El hijo de Inu-Taisho había encontrado bastante divertida la discusión con la miko, pero justo cuando estaba a punto de darle aquel pequeño y brillante objeto sintió como la respiración de la muchacha se hizo más lenta y calmada.
'Se quedó dormida', pensó el joven Youkai mirando sin que nadie se diera cuenta por arriba de su hombro al rostro de la mujer llamada Kagome, quien ahora descansaba con una sonrisa sobre su hombro derecho, más específicamente sobre su cola.
Por unos instantes sintió como los dos extremos de su boca estaban a punto de torcerse en una sonrisa al ver a la muchacha durmiendo tan despreocupada y feliz sobre, bueno prácticamente sobre él.
Era la primera vez que alguien mostraba tanta confianza al estar a su lado; pero se abstuvo de hacerlo y con su rostro tan serio como siempre dio medio giro e hizo parar a todo su ejército.
"A partir de acá ustedes viajaran solos. Por la posición del sol puedo ver que ya estamos en la mitad del día así que los espero en las puertas del castillo para el atardecer, yo me adelantaré para alcanzar a mi padre".
Fue lo único que el inuyoukai dijo preparando su esfera que era del mismo color del látigo venenoso que desprendían sus garras.
La esfera de energía los envolvió a él y a la frágil miko, y después de unos momentos desaparecieron en el aire, escuchándose un unísono de voces diciendo "hai Sesshoumaru sama", detrás de él.
Los soldados del ejército al ver a su líder hablarles tan seriamente con una miko en su espalda no sabían si reírse o clamarse completamente locos.
Definitivamente las cosas habían cambiado desde que la bella humana apreció, pero nadie hubiera creído que cambiarían para tanto.
(1)
Si en esa época hubieran existido los relojes, tres horas exactamente fue lo que el joven inuyoukai se demoró en llegar a su hogar por los aires.
Desde donde se encontraba ya podía ver el gran castillo estilo japonés antiguo con un vasto jardín y un gran lago en el centro.
A decir verdad su hogar era la casa más grande de todos los puntos cardinales, era inmensa y antes de llegar se podían ver las murallas que ocupaban el territorio del oeste, mejor dicho, que lo encerraban, y dentro de ellas habían aldeas humanas, de las que su padre era responsable, ya que, lo que fuere que habitara aquella tierra, sean seres vegetales, animales, youkais o humanos le pertenecía al gobernante de la casa de la luna, y cuando su padre pereciera, o decidiera dejar su título, le pertenecerían a él.
El taiyoukai aterrizó suavemente sobre el pasto, caminando lentamente hacia el portón del castillo.
Algo que mantenía su mente entretenida era qué pensaría la muchacha al observar el lugar donde viviría el resto de sus días, o al menos el tiempo que pase sirviéndolos. Se preguntaba si le gustaría.
'Que me puede importar a mi lo que le guste a una humana o no… kuso, debo alejarme de ella', pensó, reprendiendo como siempre los libres pensamientos que afloraban cada vez que se imaginaba a la muchacha que ahora se encontraba en su espalda.
La verdad el mismo tenía que admitir que sería imposible alejarse de ella, ya que ahora vivirían en el mismo lugar, pero seguramente algo podría hacer al respecto verdad?.
Sacudiendo su cabeza un poco para liberarse de tan molestos pensamientos que ya estaban comenzando a formarle un fuerte dolor en las sienes, se dio cuenta de que estaba parado frente a la puerta y los guardias que la resguardaban le hicieron una reverencia posando sus ojos sobre la humana que iba en la espalda de su líder al igual que hicieron los soldados de su ejército.
"Konnichiwa Sesshoumaru sama", le dijeron, y el solo asintió entrando por el portón ya abierto de su castillo.
Estaba caminando por el pequeño sendero que había, cuando sintió a la miko comenzar a despertarse.
(2)
Kagome se sentía muy bien. Podía decir que había estado durmiendo un buen rato y ya se sentía aliviada del cansancio que tenía.
Abriendo los ojos subió un poco la cabeza y un respiro se quedó atrapado en sus labios. Frente a ella estaba el castillo más grande y hermoso que había visto en su vida.
