Disclaimer: Ninguno de los personajes presentes en ésta historia me pertenecen, todos son creación y propiedad de J.K Rowling, yo sólo los utilizo para mi entretenimiento y el de uds.

NOTA: Mis FanFics sólo están publicados en esta página, si los leen en algún otro lugar será un plagio y les agradecería que me avisaran. Gracias de antemano.


:::LA VIDA EN MOMENTOS:::…

-FAMILIA-

Con su andar elegante y pausado de siempre, Draco Malfoy se dirigió decididamente hacia el final de la biblioteca, donde una castaña sumergida entre una montaña de libros ya lo esperaba. Ni en sus más alocados pensamientos él se imaginó trabajando algún día con la insufrible sabelotodo de Hermione Granger, pero gracias a su mala suerte y a las ideas de las profesora McGonagall, ahora tenían por delante varios meses de trabajo en conjunto que ambos aceptaron de muy mala gana. Las palabras "o trabajan juntos o suspenden Transformaciones" dichas por la profesora McGonagall habían surtido un efecto inmediato, haciéndolos callar sus protestas y aceptar con impotencia su inminente futuro.

Necesitaron de varios intentos, un par de semanas y la presión del tiempo para establecer un acuerdo sobre el trabajo: cada quién haría un borrador por separado y luego los compararían y tomarían lo mejor de los dos para así hacer uno definitivo. Sería un esfuerzo doble, pero por verse lo menos posible ellos estaban dispuestos a hacer lo que fuese. Ya suficiente tenían con ser pareja durante las clases de Transformaciones todas las semanas.

Y así había llegado ese día, donde lo único que les quedaba por hacer era unir los trabajos y redactar uno a la perfección, que era lo mínimo que ambos querían.

Cuando llegó a la mesa y se sentó en la silla más alejada, Hermione ni siquiera se dio cuenta de su presencia y siguió enfrascada en la lectura de un grueso y enorme libro que Draco jamás había visto y estaba seguro no pertenecía a la lista de útiles escolares.

Por un momento pensó en llamar su atención para empezar y terminar con todo eso lo más pronto y rápido posible, pero instantáneamente se dio cuenta que no quería tener que entablar una conversación con ella, por muy académica que ésta fuese. Así que simplemente se fijó en la pila de libros que había a su derecha y se decidió a tomar uno sobre transformaciones que él no había tomado en cuenta para su ensayo. Quizá si la ignoraba, podía hacer como si nada de eso estuviese pasando, como si no estuviesen los dos sentados en una misma mesa sin una discusión de por medio y dispuestos a trabajar el uno con el otro por un fin en común.

Al abrir el libro, lo primero que vio fue el nombre de la chica escrito prolijamente en la portada, justo debajo del título; inmediatamente rodó los ojos y ahogó una carcajada de burla. Por supuesto, debió esperarse algo así, seguramente todas sus pertenencias estaban marcadas con su nombre. Era, obviamente, algo típico de una persona como ella.

Hojeó rápidamente el libro, buscando alguna información de su interés para el trabajo, cuando un hondo y melancólico suspiro llamó su atención. Con una ceja alzada volteó a ver a su acompañante, quien seguía ajena de su presencia. Entonces la observó morderse su labio inferior y llevarse distraídamente la mano hacia su antebrazo izquierdo, justo al lugar donde él sabía se hallaba grabada la palabra sangre sucia. También observó sus hombros ligeramente caídos, con una actitud de derrota total que sobrepasaba todo cuanto había visto y sabía de ella. Y en ese momento una realidad lo golpeó de frente y lo dejó aturdido: esa mujer que lo acompañaba no era ni la sombre de la Granger que fue algún día.

Y la curiosidad lo invadió y lo asfixió, porque sabía de antemano que se quedaría con la duda por siempre. ¿Dónde estaba la verdadera Hermione Granger? O bien, ¿dónde estaba la Hermione Granger que él conocía y que era capaz de arrasar con todo si así lo quería? Esa chica, con su palidez y el aura de tristeza, derrota y decepción que la envolvía, se parecía más a la Dama Gris que a cualquier ser humano.

