Yukina llegó en cuestión de segundos al dormitorio, y pudo observar a la joven pareja durmiendo uno en los brazos del otro.
Que hermosos se veían, no quería ni molestarlos. Jamás había visto a su joven señor estar tan relajado mientras dormía y la miko igualmente, estaba con una pequeña sonrisa en los labios.
Sesshoumaru la tenía bien agarrada de la cintura, hasta parecía que tenía miedo de que se fuera a desvanecer de un momento a otro, mientras que la jovencita estaba completamente acurrucada en el pecho del inuyoukai, poniendo sus delgadas manos sobre este.
'No quiero hacer esto, pero no tengo de otra, es un caso de vida o muerte', pensó la inu antes de proceder a despertarlos.
"Sesshoumaru sama, Kagome sama, despierten".
Al sentir el ruido, Sesshoumaru abrió instantáneamente los ojos. No recordaba la última vez que había descansado tan placida y relajadamente. Por qué tenían que molestarlo ahora.
Percibiendo el peso sobre sus brazos recordó que estaba abrazando a la miko y no hizo ningún esfuerzo por soltarla, hasta que se percató de la presencia de la que lo había cuidado desde pequeño.
Ahí dejo ir suavemente a la muchacha, parándose y automáticamente extrañando el tibio cuerpo de la miko junto al suyo.
Por otro lado, Kagome no quería ni siquiera abrir los ojos. Se sentía muy bien estando tan tibia, pero se percató un poco en el tono de voz de Yukina. Algo no iba bien.
Siguiendo el ejemplo del taiyoukai se paró.
"Qué sucede Yukina chan?".
El inuyoukai simplemente tenía una ceja levantada esperando la respuesta de la inu y Kagome la miraba preocupada.
"Inu-Taisho solicita su presencia. Los necesita para que lo ayuden en algo muy importante, así que los espera debidamente vestidos y arreglados en su estudio".
"Qué es lo que quiere ahora mi padre", replicó inmediatamente el inuyoukai algo exasperado, no le gustaba nada el hecho de que lo hubisem despertado estando tan tranquilo.
"Gomen mi señor, pero Inu-Taisho sama me ha prohibido decirles la razón. Dice que los espera en menos de media hora si es posible".
El taiyoukai dio un gruñido y miró de reojo a Kagome quien le devolvió la mirada y se sonrojó.
Se retiró a cambiarse a su dormitorio y luego se dirigió hacia el estudio de su padre por primera vez de buen humor.
No se podía quitar de la cabeza el rostro sonrojado de la joven miko por su causa.
(1)
Kagome trató por todos los medio de que Yukina le adelantara algo sin conseguir absolutamente nada, así que mientras le arreglaba la vestimenta de miko que tenía que usar, trató de cambiar de tema para aligerar la tensión.
"Por qué los colores de este atuendo son diferentes a los tradicionales?", preguntó refiriéndose al color lavanda de la hakama que le estaba ajustando la inu.
"Quiere decir que eres la miko de la casa de la luna".
La muchacha solamente asintió y decidió que lo mejor era quedarse callada.
La ropa que llevaba era como el atuendo tradicional de una miko, solo que de una tela mucho más fina, algo como seda, las hakamas eran de un color lavanda muy bonito y la manga del ahori llevaba diseños de flores de cerezo del mismo color lavanda de los pantalones.
Al terminar de arreglarle la vestimenta, Yukina procedió a amarrar el largo cabello de la hermosa miko en una cola de caballo un poco alta, dejando dos mechones anchos a los lados y envolviéndolos con una especie de moños hasta la mitad.
Si que le resultaba difícil tratar con su cabello, ya que, era extremadamente largo. La buena noticia era que a la vez era muy sedoso, así que eso lo hacía todo más fácil.
"Estas lista Kagome chan, ve, solo déjame advertirte que debes tener paciencia. Las cosas que estas a punto de presenciar no serán nada bueno".
