Holas! Buenas noticias: Mas lemon yaoi!

¡Hola chicos! ¿Cómo andan? ^^ Estoy de buen humor ahora, mi cumpleaños es en pocos días (26 de junio) y voy a celebrarlo haciendo cosplay en la Anime Expo Los Angeles la próxima semana! Perdón, estoy muy emocionada (y ansiosa) Espero verme bien… si alguien va y quiere conocerme, mándeme un PM y les digo como es mi cosplay : )

También, quería disculparme porque hace un buen rato me preguntaron como hacían las Alfa para aparearse, y nunca les respondí. Lo hacen con consoladores. Daré más detalles más adelante, pero básicamente toman una medicación que cambia el área pélvica, cortando el acceso a los ovarios y convirtiendo el útero en un almacén temporario de esperma. El consolador es como un tipo de bomba, absorbiendo el esperma de a poco a la vez que da placer al área vaginal. Cuando la Alfa llega al orgasmo, el consolador saca el esperma de su cuerpo y lo eyacula en el de su pareja. Espero que haya sido claro ^^ (Kuroi: Lo que hacen para no quedarse embarazadas… O.o )

Ahora vamos con la historia!

Gracias a mi Beta que lucha contra mi terrible escritura y mis enojos… tengo que dejar de hacer RP mientras escribo -.-

No soy dueño de Hetalia ni de los personajes -.-

Diciembre siempre fue un mes frio, trayendo nieve y vientos helados. La mayoría de los niños nacían en primavera o verano porque esas tormentas mantenían a las parejas dentro de las casas sin muchas posibilidades para entretenerse. Ya fuera el Ciclo de Celo o no, el sexo siempre fue una de las actividades favoritas de las parejas cuando nevaba o estaba ventoso. No solo los entretenía sino que también los mantenía calientes. Así que con una mezcla de necesidad de calentarse en esa casa helada y el instinto de apareamiento, Alfred y Arthur Jones se aparearon día tras día durante la tercera semana del último mes del año.

"Alfred" dijo acurrucándose contra el cuello de su Alfa agotado, tratando de mantenerlo despierto.

"¿Si?" bostezo en respuesta.

"Hagámoslo otra vez" sonrió a su pareja que lo abrazaba.

Estaban cara a cara en el nido, tapados con una gruesa manta para mantenerlos calientes. El Alfa estaba listo para dormir, pero la experiencia de los últimos tres días le enseñó que eso no pasaría hasta que Arthur estuviera completamente satisfecho.

Cada vez que trató de dormir una siesta, apenas llegaba a las puertas del mundo de los sueños antes de que el vendedor de boletos que le permitía entrar se transformara en su Omega. El Arthur imaginario lo alejaba de las puertas plateadas y lo llevaba a una cama de nubes, sonriéndole amablemente mientras lo recostaba y lo montaba, mordiéndole la oreja y susurrándole "¿Tienes un fetiche por los uniformes?" Recorrió con sus manos su pecho, frenando solamente para llevar su mano pequeña y pálida a su miembro endurecido. Luego se inclinó sobre él y con un gruñido dijo "Si sueñas con hacérmelo, ¿Por qué no te despiertas y me lo haces de verdad?" Y despertó con Arthur montándolo y chupándoselo.

"Mierda, no me puedo escapar ¿no?" suspiró mentalmente ante la seducción directa. No odiaba tener sexo, si fuese posible le gustaría hacérselo todo el tiempo por el resto de su vida. Pero Arthur elegía las posiciones más incomodas para anudar. Una vez tuvo que sostenerlo por las piernas, pecho contra pecho porque el británico insistió en hacerlo en la ducha. Alfred le hizo jurar que cuando anudaran, solo lo harían de pie si los dos estaban de pie. Gruñó ante el recuerdo, Arthur no era pesado, pero entre hacer casi todo el trabajo y después sostener un cuerpo inerte, lo había dejado exhausto. Pero ahora el deber llamaba. O más bien, su Omega le exigía.

"¡Alfred, quiero hacerlo otra vez!" reclamó cuando no consiguió una respuesta. Quejarse era una de las especialidades de Arthur, y la forma con la que consiguió que Alfred se lo hiciera ronda tras ronda. Cuando sus muslos se humedecían de Slick sin usar o de semen que escurría, sus instintos le decían que necesitaba meter al Alfa dentro otra vez. Realmente no quería ser tan molesto, incluso se ofreció a ir arriba un par de veces (todas fueron rechazadas). Pero entre el agudo dolor en sus caderas y el fuerte olor a Alfa, Arthur hacía las cosas más desesperadas, como despertarlo con sexo oral. Todavía eran jóvenes e inexpertos, pero Alfred parecía a gusto. Y con cada sonrisa y beso que le daban, Arthur sabía que su Alfa disfrutaba de la atención tanto como él.

