El inuyoukai sintió a la joven miko abrazarlo con mucha ternura y esta vez, aprovechando que no había nadie espiando y que finalmente sabía lo que deseaba, se decidió.

Rodeó el delgado y esbelto cuerpo de la miko con sus fuertes brazos y puso su rostro justo donde comenzaba la unión del cuello y el hombro de la muchacha, embriagándose de su delicioso aroma a jazmines y rosas.

Le susurró al oído, solo para que ella pudiera escuchar: "Aishiteru Kagome".

Ella lo sintió corresponderle el abrazo y pensó que estaba en el cielo. Se sentía tan bien; pero cuando lo escuchó decir esas palabras, su corazón dio un salto dentro su pecho esperando salir de él por lo fuerte que estaba latiendo.

La quería, no, la amaba. No la detestaba como ella pensaba.

Pero aún había algo que le molestaba. Tenía que estar segura.

Separándose un poco de él, cogió una de sus manos y lo miró nuevamente a los ojos.

"No importa que sea humana?", le inquirió con un tono de voz algo temeroso.

Miró al suelo unos segundos después, inconscientemente tenía pavor de la respuesta.

El taiyoukai la miró y nuevamente levantó su rostro, cogiendo suavemente su mentón, acercándola más y más a él.

"A este Sesshoumaru no le importa si eres humana, miko o Youkai. Lo único que a este Sesshoumaru le interesa es no perderte nunca más", le respondió y después cerró el pequeño espacio que había entre ellos.

Juntó sus suaves y delgados labios, con los carnosos, rosados e igualmente suaves labios de la miko, masajeándolos suavemente, incitándola silenciosamente a que le correspondiera el beso.

(1)

Kagome escuchó una vez más su declaración y ya no le quedaba duda alguna.

Cuando estaba a punto de decir algo, sintió los labios del taiyoukai sobre los suyos.

Sonrojándose pensó como había soñado con ese momento.

El inuyoukai movía los labios tan suavemente, que la muchacha salió de su estupor y comenzó a moverlos imitando las maniobras de él.

La sintió corresponder y lentamente deslizó una de sus manos por detrás de su cintura, cogiéndola y acercándola más a él.

No podía soportar más tenerla tan cerca, quería probar aunque sea un poco de su esencia.

Deslizó lentamente su lengua y acarició el labio inferior de la miko, rogándole por que le dé una entrada a su dulce boca.

La muchacha sintió el áspero pero a la vez suave apéndice del inu acariciar uno de sus labios y entendió el mensaje.

Tímidamente abrió la boca, haciendo que el taiyoukai aproveche la oportunidad e introduzca su lengua.

Tenía que controlarse para no gemir ante el exquisito sabor de la boca de la miko. Era una mezcla de miel y frutas, lo más delicioso que había probado.

Sin perder más tiempo exploró cada uno de sus rincones.

Kagome lo sintió acariciar cada una de las partes de su boca y no pudo controlarse más al igual que él.

Ganó un poco de valor y puso a trabajar su pequeña lengua acariciando la del taiyoukai muy tímidamente, ganándose un sonido de aprobación.

Así comenzó aquel interminable baile de dos amantes, explorándose el uno al otro aún sin entregarse en cuerpo pero si en alma.

Sobre ellos danzaban sus dos auras, entrelazándose y moldeándose la una con la otra, complementándose perfectamente y creando entre los dos un ambiente casi mítico.

(2)

Después de unos momentos aquel inocente beso se convirtió en uno más pasional.

La necesidad comenzaba a aflorar en los dos seres que se demostraban cariño. La necesidad de pertenecerse el uno al otro.

Pero ambos sabían que aún no era tiempo, aunque no había nada que los hiciera parar en ese momento.

La muchacha sintió como el taiyoukai la besaba con más pasión y más fuerza, y no pudo evitar que un leve gemido de placer escapara sus labios, mientras se perdía en los confines de aquel interminable beso.

Sesshoumaru la escuchó dar ese insignificante sonido de placer y pudo sentir como su sangre hervía dentro de él.

Su Youkai le estaba pidiendo que la tomara como suya para que nunca se separaran, pero él sabía que todavía no era tiempo.

'Al menos por hoy'. Pensó malévolamente, mientras seguía disfrutando de aquel beso.

Después de un largo rato los dos tuvieron que separase por la falta de necesario oxígeno, y al hacerlo, el inuyoukai accidentalmente rasgó uno de los delicados labios de la miko con sus colmillos, haciendo que sangre sin que ella se diese cuenta.

Se acercó y lamió el pequeño hilo de sangre que corría por su labio inferior, deleitándose nuevamente con el sabor del líquido vital de la muchacha; solo podía imaginarse como sería su esencia si su sangre sabía de esa manera.