Sus ojos comenzaron a brillar con anticipación, y se soltó del inuyoukai para frotarse los ojos y probarse a sí misma que no estaba soñando.
No podía creer lo que sus pupilas estaban percibiendo. Frente a ella estaba la casa de la luna, en sus clases de historia tuvo un tema completo sobre esa construcción, la pieza de arte más hermosa de todo Japón, recordó que su profesor dijo.
Como había soñado despierta con ese castillo y ahora estaba ahí frente a ella.
Olvidándose completamente de la persona que la estaba llevando, se bajó de un salto de la espalda del taiyoukai y de los fuertes brazos que la sostenían y corrió como una niña pequeña hasta la entrada del gran castillo mirando con unos grandes ojos brillantes cada uno de los detalles en la arquitectura y el diseño de tan imponente estructura.
(3)
Sesshoumaru sintió a la joven bajarse de él, y en menos de un parpadeo ya estaba parada frente a la puerta de su hogar observándolo con gran interés.
Con la gracia que lo caracterizaba desapareció más rápido de lo que la vista de un ser humano podía percibir y apareció al costado de la muchacha quien ni siquiera se percató de su presencia ya que estaba muy entretenida observando su castillo.
Aquello lo irritaba, como era posible que alguien no se diera cuenta de que él estaba ahí, y menos una mujer, ellas eran las primeras en quedársele mirando siempre.
Aclarando su garganta logró obtener la atención de la muchacha.
Al sentir un sonido Kagome volteó el rostro y observó al inuyoukai parado a su lado.
"Gomen Sesshoumaru sama", le dijo dándole una pequeña sonrisa, para luego terminar lo que estaba diciendo. "No sabía que estaba ahí".
El inuyoukai solo levantó una ceja. Como que no sabía que estaba ahí?, tan desconcentrada era o es que por el contrario estaba demasiado concentrada en observar su castillo.
"Veo que te agrada la casa de la luna", le respondió esperando una respuesta de parte de la muchacha.
"Hai, me gusta mucho", le aclaró la miko con una de sus hermosas sonrisas en el rostro, que hizo que una ola de orgullo pasara por el taiyoukai ante la absoluta adoración que tenía la muchacha por el lugar donde vivía, lo hacía sentir muy bien.
'Nani?, sentir bien?', se preguntó a si mismo, decidiendo dejar eso al lado ya que a su parecer era algo extraño que estar parado en la puerta de su hogar sin pasar, además podía sentir la mirada de los guardias sobre él, así que abriendo la gran puerta que estaba frente a él le señaló a la muchacha que pasara.
"Puedes entrar", le dijo y Kagome hizo como le ordenaron, quedándose igual de sorprendida con el interior. Era muy lujoso y lo único que podía hacer era dar una gran sonrisa ante la visión que ocupaba sus ojos.
El inuyoukai a su lado estaba a punto de decirle algo cuando fue interrumpido por su padre.
(4)
"Veo que llegaron", dijo el gran taiyoukai con una sonrisa en el rostro.
Sesshoumaru solamente hizo un sonido que asemejaba un "humph", mientras que Kagome le devolvió la sonrisa al taiyoukai y le dijo: "hai Inu-Taisho sama", sonriendo.
El taiyoukai palmeo sus manos y una joven inu apareció a su lado. Se podía ver que era una Youkai simple, con un kimono color blanco y un mandil gris, su cabello era largo y negro.
"Yukina", llamó el taiyoukai y la mujer le hizo una reverencia.
"Kagome ella será tu ayudante de ahora en adelante".
La miko le sonrió a la joven Youkai, recibiendo otra sonrisa como respuesta.
"Ahora Yukina quiero que lleves a Kagome al lugar donde dormirá y la atiendas en todo lo que necesite", la inu asintió y se dirigió a la joven miko, "por aquí por favor Kagome sama". La muchacha solo le volvió a sonreír y con eso las dos desaparecieron en los bastos corredores.
Al ver desaparecer a la muchacha junto a su nueva ayudante Inu-Taisho volteo a ver a su joven hijo, pero para su sorpresa él también había desaparecido.
Una sonrisa escapó sus labios, seguramente sabía que lo primero que haría sería molestarlo. Bueno, lo guardaría para la hora de la cena.
