Ya llevaban caminando aproximadamente unos diez minutos, despues de los cuales, la muchacha pudo divisar un conjunto de lo que parecían ser tiendas de campaña, acercándose más y más hasta que por fin llegaron.

"No te separes de mí", dijo el gami continuando con su caminata delante de la muchacha. Kagome miraba a su alrededor incrédula, todo lo que habían eran hombres. Bueno, no exactamente hombres, ya que, ni bien entro a ese territorio lo mismo que le pasó con aquél pequeño Youkai llamado Jaken le sucedió nuevamente.

Algo dentro de ella comenzó a palpitar, y al instante comenzó a ver alrededor de cada una de estas personas unas luces de diferentes colores, algunas más fuertes que otras. 'Auras', pensó, no podía haber otra explicación. Aunque no podía entender como las veía si jamás en su vida lo había hecho, por la magnitud de estas lo más probable era que fueran youkais.

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Observando más de cerca mientras caminaba, pudo concentrarse en los rasgos de cada uno. Ella había estudiado eso, así que sabía diferenciar a cada Youkai muy bien. Algunos parecían ser kitsunes, otros eran dragones, algunas águilas, uno que otro poco de nekos, pero los que más abundaban eran inus.

Kagome nunca se imaginó que vería tantos youkais juntos, en realidad, nunca se imaginó que vería uno.

'Esto es increíble, no lo puedo creer, cuando se lo cuente a oka san no me lo va a creer', pensó con una sonrisa mientras caminaba hacia la tienda más grande escuchando los murmullos que se daban mientras ella pasaba.

"Que hermosa es". "Aunque sea una miko es más bella que una Youkai". "No puedo creer que sea humana", decían algunos de los youkais que se encontraban limpiando sus armas, comiendo o simplemente descansando.

Otros que eran más observadores decían cosas como: "su aura guarda un gran poder", "su aroma es increíble, no puedo creer que sea humana", "extraña especie de humano, es muy deseable".

Kagome tenía que luchar para no responderles en ese mismo instante, pero decidió lo contrario ya que su atención ahora estaba dirigida a una sola cosa, el paciente que la esperaba al otro lado de esa gran tienda que ahora estaba frente a ella.

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Jaken abrió la entrada de la tienda y dejó pasar a la muchacha, quien causó exactamente la misma reacción que a los soldados, en los youkais que se encontraban dentro de esta tienda.

No había uno que no la mirara con ojos curiosos y sorprendidos. Y sin que ella estuviera siquiera enterada ellos estaban pensando exactamente lo mismo que los soldados habían exclamado hace algunos momentos.

La muchacha los observó a todos, se podía notar que los youkais que estaban en ese lugar eran todos inus y muy poderosos, ya que aquél espectro a su alrededor era más brillante.

Casi como fuera de contexto, unos gruñidos y jadeos fueron percibidos por sus oídos. Tratando desesperadamente de saber de dónde venían comenzó a mirar por todos lados, hasta que su mirada se posó al centro de la tienda; sin embargo, su vista fue impedida de captar algo por los cuatro youkais que se encontraban alrededor de una especie de mesa.

Lo más seguro era que ahí se encontrara la fuente de esos sonidos, y lo más probable era que esa fuente se tratara de su futuro paciente.

De repente uno de los youkais se acercó a ella y le apuntó una lanza al cuello. "Miko, dinos que es lo que haces aquí, acaso piensas aprovecharte de nuestro señor porque se encuentra vulnerable", le dijo el inu Youkai con una voz que parecía muy demandante y casi amanzánate.

Kagome estaba segura que ese era un buen momento para ponerse a temblar de miedo, pero no sabía porque no sentía ni el más mínimo deseo de sentirse intimidada. Poniendo su frente bien en alto, miró al inu Youkai a los ojos y le respondió muy seria, casi igualando su tono.

"Estoy aquí para tratar a tu señor, no le deseo ningún mal. Por favor, quisiera que me permitan verlo para observar su estado y saber que hacer", le dijo explícitamente al Youkai, pudiendo observar la expresión de sorpresa que tenía.

