"Cierra los ojos, respira profundo, al cruzar esta puerta dejas de lado quien eres, para ser quien ellos quieren"
Al concluir este mantra cotidiano, suspiraba y esbozando la mejor de sus sonrisas saludaba aquellos desconocidos a los cuales trataría de complacer con su compañía durante las siguientes horas
El grupo reducido charlaba animadamente de pie, con bebidas en la mano. La decoración, y sobre todo la música evocaban el ambiente de la década de los 70´s. pasando de persona en persona se presentaba, observando cada uno de los detalles. Un buen cazador debe conocer a su presa. El motivo de la celebración, darle la bienvenida a un afamado productor musical.
-Belle and Sebastián ¿acaso no te encanta ese grupo?-una chica rubia con un ajustado vestido negro se acerco a él entregándole un vaso con whiskey. Oculto eficazmente una mueca de disgusto al escuchar ese nombre, haciendo a un lado su flequillo azabache
-es de mis agrupaciones favoritas, nada mejor que escuchar un poco de indie a esa basura comercial de hoy en día-tomo un sorbo de la bebida ofreciendo una sonrisa seductora
Gente superficial, con conversaciones insulsas de las cuales debía participar. Desde el modelo del automóvil más costoso, hasta el último escándalo de la familia real, el informarse se convertía en una obligación, leer periódicos, blogs de noticias y toda red social era parte de la investigación.
Después de varios minutos la chica fascinada escuchaba atenta cada una de sus palabras. El amablemente la miraba de cerca, pero siempre evitaba confrontar el reflejo de esos ojos artificialmente azules.
Siempre era lo mismo, no importaba lo profunda o superficial que fuera el debate. Esto salía de sobra si la apariencia era lo que buscaban.
-encantador jovencito ¿podrías decirme tu nombre?-En un momento se encontraba del otro lado del salón. Ahora conversaba con una señora, quien por exagerado maquillaje y las adornadas alhajas que lucía en sus manos, era lo que en la sociedad vulgarmente llamaban "nuevo rico".
-Puede llamarme como usted desee-respondió rápidamente. Nunca utilizaba su nombre verdadero, había perdido la cuenta del número de veces que lo había cambiado, las necesarias para proteger su verdadera identidad. Haciendo caso omiso de las miradas y comentarios lascivos que erizarían a cualquiera. Excepto a él, estaba acostumbrado a ser tratado como un objeto
Los límites se impusieron cuando súbitamente, con el pretexto de tropezar su pierna era acariciada. Con un movimiento rápido se alejo, sintiendo repulsión no solo por el acto, al ver en esa mirada surcada de arrugas había comprendido la verdad de sí mismo. El también estaba vacío, una elegante mascara de porcelana, que se encontraba hueca
Inventando una excusa, se despidió del anfitrión quien no pudo retenerlo. En la calle repasaba esa acción lasciva que le provocaba nauseas, seguía su camino tropezando con las demás personas, no hacía caso de lo que sucedía a su alrededor, hasta que el sonido de un claxon, lo hizo detenerse.
Un paso más y hubiera sido arrollado en la congestionada avenida. Entonces sus ojos de detuvieron en el reflejo, de el espejo retrovisor, y vio el semblante de un hombre asustado, pero no solo por aquel roce con la muerte, si no también por la realidad con la que arrastraba día a día.
-4:30 de la tarde-exclamo al ver el reloj digital del semáforo. Paso la mano por su rostro y cabello, decidió caminar por un parque cercano, después de beber un té helado de la primera tienda que encontrara. Pago con el cambio exacto y sonriendo falsamente se retiro del lugar. Odiaba que lo halagaran, tal como lo hizo la dependiente del autoservicio.
No sabía si agradecer o maldecir el rostro que poseía. Por un lado le evitaba levantarse temprano para arreglarse, lo cual era una ventaja, ya que sobre todo las cosas odiaba ser despertado por las mañanas. Se vestía de acuerdo a las tendencias actuales de moda, dando su propio estilo
Pero por otro lado, no soportaba el hecho de ser el centro de atención, algo irónico si dependes de eso para vivir. Las chicas lanzaban suspiros de deseo ante el demonio con aura angelical, con las palabras adecuadas y los ademanes correspondientes, ese aliento seria robado entre las sabanas más tarde, claro estaba si llegaban a la suma adecuada.
Con los varones era fácil intimidarlos con una mirada, una amenaza temprana o un simple gesto de superioridad. Preferible las palabras que los puños, un ojo morado o un diente roto sería el fin de su carrera.
Si hubiera tenido la necesidad de resumir su vida en una sola palabra, seria "complacer"
-Pero ¿Qué es lo que yo deseo?-se preguntaba arrojando la lata en el vertedero y con las manos en el los bolsillos del abrigo se interno en el espeso bosquecillo, un verdadero oasis en la estresante ciudad.
