviera loco, se repitió lo que acababa de pensar y volvió a reírse. Ojalá ese fuera el mayor problema que tuviera en su vida.- Perklin…- Llamó al aire aún riéndose. A los pocos segundos su elfo doméstico apareció en el cuarto de baño algo sobresaltado.- Buenos días. ¿Podrías tener el desayuno preparado en… treinta minutos o algo así?
- Perklin puede traerlo en tres minutos señor.- Informó con orgullo el elfo.
- Lo sé. Pero quiero que Angy duerma un poco más. Yo te avisaré ¿te parece?- Indicó Harry mientras vertía algo más de agua caliente en la bañera.
- Angy ya ha dormido más y mejor que nunca.- Apreció una voz femenina desde la puerta del cuarto de baño. Llevaba una sábana alrededor del cuerpo y tenía dibujada una sonrisa imborrable en su rostro.- Quiero que sepas que me ofende que no me hayas avisado.
- Perklin se va para no molestar. El desayuno estará listo para cuando el señor Potter lo desee.- Afirmó el elfo aparentemente incómodo por estar en el cuarto de baño con ellos.
- Gracias Perklin.- Contestó él unos segundos antes de que el elfo desapareciera.- Creí que estarías cansada.- Se excusó Harry volcando ahora toda su atención en Angelina.
- ¿Y tú no?- Contrarrestó la chica acercándose a la bañera y comprobando la temperatura del agua con la mano antes de entrar.- ¿Acaso no te cansé lo suficiente?
- No me malinterpretes pero… hace falta algo más para agotarme.- Bromeó Harry divirtiéndose al ver como la morena cambiaba la expresión de su cara y fingía una gran indignación por el comentario.
- Te arrepentirás de lo que acabas de decir, Harry Potter.- Amenazó la Hufflepuff decidiendo al fin entrar en el agua y abalanzándose sobre él.
… … …
- Por cierto, ¿una de tus tantas habilidades no será cortar el pelo?- Se acordó de preguntar Harry mientras se secaba frente al espejo.- Es que hoy es el almuerzo con Alice y Emily…
- No lo he hecho nunca y no creo que quieras que haga experimentos justo hoy.- Respondió Angelina yendo hasta él y revolviéndole aún más su ya indomable pelo. Parecía hacerle gracia cómo Harry intentaba peinarlo de varias maneras y al final siempre quedaba igual.- No te preocupes, estás igual de guapo así y seguro que en lo menos que se fijan es en eso.
- No lo hemos hablado pero tú vienes ¿no?- Quiso asegurarse el Griffindor y al parecer hizo bien porque la morena dudó al responder.
- No tengo claro que sea lo mejor. Al fin y al cabo es tu familia y yo…
- Tú también lo eres.- Completó el chico la frase por ella.- Además Alice te adora. Me encantaría que vinieras conmigo.
- Y yo encantada de acompañarte.- Aceptó finalmente Angelina sin oponer demasiada resistencia. Harry se lo agradeció con un tierno beso en la mejilla y acto seguido salió del cuarto de baño.- ¿De verdad Alice me adora?- Inquirió intrigada elevando la voz para que el chico pudiese escucharla desde su cuarto.
- Apostaría la moto de Sirius a que más que a mí.- Se atrevió a aventurar Harry medio riéndose por la pregunta mientras buscaba su ropa por la habitación.- Vaya desastre tenemos aquí, como salga sin pantalones y Hermione me vea se estará riendo de mí hasta el próximo curso.
- Mira debajo de la cama.- Le aconsejó la heredera acabando de secarse y extendiéndose una crema perfumada e hidratante por las manos. Le costaba borrar de su mente la imagen de sus manos cubiertas por la sangre de Harry.- ¡Ah! Me debes una camisa nueva.
- Con la cantidad de dinero que tengo que pagarle al Ministerio voy a arruinarme.- Confesó Harry llegando hasta la puerta del dormitorio y recogiendo su chaqueta.- Espero que no te enamoraras de mí por mi fortuna, aunque confío que me quede lo suficiente para comprarte…- Pero no pudo completar la frase al coger un pequeño papel del suelo y abrirlo por simple curiosidad.
"Mañana, 9:00 AM, en la entrada a la estación de metro Westminster, en Londres"
Frederic
Lo habían vuelto a hacer. Sin percatarse lo más mínimo aquellos individuos habían vuelto a colocarle algo en el bolsillo de su chaqueta. Seguramente se habría caído la noche anterior cuando ésta había caído al suelo. Esa nota cambió por completo su semblante y borró de un plumazo los irrelevantes pensamientos que ocupaban su mente.
- No sólo por tu fortuna, tu arrogancia también ayudó.- Comentó irónicamente la chica.- Conozco un lugar a las afueras de Londres donde podríamos…- Pero tampoco terminó de decir lo que quería al salir del cuarto de baño y ver a Harry allí plantado sin moverse. Había dejado caer la ropa nuevamente al suelo, sujetaba un papel en su mano derecha y su expresión seria y reflexiva no le gustaba en absoluto.- ¿Qué ocurre?
- ¿Recuerdas a Frederic, el mago que me abordó durante el juicio?- Preguntó Harry sin apartar la vista del papel. Angelina asintió y aunque el chico no pudo verlo, continuó.- Bueno, si es que realmente se llama así. Me ha citado en Londres en…- Dirigió la mirada hacia su reloj momentáneamente.- una hora y media.
- ¿No pensarás ir?- Preguntó la Hufflepuff temerosa de la respuesta que pudiera escuchar.- Fuera o no él quien escribió esa nota podría ser una trampa.- Razonó ante el silencio de Harry.
- También podría ser importante. Tal vez me ayude a recuperar mi magia…- Argumentó él con cautela, sabía perfectamente el peligro que suponía.
- ¿Recuperar tu magia? ¿Dónde estaban cuando realmente necesitabas ayuda? ¿Acaso ese tal Frederic te ayudó a desarrollar tus habilidades? ¿Por qué razón iba a ayudarte ahora?- Preguntó Angelina atropelladamente y elevando inconcientemente el volumen de su voz.- Intentaron matarte sólo unas horas después de que hablases con ellos la primera vez. Puede que quieran terminar lo que empezaron. Si vas estarás completamente a su merced, no podrás defenderte.
- Ellos ya me avisaron de que podría suceder algo así.- Le recordó Harry manteniendo la calma.- Necesito saber si tienen las respuestas que busco. Y si algo va mal sí que puedo defenderme, o al menos huir.
- ¿Cómo en Azkaban? No me hagas reír. Si hubiera llegado un minuto más tarde ahora estarías muerto. ¿Llamarías a tu serpiente? ¿A Némesis quizá? Esos magos parecen conocerte y tú no sabes nada de ellos.- Le espetó Angelina intentando controlarse para no perder la compostura.- No arriesgues todo lo que has conseguido por algo que no es seguro.
- No voy a arriesgar nada. Si quisieran matarme lo habrían hecho hace dos días. Por favor, sé que no es fácil pero intenta comprenderme.- Rogó el chico, que se acercó hasta ella y agarró sus manos. Estaban frías y algo temblorosas debido a los nervios.- ¿Por qué no tomamos ese desayuno y hablamos tranquilamente?
