Hola mundo, Kuroi está aqui con otra dupla de capitulos! los subo ahora porque mañana no voy a poder hacerlo ^^ Gracias a todos los que dieron reviews, me siguen y me agregaron a favoritos! :D Espero que lo disfruten!
Ahora, la votacion terminó, los ganadores son dos capitulos juntos cada dos semanas! (aproximadamente, depende de la autora)

Perdón por tardar tanto, me he encontrado con un maravilloso boqueo de escritor. Además cuando fui a querer publicarlo me di cuenta que era una mierda y tuve que volver a escribirlo. He aquí algunas respuestas:

To waitingforrussia: Pronto aparecerá Rusia, muy pronto…

To 801 Fujoshi: A todos les gusta la idea de que Alfred tenga rivales. XD Pero por ahora no hay ninguno serio en la historia, así que veremos… : ) Pero pronto algo los hará más cercanos

To xxalexisurgodxx: No, las Omegas, Betas o Alfas mujeres no menstrúan.

¡Gracias a todos los que dieron reviews, favoritos y siguen la historia! ¡Me inspiran! ^^

No soy dueño de Hetalia ni de ninguno de los personajes. -.-

"¿Por qué tienes que poner esta maldita música todas las mañanas?" Protestó Arthur.

"Bueno, Artie, la música country es genial. Ese es el porqué," Explicó.

"Imbécil,"

"¡Al menos no me veo como un esquimal!" Respondió.

"¡Es fines de octubre! ¡Hacen 10ºC!" Gritó antes de hundir más su rostro en la bufanda. "Los Omegas no producen mucho calor corporal… Idiota" Agregó mentalmente.

Estaban de camino a la escuela, y como todas las mañanas estaban discutiendo. Era finales de Octubre y mes y medio había pasado desde el celo de Arthur, algo sobre lo que los dos tenían un acuerdo tácito de nunca mencionar. Se habían acostumbrado a la rutina impuesta por la Directora e incluso habían tenido algunas conversaciones civilizadas. Hablaban de música, las clases que cursaban juntos, los juegos de futbol americano de Alfred y otros eventos relacionados a la vida escolar.

A pesar de "relación" que tenían en privado, en la escuela se trataban con indiferencia y nunca hablaban con el otro, respetando así los deseos de Alfred. En las clases se sentaban alejados, comían el almuerzo en lugares diferentes del campus y evitaba cualquier contacto con el otro.

De cualquier forma, Arthur descubrió que prestaba más atención a lo que Alfred decía, como se vestía y quienes eran sus amigos; en fin, a todo lo que veía del Alfa. Afortunadamente, estar lejos de él era una forma perfecta de mantener sus sentimientos controlados. Seguía confundido por los sentimientos que había tenido hacía casi dos meses y deseaba que hubiesen desaparecido junto a su celo. Pero se quedaron, haciendo su vida difícil con rubores innecesarios y dejándolo tartamudeando cuando debió estar enojado e insultando al otro.

Además de esas pequeñas batallas entre razonamiento e instinto, todo en su vida parecía ir mejor de lo que nunca había ido. Tenía amigos, nadie lo molestaba y su madre no estaba asustada de que él se metiera en peleas (A pesar de que seguía insistiéndole que actuara mas como "un Omega normal")… todo era maravillosos.

Pero tener amigos conllevaba responsabilidades, aprendió. Y lo que pasó ese día se lo recordó, cuando casi lo forzaron a ir a una fiesta de Halloween de la clase alta, que hacía la familia de un compañero de clase. Algo que lo hacía salir de su área de confort.

"Creo que voy a estar ocupado mañana" sonrió Arthur en disculpas "¿Acaso no dijiste que era una fiesta por relaciones comerciales?"

Hércules, un Beta griego de su clase de Literatura, pensó lo que dijo por un momento inclinando su cabeza, "Creo… que si," dijo tranquilamente. Arthur nunca había entendido que pasaba en la cabeza de ese Beta, era muy inteligente (sus notas lo probaban), pero parecía necesitar tiempo hasta para recordar cuál era su propio nombre.

"Pero…" el griego miró al japonés sentado a la derecha del británico. "Kiku también quería que vinieras… porque no quiere ir el solo a verme…"

"¡Nunca dije algo así!" Gritó abruptamente Kiku.

