Akabane se encontraba sentado en su pequeño escritorio trabajando en las próximas clases que le daría a la joven miko que había cautivado sus sentidos, cuando escuchó el aullido que dio el príncipe de las tierras del oeste y se quedó inmóvil en donde estaba sentado.

"Qué demonios fue eso".

Sin pensarlo dos veces salió corriendo de su hogar, el cual se encontraba en el ala norte del castillo, donde se alojaban los soldados de alto rango del ejército.

Corrió por los pasillos y llegó hasta el ala oeste, el ala que le correspondía a la familia de la luna.

Algo no estaba bien, podía olerlo. En el aire estaba la esencia de la muerte.

Cuando estaba a punto de llegar a su destino fue interceptado por Kadsuki.

"Es mejor que no entres ahí", dijo el joven y triste inu de cabellos marrones mientras bajaba la cabeza. No podía creer que aquella dulce mujer acababa de perder la vida.

El ryu Youkai simplemente lo miró incrédulo.

"Qué sucedió?", preguntó algo desesperado. Quería respuestas en ese instante.

Kadsuki se tragó el pequeño nudo que tenía en la garganta y miró directo a los ojos azules del ryu.

"Kagome chan acaba de perecer".

En ese instante Akabane sintió un horrendo escalofrío pasar por su espina dorsal.

"Estas mintiendo", dijo mientras se alejaba poco a poco del inuyoukai frente a él.

"Es verdad, en estos momentos su cuerpo se encuentra en los aposentos de Sesshoumaru sama".

El dragón salió de ahí en menos de un segundo y se dirigió al dormitorio del joven taiyoukai.

Si lo que decía Kadsuki era cierto, lo haría pagar.

(1)

Inu-Taisho corrió hacia el dormitorio de su hijo y abrió la puerta viendo una escena que le partió el corazón.

El cuerpo inerte de la hermosa miko estaba en los brazos de su hijo, quien se encontraba sentado sobre la cama con ella en su regazo.

Su rostro estaba libre de emoción alguna, y eso hizo que el gran taiyoukai del oeste se quedará completamente melancólico.

Ese mismo rostro fue el que puso cuando su madre murió, cuando se encerró en esa caja de cristal para que nadie supiera que emociones estaban cruzando por su ser.

Si dejaba que Kagome continuara muerta no habría esperanza para su hijo, no habría quien lo saque del estado en el que se estaba sumiendo.

Sus ojos se veían tan tristes y desorientados; no lo permitiría.

Se encargaría de lo que ocasionó. Pero justo cuando estaba a punto de usar su espada, fue interrumpido por la presencia de un muy molesto ryu Youkai.

Akabane había llegado finalmente hasta el dormitorio de Sesshoumaru, y cuando abrió la puerta lo que vio no le gustó absolutamente nada.

Ese maldito había dejado morir a la muchacha.

"Cómo pudiste?, no pensé que fueras tan imbésil", le dijo acercándose a él para tocar a la muchacha.

Cuando estaba a punto de hacerlo, el inuyoukai, que hace unos momentos se encontraba inmóvil, simplemente observando a la mujer que estaba en sus brazos hizo un movimiento completamente veloz.

Cogió la muñeca de Akabane y la apretó con mucha fuerza, amenazando con romper algunos huesos mientras sus garras dejaban caer poción venenosa sobre la herida.

"No te atrevas a tocarla", le dijo en una voz completamente ronca y sombría-

Akabane se soltó como pudo del fuerte agarre del taiyoukai y salió de un salto de su alcance, parándose al lado de Inu-Taisho.

El gran inuyoukai observó lo que sucedió y sacando a Tenseiga de su funda se acercó a su joven hijo.

(2)

Sesshoumaru no podía dejar de observar el rostro de la sacerdotisa.

Aunque estuviera muerta parecía estar plácidamente dormida. Una sonrisa adornaba su faz. Lo único que delataba su estado era su pálido color.

No la iba a soltar por nada del mundo, se negaba a dejarla morir, no quería verla morir, no sin antes decirle, no sin antes pedirle que le diera una oportunidad.

Kagome no podía morir pensando que el la detestaba, no la iba a soltar bajo ningún punto.

Esa fue la razón por la cual, cuando sintió la presencia del ryu, sus instintos hicieron su aparición y amenazaron con destrozarlo, pero antes de que pudiera cumplir su cometido, sintió otra presencia que se acercaba cautelosamente.

No podía identificarlo. Su mente estaba en tal estado que no le importaba nada más que la mujer que se encontraba en sus brazos.

Inu-Taisho sabía que su hijo estaba siendo dominado por su Youkai interno debido a la situación que estaba atravezando, así que, ya estando a un lado de la cama se dirigió a él.

"Sesshoumaru, yo sé una forma de volver a la vida a la muchacha", exclamó el con un tono de voz muy suave para no alterar más a su primogénito.