'Iie, este Sesshoumaru no puede tener esos pensamientos en la cabeza'. Pensó mientras rodeaba con sus brazos a una sorprendida miko.

Kagome estaba totalmente mareada. Jamás en su vida pensó que la primera vez que la besaran sería tan intensa.

Una sonrisa descarada apareció en los labios del taiyoukai al observar el sonrojado y mareado rostro de la miko.

Al parecer él había logrado eso y eso lo llenaba de orgullo.

La muchacha se acurrucó en él, susurrando de igual manera que el hizo con ella antes de quedarse dormida: "Yo también te amo Sesshoumaru".

Abrazándose de su cola procedió a cerrar los ojos y entrar al mundo de los sueños.

Sesshoumaru la sostuvo así por unos instantes, con una calidez interior que nunca antes había sentido al escucharla decir que ella también lo amaba.

Disfrutaba en exceso de la cercanía de la que pronto sería su mujer.

Sí, así lo había decidido. Haría a la miko su mujer, para que siempre este a su lado.

Pasó un momento así y minutos más tarde sintió como el frío de la noche se intensificaba.

Sostuvo en sus brazos el ahora cálido cuerpo de la miko y la levantó, envolviéndola con su cola para que no le pasara el frío.

Entró al castillo y se dirigió a su dormitorio, sin darse cuenta del par de ojos ambarinos que lo observaban desde la ventana, con alegría danzando a través ellos.

(3)

Inu-Taisho disfrazó su aroma para que su joven hijo no lo descubriera y observó todo lo que sucedía.

Ahora sí todo sería como siempre debió ser, y si kami lo permitía dentro de unas semanas tendría nietos en camino, lo único que faltaba era esperar un poco.

Había podido percibir el deseo irradiando de los dos mientras se besaban y por ser jóvenes lo más probable sería que no se pudiesen contener.

"Mejor para mí, eso significa más miembros para el clan de los inus, y sin duda mis nietos serán muy fuertes", dijo en voz alta regresando a su dormitorio.

Su rostro cambió totalmente en cuestión de segundos, cuando recordó lo que había sucedido hace unas horas.

Uno de sus mensajeros había ido hasta el doj, donde en esos momentos se encontraba, llevándole una misteriosa carta firmada por un tal Naraku.

Quién era aquél no tenía ni la menor idea, pero lo que decía la carta si era preocupante. Aquellas palabras se habían grabado en su memoria debido a la su magnitud de estas.

"Yo se que usted tiene a la joya, la shikon no tama de carne y hueso, la encarnación del poder, las cuatro almas moldeadas en una sola".

"No descansaré hasta que me pertenezca. Esa joya será mía".

Aquello era verdaderamente preocupante, no podía permitir que nada le sucediese a la futura mujer de su hijo.

Pasado mañana era el aniversario del nacimiento de su primogénito, y por tal motivo iba a organizar una gran fiesta, así que, lo mejor sería que le informase después del evento.

Con eso en mente regresó a sus aposentos a dormir junto a su mujer y pequeño hijo.

(4)

Sesshoumaru caminó lentamente hasta el dormitorio de la muchacha.

Al llegar, abrió cuidadosamente la puerta, apoyando a la joven en su brazo izquierdo y sosteniéndola con ayuda de su cola.

Una vez dentro, abrió la cama y la acostó suavemente.

Le quitó los zapatos, la cubrió con la ropa de cama y le dio un pequeño beso en los labios para luego salir de ahí silenciosamente.

Por más que quería estar con ella como la noche anterior no podía. Sabía que esta vez lo más probable era que no se controlara y la tomase como su mujer, y él no quería hacerlo sin su consentimiento.

Dirigiéndose a su dormitorio dio un respiro profundo.

'Supongo que tendré que esperar', pensó algo molesto, ya que, de verdad deseaba estar con ella.

Resignado se deshizo de sus ropas y se metió a la cama.

Trató de descansar, pero a cada segundo recordaba el aroma y el sabor de la muchacha. Definitivamente eso no ayudaba mucho.

Incomodo por el calor que comenzaba a sentir, cambiaba de posición a cada segundo y ahora lo que poblaba sus pensamientos era el pequeño gemido que dio Kagome cuando…

No, gran error.

Dando un gruñido se movió nuevamente, al parecer esta noche no podría dormir, ni siquiera pegar un ojo, no hasta que la tuviera.

(5)

El invierno estaba llegando a su fin, y se podían ver los escasos rayos de luz espiando a los habitantes de la casa de la luna por las rendijas de sus cortinas, o por las ventanas ya abiertas.

