Akabane estuvo enseñando por casi una hora a la joven miko y a pesar de que sus labios se movían indicándole los pasos que tenía que seguir y las hierbas que tenía que utilizar para completar ciertos hechizos, su mente sólo estaba ocupada en observar el hermoso rostro de la muchacha y la forma en que sus bellos ojos marrones lo miraban con tanta atención.
Llego a un punto en que no pudo soportar más y dejo los libros de lado.
Comenzó a acercarse a ella cogiéndola de las manos. Le preguntó si alguna vez había tenido un pretendiente, y por el cambio y el nerviosismo en su aroma y aura, al parecer eso era un gran 'no'.
Dio un suspiro bañándose de su aroma, que delicioso era.
'Voy a besarla, ya no lo soporto más', pensó el atrevido ryu Youkai acercándose más y más a una muy nerviosa miko que trató de alejarse de él, pero él por supuesto se aseguró de que eso no fuera posible poniendo una de sus manos en la parte baja de su espalda, atrayéndola hacia él.
Dándole una cínica sonrisa continuó con su asalto. Ya podía sentir el aliento de la muchacha sobre sus labios.
Ya faltaban tan pocos milímetros para que sus labios se tocaran, cuando fue muy groseramente interrumpido por un gruñido del hijo del taiyoukai del oeste.
"Kuso", dijo en un murmullo soltando suavemente a la sonrojada muchacha.
(1)
Sesshoumaru salió completamente alterado del estudio de su padre rumbo a la biblioteca donde seguramente se encontraba el desgraciado de Akabane.
Si era preciso se quedaría ahí hasta que terminara de darle las lecciones, pero no la dejaría sola con él.
'Este Sesshoumaru sólo esta haciendo esto por la integridad de la muchacha'. 'Si claro la integridad de la muchacha como no'.
'Puedes cerrar la boca'. 'Literalmente no tengo una ya que soy tus pensamientos y tu conciencia'.
'Grrr basta, este no tengo tiempo para…', estaba a punto de continuar la discusión consigo mismo cuando a su sensitiva nariz llegó el dulce aroma de la joven miko y acompañado de este, el aroma del deseo de cierto ryu Youkai.
En menos de lo que alguien pudiera pestañear llegó a la biblioteca y abrió silenciosamente la puerta. Lo que vio no le gusto absolutamente nada.
Ese desgraciado tenía las manos sobre la miko y estaba demasiado cerca de ella. Por su olor, podía adivinar que estaba intentando soltarse pero él no la dejaba y estaba a punto de besarla. Pero él no lo permitiría, el único que podía besar a la miko era ÉL.
Inconscientemente un gruñido salió de lo más hondo su gargata, para después darse cuenta de lo que había pensado.
'Esto no está nada bien, nada bien', se dijo a sí mismo. Ya más tarde refeccionaria sobre sus pensamientos, ahora lo importante era ese imbécil que afortunadamente ya había soltado a la miko.
(2)
Kagome no sabía qué hacer para soltarse del ryu. Resignada esperó lo peor, pero afortunadamente escuchó un gruñido que hizo que el Youkai la soltara.
Muy feliz volteo a observar quien era su salvador, y sus ojos marrones pudieron observar la imponente presencia de un muy irritado Sesshoumaru.
"Veo que no solo te has estado dedicando a enseñar", dijo el inuyoukai notablemente molesto, claro que no lo mostraba en toda su magnitud debido a su naturaleza fría.
El ryu Youkai lo miró de pies a cabeza y se paró.
"Por supuesto que no, con una belleza como esta habría que estar loco verdad?", le respondió, haciendo sonrojar mucho a la muchacha y recibiendo un gruñido que solo él pudo escuchar de parte del inu.
"Que yo sepa mi padre te mando llamar para una función específica, no para que la cortejes", replicó el inuyoukai acercándose al ryu con todas las intenciones de sacarle la cabeza; pero Akabane no tenía entre sus planes una pelea así que dando un salto aterrizó en frente de una muy avergonzada Kagome, y acariciando su mejilla le guiñó el ojo.
"Nos vemos mañana preciosa, para terminar lo que comenzamos", y con eso desapareció de la biblioteca.
Kagome simplemente se quedó ahí parada con un tono rosado en sus mejillas cogiéndose el lugar donde el ryu la había acariciado.