Angelina se sorprendió al escuchar la intrascendente proposición y lo miró a los ojos. Durante un momento Harry pensó que la chica soltaría sus manos y le cruzaría la cara de un manotazo, sin embargo finalmente se tranquilizó y asintió levemente con la cabeza.
…
El domingo no era el mayor día en cuanto a afluencia de personas en el centro de Londres, sin embargo el gigantesco y espectacular reloj que tenía frente a él provocaba por sí solo que siempre existiese un buen número de turistas paseando por aquella zona. Ese hecho unido al tránsito habitual de los londinenses conformaba una multitud que iba de un lado para otro y en la que no se sentía especialmente cómodo.
El clima de la capital, generalmente inestable, parecía respetarles y brindarles un estupendo día para pasear o sentarse en alguna terraza a disfrutar de algún aperitivo. No pudo evitar pensar que precisamente algo así debería estar haciendo con Angelina, y no hacerla pasar por aquella situación. Finalmente y tras una larga conversación habían llegado a la conclusión de que Angelina lo acompañaría y se mantendría a una distancia prudencial, alerta para intervenir en caso de que fuera necesario. La chica había rechazado llevar su capa de invisibilidad pero debía admitir que sabía ocultarse ya que hacía varios minutos que la había perdido de vista. Sentía una gran impotencia, estaba convencido de que con sus antiguos poderes aquello no sucedería. Miró su reloj para comprobar la hora y entonces escuchó una voz a su espalda.
- No te sobresaltes. Actúa como si no me conocieras y sígueme.- Le indicó la voz en un susurro.
Incumpliendo lo que le habían dicho, se giró abruptamente pero no lo suficientemente rápido para ver la cara de quien le había hablado. Vio un hombre con un abrigo marrón que bajaba las escaleras de la boca de metro con naturalidad y lo siguió. Observó a su alrededor un segundo para comprobar si Angelina estaba cerca pero no la localizó. Continuaron bajando sin detenerse mientras analizaba al hombre con la mirada. Aquél no era el mago que se había presentado como Frederic, era más alto e intuía que más joven. Llegaron hasta las máquinas canceladoras y se sorprendió al contemplar como el hombre sacaba su billete y pasaba la barrera sin hacerle la más mínima señal. Él no podría pasar, no tenía ni idea de que irían en metro y no tenía billete. Cómo echaba de menos su magia.
Tardó unos segundos en dejarse guiar por su instinto e introducir las manos en los bolsillos de su chaqueta. Allí estaba su billete. Comenzaba a irritarle la manía que parecían tener esas personas por colocar cosas en sus bolsillos sin su consentimiento. Validó su billete y continuó persiguiendo al hombre misterioso llegando incluso a entrar en uno de los trenes que acababa de parar en el andén. Se sujetó a una de las barras que servían de apoyo para no caerse y tras un corto pitido el tren reanudó la marcha. Fue en ese surrealista momento en el que se preguntó qué demonios estaba haciendo siguiendo a un tipo que no conocía, yendo a ninguna parte para hacer no sabía el qué. En cualquier caso no tuvo tiempo a responderse ya que en pocos segundos alcanzaron la siguiente parada y aquel hombre se bajó del tren para caminar decididamente de nuevo hacia el exterior. Se mantuvo en todo momento entre dos y tres metros de distancia hasta que repentinamente el hombre se detuvo junto a una cabina telefónica y al fin se dio la vuelta para mirarlo.
- Disculpa las molestias, es el protocolo. Me llamo Lewis.- Se presentó de forma tan educada como tosca.- Hay dos personas siguiéndonos, una es tu amiga y la otra lo desconozco. Intuyo que llevas un hechizo de rastreo encima. Al lugar al que vamos no importa pero convendría que te libraras de él cuanto antes.- Informó con una frialdad semejante a la de cualquiera que simplemente informase de la hora que era. Sin esperar reacción alguna por parte de Harry abrió la puerta de la cabina y lo instó a entrar.- Debemos irnos. Llama a tu amiga si es que quiere venir.- Lo apresuró Lewis. Algo sorprendido por aquel hombre pero manteniendo en todo momento un semblante inalterable, se llevó la mano a su oreja derecha para rascarse de forma espontánea y en menos de dos segundos a su lado apareció la figura de Angelina, seria y amenazante.- Vámonos.- Sentenció Lewis entrando antes que nadie en la cabina sin que pareciera inmutarse por la repentina aparición de la heredera. Imitando al hombre, entraron al pequeño habitáculo rojo y con algo de recelo ambos agarraron el brazo que el hombre les ofrecía.
Estaba tan acostumbrado a aparecerse por sí mismo que hacerlo guiado por un desconocido le resultó desagradable e incluso se mareó levemente. Sin embargo esa sensación se desvaneció en cuanto pudo observar el lugar en el que encontraban. A escasos metros de la rocas que pisaban se hallaba un gran lago de agua cristalina que reflejaba cual perfecto espejo el colorido cielo y las grandes montañas que a lo lejos sostenían en sus cumbres una nieve tan blanca como el algodón. El sol se preparaba para esconderse a su izquierda formando unas tonalidades anaranjadas en el cielo propias del más bello de los lienzos. A su vez, una muy ligera brisa mecía las hojas de los árboles situados junto al lago y acariciaba con suavidad su rostro induciéndolo en una tranquilidad hipnótica.
- Nos esperan.- Dijo Lewis tras él interrumpiendo su estado de relajación. En cualquier caso, Harry lo ignoró e incumpliendo su propia norma de no mostrar ningún gesto de cariño en público tomó la mano de la chica y se acercó a ella para poder hablarle al oído.
- ¿No te gustaría vivir en un lugar así?- Murmuró Harry para que no pudiesen oírlo.- En la naturaleza, sin nadie que nos moleste…
- Es precioso.- Contestó Angelina gratamente sorprendida por el gesto del chico y apretando con más fuerza su mano.- Pero cualquier lugar en el que pueda estar contigo será igual de hermoso.- Harry se limitó a sonreír ante el comentario de la morena, permaneciendo durante varios segundos uno junto al otro con la mirada perdida en la belleza del paisaje.
- Esto no es una escapada romántica. Nos están esperando y no me gusta perder el tiempo.- Volvió a intervenir Lewis visiblemente molesto, usando por primera vez un tono que se apartaba de la indiferencia.
- Tú no eres nadie para decir lo que puedo o no puedo hacer.- Contrariamente a lo que cabía esperar, había sido Angelina quien se había revuelto y había hablado de manera dura e incontestable.- Deberías estar agradecido, si Harry se hubiera tocado la oreja izquierda en lugar de la derecha ahora estarías muerto.- Lo amenazó la Hufflepuff con una frialdad y seguridad en sus palabras que impresionó al mismo Harry. El chico recordó a la chica que había conocido y a la que tenía ahora a su lado. Eran la misma persona pero a la vez muy diferentes. Mantenía la dulzura, la alegría y la humanidad propias de ella, pero había dejado atrás la inseguridad, la timidez y el nerviosismo. En definitiva, ahora sabía cuando ocultar sus debilidades para tomar el control y poder protegerse a sí misma o a los demás. En ese momento Harry volvió a sonreír, pero no a causa del amor o el cariño, sino de orgullo y admiración.