Arthur saltó en su silla del susto, y todos en el aula se quedaron callados y miraron que pudo haber hecho al calmado chico gritar así. Kiku se dio cuenta de esto y enrojeció avergonzado, tosiendo para tratar de calmarse.

"No lo dije de esa forma," Explicó a Arthur, "Le dije que sería amable invitarte también" miró a Hércules que tenía la cabeza apoyada en el escritorio del japonés "Y voy a verte bastante seguido cuando nuestras familias se reúnen por negocios,"

Levantó la cabeza lentamente, como si hubiese estado durmiendo una larga siesta, pensando lo que el otro había dicho. Entonces algo debió hacer clic en su cabeza, porque se levantó rápidamente hasta estar a la altura del otro Beta.

"¡Pero siempre está ese estúpido turco! ¡Es ruidoso, maleducado, incluso insultó a tu padre la ultima vez! ¡Arruina todo! Y… el siempre… esta molestándote…"

Se cayó al ver al recién llegado Matthew venir caminando rápidamente a su escritorio, nervioso y con la cara roja de enojo, claramente mostrándoles sus sentimientos. Nadie más que ellos tres se dio cuenta de eso, pero sabían que no debían preguntarle.

Matthew era del tipo que se espantaría de ver a una araña, pero no quería matarla y la sacaría afuera; del tipo que era amable con aquellos que no se lo merecían. Arthur había descubierto hacía unas semanas en uno de los viajes en auto que Matthew tenía un temperamento terrible cuando lo provocaban. Lo demostraba un precioso hematoma en la frente de Alfred, justo arriba de su ceja izquierda, que había hecho el menor de los hermanos cuando le arrojó un libro al mayor. Arthur supuso que fue causado por el horrible y repugnante vocabulario que Alfred usaba para referirse a Gilbert, y esperando que esta herida no fuese ni la primera ni la última, felicitó en silencio al Omega mientras trataba de soportar la carcajada que amenazaba con escapar.

El Omega se sentó hecho una furia, murmurando algo inentendible. Hércules miró a Arthur antes de levantarse, dándole al británico una invitación para la fiesta, explicándole que la dirección y la fecha estaban adentro. Miró como el Beta volvía a su escritorio hasta que la puerta volvió a abrirse, mostrando a Alfred entrando solemnemente. Caminó lentamente a su escritorio, mirando a su hermano. Si las miradas mataran, Matthew habría asesinado a Alfred.

Algo había pasado, pero Arthur tenía suficiente sentido común para no meterse en ese asunto. El salón se quedo en silencio, mientras el Alfa se sentaba, y nadie se atrevió a preguntar qué había pasado entre los medio hermanos. Gracias a dios la tensión desapareció cuando empezó la clase, pero esta no podría durar eternamente.

"Arthur, perdón, me tengo que ir," Matthew se disculpó mientras juntaba sus cosas.

"Ah, está bien," trató de dejarlo pasar, pero no podía esconder su preocupación. "¿Está todo bien?" Su amigo estaba siempre feliz, tranquilo y era amable, no impetuoso y amenazador. El chico parecía salir de sus pensamientos, y miró al otro Omega con sus ojos violetas.

"Si, ¿Por qué?" preguntó confundido.

No podía creerlo. Realmente parecí que no se daba cuenta de lo obvio que era su cambio de humor. "Bueno, te ves algo deprimido"

Lo miró un segundo antes de clavar la vista en su escritorio. "Oh, si… eso. No es nada, creo que actué algo infantil.," Le dio una mirada y una sonrisa débil. "Veras, Gilbert va a tocar mañana, pero no voy a poder ir porque la abuela, Alfred y yo debemos ir a una fiesta representando a nuestra familia. A Alfred tampoco le gusta la idea, sus amigos de futbol americano tenían una fiesta, pero la abuela lo obligó a ir porque yo no represento a la compañía de mi padre al no ser sucesor." Sonrió triste.

"Oh, espero que todo se solucione" y con eso, se despidieron y se fueron cada uno por su lado.