Kadsuki, la mano derecha del padre de su señor, el general del ejército de la casa de la luna quien se encontraba apuntando con una lanza a una aparentemente insignificante humana se quedó completamente atónito.

Jamás en su vida había visto que un humano tuviera tan buenos modales, sea tan bien hablado y lo más sorprendente, que trate de igual a igual a un Youkai y no le hable con desprecio ni se acobarde ante su presencia. Más aún, le hablaba desafiante e imponente, y lo peor de todo es que este hermoso espécimen era una miko.

Decidió liberarla, quería saber que era lo que tenía en mente.

"Muy bien mujer, te dejaré ver a nuestro señor. Pero si algo le sucede tu pagarás las consecuencias", dijo muy seguro de sí mismo, devolviéndole la mirada a la miko.

Kagome le hizo una reverencia de agradecimiento, y antes de pasar a ver a la persona que tenía que tratar, observó por unos instantes y muy detenidamente al Youkai que hace unos segundos amenazaba con cortarle el cuello.

Su cabello era marrón y muy largo atado en una cola baja. 'Típico de los inuyoukais', pensó. Era muy alto y se podía ver a simple vista que tenía una composición muy buena. Sus ojos eran celestes, debajo de su ojo derecho se encontraban tres triángulos naranjas invertidos y sobre su nariz una línea de color verde, seguramente este Youkai era de alto rango, no había otra explicación para sus marcas, muy apuesto sí, pero no era su tipo.

Decidiendo que lo importante ahora era quien la estaba esperando detrás de esos cuatro youkais que le impedían la vista, caminó y por orden del general se le abrió el paso.

La muchacha se quedó completamente embelesada y a la vez preocupada, estática en su lugar.

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Atado a una gran mesa de madera, se encontraba el hombre más hermoso que la joven humana había visto en toda su vida.

Su piel era pálida como la luz de la luna, su cabello plateado era largo, tan largo que aunque estuviera echado se podía ver que llegaba hasta donde se encontraban sus rodillas. Sus facciones eran tan perfectas como las de un ángel. En su hermoso rostro llevaba dos líneas de color magenta a cada lado, justo a la altura de sus pómulos, y en la frente una luna creciente color índigo.

Al observar más de cerca, fue sacada de su estupefacción. Su ropa, que al parecer estaba hecha de una seda muy fina, estaba completamente bañada en sangre. En su bien formado pecho había tres arañones muy profundos y grandes, que se extendían desde su clavícula hasta el ombligo; al parecer habían dejado de sangrar, pero estaban completamente infectados y con una sustancia verdosa y viscosa saliendo de los bordes.

En su hombro derecho había un hueco, y la muchacha podía ver el hueso. El hermoso joven estaba bañado en sudor y sus ojos que ahora se encontraba abiertos estaban teñidos de un rojo intenso, con las pupilas casi inexistentes y de un color verdoso.

Definitivamente la infección de sus heridas y esa sustancia que parecía ser veneno, había hecho que aquél obviamente inuyoukai caiga en estado de infección. Kagome sintió una necesidad casi inconciente de confortarlo correr por su ser, pero algo de molestia también, así que sin pensarlo dijo en voz alta: "Cómo es posible que no hayan hecho nada, no ven que está a punto de morir por la infección, es que acaso están ciegos", exclamó con mucha molestia, acercándose más y más al taiyoukai que gruñía y casi rugía.

Al escuchar la proclamación de la miko, Kadsuki decidió hablar. "Hemos estado imposibilitados de ayudar a nuestro señor. Cualquiera que se acerque será muerto por su mano, al igual que la sanadora que vino hace algunas horas". "Cuando intentó curar a nuestro señor, él se soltó de las cadenas y la destrozó en pedazos".

Aquello hizo enfurecer aún más a Kagome, como era posible que amarraran así a alguien. Se notaba que sus muñecas y pies estaban completamente heridos. Seguramente la infección y el veneno estaban impidiendo que su mecanismo de curación se active.

Ella decidió ene se momento que trataría sus heridas rápidamente y luego lo soltaría, eso era simplemente inhumano.

