Finalmente había regresado a la tienda más grande de todo el campamento. Muy silenciosamente se acercó y abrió la entrada, permitiendo que sus ojos se ajusten a la oscuridad del lugar.
Una vez que lo logró, bajo la vista y buscó con la mirada al taiyoukai, hasta que pudo observarlo durmiendo tranquilamente.
'Que diferente se ve dormido que despierto. Parece un ángel, se ve tan tranquilo', pensó sonrojándose un poco. 'Bueno, al menos ahora podré aprovechar que se encuentra descansando y así no tendré problemas para sacarle las vendas'.
Prendiendo una lámpara de papel que estaba justo al lado del taiyoukai, procedió a acercarse a él.
Muy cuidadosa de no hacerle daño y obviamente de no despertarlo, abrió su ahori blanco hasta la mitad.
Cuando estuvo a punto de comenzar a sacarle las vendas sus manos fueron rudamente alejadas y sostenidas muy dolorosamente arriba de ella. Al mismo tiempo, un par de penetrantes ojos amarillos como el oro la miraban fríamente sin ninguna emoción pasando por ellos.
En ese instante la muchacha estaba segura que algo estaba perforando las palmas de sus manos.
(1)
Sesshoumaru se encontraba descansando cuando percibió el dulce aroma de la miko acercarse poco a poco a él.
Su aura se iba apoderando poco a poco de todo el lugar, así que decidió no moverse para observar que era lo que haría después, pero cuando la sintió abrir su ahori y preparase para desatar sus vendas, sus instintos entraron en acción y como un reflejo le agarró muy bruscamente las manos, clavando sus peligrosas garras en ellas.
La miró a los ojos, buscando algo que ni él mismo entendía, y al observar más a fondo podía ver como unas pequeñas lágrimas comenzaban a formarse en las esquinas de sus ojos.
Podía darse cuenta a simple vista que se estaba rehusando con todas sus fuerzas a dejarlas caer, pero no se daba cuenta del daño que le estaba causando.
(2)
Kagome lo miró directamente a los ojos. Estaba luchando para no dejar caer las lágrimas que amenazaban con resbalar por su rostro.
Sus manos le estaban doliendo mucho y ya casi no las sentía. Levantando la mirada, podía ver la sangre resbalando desde las perforaciones que le estaba causando el taiyoukai hasta sus muñecas.
'Está bien no es su culpa, no debí haberme acercado a él, los Youkai reaccionan por instinto'. Se dijo a sí misma.
Dio un respiro profundo y se tragó las lágrimas que estaban a punto de caer; con la voz un poco débil y una dulce sonrisa le dijo: "Gomen ne Sesshoumaru sama, no debí haber venido a hacer esto sin su consentimiento, por favor me permite sacarle las vendas para observar como siguen sus heridas?".
Sentía que el agarre en sus manos se iba soltando poco a poco.
(3)
Sesshoumaru no se había percatado del olor a sangre, ya que, estaba muy concentrado observando el rostro de la miko y la forma en que sus labios se movían cuando le hablaba.
Soltando sus manos simplemente hizo un sonido que asemejaba un "Hunh" y giró su cabeza hacia otro lado observando de reojo lo que hacía la miko.
La muchacha sonrió y tomó aquello como un 'adelante'.
A pesar del dolor en sus manos, que estaban un poco adormecidas y con la piel algo pálida, comenzó a retirar muy delicadamente los vendajes, hasta que solo quedaron las gasas que había puesto sobre las heridas para que se cierren más rápido y ninguna clase de microbio o bacteria pudiera acercarse a ellas.
Con una sonrisa dijo en voz alta: "Bueno ahora a deshacerme de esto", y después de eso, con el mismo cuidado con el que retiró los vendajes comenzó a despegar cada gasa de cada una de las heridas del inuyoukai, mientras él solo la miraba intensamente, preguntándose porque era tan cuidadosa con él, porque lo trataba con tanta delicadeza?.
Sesshoumaru fue sacado de sus pensamientos cuando sintió la suave y delicada piel de las manos de la miko acariciar en los lugares donde sabía habían estado sus heridas y ahora solo quedaban unas líneas muy delgadas de color algo rosado que estaban comenzando a desaparecer.