- Permite que lo ponga en duda.- Respondió Lewis con arrogancia.- Hasta la fecha ningún mago o bruja ha…
- Es suficiente.- Intervino una tercera voz masculina, grave y autoritaria. Harry se percató de cómo Lewis bajaba respetuosamente la cabeza y se apartaba unos metros para dejar paso a Frederic, quien caminaba acompañado de una mujer. Ese respeto y obediencia ciega sorprendió a Harry, que no acababa de comprender qué hacía a ese hombre tan especial, además de poder hablar pársel.- Es curioso ver como se desplazan del amor al odio, de la paz a la guerra y de la luz a la oscuridad con tanta facilidad. Vivir cruzando continuamente la línea que las separa no es fácil. Y es peligroso…
- Tal vez no hayamos tenido otra elección para poder vivir.- Comentó Harry taladrándolo con la mirada sin tener claro si el hombre había terminado de hablar.
- Es posible que el destino esté escrito, pero siempre hay elección.- Afirmó Frederic sin darle demasiada importancia. Harry tuvo la sensación de que esas palabras escondían más información de la que el hombre quería hacer creer.- En cualquier caso, ese no es el asunto por el que estamos aquí. Les presento a Marta, ella será la encargada de ayudarte en lo que necesites para recuperar tu magia.- Informó trasladando la atención sobre la mujer que lo acompañaba. Debía acercarse a los cincuenta años, de constitución fuerte y con un cabello de color castaño claro, casi rubio, que llegaba escasamente a sus hombros. Las facciones de su rostro, delicadas y suaves a pesar de la edad que Harry le suponía, reflejaban aún la gran belleza que la mujer habría poseído en su juventud.
- ¿Acaso en tu organización nadie tiene apellido?- Preguntó el chico rayando la descortesía. No soportaba que nadie le ocultase información y le desagradaba que ahora Frederic les hablase con una educación que no recordaba de su primera reunión. Desconocía si sería por la compañía de la mujer o por la presencia de Angelina, pero la primera vez que se habían visto lo había tuteado desde el principio. No entendía a cuenta de qué procedía ese cambio. La mujer caminó hacia ellos y le tendió la mano.
- Me llamo Marta Mirren. Soy historiadora de la magia, sanadora especializada en habilidades mágicas e investigadora autorizada en artes oscuras.- Se presentó la mujer afablemente respondiendo a la pregunta del moreno con toda la información que pudo introducir en dos frases.- Es un honor poder conocerle, señor Potter.
- Lo mismo digo.- Contestó respetuosamente Harry, aceptando finalmente el saludo de la mujer.
- También es un honor conocerla a usted, señorita Dovmal.- Se dirigió en esa ocasión Marta hacia la heredera, quien apretó la mano que le ofrecía con determinación y asintió con la cabeza.- ¿Por qué no entramos? Pronto hará frío y estaremos más cómodos.- Apreció la amable mujer señalando hacia la casa que tenía tras ella.
Era una edificación de dos plantas, de tamaño considerable para el lugar apartado en el que se encontraban y construida en madera de nogal. Su diseño parecía realizado para convivir a la perfección con el entorno, dando la impresión de que realmente formaba parte del paisaje. Tanto Harry como Angelina siguieron a Marta hasta el interior, salvando el par de escalones que daban paso a la pequeña terraza previa a la entrada. Una vez dentro, la anfitriona cogió sus abrigos para colgarlos en el perchero y los guió indicándoles escuetamente la distribución de la vivienda hasta llegar al salón principal y ofrecerles asiento. Algunas luces artificiales iluminaban la estancia lo justo mientras a un lado en una gran chimenea unas débiles llamas crepitaban levemente. Frente a ellos tenían una ventana desde la que se podían observar las últimas luces del día incidiendo sobre el apacible lago. Sin embargo Harry en lo que había depositado su atención era en las paredes, donde podía observar una infinidad de títulos y diplomas que certificaban toda clase de conocimientos, todos concedidos a una misma persona, Marta Mirren. No pudo evitar sentirse impresionado. Esa mujer parecía ser una auténtica eminencia, al menos sobre el papel.
- Bueno Harry.- Comenzó Frederic situándose a su derecha sobre una robusta silla. A diferencia de Marta que se había sentado en un sillón frente a ellos, él no parecía querer acomodarse.- He querido estar aquí puesto que era a mí al único que habías visto con anterioridad y he supuesto que tendrías preguntas que hacerme. Pero antes, me gustaría saber si todo ha ido bien. ¿Algún problema con Lewis para llegar aquí?
- Ninguno. Pero ha dicho que me seguían. ¿Quién?- Quiso saber Harry sin vacilación.
- No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que han puesto precio a tu cabeza. Lo ocurrido en Azkaban es sólo el principio, hay alguien que se está tomando muchas molestias para matarte. Debes librarte del hechizo de rastreo y mantener los ojos bien abiertos. Supongo que la señorita Dovmal no tendrá problema en realizar algo tan sencillo.- Opinó Frederic sin mostrar un excesivo tacto a la hora de decirle que alguien quería matarle. El hombre suponía, acertadamente, que el chico ya estaba acostumbrado.
- Ya lo he hecho.- Afirmó Angelina para sorpresa de todos.- Escuché lo que dijo ese matón y aunque aseguró que este lugar es seguro no he querido arriesgarme y he anulado el hechizo rastreador antes de venir.
- Fabuloso.- Apreció Marta que parecía no haber podido resistirse a hacer el comentario.
- ¿Por qué estoy aquí?- Volvió a preguntar Harry. Le daba la impresión de que aunque fuera él quien hiciera las preguntas aquellas personas eran quienes obtenían información sobre ellos.- Y le agradecería que fuese al grano. Hoy tengo un compromiso y no quiero llegar tarde.
- Con ese maravilloso reloj que llevas en la muñeca izquierda dudo que el tiempo sea un problema.- Valoró Frederic observando con admiración durante varios segundos el reloj de Godric Griffindor.- Pero tienes razón. A mí tampoco me gusta perder el tiempo. Estás aquí porque prometimos ayudarte. Como ya dije en la anterior ocasión, tu magia es demasiado especial para perderla y aún tienes un gran destino por cumplir, ya sea para bien o para mal.
- ¿Prometimos? ¿Quién? ¿Qué es esa organización de la que hablas?- Interrogó el chico algo confuso por el último comentario de Frederic. ¿Destino por cumplir? Él ya había cumplido con su parte, y con creces.
- Hemos tenido muchos nombres a lo largo de la historia. Sin embargo, el que más nos agrada y el que más se acerca al cometido que realizamos es el de Guardianes de la Magia.
- Guardianes de la Magia...- Repitió Harry con cierto aire a sorna.- ¿Y dónde estaban esos guardianes para proteger al mundo de Lord Voldemort?
- Tom Riddle amaba la magia. Hizo cosas horribles pero después de sí mismo, lo más importante para él era la magia. Los magos tenebrosos siempre han existido y continuarán existiendo. Sería irresponsable por nuestra parte arriesgar toda nuestra historia y nuestro legado para combatir algo que es inevitable.- Argumentó el hombre con un razonamiento que para él se antojaba incuestionable.