"Onegai Kagome por todo lo bueno que ha hecho Kami apoya a mi joven señor Sesshoumaru y hazlo entender".
Diciendo eso Yukina se fue dejando a Kagome sola para que se dirigiera hacia el estudio.
La muchacha no sabía a lo que se refería la inu, pero se aseguró de recordarlo. Tenía un fuerte presentimiento de que algo muy malo se avecinaba.
(2)
Kagome llegó al estudio en el que se encontraban los tres inuyoukais y como siempre el mayor de todos le sonrió calidamente al igual que Kadsuki, mientras que Sesshoumaru se la quedó mirando de reojo por un largo rato.
'Por qué se tiene que ver tan bella en todo lo que se ponga, aunque sean ropas de miko. Kami, tu quieres tentarme', pensó mientras la observaba cuidadosamente y de pies a cabeza.
"Y bien padre que es lo que sucede, para que nos has mandado a llamar con tanta urgencia", dijo el joven inuyoukai mirando sospechosamente a su padre.
Jamás lo había visto tan preocupado y eso solo podrían ser malas noticias.
"Tomen asiento por favor", dijo Inu-Taisho señalando a las dos sillas que se encontraban frente a su escritorio.
Los dos hicieron como les pidieron, sentándose y mirando fijamente al gran taiyoukai quien dio un respiro profundo y procedió.
"Sesshoumaru, desde que tu madre murió yo pase décadas honrando su memoria, y Kami sabe que aún lo sigo haciendo, fue la mujer que más ame y que más amaré en toda mi vida". "Pero hace algún tiempo decidí tomar otra esposa", explicó el inuyoukai vigilando cuidadosamente la reacción de su hijo.
El joven inuyoukai, no podía creer que su padre había tomado a otra mujer después de su madre, su madre que lo había amado tanto. Como podía haber traicionado su memoria de esa manera.
La ira lo estaba consumiendo, pero al observar el rostro suplicante de Kagome, algo en él le decía: 'escucha onegai'.
Sentía como sus ojos se comenzaban a enrojecerse, pero respiro profundo y decidió dejar a su padre continuar.
"Prosigue", le dijo con el tono más frío que pudo haber encontrado.
La muchacha escuchó lo que dijo el taiyoukai. Esto no se dirigía a nada bonito.
Al sentir la ira de Sesshoumaru, volteó su rostro y lo observó a los ojos. Sus hermosos ojos ambarinos comenzaban a enrojecerse como la primera vez que lo vio, y lo miró pidiéndole silenciosamente que escuchara a su padre.
"Hace algunos años tomé otra mujer. Esta mujer es la hija de uno de los terratenientes más poderosos de la zona, su nombre es Izayoi, y en pocas horas dará a luz a mi segundo hijo. A tu hermano", dijo y sintió la ira irradiando de su joven hijo, quien se paró y lo miró directo a los ojos.
Inu-Taisho sentía el desprecio irradiando del aura de su primogénito y lo dejó desahogarse.
Por su parte, Sesshoumaru no podía creer lo que escuchaba. Su padre, el taiyoukai del oeste, con la hija de un terrateniente, eso solo podía significar una sola cosa.
"Tomaste a una humana por esposa, reemplazaste a mi madre por una simple e insignificante humana?", dijo cerrando los puños y haciendo tanta presión que las palmas de sus manos comenzaron a sangrar.
"Y ahora me vienes a decir que está esperando un bastardo, un hanyou, uno cuya sangre esta contaminada por la escoria de los humanos". "Padre… me das vergüenza".
Kagome escuchó las palabras del joven inu, y sintió como si una estaca estuviera siendo clavada en su corazón.
Como podía ser que odiara tanto a los humanos, acaso la despreciaba de esa manera a ella también.
Le dolía tanto escuchar esas palabras tan llenas de rencor, pero se lo tragó, y recordó lo que le dijo Yukina: "…Solo déjame advertirte que debes tener paciencia, las cosas que estas a punto de presenciar no serán nada bueno".
