Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en ésta historia me pertenecen, todos son creación de J.K Rowling, yo sólo los utilizo para mi entretenimiento y el de uds.
NOTA: Mis FanFics sólo están publicados en esta página, si los leen en algún otro lugar será un plagio y les agradecería que me avisaran. Gracias de antemano.
...:::LA VIDA EN MOMENTOS:::…
-CUMPLEAÑOS-
Hermione miraba las gruesas gotas de lluvia caer desde la ventana de su habitación en la torre Gryffindor. Sus compañeras de cuarto ya tenían varias horas dormidas, pero ella cargaba un insomnio de varios días que ya comenzaba a afectarle la cordura. Se decía que al amanecer iría con madame Pomfrey para que le diera poción para dormir, pero siempre se enfrascaba en las clases y los estudios y se le olvidaba ir a la enfermería; ahora era la tercera noche que pasaba en vela.
Con un suspiro resignado, se acomodó mejor en el alfeizar de la ventana y trató de distinguir algo del magnífico paisaje que le ofrecía Hogwarts. Sin embargo, la lluvia era tan densa que apenas podía ver borrosas manchas de lo que suponía era el bosque prohibido.
Le gustaba la lluvia, le gustaba el sonido de las gotas al chocar contra el cristal y las piedras, pero detestaba la soledad que a veces venía con ella y que le enfriaba el alma. En esos momentos nada le gustaría más que tener un rico y espumoso chocolate caliente entre sus manos y quizá una agradable compañía, como pasó el día de su cumpleaños hace poco más de un mes. Aunque aún ponía en duda eso de "agradable".
Hogwarts. 19 de septiembre. Un mes y una semana atrás.
Estaba sentada debajo de un árbol cerca del lago leyendo una vez más Historia de Hogwarts. Era el día de su cumpleaños y le había costado mucho deshacerse de Ginny, Luna y Neville y tener ese valioso momento a solas. No los culpaba por querer acompañarla, pero la estaban agobiando, ¡ni que fuese la primera vez que pasaba su cumpleaños sola!
Unos fuertes truenos, y algunos relámpagos, le advirtieron de la tormenta que estaba próxima a caer, pero ella no le dio importancia. Siempre llovía en su cumpleaños, se sentiría ofendida y algo alarmada si algún año faltase ese evento. Con un movimiento de varita, impermeabilizó su preciado libro y después siguió leyendo.
Estuvo así un par de horas, con el viento meciéndole los cabellos y el olor a lluvia inundando sus fosas nasales, hasta que una gruesa y fría gota cayó en su nariz. Hizo bizcos para observar el pequeño charquito en su nariz antes de que una gran sonrisa se asomara en sus labios.
Con algo de emoción, cerró el libro con un golpe sordo, lo dejó a un lado y se paró frente al lago con los brazos abiertos. Poco a poco las gotas de lluvia fueron aumentando en número y fuerza. No hicieron falta más que algunos segundos para que la tormenta se desatara y todo quedara totalmente empapado. Incluyéndola a ella.
Cerró los ojos y dejó que el agua se llevara sus angustias, sus preocupaciones, sus miedos y su dolor. Sentía como se purificaba de algún modo y los estragos de la guerra quedaban atrás. Le alegraba saber que la lluvia en su cumpleaños seguía siendo una constante en su vida, al igual que el placer que le producía estar bajo ella.
"El agua es vida, Hermione" le decía siempre su madre. Y en ese momento ella se sentía llena de vida, de sueños, de esperanza. Esa aura de dolor y de tristeza había desaparecido de su ser en un instante.
Por algunos minutos no le importó estar sin Harry y Ron, no saber del paradero de sus padres, sentirse sola en medio de una multitud, que varios de sus seres queridos estuviesen muertos, que ella hubiese sido torturada y marcada… No, definitivamente no le importó.
Cuando el frío se hizo lo suficientemente fuerte como para calarle hasta los huesos y ponerle los labios y los dedos morados, decidió que ya había sido suficiente y que debía regresar al castillo. Le encantaba estar bajo la lluvia, pero no quería morir de hipotermia por descuidada. Así que regresó al árbol, agarró su ejemplar, que para su completo orgullo estaba totalmente seco, lo apretó fuerte contra su pecho y comenzó a caminar de regreso a Hogwarts.
Si sus suposiciones eran ciertas, y rogaba que lo fueran, todos los alumnos del castillo debían estar en sus respectivas salas comunes tratando de resguardarse del frío y de mantener un poco el calor de sus cuerpos frente a las chimeneas; lo que, para su completa felicidad, le permitiría ir a las cocinas, sin encontrarse con miradas curiosas o de desdén, y tomar una taza de humeante chocolate caliente.