- ¿Pretende decir que para ustedes es más importante proteger la magia que a las personas?- Volvió a hablar Angelina con educación pero también con un claro gesto de desagrado.
- Nuestra principal prioridad es la magia. Obviamente no nos gusta observar las desgracias que suceden en el mundo y ayudamos en lo que podemos pero nuestra misión no es esa. Las personas nacen y mueren cada día.- Declaró Frederic, que se apresuró a continuar al contemplar como los dos chicos que tenía frente a él fruncían el ceño y se lanzaban una mirada cómplice.- No quiero que me malinterpretéis. Cada organización tiene su razón de ser. Una escuela debe enseñar y educar, un hospital cuidar y curar a los enfermos, los aurores y la policía muggle protegen y salvaguardan la vida de las personas. Así pues, nuestro deber es el de estudiar y proteger la magia en todas sus variantes.
- Si una persona tiene la capacidad de actuar, tiene la obligación de hacerlo.- Concluyó Angelina convencida de sus palabras. Entendía el razonamiento de Frederic, pero no podía estar de acuerdo con él.
- Digna filosofía de Hufflepuff. La honestidad y la generosidad son innegociables cualidades en cualquier miembro de su casa. No esperaba menos de la mismísima reencarnación de Helga Hufflepuff.- Elogió el hombre, quien siempre que se dirigía a la chica lo hacía con el mayor respeto posible.- Nosotros ahora tenemos la capacidad de ayudaros a que vosotros protejáis a las personas. Y eso estamos haciendo. En cualquier caso no estoy aquí para discutir las razones y los objetivos de nuestra organización. Creí que Harry tendría otra clase de preguntas que hacerme antes de dejaros a solas con la señora Mirren.
- Cuando fuera posible quisiera tener una reunión con ella. En privado.- Pidió Harry perfectamente consciente de a que clase de preguntas se refería Frederic, pero no tenía ninguna intención de tratar el asunto de sus padres con nadie más que no fuera la chica que aseguraba haberse comunicado con ellos.
- Muriel es una persona impredecible, aún así, confió en que se pueda celebrar esa reunión e igualmente confió en que sepas tratar con ella de la forma adecuada.- Le advirtió Frederic queriendo complacerlo pero algo reticente.- Si no tienes más preguntas o peticiones que hacerme me marcharé para que podáis tener la primera toma de contacto en el problema que realmente importa en este momento y que es la total recuperación de tus habilidades. Si es necesario sabré cómo contactar contigo y en caso contrario estoy convencido de que tu fénix podrá localizarme.- Explicó con un control absoluto de la situación. Esperó unos segundos a que el chico interviniese si quería hacerlo y al no recibir respuesta se levantó de la silla.- Te deseo suerte y espero volver a vernos pronto.- Tras un ligero asentimiento por parte del chico, Frederic recogió su abrigo y salió de la casa sin hacer más comentarios.
- Al fin estamos solos y podemos empezar a trabajar.- Afirmó la mujer frente a ellos, quien parecía realmente emocionada con todo aquello.- Si les parece bien, señor Potter y señorita Dovmal, me gustaría que nos tuteáramos de ahora en adelante con el fin de hacer más natural y agradable estas sesiones.
- Me parece bien.- Aceptó la Hufflepuff.
- Estoy de acuerdo, pero tu compañero no parece seguir tu ejemplo.- Recriminó Harry, que al contrario que la mujer, no mostraba señal alguna de querer sonreír.
- No sé si compañero es la palabra adecuada, es la segunda vez que lo veo.- Apreció Marta.- Aunque por lo que se de él os ha tratado con un respeto que su fama no transmite. Pero vamos con lo nuestro. ¿Puedo ofreceros algo de beber? ¿Té, café…?
- ¿Y algo un poco más fuerte?- Propuso Harry bajo la atenta mirada de Angelina.
- Creía que era temprano en Londres.- Comentó la señora Mirren, a quien le resultó divertida la petición del moreno.- Pero supongo que la ocasión es propicia para abrir un buen Whisky escocés. ¿Y para la chica?- Preguntó dirigiéndose hacia Angelina.
- Un té estaría bien, gracias.- Aceptó ésta algo contrariada pero manteniendo la compostura. Ya había visto a Harry beber en numerosas ocasiones, pero en aquel momento no le parecía lo más inteligente.- Negro, por favor.- Puntualizó la chica cuando Marta le preguntó antes de dirigirse a la cocina.- ¿Crees que es…
- Por favor, comprueba que la bebida está limpia cuando llegue.- La interrumpió Harry bajando significativamente el tono de voz.- La copa la necesito para relajarme, hace dos meses no habría permitido que ese tal Frederic jugase así conmigo, pero ahora no puedo hacer nada y eso me cabrea, y mucho.- Explicó respondiendo a la pregunta de la chica antes incluso de que se la hiciese.
- Podemos irnos si quieres.- Ofreció Angelina poniendo su mano sobre el muslo del chico para transmitirle su apoyo.
- No, necesito saber si realmente pueden ayudarme a recuperar mis poderes.- Rechazó Harry, que se inclinó sobre la chica para usar el volumen de voz más bajo que pudo.- Cuando vuelva, necesito que confíes en mí y no me interrumpas.
Angelina lo miró a los ojos, desconcertada. No sabía qué podía ser lo que se le pasaba por la cabeza a Harry, pero si de algo estaba convencida era de que podía confiar en él. Asintió imperceptiblemente con la cabeza a la vez que Marta regresaba al salón sujetando una bandeja con lo que habían pedido. El chico había vuelto a su postura anterior más alejado y ella había apartado la mano que había colocado en su muslo. Por primera vez desde que habían llegado se puso nerviosa, que confiara en Harry no significaba que se quedara tranquila.
La mujer, aparentemente ajena a todo lo que habían hablado los herederos, llegó con una sonrisa y les sirvió amablemente la bebida. Intentando no ser muy descarada, Angelina cogió el vaso con whisky de Harry que estaba sobre la mesa y se lo alcanzó hasta su mano. Después, sin mirar a Marta, se centró en su propia taza de té.
- Muy inteligente por vuestra parte. No seguiríais vivos sin una actitud como esa.- Opinó Marta percatándose de lo que acababa de ocurrir.- Supongo que no será nada fácil para ti Harry, ahora que dependes de los demás para protegerte, cuando hasta hace poco era al revés.
- No lo es, pero con amigos como los míos se hace más fácil de soportar.- Valoró Harry tomando un primer trago de su vaso. Era mucho más suave que el Whisky de fuego que tomaba cuando quería compadecerse de sí mismo, pero sí notó la calidez y como el nudo que parecía haberse formado en su garganta se disolvía lentamente. La sensación fue tan placentera que volvió a beber antes de hablar.- Antes has dicho que era temprano en Londres, pero aquí ya ha anochecido. ¿Dónde estamos? ¿En algún lugar de Australia tal vez?
- Cerca, pero no. En Nueva Zelanda. En la isla sur. Es un lugar tranquilo y habitualmente apartado de los problemas del mundo.- Respondió Marta relajadamente preparándose un té para ella. Harry pensó que había traído el Whisky para los dos, pero al parecer lo había abierto exclusivamente para él. Sin embargo, ese pensamiento se esfumó enseguida de su mente y cerró los ojos preparándose para lo que haría a continuación. En la oscuridad que sus párpados le otorgaban, sus pupilas se alargaron anormalmente y cuando él mismo sintió el poder hipnótico que sus ojos irradiaban, volvió a abrirlos.