Al escuchar que había una manera de que Kagome volviera, el inuyoukai levantó la cabeza y miró directamente a los ojos a su padre, acusándolo, restregándole en la cara con solo una mirada que eso era su culpa, que la mujer había muerto por su culpa.

"Ten", fue lo único que dijo el gran taiyoukai del oeste mientras le alcanzaba el colmillo a su hijo.

Sesshoumaru indeciso lo cogió y lo observó. Que se suponía que tenía que hacer con esa espada.

Fijándose más de cerca e inspeccionándola con más detalle, se dio cuenta que aquella arma carecía de filo.

"Te estas burlando de mi?", interrogó el inuyoukai con exactamente la misma voz gélida que tuvo cuando su madre pereció.

"Ponla cerca de la miko y sabrás que hacer".

Sesshoumaru recostó delicadamente a la miko en la cama y se paró.

Cogiendo el mango de la espada, hizo como su padre le ordenó y la sostuvo muy cerca del cuerpo de la joven miko, sintiendo instantáneamente una serie de pulsaciones.

"Qué es esto, por qué esta pulsando la espada", dijo sin querer en voz alta, razón por la cual su padre sonrió.

Colmillo sagrado quería ayudar a la jovencita después de todo.

De pronto lo único que el inuyoukai podía ver era un fondo completamente oscuro y una serie de pequeños entes alrededor del cuerpo de la joven miko esperando el momento oportuno para llevársela con ellos.

"Mensajeros de la muerte", susurró, e inconscientemente deslizó la espada sobre ellos cortándolos por la mitad.

(3)

Desde que cerró los ojos escuchando las últimas y bellas palabras de Sesshoumaru, se encontró con un lugar completamente oscuro.

No sentía absolutamente nada de su cuerpo.

Donde estaba no tenía la menor idea, pero sabía muy bien que no se encontraba con vida. Después de la herida que le causo Takenmaru era imposible que sobreviviera.

Entonces donde se encontraba?, por qué no se había ido al cielo o al infierno como se supone que se van todas las ánimas.

De pronto escuchó una voz detrás de ella.

"Kagome no te asustes", le dijo aquella voz y la muchacha volteó sin poder observar nada, el ambiente aún seguía de un color completamente negro.

"Quién eres, qué quieres", le cuestionó un poco asustada.

La extraña voz dio una pequeña carcajada.

"Tú no debes morir, aún te queda una eternidad por vivir, aún te quedan cosas por hacer".

La muchacha observó a la nada que estaba frente a ella completamente confusa.

"A que te refieres?, yo ya estoy muerta, no hay nada que se pueda hacer", respondió melancólica. No podía creer que ya no vería más a su querido Sesshoumaru.

"Debes regresar por lo que amas, debes regresar para cumplir con tu destino".

"Es hora de despertar. Sayonara Kagome chan".

Kagome quedó desconcertada. No entendía nada de lo que estaba pasando.

Como último intentó grito: "ESPERA, AL MENOS DIME QUIÉN ERES".

La voz se acercó un poco más y le susurró muy cerca al oído: "Yo soy tu, tu eres yo, nosotras somos la joya. No lo olvides nunca".

Después de eso la muchacha pudo sentir como su ser era jalado, y un aire frío se apoderaba de ella asfixiándola.

(4)

Los tres youkais que se encontraban en el dormitorio se quedaron observando atentos lo que sucedía.

La desastrosa herida que había tenido la joven miko en el vientre había desaparecido. Eso dejó muy desconcertado a Sesshoumaru; pero, lo que no entendía era por qué no despertaba. Es que acaso su padre no le había dicho que con eso despertaría?.

Unos minutos se pasaron en completo silencio.

El joven inuyoukai estaba a punto de perder las esperanzas, cuando de pronto escuchó el sonido de una fuerte inhalación de aire provenir de la muchacha, seguido por un leve ataque de tos.

En ese instante Sesshoumaru sintió que le habían devuelto la vida. No sabía porque pero se sentía completo de nuevo.

Estaba tan feliz de verla con vida de nuevo.

El color había regresado a su hermosa y tersa piel, y por como se veían las cosas, su temperatura también había regresado a la normalidad.

Lo único que quería era abrazarla con todas sus fuerzas y no soltarla nunca más. Pero no pudo, ya que alguien se le adelantó.

Akabane vio cuando la muchacha recobró el aliento y abrió sus hermosos ojos marrones.

No se pudo contener y fue corriendo levantándola en sus brazos.

"Kagome chan, que bueno que estas bien. Me tenías tan triste, no vuelvas a hacer una cosa así", le dijo mientras la abrazaba y se bañaba de su exquisito aroma.

Kagome acababa de despertar y estaba lo suficientemente sorprendida como para no registrar el abrazo del ryu.

