Sesshoumaru había quedado completamente embelesado por la hermosa y melodiosa voz de la miko, y una vez que terminó de cantar se acercó a ella muy despacio, casi con miedo de despertarla.

La había visto acostarse suavemente en la nieve y llorar hasta quedarse dormida, lo cual hizo que sintiera una punzada en su pecho.

'Porque, que es esta sensación, porque me molesta tanto verla llorar', se preguntó a si mismo mientras caminaba hacia la muchacha.

Cuando finalmente llegó a su lado, se sentó sin hacer ni el más mínimo ruido, simplemente observando, pensando que haría para remediar lo que hizo.

'Quien diría que yo, Sesshoumaru estaría pensando que hacer para confortar a esta miko'.

El taiyoukai bajó la mirada y posó sus hermosos ojos dorados sobre el rostro de la muchacha. Se veía tan tranquila, pero a la vez un semblante triste nublaba sus angelicales facciones.

Algunos cabellos que se habían desatado de su moño habían caído sobre su rostro. Sin pensarlo el taiyoukai acercó su mano derecha y los puso suavemente detrás de la oreja de la muchacha.

La joven miko tenía el sueño muy ligero y ni bien sintió que algo rozaba su piel abrió los ojos; cuando él se dio cuenta movió de lado a lado la cabeza. Lo único que daba vueltas por su cabeza era, que era lo que iba a hacer.

(1)

Kagome sintió que algo suave toco su rostro y automáticamente sus ojos se abrieron.

Al principio todo estaba borroso, lo cual era una reacción normal cuando recién te despiertas de haber dormido así haya sido poco tiempo, cosa que conllevó a que se sentara aún sin darse cuenta quien se encontraba a su lado y comenzara a sobar el sus ojos para deshacerse del sueño que tenía.

Cuando por fin los abrió, pudo observar a Sesshoumaru sentado a su lado mirándola fijamente, directamente a los ojos.

En esos instantes se sintió tan diminuta, tan poca cosa después de lo que le había dicho. No podía soportar que la mirara a los ojos después de haberla humillado de tal manera.

La vergüenza que sentía era demasiada, sin mencionar la pena y el dolor en su pecho, así que bajó la cabeza apoyando sus manos sobre la blanca nieve, apretándolas fuerte hasta que sus nudillos se pusieron de un color extremadamente blanco por la presión que estaba ejerciendo.

El taiyoukai observó la reacción de la muchacha. El color de su aura que siempre estaba de un rosado brillante ahora estaba pálido casi apagado y opaco, el había causado todo eso, porque….

También podía notar que no lo podía ver a los ojos y al ver sus delicadas manos se quedó un poco sorprendido, no se supone que estaban heridas?,

Decidió dejar eso para después cuando vio a la muchacha levantarse para irse.

(2)

Kagome se quedó ahí a propósito con la cabeza gacha ya que no tenía valor para mirarlo, esperando a que dijera algo. Pero lo único que pudo escuchar fue el sonido del frío viento soplar contra su rostro.

Decidiendo que no tenía nada que hacer ahí se paró lentamente y comenzó a caminar rumbo al castillo cuando sintió un pequeño jalón en el final de su kimono que la hizo voltear.

Sesshoumaru por el momento tal vez no podría entender que fue lo que lo posesionó para coger el final de las faldas del kimono de la muchacha y darle un insignificante jalón para impedirle que se vaya.

Sus ojos estaban llenos de tristeza y él no sabía que decir, se sentía tan impotente. Él, él Youkai más temido en todo Japón por primera vez sin palabras y frente a una mujer humana.

"Mujer..yo..", era lo único que pudo salir de sus labios y la verdad era que no ayudó mucho.

Kagome se arrodillo frente a él.

"Kagome, mi nombre es Kagome", le dijo en un murmullo insignificante, casi inaudible, pero él lo escuchó tan claro como la luz del día.

Por supuesto que sabía como se llamaba. Lo supo desde la primera vez que lo escuchó y se quedó grabado en su mente, pero sentía que si comenzaba a llamarla así la haría acercarse más a él, y aunque muy, muy dentro de su ser lo deseaba, prefería que siga como estaba.

Sin embargo, al escuchar ese murmullo casi rogándole que la llame por su nombre, por más que quiso no pudo pensar una vez más en llamarla de otra manera.