Su toque era como el roce de la seda más costosa y delicada. Era tan suave y tan placentero que tenía que luchar para no ronronear en ese preciso instante. Era como si estuviese acariciándolo ausentemente.
Aunque trató de controlarse recordándose que la que lo estaba tocando era una insignificante humana y nada más, y aunque uso todas sus fuerzas para meterse eso en la cabeza, su toque era tan suave que no pudo evitar cerrar los ojos y dar un suspiro; pero junto con ese suspiro vino el olor a sangre. Ese inconfundible olor metálico.
Pero esta vez era diferente, venía acompañado de un aroma dulce, algo que olía solo a rosas. Aun así estaba seguro que definitivamente se trataba de sangre.
(4)
Cuando giró el rostro para observar a la muchacha, buscó con la mirada de donde venía aquel olor y sus ojos se posaron sobre sus manos.
En sus delicadas y blancas manos había cuatro perforaciones. Se veía que había salido una buena cantidad de sangre, ya que, el camino que esta había dejado, se extendía casi hasta sus codos, pero como llevaba su ropa remangada no logró manchar la vestimenta blanca que llevaba puesta.
Al retornar su mirada a las perforaciones, pudo observar también que alrededor, la delicada piel estaba comenzando a tornarse de un color morado y el comienzo de sus dedos estaba un poco rasguñado.
En ese instante recordó lo que le había hecho sin pensar y esta vez posó su mirada sobre sus manos y en sus garras observó la sangre de la miko.
Era por eso que en sus ojos se estaban formando lágrimas cuando la estaba sosteniendo.
Le había hecho daño sin percatarse, pero ella se negaba a llorar y no entendía porque. Por qué la muchacha no le dijo nada si le estaba haciendo daño?.
A la mente del inuyoukai llegó un sentimiento que no había tenido en muchos años. Es más, era el primer sentimiento que había tenido desde hace años, algo que hacía que su pecho se oprima un poco. 'Culpa', pero por qué?. Por qué sentiría culpa por haberle hecho eso a una simple mujer?.
Entre tanto cuestionamiento se le vino a la cabeza lo que le había dicho Kadsuki. La manera en la que lo había cuidado y la manera en que ahora se encargaba de observar el progreso de sus heridas.
Un poco confundido la continuó observando, decidiendo que hacer mientras observaba su sonrisa al tiempo que ella le estaba hablando.
(5)
Kagome no podía comprender como la piel de este Youkai podía ser tan perfecta y suave. Sus heridas eran prácticamente inexistentes y eso la hacía muy feliz.
'Por qué si a penas lo conozco?. Definitivamente algo extraño está pasando conmigo desde que llegué a este lugar', pensó.
Con una sonrisa en el rostro miró al taiyoukai y le dijo: "Al parecer ya no hay necesidad de que le eche nada. Las heridas ya casi han cerrado completamente y no dejarán cicatriz", culminó, poniendo sus manos sobre sus piernas, cerrando un poco los ojos por el dolor. A decir verdad se había olvidado, pero ahora que sintió el hincón sobre la parte superior de sus manos recordó que estaban heridas.
Sesshoumaru sin pensar lo que hacía, cogió lo más suavemente posible las manos de la miko e instintivamente ella las retrajo ya que no soportaba ni que las tocaran.
Obersvó en el rostro inexpresivo del inuyoukai que por primera vez sus ojos le decían algo, pero fue una emoción que solamente duró unos segundos, así que inmediatamente la muchacha pensó: 'Seguramente lo imaginé'.
Fue en ese momento cuando por primera vez lo escuchó dirigirse a ella. Fue ahí el comienzo de algo que los cambiaría drásticamente a los dos y que tomaría mucho tiempo, de algo que ninguno de los dos se imaginaba.
(6)
"Yo te hice eso?", le preguntó el inu en un tono monótono. Tratando de esconder a toda costa la culpa que sentía por haberle causado ese dolor a tan hermosa criatura.