No podía dejar de pensar que raro había estado ese día, lo habían invitado a una fiesta con la que no tenía nada que ver, los cambios de humor de Matthew. Lo único que quería era terminar el día e ir a casa para encontrar la forma de escapar de la fiesta de Halloween.

Aunque a él le gustaban las fiestas. Las disfrutaba en Inglaterra; la música fuerte, las luces estroboscópicas y que nadie lo reconociera, era maravilloso. Pero esta sería diferente, enfocada en los negocios, llena de futuros Herederos de compañías haciéndose amigos o incluso pareja.

A pesar de que su padre trabajaba en la embajada, su familia no tenía nada de poder, menos alguna razón para despertar el interés de los CEOs de las compañías o sus hijos. Así que no había razón para ir si lo único que iba a hacer era llamar la atención como el Omega raro que estaba solo en el rincón y que no tenía nada que ver con el ambiente corporativo.

Se tensó al pensarlo y su imaginación empezó a crear como sería la escena.

"La habitación sería grandiosa, con suelos y pilares de mármol blanco, unas inmensas cortinas rojas a los lados de las magnificas puertas dobles de cedro. Una orquesta de 12 en la esquina, y la música suave se esparce por la habitación y se saldría al balcón por unas puertas de cristal. El balcón estaría, obviamente, frente a un extenso jardín y un laberinto que protegería a las parejas que lo recorrían buscando tener un romántico final perfecto con su enamorado en el centro del laberinto, compartiendo un beso bajo la luz de la luna.

De pie junto a una puerta, estaría solo, viendo como los sirvientes Beta andan entre las parejas que bailan con platos llenos de pequeños aperitivos y copas de diferentes bebidas. Los Alfas girando a sus Omegas en la música.

Pero su alegría nunca me alcanzaría. Las miradas agudas de las personas mayores que asistían me impedirían moverme, incluso aunque lleve una máscara. Sería juzgado, analizado, e incluso discriminado por meterme en esa sala llena de hombres hambrientos de poder en trajes de etiqueta y mujeres con máscaras terroríficas y fabulosos vestidos de rojo y negro... me aterraría y estaría en el balcón hasta que terminara, esperando detrás del frío vidrio que separa la noche helada del salón. Sería un Omega solitario en un cuarto lleno de parejas cariñosas destinadas a estar juntos desde nacer. Solo..."

Su autocompasión terminó abruptamente al chocar con una pared. "Mierda…" maldijo entre dientes cuando chocó contra el suelo. Miró alrededor para ver cuántos habían presenciado el espectáculo, y se encontró con un niño. O al menos era la cara de un niño en un cuerpo alto con hombros anchos.

"¿Oh? Creí que algo me había golpeado, pero más bien es un "alguien", ¿hm?" Dijo con una sonrisa inocente que hacía juego con sus facciones infantiles. Su cabello platinado se movió ligeramente cuando sacó una mano del bolsillo de su saco y la extendió hacia Arthur "¿Te ayudo a levantarte, da?"

"Ruso" pensó tomando la mano del otro y rápidamente estaba de pie "Y Alfa"

"Odio molestar, pero ¿Podrías decirme donde está la enfermería?,"

"Oh, uh…" Arthur estaba incomodo, ¡el hombre tenía su cara muy cerca! Sus narices estaban separadas por milímetros y sus ojos violetas mostraban una rara forma de fascinación y curiosidad.

"¿Hm? ¿Estás bien?" E inclinó un poco a un lado su cabeza.

Arthur salió de su aturdimiento "¡A-ah, sí! La enfermería esta al final del pasillo girando a la derecha, es la primera puerta a la izquierda

El hombre pensó en eso varios segundos antes de sonreír otra vez y finalmente alejar su cara de la del Omega "¡Ahora recuerdo! Hace mucho que no estaba aquí, gracias. Me voy" Saludo con la mano y caminó hacia su destino, dejando a Arthur estupefacto.

"¿Qué fue eso?" Se quedó en esa posición hasta que escucho la campana, sacándolo de su propio mundo. Corrió hacia su siguiente clase, teniendo que estar un minuto entero para recuperarse después de haber llegado. Mirando el salón de clases como si nunca hubiese estado ahí antes, finalmente encontró su asiento.