(5)
Sesshoumaru dio un suspiro una vez que alcanzó sus aposentos.
Estaba completamente seguro de que si se quedaba más tiempo ahí su padre le diría algo extraño que lo sacaría de quicio, y la verdad no tenía ganas. Ahora lo único que quería era darse un buen baño, así que a eso se dirigió, sacándose su armadura y sus ropas.
Decidió relajarse por un buen rato, o al menos hasta que fuera la hora de la cena, así que metiéndose a sus aguas termales privadas, dio un suspiro de alivio y cerró los ojos, dejando que las calientes aguas aflojaran sus tensos músculos.
(6)
Kagome siguió a la joven inuyoukai por unos cuantos pasillos hasta que llegaron a una puerta, la cual abrió dejando pasar a una impresionada miko, para luego la cerrarla detrás de ella.
"Este será su dormitorio mi señora, por todo el tiempo que se quede en la casa de la luna, y por lo que nos dijo Inu-Taisho sama va ser un muy largo tiempo", culminó la joven sirviente con una pequeña sonrisa.
La miko no entendió la última parte, así que no le prestó mucha atención.
El dormitorio era bellísimo y muy lujoso, no podía creer que ella dormiría en un lugar así, pero decidió explorarlo más tarde, lo más importante ahora era un buen baño.
"Disculpa Yukina, donde podría tomar un baño", le dijo a la sirviente y ella sonrió. Al parecer aquella miko humana era una persona muy linda.
A Yukina como a gran cantidad de los Youkais no les gustaban los humanos, pero definitivamente esta hermosa mujer era la excepción, hasta se alegraba de haber sido elegida como su ayudante.
Por su aura se notaba que era una mujer amorosa, inocente y muy leal. Definitivamente había hecho bien en ofrecerse como ayudante para la huésped de Inu-Taisho sama.
"Por supuesto mi señora, déjeme acompañarla a las aguas termales".
Kagome estaba a punto de ir tras ella pero se acordó de algo. "Ano..Yukina chan, te podría pedir un favor?", dijo la miko, haciendo parar a la inu donde estaba.
"Hai mi señora, lo que usted desee".
En ese momento la miko sonrió, "podrías llamarme Kagome por favor, es que no estoy acostumbrada a que me llamen de esa manera. Me gustaría que nos tratáramos de tú".
La inu suprimió una sonrisa, si que esta joven era muy dulce, así que asintiendo la llevó con ella hacia las aguas termales que se encontraban en su dormitorio al igual que en el de Sesshoumaru.
"Está bien Kagome, pero frente a los señores deberé llamarte por el título anterior ya que no es correcto esta bien?", la miko dio un suspiro y volvió a sonreír. "Está bien".
Así las dos mujeres entraron a las aguas termales y cuando la Inu estaba ayudando a la muchacha a desvestirse se dio cuenta de las manos vendadas de Kagome.
"Kagome chan que le sucedió en las manos?", preguntó algo preocupada.
La muchacha solo las miró, se había olvidado por completo ya que ya habían dejado de doler.
"Tuve un pequeño accidente, pero nada grave", le respondió la miko.
Yukina tomo las manos de su señora y comenzó a deshacer los vendajes, hasta que pudo observarlas. Sobre ellas solo habían unas pequeñas sombras de color morado, casi rojizo, señalando la intensidad del golpe.
Cuando Kagome se observó detenidamente las manos por poco y no se cae al agua.
"Pero cómo es posible?, no se suponía que tardarían en sanar una semana?", se preguntó a si misma sin darse cuenta de que lo había hecho en voz alta.
Yukina la observo un poco confundida, pero decidió dejar ir el tema. "Disfrute su baño Kagome chan, dentro de un rato vendré, debo ir a traer los kimonos que usted usará", le dijo, saliendo del baño con dirección al ala donde se encontraban guardadas las cosas de la madre de su joven señor Sesshoumaru.
(7)
Kagome dio un suspiro y miró a su alrededor, encontrando una especie de sales de baño, algo que parecían ser jabones, y unas botellas de vidrio las cuales abrió. Olían muy bien.
