La joven miko corrió hacia su dormitorio después de haber hecho su pequeña maldad, riéndose con una mano ocultando sus hermosos labios mientras cerraba su puerta.

"No debí hacer eso… pero se lo tiene bien merecido, yo no soy ninguna recién nacida", se dijo a sí misma mientras se sentaba al borde de su cama y se quitaba las sandalias que llevaba puestas.

De pronto algo se le vino a la cabeza.

"Ahora que lo pienso… qué le puedo obsequiar a Sesshoumaru?", dijo en voz alta al mismo tiempo que se abría el kimono quedándose en ropa interior, y soltándose el cabello de la cola en la que lo llevaba.

"Aahh, no tengo ni la menor idea", volvió a decir mientras se cogía el rostro con las dos manos.

"Tendré que pensar mucho".

Después de eso entró al cuarto de baño para poder asearse y por fin dormir plácidamente, sin darse cuenta que había alguien detrás de la puerta escuchando lo que acababa de decir.

(1)

El joven Youkai se había dirigido a cenar, encontrando solo a su padre sentado a la mesa.

Sin decir ni una sola palabra se sentó a su lado derecho, el izquierdo era el lugar de aquella mujer humana que ahora ocupaba el lugar de su esposa.

Gracias a las leyes no podía ser la señora de la casa de la luna por no ser una Youkai; pero bueno, eso no le importaba en lo más mínimo, así que solo se dedicó a comer, sumergido en sus pensamientos, cuando fue sacado de ahí por la voz de su padre.

"Sesshoumaru, ya sabes que es lo que vas a hacer mañana?".

Su hijo lo miró directamente a los ojos, con semblante algo aburrido.

"Lo mismo que hago todos los años, fingir que lo disfruto", le respondió fríamente y su padre sonrió.

"Puede ser, pero.. No crees que esta vez será algo diferente?", insinuó el gran taiyoukai con algo de humor en sus palabras. Esto de fastidiar un poco a su hijo mayor se estaba volviendo una rutina que no estaba dispuesto a dejar.

Sesshoumaru por otro lado, lo observó curioso.

"A que te refieres?", le preguntó, apoyando su codo sobre la mesa y descansando su cabeza en una de sus manos mientras apoyaba su mentón en la base de esta.

Inu-Taisho levantó una ceja, a veces Sesshoumaru podía ser tan despistado. Increíble pero cierto, en estos temas especialmente, su temido primogénito era demasiado denso.

"Lo que sucede es que esta vez Kagome chan estará presente. Me preguntó que se pondrá para la ocasión, y también me pregunto… que será lo que te obsequiará?".

Los ojos de su primogénito se abrieron ligeramente denotando lo sorprendido que estaba.

Era cierto, no se había puesto a pensar en eso. Que sería lo que le obsequiaría su Kagome.

'Mi?', se preguntó a sí mismo, y esta vez no estuvo su Youkai interior para contestarle.

Sí, era suya, suya y de nadie más. Una sonrisa un tanto depravada apareció en sus labios recordando lo que había dicho antes de venir a cenar.

Parándose de la mesa se disculpó con su padre quien lo miró sorprendido al notar la pequeña mueca que había hecho, y sonriendo el mismo se preguntó: "Qué se traera ese cachorro entre manos?".

Después de eso él también se retiró hacia su dormitorio donde seguramente lo esperaba su querida Izayoi.

Sesshoumaru caminó rumbo a su dormitorio cuando escuchó la voz de Kagome, y no pudo aguantar la curiosidad de saber con quién estaba hablando.

A pesar de que cuando se acercó no sintió la presencia de nadie aparte de ella, se quedó junto a la puerta.

"No debí hacer eso… pero se lo tiene bien merecido, yo no soy ninguna recién nacida".

Al escuchar eso, una genuina sonrisa apareció en sus labios. Tal vez la había molestado un poco, pero no era para tanto. Él sí había querido besarla, de solo pensar en la textura y el sabor de sus labios su inu interno se volvía loco.

"Ahora que lo pienso… Qué le puedo obsequiar a Sesshoumaru?".

Qué le podía obsequiar?.

Este Sesshoumaru estaría conforme con…". Antes de terminar su oración la volvió a escuchar hablar.

"Aahh, no tengo ni la menor idea", "Tendré que pensar mucho".

En ese instante el taiyoukai sonrió.

"Creo que se exactamente qué es lo que quiero como obsequió mi Kagome, no te preocupes".

