Al culminar su canción, la muchacha bajó la cabeza y pudo observar que el taiyoukai que se encontraba en sus piernas estaba completamente dormido. Con una sonrisa cogió su rostro y lo puso suavemente sobre las toallas en las que lo había dejado apoyado antes de salir.

Bajándose de la mesa, se sentó en el lugar que había escogido para tratar sus heridas y se fue quedando poco a poco, sin darse cuenta, dormida, cogiendo la mano del temible hijo de Inu-Taisho.

Kadsuki observó con una sonrisa que la miko por fin había caído en brazos del sueño, y era natural.

Después de casi día y medio de cuidar de un Youkai sin descansó y de tremendos despliegues de energía espiritual era sorprendente que solamente se hubiera quedado dormida y no hubiera caído inconsciente en el piso. Pensó cruzando los brazos sobre su pecho.

Fue rápidamente sacado de sus pensamientos por la presencia de un aura sumamente poderosa que se acercaba lentamente, así que rápidamente salió de la tienda a darle la bienvenida a su señor Inu-Taisho y a explicarle todo lo que había sucedido desde su ausencia.

(1)

Inu-Taisho acababa de llegar de una de sus tantas peleas por los dominios de las tierras del oeste, las más ricas en todo Japón.

Fue bienvenido con una de las peores noticias que le pudieron dar en todos sus largos años de existencia.

En la casa de la luna se corría el rumor de que su hijo estaba muriendo en el campamento que se encontraba a un día de camino de ahí.

Finalmente ese rumor llegó a los oídos del gran Inu-Taisho, provocando que instantáneamente saliera en busca del heredero de las tierras del oeste. Él era su único hijo y no iba a permitir que muriera de manera tan poco honorable.

Entrando al territorio del campamento, caminó con un rostro libre de cualquier clase de emoción frente a todos y cada uno de los soldados, dirigiéndose a donde se encontraba su primogénito.

Al verlo, todos los presentes le hicieran una reverencia mostrando el gran respeto que tenían hacia su líder, hasta que frente a él estaba parado el más fiel de sus soldados, Kadsuki.

Con una voz completamente seria se dirigió a él. "Explícate", fue lo único que le dijo, y el inuyoukai de cabellos marrones comenzó con el maravilloso relato de cómo una hermosa miko vino a salvarle la vida a su señor Sesshoumaru. Contándole al pie de la letra absolutamente todas las cosas que sucedieron.

El taiyoukai sonrió. Así que una sacerdotisa se había encargado de domar y sanar a su terco hijo.

No podía esperar a que Sesshoumaru despertara, y menos podía contener las ansias de conocer a tan esplendida muchacha según las palabras de Kadsuki.

En la mente del inu se estaba comenzando a formar un plan, el cual provocó que en su rostro apareciera una cómplice y algo maléfica sonrisa. "Llévame a donde se encuentran".

"Hai Inu-Taisho sama", respondió Kadsuki yendo delante de su gobernante y señalándole que lo siguiera hacia la tienda de su hijo.

(2)

Sesshoumaru abrió los ojos lentamente. Su cabeza pesaba mucho, y lo último que recordaba era haber sido atacado por un extraño Youkai cuando estaba a punto de declarar ganada la batalla de su ejército contra el de uno de los gobernantes menores de las tierras del norte.

Sentándose lentamente, sintió un fuerte dolor en el pecho y observándose se dio cuenta que estaba vendado. De pronto se le vinieron a la mente los recuerdos de lo que había sucedido después.

Recordaba haber sido preso de un dolor intenso, que lo estaba volviendo completamente loco. Todo su cuerpo ardía y frente a él parecían haber sombras que lo trataban de asfixiar, además de aquellos ruidos infernales que sus delicados oídos no podían soportar.

También recordaba haberse quedado así por mucho tiempo, sin control alguno ya que el dolor era demasiado grande, cuando de pronto un delicioso aroma se apoderó de él. Claro cómo podía haberse olvidado, ese dulce aroma a rosas y jazmines.

'Delicioso', pensó el inuyoukai, mientras seguía recordando pequeños pedazos de lo que había sentido en medio de su dolor.