Escucho las quejas, sorprendido de que su Omega no lo hubiese atado aun para conseguir lo que quería, y decidió solo abrazarlo contra su pecho. Ignorando las protestas del tipo "me abrazas muy fuerte" y "me vas a aplastar" se concentró en acurrucarse en el cabello rubio. El olor de Arthur cambio desde su primer apareamiento, de ser uno excitante a uno relajante.

Era como la lluvia en verano, refrescantemente fresco después de los rayos del sol, como cuando visitaba a su familia en el suroeste de los Estados Unidos. Le recordó cuando su hermano y él se quejaban con su padre sobre el calor y los insectos. Veinte minutos después de quejas, sus bisabuelos paternos les señalaron las nubes en el horizonte. Viendo la lluvia, Hehewuti con sus hermanos y hermanas, los llevaron afuera y bailaron bajo la luz del sol, que se deslizaba entre las nubes como imitando sus movimientos. Era un recuerdo maravilloso, y esperaba vivirlo alguna vez con su pareja y sus hijos.

Hablando de hijos…

La mano de Alfred se deslizó hacia el abdomen de Arthur, emocionándolo al creer que venía otra ronda. Pero su entusiasmo cambio rápidamente a fastidio cuando los dedos acariciaron su vientre hinchado, lleno del semen de Alfred. Había tres problemas que acosaban a los Omegas masculinos durante su Celo:
1. El odioso endurecimiento de sus penes
2. Sus entradas se dilataban y cerraban la conexión con el sistema digestivo y permitiendo solo la conexión con el sistema reproductivo (causándole estreñimiento durante esa semana)
3. Si tenían una pareja Alfa, el nudo provocaba que sus cuerpos retuvieran el precioso líquido que generaría una nueva vida en sus úteros.
Estaba acostumbrado a los dos primeros después de lidiar con ellos por 4 años, y sabía cómo enfrentarlos. Pero no sabía si se iba a acostumbrar a que Alfred masajeara y acariciara su vientre hinchado, como si quisiera sacarle la suciedad e impurezas a un diamante precioso.

"Al-"alcanzó a decir antes de que lo besaran gentilmente, silenciando cualquier ruido que tratara de salir de su garganta.

Sus instintos primitivos se encendieron al pensar en su Omega quedando preñado. Tener una familia que proteger era algo que todos los Alfas querían, y aunque Alfred siempre había pensado que él era algo mejor que la mayoría de los Alfas, no podía luchar contra el instinto de preservar su línea familiar.

Se movió debajo de las mantas gruesas de forma que estaba arriba de su pareja desnuda, que inclinó la cabeza a un costado para poder mantener contacto visual y no romper el beso con su inusualmente tranquilo Alfa. Después de atacarle los labios varias veces, se movió a su cuello y añadió más mordidas y besos a los que ya había dejado en el área. Significaban que esa persona era territorio de un Alfa para cualquiera que tratara de llevarse a su pareja. Algo como "robo de pareja" era inusual en este tiempo, pero la necesidad de marcar seguía persistiendo y era tranquilizante para un Alfa que su pareja no fuese a abandonarlo. Miró a Arthur, la forma en que sus ojos estaban cerrados y su boca abierta dejando escapar jadeos suaves, disfrutando tanto como él.

Siguió más al sur, desapareciendo debajo de la manta, deteniéndose en el abdomen hinchado y concentrándose en el ombligo. Primero beso la piel suave, para luego succionar. En su segundo día descubrió los dos lugares más sensibles en el cuerpo de Arthur. El primero era el ombligo, y cuando jugaba con el hacía a su Omega estremecerse y gemir de placer. Las segundas eran las uniones entre sus muslos y su redondo trasero. Cuando descubrió estas fuentes de placer, no pudo evitar tocarlas y jugar con ellas. Arthur terminaba mucho antes si Alfred atacaba sus puntos débiles, algo que deleitaba al Alfa y hacia enfurecer al Omega. Desde entonces, no podía hacérselo sin tocar alguno de esos lugares.

Arthur perdió su sentido de la vista cuando el otro desapareció bajo las mantas, esto hizo que sus sentidos se agudizaran aún más de lo que ya estaban gracias a su Celo. Cuando empezaron las lamidas se tensó, dejando salir un gemido sonoro y diciendo el nombre de su pareja. Se quedó ahí varios minutos, disfrutando las sensaciones que Alfred le proveía, hasta que los labios desaparecieron repentinamente y el otro desapareció de su contacto. Curioso y algo irritado con el constante cambio de actitud, se metió debajo de la manta en búsqueda de su Alfa.