La joven miko no podía entender que era lo que trataba de decirle y sentía miedo, miedo de unas insignificantes palabras.

Que pasaba si había ido hasta allá solo para seguir diciéndole cosas horribles.

No quería oírlo, pero se daba cuenta de que había algo diferente en él. Sus hermosos ojos ambarinos y normalmente fríos en ese instante tenían guardado algo dentro de ellos, algo que ella no podía leer, algo que ella no entendía, pero una sensación tibia se apodero de su pecho algo que le decía que él no estaba ahí para herirla más, algo que a pesar de lo que le dijo la hizo acercarse a él.

Cogiendo sus grandes y muy suaves manos, para ser las de un varón, entre las suyas lo miró a los ojos.

(3)

El taiyoukai no sabía que más decir.

Que se hacía en esos casos no tenía ni la menor idea y le molestaba demasiado estar en esa situación, pero en esos instantes sintió las suaves manos de la muchacha rodear las suyas.

Sus manos eran tan tibias y el solo roce hacía que un pequeño hormigueo recorra su espalda.

Él la miró a los ojos nuevamente y la escuchó hablar.

"Gomen ne Sesshoumaru sama, yo se que no le gusta mi presencia, no se sienta obligado a venir a darme explicaciones por lo que me dijo. Si fue lo que de verdad pensaba entonces no hay nada que yo pueda hacer, onegai no se preocupe". Le dijo con la más hermosa y sincera de las sonrisas haciendo que el frío corazón del taiyoukai se entibie con algo desconocido.

Como podía ser que la miko le diga esas cosas después de lo que hizo. Tanto amor guardaba esta mujer, tan inocente y gentil podía ser. Acaso existía un ser tan puro como ella?.

Fue sacado de sus pensamientos por la dulce voz de la muchacha.

"Oyasumi nasai Sesshoumaru sama", le dijo haciéndole una reverencia, y el pudo notar que aunque ya no parecía muy molesta estaba más distante con él.

Ya no hablaba como antes, ya no era entusiasta, y a él no le gustaba, no le gustaba absolutamente nada que fuera tan formal con él.

"Déjame escoltarte hacia tus habitaciones", le dijo en él mismo tono de voz que usaba con todo el mundo.

Kagome al escucharlo se quedó confundida. Para que querría ir con ella?.

Por educación simplemente no le negó el pedido. Aunque le dijo lo anterior, su interior aún estaba doliendo.

Caminó en silencio junto al inuyoukai por los pasillos y corredores hasta llegar a su dormitorio, y él pudo darse cuenta que se encontraba a unos cuantos pasos del suyo. Pero una vez más fue sacado de sus reflexiones por la voz de la muchacha.

"Ya estamos aquí Sesshoumaru sama, gracias por haberme acompañado".

Abrió la puerta de su dormitorio y estaba a punto de entrar cuando escuchó su nombre salir de los labios del taiyoukai.

"Kagome", dijo, disfrutando como el nombre de la miko resbalaba de sus labios.

La muchacha volteó mirándolo con aquellos hermosos ojos de la primera vez que la vio, esos hermosos ojos marrones y brillantes que siempre esperaban algo, expectantes.

"Sí?", preguntó la muchacha aún recuperándose del hecho de que había dicho su nombre.

El inuyoukai volvió a mirarla a los ojos.

"Te ves muy hermosa", fue lo único que le dijo antes de desaparecer de ahí en un dos por tres dejando a una paralizada Kagome.

'Te ves muy hermosa', escuchó decir una y mil veces en su cabeza al hijo del gran Inu-Taisho, haciendo que una gran sonrisa aparezca en su sonrojado rostro y ponga sus dos manos sobre su acelerado corazón.

"Arigatou Sesshoumaru sama, no sabe lo feliz que me acaba de hacer", le dijo a nadie en especial, mirando el lugar en donde había estado parado el inuyoukai para luego entrar a su dormitorio y cerrar la puerta detrás de ella

(4)

Ni bien le dijo aquellas palabras sintió la necesidad de desaparecer de ahí, no quería dar explicaciones luego por sus acciones. Pero algo lo obligo a quedarse escondido detrás de la pared del corredor que daba a la derecha justo donde estaban sus aposentos, para observar la reacción de la muchacha.