"Supongo que eso tendrá que ser Shampoo", se dijo con una sonrisa, y comenzó con su aseo.
Lavó primero muy cuidadosamente su largo cabello. Desde los ocho años no se lo cortaba, y ahora había llegado a sobre pasar sus caderas.
Una vez que terminó con eso procedió a asear su cuerpo y cuando finalizó se relajó un momento más en las aguas termales esperando el retorno de Yukina, sin darse cuenta que se había pasado un poco más de dos horas en el proceso.
Después de unos cuantos minutos Yukina apreció frente a ella pasándole unas toallas, y una vez envuelta en ellas salieron del cuarto de baño.
Se sentó en la cama estirándose un poco, mientras Yukina abría un gran closet de madera ganando su atención.
"Aquí está la ropa que Inu Taisho sama mandó traer para usted. Esta ropa le perteneció a la madre de Sesshoumaru sama".
La miko no podía creer lo que veía y lo que se acercó a tocar. Había una cantidad inimaginable de hermosos kimonos de distintos diseños, unos clásicos, otros que parecían ropas de sacerdotisa, unos algo extraños, tantas cosas hermosas y por lo que tocó eran de las telas más finas.
En ese instante lo que dijo Yukina se repitió en su cabeza. 'Esta ropa le perteneció a la madre de Sesshoumaru sama'.
No podía aceptarlos, era demasiado. Qué pensaría Sesshoumaru al verla con la ropa de su madre, además eran cosas muy finas para ella. No definitivamente no, era demasiado.
"Gomen nasai Yukina chan pero dile Inu-Taisho sama que no puedo aceptarlos. Es demasiado para mi, no me lo merezco, además no es correcto".
La inu solo sonrió, su señor le había advertido de eso.
"Kagome chan, Inu-Taisho sama me dijo que si es posible te obligue a usarlos. Dice que son un regalo para ti y que si no los aceptas estarás ofendiéndolo".
La muchacha resignada dio un suspiro. "No estoy segura…"
(8)
Después de mucho pelear con ella Yukina logró que eligiera uno, y le ayudó a ponérselo. No podía creer lo bien que le quedaba. Era exactamente la misma talla que su antigua señora.
'Sorprendente', pensó la Youkai, una extraña coincidencia quizás.
Después de haberla arreglado soltó su cabello de la toalla y comenzó a secarlo para después escarmenarlo con una de las peinetas que se encontraban en la cómoda que era el juego del armario y se encontraba al frente de la silla en la que Kagome estaba sentada.
Una vez que terminó de escarmenarlo lo amarró en un moño a la altura de la nuca con un poco de trabajo, ya que el sedoso cabello de la miko era mucho más largo que el de ella.
Dejó dos delgados mechones de cabello a los lados y sonrió ante su trabajo. La mujer era endemoniadamente hermosa, pero con un kimono su apariencia mejoraba considerablemente. No había palabras para describir lo bien que se veía. Sus señores estarían muy complacidos, especialmente el más joven.
"Listo Kagome chan", dijo la muchacha mirando hacia la gran ventana, observando que el sol ya se había puesto, sin darse cuenta que la miko miraba hacia el mismo lado.
"Vaya si que nos tomamos nuestro tiempo ne Yukina chan?", dijo Kagome mientras se reía.
La inu solo asintió, y le ayudó a pararse. "Ven conmigo, ahora tenemos que ir al comedor. Los señores te esperan para cenar".
Diciendo eso, la inu salió de cuarto con una nerviosa Kagome a su lado.
"No te preocupes Kagome chan, vas a ver que todo resultará muy bien", le dijo y la miko asintió caminando junto con su nueva amiga hacia el comedor donde la esperaban.
(9)
Sesshoumaru se encontraba sentado a la derecha de su padre en la gran mesa en el salón del castillo.
Su padre se sentaba en el comienzo de la mesa por ser la cabeza del clan, y estaba leyendo unos pergaminos que le habían traído sobre el progreso de las tierras, mientras él, como era su deber, hacía lo mismo con otro poco de ellos ayudándolo, ya que no podían comer hasta que la joven miko apareciera, y a él no le gustaba nada esperar.