Mientras se movía bajo las mantas, no podía dejar de respirar el olor, era muy parecido al de Alfred, pero también estaba el olor dulce, el olor del sexo, semen, Slick y lágrimas. Negó con la cabeza para controlar sus pensamientos, era difícil cuando lo habían dejado caliente y preocupado. Su cabeza chocó contra algo suave y cálido, sorprendiéndolo ligeramente. Rápidamente se destapo encontrando la cara burlona de su pareja, con sus ojos azules divertidos, como un gatito que había encontrado un haz de luz en un espejo.

"¿Me extrañabas?" preguntó mientras se acercaba en cuatro patas.

"Eres un molesto de mierda ¿sabías?" respondió con un puchero.

Alfred gruñó mientras atraía a Arthur cerca "Perdón" y se acurrucó en el cuello de Arthur, dejando besos de disculpa "Estabas teniendo mucha diversión tu solo"

Se acurrucó también pero se detuvo cuando tuvo una idea, se alejó y recostó en el nido con una sonrisa divertida, levantándose con los codos. Viendo como la mirada confusa de Alfred cambio a una sonrisa burlona. Miro la figura desnuda del Alfa, la forma en que sus músculos se movían mientras se acercaba, la forma que los ojos azules escaneaban la piel pálida, y como el olor cambio a uno lujurioso de un Alfa necesitado. No necesitaban hablar, sus olores lo hacían. Sumando al olor dulce de un Omega fértil, el olor dominante de un Alfa, era predecible que iba a pasar, y ninguno quería detenerlo.

Era borroso como terminaron enredados entre las sabanas, y quería asegurarse que esta vez no lo abandonaran necesitado. Los besos se volvieron mordidas y las caricias en rasguños, mientras se colgaba del Alfa sobre él. Amaba el calor que emanaba ese cuerpo, como calentaba su piel mientras las atenciones de Alfred calentaban su entrepierna. Odiaba el frio, siendo un Omega su temperatura corporal era inferior a la de los Alfas o Betas, siempre estaba temblando en invierno. Ahora con su pareja apartando el frio con su tibieza, no podía evitar derretirse en las caricias de esas manos gentiles.

Sabía que a Arthur le gustaba salvaje, pero las caricias gentiles realmente dejaban al Omega blando como arcilla. Besos en los labios, orejas, mejillas, clavículas y hombros lo hacían temblar y gruñir tan suave que al principio Alfred confundió los ruidos con un ronroneo. Luego se dedicó a acariciar las costillas y el pecho, luego masajear la carne blanda de las caderas y muslos, sacando cada vez gemidos y maullidos en volúmenes más altos. Alfred adoraba el cuerpo de su Omega, algo que pensó imposible antes de conocer a Arthur.

Alfred solía pensar que su pareja sería alguien que siempre estuviera de acuerdo con él. Llegar a su casa y que su pareja estuviera esperándolo en la puerta, preparada y gustosa de satisfacer sus necesidades. Honestamente, estaba avergonzado y disgustado con su antigua visión del sexo como una porno mal escrita y bastante obvia. Tal vez nunca logro encontrar a una pareja que cumpliera con sus expectativas porque estaba viviendo una fantasía.

Sus manos se congelaron ante la idea. ¿Qué tal si él no había salido de su fantasía y estaba arrastrando a Arthur en ella? El Omega estaba en Celo… ¿Qué tal si nada había cambiado y solo estuvieran actuando por sus instintos de apareamiento? Por primera vez, estaba realmente aterrorizado. ¿Qué pasaría si cambiaba y dejaba de ser el Alfa que Arthur quería? ¿Lo iba a abandonar? ¿O se quedaría y viviría toda su vida miserable? Muchos escenarios pasaron por su mente, en algunos él se enojaba, o Arthur y él peleaban… podían pasar. Todos podían pasar. Y en todos Arthur terminaría sufriendo.

Notó la forma en que las manos se tensaron y dejaron de moverse, y se irritó cuando las caricias agradables dejaron de sentirse. Estaba por preguntarle que mierda le había pasado cuando sintió el miedo en el olor del Alfa. Miro como la cabeza rubia reposaba contra su hombro, y supo que algo le preocupaba.

"Alfred" dijo suavemente "¿Estás pensando en otra cosa?"

Se tensó aún más, sí, estaba pensando en otra cosa, pero no en las que Arthur creía que pensaba. Frunció el ceño, no era momento de pensar en las posibilidades. Estaba con su pareja, su amorosa, gentil, molesta, preocupada, sexy y fértil pareja Omega. Era el momento de aparearse, no de preocuparse por el futuro, sabía que sus pensamientos de dudas estaban afectando a Arthur.