Cuando vio aquella radiante sonrisa sintió como un peso que no había notado en su pecho se le quite de encima, y estaba a punto de irse cuando escuchó las palabras de la muchacha: "arigatou Sesshoumaru sama, no sabe lo feliz que me acaba de hacer".

La había hecho feliz, la había hecho sonreír con solo decirle que se veía hermosa.

Sus bellos ojos habían comenzado a brillar y su rostro se tiñó de un agradable color rosado sólo por lo que él había dicho, por su causa.

Después de muchas largas y tediosas décadas el frío ouji del oeste sonrió, un pequeña pero honesta sonrisa.

Pero tan rápido como vino se fue y estando satisfecho y de buen humor se fue a dormir. Tenía algo pensado para mañana, su padre le había comentado sobre las clases que tendría la miko y él estaba ahora más que dispuesto en ayudar.

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Yukina había visto todo lo sucedido desde lo del jardín hasta lo que acababa de suceder a pedido de su señor Inu-Taisho, y ahora en sus habitaciones estaba a punto de contarle.

"Y bien Yukina, mi hijo arregló lo que hizo?", le preguntó el taiyoukai del oeste a las más confiable de sus empleadas, y ella con una gran sonrisa le contó todo, finalizando con: "Mi señor Sesshoumaru sonrió, después de tantos años, pude ver su hermosa sonrisa aunque sea por algunos segundos".

"Esa niña es un milagro para esta casa Inu-Taisho sama", terminó de decirle y el taiyoukai se quedó completamente sorprendido.

Sesshoumaru sonrió, ciertamente debe haber estado seguro de que nadie lo vio.

Esa jovencita si que era un verdadero regalo de kami para su castillo.

"Sabe Inu-Taisho sama, tengo un presentimiento", dijo la inuyoukai muy sonriente por el reciente cambio en su joven señor.

El taiyoukai sonrió sabiendo a lo que la mujer se refería. "Hai Yukina yo también. Esto simplemente me está asegurando que todo saldrá bien".

Su empleada de confianza simplemente asintió y desapareció tan rápido como vino.

(6)

El día siguiente apareció un poco más claro que el anterior, aunque aún se podía ver la nieve cayendo.

Kagome se levantó de muy buen humor y escuchó un pequeño toque en su puerta.

"Adelante", dijo mientras se estiraba, observando a Yukina entrar con una pequeña bandeja en las manos.

"Inu-Taisho sama me mandó a que te trajera el desayuno Kagome chan, dice que una vez que estés lista pases al estudio, que ahí te esperan tus nuevos maestros".

La muchacha la miró confundida. "Nani, dijiste maestros?".

Yukina sonrió. "Kagome chan, tú vas a ser la miko del clan de los inus, es por eso que necesitas estar bien entrenada. Tendrás a alguien que te enseñe a concentrarte y desarrollar tus poderes, a alguien que te enseñe algo de escritura y conocimientos, entre hechizos y formas de usar diferentes hierbas, y por supuesto a alguien que te enseñe a luchar y a perfeccionar el uso de algunas armas".

En ese instante la joven miko se sintió totalmente mareada, sentía como si estuviera volviendo de nuevo a la escuela, y dando un suspiro se tiró de nuevo a la cama.

"Este va a ser un día muy largo".

La muchacha tomó tranquilamente su desayuno y se dirigió a las aguas termales a darse un baño mientras que Yukina elegía nuevamente el kimono que usaría.

Después de una media hora, la sacerdotisa salió nuevamente envuelta en una toalla y se sentó esperando que la inuyoukai le diera algo con que vestirse.

"Kagome chan veo que se encuentra muy feliz. A que se debe, si ayer en la noche la observe tan triste". Le dijo la inu a propósito.

Kagome se sonrojó. Aunque Yukina estuviera de espaldas y no la pudiera ver, podía sentir el pequeño cambio en su aroma y podía adivinar que estaba un poco avergonzada.

La joven no se pudo aguantar las ganas. "Prométeme que no se lo dirás a nadie", dijo habiendo ganado la confianza necesaria para contarle.

"Te lo prometo", dijo Yukina con una sonrisa y su señorita procedió a contarle lo que sucedió con Sesshoumaru con la voz de una joven soñando con su príncipe azul.

'Así que ella también', pensó con una sonrisa Yukina.

"Y eso fue lo que paso", culminó Kagome con una hermosa sonrisa en el rostro mientras se ponía el kimono que le había dado la inu; era uno color verde claro muy bonito con pétalos dorados decorándolo y un obi color amarillo.