Jamás le habían dicho cosas tan bonitas y habían sido tan atrevidos con ella. Tenía que aceptar que era algo que la hacía sonrojar, y bueno a quien no. Si un muchacho guapo se te insinuaba, así no te interesase, lo más natural era sentirse alagada verdad?.
Aunque secretamente ella deseaba que otro fuera el que se tomara esas libertades con ella, por lo que, olvidándose de la presencia de cierto Inu, se comenzó a imaginar a Sesshoumaru haciendo las mismas cosas que hace un momento había hecho Akabane, sonrojándose aún más.
Una de las elegantes cejas del inuyoukai estaba comenzando a temblar de arriba abajo como signo de la irritación por la que estaba pasando.
Como se atrevía ese infeliz. Y como si no fuera poco, la miko se quedaba ahí con una rostro lleno de ilusión observando el lugar donde había estado parado ese …. Ese… mejor no decía nada.
Pero lo peor no era eso, si no que, normalmente la muchacha le prestaría toda su atención a él y ahora ni siquiera se había dado cuenta que estaba parado delante de ella.
En ese instante recordó las palabras de su padre: 'Veo que ya no serás el único que se deleitará con tener la completa adoración y atención de la muchachita', y aquello hizo que su sangre comenzara a hervir debido a los celos que se negaba con todas las fuerzas de su alma a aceptar.
El príncipe aclaró su garganta para ganar la atención de la joven miko y cuando ella volteó a mirarlo algo desconcentrada, levantó una ceja.
(3)
Kagome escuchó a alguien toser un poco y volteó a observar quien era. Lo primero que vio fue al Youkai que plagaba su mente.
"Sesshoumaru sama no sabía que aún seguía aquí", dijo sobando la parte de atrás de su cuello y sonriendo un poco avergonzada.
El inuyoukai no se pudo aguantar esa pequeña frase y le respondió: "Por lo que veo estabas muy ocupada antes de que yo viniera a interrumpir". El sarcasmo resbalaba de cada una de las palabras, mientras esperaba la respuesta de la muchacha.
Kagome recordó en ese momento que él era el que la había salvado de tener su primer beso con alguien que apenas conocía y no se aguantó las ganas que tenía dentro.
Como un impulso corrió y abrazó al taiyoukai que afortunadamente se encontraba sin su armadura, ya que, de no haber sido así se hubiera causado un fuerte golpe.
"Arigatou, arigatou, creí que nadie vendría a salvarme", dijo la muchacha sonriendo mientras abrazaba muy tiernamente a un congelado y sorprendido inu.
Sesshoumaru estaba esperando pacientemente la respuesta de la joven miko, hasta que se comenzó a exasperar porque se estaba tomando mucho tiempo.
Cuando estaba a punto de obligarla a que responda, sintió su cálido cuerpo rodearlo mientras lo abrazaba muy fuerte.
Por unos momentos se sintió mareado. La tenía tan cerca y su aroma era tan delicioso, sin mencionar su aura que estaba llena de amor y ternura, que se sintió tentado a levantarla y enterrar su rostro entre sus sedosos cabellos para tener más de su aroma.
Pero cuando recupero la cordura y la escuchó darle las gracias se confundió aún más. No podía pensar claramente con la deseable figura de la muchacha pegada completamente a su cuerpo.
'Que es esta sensación. Porque tengo tantas ganas de rodearla con mis brazos y no dejarla ir', pensó muy confundido el inu, tentado de corresponderle el abrazo.
Estaba a punto de hacerlo, cuando su lado orgulloso entró en escena.
'No, no puedo. Corresponderle porque eso sería aceptar que …'.
Sin querer seguir pensando, alejó un poco rudamente a la muchacha de él y le dijo: "Sería bueno que dejarás de tocar a este Sesshoumaru".
Instantaneamente vio la expresión de desilusión de la muchacha, quien bajó la cabeza un poco triste. Había estado esperando que él le correspondiera.
"Gomen no debí hacerlo", dijo yéndose lentamente de ahí, y el inuyoukai se quedó otra vez parado, solo.
'Porque tienes que ser tan cabeza dura', escuchó en su mente, y sabía que en ese momento estaba a punto de tener una discusión.