Diciendo eso salió de ahí y se dirigió hacia su dormitorio. Mañana sería un día muy pesado, pero tal vez al final podría resultar muy divertido para él.

(2)

Kagome se despertó y corrió hacia su mochila amarilla, que por fin se encontraba en su dormitorio. Cogiendo un papel, la pluma y tinta que le habían facilitado se sentó por unos instantes en su pequeña cómoda.

Desde que su llegada a la casa de la luna, había comenzado a apuntar los días, y esta vez era más importante que nunca, ya que eso le ayudaría a recordar siempre la fecha del cumpleaños de Sesshoumaru.

Revisando su pequeña lista se dio cuenta que el día de hoy era veintitrés de Enero.

"Sesshoumaru es del veintitrés de enero", se dijo con una sonrisa, y apuntó la fecha cuidadosamente; cuando lo guardó nuevamente en su mochila, Yukina entro al dormitorio.

"Ohayo, Kagome chan", la saludó sonriente, trayendo consigo una bandeja de comida en sus manos.

La joven miko la observó y levantó una de sus cejas, reprendiéndose a sí misma ya que esa era una costumbre que tenía cierto inuyoukai.

'Definitivamente me está afectando'.

La inu que estaba parada frente a ella le dio una gran sonrisa y adivinando la pregunta que pronto vendría procedió a contestarle.

"Inu-Taisho sama me ha pedido que le haga compañía hasta el atardecer. No quiere que salga de su dormitorio".

Kagome la siguió mirando incrédula.

"Cómo que no puedo salir de mi dormitorio, por qué?", preguntó algo triste y Yukina dejo la bandeja sobre la cómoda en la que antes había estado escribiendo.

"Lo que sucede es que Inu-Taisho sama quiere que le dé una sorpresa a su joven hijo".

La miko se sentó en la cama cruzando las piernas.

"A que te refieres con una sorpresa?"-

Yukina la observó y llevó la bandeja nuevamente hacia ella, dejándola a su lado para que comenzara a comer, y cuando lo hizo procedió a contestarle: "La verdad no sé de qué se trata, pero más tarde solicita mi presencia ya que me dará algo para ti".

La muchacha decidió dejar el tema hasta ahí y después de unos buenos veinte minutos terminó de comer.

"Ne…Kagome chan", dijo Yukina a la muchacha y cuando ella volteó, pudo jurar que observó unas pequeñas orejas de zorro en la cabeza de la inu.

Moviendo la cabeza de lado a lado la miró a los ojos.

"Qué sucede?".

La inu dio una sonrisa aún más grande y se decidió a comenzar su pequeño interrogatorio.

"Se puede saber que te traes con Sesshoumaru sama. Ayer los observé sin querer en los jardines, se estaban besando, y me puse a pensar, como Kagome chan puede estar tanto tiempo sin respirar". Dijo con una pequeña risita mientras se cubría el rostro con las manos, y la risa aumentó de volumen cuando observó el hermoso rostro de la miko completamente sonrojado.

Kagome la escuchó y no lo podía creer. Los había visto.

"Ehh.. bueno, lo que pasa es que..", pero la inu no la dejó terminar, poniendo una cara muy pensativa.

"Y ya te pidió que seas su mujer?".

Al escuchar eso la muchacha se sonrojó mucho más, pero una pequeña punzada de tristeza se apoderó de ella, perdiendo aquel hermoso semblante casi instantáneamente.

"Pues no, creo que aún es muy pronto", respondió haciendo que Yukina de un pequeño gruñido.

"Tonterías, seguramente lo hará uno de estos días", agregó la empleada de confianza de Inu-Taisho mientras cogía la bandeja.

"Bueno ya vuelvo, iré a dejar esto. Deseas que te traiga algo Kagome chan?".

"Iie", dijo la muchacha y después de escucharla salió del dormitorio rumbo a la cocina a dejar los platos.

(3)

El joven taiyoukai había abierto los ojos.

Honestamente no quería ni pararse. Seguramente en absolutamente toda la extensión de la casa de la luna habrían sirvientes corriendo de aquí para allá, como todos los años; definitivamente una gran molestia.

Dando un pequeño gruñido se levantó de la cama y se dirigió a arreglarse. Lo único que quería era ver era el rostro de su Kagome, seguramente ella y su delicioso aroma calmarían sus nervios.

Le molestaba demasiado todo el barullo que hacían por una simple fecha.

(4)

En otro lado de la caza de la luna un pequeño hanyou corría por todos lados buscando a una de las sirvientas, hasta que la encontró.