El compas de una guitarra junto con una vibrante voz, lo hizo detenerse junto con otras personas. Un joven con larga cabellera negra, y ojos azules encantaba a los asistentes del espectáculo callejero.
-Damas y caballeros espero que les haya gustado mi interpretación, solo soy un humilde músico-el joven se quito el gracioso sombrero beige y lo dejo en el piso
-agradeciendo cualquier muestra de apoyo a esta persona cuyo único propósito fue entretenerlos se despide con una dulce sonrisa y una canción en su corazón Saine Pointe Du Lac-hizo una reverencia con la guitarra a cuestas
Conmovido por la canción, dejo en el sombrero un billete de 50 libras, alejándose de ahí mientras aun cantaba la primera estrofa
He's a real nowhere man,
Sitting in his Nowhere Land,
Making all his nowhere plans
for nobody.
Caminaba tratando de despejarse, un crujido de hojas al ser pisadas lo alertó. Alguien lo seguía. No tenía ánimos para luchar o discutir, así que disimulado siguió el sendero. Sus sospechas se confirmaron cuando el otro se dirigió hacia la misma dirección.
Era el mismo rubio, que incluso escucho al artista callejero momentos antes. Lo había descubierto días antes ¿Un acosador? ¿Un ladrón? O ¿sólo un idiota?
Harto decidió enfrentarlo. Escabulléndose detrás de un árbol espero. Tomando desprevenido al joven rubio lo acorralo sujetando sus manos, por encima de su cabeza
-eres muy pequeño para ser un ladrón-exclamó al notar la talla de su vigilante
-suéltame ni que quisiera tú dinero-el rubio le dirigió una mirada furiosa pero el tono de su voz detonaba miedo. Sonrió, había encontrado con quien divertirse
-sí no es dinero ¿Que quieres de mi? Pregunto pasando la mano libre por debajo de la camisa acariciando el torso desnudo
-pero que... Demonios-gimoteo sonrojado. No podía defenderse trataba en vano de liberarse del agarré del pelinegro. Su temor incremento al percatarse que relamía sus labios de manera provocativa
-vamos no te resistas. Además ¿no te avergonzaría pedir ayuda? Trata de defenderte -susurro el pelinegro a su oído encantado de tener a alguien tan indefenso con quien descargar su frustración
-espera... Yo no busco nada de esto-exclamo entre cortadamente, incomodo de esa situación
-así, entonces ¿esto no te gusta?-susurro al oído para después bajar sus labios por ese tembloroso cuello, en el cual dejo una marca debido al brusco beso. Podía sentir como los latidos del corazón del joven rubio se aceleraban, pero no era excitación, sino rabia lo que los incrementaba.
¿Cómo lo supo? Un puntapié directo en sus partes nobles, fue la respuesta. El dolor lo obligo a liberar al fin a su supuesta presa
-jodido pervertido cuando digo no es no-grito tocándose asqueado el cuello. El pelinegro doblo las rodillas ante el doloroso golpe, incluso algunas lagrimas amenazaban por asomarse por sus ojos.
-como te atreves mocoso-reclamo furico tratando de guardar la compostura, pero cuál fue su mayor sorpresa al notar que el chico tomaba una foto repitiendo el acto con el, como un relámpago quiso arrebatar el dispositivo pero el rubio se escabullo esperando esa reacción
-ah ah ah un paso en falso y la subiré a mi Facebook-dijo Ronald retadoramente. Mirándolo fijamente, trago saliva, poco a poco un sentimiento de impotencia invadía su cuerpo
-maldita sea, no puedo dejar que eso ocurra-pensó apretando los puños. Tenía bastante con soportar el hecho de que su vida fuera controlada por alguien más, su respiración se acelero, al no encontrar la salida del callejón que el mismo había construido
-y bien ¿que es lo que deseas a cambio de las fotos?-exclamo tratando de controlarse revolvió su flequillo
-vaya ahora eres tu el que ofrece-dijo Ronald guardándose el celular en el bolsillo delantero de su camisa
-mira no tengo tu tiempo, si las subiras hazlo de una buena vez-el pelinegro se dio la vuelta
-espera yo… te necesito-declaro el otro tomando su brazo, una sonrisa triunfal recorrió el rostro del pelinegro tenia ahora una pequeña
esperanza de no solo salir del embrollo sino además conseguir algo a cambio
-¿Cómo se que no es otra trampa? Acaso crees que soy tan idiota-contesto al girarse y toparse nuevamente con el rubio, el cual suspiro largamente
-se que eres uno de los modelos más cotizados de la ciudad, si te he seguido por días es porque no reunía el valor de pedirte que trabajaras en una sesión, yo necesito a alguien de renombre, soy solo un novato del cual nadie daría un centavo es por eso que lo digo otra vez ¡te necesito!-respiro hondamente recuperando el aire después del largo discurso que había dado
Sin saberlo, con esas palabras, había puesto la soga en el cuello, del cual ese verdugo con sonrisa seductora no dudaría en usar en su beneficio