Apoyó la cabeza en la mesa y miró por la ventana, podía ver todo el campus escolar, con sus árboles volviéndose naranjas, rojos y marrones. Varios estudiantes caminaban por ahí, y no era difícil descubrir a qué grupo de IS pertenecían a pesar de que sus uniformes estaban cubiertos por los abrigos.

Los Omegas, al igual que él, estaban envueltos en gruesos abrigos y, si tenían a su pareja en esta secundaria, estaban abrazadas a ellas mientras caminaban. Los Betas estaban con abrigos ligeros o buzos, que servían como rompe-vientos. Pero los Alfas, Arthur pensó que estaban locos, llevaban todavía sus uniformes de verano, con mangas cortas y sin corbatas, como si el viento frio fuese algo de los cuentos de Hadas y que no existía en la vida real. "A pesar del viento, es un día hermoso…"

Arthur estaba adormecido cuando notó que todo este tiempo había estado mirando por la ventana. No había obstáculos. Específicamente, no había un italiano llamado Feliciano Vargas tapándole la vista.

Miró la clase alarmado y en pánico, esperando verlo. Pero cuando la campana volvió a sonar y el profesor empezó a pasar lista perdió las esperanzas y su corazón se desbocó.

"Feliciano Vargas," llamó el Sr. Edelstein.

"Mierda…" maldijo mentalmente.

"¿Feliciano Vargas?" Miró alrededor

" ¡MIERDA!'

"Hmm, Lovino, ¿Dónde está tu hermano?"

El otro Vargas levantó la vista de su cuaderno y la fijó en el asiento vacío "Ni idea" se encogió de hombros y siguió garabateando.

La ceja del profesor hizo un tic nervioso por la respuesta del chico "¿Vino hoy a la escuela?" Todos se miraron entre ellos, se miraron entre ellos esperando que otro contestara la pregunta. Una tos fuerte llamó la atención de todos hacia de frente de la clase. "¿Si, Alfred?"

"La Sra. Edelstein dijo que te había enviado un mensaje de texto excusando a Feli porque la ayudaría a coordinar la Competición de Canto de Invierno" respondió con una sonrisa burlona.

El profesor levantó una ceja antes de abrir un cajón en su escritorio y sacar su teléfono celular. Leyó rápidamente la pantalla antes de arrojarlo de donde lo había sacado y cerrar el cajón con fuerza y una mirada enojada. Volvió a mirar al Alfa, que seguía con su sonrisa burlona.

"Muy bien" se volvió a la clase "Ya que Feliciano no está" Miró a Arthur "El Sr. Jones será tu compañero, Sr. Kirkland. Pero esta vez…" volvió a mirar al Alfa "no peleen. ¿Entendido?" Alfred miró al Beta antes de asentir.

Mientras esto ocurría, Arthur seguía congelado en pánico. No por Alfred; no, ni siquiera había escuchado eso. Seguía aterrado porque Feliciano no asistía a clase, lo que significaba que él tenía que cocinar. A pesar de la voluntad que tenía al empezar el año de al menos llegar a ser un cocinero decente, se había rendido el día que hizo llorar Feliciano de lo horrible que era la comida. Habían acordado que Arthur solo le alcanzaría al italiano los ingredientes y el otro haría el resto del trabajo.

Sin él, debería hacer todo el trabajo solo, y se encontraba pensando la forma de escapar de la clase cuando escuchó una silla moverse con un chirrido a su lado.

"El profe dijo que nos portemos bien" Gruño Alfred mientras se sentó.

Parpadeó unos minutos, buscándole sentido a lo que estaba pasando. Una vez que todo tuvo sentido, habló "¿Vamos a trabajar juntos?"

"Nope. Solo doy apoyo moral," dijo casualmente mientras dejaba caer su cabeza hacia atrás. Oh, como quería empujar la silla hacia atrás haciéndole chocar el cráneo contra el suelo. Pero ya habían dejado sangre en el suelo la última vez que trabajaron juntos, y recién la semana pasada el profesor había dejado de recordárselos. En lugar de atacarlo físicamente, ignoró al Alfa y escuchó que el Sr. Edelstein les explicaba que esta clase podían cocinar lo que ellos quisieran (sin ninguna razón, por supuesto

"No puedo esperar a terminar con esto…" suspiró mentalmente. Empezó a trabajar en los scones que su madre hacía los domingos. Buscó harina, huevos, leche y demás, mirando la receta en su libro. "Esto no está bien… Estoy seguro que mamá usa levadura en polvo, no bicarbonato de sodio…" Y ese fue el principio del fin de la pacífica y estable vida escolar de Arthur.