Como lo predijo, no se encontró con nadie en el camino y entró sin ninguna dificultad en las cocinas, donde fue recibida por Winky, a quien muy amablemente le pidió chocolate caliente y un trozo de pastel mientras ella trataba de secar un poco su uniforme.
La elfina, algo tambaleante gracias a una borrachera reciente, cumplió con su petición y le dejó el pedido sobre una de las cuatros mesas que allí habían. Hermione trató de hablar con ella, pero Winky la ignoró y se marchó rápidamente de allí. Aún faltaban varias horas para la cena, así que el lugar estaba tranquilo y ordenado.
Agarró con cuidado la humeante taza y, casi con devoción, la llevó a sus labios. El sabor dulzón del chocolate, mezclado con canela y algo de vainilla, fue una delicia para su paladar, su cuerpo tembló de regocijo y su mente se desconectó por un minuto de la realidad. Alguna vez leyó que comer chocolate era equivalente a tener un orgasmo; bien, ella nunca había tenido un orgasmo, pero casi podía asegurar que el chocolate era cien mil veces mejor. No concebía que algo pudiese superarlo.
Luego de haberse acabado la taza y estar un par de segundos mirándola, una sonrisa melancólica escapó de sus labios y varias lágrimas amenazaron con salir de sus ojos. Su madre, cada vez que llovía o nevaba, le preparaba chocolate caliente con cascaras de naranja, o con crema y canela, y ambas se sentaban frente a la ventana del salón, cerca de la chimenea, a disfrutar del clima mientras charlaban de algún tema sin importancia. Esos eran unos de los pocos momentos que dejaba sus libros de lado y sólo se dedicaba a disfrutar de la compañía, la mayoría de las veces su padre las acompañaba.
¡Cómo los extrañaba!
Haciendo un esfuerzo sobrehumano por retener sus lágrimas, acercó hacia ella el trozo de pastel y lo contempló embelesada un rato. Sus padres le habrían dicho que esa era demasiada azúcar para sus dientes. Negando con la cabeza para apartar esos pensamientos, agarró su varita y conjuró una pequeña vela, la cual colocó en el pastel y encendió con un simple hechizo.
—¡Feliz cumpleaños, Hermione! —se dijo.
Pidió un deseo y se preparó para soplar la vela, cuando un pequeño alboroto la distrajo y la hizo mirar hacia la entrada. Draco Malfoy, empapado de pies a cabeza, con su cabello rubio platino pegado al rostro y una mueca de fastidio en la cara, entró a la cocina gruñendo una gran cantidad de maldiciones y tratando fervientemente de secarse con un hechizo. Hermione quiso llorar y mimetizarse con la mesa para no tener que enfrentarse con Malfoy, no tenía ni las ganas ni las energías para hacerlo. ¿Acaso no podía pasar su cumpleaños tranquilamente?
Cuando Draco alzó la mirada y se encontró de frente con aquellos ojos chocolate, aumentó su mueca de fastidio y soltó otro par de maldiciones. Inmediatamente un elfo se acercó para atenderlo y con palabras un tanto frías y despectivas, que hicieron a Hermione fruncir el ceño, le ordenó que le trajera un té y algunas pastas secas.
—Son seres vivos, ¿sabías? No deberías tratarlos así.
Malfoy rodó los ojos al escucharla. —Los trato como se lo merecen y como les gusta ser tratados.
—Podrías ser más amable, ¿o a ti te gustaría que te trataran así?
—Yo trato a los demás como se me dé la gana, sabelotodo.
—Claro, siempre ha sido así —susurró, Hermione, antes de soltar un suspiro. —¿No te has puesto a pensar que quizá por eso terminaste así? —Su mirada viajó inconscientemente al antebrazo izquierdo del rubio, quien soltó un gruñido y se removió incómodo. —Pensé que aprenderías de tus errores pasados, Malfoy.
—¿Quién dice que no lo hice? —Una sonrisa burlona se asomó en sus labios antes de beber un sorbo del té que le había llevado el elfo. Si se ponía a pensar, anteriormente nunca se habría permitido estar en la misma habitación que una sangre sucia, aunque eso él no lo diría.
—Claro, Malfoy. —Apoyó uno de sus codos sobre la mesa y la cabeza sobre su mano, dejando que varios rizos castaños cayeran sobre su rostro. Estaba cansada emocionalmente y no tenía ganas de enzarzarse en una pelea verbal con el rubio, así que simplemente lo dejaría pasar.