Entonces fugaces recuerdos de todos sus encuentros lo golpearon como latigazos, y con horror se dio cuenta que ya no sentía aquella excitación y gozo que generalmente lo invadían cuando ella estaba cerca, que ya no podía sentir el poder que su ser le transmitía. Y se sintió perdido, porque aquello que lo motivaba a molestarla y a discutir constantemente con ella ya no estaba. Se sintió como un náufrago en medio de un inmenso océano, sin saber qué hacer y hacia dónde ir, porque esa visión y ese descubrimiento eran nuevos para él y no estaba seguro de poder manejarlos.

—¿Malfoy?

Hermione lo miró sorprendida y desorientada, con un velo de confusión en sus ojos y tratando de descifrar el motivo por el cual el Slytherin estaría sentado allí, mirándola tan profunda y detalladamente. En ese momento Draco volvió a la realidad y recobró su compostura, tratando de no dejar en evidencia su repentino interés por la chica.

—¿Esperabas a alguien más? —El tono y la mueca burlona hicieron a Hermione fruncir el ceño y arrugar la nariz. —Me lo hubieras dicho para invertir mi tiempo en algo más productivo. Soy un hombre bastante ocupado, ¿sabías?

Entonces Hermione cayó en la cuenta de la realidad, del motivo que los tenía a ambos allí, y soltó un sonoro bufido mientras devolvía su vista al libro y trataba de organizar un poco sus cosas.

—Ojalá fueras otra persona, Malfoy.

—¿La comadreja, tal vez? —Hermione movió su cabeza tan rápido que Draco juraría que escuchó sus vértebras sonar, así que se recostó elegantemente en el respaldo de la silla y le sonrió con arrogancia, ella automáticamente achicó los ojos con desconfianza. —Lamento decepcionarte, sabelotodo, pero no soy tan pobre e insulso como él.

—Tampoco tan valiente y leal, lo cual es grandioso porque entonces me habría enamorado de ti y eso sí que sería una catástrofe mundial.

—Granger, si sólo son esas cuatro cualidades lo que te impide enamorarte de mí, déjame decirte que podrías caer en mis brazos más rápido de lo que piensas si me lo propongo. —Las miradas de ambos chocaron y Draco notó con satisfacción que aquellos deseos de retarla volvían a él y que ella se llenaba de una fuerza exquisita que lo alentaba y lo llenaba de energía. Así que con lentitud se irguió en toda su altura y apoyó los brazos sobre la mesa, acortando un poco la distancia que los separaba. —Claro que yo jamás tendría el mal gusto de fijarme en alguien como tú, ni mucho menos gastaría mi valioso tiempo y esfuerzo en conquistarte. Aunque si quieres que lo haga, sólo tienes que pedírmelo.

Y el fuego tomó posesión de los ojos de Hermione y Draco vibró de gozo y emoción. Esa era la Hermione Granger que él conocía y con la cual estaba acostumbrado a tratar.

—Serías muy afortunado de tener a alguien como yo a tu lado, Malfoy, pero no tienes tanta suerte.

—Y doy gracias a Salazar por eso.

Hermione rodó los ojos y decidió dejar hasta ahí la discusión, aún tenían un largo trabajo por hacer. Con un poco de esfuerzo cerró el libro que estaba leyendo, asegurándose antes de marcar la página donde había quedado y, cuidando de que Malfoy no lo leyera, lo hizo a un lado y lo tapó con otros libros. Sin embargo, Malfoy tenía una aguda visión y logró leer el título. No por nada era el buscador de Slytherin.

Obliviate: Un viaje sin retorno. ¿Tratas de borrarle la memoria a alguien, Granger?

Draco sabía que ese hechizo era magia avanzada y que se necesitaba una extraordinaria habilidad para realizarlo con éxito, por lo cual había todo un departamento en el Ministerio encargado exclusivamente de su manejo. Obliviadores, se llamaban. La pregunta era, ¿por qué estaba Granger tan interesada en ese hechizo?

—No te incumbe lo que haga o deje de hacer, Malfoy.

Con una nueva interrogante en su cerebro, Draco volvió a analizarla, tratando de descifrar aquello que escondía. Incluso se lamentó no ser tan bueno en Legeremancia y no poder adentrarse en su mente.