La joven miko se sonrojó un poco y con algunas lágrimas resbalando por su rostro debido el pequeño pero profundo dolor que acababa de sentir le respondió: "Ehhh, no se preocupe Sesshoumaru sama, fue un accidente, yo no debí haberme acercado a usted sin antes haberle informado de mi presencia. Gomen ne", terminó aún un poco sonrojada.
Ahora sí el inuyoukai estaba confundido y kami sabía que lo estaba admitiendo. Como podía ser posible que la muchacha le pida disculpas por algo que obviamente él había hecho y por lo que él tenía que excusarse.
Sin embargo, él era el gran Sesshoumaru y jamás se rebajaría a pedirle perdón a nadie, ni a su propio padre.
Convenciendo a su propia conciencia de que lo que haría lo haría porque estaba en deuda con ella, cogió suavemente sus manos y las observó detenidamente.
'Este Sesshoumaru esta haciendo esto porque esta en deuda con la mujer por haberme salvado la vida y nada más. No hay otra razón por la cual vaya a curarle las heridas', se repitió mil veces a sí mismo, aunque algo en lo más hondo de su mente le decía que había algo más, que lo estaba haciendo por algo más.
Siendo el testarudo príncipe que es, dejó esa pequeña voz a un lado, efectivamente callándola y concentrándose en las manos de la muchacha.
(7)
Kagome se quedó un poco confundida. De un momento a otro había vuelto a tomar sus manos y ahora las estaba observando como si fueran algún artefacto extraño.
"Sesshoumaru sama?", exclamó con un poco de duda en el tono de su voz; no tenía ni la menor idea de lo que estaba haciendo el taiyoukai.
Sesshoumaru subió la mirada y la observó a los ojos. "No te muevas", fue lo único que le dijo mientras se cerraba el ahori que llevaba puesto y se paraba.
"Dime donde tienes más de estas vendas".
La muchacha levantó una ceja. 'vaya es la oración más larga que le he escuchado decir'.
"Están en esa bolsa amarilla que se encuentra en la esquina de la mesa", le respondió, acariciándose suavemente las heridas. Le estaban doliendo mucho, hasta hacer eso le dolía.
'Genial lo más seguro es que no pueda mover las manos durante días'.
(8)
Sesshoumaru se acercó a la extraña bolsa amarilla y la abrió. Comenzó a buscar. Como el era un inuyoukai, tenía visión nocturna, así que podía distinguir perfectamente entre los objetos que habían en la bolsa. El único problema era que él no sabía que eran ni que contenían todos los envases que estaban ahí dentro, además de unas extrañas prendas. Definitivamente esa mujer era un enigma.
Cuando por fin encontró lo que buscaba, decidió que después le preguntaría para que servían cada una de esas cosas y lo más importante, que eran; así que con lo que fue a buscar en mano, se sentó estilo indio frente a la muchacha y atrajo hacia él el pequeño recipiente de agua que había llenado previamente, cogiendo nuevamente las manos de la muchacha y estudiándolas por un momento.
Sus manos se habían puesto un poco pálidas y otra vez ese indeseable sentimiento vino hacia él. Como detestaba sentir algo así.
Poniendo aquella sensación a un lado, remojó una gasa en el agua fría y la puso sobre las manos de la muchacha.
Al sentir el contacto, Kagome dio un pequeño salto debido a que sus manos no estaba en buenas condiciones, y eso le daba mucho coraje ya que significaba que no se podría valer por sí misma.
"Chikuso", dijo la muchacha muy bajito. Le enervaba su situación, y para variar, al seguir moviéndolas aun estando heridas solo logró entumecerlas e hincharlas más.
Sesshoumaru escuchó el pequeño murmullo de la muchacha y levantó una ceja. Quien diría que una mujer de apariencia tan refinada podría decir esas cosas.
'Refinada?, en qué demonios estoy pensando', se reprendió a sí mismo mientras limpiaba cuidadosamente el borde de cada una de las perforaciones en las manos de la joven miko.
Al ver la ceja levantada del taiyoukai la muchacha se sonrojó mucho. Como se pudo haber olvidado de que estos seres tenían tan buen oído.