Cuando Alfred abrió los ojos estaba en una simple y ligeramente incómoda cama blanca, una ventana cerrada con cortinas blancas a la derecha y otra larga cortina blanca corrediza a su izquierda. Solo el canto suave de los pájaros y el sonido del viento desestabilizaba la tranquilidad del cuarto tibio.

Se incorporó y sintió su estomago retorcerse, e instintivamente giró y vomitó liquido con pedazos de algo en un tacho de basura.

"¿Qué carajo me paso?" Se preguntó en voz alta. Cerró los ojos y esperó que su estomago se calmara un poco, tratando de recordar cómo había terminado en la enfermería. "Okey, Jones, piensa. ¿Qué fue lo último que viste?" Su memoria lo llevó al profesor que parecía tener un palo de una milla en el culo que lo hizo hacer equipo con ese AB Omega.

Miró a Arthur caminar y buscar ingredientes, y miró la receta abierta en el libro de cocina. Pensó lo raro que era que hiciera scones en lugar de algo dulce, como los demás Omegas. Pero él nunca actuaba como todos los demá rápidamente volvió a su posición anterior al ver al Omega acercarse con los brazos llenos de ingredientes secos y líquidos. Perezosamentevio a Arthur releer el libro algo confundido, luego encogerse de hombros y empezar a mesclar los ingredientes en un que, siendo un Omega, no tendría problemas en hacer algo sencillo como scones y decidió cerrar los ojos un rato, escuchando el sonido de chasquidos, raspaduras, cucharas y tenedores golpeando recipientes y el ruido cuando alguien accidentalmente dejaba caer algo.

"Listo, ahora al horno" dijo Arthur, sacando a Alfred de su trance auto-inducido. Algo curioso, se incorporó en la silla, tratando de ver el contenido del recipiente; y deseo no hacerlo. Si la masa color castaño/marrón no era suficiente advertencia, la cuchara en el recipiente de la sal y el libro en el suelo debieron serlo. Pero estaba muy ocupado viendo como el Omega estaba arrodilladlo frente al horno, tratando de descifrar los controles, intentando recordar cómo se convertía de Celsius a Fahrenheit.

Lo miró por tres minutos antes de decidirse a hablar "Si necesitas ayuda, puedo-"

"No lo necesito. Ya lo tengo" Dijo con una cara que decía claramente "Ni siquiera lo intentes". Presiono y giró el botón que controlaba la temperatura hasta que le pareció que estaba bien. Volvió y empezó a amasar la masa que había dejado descansando (aunque solo por unos pocos minutos) y cortándola en círculos.

Miró con interés como ponía cada pedazo de masa sobre papel manteca en una fuente, espolvoreándolos con azúcar. Cuando el horno estuvo a la temperatura adecuada, metió la fuente para que se cocinaran. Debió darse cuenta que los scones estuvieron demasiado tiempo horneándose a una temperatura muy alta, pero no lo hizo.

No vio todos los errores en el proceso de preparación, y por eso no dudó en robarse un scone frio de la fuente cuando el Omega le dio la espalda por un segundo. Su cara se puso verde del asco, era la peor cosa que había comido en la vida, y eso que había probado los intentos culinarios de su abuela.

Cuando Arthur se empezó a dar vuelta, entró en pánico, sin saber si debía escupir lo que estaba en su boca y esconder el resto o si debía afrontarlo como un hombre terminárselo. Siendo un Alfa, eligió la opción más "masculina", metiendo todo en su boca, masticándolo rápidamente y tragándolo, tratando de bloquear el horrible sabor. Cuando terminó de darse vuelta, palideció y sus ojos se parecían a los de un ciervo encandilado por las luces delanteras de un auto.