Al mismo tiempo que aquel incomparable aroma lo calmaba, un aura que jamás había percibido antes lo envolvió.

Sentía tanta ternura, amor, generosidad e inocencia irradiando de aquella aura, que finalmente pudo ver a aquellas sombras disiparse, y a su cuerpo volver a la temperatura normal, mientras que poco a poco sus oídos dejaban de doler.

Así se mantuvo hasta que aquella presencia se alejó de él por unos momentos, llevándose consigo ese delicioso aroma, haciendo que aquellas sombras regresaran a intranquilizarlo de nuevo.

Pero al igual como se fue, regresó, y esta vez cuando se acercó su dulce aroma era más fuerte y su aura era más calmante, bañándolo de una sensación placentera.

Escuchó una dulce voz, como un coro de ángeles. Tan suave como la misma seda, cantarle una canción que hasta ahora podía recordar, y ahí fue cuando supo que esa aura partencia a una mujer. Seguramente una Youkai pensó, no había otra explicación para tan delicioso aroma, hermosa aura e igualmente placentera voz.

Saliendo de sus pensamientos el taiyoukai estaba a punto de estirarse, cuando sintió que su mano izquierda estaba siendo sostenida por una delgada mano muy suave y tibia.

Cuando volteó a observar de quien se trataba, vio un mar de sedosos cabellos negros como la noche, y al inspirar un poco de aire percibió aquel hipnotizante aroma. Así que era ella la que lo estuvo cuidando.

Justo en ese momento una pizca casi insignificante de esencia se posó en su nariz.

'Humana, no puede ser pero…', pensó, jalando bruscamente su mano y provocando que la muchacha caiga de espaldas y se despierte. Segundos después escuchó un, "ouch" proveniente del suelo.

(3)

"Au, eso me dolió mucho", dijo Kagome parándose y sacudiendo su ropa para después sobar su trasero, sobre el que había caído muy rudamente.

Cuando alzó la cabeza, se quedó como hechizada, observando los hermosos ojos dorados de aquel Youkai tan bien parecido y tan guapo, sin poder quitar su mirada de ellos.

(4)

Sesshoumaru esperaba ver una de esas horrendas mujeres humanas y haría pagar al que la trajo a cuidarlo, pero lo que captó su visión fue exactamente todo lo contrario. Una joven de hermosos y sedosos cabellos negros y brillantes, que se podía ver llegaban a su cintura lo miraba con adoración en sus grandes y expresivos ojos café.

Se podía sentir, casi tocar la inocencia y ternura que guardaba su espíritu. Su rostro era delgado y estilizado, su piel era blanca como la nieve y pálida, pero no debido a enfermedad, sino pálida como cuando la luz de la luna alumbra los pétalos de una rosa blanca.

Sus labios eran de un hermoso color rosado, y el inu inconscientemente no podía dejar de inhalar su delicioso aroma.

Aunque estuviera con esa ropa de sacerdotisa, era bastante agradable a la vista.

Fue sacado de su intenso examen a la muchacha cuando una de sus suaves manos tocó su frente. Eran como pétalos de rosa, tan suaves.

Cómo una humana podía tener las manos tan suaves?. Absolutamente todas las humanas tenían las manos maltratadas por trabajar la tierra y tenían un olor completamente pestilente, sin contar con el hecho de que no tenían ni la más mínima gracia. Como ella podía ser tan diferente.

Tenía que admitir que era mucho más agraciada que cualquiera de las youkais que hubiera visto en su palacio; justo en ese instante su lado orgulloso y déspota surgió.

'En que demonios estoy pensando, ella es una insignificante humana, no hay diferencia. Los humanos son criaturas inservibles que solamente malgastan el aire que los youkais respiran', pensó, jalando fuertemente la mano de la joven y rehusándose a creer que una simple humana lo había cuidado.

"Como te atreves a tocarme humana". Le dijo con una voz que podría enfriar el mismísimo infierno.

(5)

La muchacha se tensó un poco, la próxima vez que alguien no la llamara por su nombre estaba segura que explotaría.

Sin poder evitarlo, notó que la voz del inuYoukai era muy firme y varonil. 'Kami sama pero que estoy pensando, obviamente por su comportamiento es uno de esos youkais de los cuales leí que detesta a los humanos'. 'Genial justo lo que me faltaba', pensó la muchacha.