- Marta.- La llamó Harry. La mujer, atraída por haber escuchado su nombre por primera vez en boca del heredero, desvió la mirada hacia sus ojos. Aquel error inevitable provocó que la amable mujer cayera irremediablemente en el embrujo del absorbente e irresistible color esmeralda de sus ojos.- ¿Voy a recuperar todos mis antiguos poderes?
- No lo sé. Pocos magos en la historia han logrado realizar la magia esencial con éxito y aún menos han sobrevivido como para conocer con exactitud sus consecuencias. La magia no puede desaparecer por completo de un mago, por lo que probablemente la recuperarás, pero es imposible saberlo con certeza.- Respondió con sinceridad la mujer. Había perdido toda la expresividad al hablar y ahora lo hacía con indiferencia e insensibilidad, sin poder apartar la mirada de Harry, quien mantenía el contacto visual en todo momento. Angelina, a su lado, lo miraba con una expresión en el rostro entre la confusión y el miedo, aún ingenua de que ella misma había sufrido ese hechizo en el pasado.
- ¿Son ciertos todos los estudios y títulos que dices poseer?- Continuó Harry con el interrogatorio. Le había llamado la atención la manera en la que se había extendido la mujer en la respuesta. Se esperaba algo más contundente, pero al menos le había dado esperanzas.
- Sí.- Contestó Marta mucho más concisa en esa ocasión.
- ¿Qué quieren de mí los llamados Guardianes de la Magia?- Preguntó el chico entrando en la cuestión que realmente quería esclarecer, una vez que ya sabía que la mujer era sincera con él.
- Los Guardianes temen tu poder. En la organización cuentan con magos y brujas con habilidades absolutamente excepcionales, sin embargo jamás habían presenciado una progresión mágica tan acentuada ni un nivel de intensidad tan descomunal como el que tú demuestras.- La fuerza hipnótica que la obligaba a hablar no le permitió sino detenerse un instante para tomar aire y continuar.- Quieren acercarse a ti, conocerte, estudiarte y saber si supones una amenaza. La ayuda que te brindan está planteada con expectativas a que tú te unas a ellos en el futuro o al menos a que les devuelvas el favor. Igualmente, acercarse a ti en este momento de relativa calma les permite iniciar un contacto con las sucesoras de Ravenclaw y Hufflepuff, contacto que son conscientes que no consentirías en otras circunstancias.
- ¿Suponen un peligro para cualquiera de nosotros?- Insistió el Griffindor con serenidad y sin sobresaltarse. Su tranquilidad se debía tanto a que no podía alterarse para mantener estable el vínculo con la mujer y a que ésta no había dicho nada que no se imaginase ya.
- La filosofía de los Guardianes es generalmente pacífica, aunque se rumorea que meditaron intervenir cuando durante unos días tu magia parecía totalmente fuera de control. En cualquier caso, en este momento pienso que no suponen ningún peligro o amenaza para vosotros.- Acabó contestando la mujer con total obediencia. La manera en la que hablaba le hacía pensar que Marta no debía ser de las personas que más información poseían dentro de la organización, pero aún así sus respuestas le eran de gran utilidad.
- Antes has dicho que la organización cuenta con magos y brujas con habilidades excepcionales. ¿Entre esas habilidades se encuentra la capacidad de contactar con los muertos? ¿Conoces a una bruja llamada Muriel? ¿Es posible que ella posea tal habilidad?- Inquirió Harry formulando una pregunta tras otra. Se quedaba sin tiempo. Cuanto más permaneciera la mujer en aquel trance más posibilidades habría de que cuando despertara se percatase de que algo no iba bien, puesto que a la mente le costaría más ignorar el espacio en blanco y hacerlo pasar por un simple despiste momentáneo. Además, el hecho de tener a Quetza en su cabeza de nuevo le hacía revivir el infierno que había sufrido recientemente y comenzaba sentirse realmente mal.
- La habilidad de contactar con los muertos siempre ha existido, aunque muy pocas personas en el mundo cuentan con ese don. No la conozco personalmente, pero sí he oído hablar de Muriel y de su extraordinario poder. Es cierto que el viaje temporal al mundo de los muertos es una habilidad susceptible al engaño, sin embargo ella parece haber demostrado en numerosas ocasiones poseer tal capacidad y según dicen utilizarla con una gran destreza.- Declaró Marta contestando mecánicamente todas las preguntas del chico, a pesar de haberlas formulado de una sola vez.
- Muy bien. Ahora quiero que cierres los ojos y cuentes lentamente y en voz alta desde treinta hacia atrás. Cuando digas cero despertarás. Empieza.- Ordenó Harry que aunque no necesitaba tal parafernalia para que la mujer despertase, sí le otorgaba el tiempo necesario para hablar con Angelina. Cuando Marta cerró los ojos y comenzó a contar, él la imitó durante un instante para sacar de su mente a su serpiente y recuperar su mirada habitual.- Ya he terminado. Necesitaba respuestas, y supongo que ahora tú también.- Afirmó el chico girándose hacia Angelina, que lo miraba fijamente examinando sus atractivos ojos verdes, intentando comprender lo que había ocurrido.- No tenemos mucho tiempo.
- Veintiocho…
- Tengo que admitir que me has sorprendido. No sabía que pudieras hacer eso.- Valoró Angelina con semblante serio, realmente impresionada.- Sólo tengo tres preguntas.- Reconoció la chica con algo de temor hacia las respuestas que pudiera escuchar.- ¿Qué es y cómo lo haces? Pensaba que no podías hacer magia…
- Veinticinco…
- Y no puedo. Es una especie de hipnosis. Durante un tiempo limitado y mediante el contacto visual puedo aislar la mente de una persona de la realidad y manejarla a mi voluntad. No procede de mí, el poder lo consigo al unir mi consciencia con la de Quetza.- Explicó Harry tratando de ser lo más exacto y breve posible.- ¿Y la tercera pregunta?- Quiso saber, aunque ya se la imaginaba.
- Veintiuno…
- Sea cual sea la respuesta, quiero la verdad.- Advirtió Angelina sin apartar ni un instante sus penetrantes ojos azules de los verdes del muchacho. No necesitaba la legeremancia para saber si esos ojos le mentían.- ¿Has usado alguna vez ese poder conmigo?
- Diecisiete…
- Sí, una vez.- Reconoció Harry, que vio como Angelina se tensaba.- Hace meses, antes de estar juntos, estábamos una noche en tu cuarto bromeando sobre qué cosas podría hacerte para ganarte al Quidditch y entonces te dije que sin varita y sin tocarte podía hacer que te tirases por la ventana.- Recordó Harry intentando visualizar la escena que describía. Logró hacerlo con tanta claridad que se sorprendió a sí mismo, especialmente después de todo lo que le había sucedido. Otros recuerdos se distorsionaban y entremezclaban en la turbia nebulosa que era su memoria, pero afortunadamente cada recuerdo junto a Angelina su mente lo guardaba y protegía en un lugar privilegiado e invulnerable.- Confiada, me retaste a hacerlo y fue cuando usé ese poder durante unos segundos. Sólo lo utilicé para hacerte levantar de la cama y que te acercaras a la ventana, aunque luego quise divertirme un poco más y te pedí que te levantaras ligeramente la camisa del pijama. Me… Me detuve inmediatamente, no fueron más que unos segundos… ¿Lo recuerdas?- Preguntó deseando que así fuera. Se había ruborizado y a cada segundo que pasaba se arrepentía más de haber hecho aquella estupidez.