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La muchacha dejó su mochila a un lado y se acercó al taiyoukai poniendo una de sus delicadas manos en su frente, "shh, tranquilo yo te voy a ayudar".

En ese instante, sin darse cuenta, Kagome desprendió una energía calmante alrededor del inuyoukai que cesó su desesperación e hizo que se serenara, dejando a todos completamente atónitos. Acto seguido, comenzó a rebuscar en su maleta algo que le pudiera servir.

Absolutamente todos los presentes esperaban ver a la pequeña miko hecha pedazos cuando puso su mano en la frente de su señor; pero cuando se calmó y dejo de gruñir y de moverse, todos se quedaron completamente sorprendidos. Como era posible que una joven humana pudiera calmar con solo un toque al más temido de los taiyoukais en todo Japón.

Kadsuki supo en ese momento que esa simpática sacerdotisa ayudaría a su señor, así que silenciosamente hizo salir a todos los que estaban ahí presentes menos a dos ayudantes suyos.

"Miko dime que es lo que necesitas y yo te lo traeré", fue lo único que dijo a la muchacha.

Kagome había sacado de su maleta las vendas, gasas, el agua oxigenada, algodón y el alcohol que había traído, sumándole las pequeñas toallas que procedió a sacar después.

'Verdaderamente oportuno que Souta tirara mi maleta en aquél pozo. Extraño', pensó la muchacha, pero fue sacada de sus pensamientos por el ofrecimiento del inu.

"Quisiera que por favor despojaran a su señor de sus ropas y se deshicieran de ellas. Lo más probable es que hallan residuos del veneno ahí y no queremos que nadie termine con una infección". "Después de haberlo hecho quiero que todos los que hayan entrado en contacto con ella se laven bien las manos y se mantengan lejos de aquí".

"Otra cosa, pudieran ser tan amables de traerme un recipiente con agua caliente y otro con agua fría por favor?".

El inu asintió y en pocos momentos el taiyoukai estaba como kami lo trajo al mundo a excepción de una prenda que parecía ser su ropa interior y ya había dos recipientes con agua esperando a la muchacha.

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La joven se lavó muy bien las manos con un jabón que estaba en su maleta y se las secó cuidadosamente murmurando: "Bueno Kagome no queremos infectar nada verdad", siendo escuchada por el inu. Así que ese era su nombre, Kagome. Ahora si tenía mucha curiosidad por lo que iría a hacer.

"Dime, cuál es su nombre?", pregunto la muchacha mientras con un paño que había remojado previamente en agua caliente comenzaba a limpiar muy cuidadosamente cada uno de los arañones en el pecho del taiyoukai y el orificio en su hombro, dejando solamente la herida para ser tratada.

"Sesshoumaru, príncipe de las tierras del oeste, de la casa de la luna y del clan de los inus, hijo del gran Inu-Taisho".

'Su nombre es Sesshoumaru', murmuró mentalmente, asegurándose inconscientemente de que su mente nunca se olvidara de aquél nombre.

Como respuesta simplemente asintió, mientras abría una botella de agua oxigenada y vertía un poco sobre cada una de las heridas, haciendo que una gran cantidad de espuma blanca salga de cada una. Repitió este proceso unas cuantas veces más, desinfectando satisfactoriamente los arañones.

Kadsuki la miraba muy intrigado. Qué se supone que era esa sustancia que le estaba aplicando a su señor?.

Kagome miró de reojo al inu y tuvo que suprimir una risita ante el rostro de curiosidad que tenía semejante Youkai que al principio parecía tan imponente.

"Esta sustancia es un preparado que se utiliza para verter en las heridas y puedan ser desinfectadas para que se cierren sin ningún riesgo", dijo la muchacha mientras buscaba en su maleta algo con que cerrar las heridas. La verdad era que eran arañones muy profundos y aunque no estuvieran sangrando y ya estuvieran desinfectados corrían riesgo de volverse a infectar si permanecían abiertos.

Rebuscando un poco más en su mochila se dio con una aguja quirúrgica e hilo, del mismo tipo que usaba para sus prácticas. 'Qué demonios, no recuerdo haber puesto esto aquí', pensó la muchacha; en realidad, tenía que agradecer su suerte a kami, si no, no podría cerrar las heridas del taiyoukai.