Levantó la cabeza y lo besó sonriendo "No te preocupes, vamos a poder contra todo lo que pase en el futuro, así que no te preocupes"

Asintió algo inseguro. Pero eso desapareció rápidamente cuando la mano de Alfred fue a su entrada, acariciando el anillo muscular con el Slick que salía de él. Su respiración se entrecorto mientras un dedo se deslizó dentro, dando algo de fricción, pero no la suficiente para calmar el molesto deseo de aparearse. Estaba poniéndose más y más impaciente con cada movimiento lento y suave. Quería más que un solo dedo, solo quería el miembro de Alfred, llenándolo de semen hasta que apagara esta fastidiosa necesidad de quedar preñado. E iba a lograrlo, sin importar que.

"¡Al-Alfred!" gruñó en la oreja de su pareja.

"¿Si querido?" ronroneó mientras sacaba el dedo.

"¡Deja de molestar y házmelo!" Gritó cuando sintió que el dedo se fue. Dios, si no fuera porque Alfred era su pareja y se había malacostumbrado a su pene hasta el punto que los juguetes sexuales solo lograrían molestarlo, juró que le arrancaría la garganta en ese momento y lugar.

Alfred se rió.

Se rió.

El idiota tenía la audacia de reírse de la situación de Arthur.

Cuando abrió la boca para gritarle por no cumplir con sus deberes de Alfa, solo soltó un grito. En algún momento entre la risa y los pensamientos enojados, Alfred había abierto sus piernas y apoyado los tobillos en sus hombros, dándole el ángulo adecuado para empujarse entero dentro del Omega necesitado. Sus ojos quedaron cerrados mientras su pareja empezó a moverse, sin tomarse el tiempo de dejarlo acostumbrarse, ya que seguía estirado de las rondas anteriores. Las manos de Arthur volaron a enredarse en el cuello mientras mecía las caderas en contra de los movimientos de Alfred, tratando de crear más fricción.

Empezó a buscar el punto donde Arthur amaba ser embestido, y que lo dejaba gritando y rogando por más. El primer gemido agudo que resonó en sus oídos le dijo que lo había encontrado, y se concentró en ese punto maravilloso. La boca de su Omega se abrió mientras gemidos descarados y ruidos de placer escapaban de sus labios amoratados por los besos. Su cabeza calló hacia atrás con las constantes embestidas en la próstata y su cuerpo de tensó al sentir el orgasmo pospuesto por tanto tiempo.

Cuando sus embestidas se volvieron erráticas, le resulto cada vez más difícil entrar y salir. Sintió las uñas deslizándose por su hombro, sacando sangre, y levantó la cabeza para mirar a Arthur, notando lo cerca de terminar que estaba. Verlo en tal estado de dolorosa felicidad despertó su lado dominante, haciéndolo gruñir posesivamente mientras hundía sus dientes en la carne suave en la unión del cuello y hombro de su pareja, sacando sangre y asegurándose de dejar una hermosa marca de posesión que iba a ganarse varias miradas.

Nunca había sido del tipo que le gustaran los látigos y cadenas y siendo virgen, nunca había experimentado el dolor y el placer del sexo salvaje. Había soñado varias veces con eso, ser dominado y poseído por un Alfa, pero nunca pensó que realmente iba a pasarle. La sensación de los caninos hundiéndose en su hombro mientras el miembro seguía embistiéndolo trajo una sensación maravillosa. Tanto que no se dio cuenta de su grito mientras liberaba su semen entre sus pechos.

Mientras la energía abandonaba su cuerpo, se dejó caer en una almohada, mirando por la ventana cercana. Lo último que vio fue la nieve que cubría las ramas del gran roble que estaba junto a la casa, y los dos pequeños pájaros que estaban sentados acurrucados.

"Bueno ¿no es poético?" pensó con una sonrisa antes de caer dormido, sintiendo su entrada apretada por el nudo de su pareja.

Alfred se sorprendió del orgasmo a gritos de su Omega, hasta que recordó cuantas veces le había negado su liberación ese día. La buena noticia: Ahora podía dormir ya que Arthur estaba durmiendo. La mala noticia: Tenía que quedarse anudando de rodillas sin moverse o lo despertaría.

"Mierda, no de nuevo" susurró para sí mismo mientras esperaba que su nudo terminara.

Si, se que es corto, pero ¡Hey! Tiene smut! Uno bastante atrasado… pero smut al fin! Así que con esto, me voy a hacer mi cosplay! Espero tener el capítulo siguiente o el extra de esta historia (o los dos, pero no lo esperen) antes de irme a Anime Expo. Por favor dejen reviews! Amo escuchar que piensan de esto! Me ayuda a inspirarme!