'Cierra la boca, ahora no tengo tiempo'.
'Lo único que vas a lograr es alejarla de ti. Que no te das cuenta todo lo que está haciendo para acercarse aunque sea un poco a tu frío corazón', le dijo su Youkai interior; aquella frase había obtenido su atensión.
'A que te refieres?'.
'No te das cuenta. Primero te salvó de morir y tu la trataste mal, pero no te dijo nada. Por el contrario, fue muy gentil contigo'.
'Luego por poco y no le destrozas las manos, y ni siquiera se molestó contigo. Después la humillaste de manera muy cruel y se disculpó por segunda vez. Y ahora haces esto?'.
'No entiendo que es lo que quieres. Aunque seamos la misma persona, no puedo entender que es lo que deseas. Solo espero que cuando te des cuenta ya no sea demasiado tarde'. Dijo el inu interior de Sesshoumaru a su otra mitad más racional antes de quedarse completamente callado.
El inuyoukai se quedó pensando. Y si lo que decía era cierto?.
En ese instante se le vinieron a la mente las advertencias de su padre y ahora las de su Youkai.
Y si lo que su conciencia y su padre decían era la verdad?.
Esta bien, admitiría que le importaba la miko, pero no quería enamorarse de ella, no quería terminar como su padre cuando murió su madre y lo dejó solo. No quería que lo hirieran.
Pero ella, ella era tan gentil, tan dulce.
Y si ella era diferente a las demás?. Tenía que haber una forma de darse cuenta que era lo que verdaderamente sentía por esa hermosa joven humana.
De lo único que estaba completamente seguro era de que no quería que se alejara de él. No ahora que había encontrado alguien que no le tuviera miedo y que lo trataba de igual a igual. No ahora que por primera vez se estaba comenzando a interesarse en algo que no fuese obtener más y más poder.
Así que salió de ahí en busca de la muchacha y la encontró sentada otra vez debajo de ese árbol de la noche anterior, el mismo árbol bajo el que se sentaba su madre.
Usando su velocidad demoníaca se subió a una de las ramas escuchando lo que murmuraba.
(4)
Kagome salió de la biblioteca con una mezcla de ofuscamiento y tristeza.
Sus pasos la llevaron a aquel árbol de la vez anterior y sentándose en la nieve comenzó a reflexionar.
"Por qué siempre tengo que estar haciendo cosas que no debo. Quien me manda a prácticamente tirarme encima de Sesshoumaru".
"No debí hacer eso, soy una completa baka. Como si alguien como él se pudiera fijar en mi". "Es que ni siquiera le caigo un poquito bien, y seguramente la otra noche me dijo que me veía hermosa solo porque le dio lástima verme llorar".
"Kami, si que me doy pena. Yo que soy tan gentil con él, pero no lo puedo evitar porque yo… yo estoy…".
El inuyouka se sintió muy culpable por todo lo que decía la muchacha.
No era cierto, nada de lo que decía era cierto.
Cuando estaba a punto de escuchar porque no podía evitar ser gentil con él su curiosidad creció, pero fue interrumpido por cierto ryu que se sentó al lado de la miko y gruñendo frustrado se preparó para bajar del árbol, no sin antes esperar a ver que hacía ese desgraciado.
(5)
Akabane no se encontraba de muy buen humor al salir de la biblioteca. Como se atrevía ese perro tonto.
Para disminuir su molestia salió a caminar y de pronto vio a Kagome sentada bajo un árbol con un semblante muy triste; no puedo evitar escuchar lo que dijo, así que se fue a sentar a su lado y cogió su rostro con delicadeza.
"Por qué tan triste Kagome chan, quien ha sido el descorazonado que ha hecho sufrir a una criatura tan hermosa", le dijo con una voz muy dulce, y la muchacha solo le sonrió.
"Nadie me ha hecho sufrir Akabane sama, son solo tonterías mías".
El dragón sintió la presencia del inuyoukai justo en la copa del árbol. Sabía que estaba muy interesado en la hermosa humana, y al parecer ella también en él, pero no lo dejaría. Esta era su oportunidad, ahora que la muchacha se sentía mal.
"Sabes, Sesshoumaru es un idiota", dijo con una sonrisa llena de malicia sintiendo como se llenaban de ira el aura y el aroma del taiyoukai.