"Mi nombre es Kagome, y solamente le toqué la frente para saber si tenía fiebre. Disculpe si lo incomodé", respondió cruzando sus brazos frente a su pecho y mirando hacia otro lado.

Si no fuera porque estaba completamente acostumbrado a no mostrar ninguna emoción de seguro se hubiera quedado un poco sorprendido. Que acaso esta mujer no sabía quién era, que no le temía ni un poco?.

Como se atrevía a tratarlo así, de igual a igual, como se atrevía a no tenerle miedo, si él era el temible y despiadado Sesshoumaru.

Cuando estaba a punto de abrir la boca para corregirla y ponerla en su sitio sintió una presencia muy poderosa.

"Chichiue", dijo en un murmullo que no pudo ser escuchado por la muchacha quien en ese preciso instante se quedó completamente estática.

Otra vez podía sentir el aura de alguien acercándose, pero esta vez era inmensamente poderosa, casi podía sentir los pequeños choques eléctricos de la fuerza sobrenatural que emanaba aquel ser, e inconscientemente dijo en voz alta: "Alguien se acerca".

Sesshoumaru la miró como si fuera la persona más estupida en este mundo. Que acaso los humanos eran tan lentos?. Entornando los ojos le dijo: "Obviamente, mi padre esta en camino".

La puerta se abrió justo cuando terminó de pronunciar aquellas palabras y dejó ver a un imponente inuyoukai de cabellos plateados amarrados en una cola de caballo, con una gran armadura y apariencia impecable.

Aquel hombre observaba de pies a cabeza a la miko de cual le habían estado hablando. Era hora de poner a prueba a la señorita; era su juego predilecto y Kadsuki solo rezaba para que la muchacha no hiciera nada mal, había aprendido a apreciar a la pequeña miko y no quería que nada malo le pase.

(6)

Inu-Taisho tuvo que admitir que la miko era una verdadera belleza, más bella que cualquiera de las youkais que hubiera visto en su vida; sin abrir la boca ya estaba haciendo méritos pensó el taiyoukai. Pero ahora era momento de ver si todo lo que dijo Kadsuki era cierto.

"Mujer, arrodíllate ante tu gobernante". Le dijo con una voz libre de cualquier emoción.

(7)

Kagome observó detenidamente al Youkai que se encontraba en la puerta. Era muy parecido a Sesshoumaru, definitivamente era su padre.

Cuando escuchó la exclamación del taiyoukai su sangre comenzó a hervir.

Como se atrevía, que acaso estos hombres egocéntricos tenían algún problema con pronunciar el nombre de una persona; pero ahora vería.

"Mi nombre es Kagome", dijo con la misma frialdad en la voz, mirando directamente a los ojos al inuyoukai que se encontraba frente a ella.

Inu-Taisho tuvo que luchar para que una pequeña sonrisa no escapara sus labios. Así que era una pequeña fierecilla.

'Muy bien veamos con cuanto pasas este examen', pensó antes de decirle lo siguiente: "No te he preguntado tu nombre mujer. Te exijo que te inclines ante tu líder Inu-Taisho, o es que acaso no me tienes respeto", pronunció, tratando de intimidar a la bella miko sin esperar la reacción que esta tendría.

Kagome escuchó cuidadosamente lo que el inuyoukai dijo y su sangre comenzó a hervir. 'Como se atreve maldito egocéntrico, creído, irrespetuoso, viene a hablarme de modales ahora verá', murmuró mentalmente, apretando un poco los puños para contener su molestia, sin darse cuenta que estaba comenzando a brillar de un color rosado intenso, irradiando olas de energía visibles y con mucha fuerza.

Su cabello estaba comenzando a flotar con una brisa inexistente y a su alrededor se podían escuchar las chispas de energía chocando una contra otra, mientras que sus ojos estaban brillando de un color rosado intenso.

En ese preciso momento Inu-Taisho se arrepintió de haberla hecho enfadar. Era increíble que una simple humana guardara toda esa cantidad de energía, él ya estaba comenzando a marearse por los poderes purificadores, era increíble.