Se demoró tanto en procesar la situación, que después de unos minutos se sonrojó ante las palabras del dragón.

"Ehh… Akabane kun, no puedo respirar", le dijo un poco avergonzada, haciendo que el Youkai la suelte y la mire a los ojos.

"Me alegra mucho que estés bien".

Akabane pensaba seguir con sus atenciones, pero decidió retirarse.

Podía sentir el aura nada amistosa de Sesshoumaru quien estaba justo detrás de él, y por como sus sentidos lo percibían estaba dispuesto a atacar en cualquier momento.

(5)

Inu-Taisho se regocijó de alegría al ver con vida nuevamente a la muchacha y se acercó a ella dándole un fuerte abrazo cuidando de no hacerle daño.

"Gomen Kagome chan, no quise que esto sucediera".

"Arigatou por haber salvado nuestras vidas nuevamente. No sabes cuan agradecido estoy", le dijo, haciéndole una reverencia, por lo cual la muchacha se avergonzó.

"Iie, no importa. Hice lo que tenía que hacer, no podía dejar que nada malo les pase".

"Principalmente a Sesshoumaru", murmuró el inuyoukai lord de las tierras del oeste haciendo que la muchacha se sonroje como un tomate y su joven hijo que se encontraba detrás simplemente de su famoso: "humph", y no le preste atención, aunque sabía que lo que dijo su padre tenía algo de cierto y eso lo hacía sentirse especial.

"No se preocupe Inu-Taisho sama, yo siempre estaré aquí para servirle", dijo la muchacha con una hermosa sonrisa tratando de cambiar de tema.

"Cómo se encuentra Izayoi sama", preguntó. La preocupación se dejaba notar en sus hermosos ojos marrones.

Inu-Taisho simplemente sonrió.

"Ella y mi pequeño se encuentran muy bien. Lo que me recuerda que tengo una propuesta para ti", le dijo con una sonrisa aún más grande en el rostro.

Kagome lo miró de manera inquisitiva ladeando su cabeza ligeramente hacia la derecha, dejando saber que no tenía idea de lo que estaba hablando.

"Como tu salvaste la vida de mi hijo, te cederé el honor de que pienses en un nombre para él".

La muchacha se quedó muy sorprendida y como si en las horas pasadas no hubiera sucedido absolutamente nada comenzó a tambalearse en la cama dando pequeños saltos llenos de entusiasmo.

"Sugoi, arigatou Inu-Taisho sama", exclamó mientras pensaba en que nombre le podría dar al pequeño angelito de adorables orejas de perro.

"Bueno yo me retiró. Creo que ustedes dos tienen mucho de qué hablar".

Mirando sugestivamente a su hijo desapareció de ahí junto con Yukina, que no tuvo tiempo ni de acercarse a Kagome, ya que, el taiyoukai la sacó de ahí diciéndole que los dos muchachos tenían asuntos que resolver.

(6)

La joven miko subió la cabeza un poco y miró a los ojos al joven inuyoukai, sonriéndole dulcemente.

Se alegraba tanto de que estuviera bien; pero cuando estaba a punto de abrazarlo y agradecerle por las palabras que le dijo antes de que muriera recordó la promesa que le había hecho.

No podía faltar a su palabra. Así que muy triste se paró un poco tambaleante, sus piernas parecían haberse dormido, y dio unos pasos.

Cuando estaba a punto de llegar a la puerta perdió el balance y pensó que caería dolorosamente al piso, pero fue detenida por los fuertes brazos del taiyoukai que la cogieron suavemente rodeándola en su calor.

Sesshoumaru la vio sonreír y sintió que su mundo daba vueltas, esa hermosa sonrisa que tenía era capaz de alumbrar una noche sin luna.

No sabía que decirle, y era natural. Él era una persona de pocas palabras y no estaba acostumbrado a esas cosas, pero cuando estaba decidido a aproximarse a ella, observó el total cambio de semblante en su rostro.

Estaba parándose con mucha dificultad y caminando hacia la puerta sin siquiera decirle absolutamente nada, y no pasó desapercibido para sus sentidos cuando perdió el equilibrio a punto de caer al suelo.

La cogió suavemente.

"A dónde vas", le dijo con una voz muy serena libre de sarcasmo y frialdad.

La joven se le quedó mirando.

"Me alejo de su presencia Sesshoumaru sama, como se lo prometí". Le respondió, soltándose poco a poco y satisfactoriamente del agarre del inuyoukai.

Lo había olvidado, había olvidado eso que le dijo en el estudio.

"Pero yo no quiero que te vayas", le dijo en un susurró que felizmente fue alcanzado por los oídos de la muchacha.

Kagome sintió su corazón apresurar el paso al percibir su voz diciéndole que se quedara, pero ella no podía aceptar aquello, no.