Como caída del cielo Yukina abrió la puerta y se paró a un costado.
"Mis señores, aquí les traigo a Kagome sama".
Al escuchar el nombre de la muchacha los dos inus dejaron lo que estaban haciendo para poner toda su atención en la puerta por la que una sonrojada Kagome entró, dejando a uno de los inus con una sonrisa cálida en el rostro, como observando a una de sus hijas y a otro con la boca proverbialmente abierta.
El joven inuyoukai no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Definitivamente una cosa era verla con las ropas de una miko y otra con un hermoso kimono.
Se veía muy hermosa, aunque prefería su cabello suelto, pero de todos modos.
Llevaba un hermoso kimono azul oscuro con diseños de pétalos y flores de sakura danzando por toda la vestimenta y un obi del color del atardecer con algunas flores de otoño a su alrededor.
Podía percibir su olor, era demasiado para él, parecía un ángel.
En ese momento se dio cuenta de la ropa que llevaba.
'Esa ropa es de mi madre', se dijo incrédulo, y aunque al principio le molestó un poco, se admitió a si mismo que le quedaba perfectamente, y hasta mejor que a su querida madre.
Estaba preciosa y no podía dejar de repetirlo. Jamás había visto a una Youkai verse tan radiante como ella, pero fue sacado de sus pensamientos por la voz de su padre.
(10)
"Kagome, te vez muy bonita, por favor ven siéntate con nosotros", le dijo con una sonrisa.
La muchacha un poco nerviosa se acercó a la mesa y esperó que uno de los sirvientes jalara la silla para que ella se sentara, y una vez hecho eso se sentó.
Nadie dijo ni una sola palabra mientras sirvieron los alimentos y las tres personas, bueno dos Youkais y una miko comieron en silencio.
Cuando se llevaron los platos Inu-Taisho decidió hablar.
"Veo que las ropas que te obsequié te quedaron muy bien Kagome", le dijo el inu con una sonrisa.
La muchacha solo se sonrojó un poco. "Domo arigatou Inu-Taisho, pero creo que no me lo merecía", le respondió mientras Sesshoumaru escuchaba atento.
Eso quería decir que ella no quería las ropas y que su padre se las había regalado. La verdad era que ya no le importaba, al menos una buena persona estaría usando las ropas de su madre.
"Tonterías", dijo con una sonrisa, ahora era el momento.
"Y Sesshoumaru, como crees que se ve Kagome chan", le dijo a su hijo.
El joven inuyoukai sólo levantó una ceja, si creía que esta vez caería estaba completamente loco.
Muy bien lo aceptaría, la muchacha se veía muy hermosa, pero jamás, jamás diría eso en voz alta, primero muerto y sepultado que hacerle un cumplido a un humano y mucho menos para la diversión de su padre.
Sin querer lo siguiente fue dicho por su orgullo, lo cual hizo que luego se arrepintiera.
(11)
Kagome al escuchar la pregunta de Inu-Taisho no podía dejar de sentir ansias por lo que diría Sesshoumaru. Quería saber si no estaba molesto porque estaba usando la ropa de su madre, pero lo más importante de todo, quería saber si al menos la consideraba bonita. Así que lo miró con sus hermosos y brillantes ojos marrones esperando una respuesta.
El inuyoukai la miró con esos ojos frígidos con los que la observó la primera vez, lo cual la sobresaltó un poco, para luego pronunciar las palabras que su orgullo le obligó a pronunciar.
"Padre que tonterías dices. Así se ponga las mejores ropas de este mundo, que por cierto son de mi madre, se seguirá viendo igual de insignificante y algo desagradable, como todos los humanos no tiene sentido", dijo mirándola con disgusto, arrepintiéndose al instante en que sus ojos se posaron sobre el rostro de la muchacha.
Inu-Taisho se quedó completamente callado al escuchar la mentira más grande que pudo haber dicho su hijo. Él se había dado cuenta como no podía quitar sus ojos de encima de la jovencita mientras comía.
Como era posible que su terquedad lo hubiese llevado a decir una cosa así, definitivamente se merecía un buen castigo. Pero ahora lo importante sería la reacción de Kagome y por la melancólica mirada en su rostro nada bueno saldría de eso.