La vio morderse el labio inferior nuevamente y sacar un largo pergamino de su mochila junto con un nuevo frasco de tinta, los cuales colocó metódicamente sobre la mesa. Draco estuvo a punto de burlarse de ella cuando un trozo de papel salió volando de la mesa y llamó su atención. Hermione ni quiera lo notó, porque siguió enfrascada en abrir unos libros y ponerlos a su alrededor.

Haciendo uso de su maravillosa visión, pudo darse cuenta que se trataba de una foto y, a juzgar por la quietud de los personajes, era una foto muggle. Siempre le había parecido curiosa la forma en que las personas permanecieran estáticas en las fotos muggles, eran tan aburridas, y perdían todo el verdadero significado del momento. No lo entendía y tampoco se molestaría en entenderlo.

En la foto pudo apreciar perfectamente a tres personas y sólo sabía que una de ellas era Granger, las otras dos le eran desconocidas. Luego de dejar el libro a un lado, con un movimiento de varita y un hechizo no verbal, convocó la foto para observarla más detalladamente. Granger no debía tener más de 13 o 14 años, dado que allí parecía tener los dientes tan largos como un conejo y los dos adultos no debían llegar siquiera a los 40 años. El hombre tenía el cabello tan castaño como el de la Gryffindor y también los mismos profundos, marrones y sagaces ojos, llenos de fuerza, vivacidad e inteligencia; la mujer, en cambio, tenía el cabello rubio cenizo, los ojos verde oliva y la tez dorada, pero la sonrisa y la nariz pequeña y respingona eran las mismas que la de su ahora compañera. Sin duda alguna, ellos eran sus padres.

Con algo más de curiosidad, volteó la foto al notar algo escrito en el reverso: Verano 1994. Francia.

Volvió a darle vuelta a la fotografía y su atención se centró el hombre. A pesar que no se movía, Draco percibió un aura de poder y superioridad proveniente de él, que hizo que el vello de la nuca se le erizara y su cuerpo temblara levemente de excitación. Se imaginó lo emocionante y fácil que sería enfrascarse en una pelea verbal con él, activando todo su ingenio y astucia, retándose hasta agotar a sus neuronas. Entonces una parte de su ser quiso conocerlo personalmente.

Luego, una vez que decidió que ya había visto y analizado lo suficiente al hombre, pasó a detallar a la mujer. Ella, muy al contrario de él, se veía fina y delicada, con un aura de frescura y seguridad que rayaba en lo infantil, pero a la vez tan grácil y elegante como cualquier mujer experimentada de la alta sociedad. Sus ojos verdes transmitían una confianza y serenidad tal, que Draco se sintió aturdido por un momento, como si ella estuviese viendo a través de su alma. Pero también transmitían dulzura y Draco quiso poder tocarla y cerciorarse de que alguien así existía en realidad.

Por último se centró en Hermione. La chica de la foto distaba mucho de la Granger que él siempre había visto: tan seria, regia y lógica, llena de miles de conocimientos. Allí se veía relajada, tranquila, feliz, pero sin perder el brillo de ingenio en su mirada. Además, tenía una sonrisa francamente deslumbrante, como él nunca pensó que ella pudiese sonreír. Y abrazaba a sus padres tan fuerte que Draco por un momento deseó estar allí y sentir ese abrazo y esa calidez que ella parecía transmitir. Sus hombros no parecían pesarle y él la vio más cerca del cielo que del infierno en el que ahora parecía sumida. Se veía simplemente como un ser humano en todo su esplendor.

En ese momento, Draco era poco consciente del origen de aquellas tres personas y sólo se enfocaba en la envidia que sentía y en lo mucho que le gustaría estar allí y vivir ese momento. Porque los comparaba con su propia familia y en ella no veía nada de aquello que una simple foto muggle le mostraba. No veía el amor, la devoción y el orgullo que los padres de Granger le demostraban a su hija con una mirada; no veía el afecto de una caricia ni la felicidad de una sonrisa. No veía nada que los hiciese una verdadera familia. Nada más allá de un acta de matrimonio y la misma sangre corriendo por sus venas; nada más allá de una obligación. Y sintió repulsión por su padre, lástima por su madre y tristeza por sí mismo. Porque ninguno de los tres pudo llegar a ser una mejor versión de sí mismo para lograr ser una verdadera familia.