Cuando terminó de vestirse dejó su largo cabello suelto y comenzó a peinárselo con la ayuda de Yukina, finalmente poniéndose una cinta color amarillo como vincha.

"Ya estas lista, estoy segura que tus maestros se quedaran muy sorprendidos".

Kagome solo movió la cabeza de lado a lado.

"Yukina chan no exageres, estoy segura que hay youkais mucho más hermosas que yo, y una de ella eres tu", dijo la muchacha abriendo la puerta y saliendo junto a la inu, esperando mientras cerraba la puerta para que le muestre donde estaba el estudio de Inu-Taisho sama.

"Iie Kagome chan. Según lo que he escuchado no hay ni una Youkai que iguale la belleza de aquella misteriosa humana que vive en el castillo del clan de los inus". Dijo la mujer con un tono misterioso en su voz, como si estuviera hablando de una especie de leyenda.

La miko simplemente dio una pequeña risita. "Donde has escuchado tal cosa Yukina chan".

La única respuesta de la inu fue: "Por todos lados Kagome chan, por todos lados".

(7)

Inu-Taisho se encontraba en su estudio con un irritado Sesshoumaru y dos youkais más.

"Y cuando será que podré ver a mi alumna Inu-Taisho sama", dijo uno de los youkais ahí presentes con una sonrisa sinvergüenza en el rostro.

El taiyoukai solo dio un suspiro. Ese inquieto joven era parte de su secreto plan.

"Tranquilo Akabane, pronto veras a Kagome. Es más puedo sentir su presencia acercándose junto a Yukina", dijo el taiyoukai mirando de reojo a su hijo quien estaba mirando al vacío con una expresión nada amigable.

Estaba seguro que una de sus elecciones como maestro de la miko no era nada placentera para él, absolutamente en ninguna manera existente.

Sesshoumaru había llegado temprano al estudio de su padre para decirle que él se encargaría de enseñarle todo lo relativo a combates y use de armas a la miko, poniendo de pretexto la deuda que tenía con ella y obviamente que él era el mejor en esa área.

Previamente se había encargado de repetírselo y asegurárselo a si mismo mil veces, aunque a las finales ni el mismo se daba crédito después de las sensaciones extrañas de las que fue víctima la noche anterior.

El siguiente en llegar fue Kadsuki, diciéndole a su padre que él se encargaría de enseñarle a la muchacha todo lo referente a como concentrar sus poderes espirituales y todas esas cosas que una miko necesitaba saber para controlar su energía y utilizarla a su libre albedrío.

Se podía decir que hasta ahí el joven taiyoukai no tenía ninguna objeción, pero cuando por la puerta del estudio entró Akabane tuvo que restringir uno de los gruñidos que estaban luchando por salir desde lo más hondo de su garganta, y su padre pudo notarlo.

Akabane era un Youkai dragón que servía en el ejército como comandante.

Había estado en la casa de la luna desde cachorro y era de la edad de Sesshoumaru. Siempre competían por todo, hasta por quien comía más rápido, claro cuando eran pequeños, y lo único que esperaba el taiyoukai del oeste para que su plan funcione era que esta vez no fuera la excepción, aunque, conociendo la reputación del joven Youkai estaba seguro que sería un peligro en cierto campo para su hijo.

Al momento que el entró a anunciar que el sería el maestro de la muchacha en todo lo referente a conocimientos Sesshoumaru lo miró de abajo para arriba, para luego observarlo directamente a los ojos de una manera desafiante, recibiendo la misma mirada de parte del Youkai dragón.

Y ahora estaban los cuatro ahí esperando a la manzana de la discordia entrar por la puerta, e Inu-Taisho anticipaba que las próximas dos horas serían muy entretenidas para él y Kadsuki.

(8)

Yukina llegó por fin a la puerta del estudio de su señor Inu-Taisho.

"Muy bien Kagome chan te dejó. Ahora sí no puedo entrar contigo por expresas ordenes de mi señor."

"Espero que te vaya bien, más tarde me cuentas que fue lo que sucedió", le dijo la inu guiñándole un ojo a su nueva amiga antes de desaparecer.

La muchacha dio un suspiro muy hondo y tocó la puerta, escuchando un "adelante" proveniente del otro lado, así que abriendo la puerta suavemente entro al estudio del taiyoukai, cerrando la puerta detrás de ella.