"Nani?", preguntó la sacerdotisa algo sorprendida.
Akabane solamente le sonrió.
"Claro que si Kagome chan. Mira que después de haberlo tratado tan bien y haberle salvado la vida, sin mencionar que le regalas tu cariño, tratarte así?". "Kami sama, que no daría yo por tener algo de esa atención que por cierto él no se merece".
La muchacha escuchó lo que decía el ryu,. Él la trataba tan bien y solo la conocía un día.
"Como quisiera que Sesshoumaru me tratara así", susurró muy bajito creyendo que nadie la escucharía y fallando miserablemente, ya que, para el excelente oído de los dos Youkais que se encontraban ahí ese insignificante murmullo se escuchó fuerte y claro.
(6)
Sesshoumaru estaba a punto de bajar a matar al dragón, cuando escuchó el insignificante murmullo de la muchacha.
Ya era la segunda vez que lo interrumpían en su intento por acabar con la vida del ryu Youkai. Pero esta vez algo se removió dentro de él.
Tan mal se había portado con ella?. Él no era experto en esas cosas, pero en ese instante un deseo de reponerle todo lo que le había hecho creció dentro de su pecho y en ese momento lo decidió. Decidió lo que haría, pero claro lo haría a su manera.
Bajando elegantemente del árbol miró despectivamente al ryu y antes de que él le pudiera decir algo llamó a la muchacha.
"Kagome ven conmigo es hora de comenzar tu entrenamiento".
La muchacha lo miró extrañada. De donde demonios había salido y en qué momento sólo Dios lo sabía, pero ahí estaba parado.
Ahora que lo recordaba él era uno de sus maestros, así que dando un suspiro se paró.
"Jane Akabane kun", dijo la muchacha moviendo la mano de lado a lado y dándole una sonrisa al ryu mientras se iba detrás de Sesshoumaru rumbo al dojo.
Akabane la miró partir.
Sesshoumaru era un cubo de hielo. Como teniendo a alguien como ella detrás de él no se podía dar cuenta, es que acaso era tan ciego; pero bueno eso le favorecía de todas formas.
(7)
Kagome siguió al inuyoukai a una especie de dojo muy grande. Verdaderamente grande.
Cuando entró, fue sacada de sus pensamientos por la varonil voz del inu.
"Por hoy te quedarás con esa ropa ya que solo practicáremos con el arco y flecha. Pero a partir de los siguientes días deberás ponerte otro atuendo que Yukina te alcanzará entendido?".
La muchacha lo observó incrédula. Dios santo, no recordaba haber tenido profesores tan pesados en la escuela.
"Me escuchaste?", preguntó el taiyoukai con una ceja levantada.
La muchacha se comenzó a reír muy bajito.
"Hai hai, Sesshoumaru sensei", le dijo sin poder contenerse la risa haciendo que el taiyoukai de una sonrisa malévola y desaparezca haciéndola mirar para todos lados.
"Y ahora donde se…".
No pudo continuar con su frase porque alguien le dio un leve golpe en la rodilla haciéndola perder el balance, y cuando pensó que caería al piso, el taiyoukai la sostuvo en sus fuertes brazos y se agachó hasta estar muy cerca de ella. Para ser más precisos muy cerca de su rostro.
Su aliento acariciaba su rostro, al igual que ocurrió con Akabane, solo que esta vez sentía como si pequeñas mariposas acariciaran el interior de su vientre y no quería por nada que alguien viniera a interrumpir.
El taiyoukai la miró a los ojos. La tenía tan cerca, sus pequeños labios rosados rogando por ser besados; pero decidió salir de su pequeño ensueño. Eso sería para después, pensó sonriendo mentalmente.
"Primera lección", le dijo acercándose más a ella para susurrarle al oído.
"Nunca descuides a tu enemigo", le dijo en un respiro al oído haciendo que un pequeño escalofrío recorra su espalda para luego dejarla caer nada gentilmente al suelo e ir por un arco y algunas flechas. En este momento su prioridad era enseñarle a cómo defenderse.
La joven miko pensó por unos momentos que la besaría o algo así y estaba a punto de abrazarlo nuevamente cuando la soltó ya la dejó caer al suelo.