Lo más seguro era que después le diera su arranque de oh todo poderoso y vuelva a herir sus sentimientos diciendo esas cosas tan horribles sobre los humanos.

Decidida a decirle lo que sentía de una vez y sin importarle más nada volteo mirándolo a los ojos, con unos húmedos y tristes.

"Iie, yo no puedo. Me haces daño cada vez que dices cosas tan horribles sobre como los humanos somos criaturas insignificantes".

"Puede que a ti no te afecte, pero a mi sí. Yo soy uno de esos seres que tanto detestas, y me duele tanto escucharte decir esas cosas. Siento como en mi pecho se forma un hondo abismo, porque siento que también piensas esas cosas de mí y no puedo soportar que la persona a la cual amo me deteste de esa manera solo por ser humana".

Kagome comenzó a llorar tapándose el rostro con las manos, dejando sus cristalinas lágrimas caer al piso.

"Yo no pedí ser humana Sesshoumaru sama. Si hubiera sabido que la persona de la cual me iba a enamorar de esta manera los odiaba tanto, hubiera deseado con todo mi corazón ser una Youkai".

"Gomen, por no haber sido una Youkai, pero no puedo seguir cerca de usted, me duele mucho".

Después de decir eso salió corriendo de ahí sin importarle a donde iba.

(7)

El taiyoukai la escuchó declararle sus sentimientos y sufrir por las cosas que había dicho sin pensar.

Como pudo hacer sufrir de esa manera a ese ser tan hermoso.

Por su insensatez lo había perdido para siempre.

Lleno de ira golpeó una de las paredes de su dormitorio haciendo un hoyo en ella y causando que sus nudillos sangren.

Jamás había estado tan frustrado en toda su vida. Le dolían tanto las cosas que le dijo.

Él no quería que se alejara de él. Le gustaba cuando lo retaba y luego discutía con él, para finalmente sonreírle y hacer como si no hubiera pasado nada.

'Qué hice'.

'Me alegra que te des cuenta de que cometiste un error'.

No otra vez. No era el mejor momento para tener una plática con su Youkai interior.

'Cierra la boca de una buena vez'.

'Te lo advertí tantas veces y no me escuchaste. Por qué eres tan necio'.

'Suficiente'.

El taiyoukai no quería saber nada. Deseaba ahogarse en la penumbra sabiendo que la única persona que le demostró su afecto incondicional había sido alejada por él mismo.

'Lo que debes hacer ahora es preocuparte por recuperarla'.

'Ella está sufriendo más que tú'.

Era cierto. Estaba sufriendo más que él.

Desde donde se encontraba podía escuchar sus sollozos y eso le partía el alma en pedazos.

Podía palpar la tristeza de su alma.

'Dile. Dicelo si no la perderás para siempre'.

Fue lo último que le dijo su Youkai interior antes de callarse completamente.

(8)

La muchacha corría desesperada por los pasillos sin importarle a donde iba.

Le había dicho todo a Sesshoumaru y ahora solo quería estar lejos, muy lejos.

Unos minutos después de haber corrido tanto, accidentalmente se tropezó con alguien.

Izayoi había despertado con mucha sed y se había encontrado con su señor durmiendo junto a su pequeño hijo.

Observándolos con una genuina sonrisa, decidió no molestarlos, así que se levantó para buscar la cocina. Ahí encontraría un poco de agua.

Mientras caminaba por el pasillo, fue embestida por una llorosa miko.

La muchacha levantó la cabeza para saber con quién se había golpeado.

"Gomen Izayoi sama, no fue mi intención", dijo con la voz entrecortada tratando de contener las lágrimas.

La princesa sonrió tiernamente.

"Qué es lo que sucede Kagome chan", le dijo con una voz muy dulce mientras la observaba detenidamente.

Kagome no se pudo contener más y se dejó caer sobre la mujer.

"Izayoi sama, me duele, me duele tanto".

La joven señora la abrazo y acarició su cabello.

"Qué es lo que sucede pequeña?", volvió a preguntar con gentileza, lo cual le hizo recordar a la sacerdotisa cuando su madre la consolaba.

"Le dije, le dije que lo amaba. Pero el odia a los humanos, y no puedo, no puedo estar cerca de él, me duele mucho".

Izayoi sonrió tiernamente.

Ella sabía perfectamente por lo que estaba pasando la muchacha; había pasado exactamente por lo mismo con su señor.

"No es así Kagome chan. A mí me sucedió lo mismo".

Al ver el rostro curioso de la muchacha, sonrió.

"No puede ser …", exclamó incrédula la miko y silenciosamente se dirigió a la gran cocina junto a Izayoi.

Cuando llegaron se sentaron en el pequeño comedor que había dentro para los sirvientes.

"Cuando yo conocí a Inu-Taisho, su mujer, la madre de Sesshoumaru acababa de morir, a manos de un terrateniente que era amigo de mi padre". Comenzó la princesa, y Kagome escuchó muy sorprendida pero no dijo nada.