"Ohayoo", dijo un poco nerviosa y con una hermosa y cálida sonrisa en el rostro.

Inu-Taisho que ahora se encontraba frente a ella y no la dejaba ver a los otros tres varones que se encontraban en el estudio le sonrió.

"Ohayoo Kagome chan. Creo que ya sabes para que te mandé llamar verdad?".

La muchacha asintió y el taiyoukai le dejó ver a los otros tres que estaban ahí.

Al primero que fue a Kadsuki e instantáneamente lo reconoció, eso sin contar que fue el primero en acercarse a ella.

"Ohayoo Kadsuki kun", dijo la muchacha con una sonrisa. El inuyoukai le devolvió el gesto y le hizo una reverencia, "Ohayoo Kagome, yo seré tu maestro en las artes de perfeccionar tus poderes espirituales y mejorar tu concentración", le dijo esperando su reacción.

"Sugoi", dijo la muchacha haciendo que el inu se comience a reír ante la ternura que poseía tan hermosa mujer, regresando hacia su lugar.

El siguiente en aparecer frente a ella fue Sesshoumaru.

"Ohayoo Sesshoumaru sama", le dijo la muchacha con una sonrisa especialmente para él, aunque él aún la miraba seriamente y eso la hizo sentirse un poco incomoda.

Se preguntaba qué era lo que le sucedía ahora. Ese espectro que había aprendido a ver llamado aura que se encontraba alrededor de Sesshoumaru se veía algo intranquilo, y podía percibir que se encontraba molesto por algo.

"Sesshoumaru sama daijobu?".

El inuyoukai se la quedó mirando. Tenía razón se veía mucho más hermosa con el cabello suelto, y ese color le quedaba muy bien.

'Kami, puedes hacer algo para que esta insufrible mujer deje de desconcentrarme de tal manera, este Sesshoumaru no esta acostumbrado a sentirse atraído por simples humanos, pero…que molesto es esto', se dijo gruñéndose a si mismo, cuando escuchó a la muchacha preguntarle que le pasaba.

"No me pasa nada, yo seré tu maestro en todo lo referente a combate y manejo de armas, así que esperó que estés preparada", le dijo muy serio y la muchacha solo levantó la ceja.

'Porque un día puede ser tan dulce y el otro ser completamente indiferente'.

"Espero que este Sesshoumaru haya dejado claro que no será gentil contigo", le dijo levantando una ceja al igual que ella lo había hecho anteriormente. En ese instante Kagome cogió su oportunidad. 'Le enseñaré a no ser tan pesado y ser más gentil'.

"Pues ESTA Kagome entendió perfectamente", le dijo haciendo un puchero y cruzando los brazos frente a ella.

El inuyoukai dio un pequeño resoplido de exasperación y sin querer también cruzó los brazos mirándola hacia abajo ya que le llevaba por lo menos una cabeza.

"Sabías que eres una mujer demasiado insufrible y exasperante", le dijo acercando su rostro al de ella de manera desafiante.

La muchacha no se quedó atrás y acercó su rostro quedándose en una posición en la que sus narices prácticamente se tocaban.

"Ah sí, pues tu eres un Youkai testarudo y creído".

El inu dio un gruñido de advertencia, no permitiría que le falte el respeto y la muchacha lo miró directo a los ojos.

Su amplio poder comenzó a fluir de su cuerpo en pequeñas corrientes eléctricas ya que se estaba comenzando a molestar, pero cuando los dos se dieron cuenta de lo cerca que se encontraban sus rostros el inuyoukai miró hacia otro lado con un "humph" y los brazos cruzados y la muchacha hizo lo mismo pero algo sonrojada.

(9)

Kadsuki e Inu-Taisho estaban luchando para no comenzar a reírse.

Los dos eran muy jóvenes y no se daban cuenta de lo que sentían pero por el comportamiento que estaban comenzando a mostrar daba señales de que eso estaba a punto de cambiar.

"Cuanto cree que se demoren Inu-Taisho sama?", preguntó Kadsuki en un susurro.

"Tal vez en unas cuantas semanas tendremos una nueva pareja", le dijo con una sonrisa y ahí fue cuando el Youkai dragón entró en escena.

