Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en ésta historia me pertenecen, todos son creación de J.K Rowling, yo sólo los utilizo para mi entretenimiento y el de uds.
NOTA: Mis FanFics sólo están publicados en esta página, si los leen en algún otro lugar será un plagio y les agradecería que me avisaran. Gracias de antemano.
...:::LA VIDA EN MOMENTOS:::…
-DESMAYOS-
Cuando era pequeña me desmayé tres veces…
La primera vez fue a los cinco años, cuando me distraje y me caí por las escaleras de mi casa; no fue una gran caída, pero el golpe que me di en la cabeza fue fuerte.
La segunda vez fue a los ocho años, en la escuela, cuando la profesora de deportes me llevó al límite y mi cuerpo no lo aguantó más; ella nunca entendió que las actividades físicas de alta resistencia no son lo mío.
Y la tercera vez fue a los once años, cuando mi hermano murió en aquel accidente aéreo; desde entonces le tengo pánico a las alturas.
Desde esa vez no me había vuelto a desmayar… hasta hace tres días.
Hogwarts. 06 de noviembre. Tres días atrás.
Era de noche y hacia un frío infernal que calaba hasta los huesos y congelaba el alma. Los muros del castillo se habían convertido en bloques de hielo y los prefectos y premios anuales que hacían sus rondas tenían que caminar con cuidado si no querían un boleto directo a la enfermería. Cada uno iba abrigado hasta los dientes y trataba de mantener el calor de su cuerpo como mejor podía, cosa que aún con los hechizos se estaba volviendo una hazaña. Caminaban en parejas y lo más juntos posibles para generar fricción y ganar calor, ¡al diablo las rencillas entre las casas, querían seguir vivos!
Por tercera vez en la noche, Daphne Greengrass soltó un estornudo y Hermione pensó seriamente en hacer una parada en la enfermería.
—¡Maldición! —masculló la rubia.
—Deberíamos ir con Madame Pomfrey antes de que empeores —comentó Hermione. Daphne le caía bien, no eran las mejores amigas, pero llevaban un trato cordial y ameno, lo último que ella quería era que terminara seriamente enferma.
—Sólo son unos estornudos, no es nada. —Hermione la miró con reproche y Daphne le respondió con una sonrisa. —Te preocupas demasiado, deberías relajarte un poco.
—Terminarás enferma si sigues así.
—Estoy bien, Granger. En serio.
Hermione hizo una mueca, pero prefirió no seguir insistiendo. No quería entrar en una discusión innecesaria que lo único que haría sería acabar con sus energías, las cuales parecían escasearle últimamente. Se estaba sintiendo más cansada de lo normal y con mucho sueño, a pesar que dormía toda la noche gracias a las pociones que generosamente le había dado Madame Pomfrey. No era algo que le ocurriera a menudo, pero quería pensar que era algo pasajero.
—¿Granger? —Hermione frunció el ceño y miró a Daphne con desconcierto, la chica se veía preocupada y ella no entendía por qué. —¿Estás bien?
—Sí, estoy bien…
—Estabas ida… Tengo rato llamándote, ya me estaba preocupando, tú no eres de esas, ¿segura que estás bien?
No, lo estaba, su cuerpo no estaba bien, pero no quería preocupar de más a la rubia así que simplemente asintió. Daphne, metida en su mejor papel de actriz, hizo que le creyó y continuó con su charla, algo que Hermione agradeció enormemente. Algo que le gustaba de Daphne era que la chica tenía una voz melodiosa, de esas que parecen surreales y cuando las escuchas piensas que has entrado en un mundo donde todo es color de rosa y la vida tiene un sabor dulce que te embriaga y te supera; aunque después te das cuenta que sólo es Daphne Greengrass, una Slytherin fuera de serie, amable, hermosa y peligrosa, pero capaz de entablar una conversación con una Gryffindor si lo considera correcto; una simple mortal que no tiene nada de Veela, pero que te puede hechizar con su encanto. Por eso la dejaba hablar, aunque muchas veces no la entendiera y otras tantas no compartiera sus puntos de vista. Casi la consideraba una amiga.
Hermione trataba, ponía todo su empeño en llevar el hilo de la conversación, pero sentía sus párpados cerrarse y su cuerpo torpe y pesado. Tenía mucho sueño.
—La verdad, no creo que ningún estudiante se atreviese a dejar su sala común con semejante frío, deberíamos ir con el resto y terminar las rondas por hoy. En lo personal, no quiero terminar como una paleta helada, aunque sería una hermosa paleta helada. —Una serie de estornudos dieron fin al monólogo de la rubia y la hicieron detener por un instante. —Cuanto antes lleguemos, mejor.
Para acelerar las cosas, Daphne agarró a Hermione por la muñeca y comenzó a arrastrarla por los distintos pasillos. La castaña no entendía bien lo que pasada, aunque sabía que las cosas no estaban bien, que debería decir algo o detenerse, pero no podía y Daphne parecía un torbellino de energía que arrasaba con todo a su paso, incluyéndola a ella. Apenas era consciente del movimiento de sus pies y dudaba firmemente de tener sus párpados abiertos.
No, no estaba bien.