"Me enamoré como una niña pequeña desde la primera vez que lo vi. Un ser que parecía tan inalcanzable, tan frío y orgulloso".

"Nunca sonreía, jamás mostraba piedad ante nada. Parecía una hermosa escultura sin ninguna emoción en el rostro".

Kagome automáticamente se sintió identificada, ella había pensado exactamente lo mismo cuando observó por primera vez al inuyoukai.

"Justo como Sesshoumaru", murmuró sin querer en voz alta.

Izayoi dio una pequeña risita.

"Hai, justo como su hijo mayor, Inu-Taisho detestaba a los humanos con todo su ser por lo que le habían hecho a su mujer".

La muchacha no podía creer cuanto en común tenía la historia de Inu-Taisho sama e Izayoi sama con la suya.

Decidió seguir escuchando, al menos así se distraería un poco del dolor que sentía.

"Siempre me iba a visitar alegando que una débil humana no podría cuidarse sola".

"Yo solo sonreía y disfrutaba de su compañía".

"Qué más podía hacer verdad?, de todas formas el detestaba tanto a los humanos". Le contaba con ojos llenos de nostalgia.

"Pero un día, Takenmaru, el general que te hirió, lo enfrentó cuestionándole cuál era su enfermizo interés en mí y lo que Inu-Taisho respondió me rompió el corazón".

En ese preciso instante Kagome nos sabía si reírse o llorar. Se le hacía tan familiar.

Era exactamente lo que le estaba sucediendo con Sesshoumaru.

"Mi querido señor le dijo que él no se interesaría en débiles e inservibles humanos. Que solo estaba ahí porque no tenía nada mejor que hacer con su tiempo libre".

"Recuerdo que cuando escuché eso salí corriendo de ahí hecha un mar de lágrimas y con intenciones de no volver a verlo jamás".

La joven miko estaba a punto de decir algo, pero Izayoi sabía por lo que estaba pasando y solo quería ayudar. Así que culminó con su historia.

"Inutaisho regresó a los tres días pidiéndome perdón por lo que había hecho".

"Kagome, si él es tan orgulloso como pienso que es, dice las cosas sin pensar".

"Para ellos no es fácil demostrar abiertamente sus sentimientos, recuerda que nosotros somos mucho más emotivos, y ellos siempre están más en control. Sobre todo Sesshoumaru".

"Estoy segura que Inu-Taisho no es nada comparado con la dureza de su hijo. Pero si él te aprecia aunque sea un poco, vendrá a ti".

"No lo busques más, no lo hagas sentir importante. Deja que por esta vez él vaya hacia ti".

"Vas a ver que no te vas a arrepentir".

Diciendo eso la princesa se paró.

"Y si puedes despertar sus celos mucho mejor. Tu eres una muchacha muy bella, demasiado. Estoy segura que debe haber otro pretendiente por ahí".

Izayoi le guiñó el ojo a la muchacha.

Tenía el presentimiento de que todo saldría bien.

Desde que la conoció podía percibir el amor que tenía por el joven inu, y aunque sea por una vez esos orgullosos necesitaban una buena lección.

Solo esperaba que Kagome siguiera su consejo.

(9)

La miko se quedó pensando en todo lo que le había dicho Izayoi.

'Y si tiene razón, puede ser… pero… Yo no sería capaz de usar a nadie para sacarle celos a otra persona verdad?', pensó y una pequeña sonrisa apareció en sus labios después de tanta tristeza.

'Tal vez Izayoi sama tenga razón'.

'Seguiré su consejo, solo espero que resulte como ella dice. Porque yo amo mucho a mi Sesshoumaru'.

Finalmente Kagome se levantó de la silla y se dirigió hacia su dormitorio para bañarse y meterse a la cama.

Al día siguiente todos se encontraban en el comedor; absolutamente todos menos la miko, y Yukina apareció en el preciso momento en que su señor la había mandado a llamar.

"Yukina se puede saber dónde está Kagome", dijo el inuyoukai del oeste con segundas intenciones.

Su mujer le había contado la noche anterior todo lo que había hablado con su protegida.

Una sonrisa había aparecido en los labios del inu en ese momento, después de todo no se aburriría. Le daría a Sesshoumaru una cucharada de su propia medicina.

La fiel empleada de la casa de la luna le dio una reverencia a todos los que estaban en la mesa, incluyendo a Izayoi y a su señor Sesshomaru.

"Kagome sama manda decir que por favor la disculpen pero se encuentra indispuesta y no vendrá a desayunar ni a almorzar. Pero que ya tiene un nombre para su pequeño hijo".

Respondió Yukina con una sonrisa.