"Onegai Kagome por todo lo bueno que ha hecho Kami apoya a mi joven señor Sesshoumaru y hazlo entender".
"Que es lo que desea de nosotros Inu-Taisho sama", preguntó la muchacha tratando de que su voz sea firme sin lograrlo. Le dolía tanto lo que había dicho Sesshoumaru, más que lo del incidente del comedor, mucho más.
(3)
Inu-Taisho sintió el dolor irradiando de la muchacha. Su hijo a veces tenía que ser tan brusco, pero entendía que estaba siendo segado por ira.
"Les pido por favor, que me ayuden a traer a mi mujer y a mi hijo". "Lo más probable es que tengan el castillo rodeado y una vez que nazca lo mataran",
"Me rehúso a ayudar a una humana y menos a un híbrido. Por mí que los maten a los dos, nos librarían de un humano y librarían a esa criatura de la desdicha de su futuro al nacer de la mezcla de dos razas".
Kagome no podía soportar las crueles palabras de Sesshoumaru, pero al ver la cara de desesperación de Inu-Taisho respiró muy hondamente.
'Hazlo entender, hazlo entender', fueron las últimas palabras que le dijo Yukina.
Eso haría, pero después no quería volver a acercarse a él, no después de escuchar el desprecio que tenía hacia los seres humanos, no después de escuchar el probable desprecio que también tenía hacia ella.
Sesshoumaru estaba tan cegado por la ira al escuchar lo que dijo su padre que se olvidó de la presencia de la muchacha y habló llevado por el rencor y el dolor al saber que la memoria de su querida madre había sido traicionada.
Kagome se acercó a él y bajó la mirada, observando las palmas de las manos del inuyoukai encerradas en un puño y completamente rígidas, goteando sangre por la presión.
Cogió al taiyoukai de las manos manchándose con su sangre sin importarle en lo más mínimo, y las abrió suavemente.
"Sesshoumaru te estás haciendo daño", dijo, ganando la atención del inuyoukai, quien al ver su hermoso rostro con lágrimas en los ojos y al sentir sus manos agarrando las suyas tuvo un mal presentimiento.
"Onegai Sesshoumaru, no todos los humanos somos como tú dices, verdad?. No todo es como tú piensas".
"Tal vez esa mujer, Izayoi, sea digna de tu padre. Tal vez sea una de las tantas excepciones, pero si no la ayudas nunca lo sabrás".
"Sesshoumaru tu padre te está pidiendo un favor. Onegai vamos a ayudarlo, por favor, no puedes permitir que se pierdan dos vidas", dijo la muchacha levantando las manos del Youkai entrelazadas con las suyas, poniéndolas en su pecho.
"Vamos a ayudarlo, onegai, y te prometo, te juro que haré todo lo posible por jamás cruzarme en tu camino. No más humanos molestos. Ya no tendrás mi presencia para ofuscarte, ya no más humanos inservibles".
"Por favor, te lo ruego. Tu padre esta sufriendo, el ama a esa mujer, quiere ver a su hijo nacer, a tu medio hermano, que aunque vaya a ser un hanyou tiene algo de tu sangre dentro de él", culminó con lágrimas cáyendo por sus blancas mejillas.
Levantó más sus manos y besó las del taiyoukai con mucha ternura, manchándose sin querer de la sangre de este.
"Ayúdame a ayudar a tu padre y te prometo que jamás, jamás te volveré a molestar. Ya no tendrás por qué quejarte de aquella escoria que tanto detestas, y si la presencia de Izayoi sama te molesta yo me quedaré con ella y su pequeño hijo si Inu-Taisho sama me lo permite".
"Haré todo lo posible por no cruzarme en tu camino, onegai Sesshoumaru onegai".
(4)
Todos se quedaron perplejos al escuchar lo que decía la muchacha y al ver lo que hacía.