Un nuevo día comenzaba y todos los sirvientes ya estaban ocupados con sus labores diarias, un poco más atareados que de costumbre, ya que, el día de mañana sería el aniversario del nacimiento de uno de sus señores, y como todos los años, una gran celebración se libraba ese día, para festejar el acontecimiento.

Inu-Taisho estaba hablando con uno de sus tantos mensajeros para que llevara las invitaciones a todos los miembros de la realeza Youkai, mientras que su pequeño hijo daba saltos por aquí y por halla, poniendo los nervios del gran taiyoukai al borde del abismo.

Jamás había tenido tanto problema con Sesshoumaru, pero el carácter de su pequeño Inuyasha era completamente opuesto al de su hijo mayor. Cuando el pequeño hanyou creciera, seguramente abrían problemas, si es que no comenzaban a partir de ahora.

Dando un respiro profundo se dirigió a su cachorro.

"Inuyasha", lo llamó con voz severa, no podía darse el lujo de tratarlo delicadamente, ya que, él era un hombre.

"Hai outo sama", respondió el pequeño, acercándose a su padre con una gran sonrisa mostrando los pequeños colmillos que recién acababa de adquirir.

"Por qué no vas a buscar a Kagome. Estoy seguro que podrás jugar con ella", le sugirió, observando el brillo en sus ojos ante la mención de la muchacha.

"Hai, hai Kagome onee-chan", exclamó, saliendo a toda velocidad del estudio, rumbo al dormitorio de la muchacha.

El inconveniente era que no sabía dónde estaba su dormitorio.

Caminando lentamente, se encontró con Yukina, quien lo observó y le dio una cálida sonrisa.

"Ohayo Inuyasha sama", le dijo mientras se agachaba para estar a su nivel.

"Ohayo Yukina chan. Me puedes decir donde esta el dormitorio de Kagome onee-chan", preguntó el pequeño hanyou con vocecita tierna.

La inu sonrió y le mostró el camino, viéndolo correr justo por el rumbo que le había indicado.

(6)

Kagome se acababa de despertar y estaba muy contenta.

Recordaba todo lo que había sucedido ayer y no lo podía creer. Lo único que quería hacer era ir a buscar a Sesshoumaru y nunca separarse de él.

Sonrojándose mientras otro tipo de pensamientos se entrometían en su cabeza, decidió que lo mejor sería darse un baño.

Minutos más tarde terminó, y salió para vestirse, esta vez sin ayuda de Yukina. Por primera vez desde su estancia en el castillo no había venido a verla.

'Seguramente tenía cosas que hacer', se dijo a sí misma, acomodándose el kimono que se había puesto.

La joven se echó en la cama después de haberse peinado, para mirar al vacío un momento.

Estaba disfrutando de su pequeño momento de soledad hasta que un insignificante toque en la puerta la sacó de su pequeño universo.

"Adelante", dijo, y lo único que pudo ver fue una brisa entre rojo y plateado, hasta que finalmente sintió sobre ella al pequeño niño que la estaba abrazando.

"Kagome onee-chan, Kagome onee-chan. Ohayo Kagome onee-chan".

La muchacha dio una pequeña risita, por lo que podía observar, el pequeño hanyou tenía energías de sobra.

"Ohayo Inu-chan", respondió acariciando sus orejitas.

"Y dime como estas", agregó y a partir de ahí el pequeño hiperactivo comenzó a contarle todo lo que había hecho desde que despertó hasta ese momento, haciendo que la joven miko deje escapar algunas risas ante sus ocurrencias.

Sesshoumaru se despertó y decidió ir a ver a la joven miko.

Cuando llegó, tocó la puerta y escuchó un adelante. Entró sin darse cuenta ni percatarse de la presencia del pequeñito que estaba sobre las piernas de su futura mujer.

"Ohayo Kagome" dijo el taiyoukai acercándose a ella.

La muchacha se sonrojó recordando nuevamente lo de la noche anterior, mientras le daba una hermosa sonrisa al taiyoukai. quien se acercó para besarla suavemente.

Ella le correspondió al instante, y cuando estaba a punto de ahondar más el beso, fue empujado por unas pequeñas manitos que estaban sobre su armadura.

Inuyasha había visto entrar al Youkai y por unos instantes se le quedó viendo, se parecía mucho a su Outou sama.

No sabía quién era, aunque tampoco le importaba, pero cuando se acercó y le hizo a su Kagome onee-chan, esas cosas que su Outo sama le hacía a su Oka san lo empujó y le preguntó: "Tú quién eres?".