Esa muchacha estaba igualando a la mismísima Midoriko con solo haberse enfadado, eso significaba que dentro de ella existía un poder inimaginable. Aun así, no lo podía comprender. Como era posible si era sólo una humana?.

De pronto a su nariz llegó su aroma, eran jazmines y rosas pero algo estaba escondido adentro, había algo más, y en ese instante lo percibió.

"La muchacha es la joya, la muchacha es la perla, no es humana", dijo en un murmullo que nadie pudo escuchar.

(8)

Sesshoumaru al igual que su padre se quedó paralizado por unos segundos. Estaba sintiendo el inmenso poder que irradiaba aquella muchacha, era increíble.

"Pero como si es solo una humana, no puede ser posible, ninguno de esos desastrosos seres puede ser tan poderoso…". 'Y bello', agregó inconscientemente, para después reprenderse mentalmente por pensar eso de una mujer humana; aunque no podía negar que le intrigaba mucho y quería saber más. Como era posible que una simple mortal tuviera tales cualidades.

Por otro lado Kadsuki no sabía ni que decir. Jamás en su vida había visto algo así y ahora estaba seguro que vería más seguido a la muchacha, ya que, definitivamente con eso se acababa de ganar un lugar en la casa de la luna, era más que seguro.

(9)

Kagome no se había dado cuenta de nada de lo que sucedía, para ella todo estaba normal. Decidió que le enseñaría una pequeña lección de modales al taiyoukai llamado Inu-Taisho; respirando profundo, dejó que sus manos se relajaran, y la inmensa energía que había desatado desapareció.

Dando unos pasos para estar frente a frente con el taiyoukai le dijo: "Sumimasen Inu-Taisho sama, según mi conocimiento, yo no soy una simple mujer cualquiera a la que usted pueda tratar de manera tan irrespetuosa".

"Mi nombre es Kagome Higurashi y me rehúso a inclinarme ante alguien que se niega a hablarme con el mismo respeto que esa persona se merece y llamarme por mi nombre como debe ser". "Le ruego que no gaste su preciada voz tratando de convencerme de lo contrario ya que no lo pienso hacer. Respetos guardan respetos, y creo que yo me los merezco tanto como usted. Así que con su permiso me retiro".

Con aquel alegato, la miko salió de la tienda dejando completamente tontos a tres poderosos youkais, mirando el lugar en el que hace unos segundos había estado parada.

(10)

Sesshoumaru se hubiera quedado boquiabierto, de no ser porque desde pequeño había entrenado el control de sus emociones con un éxito arrollador.

Esa pequeña miko, la manera en la que le habló a su padre, muy respetuosa pero a la vez desafiante, sin una pizca de temor. Muy por el contrario, se podía sentir el orgullo irradiando de ella.

Aquella onna era algo increíble y tenía que reconocerlo, pero lo que más le sorprendía, era que su padre no hubiera salido detrás de ella y se hubiera deshecho de su existencia por haberle hablado así.

(11)

Inu-Taisho se quedó callado por unos momentos para después comenzar a reír. Esa muchacha era una verdadera joya, completamente increíble, no tenía miedo de hablarle con la verdad. En sus ojos podía verse con claridad el fuego que llevaba dentro; era un espíritu indomable.

Como lo había presentido no era humana, eso significaba que sus planes iban a salir perfectamente. Esa mujer era lo que su hijo necesitaba.

Desde que su madre murió Sesshoumaru se ha vuelto un ser sin emoción. Jamás lo ha visto sonreír desde entonces, ni derramar una lágrima, ni denotar sorpresa, nada, y ya estaba comenzando a pensar que era caso perdido. Pero ahora esta hermosa miko se cruzaba en sus caminos.

'Definitivamente ella es la mujer para mi hijo, y yo me encargaré de eso; aunque conociendo a mi hijo, así le agrade un poco, ni aunque lo torturen aceptará que le gusta porque piensa que eso está muy por debajo de él. Pero de eso me encargaré yo'. En ese instante algo se le ocurrió y procedió a hablar.

(12)

Kadsuki comenzó a preocuparse al ver callado a su gran señor. La miko sí que era valiente para haberle hablado así.