También estaba enterada de todo lo que había sucedido, ya que, muy temprano en la mañana había ido al dormitorio de la joven miko y esta le había contado absolutamente todo.

Al parecer los habitantes de la casa de la luna se encontraban en un pequeño y divertido complot para juntar a cierto taiyoukai testarudo con su amorosa miko, y por como se veían las cosas todo estaba yendo como lo planeado.

"Me pregunto que le habrá sucedido a Kagome. Normalmente ella estaría acá temprano y muy sonriente". Exclamó el taiyoukai fingiendo preocupación. Deleitándose al ver el reflejo de la preocupación comenzar a formarse en los ojos de su hijo.

"No tienes alguna idea Sesshoumaru?", preguntó levantando una ceja, pero su hijo no lo estaba escuchando.

Cuando le prestó atención a Yukina y se enteró de que Kagome no vendría se sintió muy culpable.

Tenía que hacer algo. Él quería verla sonriéndole siempre, quería verla junto a él.

"Hijo mío estas ahí, te estoy hablando". Le dijo Inu-Taisho a su hijo mayor luchando para no comenzar a reír.

Sabía que lo que estaban haciendo era una pequeña maldad. Pero, después de todo, si era con un fin bueno kami lo perdonaría.

Sesshoumaru solo volteo a mirar a su padre y se levantó de la mesa.

"Permiso".

Inu-Taisho dio una pequeña carcajada y miró a su mujer, quien le había dado un pequeño jalón.

"Voy a ver a Kagome para saber que nombre decidió para nuestro pequeño".

El taiyoukai solo asintió y vio partir a la madre de su pequeño cachorro.

(10)

Kagome estaba en su dormitorio.

Se acababa de vestir y estaba pensando en lo que haría si se cruzaba con Sesshoumaru, después de todo tenía que seguir el consejo de Izayoi.

Unos pocos segundos después sintió un pequeño toque en su puerta.

"Adelante", dijo y vio entrar a la princesa.

"Ohayou Kagome chan".

"Ohayou Izayoi sama. Qué la trae por aquí". Replicó instantáneamente mientras terminaba de cepillar su largo cabello.

"Bueno, entre otras cosas, vengo a contarte que el pequeño consejo que te di está dando resultado".

Aquello captó la atención de la miko, por lo que se sentó en la cama haciendo una señal para que la joven señora se sentara a su lado.

"Hubieras visto el rostro de Sesshoumaru. Con lo poco que se pueden leer sus emociones, se le veía muy preocupado".

"Ya está comenzando a extrañarte Kagome chan, y no ha pasado ni un día".

"Deberías hacerlo sufrir un poco más", finalizó lIzayoi con una sonrisa en el rostro.

Kagome se puso muy feliz. Al parecer si le importaba al joven taiyoukai.

Lo único que quería hacer era correr y quedarse junto a él. Pero para que las cosas funcionaran tenía que seguir el consejo de la mujer de Inu-Taisho sama y ser paciente.

"Y bien Kagome que nombre has elegido para mi pequeño hijo. Ya esta caminando y aún no se como llamarlo", dijo Izayoi riéndose.

Kagome se quedó mirándola extrañada.

Caminando?, pero si recién ayer había nacido.

La princesa adivinó sus dudas y le dijo: "Los youkais cuando son pequeños se desarrollan muchísimo más rápido".

"En estos momentos, mi pequeño parece un niño de dos años".

"Es por eso que cuando son adolescentes quedan con la apariencia de tener dieciocho o hasta veinte años y no envejecen. Es algo complicado en realidad", le explicó la nueva señora de las tierras del oeste

La miko sonrió, se moría de ganas por verlo.

"Bueno estuve pensando en la noche para distraerme un poco y llegue a una conclusión. Como es un inuyoukai y es un hanyou encontré un nombre muy lindo para él. Espero que les guste".

Izayoi la miró concentrada y asintió.

"Pues a ver he decidido que se puede llamar Inuyasha".

Al escucharla, la joven señora saltó.

"Es perfecto. Se lo diré a mi señor y traeré al pequeño Inuyasha para que lo conozcas".

Kagome se sorprendió.

"En serio cree que el nombre está bien?".

La otra mujer solo asintió y salió de ahí yendo en busca de su señor para informarle.

(11)

Aprovechando que seguramente Izayoi se demoraría, decidió ir a estudiar un poco a la biblioteca.

Al llegar abrió la puerta y entró caminando mirando hacia los libros, hasta que se chocó con algo rígido pero suave a la vez.

Cuando levantó el rostro se dio con los hermosos ojos ambarinos del joven taiyoukai,

Kagome se perdió en el mar dorado de la intensa mirada del inu y por primera vez pudo distinguir algo.

Esta vez no era su imaginación, esta vez lo podía percibir claramente.

Algo había cambiado en la forma de mirarla. Ahora sus ojos estaban llenos de una calidez que solo prometía cosas buenas, y sus facciones angelicales ya no eran tan rígidas.