"Ayayayayay, duele", dijo sobándose el adolorido trasero mientras veía al taiyoukai recoger algo.
'Ese orgulloso, molesto, egocéntrico, creído lo hizo a propósito. Él sabe que yo, ahora verá, no puedo creer que haya echo eso a propósito'. Pensó recordando la sonrisa que le dio cuando la dejó caer, así que levantándose y sacudiéndose el kimono esperó las indicaciones de su "sensei".
(8)
El taiyoukai podía sentir las olas de poder irradiando de la muchacha como una corriente eléctrica, hasta podía escuchar el pequeño sonido que hacían las descargas de energía al chocarse unas con otras. Al parecer lo que hizo la molesto un poquito. Bueno tal vez mucho.
Se acercó a ella sin dejar que su máscara cayera y le alcanzó el arco y flecha.
"Supongo que debes saber cómo usar estos verdad?", le dijo tratando de molestarla más. Quería saber hasta dónde llegaría su poder estando muy ofuscada.
Kagome lo miró de una manera nada gentil, casi igualando una de sus miradas que prometían dolor y muerte segura.
"Eres una miko, sería el colmo que no supieras…", comenzó, pero no pudo terminar por que la muchacha lo interrumpió.
"Dime a donde tengo que disparar", exclamó notablemente irritada mientras el aura a su alrededor se agrandaba cada vez más.
El inuyoukai señaló a tres blancos dando unos cuantos pasos hacia atrás, sus sentidos e instintos estaban gritándole que saliera de ahí debido al alto poder de purificación que se estaba formando.
Kagome lo miró incrédula. Que si sabía, ja!, por supuesto que sabía. Ella había pertenecido al club de arquería de su escuela siendo una de las mejores; ahora le enseñaría a ese testarudo.
Cogiendo una de las flechas preparó su arco y se puso en posición para disparar.
Sus ojos comenzaron a brillar de un color rosado muy brillante, y eso no pasó desapercibido por el taiyoukai, quien ahora se encontraba en la puerta junto a dos youkais más que miraban muy interesados lo que pasaba.
(9)
Al sentir semejante poder envolver su castillo, Inu-Taisho y Kadsuki salieron del estudio rumbo a donde estaba la fuente de aquella energía sagrada, y eso los llevó al dojo, donde vieron a una muy molesta miko apuntando una flecha a uno de los blancos que se encontraba a casi tres metros de distancia.
El poder de purificación era tanto que no podían entrar sin temer por sus vidas.
Inu-Taisho se encontró con su hijo en la puerta e inmediatamente levantó una ceja.
"Me puedes explicar que es lo que hiciste para ofuscarla de tal manera?".
Su hijo simplemente sonrió de manera cínica y el taiyoukai del oeste se sorprendió. Estaba claro que no tenía intenciones de decirle.
De un momento a otro, la atención de los tres se dirigió hacia la muchacha debido a que disparó una flecha de un color rosado intenso y completamente brillante, que al llegar al blanco lo destrozó en su totalidad, dejando solo cenizas a su paso.
"Algo me dice que lo que resulte de esto no va a ser nada bueno Inu-Taisho sama", dijo Kadsuki algo temeroso al ver semejante poder e Inu-Taisho no le prestó ni la más mínima atención.
"Esa muchacha, como puede ser?. Pero es comprensible, si ella no es humana", dijo pensando que nadie lo había escuchado, pero no se dio cuenta que su hijo si lo hizo.
'No es humana?. Qué demonios está diciendo mi padre?. Aunque…. podría tener sentido'.
"Padre, por qué dices que Kagome no es humana?". Le preguntó observándolo de manera sospechosa.
El taiyoukai inmediatamente se dio cuenta de su error. Aún no era tiempo de explicarle la verdad, así que pensando rápido cambió de tema.
"Así que por fin decidiste llamarla por su nombre", dijo sonriente, provocando que su hijo de un gruñido amenazador y regrese su mirada hacia la miko que ahora tenía dos flechas en el arco listas y apuntando hacia los dos blancos.
(10)
Kagome no sabía por qué tenía este deseo de dejar fluir aquella energía que corría como una corriente por todo su cuerpo, pero se sentía bien.
Disparó las dos últimas flechas, las cuales salieron con una luz más potente que la anterior y destrozaron los blancos, incluyendo la pared por la fuerza del impacto.