Cuando escuchó la risa de su líder liberó un suspiro que no sabía que había estado reteniendo. Al voltear pudo observar la mirada inexpresiva y algo aburrida del príncipe; definitivamente Sesshoumaru sama había vuelto.

"Kadsuki, te importaría explicarme en este instante que fue lo que sucedió durante mi ausencia", le dijo Sesshoumaru al inuyoukai, bajándose cuidadosamente de la mesa y dirigiéndose a buscar en un baúl un kimono para ponerse, al parecer lo único que tenía puesto eran vendas y su ropa interior.

Podía percibir el aroma de aquella miko sobre todas las vendas que llevaba puestas, e increíblemente no le molestó en lo más mínimo. Aun así, su lado orgulloso se negaba a aceptar que el aroma le parecía completamente agradable, razón por la que mientras sacaba su ropa, en lugar de estarse preocupando por aquel incitante aroma, le dirigía toda su atención a Kadsuki.

El general comenzó a relatarle, al igual que hizo con su padre, todo al pie de la letra; lo que sucedió desde que quedó inconsciente hasta este momento. Culminando con un: "En resumen la hermosa criatura cuido de ti por casi día y medio sin despegarse ni un solo segundo y hasta pudo domar al temible señor Sesshoumaru con sólo unas caricias y unas dulces palabras".

Sesshoumaru escuchó todo lo que dijo su general.

Esa mujer había hecho todo eso por él sin conocerlo, no lo podía creer.

Usualmente los humanos se aprovecharían de los youkais cuando están en su estado más vulnerable para deshacerse de ellos. Pero ella le salvó la vida. Pensaba el Inu, siendo sacado de sus reflexiones por la última exclamación de Kadsuki, la que causó que de un pequeño gruñido de molestia y una de sus cejas comenzara a temblar a causa de la irritación ante aquel comentario.

(13)

Al ver la molestia de su hijo, Inu-Taisho soltó una pequeña risa y decidió que ahora era el momento perfecto para poner en marcha su pequeño plan. Conociendo a Sesshoumaru, él se regiría por el honor, y era ahí donde iba a atacar.

"Y bien Sesshoumaru que piensas hacer?. La muchacha cuidó de ti y te salvó la vida, no piensas agradecerle?", le dijo en un tono sarcástico, provocando que su hijo le mande una mirada muy poco amigable y le responda de manera cortante y fría.

"Este Sesshoumaru no agradece a nadie".

Inu-Taisho levantó una ceja como inquiriéndole silenciosamente que era lo que pensaba hacer.

El joven inuyoukai terminó de vestirse y se dirigió a su padre. "Como aquella humana salvó mi vida es mi deber hacerme cargo de ella y protegerla hasta que mi deuda sea cubierta, es solo cuestión de honor, y por tal motivo no pienso hacer nada más", le respondió, volteando y dirigiéndose a una especie de camastro sin dedicarle una mirada su padre.

Al ver a su hijo voltear de mal humor y acostarse a resposar, Inu-Taisho dio una pequeña sonrisa. Ese muchacho no podía ser más terco, pero reaccionó como esperaba. Ahora iría a buscar a la miko a proponerle un trato.

Saliendo de la tienda junto con Kadsuki, le indicó que se retirara a descansar y fue en busca de la miko siguiendo su aroma hasta encontrársela en las afueras del campamento. Estaba sentada en una roca mirando las estrellas.

Decidió acercarse cuidadosamente para no asustarla.

(14)

Kagome había salido de la tienda un poco más calmada después de haberle dicho lo que pensaba al inuyoukai.

Ahora se encontraba pensando tranquilamente mientras miraba las estrellas. Algo muy dentro de ella le decía que ya no podría volver con su familia.

Aunque se sentía triste porque ya no los podría ver, no sabía porque no se sentía tan mal como supuestamente debía de ser. Por el contrario, se sentía tranquila sabiendo que se quedaría aquí, como si algo muy dentro de ella le dijera que todo estaría bien y que pertenecía a este lugar.

'No lo comprendo, siento que tengo algo que hacer acá pero no sé qué. También estoy consciente de que no veré más a mi familia'. 'Pero porque no estoy triste?, no entiendo'.