Decidiendo que no sería nada bueno avergonzarse más, se dedicó a observar fijamente al inuyoukai mientras se hacía cargo de curar sus heridas.
(9)
El inuyoukai por fin había acabado de limpiar sus heridas y antes de hacer la parte más difícil comenzó a reflexionar.
'Mi saliva solo podrá cauterizar y hacer que cicatricen más rápido, pero definitivamente va a tener las manos inutilizadas por lo menos por una semana y media, pero este Sesshoumaru piensa que es mejor que nada'.
"Mujer escúchame". Le dijo el inuyoukai. Él sabía que se llamaba Kagome, pero después de la reacción que tuvo con su padre simplemente quería saber cómo reaccionaría con él al no llamarla por su nombre, la curiosidad lo mataba.
Ese era el único defecto que no pudo eliminar y que lo acompañó desde pequeño, la curiosidad.
Kagome ya estaba perdiendo la paciencia y sin darse cuenta lo que se supone que estaba pensando lo dijo en voz alta.
"Que demonios se creen estos hombres, bueno youkais egocéntricos, mal educados, irrespetuosos, testarudos, tercos con delirios de grandeza. ES TAN DIFICL PRONUNCIAR UN NOMBRE!". "Es tan complicado decir KA – GO – ME?, no creo que no".
"Pero noooooo!, ellos no lo van a decir jamás. Porque es un pecado llamar a una mujer por su nombre".
"Simplemente es inaudito. Kami sama porque, primero tuve que hacer entender al padre y ahora me mandas al hijo. Es que acaso no me pueden llamar por mi nombre, no creo que sea tan difícil. Según yo, SESSHOUMARU es más difícil de pronunciar que Kagome".
"Pero bueno, simplemente es un delito llamarme por mi nombre", culminó con un suspiro, para luego hacer un puchero y mirar hacia otro lado, sin darse cuenta aún que todo lo que había dicho, lo había dicho en voz alta.
(10)
Sesshoumaru se quedó estático escuchando a la muchacha desahogarse.
Honestamente pensaba todo eso?. No sabía si reírse o sentirse ofendido; reírse?, bueno, claro, nunca lo haría pero la verdad es que su pequeño discurso, sin mencionar la histeria por la que estaba pasando al decirlo eran bastante cómicos. Decidió divertirse un rato.
"No me parece tan complicado decir KA – GO –ME. Aunque mi propio nombre probaría ser un reto para este SE-SSHOU-MA-RU", dijo el taiyoukai con voz inexpresiva, pero asegurándose de enfatizar cada una de las sílabas de cada nombre mientras esperaba ver la reacción que tendría la muchacha.
Como lo supuso, Kagome se congeló por unos instantes y volteó la cabeza para ver al taiyoukai quien ahora tenía una ceja levantada y en los ojos se le podía ver que se estaba divirtiendo mucho.
'No puede ser que lo haya dicho todo en voz alta', pensó la muchacha sonrojándose como loca. Se volteó un poco y le dio una pequeña mirada al taiyoukai.
'Si lo dije todo en voz alta'. Pensó con un suspiro y agachó la cabeza para luego levantarla y mirarlo directamente a los ojos, esta vez un poco molesta. "Gomen ne Sesshoumaru sama, pero la verdad es que a mí me gusta que me llamen por mi nombre. Por algo me lo pusieron cuando era pequeña", le dijo haciendo un puchero nuevamente.
(11)
El inuyoukai se quedó un poco mareado. Era increíble la facilidad con la que cambiaba de emociones esta mujer.
Primero estaba triste, luego feliz, después era muy gentil, luego se avergonzaba y finalmente le daba un ataque de histeria para después volverse a avergonzar y como final decirle en su cara todo lo que pensaba, completamente ofuscada.
Le molestaba darse cuenta que poco a poco estaba queriendo saber más de aquella mujer.
En ese momento observó el puchero que hizo. Parecía un pequeño cachorro testarudo, que sabía que estaba haciendo mal pero aun así continuaba. Se veía muy dulce con sus suaves mejillas un poco infladas.