"¡Dios mío! ¡¿Estás bien?!" Chilló Arthur, y como no sabía de que le estaba hablando y asintió con la cabeza. Al hacer ese gesto sintió que su cráneo giraba como un carrusel a toda velocidad y todo se puso patas para arriba, haciéndolo golpearse contra la mesa, vomitando el scone y todo lo que había comido desde el desayuno. Escuchó al profesor gritar algo del enfermero y Arthur corriendo hacía Dios sabe dónde, dejándolo en el suelo frio con un poco de sangre entre los azulejos. Lo único que pudo pensar fue "irónico" antes de desmayarse.

"¿Qué carajo había en esos scones?" Preguntó a la nada mientras se frotaba la cabeza, la voz ronca y la garganta seca.

"Así que eso era la comida misteriosa en tu vomito" Dijo una voz con un fuerte acento desde el otro lado de la cortina corrediza, la deslizó y tuvo una visión del resto del cuarto. Una vez que sus ojos se acostumbraron a la luz fosforescente, supo dos cosas.
Uno: Efectivamente estaba en la enfermería. Dos: El culpable de todo estaba junto al enfermero. Arthur se dio vuelta y se encontró con los ojos amenazantes del Alfa.

"¡Tu!" Gritó de pronto "¡Trataste de matarme!" Casi salió de la cama para abalanzarse sobre el AB Omega, pero cuando intentó mover su cuerpo, su mundo empezó a girar otra vez, haciéndolo caer en la cama.

Se había tensado al gritó del otro, pero la acusación de intento de asesinato lo hizo enfurecer, sintió su rostro arder y lo miró de una forma fría que fácilmente podía frenar una estampida de ganado.

Habían estado llevándose bien últimamente, pero al instante que el Alfa trató de atacarlo, todos esos buenos recuerdos escaparon de su mente. Cuando Alfred volvió a recostarse, se le acercó enérgicamente, mirando hacia abajo al usualmente más alto. Lucharon con la mirada, pero era obvio quien tenía más fuerza en este momento, abrió la boca, probablemente para volver a insultar al Omega, pero este no le dio la oportunidad. Una mano chocó contra un costado de la cara de Alfred.

"No seas estúpido, pendejo." Dijo mirando cómo se hinchaba la mejilla del Alfa.

Había sido abofeteado. En la cara. Segunda vez que había sido golpeado por un Kirkland, primera vez que era castigado por un Omega que no era su madre. Se llevó una mano a la herida, mirando al otro, tratando de decidir qué hacer. Entonces algo vino a su mente.

"Nadie me corrige, especialmente un Omega. Deberías aprenderlo"

Todo desapareció de su mente en ese momento, el tiempo, el scone, su malestar, la habitación en la que estaban, el enfermero preparado para separarlos, todo. Instantáneamente se llenó de tres cosas: un Omega lo había abofeteado, un Omega lo había corregido por segunda vez, y ese Omega no tenía ningún maldito derecho de hacerlo.

Alfred Jones se levantó lentamente con los hombros tensos, los nudillos blancos y sus ojos oscureciéndose como si una tormenta avanzara por cielo. Sonrió enojado recordando la primera vez que se vieron hacía unos meses. Le advirtió que nunca hiciera algo así otra vez, pero el pequeño AB Omega parecía haberlo olvidado. El olor desafiante que emitía Arthur hacía al Alfa desear repetirle la lección al rubio.

A la mierda el malestar, a la mierda Allistor, olvida a la abuela; no iba a permitir que este rarito lo avergonzara otra vez. Sentía el enojo ardiendo dentro de él, pero algo le impedía atacarlo. Antes de poder deshacerse de cualquier restricción mental auto impuesta, la puerta se abrió y su enojo creció aun más, pero su sonrisa se volvió un ceño fruncido.

"¡Traje el almuerzo, Yao! Es bastante lejos hasta el restaurante, pero ya volví y- ¿Oh?" Un pequeño acento bañaba cada sílaba, era una voz masculina y cada palabra hacia a Arthur sentirse inquieto, mientras el olor de otro Alfa llenaba la habitación. Girando un poco la cabeza, capto la imagen de un hombre de cabello platinado y ojos violetas.

"Es el tipo de antes" pensó.

"Iván…" dijo Alfred tranquilamente.