- Doce…
- Lo recuerdo.- Afirmó Angelina tan fría como el hielo, nunca le hablaba así.- Aquella noche estuve a punto de decirte por primera vez que me gustabas. Me alegro de no haberlo hecho justo después de que jugaras conmigo de esa manera.- Razonó la Hufflepuff negando ligeramente con la cabeza y con un profundo sentimiento de decepción reflejado en su rostro.
- Nueve…
- Estábamos bromeando… Pue… Puedo enseñarte mi recuerdo de esos segundos si quieres. No… No hice nada.- Se defendió Harry sin saber muy bien qué decir y con un titubeo nada habitual en él. No soportaba la idea de hacerle daño a Angelina y no tenía ni idea de lo que la chica acababa de confesarle.
- Seis…
- Traicionaste mi confianza. Siempre pensé que conmigo eras diferente, que no me harías lo mismo que a los demás. Pero no es el momento para seguir discutiendo esto. Ya hablaremos en Hogwarts si quieres.- Sentenció la morena apartando la mirada y dando por concluida la conversación mientras intentaba recordar la posición en la que estaba antes de que la mujer despertase. Sentía a Harry a su lado mirándola y tuvo que usar todas sus fuerzas para no reír y mantener el semblante serio. No estaba enfadada con él ni mucho menos, el chico había sido sincero y ella se tomaba lo ocurrido como lo que era, una broma. Pero Harry se había servido de unos poderes que desconocía para gastarle una broma y además recordaba a la perfección como el chico se había burlado de su ropa interior. Únicamente se la estaba devolviendo. Recordó de nuevo al Harry avergonzado y titubeante y casi se le escapa una carcajada que disimuló con una tímida tos.
- Dos… Uno… Cero.- Pronunció la mujer llegando a la última palabra y abriendo los ojos de manera repentina y una mirada algo confusa.
- La verdad es que el lugar es de los más espectaculares que he visto. Me encantaría vivir en un sitio así.- Comentó Harry con total naturalidad pero más serio de lo que había pretendido debido a la reciente discusión con la Hufflepuff. A la vez que observaba como la mujer volvía en sí sin hacer demasiado caso de su comentario retomó su vaso de Whisky y le dio otro trago. El vaso se vaciaba más rápido de lo que quería.- Pero bueno, basta de charla. Si estoy aquí es para recuperar mi magia.
- Tienes razón.- Aceptó Marta Mirren volviendo definitivamente a la realidad e ignorando el despiste momentáneo que había sufrido.- ¿Pero qué es la magia?- Preguntó pillando por sorpresa a Harry, que se tomó unos segundos antes de responder.
- Se podría decir que la magia es el arte con el cual mediante actos o palabras violamos las leyes naturales para crear, transformar o conectar la materia a nuestro alrededor.- Contestó el chico esforzándose por recordar una de tantas definiciones que había leído en uno de sus incontables libros.
- Lo que dices es correcto, pero indudablemente incompleto. En cualquier caso me llama la atención que lo llames arte, lo cual es cierto, ya que la magia es algo innato en las personas, pero también es una ciencia, puesto que se puede estudiar, investigar y razonar. Sin embargo, no es a eso a lo que me refería. Quería llegar a una definición más elemental. La magia es energía.- Declaró la mujer inclinándose hacia delante y gesticulando con las manos.- Es una energía que reside en nuestro interior y que podemos usar para hacer cosas inimaginables y extraordinarias. Un mago no puede perder la capacidad para hacer magia porque realmente no puede perder la energía de su ser que la hace posible.
- ¿Entonces por qué no puedo hacer magia?- Quiso saber Harry perdiendo ligeramente la paciencia con tanta teoría inconclusa. La mujer sonrió pero no hizo ningún comentario, al parecer había hecho la pregunta clave. Se levantó para dirigirse a una estantería cercana y cogió una carpeta visiblemente repleta de un sinfín de documentos. Con calma, volvió a sentarse, apartó la taza de té que escasamente había probado y abrió la carpeta. Tanto el Griffindor como la Hufflepuff se sorprendieron de su contenido.
- Estaba preparada para esta pregunta. Supongo que ya imaginabas que has estado en el punto de mira de los Guardianes prácticamente desde el principio.- Comentó Marta mientras manejaba entre sus manos innumerables fotografías suyas con la habitual indumentaria de Torprey Hart. Era cierto que lo imaginaba, pero nunca hasta tal punto. Se sentía vigilado, controlado y manipulado, y eso era algo que detestaba.- Para responderte antes me gustaría hablar contigo acerca de estos dos momentos.- Apreció escogiendo dos fotos concretas. Una era en Hogsmeade, estaba arrodillado, a punto de desfallecer y el fuego que lo rodeaba explotaba con una violencia que se reflejaba fielmente en la fotografía. La segunda imagen, más reciente, era en el centro de Londres. En ella estaba junto a Lord Voldemort, atrapados en el interior de una cúpula e iluminados por una imponente y radiante esfera de energía que levitaba ante ellos.- Supongo que estos dos instantes debieron ser horribles y dolorosos, por eso quiero disculparme de antemano por obligarte a recordarlos y por si en algún momento hablo con una emoción que te pueda resultar molesta. Pero es que lo que eres capaz de hacer es completamente increíble.
- ¿Qué relación tienen estas dos fotografías?- Preguntó Harry obviando el último comentario de la mujer y adoptando una actitud fría e indiferente, como si aquellas imágenes no le afectasen, algo que sí hacían.
- Poca y a la vez muchísima. Es cierto que los objetivos en una y otra son muy distintos, pero la técnica y la idea son similares. En Hogsmeade te protegiste de la maldición asesina y en Londres creaste la magia esencial. Tú mejor que nadie sabrías decirme lo que tienen en común ambas acciones.
- En ambas el principio básico era que debía extraer toda la energía de mi cuerpo.- Respondió Harry con rapidez, consciente por primera vez de a donde pretendía llegar la mujer.
- Exacto. Aunque el primer proceso es más radical y violento, la magia esencial es más complicada y acarrea unas consecuencias mágicas muy delicadas, como ya has podido comprobar.- Explicaba la señora Mirren con un evidente entusiasmo.- El ritual que llevaste a cabo en Londres, como su propio nombre indica, extrae la misma esencia del mago y la manifiesta en forma de energía pura. Para realizarlo con éxito, tuviste que exprimir al máximo tu magia para transferirla a la esfera de energía y que ésta se completase correctamente. Sin embargo, como he dicho antes, un mago no puede perder por completo la capacidad para hacer magia, por lo cual, aunque sea de forma mínima, aún debes poseer un atisbo de esa energía en tu interior que la haga posible. Y esa es nuestra misión, encontrarla, estimularla y potenciarla hasta que alcance el mismo nivel de intensidad que ya ha tenido con anterioridad…
…
No era aún mediodía cuando la tranquilidad y privacidad de la sala de los herederos se quebró por un resplandor ambarino. Las dos personas que descansaban juntas en el gran sofá blanco se alteraron y se separaron instintivamente, pero sus amigos habían tenido tiempo de ver lo que ocurría. Ya hacía algún tiempo que Hermione y Ron estaban saliendo y muchos, incluido ellos, lo sabían. Sin embargo eran tímidos a la hora de mostrar gestos de cariño en público y rara vez habían podido verlos besándose o agarrados de la mano.