Inu-Taisho no podía creer lo que había causado. La muchachita estaba sufriendo, su alma se estaba desgarrando al decir cada una de esas palabras y todos ahí lo podían sentir.
Kadsuki quería ahorcar al inuyoukai por lo que dijo en frente de la miko.
Tanta bondad tenía la hermosa humana que estaba sacrificando el amor que le tenía al primogénito de Inu-Taisho por salvar la vida de personas que no conocía. Sesshoumaru se iba a arrepentir.
El joven taiyoukai se quedó paralizado al escuchar lo que le decía la muchacha.
Como podia haber sido tan egoísta, como pudo haber dicho esas cosas tan hirientes en frente de la muchacha.
Ahora le estaba pidiendo que ayudara a su padre y como trato prometía alejarse lo más que podía de él.
NO, él no quería eso, no quería que se alejara de él. Kami que había hecho.
"Está bien, ayudaré a mi padre", dijo en un tono frío rehusándose a soltar las manos de la muchacha, sin importarle ya que estuviera su padre o Kadsuki ahí.
Quería decirle que todo lo que había dicho no era verdad, que él no pensaba esas cosas de ella, que quería.. Pero no pudo.
La muchacha le sonrió débilmente y se soltó de sus manos, musitando un igual de débil 'arigatou'.
'No, no puede quedarse así. Ella no puede pensar eso, ella no puede alejarse de mi'.
Inu-Taisho vio el arrepentimiento en los ojos de su hijo, y confió en que el sabría manejar lo que había hecho; ojalá que esta vez no fuera muy tarde.
(5)
Todos salieron del castillo. Kagome iba al lado de Kadsuki ya que no quería estar cerca de Sesshoumaru por nada del mundo. No quería enamorarse más de él, no quería dañarse más.
Inu-Taisho iba delante, guiando el paso y Sesshoumaru al final viendo a la joven miko y arrepintiéndose en el alma de lo que había dicho.
Largos momentos después de viajar a una velocidad demoníaca llegaron a una casona.
Estaba completamente rodeada de guardias.
"Yo ayudaré", dijo Kagome alejándose de ellos, indicándoles que fueran detrás de ella, y los inus solamente observaron atentos lo que hacía la joven miko.
Al verla todos los guardias se pusieron firmes y la apuntaron con su lanza debido a que estaba acompañada de tres Youkais.
Uno de los soldados se acercó a ella y la miró de manera grotesca y depravada.
"Mujer que quieres aquí" dijo tratando de tocarla, pero escuchó un fuerte gruñido detrás de ella que hizo que dejara de lado sus intenciones inmediatamente.
En ese instante se le ocurrió una idea a la sacerdotisa.
"Vengo a llevarme al pequeño de Izayoi sama. Tengo entendido que es un hanyou, no requerirán su presencia aquí", dijo de manera completamente inexpresiva y gélida, algo que hizo temblar al mismísimo Sesshoumaru.
El guardia volvió a mirarla de pies a cabeza y luego se inclinó un poco para ver detrás de ella.
"Y esos demonios, que es lo que quieren acá?. Son demasiados, no los puedo dejar entrar".
"Aunque sí me haces un favor… talvez", dijo acercándose a Kagome con ojos lascivos mientras acariciaba su rostro.
El joven inuyoukai no se pudo contener.
Como se atrevía ese infeliz humano a tocarla de esa manera, como se atrevía si quiera desearla.
Perdiendo completamente el control, dejó libre su látigo venenoso y gruñendo, amarró con él el cuello del desafortunado soldado.
"Jamás te atrevas a tocar lo que le pertenece a este Sesshoumaru", rugió, cortándole la cabeza, provocando el ataque inmediato de los demás soldados.
Sus palabras habían pasado desapercibidas para una descorazonada miko, pero no para dos youkais quienes sonrieron.
(6)
Al observar el ataque inminente de los humanos Kadsuki se puso en medio.
