Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en ésta historia me pertenecen, todos son creación de J.K Rowling, yo sólo los utilizo para mi entretenimiento y el de uds.

NOTA: Mis FanFics sólo están publicados en esta página, si los leen en algún otro lugar será un plagio y les agradecería que me avisaran. Gracias de antemano.

...:::LA VIDA EN MOMENTOS:::…

-ELEFANTES-

—Y que quede claro que no quiero que intercambien papeles.

Todos los alumnos soltaron una exhalación y la estricta profesora McGonagall reprimió una sonrisa. La trasfiguración que debían realizar era de nivel avanzado y como ya de por sí el hechizo era difícil, la mayoría quería tener que realizar lo más sencillo. Lo que ellos no sabían era que en ningún papelito había algo sencillo. Tampoco es como si ella se los fuese a decir.

"Aunque tampoco es como si pudieran hacerlo porque están hechizados para tener un solo dueño" pensó tratando de reprimir otra sonrisa. Estaba segura que unos cuantos alumnos tendrían serios problemas al ignorar su norma e intercambiar papeles.

Con un simple hechizo hizo flotar los papelitos sobre sus cabezas y los alumnos inmediatamente sacaron sus varitas y convocaron uno. En medio de la conmoción se escucharon grititos de alegría, bufidos de disconformidad y suspiros de resignación.

Draco trató de no hacer una cosa ni la otra, así que sólo frunció el ceño e hizo una mueca con la boca. Entre todos los animales que seguramente habrían en los papelitos, ¿tuvo que elegir precisamente ese? ¡Qué suerte la suya!

—Como dije anteriormente, no está permitido que intercambien asignaciones y les informo: hay un par de cada animal, así que un vez que hayan logrado su transfiguración, deberán buscar a su igual y ese será el compañero con el que trabajen lo que queda del curso, ¿me entendieron? —Una especie de oleada de exaltación recorrió el aula y McGonagall tuvo que pedir silencio para que los alumnos se calmaran, cosa que tardó varios segundos. —Ahora saldremos al patio para que comiencen. Necesitarán espacio. —Inmediatamente el ruido volvió al aula y los alumnos comenzaron a recoger sus cosas y a encaminarse hacia la salida.

Una vez en el patio los alumnos comenzaron a dispersarse en busca de un lugar tranquilo para llevar a cabo su tarea, así que Draco eligió la profundidad y oscuridad del Bosque Prohibido para concentrarse y que nadie pudiese observar sus intentos fallidos.

El hechizo requería concentración y habilidad, y él poseía ambas; sin embargo, no lograba su objetivo, ¿por qué? ¿Qué le faltaba?

Inconscientemente se apoyó en uno de los árboles y miró intensamente el papelito que había elegido, como si en él estuviese la solución a todos sus problemas. La palabra "Elefante", escrita con la elegante y prolija letra de la profesora McGonagall, resaltaba en el pergamino y resonaba en su cabeza. ¿Qué problema tenía con ese animal que no lograba materializarlo? En realidad, sí sabía cuál era el problema con el animal, pero era absurdo que esa fuese la causa.

Y como si de un rayo se tratara la respuesta se iluminó dentro de su cabeza.

Pensaba en el animal, sí, pero no lo concretaba y eso era lo que le impedía realizar el hechizo con éxito. Inmediatamente la voz de la profesora McGonagall resonó en su cabeza: "Deben imaginarlo y palparlo. Pensar en sus medidas, su forma, su color, su personalidad; incluso en su aroma, sonido y peso. Si no hacen esto, por muy habilidosos y buenos magos que sean, no lograrán nunca realizar con éxito el hechizo…"

Y precisamente ahí estaba su falla.

Cerrando sus ojos, pensó en todo los que les había dicho la profesora y le dio vida al animal en su cabeza. Metódicamente hizo los movimientos de varita adecuados para el hechizo y lo pronunció suavemente. Frente a sus ojos, una pequeña piedra comenzaba a transformarse en una cría de elefante y una sonrisa de victoria se asomó en su cara.

Una vez completada la transfiguración, el animal se acercó a sus piernas y lo acarició suavemente con la cabeza al tiempo que soplaba fuertemente por su trompa. No era más grande que un Golden Retriever y tampoco más fuerte que él mismo, pero a Draco le pareció perfecto porque exactamente así era como lo había pensado. Luego de darle unos golpecitos en la cabeza le hizo señas al animal para que lo siguiera y éste gustoso comenzó a caminar tras su amo.