Muy concentrada procedió a suturar todas y cada una de las heridas que tenía. "Ahora solo resta ponerle la gasa para que cicatrice rápido y sin contaminación y listo", dijo la muchacha en voz alta sin darse cuenta, poniendo un poco de gasa sobre cada herida y luego arreglándoselas para vendarlo aún amarrado. Ahora era turno de ocuparse de las heridas causadas por las ataduras.

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Kadsuki simplemente no lo podía creer, ya casi era de noche. La sacerdotisa se había pasado todo el día cuidando de su señor y él se encontraba durmiendo plácidamente.

Ya habían pasado tres días desde el ataque que recibió y durante esos días nadie había sido capaz de clamarlo. Sin embargo, esta pequeña pero hermosa mujer logró lo que nadie pudo, curándolo satisfactoriamente.

'Increible', pensó el inu, cuando fue sacado de sus reflexiones por la dulce voz de la muchacha.

"Onegai, desamárralo", le dijo la muchacha.

"No puedo", le respondió automáticamente el general. "Aún no sabemos si su Youkai interno se ha calmado. Puede ser que se descontrole y no sabemos que daños podría causar".

En ese instante Kagome volvió a observar las heridas en las muñecas y pies del taiyoukai y la tristeza invadió su ser, como podía ser que lo ataran de esa manera tan cruel. Con ojos suplicantes volteó y miró al general. "Onegai", le dijo una vez más.

Kadsuki no podía creer el rostro de la muchacha, estaba casi seguro que era la primera vez que veía a su señor Sesshoumaru y en sus ojos se veía tanto amor y dedicación hacia él, que no pudo resistirlo y cuidadosamente deshizo las amarras de su señor temiendo lo peor, lo cual nunca sucedió.

En lugar de que saliera como loco, seguía durmiendo tranquilamente.

Kagome lo miró y le sonrió dulcemente, "arigatou".

Se dispuso a limpiar las leves heridas que tenía y vendarlas. 'Seguramente se las hizo tratando de soltarse', pensó, observando a la vez las peligrosas garras que tenía en las manos, sin importarle en lo más mínimo.

Luego procedió a mojar una de las toallas que tenía en el agua fría y ponerla en la frente del taiyoukai, limpiando con otra los residuos de tierra y sangre que tenía en el cuerpo, con cuidado de no acercarse a sus heridas recién tratadas, para finalmente lavar cuidadosamente su largo cabello que se encontraba completamente sucio y peinarlo con el mismo cuidado.

Sin darse cuenta ya había amanecido nuevamente. Se había pasado un día completo cuidando del inconsciente taiyoukai y Kadsuki solamente podía imaginar la cantidad de fortaleza y energía que debía tener para permanecer despierta todo ese tiempo sin sudar ni una gota y sin quejarse en lo más mínimo. Al contrario, manteniendo una hermosa sonrisa.

Tenía que darle mérito ya que no sólo se había encargado de sus heridas, sino que lo había aseado dejándolo como nuevo. Simplemente esta miko era increíble.

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Kagome se encontraba muy cansada, pero lo primero para ella era su paciente. Una vez que terminó, le dijo a Kadsuki si le podría traer algo con que cubrirlo. Que no fuese muy grueso, ya que, no era bueno abrigar más a alguien que se encontraba con fiebre porque solo empeorarías las cosas, se aseguró de aclararle.

El inu sólo asintió y le trajo una especie de sabana con la que cubrió al taiyoukai.

Por fin dio un suspiro ya que se encontraba muy cansada y lo único que quería ahora era darse un buen baño, la incógnita ahora era …donde?.

El inuyoukai no terminaba de sorprendente. Al parecer, otra de las cualidades de la mujer era que estaba muy bien educada y sabía muchas cosas, además de ser muy inteligente. Si, definitivamente esto probaría ser muy interesante. Pero ahora por fin había notado que el cansancio comenzaba a mostrarse en su bello rostro.

"Mujer creo que es hora de que descanses, te has dedicado mucho tiempo a nuestro señor Sesshoumaru".