"Avancen ustedes, estos no significan nada para mi", dijo comenzando a pelear con los ilusos guardias que se atrevían a retarlo. Matándolos de un solo golpe.
Inu-Taisho agradeció y entró corriendo hacia donde percibía la presencia de su mujer y su pequeño hijo. Eso significaba que acababa de nacer, ya que, podía escuchar el llanto de un varón.
Kagome caminaba atrás del taiyoukai, cuando Sesshoumaru la cogió del brazo.
"Kagome espera, yo…".
Ella lo miró, clavando sus ojos llenos de melancolía sobre los ambarinos y arrepentidos ojos del inuyoukai.
"Iie, lo hecho, hecho esta. Yo no faltaré a mi palabra Sesshoumaru sama", le dijo fríamente.
Sus palabras hacían que el taiyoukai sienta un peso inimaginable en el pecho, por lo que se rehusó a dejarla ir,
"Prométeme que hablaras conmigo cuando todo esto termine, prométemelo", pidió tratando de asegurar una oportunidad de arreglar las cosas.
Kagome siguió observándolo. Por más que quería no se podía negar, no podía, de ninguna manera, así que suspirando rendida, accedió.
"Esta bien, pero primero lo primero", y con eso dio un jalón y salió corriendo detrás de Inu-Taisho dejando al afligido inuyoukai detrás.
(7)
Inu-Taisho entró al dormitorio de su mujer y la vio con un pequeño de cabellos plateados y pequeñas orejitas de perro asomando por su diminuta cabeza.
Una sonrisa apareció en sus labios.
"Izayoi".
La mujer sonrió al ver a su amado.
"Mi señor", dijo la princesa hija del terrateniente de esas tierras.
Abrazó a su pequeño hijo y se levantó con un poco de trabajo para dejar que el gran taiyoukai observara a su bebe, pero cuando estaba a punto de decir algo fue interrumpido por la voz de un hombre.
"Bestia, veo que has regresado a reclamar a aquel engendro tuyo", dijo un humano vestido con las ropas de un general.
"Takenmaru", murmuró el taiyoukai con algo de recelo en su voz, refiriéndose al hombre que estaba sacando una espada y preparándose para atacar.
"Sabía que vendrías bestia, por eso tu morirás aquí junto a aquella que está detrás de ti".
En ese instante el castillo se prendió en llamas y el hombre llamado Takenmaru embistió contra el taiyoukai quien desenvaino una espada colosal.
Verdaderamente aquel humano tenía mucha habilidad para pelear pero no duraría mucho.
Sesshoumaru y la joven miko hicieron su aparición justo en ese momento.
Kagome corrió hacia la mujer que estaba con un pequeño y hermoso bebe en brazos sonriéndole muy dulcemente.
"No te preocupes, todo estará bien", le dijo mientras la ayudaba a pararse.
"Domo arigatou, mi nombre es Izayoi", dijo la otra joven mujer, aceptando la ayuda y llendo a una lado en el que pudieran estar a salvo con ella, mientras la miraba detenidamente. Era muy bonita y se notaba que era una miko.
"Yo soy Kagome", le dijo la joven con una sonrisa, observando de reojo a Sesshoumaru ayudar a su padre contra el humano.
Algo no tenía sentido, como un humano podía con dos Youkai tan poderosos como ellos.
Izayoi envolvió a su pequeño hijo en la capa con la que estaba cubierta y en ese momento Kadsuki apareció en escena.
"Qué es lo que está sucediendo?. Por qué no pueden vencerlo". Preguntó viendo a padre e hijo luchar juntos.
"No se, algo muy extraño está sucediendo. Llevate a Izayoi sama y al pequeño", respondió la muchacha, pero la princesa se negó.
"Iie, onegai cuida de mi pequeño, yo me quedaré aquí a esperar por mi señor, no me moveré sin él".
"Ve tu Kagome chan, cuida de mi pequeño", le dijo, peor la miko a la vez se negó.