Sesshoumaru dio un gruñido exasperado y observó hacia la fuente de la voz. Viendo al pequeño híbrido en las piernas de su Kagome, levantó una ceja.

"Por qué le haces eso a mi Kagome onee-chan", preguntó cachorro, parándose sobre la cama y en frete de la joven miko.

Sesshoumaru lo inspeccionó con la mirada curioso.

Así que ese era el pequeño bastardo de su padre, como se atrevía.

"Y se puede saber quién eres tú?", le dijo en un tono aburrido y serio.

El pequeño niño lo observó de pies a cabeza.

"Yo soy Inuyasha, y tú quien eres", respondió, cruzando los brazos frente a su pecho, cosa que le pareció muy tierna a Kagome, por lo que comenzó a reírse silenciosamente.

No podía creer lo que estaba viendo, al fin los dos hermanos se estaban conociendo, y no se atrevía a interrumpir ya que quería saber como se desarrollaba todo el asunto.

El taiyoukai levantó una ceja. 'Mocoso igualado', pensó antes de responderle.

"Mi nombre es Sesshoumaru", dijo, y luego lo miró de manera totalmente seria, con esos ojos gélidos que podían congelar hasta el infierno y a todos sus habitantes.

Inuyasha se acercó a Kagome. Ese extraño lo estaba asustando, pero antes el pequeño necesitaba respuestas.

"Y se puede saber porque le hacías eso a mi Kagome onee-chan", preguntó, abrazando del cuello a la muchacha, cosa que molesto al taiyoukai.

No le gustaba mucho la idea de que el pequeño híbrido estuviera tan cerca de su futura mujer.

"Creo que eso no es de tu incumbencia hanyou", le dijo fríamente, pero al niño poco le importó el termino peyorativo y le dio un beso en el cachete a una sonriente Kagome.

"El único que puede hacerle eso a mi Kagome onee-chan soy yo, porque cuando cresca me voy a quedar con ella", exclamó desafiante mientras se sentaba sobre la muchacha y la abrazaba.

El taiyoukai dio un gruñido. Como se atrevía ese mocoso a decir semejantes cosas.

"Mocoso insolente", le dijo acercándose peligrosamente a él para cogerlo del cuello, pero el pequeño Inuyasha era más inteligente, así que salió corriendo de ahí y comenzó a dar vueltas por todo el dormitorio.

"A que no me atrapas", gritó sacándole la lengua.

El joven inuyoukai estaba bastante irritado por la presencia y la osadía del pequeño y otro gruñido escapó sus labios; miró orgullosamente hacia otro lado diciendo: "Este Sesshoumaru se niega a prestarse para juegos tontos y menos con mocosos".

El pequeño hanyou se paró en frente de su hermano mayor e hizo exactamente lo mismo que él. Cruzó los brazos sobre su pecho, miró con la misma terquedad hacia otro lado e imitó a la perfección el tono gélido de su hermano mayor.

"Este Sesshoumaru se niega a prestarse para juegos tontos y menos con mocosos", dijo, repitiendo exactamente las mismas palabras del taiyoukai y parándose ahí, esperó la reacción del heredero al trono de la casa de la luna.

El inuyoukai se quedó estático viendo al hanyou imitarlo.

Una expresión bastante amenazante apareció en el rostro del taiyoukai, provocando que Inuyasha salga corriendo.

Sesshoumaru desapareció en un abrir y cerrar de ojos. En cuestión de segundos aparecií detrás del pequeño y lo cogió del cuello de su ahori rojo, lo levantó en el aire hasta la altura de su rostro.

"Me decías enano malcriado", dijo con una sonrisa malévola mientras el pequeño pataleaba para que lo soltara.

Kagome estaba observando todo.

Sin querer Sesshoumaru se había puesto a discutir con su pequeño hermano. Era demasiado gracioso para ser verdad.

De un momento a otro se podía decir que habían comenzado a jugar, al parecer el gran taiyoukai no detestaba del todo al pequeño niño.

Eso pensó hasta que lo vio levantarlo en el aire con una sonrisa malévola en los labios.

Parándose de la cama se acercó a los dos hermanos y miró tiernamente al taiyoukai.

"Ya bájalo es solo un niño", dijo, mientras lo cogía de la mano para ganar su atención.

Sesshoumaru no se pudo negar al hermoso rostro de la mujer que amaba, y dando un suspiro bajó al pequeño hanyou.

La muchacha se arrodillo al nivel del cachorro.

"Inu-chan, él es tu hermano mayor, Sesshoumaru".

El pequeño hanyou miró al taiyoukai y le sacó la lengua.

"Pues Sesshoumaru onii-san no es gentil como Kagome onee-chan", dijo abrazándose de la pierna de la sacerdotiza, recibiendo una mirada nada amigable de su hermano mayor.