Kagome que estaba remojando nuevamente la toalla que el taiyoukai llevaba en la frente, para que este fresca y se la vuelva a poner, escuchó lo que dijo el inu y por un momento se molestó, que tenían estas personas con no llamarla por su nombre, simplemente era tan irritante.

"Mi nombre es KAGOME, y estoy bien, lo único que quisiera es que por favor me dijeras si hay algún lugar en el que pueda tomar un baño. Me siento un poco pegajosa", dijo finalmente, parándose y estirándose un poco.

Kadsuki se quedó pensativo. Normalmente los humanos no eran muy aseados, pero esta miko se quejaba de que no le gustaba estar sucia. Bueno, él no tenía objeción, así que en pocos momentos el taiyoukai le estaba diciendo en donde se encontraban las aguas termales más cercanas y la muchacha salió dejando al pasiente en el cuidado del general por unos momentos.

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Kagome se relajó en las aguas termales por unos veinte minutos, para bañarse con el shampoo, jabón y re acondicionador que estaba en su maleta. Agradecía silenciosamente a Kami que las coincidencias de la vida hayan permitido que su maleta cayera al pozo.

Después de haberse bañado se vistió rápidamente y se dirigió al campamento. Cuando se estaba acercando comenzó a escuchar aquellos gruñidos de nuevo, solo que esta vez no eran tan fuertes, así que casi corriendo se dirigió lo más rápido que pudo hacia el lugar, entrando y viendo a un Sesshoumaru con los ojos completamente rojos y gruñéndole.

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La muchacha entró con el corazón en la boca y acercándose al taiyoukai preguntó: "Qué fue lo que sucedió?".

Kadsuki estaba un poco descuadrado por decirlo así, y tratando de juntar sus ideas le explicó a la joven miko que se estaba acercando a su señor lo que había sucedido.

"Ni bien te fuiste Sesshoumaru sama abrió los ojos y comenzó a gruñir. Parece que se volvió a intranquilizar", Kadsuki no se lo explicaba al principio pero en unos momentos se daría cuenta de porque su señor se intranquilizó de tal manera.

La muchacha se acercó al taiyoukai y acarició su frente sacando algunos cabellos que estaban pegados a esta por el poco de humedad que había dejado la toalla.

"Shh Sesshoumaru sama, ya estoy aquí, yo lo voy a cuidar", le dijo pero esta vez el taiyoukai seguía gruñendo y Kagome se puso a pensar.

'Cómo lo calmo', se repetía en su cabeza. Hasta que de la nada una idea se le vino a la mente, de todas formas así era como calmaba a su hermano cuando se despertaba de una pesadilla.

Subiéndose a la mesa posicionó la cabeza del taiyoukai en su regazo y comenzó a acariciar su frente.

El general observaba incrédulo lo que sucedía, ya que, no solo la mujer estaba acariciando a aquel feroz inu, sino que un aura de total tranquilidad, inocencia y ternura se desprendía de la miko envolviéndolos a los dos.

También podía notar que el aroma a jazmines y rosas de la muchacha los envolvía al igual que el aura, haciendo callar a su líder, pero al parecer aún no estaba de todo calmado ya que aunque hubiera dejado de gruñir sus ojos aún seguían de un color rojo profundo.

Kagome pudo sentir como se calmaba. Al ver de cerca el hermoso rostro de aquel Youkai se sonrojó un poco, se había percatado de que él no era un pequeño niño y ahora se encontraba en su regazo.

Concentrándose en calmarlo, utilizó su último recurso. Aclaró un poco su voz y comenzó a entonar una dulce melodía.

Su voz era como el más suave coro de ángeles, era como un arrullo para los cachorros que recién nacían.

Así se mantuvo cantando por unos minutos, hasta que por fin el taiyoukai príncipe de las tierras del oeste quedó profundamente dormido y relajado en los brazos de una simple humana.

(10)

Kadsuki escuchó cantar a la muchacha. La melodía era una de las más preciosas que hubiera escuchado en su vida, simplemente esta humana era increíble pensó. No podía esperar a que Inu-Taisho se enterara, definitivamente las cosas iban a cambiar en la casa de la luna.