Él había estado observando tranquilamente a la muchacha. Era muy hermosa, definitivamente todos los rumores sobre ella eran ciertos, era una tenshi caída del cielo, y en ese instante decidió que la quería para ser su mujer.

Pero cuando vio su comportamiento con Sesshoumaru se dio cuenta también que a su manera el inuyoukai se sentía atraído con ella.

'Pues esta vez no Sesshoumaru, este será un reto que yo ganaré', se dijo a si mismo el ryu, interponiéndose entre la pareja y cogiendo con su mano izquierda el rostro de la muchacha, volteándolo hacia él y haciendo que lo mire directamente a los ojos.

Kagome sintió que movían su rostro y al voltear observó dos pares de hermosos ojos color rubí y el rostro de un youkai muy guapo que la miraba con ojos llenos de confianza.

"Ehh…", balbuceo la muchacha algo sonrojada ante la cercanía del extraño.

Lo que veía frente a ella parecía ser un Youkai dragón casi de la estatura de Sesshoumaru, con cabellos celestes atados en una cola alta y amarrados en una larga trenza.

En su frente había un rombo de color celeste y sus ojos eran de un color rubí intenso. Llevaba una armadura azul con dorado y celeste con una especie de garras de dragón abrazando los lados de la parte superior de sus brazos y dos espadas en la parte de atrás.

El kimono que llevaba al interior era completamente blanco y llevaba puestas unas botas. Tenía que admitir que era muy, muy apuesto pero a su parecer nadie se comparaba con su Sesshoumaru.

'Mi Sesshoumaru?, Kami sama, creo que ya es muy tarde para retractarme. Me estoy enamorando de ese inuyoukai cabeza dura. Pero lo mejor será que lo mantenga en secreto, no creo que se quiera enterar jamás', se dijo a sí misma un poco triste, cuando su atención fue atraída por la voz del nuevo Youkai que estaba cogiendo su mentón.

"Así que tú eres la hermosa Kagome de la que tanto hablan. Eres verdaderamente una belleza", le dijo soltándola y dejando que sus ojos devoren toda la figura de la muchacha haciéndola sonrojar completamente.

"Y también hueles extremadamente bien", dijo dando un respiro muy cerca de la joven.

Kagome en ese instante estaba muy nerviosa. Jamás alguien había sido tan directo con ella y no sabía que decir.

"A...a..arigatou".

El ryu Youkai simplemente sonrió.

"Mi nombre es Akabane mucho gusto en conocerte", le dijo dándole un beso en el cachete, haciendo que la muchacha se sonroje como loca y un gruñido solamente audible para los youkais sea percibido en la parte trasera.

"Hajimemashite Akabane sama".

"Bueno Inu-Taisho sama creo que lo mejor será comenzar con las clases de la señorita así que si me disculpan yo seré el primero en enseñarle todo lo referente a hechizos y conocimientos, así que con su permiso me retiro", dijo Akabane cogiendo de la mano y llevándose a una avergonzada Kagome que solo alcanzó a decir: "pe..pero…" y miró pidiendo ayuda a Sesshoumaru quien en esos instantes se encontraba algo alterado.

(10)

Al ver a Akabane coger del rostro a la joven miko, Sesshoumaru tuvo una sensación muy desagrdable, algo parecido a cuando Kadsuki tocó su tobillo herido, pero más intenso.

Cuando la vio sonrojarse por causa de ese bueno para nada y él la miró de arriba para abajo con el mayor descaro posible, el sentimiento se hizo simplemente peor.

Hasta ahí lo había controlado perfectamente respirando profunda y lentamente, pero en el momento que el ryu Youkai se acercó al rostro de la muchacha y le dio un beso un gruñido escapó sus labios.

Como se atrevía a hacer una cosa así. Como se atrevía a darle un beso si apenas la conocía.

Sin darse cuenta mientras pensaba eso estaba apretando fuertemente los puños, y después de un rato vio la mirada suplicante de la joven miko que le pedía ayuda.

No iba a permitir que los dos estén solos en una habitación ya que conociendo a Akabane lo que haría estaba muy lejos de enseñarle y él no lo permitir.

'Nani.. porque me tengo que meter'. 'Como que porque te tiene que meter que acaso quieres que nos quiten a la hermosa tenshi'.

'Se puede saber quién demonios eres tú?'.

'Yo soy tu Youkai interior pedazo de iluso. Ahora te aconsejo que hagas algo si no quieres que Akabane, se lleve a nuestra Kagome'.