'Dulce?, desde cuando este Sesshoumaru piensa que algo es dulce. Ciertamente la cercanía de esta miko me esta haciendo mucho daño'.
Saliendo de sus pensamientos decidió que ya bastaba de juegos y que lo mejor era terminar con la curación de las manos de la miko.
"Kagome, voy a tener que lamer tus heridas para que cierren más rápido. La saliva de los inuyoukais es curativa y eso ayudara a que las heridas cicatricen más rápido y solo tengas unos días con las manos inhabilitadas", dijo muy calmado, esperando por una respuesta.
Kagome se quedó estática por enésima vez y sin poder reaccionar por dos cosas. Una era que por primera vez le escuchaba llamarla por su nombre sin ninguna señal de sarcasmo y la otra era por lo de lamer sus heridas.
De qué estaba hablando?, es que acaso estaba loco, como demonios iba a… pero fue sacada de sus pensamientos por la sensación que le trajo la suave pero algo áspera lengua del taiyoukai sobre sus manos.
(12)
Al principio fue algo doloroso, le ardía; pero luego sintió algo en su estómago, una sensación que nunca había tenido antes, como pequeñas mariposas revoloteando por un vacío muy grande. Pudo sentir como la temperatura subía a sus mejillas y bajaba hacia otros lugares a los que decidió no prestar mucha atención.
Se sentía tan bien, casi podía asegurar que el fuerte dolor que tenía ya se estaba calmando.
Sin darse cuenta dio un suspiro y cerro los ojos; la coincidencia era tanta que hace unas cuantas horas el taiyoukai había hecho lo mismo cuando ella acariciaba las pequeñas e insignificantes cicatrices que habían quedado en su cuerpo.
Sesshoumaru sintió la necesidad de ronronear nuevamente ante el sabor de los restos de su sangre, era el más dulce néctar que había probado en toda su vida. Era una fusión de miel con algo de frutas, obviamente mezclada con el sabor metálico característico de todo líquido vital; pero la suya era diferente, como podía ser que la sangre de alguien supiera tan bien.
Tenía que contener a su Youkai interior, ya que, podía sentir como sus ojos se estaban tiñendo poco a poco de un color rojo.
Al parecer a su inu interno le había gustado mucho el sabor de la joven miko y quería más. Pero él no lo dejaría, su control era algo de lo que estaba orgulloso.
Apresurándose para no perder la compostura, dejo las manos de la muchacha y procedió a vendarlas experta y cuidadosamente, como si fueran un par de guantes muy pegados.
(13)
Kagome un poco avergonzada y sonrojada miro con sus grandes ojos marrones y brillantes al taiyoukai.
"Arigatou", le dijo con una sonrisa, mientras dirigía su mirada a sus manos. Habían quedado muy bien vendadas, no sabía que un Youkai fuera tan bueno en ese tipo de cosas pero bueno, de todas formas no importaba. El problema ahora sería levantarse.
Como demonios se iba a levantar del piso sin poder apoyarse en sus manos.
'Genial simplemente genial', murmuró mentalmente, mientras ideaba una manera de cómo moverse de ahí.
El taiyoukai pudo adivinar que la muchacha no sabía que hacer para pararse. Eso significaría apoyarse en sus manos y aquello no sería nada bueno, pero no podía evitar tener que molestarla, le estaba comenzando a gustar ese fuego que en sus ojos cada vez que estaba de mal humor.
'Toda una pequeña fiera', pensó sin darse cuenta. Era algo adictivo, ya que se podían ver las chispas desprenderse de su aura cada vez que se molestaba.
Parándose la miro hacia abajo y con una sonrisa algo malévola le dijo: "Y bien, cómo te piensas parar?". La observó a los ojos pensando que no haría nada.
Kagome podía ver a través de sus ojos como era que se estaba burlando de ella. Pues si creía que no se iba a parar de ahí estaba muy equivocado.
Apoyando sus manos en el lugar donde estaba sentada y tragándose el dolor de la presión que estaba ejerciendo sobre ellas, comenzó a elevarse del suelo poco a poco.
Cuando estaba a punto de lograrlo fue detenida por dos fuertes brazos que la cogieron de los hombros y la mantuvieron en su lugar.