Los dos se miraron y voltearon igual de testarudamente hacia lados contrarios con los brazos nuevamente cruzados.

Kagome movió la cabeza de lado a lado y levantó al pequeño Inuyasha.

"No puedo creer que te hayas puesto a discutir con un bebe", le dijo al taiyoukai antes de salir a dejar a Inuyasha con sus padres.

Sesshoumaru se quedó ahí parado.

El hanyou había arruinado su perfecta mañana, ya se las pagaría. Ahora tenía que esperar.

Quería hablar con la joven miko a solas, sin mencionar que deseaba hacer otras cosas también.

Cerrando la puerta del dormitorio detrás de él, se dirigió hacia el dojo. Le haría bien entrenar un poco.

(7)

La muchacha caminó por los pasillos hasta que sintió la presencia de Inu-Taisho e Izayoi sama en el salón.

Al abrir la puerta se dio con absolutamente todos los sirvientes acomodando cosas por aquí y por allá, decorando cada parte.

Kagome los miró curiosa hasta que se acercó a Inu-Taisho.

"Ohayo, Inu-Taisho sama, Izayoi sama, vengo a traerles a este pequeño inquieto", dijo mirando a Inuyasha.

La princesa sonrió y cargó a su hijo.

"Ohayoo Kagome chan, espero que no te haya dado problemas", dijo Inu-Taisho sonriendo.

La joven miko le devolvió la sonrisa y movió la cabeza de lado a lado como negativa.

"No, pero, Inuyasha acaba de conocer a alguien verdad?", se dirigió al pequeño hanyou, quien dio un gruñido y un "feh" que hizo reír a su madre y a la muchacha mientras su padre curioso levantaba una ceja.

"Y se puede saber a quién conociste Inuyasha?".

El niño extendió sus brazos para que su padre lo cargara, y este accedió, sentándolo sobre sus hombros.

"Y bien?".

"Hoy conocí a Sesshoumaru onii-san, que le estaba haciendo a Kagome onee-chan esas cosas extrañas con la boca que tú le haces a oka san".

En ese instante Kagome se puso tan roja como la ropa que llevaba el pequeño niño e Izayoi comenzó a reírse, mientras que el gran taiyoukai del oeste compartió la risa de su mujer a la vez, mirando sugestivamente a la sacerdotisa.

"Eso se llama besar Inuyasha, y dime que te pareció tu hermano mayor", le preguntó nuevamente, bajándolo al piso de mármol para ver bien sus expresiones.

Recordando lo que le había visto hacer al joven inu, Inuyasha cruzó sus brazos y levantó su nariz bien en alto.

"Este Inuyasha se niega a responder preguntas", dijo imitando el tono de su hermano, dejando con los ojos tan grandes como dos ciruelas a su padre y a su madre a punto de ahogarse de la risa.

Seguramente aquel intercambio fue algo muy gracioso, y por lo que estaba haciendo Inuyasha, no encontró a su medio hermano del mejor humor.

Inu Taisho recordó la pequeña acotación de su hijo y cuando estaba a punto de decirle algo a la miko, ella lo miró y sonrió nerviosamente,

"Eh… y para que están decorando todo el lugar", preguntó Kagome para cambiar de tema y a la vez para sasear su curiosidad.

"El día de mañana, a partir del atardecer habrá una celebración ya que es él aniversario del nacimiento de Sesshoumaru".

La joven miko abrió la boca haciendo la forma de una pequeña 'o'. Así que era el cumpleaños de Sesshoumaru.

"Ya veo".

Izayoi la miró y se acercó a ella.

"Y ya sabes que le vas a obsequiar", le dijo sonriendo.

La muchacha puso un dedo sobre su mentón fingiendo concentración, para luego sonreír.

"Ya se me ocurrirá algo".

Después de decir eso, salió del salón dejando al taiyoukai de la casa de la luna seguir con sus deberes y a Izayoi sama encargarse de su pequeño.

(8)

Caminando por los pasillos mientras buscaba a Sesshoumaru, se encontró con Kadsuki.

"Ohayo Kagome chan. Ya desayunaste?", le dijo y la joven le devolvió el saludo para luego negar con la cabeza.

"Será motivo para que me acompañes, yo tampoco he desayunado aún", agregó el inuyoukai sonriendo.

La muchacha asintió y juntos se fueron a desayunar a la cocina.

"Y Kagome estas lista para comenzar con tus lecciones de concentración".

"Hai Kadsuki kun", respondió la muchacha mientras terminaba de tomar un vaso de jugo.