"Iie, yo tampoco me pienso mover de aquí sin ver salir triunfante a Sesshoumaru y a Inu-Taisho sama", agregó con un poco de melancolía en su voz.
Kadsuki comprendió los sentimientos de las dos mujeres, y cargando al pequeño hanyou se alejó de ahí diciendo: "Los estaré esperando".
Ambas sonrieron entendiéndose perfectamente la una con la otra.
Las dos se quedaban ahí por una sola razón, ver a las personas que amaban salir sanas y salvas.
(8)
Sesshoumaru no podía entender porque no podían vencer a ese humano.
A la vez, sentía la presencia de la miko detrás de él, y se rehusaba a dejar a ese maldito pasar. No permitiría que le hicieran daño; no se daba cuenta que su padre estaba pensando exactamente lo mismo con respecto a Izayoi.
Takenmaru comenzaba a agotarse y de uno de los bolsillos de su traje sacó un pentagrama hecho de oro y lo puso frente a él.
"Ya basta de juegos, es hora, despídanse".
Los inuyoukai lo miraron extrañados mientras sostenía ese extraño objeto que comenzaba a brillar de color dorado.
Kagome, quien estaba con Izayoi, pudo observar aquel objeto y lo reconoció inmediatamente, sintiendo como su sangre se congelaba al instante, al igual que la de la joven princesa, ya que, ella también sabía de la existencia de ese objeto.
"Kami no. Los van a sellar", dijo desesperada la joven Izayoi.
"No, no lo puedo permitir", replicó la joven miko corriendo hacia el soldado que amenazaba a la persona que amaba.
Izayoi fue tras ella y las dos se pusieron en frente de los Youkai cogiendo a Takenmaru.
"Onegai para no lo hagas. BASTA TAKENMARU", gritó desesperada Izayoi, cogiendo de las manos al general para que soltara el objeto con el que sellaría las almas de los inuyoukai que se encontraban detrás de ellas, mientras el castillo se consumía en las flamas, asemejando al mismísimo infierno.
"Para, por favor, no sabes lo que haces. Onegai para, no cometas esa barbaridad", gritó la joven miko, ganando la atención del general quien la observó maravillado.
Esa mujer era más hermosa que Izayoi, una miko tan pura y bonita.
Pero por qué, por qué esas dos mujeres estaban de parte de las bestias.
En ese instante la ira lo consumió y las tiró bruscamente a las dos, dejando inconsciente a la princesa Izayoi, lo que ganó dos fuerte gruñidos detrás de él.
(9)
Los inuyoukai al ver a las muchachas tiradas en el suelo después de haber recibido un fuerte tirón, estaban a punto de ir a matar al general humano, pero las flamas que se formaron oportunamente alrededor de ellos no se lo permitieron, así que profirieron dos fuerte gruñidos de advertencia de lo más hondo de sus gargantas.
"Dime mujer, por qué se ponen del lado de esas bestias?, de esos engendros?. Por qué si ustedes son humanas?".
Kagome se levantó cuidadosamente y le arrebató aquel extraño objeto de las manos con todas las fuerzas que le quedaban, rehusándose a dejarlo ir.
"Dime por qué luchas aun estando herida. Por qué lo haces?, en que son más especiales esos seres".
La sacerdotisa estaba cansada de esas diferencias, solo quería que nada le pase a nadie, ni a Sesshoumaru ni a Izayoi sama ni a nadie. Lo único que era quería que todo estuviera bien, y que por sobre todas las cosas, no sellaran a su querido Sesshoumaru.
Cogiendo fuertemente el objeto gritó: "Estamos de su parte porque lo amamos, porque no importa que sean youkais, son importantes para nosotras. Entiéndelo, no puedo permitir que selles ahí dentro a la persona que amo, no puedo permitir que selles a Sesshoumaru. NOOOOOOO", gritó la muchacha.
Junto con la exclamación, una luz brillante salió despedida de su cuerpo, y destrozó el objeto, dejándola sin fuerzas para soportar su propio peso, por lo que calló rendida al suelo.