(14)
Sesshoumaru observó como la muchacha se estaba tratando de levantar poco a poco y vio que sus vendas comenzaban a ponerse de color rosado. A ese paso iba a terminar abriéndose las heridas.
No pensó que se lo iba a tomar en serio, pero para ser una mujer humana era bastante testaruda.
"Quédate quieta, solo fue una broma".
En ese instante, fuera de su exasperación, Kagome recordó que de todas formas tenía que salir de ahí. Tenía que encontrar un lugar donde dormir.
"Ehhh, este… Sesshoumaru sama, el problema es que de todas formas no me puedo quedar acá. Tengo que buscar un lugar donde dormir. Los días anteriores solamente había estado durmiendo en una silla".
"Y ahora que lo pienso", suspiró, "no tengo ni la menor idea donde voy a dormir". Le dijo con rostro pensativa para después reírse. Era cierto, no tenía donde dormir.
El inuyoukai la observó reírse ante su predicamento. Como podía ser que siempre estuviera de tan buen semblante, bueno cuando no la molestabas, pensó con un poco de humor.
Acababa de decidido, era por eso que le interesaba esa mujer, porque le parecía muy extraña, así que solamente la conservaría hasta satisfacer su curiosidad sobre ella. Una vez que lo hubiese hecho se desharía de ella; o al menos esa fue la excusa que se puso.
(15)
Levantándola en sus brazos la puso a un lado del camastro en el que se encontraba descansando anteriormente y apago la lámpara que estaba al lado, echándose y dándole la espalda.
"Duerme", fue lo único que le dijo y subió las mantas que tenía. Podía sentir el aire frío que estaba comenzando a llegar. En cualquier momento comenzaría a nevar, y eso significaba que el invierno estaba a unas pocas horas de aquí.
La muchacha se quedó sorprendida y abrazando las cobijas que ahora estaba sobre ella se arrinconó tratando de alejarse un poco del taiyoukai.
Le resultaba muy embarazoso estar en esa posición con alguien que apenas conocía, pero no podía evitar pensar que después de todo aquel frío e inalcanzable ser si debía tener su lado bueno, sino porque la curo y porque le permitió dormir ahí.
Podría ser que esta situación no terminara tan mal después de todo. Pensando en eso la muchacha fue cerrando los ojos y se fue quedando poco a poco dormida con la imagen de cierto taiyoukai que se encontraba dormitando a su lado.
(16)
Inu-Taisho podía dormir, así que había decidido dar una vuelta por el campamento y avisar a todos que mañana partirían.
Cuando fue finalmente a avisarle a su primogénito que mañana partirían de vuelta a la casa de la luna escuchó voces viniendo de la tienda y oculto su aroma y su presencia para poder observar.
Al abrir un poco la entrada de la tienda, se dio con la miko siendo fuertemente sostenida por su hijo.
Desde allí se quedó observando todo hasta que su testarudo hijo cargó a la muchacha y la puso en una esquina del camastro asegurándose de estar bien lejos de ella. Definitivamente estos dos eran el uno para el otro, un par de tercos y testarudos.
No podía evitar que una sonrisa se cruzara por su rostro.
Sin darse cuenta su hijo se había portado de manera muy diferente con esa joven miko, y eso tomando en cuenta de que él aún no se había percatado de que la muchacha no era humana.
Al parecer la hermosa joven estaba en las mismas condiciones que Sesshoumaru ya que sin saber estaba comenzando a desarrollar algunas sensaciones hacia él.
Pero por como iban las cosas, pasaría mucho tiempo antes de que los dos se dieran cuenta y la verdadera acción comience, así que el taiyoukai cerró la puerta y dio un suspiro, lo mejor sería dejarlo así, que las cosas fluyeran solas, tal vez el daría un pequeño empujoncito pero nada más, bien dicen que las cosas buenas son las que más se hacer esperar.
Con eso el padre de Sesshoumaru, gobernante de las tierras del oeste, regresó a su tienda para descansar.
El viaje de mañana probaría ser uno muy entretenido y cansado.