Draco caminaba orgulloso y arrogante a través del patio del colegio mientras era seguido de cerca por su nueva mascota. Había sido el primero en completar el hechizo y, teniendo en cuenta su dificultad, debía ser algo digno de admirar.

—Felicitaciones, señor Malfoy, ha conseguido completar la asignación antes que los demás —dijo la profesora McGonagall una vez que el rubio llegó a su lugar. —Sin embargo, me gustaría que me explicara qué le pasó a su elefante —demandó con una ceja alzada.

Draco miró a su mascota y se dijo que no había nada malo con ella, así lo imaginó. El pequeño elefante sopló fuertemente por su trompa, demostrando así su indignación ante la pregunta de la mujer, quién alzó aún más la ceja al ver semejante actitud.

—Que yo sepa, esas no son las proporciones que debería tener una animal de su tipo —aclaró.

—En ese caso, profesora, debió especificar tamaño y edad de la criatura —debatió tranquilamente, arrastrando peligrosamente las palabras para mostrar su disconfort. —Usted pidió un elefante, éste podrá ser una cría, pero sigue siendo uno. No he fallado en nada.

La profesora torció la boca ante tal falta de respeto por parte de su alumno, pero se dijo que a pesar de todo él tenía razón. —¡Veinte puntos para Slytherin! —exclamó y Draco volvió a poner aquella sonrisa arrogante que tanto lo caracterizaba al saberse victorioso.

A los pocos segundos el sonido del soplido de otro elefante los hizo voltear y centrar su atención en los invernaderos. Pronto vieron a un enorme elefante dirigirse hacia ellos con su dueño montado sobre su lomo y un enorme lazó rosado en su cuello.

Draco mantuvo un rostro impasible todo el tiempo, incluso una vez que supo la identidad del jinete, aunque en su mente maldecía una y otra vez a su suerte.

—¡Buen trabajo, señorita Granger! —exclamó entusiasmada la profesora.

—Gracias, profesora McGonagall —susurró con orgullo contenido la leona.

—¡Veinte puntos para Gryffindor!

Hermione acarició entusiasmada al animal y éste respondió con un entusiasmado trompetazo que casi los deja sordos a los tres. En ese momento Hermione reparó en Malfoy y en el pequeño animal que tenía a sus pies y que ahora entrelaza su trompa con su propio elefante. Su alma se le salió del cuerpo y su corazón se saltó un par de latidos, ¡Malfoy sería su compañero por todo el año! Alguna divinidad debía estarse burlando de ella, era la única razón que encontraba.

—Cierra la boca, Granger. Ya sé que soy irresistible y que muchas babean por mí, pero no me interesa que tú seas una de ellas —siseó luego de hartarse de la mirada de sorpresa que ella le brindaba.

—Ni que fueras el último hombre sobre la tierra —dijo altanera y elevando la barbilla.

—Pero innegablemente soy el más irresistible —afirmó con arrogancia—; y a diferencia de otros, con buen sentido del gusto —agregó al detallar el enorme lazo rosa en el cuello del elefante. —Ese lazo es horrible.

—¡No es horrible! —chilló Hermione. —A Greta le gusta.

—¿Greta? ¿Quién es Greta? —susurró Malfoy alzando una ceja, gesto imitado por la profesora McGonagall.

—¡La elefanta! —gritó indignada mientras la susodicha alzaba la trompa ofendida y soltaba un poderoso trompetazo.

Draco aguantó las ganas de reírse de la absurda situación. ¿Quién, en su sano juicio, le ponía el nombre de Greta a una elefanta? Únicamente la sabelotodo, se respondió.

Agarró aire para burlarse abiertamente, pero la profesora, previniendo una pelea entre sus alumnos, decidió intervenir y lo dejó con la palabra en la boca.

—Creo, señor Malfoy, que así como usted decidió transfigurar a una cría de elefante, la señorita Granger tiene todo el derecho de ponerle lazo y nombre al suyo.

Tanto Hermione como Greta elevaron la cabeza en son de victoria y Draco alzó una ceja incrédulo ante lo que veía, su pequeña mascota lo secundó con un soplido.