Takenmaru escuchó lo que le dijo la muchacha.
Esa no era razón suficiente. Seguramente su mente había sido poseída por esos seres al igual que le sucedió a Izayoi sama.
Pero la mataría por haber destrozado su única oportunidad de ganar.
Levantándola del cabello, clavó su espada en el centro del estómago de la miko.
Haciéndola gritar de dolor, la dejó tirada en el suelo.
Gran error, acaba de firmar su sentencia de muerte.
(10)
Sesshoumaru escuchó lo que le respondió Kagome al humano y sintió su corazón comenzar a latir más y más rápido.
La miko lo amaba y estaba dispuesta a hacer tanto por él.
Quería correr y abrazarla fuerte, pero no podía. Aparte del fuego, había una especie de campo de fuerza creado por ese extraño objeto dorado que parecía ser un pentagrama.
Quería tener a Kagome cerca de él. Ella lo amaba, y eso lo hacía muy feliz, llenaba de una calidez extraña su corazón, una calidez con la que no estaba familiarizado.
Pero fue sacado de sus pensamientos por el grito desgarrador de la miko y el fuerte olor a sangre proveniente de aquél escudo.
'Ese olor, la sangre, la sangre es de KAGOME', pensó, y sus ojos se enrojecieron llenos de ira.
"KAGOMEEE", gritó, cogiendo su espada hecha de los restos de un oni, su fiel Tokijin.
Su padre pudo percibir lo mismo y sus ojos se enrojecieron con rabia al mismo tiempo.
Como se había atrevido esa basura a hacerle daño a una de las personas que el apreciaba.
Cogiendo a Tetsuaiga fuertemente miró a su hijo y el asintió.
Los dos atacaron al mismo tiempo un par de veces, hasta que lograron destrozar la barrera y por la fuerza del impacto disipar las llamas que les impedían el paso.
Lo que vieron no les gustó nada.
En el piso estaba la joven miko con una herida en el estómago sangrando incontrolablemente y Takenmaru tenía a Izayoi cogida de los cabellos.
Sesshoumaru quiso atacar al infeliz por lo que le hizo a su miko pero no tuvo tiempo, Inu-Taisho se había abalanzado contra él cortándole el cuello y dejando a que se calcinara en las llamas.
El taiyoukai cogió a su mujer sintiendo la presencia de Kadsuki junto a su pequeño hijo no muy lejos de ahí, y miró a la miko con mucha tristeza en los ojos. Si moría no se lo iba a perdonar.
Sesshoumaru se arrodilló y levantó a la muchacha en sus brazos.
Tenía una herida muy profunda en el vientre y no dejaba de sangrar. Estaba completamente fría y pálida.
No quería perderla, no podía perderla.
"Kagome, Kagome escúchame, reacciona", le dijo acariciando su rostro suavemente, saliendo de aquel lugar junto a su padre mientras trataba de despertar a la muchacha desesperadamente.
Inu-Taisho solo miraba desconsolado a su hijo. Su joven y frío hijo estaba sufriendo y era por su culpa.
Él los había llevado hasta allá.
(11)
Kagome no sentía la mayor parte de su cuerpo. Estaba muy débil y tenía mucho frío.
Podía percibir a alguien llamándola, pero no lograba diferenciar su voz.
No quería morirse, aún no estaba lista para que su vida terminase. Así que, con las pocas fuerzas que tenía abrió lentamente los ojos.
Al principio su vista estaba borrosa, peor luego pudo distinguir los dorados ojos del joven Inuyoukai.
"Se..shou..ma..maru", dijo sonriendo débilmente.
"Kagome no te esfuerces. Estas muy mal herida", "Ya pronto llegaremos, resiste".
La muchacha levantó su mano izquierda a duras penas y acarició el suave rostro de taiyoukai, quien se aferro a la caricia. No soportaba sentir que las delicadas manos de la joven estuvieran tan frías.