"Hola Alfred, hace tiempo que no nos veíamos, ¿da? Veo que sigues causando problemas, como siempre" El ruso sonrió mientras caminaba al escritorio y dejaba una bolsa con cajas de plástico. Iván miró alrededor, y al ver a Arthur su sonrisa se volvió una de sorpresa. "¡Eres ese pequeño Omega!" Se acercó y estrechó la mano del susodicho "¡Gracias por mostrarme el camino! Por alguna razón Yao no quería decírmelo" Su voz se apagó.

"Es porque eres molesto" Respondió el enfermero, dándole una mirada desaprobatoria al Alfa de ojos violetas.

Iván no pareció afectado por la mirada, y solo sonrió burlonamente al hombre de cabellos oscuros. "Solo quería saber si aceptabas mi oferta" Y sujetó del brazo a Yao, pero fue alejado por el chino.

"No es momento para que digas estas cosas. Estoy trabajando, así que vete." Y se volvió para hacer a Alfred recostarse nuevamente en la cama. La sonrisa desapareció de la cara del ruso, y su olor se volvió uno de tristeza.

Arthur sentía que se había metido donde no debía, pero antes de que pudiera escapar, el enfermero lo llamó.

"Arthur, ¿Podrías venir?

Se congeló antes de asentir lentamente, sintiendo que se iba a meter en un nuevo problema. El lugar era bastante pequeño, pero sintió que caminó un kilometro mientras el chino le daba una mirada neutra y Alfred trataba de que sus ojos se encuentren. Clavó la vista en Yao, una mezcla de miedo e impaciencia.

"Necesito que vigiles a Alfred mientras estoy almorzando. Pero no se maten, me contrataron para tomar la temperatura, no para limpiar sangre. Volveré en 20 minutos" Dijo calmadamente.

"¡¿Qué?!" Gritó Alfred "¡Fue él el que me metió en la enfermería! ¿Quién sabe qué más podría hacerme?"

Se sintió enfurecer con las palabras del Alfa, pero consideró la oportunidad y mientras le daba una sonrisa amable a Yao pensó "Si así piensas, vas a comprobarlo"

"Claro, perdón si te hicimos perder la hora del almuerzo. Me aseguraré de que no haga nada mientras no estas" Dijo y con eso el otro Alfa y el otro Omega se fueron de la habitación. Cuando desaparecieron de su vista, se dio vuelta y le dio a Alfred una mirada amenazante.

"Eres un dolor de huevos ¿Sabias?" Alfred trató de sentarse en la cama sin sacarle los ojos de encima, pero antes de que pudiera salir de la cama, Arthur lo estaba empujando para que volviera a recostarse.

"¿Qué haces?" Preguntó tratando de levantarse otra vez, resultando de la misma forma que la anterior.

"Me dijo que te vigilara, y no puedes levantarte. Sigues enfermo" Respondió, pero su voz se suavizo en la última frase.

"¿Y de quien es la culpa?"

Sintió un poco de compasión por el Alfa enfermo al que había golpeado, lo que el otro había dicho era verdad, era su culpa ya que era un fracaso cocinando, lo suficientemente malo como para dejar al otro en cama. En lugar de empujarlo de la cama al piso, suspiró y se fue a buscar un vaso de agua del bebedero en la esquina del cuarto.

"¿Por qué eres tan malo? ¿No se supone que los Omegas son buenos cocinando? ¿O es porque eres un AB que no puedes cocinar nada-"

"Cállate antes de que te arroje por la ventana" Lo interrumpió.

Alfred miró el reloj. "Carajo… solo pasaron dos minutos"

Lo voy a terminar aquí. No se preocupen, no se van a matar el uno al otro… creo… Igual! Para todos los que están esperando verlos juntos, mmmm… e capítulos va a pasar… :D

El sistema metrico decimal (metros, grados Celsius, litros, gramos) no se usa en Estados Unidos (millas, yardas, galones, onzas) por eso Alfred usa esas medidas a diferencia de los demas, como Arthur, Kiku y Hércules (no es raro que se llame Hércules?)
Los "buzos" son sudaderas, estilo deportivo con capucha (no se como se le dice a eso en español neutro)

Por favor no den spoilers de la trama en los comentarios! ^^