"Entonces cuando terminemos de desayunar podremos comenzar", replicó el inuyoukai de cabellos marrones, para proceder a tomar desayuno.

Al culminar se dirigieron al jardín, que era el mejor lugar para meditar.

El inuyoukai se sentó frente a la muchacha y la observó con mirada intensa.

"Muy bien, siéntate con las piernas cruzadas y cierra los ojos. Respira profundo y concentra toda la energía que tengas en un punto frente a ti". Le indico el maestro y Kagome hizo como le dijeron.

Pudo concentrarse sin ningún esfuerzo, ya que, por ser una persona calmada y serena era mucho más fácil para ella.

"Ahora piensa en crear una especie de barrera a tu alrededor. Concentra toda tu energía en esa sola tarea", volvió a indicar el general inu.

Kagome estuvo intentando por unas cuantas horas hasta que por fin logró formar el dichoso campo a su alrededor.

Era una especie de esfera rosada, como toda la energía que salía de su cuerpo, y para probar la fortaleza Kadsuki decidió atacarlo, no sin antes explicarle a la muchacha que se quedase totalmente calmada.

Cogiendo la lanza que siempre llevaba consigo, concentró una cantidad bastante razonable de su energía en ella, creando una pequeña descarga en la punta hecha de acero.

Se puso en posición de ataque y fue a toda velocidad contra el aparentemente débil campo de fuerza creado por la miko.

Al hacer contacto con él, sintió una descarga recorrer su cuerpo y salió literalmente volando hacia el otro extremo del campo.

Cuando Kagome vio al inu, perdió la concentración y salió de ahí corriendo para acercarse a un semiconsciente inuyoukai.

"Kadsuki kun, se encuentra bien?", le preguntó acariciando su rostro; verdaderamente se encontraba preocupada.

El inuyoukai se levantó a duras penas y dio una sonrisa.

"La verdad es que subestime tu barrera Kagome chan. Te felicito eres una alumna muy aplicada".

La muchacha dio una leve sonrisa y acarició el rostro del inu, justo donde había una pequeña quemadura debido a la energía purificadora que recibió.

"Gomen ne Kadsuki kun, creo que nuevamente no medí mi fuerza", le dijo y el inu estaba a punto de responderle cuando escuchó un leve gruñido justo detrás de ellos.

(9)

Sesshoumaru ya se había pasado un buen rato desfogando la molestia que tenía debido al pequeño cachorro con el que se encontró esta mañana.

Decidiendo descansar después de haber entrenado debidamente en el dojo, se fue hacia su dormitorio y se dio un baño, poniéndose uno de sus clásicos kimonos blancos pero con diseños azulinos en la parte superior del hombro y sin su acostumbrada armadura.

Una vez fuera de sus aposentos, comenzó a buscar el aroma de su preciada Kagome, percibiendo que venía desde el jardín.

Escabulléndose por ahí y mirando entre unos arbustos para darle una sorpresa a la muchacha, se dio con una escena que le causo un últimamente familiar sentimiento de molestia.

En medio del jardín se encontraba la joven miko que pronto sería su mujer acariciando el rostro del general más confiable de su ejército, y aunque lo intentó, no pudo evitar que un amenazante gruñido escapara sus labios provocando que la muchacha diese un salto y mirara para el lugar en donde él se encontraba.

Kagome sintió aquel sonido y percibió que no se trataba de nada bueno, así que volteando hacia el lugar de donde provenía vio a un no muy feliz Sesshoumaru.

Susurrándole nuevamente unas disculpas al inu que se encontraba parándose, se acercó al taiyoukai que ahora se estaba completamente erguido, mirándola hacia abajo ya que por lo menos le llevaba una cabeza.

Levantando una ceja observo a la joven miko y le dijo: "Se puede saber que estabas haciendo?".

Kagome le devolvió el mismo gesto. Acaso estaba celoso?, tenía que ser su imaginación. Quería reírse ante tal tontería, pero creía que lo mejor era no irritarlo más, así que dando la sonrisa más dulce y brillante que tenía miro al inuyoukai con ojos que asemejaban los de un pequeño e ilusionado cachorrito.

"Kadsuki kun me estaba enseñando a hacer un campo de fuerza y cuando se quiso acercar a atacarme para probar su resistencía, salió volando".

"Me preocupó mucho. Cuando me acerqué me di cuenta que se había quemado la cara", dijo riéndose divertida ante aquella anécdota.

El joven taiyoukai le sonrió por primera vez y Kagome lo miró con dos ojos que parecían unas ciruelas, haciendo que el inu borre inmediatamente aquella mueca de felicidad.

"Qué es lo que sucede?", le preguntó algo irritado. No había sido su intención sonreír, pero con ella a su lado simplemente pasaban cosas increíbles.