En este momento todos se encontraban regresando al castillo. Ellos tenían heridas menores debido a la pelea, pero nada de que preocuparse; lo único grave era el estado de Kagome.
"No te preocupes…", replicó la miko tosiendo un poco de sangre debido a que la herida se encontraba justo en su estómago.
"Al menos tendrás un humano menos del cual preocuparte", bromeó tratando de sonreír, mientras inconscientemente se acurrucaba más en él. De pronto sentía mucho frío y los dientes le estaban castañeando.
Al escucharla, el joven inu pensó que nunca se había arrepentido tanto de sus palabras como en ese momento.
"Iie, no digas eso, tú no te puede morir", le dijo mirándola con ojos llenos de tristeza y preocupación.
Por primera vez el frío hijo de Inu-Taisho estaba tratando de aferrar a alguien a la vida. No quería por nada del mundo que la miko muriera.
(12)
Llegaron al castillo y entraron a toda velocidad por los corredores.
Sesshoumaru había decidido que se encargaría de la muchacha, dejando a su padre con su mujer y su pequeño hijo para.
Kagome no podía concentrarse en nada, se sentía en el limbo, pero casi como en un efecto retardado, finalmente asimiló las palabras del inuyoukai.
Se sintió tan feliz de que no deseara que ella muriera. Aunque no lo podía entender, a veces decía cosas tan hirientes y otras cosas tan hermosas.
Pero ahora sentía que la vida se le estaba escapando poco a poco y lo que él le había dicho en ese instante fue suficiente para hacerla feliz.
"Arigatou Sessh…" intentó decirle, pero no pudo terminar su oración ya que quedó inconsciente en los brazos del inuyoukai.
Al sentirla desfallecer en sus brazos, fue desesperado a sus aposentos.
Tendiéndola en la cama fue en busca de Yukina y al traerla la inu comenzó a llorar.
"Qué sucedió mi señor, qué le sucedió", dijo la Youkai acercándose a la muchacha y abriendo la parte superior de la vestimenta para observar la herida que tenía.
"Un general humano la atacó cuando intentó salvarnos", respondió el taiyoukai fallando miserablemente en tratar de esconder sus emociones.
Yukina observó la herida.
La muchacha estaba completamente pálida, sus labios morados y la herida igual de violeta.
Cuando tocó sus manos, estaban congeladas, y al poner uno de sus dedos de bajo de la nariz de la miko para saber si aún respiraba, no sintió absolutamente nada.
Trató acercándose a ella para escuchar el latido de su corazón, pero nada.
La Youkai comenzó a llorar arrodillándose al lado de la cama; al ver eso el joven inu se desesperó.
"Yukina que sucede".
Su sirvienta no le respondía y el joven inu se acercó, e hizo exactamente lo que había hecho anteriormente la inu y al no encontrar señales de vida se subió a la cama y cogió el ligero y frágil cuerpo sin vida de la miko resguardándola entre sus brazos y echándola en su regazo.
Dio un fuerte aullido tan lleno de dolor y tristeza, que se escuchó por toda la casa de la luna, dejando saber a todos los habitantes que la joven miko que había salvado su vida, había perecido haciéndolo nuevamente.
"Kagome", dijo en un murmullo mientras la abrazaba y la acercaba más a su pecho.
(13)
Inu-Taisho escuchó el aullido de su hijo cuando se encontraba limpiando algunos arañones que tenía su mujer.
Un escalofrío completamente desagradable le recorrió todo el cuerpo.
"No puede ser, Kagome chan no puede morir, es imposible". Se dijo en voz alta abriendo, un baúl que se encontraba al pie de su cama.
El aullido lleno de dolor de su hijo se repetía una y otra vez dentro de su cabeza, y del baúl sacó una espada.
"Aún no, aún hay esperanza".
Con Tenseiga en mano fue a toda velocidad al dormitorio de su hijo, de donde había venido el desgarrador sonido.