Acto seguido, volteó, mirando directamente a los ojos a los dos youkais. Algo en su sangre gritaba que los purifique, que dirigiese toda esa energía contra ellos.
'Purificar qué?'. Se preguntó.
No podía ver manos comenzaron a brillar de color rosado al igual que el resto de su cuerpo y su cabello flotaba en el aire al igual que ella, elevándose unos centímetros del suelo.
"Youkais", pronunció con voz tenebrosa.
(11)
Sesshoumaru la observó voltear hacia ellos y mirarlos de manera amenazante.
De pronto la vio elevarse del suelo y pronunciar "youkais" de manera despectiva.
Ahí fue cuando Kadsuki reaccionó.
"Ella no es Kagome. Esta siendo controlada por sus excesivos poderes".
"Es demasiado para ella, si no hacemos algo no veremos otro amanecer", dijo el inuyoukai de cabellos marrones tratando de acercarse, pero el gran taiyoukai del oeste lo detuvo.
"Ni te atrevas, si entras ahí serás instantáneamente purificado". Explicó cogiéndolo del brazo.
En ese instante Kagome comenzó a brillar más y más fuerte.
Al verla así, el inuyoukai tenía la necesidad de acercarse a ella, de calmar su dolor. Y por primera vez hizo caso a sus verdaderos deseos.
Entró al dojo sintiendo la ola de extremo poder espiritual, pensando por unos segundos que sería purificado, pero increíblemente no le hizo daño.
Lo único que podía sentir era ternura, mucho amor, inocencia y generosidad. Por qué no lo purificaba?.
Justo en ese momento la muchacha pudo distinguir algo y vio al taiyoukai.
"Sesshoumaru sal, no te quiero hacer daño ve… AHHHH", gritó.
Algo la estaba quemando por dentro, quería sacarlo y tenía miedo de hacerle daño a la persona de la que se estaba enamorando poco a poco.
El inuyoukai pudo sentir el dolor de la muchacha y acercándose más a ella la rodeo con sus brazos y la bajo, siendo envuelto en la luz rosa de su poder espiritual.
"Kagome, deja ir, deja ir si no te vas a hacer daño", le dijo en un tono de voz muy dulce.
La muchacha se abrazó a él y un resplandor muy fuerte se apoderó de toda el ala este del castillo, cegando a todos los que se encontraban cerca.
Cuando la luz finalmente se disipo, se pudo ver al inuyoukai con la bella miko casi inconsciente en brazos, quien antes de caer en un sueño profundo le dijo: "Onegai, no te …vayas".
(12)
Inu-Taisho vio a su hijo entrar hacia ese campo de fuerza descomunal y cuando intentó detenerlo no pudo, era demasiado tarde.
Por un momento el también creyó que Sesshoumaru sería purificado, pero en medio de esa tenue luz pudo observar cuando se acercó a la joven miko y la bajó de donde estaba, abrazándola suavemente.
Percibió que le dijo algo, pero no pudo escuchar que.
Una sonrisa apareció en sus labios. Al parecer no tendrían que esperar tanto después de todo.
A punto de observar más, fue segado por una fuerte luz blanca casi rosa, y cuando recupero su sentido de visualización pudo ver a su hijo caminando hacia ellos con la miko en brazos y sin decir ni una sola palabra pasó de largo.
"Qué crees que haya sucedido". Le preguntó al más fiel de sus generales.
El otro inuyoukai solo sonrió.
"Al parecer las cosas se darán más pronto de lo que parecen. El joven Sesshoumaru ha caído completamente en los encantos de la joven miko que lleva en brazos".
"Eso quiere decir que hemos perdido la apuesta", dijo el taiyoukai del oeste regresando a su estudio y mandando a alguien para que limpie el desorden causado en el dojo.
(13)
Sesshoumaru caminó silenciosamente hasta el dormitorio de la muchacha observando su rostro.
"Onegai…no te …vayas", le había dicho en un hilo de voz antes de caer inconsciente.
Su cara se veía tan serena, parecía casi complacida de estar en sus brazos.
La sintió acurrucarse en él y eso lo hizo sonreír.
"Miko que le estás haciendo a este Sesshoumaru", murmuró antes de llegar a la puerta, donde fue descubierto por una sorprendida Yukina quien se acercó a él.