—¡Que lazo tan horrible! —gritó alguien detrás de ellos y todos buscaron inmediatamente el origen de la voz.

Blaise Zabini venía caminando tranquilamente con una enorme sonrisa en la boca y un gato súper desarrollado a su lado; un guepardo, dedujo Hermione por sus manchas. Un par de metros más atrás venía Theodore Nott con un imponente y hermoso lobo blanco a su lado. Conociéndolos como los conocía, Draco supuso que Nott había sido el primero en realizar el hechizo y había esperado pacientemente a que su amigo lograra realizar el suyo.

—Granger, ¿de dónde has sacado semejante espanto? —preguntó Zabini mientras llegaba a su lado y señalaba el lazo.

—¡No es un espanto! —chilló. —¿Verdad, Greta? —preguntó echándose hacia delante para mirar a la elefanta a los ojos desde arriba.

—¿Greta? —preguntó Nott.

—La elefanta —aclaró Malfoy. —Al parecer Granger tiene una especie de fetiche con ponerle nombres horribles a sus mascotas.

Blaise estalló en carcajadas al oír la explicación y Nott ladeó la cabeza reprimiendo una sonrisa. La elefanta, indignada, soltó otro sonoro trompetazo y agarró a Zabini del tobillo y lo puso de cabeza en el aire; inmediatamente éste comenzó a gritar improperios y tratar de zafarse.

—¡Controla a tu animal, Granger! —gritó Malfoy.

—¡Greta, suelta a Zabini! —chilló ella. —Eso no se hac- —Antes de que pudiera terminar su frase, un molesto guepardo saltó sobre ella y lo único que pudo hacer fue agacharse para esquivar el zarpazo. —¡Dile a tu gato que se comporte, Zabini!

—¡Que tu elefanta con problemas de personalidad me baje primero!

—¡Basta! —gritó McGonagall mientras los inmovilizaba a todos, incluyendo a los animales, con un movimiento de varita. Un inminente dolor de cabeza asomaba en sus sienes y comenzaba a arrepentirse enormemente de haber decidido hacer la práctica de esa forma. —A menos que quieran que les baje quince puntos a cada uno, cesen la pelea ahora mismo. Y creo que no tengo que decir que Slytherin sería la casa más afectada, ¿verdad?

Con otro movimiento de varita les devolvió la movilidad y Hermione logró que Greta bajara a Zabini y éste a su vez hizo que su guepardo volviera manso a su lado. La profesora suspiró y con otra advertencia calmó los ánimos caldeados.

No pasó mucho tiempo para que Daphne Greengrass apareciera con un enorme oso tras ella; Crabbe, Goyle, Lavender y Parvati con patas y colas de animales, evidenciando que habían intentado intercambiar las papeletas; Hannah Abbott con un lobo marrón a su lado; y Terry Boot con un águila en el hombro. El resto de los alumnos no consiguieron llevar a cabo el hechizo y lo intentarían de nuevo en la próxima clase; dejando como únicas parejas definidas las de Draco Malfoy y Hermione Granger, y Theodore Nott y Hannah Abbott. Aunque sospecharon fervientemente que Daphne Greengrass haría pareja con Neville Longbottom cuando éste último apareció con un inanimado y pequeño oso de piedra entre sus manos.

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Bueno, un capítulo algo loco que contrasta enormemente con los anteriores, pero es que quise complacer a Almendroide con eso de los elefantes. Espero que les haya gustado y se hayan reído un poco. ¡Va por ti, Javy!

Para la siguiente letra no tengo nada planificado, así que si alguna quiere que las complazca, leo sugerencias.

Aclaraciones:

1.- Excepto los elefantes de Draco y Hermione, el resto de los animales fue totalmente al azar. No hay ninguna implicación detrás de ellos.

2.- ¿Por qué Draco transfiguró a una cría de elefante? Porque no le gustan las criaturas grandes, le recuerdan a los trolls y él siente aversión hacía ellos; los considera asquerosos.

- Cualquier sugerencia, comentario, amenaza de muerte, o simplemente un saludo, escríbanlo en ese cuadro en blanco de ahí abajo que dice "Review". Harán feliz a la autora y no les cuesta ni dinero ni trabajo -