Esperaba que su hijo aprendiera una lección de una buena vez.
(12)
Kagome escuchó cada una de las palabras del inuyoukai y con cada una de ellas su corazón se hacía pedazos, más aún con la mirada que le dio.
Respirando profundo se tragó todas sus lágrimas. 'Kagome no baka, que esperabas, que se levante y te diga si estas muy hermosa?'.
'Por favor, tiene razón, solo eres una humana insignificante para él… pero porque me duele tanto, porque tengo ganas de llorar, no puede ser que, no, es imposible'.
'Lo mejor será que salga de aquí no quiero hacer una escena'.
Al ver la incomodidad de la muchacha Inu-Taisho tuvo que luchar para no golpear a su hijo. "Sesshoumaru..", comenzó en un tono amenazante pero fue interrumpido por la muchacha.
"No se preocupe Inu-Taisho sama, su hijo tiene razón. le agradezco mucho por las ropas tan bonitas, pero Sesshoumaru sama tiene razón, no debí usarlas, una insignificante y desagradable humana no debe usar cosas tan bonitas, Gomen nasai a los dos", dijo haciendo una reverencia.
Por el movimiento una de las lágrimas con las cuales estaba peleando para que no resbalara, cayó al piso y no pasó desapercibida por ninguno de los dos inuyoukais.
Con los ojos un poco húmedos les dio una sonrisa. "Si me disculpan iré a mi dormitorio, Oyasumi Nasai".
Diciendo eso la muchacha calmadamente se retiró.
(13)
Sesshoumaru se quedó observando lo que había hecho.
Percibiendo el salado aroma de las lágrimas que la joven miko estaba aguantando y reflexionando sobre sus propias palabras tuvo que restringirse de darse un golpe a sí mismo.
Como fue capaz de decirle algo así a la miko que lo cuidó con tanta dedicación, sin contar que era una mentira demasiado vergonzosa; al instante recordó lo que ella dijo. Le había dado la razón, y en su voz había tanto dolor.
Inu-Taisho se paró de la mesa y miró a su hijo con los mismos ojos y la misma expresión vacía con la que le enseño a mirar a los demás.
"Espero que estés contento con lo que hiciste. Supongo que ahora la presencia de la miko no te molestará más ya que con lo que dijiste lo más probable es que tenga demasiada vergüenza como para acercarse a ti".
"Felicitaciones Sesshoumaru lograste ahuyentar a una hermosa criatura de tu lado. Creo que debes sentirte orgulloso", le dijo a su hijo y se retiró. Ya mañana arreglaría las cosas con la jovencita, lo mejor era dejar que se tranquilice por ahora.
Sesshoumaru se quedó sentado, sólo, recordando una y otra vez lo que pasó.
Que debía hacer?.
Reconocía que lo que había dicho estaba mal muy mal y por alguna razón había herido a la muchacha, pero no tenía ni la menor idea de que hacer.
Jamás en su vida se había arrepentido de hacer sentir mal a alguien y mucho menos humillarlo.
(14)
Yukina que había estado afuera había escuchado todo lo que pasó se limitó a mover la cabeza de lado a lado. Típico de su señor.
Ella lo había criado desde muy pequeño porque su madre había fallecido cuando el aún era un cachorro.
Siempre encerrándose en sí mismo, siempre terco, pero esta vez se propasó un poco.
Kagome había salido muy triste de ahí. Al parecer la opinión de su señor habría sido muy importante para ella.
Cuando salió solo le dijo que le mostrara donde se encontraba el jardín porque quería un poco de aire fresco por lo que pensó que lo mejor sería que la dejaran sola, así que le mostró el camino.
Ahora veía al más joven de sus señores sentado en la mesa cuestionándose a si mismo; tal vez lo ayudaría un poco.
Entrando al salón se dirigió al menor de los inus.
"Sabe Sesshoumaru sama, yo no soy quien para dar mi opinión pero creo que esta vez se extra limitó". "la niña no se merecía esas palabras tan crueles, para Kagome sama su opinión parecía ser muy importante", le dijo la mujer que lo cuidó cuando era pequeño.
Tenía razón, pero él no sabía que hacer y no le gustaba pedir ayuda a nadie.