- Harry… Creímos que ya estarían en casa de Alice.- Comentó Ron casi a modo de excusa algo sonrojado.
- Hemos ido a dar un paseo. Ahora voy a Londres.- Mintió el chico, que no tenía ánimos para dar explicaciones en ese momento.- Regresaremos por la tarde, pero de todas formas el dormitorio de Ravenclaw está por ahí.- Informó señalando hacia unas escaleras sin poder contener una sonrisa cuando la piel de su amigo acabó por adaptar por completo el mismo color de su pelo.
- No sé de qué te ríes si vosotros sois peores.- Objetó Hermione ofendida.- Nadie sabe si estáis enfadados o no porque casi ni os miráis cuando hay gente presente.
- No te olvides la razón por la que cogimos esa costumbre.- Refutó Harry haciendo ciertas las palabras de su amiga al no mirar a la Hufflepuff.- Voy a preparar la moto de Sirius, tengo ganas de volar hasta Londres.- Comentó dirigiéndose hacia su cuarto. Era llamativo que después de tanto tiempo siguiera diciendo que era la moto de Sirius cuando a todos los efectos era suya, pero extrañamente eso le hacía sentir más cerca a su padrino.
- Te preguntaría si estás bien para volar, pero por los ruidos que salían de tu dormitorio anoche diría que estás perfectamente.- Apreció con picardía Hermione devolviendo el perspicaz comentario anterior del chico y provocando que fueran en esta ocasión sus amigos quienes se ruborizaran. Ron soltó una carcajada y miró hacia Angelina, que sin responder dibujó una tímida sonrisa en el rostro y siguió a Harry.
- ¿De verdad piensas ir en moto?- Preguntó Angelina cuando llegó al cuarto del chico, quien ya rebuscaba en su baúl intentando localizar la moto en miniatura.- Me haré el pelo un desastre.
- Creí que si volvíamos a Hogwarts era porque habías cambiado de idea en lo de acompañarme.- Contestó Harry alicaído y sin mirar a la chica. Permaneció de rodillas de espaldas a ella mientras sujetaba la pequeña figura con la que pensaba llegar hasta Londres.- Y ahora que lo pienso voy a necesitar tu ayuda si quiero que esto recupere su tamaño.
- Hemos vuelto a Hogwarts porque quería cambiarme. Me gustaría que tu familia me vea como tu novia y no como la estirada heredera de Hufflepuff.- Dijo Angelina acercándose por detrás y apoyando una mano en su hombro.- Y yo puedo ayudarte con la moto o con lo que necesites, pero estoy segura de que pronto podrás hacerlo tú mismo.
- Nunca te habías llamado así.- Comentó Harry aún con la cabeza gacha y agarrando la mano que la chica había puesto su hombro.- Siento mucho lo que hice.
- ¡Oh, Harry!- Exclamó Angelina arrodillándose a su lado y esperando a que el chico la mirase para continuar.- Lo de antes también era una broma. Me hice la enfadada porque te lo merecías pero no tienes que sentirte mal o pedirme perdón. Estoy más que convencida de que tú nunca me harías daño, sino todo lo contrario.- Aseguró la morena embriagándolo con su dulce y cálida voz.- Y me he llamado así porque Hermione tiene razón. Hoy me sorprendí cuando me cogiste la mano delante de Frederic y Marta y no quiero que algo así sea una sorpresa sino algo normal. Ya no tenemos de qué escondernos. Aunque tal vez creas que después de tanto tiempo juntos me he precipitado, yo me siento como tu novia, pareja, llámalo como quieras… ¿No lo soy?
- Sí, sabes que sí.- Afirmó Harry sintiéndose absurdo por tener que responder aquella pregunta, pero sabía que Angelina lo había hecho para sacarle la sonrisa que ahora tenía. Sin tener que pensarlo dos veces se aproximó a los labios de la chica y le dio un cariñoso beso.- Tienes toda la razón, también en que me lo merecía, aunque me preocupa que hayas podido engañarme tan fácilmente, ¿debería tener cuidado?
- ¿Conmigo? Por supuesto, soy más peligrosa que una veela en bikini.- Bromeó Angelina provocando que el chico soltara una sonora carcajada.- Bueno voy a cambiarme ya que en la moto tardaremos más y no quiero que me culpes de llegar tarde.- Añadió la chica cogiendo la miniatura que sostenía Harry y levantándose. La situó en mitad de la habitación y bajo la atenta mirada de desconsolación del chico agrandó la moto sin necesidad de varita hasta dejarla con el tamaño que el moreno recordaba.
Tras despedirse fugazmente, la chica se marchó hacia su cuarto y Harry se quedó sólo, mirando absorto la moto de su padrino. Hacía bastante tiempo que no la veía, y al volver a hacerlo el primer recuerdo que le vino a la mente después del de Sirius fue el de él mismo subido a ella vestido completamente de negro y con una capucha cubriendo su cabeza. Se llamó loco a sí mismo cuando se dio cuenta de que lo echaba de menos. Sin embargo pronto comprendió que no había perdido la cabeza, no echaba de menos la guerra, el peligro ni mucho menos los asesinatos que cometía, echaba de menos el poder. El poder y la libertad que éste le otorgaba.
Introdujo la mano en uno de sus bolsillos y sacó una varita. La empuñadura tenía una forma casi triangular y el color de la madera era más claro de lo que era su antigua varita. Anotó mentalmente que debía hacerle otra visita a Olivander, pero mientras tanto la señora Mirren le había dado aquella varita argumentando que aunque no era muy poderosa era perfecta para comenzar con el entrenamiento. Ya la había probado aquella misma mañana sin éxito, pero sentía una gran tentación por probar de nuevo. Miró hacia unos pergaminos que había tirado mientras buscaba en su baúl y se armó de valor.
- Wingardium leviosa.- Pronunció describiendo a la perfección con su varita el movimiento requerido. El pergamino no se movió ni un centímetro. Manteniendo una paciencia que no tenía, volvió a probar.- ¡Evanesco!- Conjuró esta vez más enérgicamente.- ¡INCENDIO!- Gritó cabreado al comprobar como el maldito pergamino continuaba intacto. Finalmente, no pudo controlar la frustración e impotencia que sentía y acabó por tirar la varita con rabia al interior del baúl. En ese momento escuchó un ronroneo detrás de él y se giró bruscamente.- Ah Crookshanks, eres tú. Me has asustado.- Admitió Harry acercándose al gato y arrodillándose un instante para acariciarlo.- ¿Qué haces aquí? No te gusta ver a Ron tan pegado a Hermione ¿verdad?- El gato maulló graciosamente ante la pregunta del chico y se dejó acariciar unos segundos más hasta que pareció cansarse y se fue para acomodarse en un sillón de cuero negro que tenía cerca. Aquel sillón también le recordaba a sus tiempos como Hart, pero se prohibió volver a pensar en ello.