Entre reflexiones sus pensamientos se dirigieron hacia cierto joven inu. 'Él, como es que se llama?. Ah sí. Sesshoumaru'.

'Jamás había visto a un hombre así, es tan hermoso, pero se nota que es muy frío y que nunca muestra sus emociones, y por sobre todas las cosas me he dado cuenta que detesta a los humanos, pero porque?…que lástima..'. Pensaba melancólicamente, cuando fue interrumpida por una voz.

"Kagome sama", escuchó la muchacha, haciendo que se pare tranquilamente y voltee con una sonrisa. No sabía porque, pero ya sabía que se trataba de él, intuición pensó.

No sabía que sus poderes estaban comenzado a florecer.

(15)

"Inu-Taisho sama, que lo trae por aquí", le dijo la muchacha muy educadamente dándole una reverencia.

El taiyoukai simplemente sonrió, sus acciones decían que no necesitaba de ninguna disculpa, así que parándose frente a ella le dijo: "Tengo una proposición para usted".

Kagome lo miró curiosa, una proposición?, la escucharía, que de malo podía ser.

"Adelante, lo escucho".

El inuyoukai sonrió y procedió.

"Como usted ha salvado a mi hijo, es mi deber pagarle de alguna manera..", dijo siendo interrumpido por la muchacha quién puso sus delgadas manos frente a ella.

"No usted no tiene nada que pagarme, yo lo hice porque siempre ayudo a las personas que lo necesitan, no espero nada a cambio", exclamó tratando de hacer entrar en razón al inu quien solo sonrió cálidamente.

Esta mujer era muy generosa, pensó antes de continuar.

"Muy por el contrario Kagome sama, lo que le ofrezco es una especie de trueque". "Le propongo que se quede permanentemente en la casa de la luna, ahí tendrá ropa, abrigo y comida, y será tratada como un huésped muy especial; sin embargo, le pido a cambio que sea la miko del clan de los inus y que reciba el entrenamiento para mejorar sus notorias habilidades".

Era obvio que la sacerdotisa no sabía el poder que guardaba, ya que, se podía sentir que solo actuaba emocionalmente.

Finalmente terminó su propuesta agregando lo siguiente: "Además, usted es una criatura muy hermosa, y estoy seguro que como esta en la edad de conseguirse un buen marido en el palacio y en la corte habrán muchos youkais orgullosos e impacientes por pedir su mano".

Kagome lo escuchó atentamente y se sonrojó un poco al oír la última frase; pero analizando un poco lo que dijo pensó: 'No tengo nada que perder, si ya no puedo regresar a mi hogar lo mejor será hacer una vida acá'. 'No se a que se refiere con mis notorias habilidades, pero si me encantaría entrenar para ser una miko, no veo porque no aceptar. Creó que lo haré', decidiendo en ese momento la respuesta a la propuesta del taiyoukai del oeste.

(16)

El taiyoukai se quedó parado por unos segundos esperando pacientemente la respuesta de la miko, en ese momento la joven habló.

"Esta bien aceptó su propuesta. Iré con ustedes a la casa de la luna y me convertiré en la miko del clan de los inus, pero por favor llámeme simplemente Kagome".

El inu sonrió. "Muy bien Kagome, bienvenida al clan" dijo con una sonrisa. Definitivamente las cosas iban por buen camino, ahora a coordinar la segunda parte de su pequeño plan.

(17)

Kagome recordó que tenía que cambiarle las vendas a su "paciente", así que haciendo una reverencia le dijo al inu: "Gomen ne Inu-Taisho sama, pero debo retirar las vendas de mi paciente. Siendo un Youkai sus heridas ya deben estar casi sanas y personalmente no creo que soporte estar con mi aroma en ellas. Oyasumi nasai".

La muchacha se dirigió hacia la tienda en la que se encontraba Sesshoumaru, dejando a un taiyoukai con una sonrisa en el rostro, caminando también hacia su propia tienda a alistar los preparativos para el viaje de regreso a la caza de la luna. No veía la hora de estar en su castillo.

Caminó muy despacio hacia la tienda decidida a cambiarle las vendas a su paciente. El único, insignificante y pequeño inconveniente ahora era, que él se dejara.