—Devuélveme esa foto, Malfoy —ordenó Hermione al darse cuenta del motivo que tenía al Slytherin tan callado, tratando de aparentar una seguridad que definitivamente no sentía al levantarse de su silla y apretar firmemente su varita. —Ahora —agregó.

Draco parpadeó un par de veces antes de alzar la mirada y cruzarla con su compañera, quien se debatía entre la ansiedad y el miedo. Su sonrisa ladeada salió a flote con el único fin de crisparle los nervios a la castaña.

—¿Y qué pasa si no quiero?

Hermione frunció el ceño y una chispa de decisión y enojo cubrió sus ojos. —Dámela —demandó nuevamente.

—Sólo es una foto, Granger. Ni siquiera se mueve —se burló, más para obtener información que por el simple placer de hacerlo. ¿Por qué ella lucía tan desesperada? No era algo que él iba a preguntar, pero sí era algo que él iba a averiguar.

—Sólo lo repetiré una vez más: dame esa foto, Malfoy.

—¿Si no qué, me hechizarás? —Al formular la pregunta, Draco movió su mano libre señalando el lugar. Hermione lo captó y con frustración mantuvo abajo su varita. Ese no era el lugar ni el momento más indicado para hacer volar hechizos a diestra y siniestra.

Se quedaron en silencio unos minutos, retándose con la mirada y calculando su próximo movimiento. Hermione barajó todas sus posibilidades con los hechizos no verbales, pero con ninguno predijo un resultado exitoso y limpio, porque conocía a su oponente y Malfoy podía llegar a ser tan rápido y astuto como ella, bloqueando cualquier hechizo en un abrir y cerrar de ojos. Se sintió tan frustrada y enojada consigo misma por su descuido, que al final sólo le quedó suspirar y cambiar su mirada por una más conciliadora.

—Por favor, Malfoy, dámela —susurró ella, sintiendo su orgullo salir de su cuerpo y expandirse por el lugar. —Es lo único que me queda de ellos —alegó, rogando que Draco tuviese algo de sentimiento y se apiadara de ella.

Al escuchar sus palabras, Draco miró de reojo la foto y algo dentro de él se quebró. Esa familia ya no existía. ¿Por qué? Se preguntó. Entonces entendió su desesperación y se imaginó a los mayores velados por la muerte y sus labios se movieron más rápido que sus pensamientos.

—¿Qué les pasó? —preguntó, arrepintiéndose en el mismo segundo en el que se escuchó.

Hermione se sobresaltó al escuchar la pregunta. ¿Draco Malfoy le estaba preguntando por sus padres muggles? Eso no era posible. Eso no entraba dentro del patrón de conducta del Slytherin. Pero entonces recordó su cumpleaños y el comportamiento casi amable del rubio y se preguntó si acaso Draco Malfoy no sería algo más de lo que aparentaba, si de por casualidad existía otro Draco Malfoy que nadie conocía y que de vez en cuando hacía esfuerzos por salir. Si serían dos en vez de uno.

Sólo por eso, por aclarar su duda, se decidió a responderle.

—Antes del cumpleaños de Harry y de embarcarme en la búsqueda de los horcruxes, los hechicé con un obliviate y los envié muy lejos de aquí. Lo más lejos posible para que se mantuvieran a salvo y la guerra no los alcanzara, pero ahora que todo acabó no hay rastro alguno de ellos, es muy posible que… —su voz se quebró en ese punto, haciéndola desviar su mirada para ocultar sus inminentes lágrimas. Draco no necesitó que ella terminara la frase para entenderlo.

—Es muy posible que estén muertos —susurró para sí mismo al tiempo que observaba nuevamente la fotografía y se lamentaba de no tener nunca la posibilidad de enfrascarse en una pelea verbal con el hombre y no recibir una caricia de la mujer.

Hermione respiró hondo para infundirse fuerzas y poder continuar. Con el único que había hablado sobre sus padres era con Harry, y aunque era extraño contarle a Malfoy, si eso la ayudaba a tener de vuelta el único recuerdo físico de sus padres, entonces sacaría todo lo que tenía dentro y que sólo su mejor amigo sabía.