Adivinando aquello Yukina habló: "A mi humilde parecer, debería decirle algo".
Decirle algo?, algo como que?. Disculparse…JAMÁS. No se rebajaría a hacer tal cosa, pero tal vez algo podría hacer.
Levantándose se dirigió a la salida y se paró por un rato pensando en la última parte de lo que dijo la Youkai. 'Para Kagome sama su opinión parecía ser muy importante'.
Yukina sonrió tiernamente, al parecer la joven humana si le importaba algo a su señor.
"Esta en el jardín", le dijo para después verlo desaparecer entre las sombras.
'Ojalá que ese cachorro terco logre arreglar las cosas, aunque no dudo que lo hará a su manera'.
(15)
Kagome salió al jardín siguiendo las indicaciones de Yukina.
Caminando en el hermoso y vasto terreno cubierto por algo de nieve, encontró un hermoso árbol de sakura, que estaba fresco y floreciente. No se explicaba aquel fenómeno natural, pero la verdad ahora no le importaba.
Tratando de hacer el menor ruido posible comenzó a dejar sus cristalinas lágrimas caer. Jamás se había sentido tan humillada y jamás le habían dolido tanto las palabras de alguien.
"Por qué me importa tanto lo que el piense. Por qué me dolieron tanto sus palabras si normalmente no me importa lo que diga la gente. Kami que me esta sucediendo, no entiendo", pensó en voz alta y decidió hacer lo que siempre hacia cuando estaba triste, cantar.
Secándose las lágrimas con las mangas del ahori comenzó a cantar sin darse cuenta que tenía público presente.
Four scene of love and laughter
I'll be alright being alone
Four scene of love and laughter
I'll be alright being alone
Four scene of love and laughter
I'll be alright being alone
Four scene of love and laughter
I'll be OK
(16)
Sesshoumaru iba por los pasillos cuando escuchó la dulce y melodiosa voz de la muchacha acariciar sus oídos.
'Esa canción, yo la he oído antes'.
Aishi aeba wakare yuku sonna deai kurikaeshita
Kioku fukaku tesaguri de anai kage o motomete wa
I can taste the sweetness of the past
Doko ni mo anata wa inai kedo
I'll be alright me o tsureba soko ni
Kawaranai ai o I belive
Haru no hikari atsu metara hana sakasete
Natsu wa tsuku ukabu umi de mitsumete
Aki no kaze fuyu no yuki mo sono toiki de
Atatamete hoshii
Four seasons with your love mou ichido
Corriendo por los pasillos comenzó a pensar en la canción.
"Es esa, es la canción de cuando estaba herido, es la canción que ella me cantó cuando estaba herido", dijo en un murmullo para salir hacia el jardín silenciosamente.
Negai dakeno yakusoku wa toki ga tateba iroaseru
Can you feel me underneath the skin?
Anna ni kasaneta omoi naraç
We'll be alright shinjite ireba sou
Donna touku demo stay with me
Haru no hanareru no youru ni mukare ni kite
Natsu no sunahama ni message nokoshite
Aki mo ame fuyu no namida kazararu ai de
Atatamete hoshii
Four seasons with your love yume no naka
Megareru toki o kokoro ni ari no mama ni
Futari wo hibi wa mosugu omoide
Ai mo yume mo wa wasure mono itsu no hide mo
Atatamete hoshii
Four seasons with your love mune no oku
Ahí vio a la hermosa miko bañada por la luz de la luna sentada debajo del mismo árbol de cerezos en el que se sentaba su madre.
Cantando esa hermosa melodía con cristalinas lágrimas cayendo de sus bellos ojos. Se arrepentía tanto de haberle causado ese dolor y a la vez no podía contener el deseo de escuchar la canción hasta el final.
Four scene, four four seasons
Four scene, I'll be alright
Four scene, four four seasons
Four scene, stay with me…
Four scene, four four seasons
Four scene, I'll be alright
Four scene, four four seasons
Four scene, stay with me…
Kagome terminó y se echó sobre la nieve a seguir llorando hasta que se quedó completamente dormida, y el inuyoukai completamente embelesado por su voz se acercó a ella.