Que no daría por estar más cerca de él, pero cuando lo sintió moverse y lo vio levantar una mano para acariciar su rostro recordó lo que le dijo Izayoi sama.

"… Estoy segura que Inu-Taisho no es nada comparado con la dureza de su hijo. Pero si él te aprecia aunque sea un poco el vendrá a ti".

"No lo busques más, no lo hagas sentir importante, deja que por esta vez él vaya hacia ti. Vas a ver que no te vas a arrepentir".

Dando un paso hacia atrás lo miró de nuevo.

"Gomen", musitó y salió corriendo de ahí.

(12)

Sesshoumaru estaba en la biblioteca pensando que hacer respecto a la joven miko.

No soportaba más estar así. No había pasado ni un día y ya la extrañaba.

En ese instante lo había comprendido. Él estaba enamorado de la miko, de aquella hermosa humana que no le tenía miedo, que lo curó sin saber quién era, de esa humana que le mostró tanta gentileza.

Estaba enamorado de ella y no quería que se fuera nunca de su lado.

Cuando sintió su presencia se alegró mucho pensando que podría decírselo y así hacer que nunca se alejará de él. Pero cuando ella se percató de que él también estaba ahí lo miró directa e intensamente a los ojos.

Sintió la necesidad de tocar su hermoso y suave rostro, como cuando ella había estado durmiendo en sus brazos, pero cuando estaba a punto de hacerlo la miko dio unos pasos hacia atrás, le pidió disculpas y salió corriendo de ahí dejándolo completamente solo en la biblioteca.

Muy bien, aceptaría que aquello era su culpa. Él la trató muy mal.

Pero una vez que le dijera cuanto la quería, jamás permitiría que le pase nada malo; así que salió de ahí decidido a buscarla.

(13)

El resto del día se pasó así. Sesshoumaru tratando de encontrar a la joven miko y ella evadiéndolo por todos los medios posibles.

Ya estaba atardeciendo y el inuyoukai estaba harto.

Si quería jugar a eso estaba bien, él no estaba dispuesto a ir tras ella.

Había aceptado que la quería y estaba enamorado para ella pero…"Este Sesshoumaru se rehúsa a estar detrás de una mujer", dijo observándola desde la gran ventana que había en el comedor mientras jugaba con el pequeño híbrido hijo de su padre.

Inu-Taisho que pasaba escuchó lo que dijo su hijo y pensó que era el momento de brindarle un pequeño empujón.

(14)

Kagome sentía la presencia de Sesshoumaru detrás de ella, e hizo todo lo posible por esconderse de él, hasta que se fue al jardín y no lo percibió más.

'Seguro ya perdió el interés en mi'. Pensó melancólicamente mientras se sentaba en el jardín que aún seguía cubierto de nieve, ya que, el invierno se negaba a dejar ir de su prisión a la naturaleza.

Fue sacada de sus pensamientos por Izayoi que venía de la mano con un pequeño niñito.

"Kagome chan te estaba buscando. Fui a tu dormitorio pero no estabas".

"Mira aquí está el pequeño Inuyasha". Le dijo, mostrándole al pequeño niño que se escondió tras su falda sosteniendo una pelota amarilla en sus manos.

"Inuyasha no seas tímido, ve y conoce a Kagome chan".

El niñito de cabellos plateados y orejitas de perro, vestido en un ahori rojo, se paró y miró desde el rincón de sus ojos a una sonriente Kagome.

La muchacha sonrió y se acercó al pequeño.

"Konnichiwa Inuyasha kun. Watashi wa Kagome desu", le dijo, ofreciéndole su mano.

El pequeño Inuyasha miró a la jovencita de pies a cabeza y soltó su balón, corrió hacia ella y la abrazó de la pierna, aún era muy pequeño para llegar a su cintura.

"Kagome onee chan, Kagome onee chan", gritaba el pequeño dando vueltas a su alrededor, haciendola reír mucho.

La sacerdotisa lo levantó en sus brazos y acarició sus orejitas.

"Inu kun, quieres jugar conmigo?", le dijo sonriente y el pequeño hanyou asintió con mucha fuerza.

Kagome lo bajó, cogió la pelota y se la tiró. El corrió tras ella, para luego tirársela y que ella fuera por la pelota.

Izayoi sonreía al ver la escena y se sentó donde había estado Kagome para observar como jugaba su pequeño con la hermosa miko que salvó sus vidas.

(15)

Inu-Taisho se acercó a su hijo mayor y se paró a su lado mirando a través del ventanal.

"Algún día será una buena madre no crees?". Le dijo el taiyoukai a Sesshoumaru quien solo asintió.