—Pero Harry no cree que estén muertos. —Ésta afirmación hizo que Mafoy frunciera el ceño y alzara la vista y la centrara nuevamente en ella. —Él dice que de ser así ya lo sabríamos. —Un bufido y una sonrisa escapó de sus labios al pensar en su amigo. —Él siempre ha sido muy optimista y está moviendo cielo y tierra por encontrarlos, pero yo prefiero ser más realista y asimilar el hecho de que mis padres murieron sin recordarme. —En momentos como esos, cuando hablaba del tema, Hermione se sentía terriblemente culpable y egoísta por no haber pasado más tiempo con ellos, por preferir a sus amigos y al mundo mágico, por perderse un montón de momentos a su lado. Aunque ya nada podía hacer para enmendarlo. —Si no hay ilusión no hay decepción, ¿sabes? —agregó para finalizar.

Pero Draco no era estúpido e inmediatamente supo que ella mentía, que ella creía en Potter y que tenía todas sus ilusiones puestas en encontrarlos, porque ese libro sobre los obliviate no estaba allí por casualidad. De eso estaba seguro. Ella esperaba encontrarlos y devolverles la memoria aunque eso supusiese una imposibilidad y se le fuese la vida en ello. Y una parte de él la admiró, porque lo mejor que él había hecho para mantener a sus padres a salvo fue convertirse en un lacayo de Voldemort y seguir sus órdenes. Por supuesto, sin ningún tipo de éxito.

Pero entre ellos había mucha diferencia y lo que él tenía con sus padres no era ni remotamente parecido a lo que ella demostraba tener con los suyos. Él probablemente jamás habría hecho lo que ella hizo y ella seguramente habría hecho más de lo que él hizo.

Su padre estaba muerto en vida en alguna celda de Azkaban y él no sufría por eso. Su madre estaba fuera del país y él no se sentía afectado en lo absoluto. Ellos no eran una verdadera familia y nada de eso influía negativamente en él; muy al contrario, lo hacía sentir más libre de lo que alguna vez llegó a sentirse en su vida.

Volvió a mirar la fotografía y entonces entendió el optimismo de Potter y la ilusión de Granger. Si él tuviese una familia como esa, también haría hasta lo imposible por recuperarla.

Con lentitud y elegancia, se levantó de la silla y se acercó a la castaña, decidiendo que ya había tenido suficiente y que era hora de irse de allí. Con disimulada delicadeza colocó la fotografía en la mesa frente a ella y se dio la vuelta para dirigirse a la salida.

—¿Malfoy? —preguntó ella, sin saber muy bien cómo interpretar todo eso.

—Terminaremos el ensayo otro día. En las condiciones en las que estás serías más un estorbo que una ayuda y no pienso trabajar yo solo, Granger —afirmó Draco, mirándola de reojo con arrogancia y algo más que ella no supo identificar, sin detenerse en ningún momento.

Luego de verlo salir por la puerta y tomar entre sus manos la fotografía de su familia, Hermione quedó más convencida de que eran dos y no uno. Más convencida y más intrigada también.

Después de cruzar la esquina y alejarse lo suficiente de la biblioteca, Draco se apoyó en la pared y miró al piso con una disimulada sonrisa, declarando mentalmente que algún día tendría una verdadera familia.

Una familia como esa.

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¡Y sí, me acordé cómo se sube un capítulo en FF! ¡Ja!

No tienen idea la emoción y la felicidad que siento al terminar por fin éste capítulo. Sufrí demasiado porque ningún borrador me gustaba, ninguno me quedaba como yo quería. Al inicio la palabra a utilizar era Fotografía, pero después la cambié a Familia. Al final fusioné las dos ideas, porque debía encontrar una manera de que Draco se enterara del sacrificio que hizo Hermione y viera todo desde otro punto de vista al compararla con su propia familia y, además, quería que la bendita foto apareciera en el fic, porque ese sería el medio.

Mucho trabajo.

Me armé un gran embrollo, pero éste capítulo es de verdad importante. No se imaginan cuánto.

Ahora viene la "G", ¿de qué creen que tratará?

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