'NUESTRA?, desde cuando esa mujer es nuestra…'

'No lo niegues te sientes atraído por ella'. 'Humph! Este Sesshoumaru no se siente atraído por nadie'.

'No intentes mentirte a ti mismo que no lo haces bien, pero te aconsejo que hagas algo si no quieres que Akabane nos robe las afecciones de la hermosa miko'.

Con esa última frase el Youkai interior de Sesshoumaru se calló completamente, dejando pensativo al taiyoukai.

'Lo único que faltaba que me ponga a discutir conmigo mismo aunque…', estaba a punto de pensar algo más cuando la voz de su padre lo interrumpió.

"Veo que ya no serás el único que se deleitará con tener la completa adoración y atención de la muchachita", dijo el taiyoukai de manera burlona haciendo que un gruñido escape los labios de su hijo.

"Es que acaso el todo poderoso Sesshoumaru sama esta celoso", dijo esta vez Kadsuki con una voz que denotaba que estaba a punto de reírse ganado un gruñido aún más fuerte.

"Este Sesshoumaru no esta celoso de nada ni de nadie, es algo patético sentir celos y menos por una mujer humana".

"Muy bonita a decir verdad", agregó el inu Youkai de cabellos marrones provocanco que el príncipe de las tierras del oeste le de una mirada que prometía una muerte dolorosa.

"Yo que tú hijo mío pensaría rápido que es lo que voy a hacer ante la posible competencia, y si todos conocemos bien a Akabane lo más probable es que la muchacha ya este comenzando a caer en sus encantos, bien sabemos que no hay mujer que se resista..".

Sesshoumaru los miró enseñando sus colmillos sin poder esconder más su molestia.

"Kagome no es como esas mujerzuelas".

Inu-Taisho levantó una ceja guardando la calma, después de todo era necesario para que resulte.

"De eso no hay duda ella es una muchachita muy pura y el que se quede con ella se va a llevar un tesoro muy grande", respondió Kadsuki.

"Pero como te decía Sesshoumaru yo que tú voy pensando rápido, no te vayas a arrepentir después".

En esos instantes el taiyoukai estaba a punto de salir cuando fue interrumpido.

"A donde vas Sesshoumaru", preguntó su padre ahora si rezando para que la risa no escapara sus labios.

"A ayudar a la miko", respondió fríamente el inuyoukai.

"No que no estabas celoso?", preguntó sarcásticamente Kadsuki, y el ouji aferrandose a su terquedad respondió: "Este Sesshoumaru no cree correcto que conociendo las costumbre de Akabane deba dejar sola a la muchacha y PUNTO", diciendo eso abandonó el cuarto.

Inu-Taisho y Kadsuki comenzaron a reírse.

"Eso fue demasiado fácil. Sesshoumaru sama esta cayendo en esa enfermedad incurable ne Inu-Taisho sama?". El taiyoukai sonrió.

"Y bien cuanto apuestas a que en menos de un mes tenemos a los dos juntos, va a ser una unión muy poderosa considerando que Kagome no es humana". El otro inu asintió.

"Definitivamente poderosa, considerando que los dos se están comenzando a enamorar y la muchacha es la joya, así que le doy tres o dos semanas", respondió Kadsuki y después se dieron la mano.

"Trato echo, el que gané se lleva una bolsa de oro".

(11)

Akabane llevó a la muchacha a lo que parecía ser una biblioteca y la dejó sentada en una gran mesa sacando unos libros.

"Bien, hoy día aprenderemos algunos hechizos fáciles, esta bien Kagome", le dijo con una sonrisa mientras dejaba los libros sobre la mesa sentándose a su lado y muy cerca de ella.

"Está bien", y así el ryu Youkai comenzó a enseñarle.

Después de una hora que coincidentemente era lo que Sesshoumaru se tomó discutiendo con su padre, cerró los libros.

"Bueno creo que tomaremos un pequeño descanso".

Cogió las manos de Kagome entre las suyas y le dijo: "Dime alguna vez has tenido algún pretendiente", acercándose peligrosamente a ella, y la muchacha negó con la cabeza bastante nerviosa.

'Kami, Sesshoumaru, Yukina, alguien ayúdeme', pensó indefensa mientras el dragón se acercaba cada vez más a su rostro.