Se quedó viendo la velita encendida con mirada ausente, sin percatarse de lo rápido que ésta se consumía con cada segundo que pasaba.
Un temblor y un pequeño golpe en la mesa la devolvieron al presente, así que lentamente volteó hacia Malfoy y lo encontró tiritando de frío; una sonrisa comprensiva escapó inconscientemente de sus labios.
—Deberías tomar chocolate caliente, es más efectivo para combatir el frío.
—No me gusta el chocolate —respondió de forma automática, dándose cuenta demasiado tarde que le había revelado algo muy personal a su rival.
Hermione abrió los ojos sorprendida y volvió a erguirse en la silla. Primero, no se espera una respuesta así de su parte; segundo, ¿podía existir alguien a quien no le gustara el chocolate?
—Es broma, ¿verdad? Es imposible que no te guste. —Draco apretó los puños y desvió la mirada, gesto que Hermione entendió perfectamente y que le hizo soltar una risita ahogada. —Bueno, a mi no me gustan las manzanas, detesto su textura en mi lengua.
Ahora fue el turno de Draco de sorprenderse y voltear a verla con los ojos abiertos.
—Imposible, no conozco a nadie que no le gusten las manzanas.
—Y yo no conocía a nadie que no le gustara el chocolate. Estamos mano.
Ambos se miraron fijamente durante algunos segundos, sin poder creerse que estaban teniendo una conversación mínimamente civilizada. Draco volvió a tiritar y Hermione soltó un suspiro, con un movimiento de varita, que inmediatamente alertó a Malfoy, aplicó un hechizo de calefacción a la estancia, aumentando la temperatura del ambiente y proporcionándole calor a sus cuerpos.
Hermione pidió otro chocolate caliente para llevar y se encaminó a la salida. Había estado cinco minutos sin pelear con Draco Malfoy y no quería tentar a su suerte, prefería pasar tranquilamente lo que le quedaba de día.
—No apagaste la vela —le dijo Draco cuando estaba a punto de salir. Ella se volteó lentamente y miró interrogante al rubio, quien simplemente le hizo un gesto con la cabeza señalándole el pastel. —Apágala antes de que se consuma.
Sin poder creer del todo lo que estaba escuchando, caminó hacia el pastel y, cerrando los ojos, apagó la velita. Luego de acercarle el pastel a Malfoy, se volteó y volvió a caminar hacia la salida, segura de que Draco no la volvería a detener.
—Feliz cumpleaños, Granger —escuchó a su espalda. Una sonrisa incrédula y algo tonta se le instaló en la cara.
—Gracias, Malfoy.
Sin voltear, ni agregar nada más, salió de las cocinas y se dirigió a su habitación. Ya podía decir que su cumpleaños había sido perfecto.
Casi perfecto.
Hogwarts. Presente.
Ese día había pedido como deseo tener a alguien especial con quien compartir su chocolate y, aunque no fue de la forma que ella esperaba, su deseo se cumplió. Para bien o para mal, Draco Malfoy no podía ser más especial en su vida.
Ese, definitivamente, había sido uno de los cumpleaños más inolvidables.
¿Se volvería a repetir algún día? Lo dudaba, pero al menos le quedaría el recuerdo de que Malfoy no era tan malo como aparentaba.
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Bueno, se suponía que éste capítulo lo publicaría el 19 de septiembre, ya saben, por ser el cumpleaños de Hermione y porque de ese día a mi cumpleaños hay un mes exacto, pero por cuestiones de estudios no pude hasta hoy. Igual espero que lo disfruten, me parece un capítulo muy especial.
¿Les cuento un secreto? Inicialmente la palabra era "Chocolate", pero después, pensando un poco en la línea de tiempo, me dije que no podía pasar por alto el cumpleaños de Hermione, así que escribí esto con una mezcla de ambas.
¿A quién le provoca ahora una taza de chocolate caliente?
La próxima palabra será: Desmayos.
Aclaraciones:
1.- Éste es un Draco que poco a poco pone en práctica lo que aprendió de sus errores, aunque no puede evitar las viejas costumbres de vez en cuando, como pasó en el capítulo pasado.
2.- Eso de que comer chocolate es equivalente a tener un orgasmo no es un invento, yo lo leí. En alguna parte lo leí. Esto se refiere más a una serie de reacciones bioquímicas frente al estímulo.
3.- En lo personal, se me hace fantástico que a ninguno le guste la comida favorita del otro. Una diferencia más entre ellos.
4.- Un extra: Todos los años llueve en mi cumpleaños y ya considero de mal presagio que no caigan al menos 4 gotas del cielo.
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