La muchacha se acercó a él un poco más y se paró en las puntillas de sus pies para poder alcanzarlo, indicándole que se acerque a ella para que pudiese hablarle al oído.

Sesshoumaru accedió algo curioso y la muchacha dio una pequeña risita en su estilizada y puntiaguda oreja, haciendo que una ola de placer pase por el cuerpo del inu debido la vibración en uno de sus apéndices más sensibles.

Kagome cogió el rostro del inu entre sus manos y lo acercó lentamente a ella, estando finalmente a su nivel.

"Sabes, deberías sonreír más seguido, te queda muy bien".

El taiyoukai abrazó a la muchacha de la cintura, acercándola a él lentamente, hasta que la pegó a su cuerpo, sintiendo todas sus perfectas y bien puestas formas femeninas, ya que, esta vez se encontraba sin su clásica armadura.

Bajó la cabeza y besó tiernamente a la miko, que instantáneamente se derritió en sus brazos, agradeciendo a kami que él la estuviera sosteniendo.

"Tal vez puedo hacerlo, pero solo para ti", le dijo, volviendo a sonreírle con esa sonrisa única que tenía; algo que no se veía todos los días.

La muchacha simplemente dio un suspiro y se recostó en su pecho. En esos instantes no le importaba nada, era la mujer más feliz del mundo.

(10)

Inu-Taisho había terminado de hacer los últimos arreglos para el gran evento y ahora se encontraba sentado en su escritorio dándole vueltas a aquella carta.

Izayoi que había regresado de dejar a su pequeño durmiendo, ya que hasta los energéticos hanyous necesitaban una siesta, se dirigió hacia donde se encontraba su señor, encontrándolo muy preocupado dándole vueltas a un pequeño pergamino.

"Qué es lo que sucede Inu-Taisho", preguntó, mirándolo preocupada. Ella sabía que algo no se encontraba bien con su pareja.

El gran taiyoukai la observó y pensó que lo mejor era compartir este problema con alguien, además estaba seguro que podía confiar en ella.

Sin decir ni una sola palabra le entregó el papel y la princesa lo leyó sin entender.

"A que se refiere con la joya de cuatro almas encarnada?".

El inuyoukai la miró y le indicó que tomara asiento a su lado.

"Es Kagome", le dijo en una sola oración, haciendo que la mujer se cubra la boca. Acababa de entender la magnitud de la amenaza, y aun así volvió a leer nuevamente aquélla nota.

"Yo se que usted tiene a la joya, la shikon no tama de carne y hueso, la encarnación del poder, las cuatro almas moldeadas en una sola".

"No descansaré hasta que me pertenezca, esa joya será mía".

"Pero como puede ser posible, que Kagome chan no es humana?".

El inuyoukai negó con la cabeza.

"Desde que la vi sentí algo diferente en ella, y solamente comprobé mi presentimiento al ver sus grandes poderes".

"Esa muchacha es la perla de shikon creada por la legendaria Midorkio y fundida en un cuerpo de mujer".

Izayoi lo miró comprendiendo todo. Había oído historias sobre aquella sacerdotisa y la perla que fue creada cuando estuvo luchando con un centenar de Youkais, pero jamás creyó que esa valiosa joya que se decía podía conceder cualquier deseo, encarnaría en una joven.

"Es por eso que es tan única y especial", murmuró el taiyoukai y su esposa asintió.

"Y Sesshoumaru ya sabe de esto?", preguntó algo dudosa. Si el joven inu se enteraba, estaba segura, aunque lo conociera tan poco, que ese tal Naraku sería perseguido hasta el fin de los tiempos.

"Iie, no pienso decírselo hasta que pase la celebración de mañana".

La madre de su hijo menor pestañeó unas cuantas veces.

"Acaso no sería mejor que él se enterará".

El gran taiyoukai volvió a negar con la cabeza, esta vez dirigiendo su mirada hacia aquél papel.

"Prefiero que lo sepa después, no quiero arruinar esto. Tengo un presentimiento de que esta celebración será especial", respondió con una gran sonrisa en el rostro.

'Seguro tiene algo que ver con Kagome', pensó Izayoi sonriendo y abrazando a su esposo.

Los dos tenían pensamientos diferentes dentro de sus mentes. Uno se preguntaba qué hacer ante tal amenaza y la otra contemplaba la posibilidad de ver a una embarazada Kagome caminar por los pasillos de la casa de la luna.

(11)

La joven miko se encontraba regresando al castillo junto al taiyoukai ya que estaba anocheciendo y tenían que cenar, hasta que recordó lo que quería decirle.