"Kami sama, que le sucedió a la señorita Kagome", inquirió muy preocupada.
El taiyoukai no le respondió y caminó dándole la espalda. Abrió la cama de la muchacha, sacándole suavemente las sandalias que llevaba y la echó, para luego cubrirla con una de las sabanas, provocando que la inu sonría ante la delicadeza con la que trataba al a frágil miko.
"Tuvo una descarga de poder que al parecer la dejó completamente agotada", fue lo único que dijo el taiyoukai a punto de levantarse, cuando escuchó un pequeño quejido proveniente de la muchacha.
Yukina no pudo evitar la pequeña risita que abandonó sus labios.
"Me da la impresión de que Kagome sama no quiere que se vaya".
El taiyoukai simplemente profirió un 'humph' y miró hacia otro lado.
"No se preocupe, yo le diré a su padre que no está disponible por el resto del día".
Diciendo eso la inuyoukai salió del dormitorio dejando solos al taiyoukai y a la miko.
Sesshoumaru se sentó en la cama a lado de la muchacha y sin poder contenerse acarició su rostro.
Era tan suave, su piel tan tersa y blanca que casi parecía tener luz propia.
Tal vez lo que su padre decía era verdad, tal vez era un ser celestial que había venido a tentarlo y no lo dejaría en paz hasta tenerlo completamente enamorado; cuando sintió que la miko se comenzó a despertar la soltó inmediatamente.
(14)
Kagome abrió los ojos y pudo ver al taiyoukai sentado a su lado e inmediatamente se incorporó.
"Que sucedió", dijo preguntó, cogiéndose la cabeza.
Sesshoumaru la miró extrañado.
"Que no lo recuerdas?". "Tuviste una sobrecarga de poder espiritual, casi nos purificas a todos", respondió en tono burlón sin saber que la muchacha se lo tomó muy en serio. Acababa de recordar todo lo que había hecho, y unas pequeñas lágrimas se formaron en sus ojos.
"Gomen, no quise hacerlo. Lo que pasa es que algo se apoderó de mí y no lo podía controlar". "No quise que nada malo les pasara, honto ni gomen nasai", dijo la muchacha sollozando muy silenciosamente para que el inu no la escuchara.
El taiyoukai sintió esa horrible sensación de nuevo al verla llorar, no le gustaba que llorara. Levantando su rostro delicadamente, secó sus lágrimas.
"No llores, no fue tu culpa, para eso esta Kadsuki, él te va a ayudar a controlar tus poderes", le dijo con la misma cara fría de siempre. Pero la miko pudo ver que sus ojos ya no la observaban de esa manera tan gélida, ahora había algo que no podía leer muy bien, algo casi cálido.
"Arigatou Sesshoumaru", le dijo olvidando el título que siempre le daba, aunque aquello no pareció molestarle en lo más mínimo al inuyouka,i quien se paró e instantáneamente la muchacha se sintió vulnerable.
"Quieres que te mandé a alguien para que te traigan algo de comer?", le pregunto.
Kagome solamente lo observaba con ojos suplicantes.
"Iie, pero…", empezó un poco avergonzada. Ya estaba anocheciendo y la verdad se encontraba muy cansada, pero no quería quedarse sola. Tenía miedo de que ese percance volviera suceder y esta vez no se pudiera controlar.
"Tengo miedo…", le dijo en susurro y el inuyoukai se acercó instantáneamente a ella.
"Miedo de que?", le preguntó sin recibir respuesta alguna, solamente un pedido.
"Onegai quédate conmigo solo esta noche. Tengo miedo de, tengo miedo de que vuelva a pasar", le respondió mirando hacia abajo. Estaba muy avergonzada de haber pedido algo así.
Sesshoumaru escuchó su pedido y vio sus ojos suplicantes.
Se quedó por un rato callado. De verdad tenía miedo, lo podía percibir, y no le gustaba verla así.
"No debí decir eso lo siento", se retractó la sacerdotisa bastante incomoda y el taiyoukai sin decir absolutamente nada, se deshizo de las botas que llevaba y se subió a la cama rodeando a la muchacha en sus brazos.
Se acomodó de manera que él estuviera de lado y la joven miko estuviera con la espalda apoyada en su pecho.