"Sabes Sesshoumaru, a veces es mejor no dejar pasar las cosas si no luego te puedes arrepentir", agregó el taiyoukai del oeste, mirando como sonreía su pequeño hijo al jugar con la miko.

Sesshoumaru lo observó incrédulo.

"A que te refieres?".

Inu-Taisho levantó una ceja.

"No te hagas el tonto".

"Yo sé que estás enamorado de Kagome". "Ella es muy hermosa, demasiado para ser una humana, es muy bondadosa y de buenos sentimientos".

"Sesshoumaru no dejes pasar esa oportunidad. Tal vez nunca en lo que te reste de vida puedas encontrar a alguien como ella", le dijo su padre yéndose y dejándolo sólo a que contemplara sus posibilidades.

(16)

Ya estaba anocheciendo e Inu-Taisho se dirigió al jardín para recoger a su mujer y su hijo menor.

Cogiendo de la mano a su mujer, se dirigió a su pequeño: "Inuyasha ya es hora de dormir, despídete de Kagome".

El pequeño hanyou dio un insignificante gruñido de molestia que hizo reír a su padre y abrazó a Kagome que se encontraba sentada descansando.

"Oyasumi nasai Kagome oneechan".

La muchacha sonrió y le dio un pequeño beso en la mejilla.

"Oyasumi nasai Inu kun".

Después de eso los tres se fueron dejando sola a Kagome.

Sesshoumaru lo había decidido. Esta vez no permitiría que la muchacha se escape de él.

Salió al jardín, corrió a toda velocidad y se paró frente a la miko.

Kagome al verlo estaba a punto de volver a salir huyendo, pero el inuyoukai la cogió del brazo y la jaló hacia él, quedándose a pocos centímetros de su rostro.

"Esta vez no vas a huir de mi Kagome".

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Lo último que la joven miko supo fue que se estaba despidiendo del pequeño Inuyasha.

De pronto frente a ella estaba el joven inuyoukai mirándola intensamente a los ojos.

Intentó salir de ahí, pero fue cogida fuertemente del brazo y de un tirón fue acercada al joven taiyoukai con el que solamente compartía unos pocos centímetros de espacio entre sus rostros.

"Esta vez no vas a huir de mi Kagome", le escuchó decir.

Al parecer el concejo de Izayoi sama había funcionado y ahora la persona que ocupaba su corazón estaba dispuesta a hablar seriamente.

Dando un suspiro por fin se quedó quieta y le devolvió la mirada al inu, quien la sentó suavemente en el gras cubierto de nieve, para luego sentarse a su lado.

"Qué es lo que sucede Sesshoumaru sama", le preguntó fríamente, cuidando de mantener un tono distante aunque le doliera en el alma al igual que al muchacho que estaba sentado a su lado.

El taiyoukai no podía explicarse por qué la hermosa miko estaba tan distante con él y ya no lo soportaba más.

"No me llames así", le dijo cogiendo suavemente su rostro entre sus manos, acercándola poco a poco a él hasta quedar nuevamente en la posición anterior.

La muchacha se sonrojó ante la cercanía que esta vez era obvia para ella.

Ahora como aquella vez en el dojo podía sentir la tibia respiración del inuyoukai justo sobre su labio superior.

"Lo siento", le dijo mirándola dulcemente a los ojos.

Kagome quería reír, quería echarse sobre él y gritarle cuanto lo amaba, pero se repetía a si misma que debía esperar solo un poco más.

"No tiene de que disculparse Sesshoumaru sa…".

El taiyoukai no la dejo terminar.

Soltó su rostro y puso uno de sus delgados dedos sobre sus labios.

Los observó maravillado ante su suavidad, expectante ante la posibilidad de probarlos y juntarlos con los suyos, pero como le dijo la muchacha, primero lo primero.

"Este Sesshoumaru está arrepentido por todas las veces que dijo insensanteces. No quise herirte Kagome….".

Hizo una pausa para respirar profundamente.

No podía creer que fuera a hacer esto, no podía creer que se fuera a rebajar a tanto.

'Jamás volveré a hacer semejante cosa. Este es un caso especial', se dijo a sí mismo, contemplando la posibilidad que cada vez estaba más cerca. La posibilidad de por primera vez pedirle perdón a alguien.

"Perdoname por todas las veces que te hice llorar", le dijo en un susurró que la muchacha con mucho esfuerzo pudo captar.

No podía creer que lo había escuchado pronunciar aquellas palabras.

Por unos instantes pensó en pellizcarse el brazo pensando que simplemente estaba soñando. Pero no era así, Sesshoumaru le había pedido perdón.

La alegría la consumió, y se echó a los brazos del inuyoukai.

Lo abrazó fuertemente y ocultó el rostro en su pecho, disfrutando su aroma natural.

La felicidad la abandonó cuando por unos instantes pensó que sería como siempre, que él no le correspondería, pero no sabía cuan equivocada estaba esta vez.