"Humm, Sesshoumaru por que no me dijiste que mañana era tu cumpleaños".

El taiyoukai la miró confundido, ladeando su cabeza ligeramente hacia un lado.

"Cum..ple..a..ños?", preguntó pronunciando con dificultad aquella nueva palabra.

La muchacha se dio un pequeño golpe en la cabeza. Se supone que esa palabra no se utilizaba en ese tiempo.

"Ehhh, olvídalo, lo que quiero decir es que por qué no me dijiste que mañana era el aniversario de tu nacimiento?".

Sesshoumaru dio un suspiro. Para variar su padre debió haber estado hablando demás y ya estaba con esa idea insulsa de hacer una gran fiesta.

"No lo creí relevante", le respondió en un tono serio. La verdad era que esas cosas no le importaban mucho.

"Como que no va a ser relevante. Cuantos años vas a tener?", le preguntó un poco irritada ante la respuesta que le dio.

El taiyoukai hizo un gesto de estar pensando muy concentrado.

"En este momento tengo ciento cincuenta y cuatro años, así que, obviamente este Sesshoumaru vendría a tener ciento cincuenta y cinco".

La joven miko por poco y no se cae de espaldas. Acaso acababa de decir ciento cincuenta y cinco?, estaba enamorada de una persona con un aproximado de por lo menos ocho veces su edad.

De repente empalideció un poco y el inuyoukai tuvo que luchar para no comenzar a reírse ante la cara que puso.

"Y cuántos años tienes tu Kagome?", le dijo en tono burlón, haciendo que la muchacha se sonroje.

"Diecinueve", respondió la joven miko, sintiéndose una pequeña bebe al lado de su amado.

"Así que comparada conmigo eres una recién nacida", agregó Sesshoumaru, disfrutando el rostro de indignación que había puesto la miko ante tal alegato.

"Entonces aún soy una pequeña bebe verdad?", dijo la muchacha en tono sexy mientras se acercaba al taiyoukai y acariciaba su pecho con uno el dedo índice de su mano dercha, trazando delicados círculos alrededor de sus bien formados músculos, haciendo que el inu de un suspiro al sentir sus suaves caricias.

Kagome pudo sentir que el inu lo disfrutaba y se acercó más a él, casi rozando sus labios ya que nuevamente había bajado su cabeza para tenerlo a su nivel.

Su respiración ahora estaba sobre los labios del inu que solo deseaban tomarla y otra vez sentirla cerca de él.

Rozando fugaz y suavemente sus labios con los del taiyoukai, le dio la impresión de que lo iba a besar. Pegó su cuerpo contra el suyo, aumentando el deseo del joven y le susurró en un tono de voz demasiado sexy para su propio bien: "Que lástima que las recién nacidas no sepamos besar verdad?".

Diciendo eso se separó abruptamente de él y se fue caminando hacia el comedor, sonriendo ante la pequeña maldad que había hecho.

Sesshoumaru se quedó completamente inquieto. La pequeña tentación acababa de dejarlo con todos los deseos de tenerla entre sus brazos. Ya se las pagaría.

En ese instante una sonrisa malévola apareció en sus labios.

"Después de todo mañana es el onomástico de este Sesshoumaru, por lo tanto puedo hacer lo que se me plazca", y con eso salió hasta el comedor. Verdaderamente mañana sería muy interesante.

(12)

A unas buenas millas de ahí, en las ruinas de una casona consumida por las llamas, rondaba una sombra, buscando restos humanos que pudiera absorber para alimentarse.

Caminando como un buitre buscando la carroña, pasaba un misterioso hombre envuelto en una extraña piel de mono albino, sus ojos eran rojos como dos rubíes, atemorizantes para aquel que los veía.

"Pronto, pronto tendré a la joya y podré ser un Youkai completo", se murmuraba a sí mismo mientras se bajaba la extraña capucha que parecía ser el rostro de un mandril, dejando ver a un muy bien parecido hombre de largos y rizados cabellos negros y piel tan pálida y blanca como la de una aparición.

Encontrando a su presa, una serie de tentáculos salieron de su cuerpo y absorbió el cadáver de un hombre.

Caminando de regresó al oscuro bosque que por ese momento era su hogar, se subió a la rama más alta de un árbol y con ojos como los de un depredador, observó desde ahí a la casa de la luna en todo su esplendor.

"Puedo sentirte, estas ahí, y pronto, muy pronto iré por ti", murmuró lamiéndose los labios.

Una sonrisa perversa apareció en su rostro, tornándolo en una máscara de pura maldad, mientras que un aura violeta y casi negra brillaba a su alrededor.

"Pronto serás mía….Kagome".