Harto de pensamientos que no hacían sino perturbar aún más su mente, se dirigió un momento hacia el cuarto de baño para lavarse la cara con agua fría y despejarse. Se mojó el pelo pero tampoco se esforzó demasiado en que adoptase una forma decente. Tras aquel paréntesis, que lo ayudó más de lo que creía, se giró hacia la moto y tras unas rápidas comprobaciones con la mirada la arrancó para comprobar que todo estaba bien. Inmediatamente un sonido atronador inundó su dormitorio. El ruido alteró a Crookshanks, que se levantó enfadado y salió disparado para alejarse lo antes posible.
- ¿Qué le has hecho a Crookshanks? El pobre casi se tropieza conmigo.- Comentó Angelina nada más entrar por la puerta. Harry la miró y comprendió lo que la chica le había dicho unos minutos antes. Simplemente se había puesto unos jeans ajustados junto a unas botas negras bajas, además de una camiseta blanca que le llegaba hasta la cadera con un divertido dibujo en el medio y una chaqueta de cuero. Aquel sencillo cambio hacia desaparecer la imagen de una implacable y poderosa bruja por la de una simple chica, hermosa como siempre pero con total naturalidad.
- El ruido lo asustó. Estás muy g… Bueno, eres preciosa.- Corrigió automáticamente Harry, que le dirigió una sonrisa que hizo sonrojarse levemente a la Hufflepuff. En el pasado casi siempre se veían con el uniforme de Hogwarts o con el de los sucesores, éste habitualmente roto y manchado de sangre a causa de las batallas. El hecho de poder disfrutar y estar juntos en otro contexto diferente era un regalo al que no estaban acostumbrados.
- Gracias.- Fue todo lo que pudo decir la chica. Se fijó en las marcas negras del suelo causadas por todas las veces que anteriormente Harry había salido con la moto de allí y repentinamente le invadieron las mismas ganas de volar que mostraba él. Conociendo el procedimiento y en esa ocasión usando su varita, hizo desaparecer el cristal de la gran ventana por la que saldrían volando y se subió en la moto y se sentó en la parte delantera.- Me has prometido muchas veces que me dejarías pilotar a mí. Yo también sé volar.
- Que sepas volar no quiere decir que lo hagas mejor que yo.- Objetó Harry riéndose, sin embargo aceptó y se situó detrás de la chica y la agarró para no caerse.- Ten cuidado, sigue desviándose a la izquierda al alzar el vuelo. Y a la vuelta conduzco yo.- Advirtió justo un momento antes de que Angelina acelerase repentinamente y saliesen volando sin problemas del castillo.
Como imaginaba, la velocidad, la altura y el aire pegándole en la cara le permitió evadir su mente, olvidar los problemas que lo atormentaban y volver a recordar lo que significaba únicamente volar. Para su sorpresa, Angelina volaba casi tan rápido como él, aunque con más delicadeza y movimientos menos bruscos. Una vez estabilizaron el vuelo y pusieron rumbo a Londres, se separó un poco hacia atrás y cerró los ojos para disfrutar todo lo posible de aquella sensación. Sintió como la chica se tensaba al notar que la había soltado, pero al comprobar que todo iba bien volvió a acelerar todo lo que le permitió la muñeca y centró toda su atención en llegar a la capital inglesa.
Mientras surcaban a toda velocidad el cielo sobre los terrenos de Hogwarts, en el dormitorio de Godric Griffindor se quemaba lentamente y sin llamas un pergamino tirado en el suelo. Un hecho extraordinario del que ninguno de los dos chicos se percató.
…
Esa misma noche, en la oscuridad y siempre vigilada soledad del bosque prohibido, un chico de cara redonda y cabello oscuro deambulaba sin un destino fijo. Únicamente pretendía perderse y que ni tan siquiera su subconsciente recordara el camino de regreso. Las nubes del cielo ocultaban a la gran protagonista de la noche, protagonista que tarde o temprano dejaría verse en todo su esplendor. Él siempre había observado la luna como la joya del firmamento, una luz que regalaba esperanza e ilusión a aquellos que la contemplaban. Sin embargo ahora la miraba con otros ojos. Desde hacía casi dos meses se había convertido en la malvada bruja que lo había condenado a ser mitad hombre mitad bestia de por vida.
Entre la espesura del bosque encontró un pequeño claro y se detuvo a esperar el inevitable desenlace. A lo lejos pudo escuchar como el sonido de un motor se acercaba al castillo y lo reconoció al instante como la moto de Harry. No podía culparlos de nada, ellos siempre lo habían ayudado y al fin y al cabo había sido Harry quien le había dado varias pociones matalobos para intentar controlar mejor la transformación, pero aún así estaba sorprendido de que ninguno de sus amigos se hubiera preocupado por él. Sus amigos eran los únicos que sabían de su nueva condición y no lograba entender por qué no lo habían llamado al menos para interesarse por cómo se encontraba. Sumido en esos pensamientos de desolación y soledad, el primer rayo de luz rozó su rostro. Dominado por una atracción irresistible, levantó la vista al cielo y la vio.
Todos los músculos de su cuerpo se tensaron, el cuello se estiró hacia atrás e irremediablemente cayó al suelo. Su corazón latía más fuerte y más rápido de lo que nunca creyó posible. Su respiración se aceleró hasta llegar a jadear. Invadido por un dolor insufrible, gritó. Fue un grito ensordecedor con el que trataba inútilmente de mitigar aquel sufrimiento. Su cuerpo comenzó a ensancharse destrozando la ropa que llevaba puesta y el pelo animal lo envolvió como un cálido abrigo. Su nariz creció hasta convertirse en un hocico y los dientes se agrandaron y afilaron. Ya sin su plena consciencia, sus ojos vieron como las manos se transformaban en poderosas y mortíferas garras. Así, sin darse cuenta cuando había ocurrido, su grito se convirtió en un potente aullido. A cuatro patas, con la boca abierta y babeando a causa del hambre y sed de sangre que experimentaba, se acercó a un charco de agua cercano y observó el reflejo que éste le devolvía. Él, Neville Longbottom… se había convertido en un monstruo.
N/A: Creo que tengo un problema a la hora de manejar el tiempo en la historia. Es el segundo fic y aún no he terminado ni un curso en Hogwarts. Este cap por ejemplo se desarrolla en un único día, y hago mucho esto. Así que intentaré en los siguientes capítulos darle un poco más de velocidad e ir completando todos los detalles que me gusta introducir a través de flash backs. Como adelanto, algo que no suelo hacer, diré que seguiremos viendo los progresos y problemas de Harry para recuperar su poder, veremos también parte del encuentro de Harry con su prima Emily y por supuesto más amor de la que es en este momento la perfecta pareja H/A. ¿Será siempre así? Bueno, tampoco habría que ignorar el estado emocional y las secuelas que han quedado en Neville, más allá de esta última escena. Por eso no me gusta hacer esto, digo demasiado, hasta la próxima.