"Duerme Kagome", le dijo en un susurro muy cerca de su oído.
"Yo no me voy a mover de aquí", culminó, apretándola fuerte contra su pecho, sintiendo tan cerca su aroma y su figura que tuvo que luchar un poco consigo mismo para controlarse.
Kagome al sentirlo abrazarla y echarse junto a ella, se sintió extremadamente feliz y más aún cuando le dijo esas cosas.
'Kami, yo estoy enamorada de él'.
La muchacha se volteó en el abrazo del taiyoukai y besó una de sus mejillas acurrucándose en su pecho. "Arigatou Sesshoumaru", le dijo para después dejar que el sueño se apoderara de ella.
El inu sintió los labios de la muchacha sobre su mejilla, eran tan suaves.
Nunca había estado en la cama de una mujer con el solo fin de dormir, ya que, las únicas veces que congraciaba la cama de alguna Youkai era para satisfacer las necesidades primordiales de todo hombre, y una vez terminado se iba.
Jamás pasaba la noche con una mujer, eso significaba comprometerse y ninguna de esas era suficiente para él.
Ahora aquí estaba, en la cama de una hermosa sacerdotisa, abrazándola y simplemente recostado con ella, protegiéndola de los miedos que tenía.
Nunca se había sentido tan bien, tan completo. Con ella cerca no sentía ese vacío en el pecho.
Qué era ese sentimiento, no lo entendía y aún no lo quería entender. Tenía miedo de lo que pudiera significar.
'Qué es esto que siento por la miko, no lo comprendo', se dijo a sí mismo antes de quedarse dormido junto a la mujer que estaba comenzando a amar sin siquiera tener la menor idea.
(15)
Inu-Taisho acababa de ser informado de lo que estaba haciendo su hijo por Yukina.
'Pronto tendré nietos', pensó con una sonrisa sabiendo que aún faltaba para eso.
Ahora otra era su preocupación, algo que había ocultado de todo el mundo, algo que estaba a punto de saberse y por lo que tal vez su hijo mayor no lo perdonaría jamás al enterarse.
"Su hijo menor está por nacer en pocas horas Inu-Taisho sama", dijo Kadsuki viendo el rostro de preocupación de su líder.
"Debo traer a Izayoi para acá".
"Pero eso es muy peligroso, la casona esta resguardada para que usted no pueda entrar. Lo más probable es que Takenmaru piense matar a Izayoi sama y a su cachorro".
En ese instante un gruñido se escuchó. "No voy a permitirlo".
"Va a necesitar ayuda".
"Lo sé".
"Manda llamar a Sesshoumaru y a la muchachita, esta noche iré por Izayoi y por mi hijo".
Kadsuki escuchó incrédulo cuando su señor le pidió que llamaran a su hijo mayor y a la joven miko.
"Inu-Taisho sama, usted sabe que Sesshoumaru no reaccionará del todo bien al saber que pronto tendrá un medio hermano, y el hecho que el pequeño sea un hanyou no es de mucha ayuda", dijo el inuyoukai tratando de hacer entrar en razón a su desesperado líder.
Inu-Taisho dio un gruñido frustrado. No había tiempo para esas cosas, el conocía al desgraciado de Takenmaru, el maldito general humano que estaba enamorado de su Izayoi. Jamás lo dejaría entrar a verla y él no podía permitirlo.
"Tendré que correr el riesgo. No puedo perder más tiempo, estoy seguro que Kagome podrá convencerlo, ya lo verás Kadsuki, es la única esperanza que tengo".
El otro inu solo movió la cabeza de lado a lado. Eso no estaba bien, pero no se podía poner en contra de su señor en un momento tan crítico.
Yukina que también estaba presente sabía cual sería la reacción de su joven señor al saber la verdad. Inu-Taisho sama tendría que rezarle a Kami para que su hijo mayor lo ayude.
'Ojala que Kagome chan haga un poco de su magia y ablande el corazón de mi joven señor', pensó la empleada antes de ser llamada por su amo.
"Yukina ve a llamar a mi hijo y a la miko".
La inu solo asintió, temiendo lo peor.
'Kami, no permitas que la desgracia caiga en esta casa onegai, no lo permitas', pensó dirigiéndose al dormitorio de la joven miko.