—Greengrass —la llamó, pero ésta no la escuchó, o quizá fue ella quien simplemente no emitió ningún sonido. —Espera —insistió, pero de nuevo no fue escuchada. —¡Detente! —exclamó ésta vez con más firmeza al tiempo que liberaba su muñeca del agarre. Inmediatamente, Daphne volteó a verla y su cara pasó del desconcierto al asombro y de allí al terror.
—¡Merlín, Granger, estás pálida!
—No me siento bien —diciendo eso, todo su mundo comenzó a dar vueltas y a replicarse. Frente a sus ojos, dos Daphne la miraban asustadas. —Estoy mareada, creo que… —No supo si lo dijo o la frase quedó en su cabeza, porque en ese momento una oscuridad conocida la envolvió y la desconectó del mundo rápidamente.
Cuando volvió súbitamente en sí, se encontró desorientada y con dos pares de ojos observándola; unos verdes y brillantes, y otros grises y acerados. ¿O eran 4 pares?
—Hay que llevarla a la enfermería. No se ve bien.
—Llévala.
—Tú me ayudarás, que…
Apenas entendía lo que decían, y con mucha más dificultad mantenía sus ojos abiertos. Veía dos cabelleras rubias y sabía que una le pertenecía a Daphne, la otra… la otra no debía estar allí. Quizá fuese producto de su obnubilada cabeza.
"Mantente despierta, Hermione. No te duermas" Se repetía una y otra vez en su mente, pero era inútil. Los ojos se le cerraban sin que ella pudiese hacer nada y la tentación de dejarse llevar era demasiado grande.
—¿Granger? ¡Granger!
Los gritos se escuchaban lejanos y quería decirle a Daphne que no se preocupara, que ella estaba bien, pero no podía emitir ningún sonido. Lentamente la oscuridad volvió a apoderarse de ella y no supo más de la realidad.
Hogwarts. Actualidad.
Me desperté hoy en las primeras horas de la tarde y Madame Pomfrey me explicó que mi cuerpo estuvo tan sobrecargado luego de los días de insomnio que entró en una suspensión temporal. Necesitaba un descanso urgente. También me dijo que los malos hábitos alimenticios que estaba llevando me produjeron una anemia leve, casi pude escuchar a mi madre decepcionada ante mi descuido y eso me hizo sentir peor.
Eso no estaba bien, yo no estaba bien.
Era como un barco a la deriva. Estancada, rodeada de agua, esperando que alguien viniese a ayudarme; y esa no era yo y tampoco era la persona en la que me quería convertir. Sí, mis padres no estaban, Harry y Ron no estaban, pero era absurdo que me dejase engullir por eso. Era absurdo siquiera pensarlo cuando Ginny, Neville y Luna venían a visitarme en sus tiempos libres; cuando Daphne, presa del resfriado, me hacía compañía desde la camilla del frente y trataba de contagiarme su alegría y su buen humor; cuando unas pastas secas y una taza de chocolate caliente habían llegado misteriosamente a mi mesita y me habían hecho sentir en paz y satisfecha.
Era absurdo y autodestructivo, y no seguiría así.
Mejor dejarme embriagar por el olor a madera, tabaco y menta que impregna mi cuerpo y que me hace sentir segura y tranquila. Un olor que no me pertenece, pero que siento mío.
Cuando era pequeña me desmayé tres veces…
La primera vez fue a los cinco años, cuando me distraje y me caí por las escaleras de mi casa; no fue una gran caída, pero el golpe que me di en la cabeza fue fuerte.
La segunda vez fue a los ocho años, en la escuela, cuando la profesora de deportes me llevó al límite y mi cuerpo no lo aguantó más; ella nunca entendió que las actividades físicas de alta resistencia no eran lo mío.
Y la tercera vez fue a los once años, cuando mi hermano murió en aquel accidente aéreo; desde entonces le tengo pánico a las alturas.
Siendo adulta sólo me he desmayado una vez, a los diecinueve años, cuando por estúpida creía que estaba sola y descuidé mi salud mientras buscaba la forma de llenar ese vacío.
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¿Saben qué? Olviden mis plazos. Lo único que les daré, será la certeza de que no abandonaré la historia.
Un capítulo algo raro y desolador. Inicialmente no iba a ser así, pero cambió a medida que fui escribiendo y no me pareció mal. Ya hemos tenido tres capítulos con Hermione sufriendo y ya es suficiente, ¿no creen? Mercaré un antes y un después, a ver cómo sale.
Por cierto, les cuento que a mitad del capítulo me detuve y pensé: "¿Esto se llama Desmayos o Daphne? Hay como que mucho Greengrass por aquí" xDD ¿Qué opinan?
Para la letra E necesitaré su ayuda, así que escucho propuestas. Tenía planificado "Elegancia", pero ya no me gusta y quiero complacerlas y recompensarlas de algún modo.
Aclaraciones:
1.- Para mí Daphne está más allá de los Mortífagos y la guerra. Amable, hermosa, vanidosa, juguetona, carismática, pero peligrosa al mejor estilo Slytherin.
2.- ¿A los magos les da anemia? ¿Los sangre pura se enferman de refriado? En mi fic sí.
3.- Antes de que pregunten: Sí, la otra cabellera rubia era de Draco. Sí, el olor a madera, tabaco y menta también pertenece a Draco, pero Hermione no lo sabe.
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