"Yukina chan, Yukina chan", le dijo mientras abría y cerraba sus pequeñas manitos que se encontraba elevadas como señal de que quería que lo carguen.

"Ohayo, Inuyasha sama. Qué desea", le preguntó. Ese muchachito le caía muy bien, le hacía recordar a su señor Sesshoumaru cuando era igual de pequeño.

"Llévame donde Kagome onee-chan", le respondió el pequeño cachorro de inu con una gran sonría en el rostro que hacía que sus pequeños colmillos que recién habían crecido se mostraran.

La inu solamente asintió y camino hacia el dormitorio de la muchacha.

Tocó la puerta y escuchó un suave "adelante", y antes de que pudiera decir o hacer algo, el hanyou que se encontraba en sus brazos había dado un brinco y ahora se encontraba en los brazos de la joven miko quien estaba acariciando su cabeza.

"Kagome onee-chan, Kagome onee-chan".

La muchacha simplemente sonrió. Le estaba comenzando a gustar que Inuyasha la llamara así, le hacía recordar a su hermano Souta.

"Hai Inu-chan. A que se debe tu visita?".

El hanyou se paró en la cama para estar al nivel de la muchacha y cruzó sus brazos sobre su pecho haciendo reír a las dos mujeres que se encontraban en el dormitorio.

"Quieres jugar conmigo Kagome onee-chan, tú también Yukina chan", dijo mientras dio un salto y calló sentado en la cama.

Las dos mujeres se miraron y alzaron sus hombros. Que daño podría hacer, de todas formas tenían toda la mañana y hasta el atardecer sin nada que hacer.

Así que se pasaron todo el día jugando con el pequeño hanyou; también almorzaron junto con él en el dormitorio de la joven miko, hasta que el pequeño se quedó dormido, y ya era hora de que Kagome se comenzara a arreglar.

En ese momento tocaron a su puerta. Yukina abrió y le hizo una reverencia a Izayoi.

"Para que Inuyasha las mantuvo ocupadas", dijo la princesa con una sonrisa. Se veía muy bonita, se notaba que acababa de arreglarse, y mientras cargaba a su pequeño hijo que se encontraba plácidamente dormido, exclamó con una sonrisa en el rostro: "Kagome chan, pero es que acaso no te vas a arreglar".

La muchacha le devolvió el gesto y se quedó un poco desconcertada.

"Si, pero ahora que lo pienso no sé qué me voy a poner".

Yukina e Izayoi dieron una sonrisa y la princesa se dirigió a la inu que se encontraba a su lado: "Yukina Inu-Taisho solicita tu presencia, quiere que vayas a recoger algo para la señorita que se encuentra frente a nosotros".

Después de decir eso se despidió hasta más tarde de la muchacha, mientras la inu hacía lo mismo para ir a recoger el pequeño encargo de su señor.

Kagome comenzó a despeinarse mientras sobaba su cabeza.

"Supongo que lo mejor será que me dé un baño. De nada sirve que me quede acá parada".

Diciendo eso se dirigió al cuarto de baño para comenzar a asearse, echándose algunos aceites y perfumes de baño de su aroma preferido, mientras tranquilamente arreglaba su cabello y se lo lavaba con mucha paciencia.

(5)

Sesshoumaru se encontraba muy aburrido. No había hecho absolutamente nada de utilidad en todo el día, ni siquiera había podido ver a Kagome, y cuando fue a preguntarle a su padre donde se encontraba, él solo le respondió que no la podría ver hasta que todos los invitados estén en el salón en donde él se encontraba parado en ese preciso instante.

"Todo esto es un fastidio", murmuró sentado en uno de los sillones del gran salón del castillo.

En breves momentos comenzarían a llegar los invitados y por educación tenía que estar ahí para recibirlos, así que cerró los ojos para descansar un rato. Algo le decía que después de esta noche necesitaría un buen descanso.

Cuando estaba a punto de relajarse un poco, fue interrumpido por su padre quien aclaró su garganta para ganar su atención. Sesshoumary se preguntó si tal vez lo hacía a propósito, siempre que se encontraba a punto de hacer algo que implique descansar o pensar, su querido padre lo interrumpía.

Dejando ese pensamiento atrás se paró y fue hacía él.

"Ya están comenzando a llegar", dijo Inu-Taisho.

Estaba vestido con su tradicional armadura y kimono blanco con diseños azules de seda. Sus largos cabellos amarrados en una cola alta a diferencia de su hijo que los tenía sueltos.

"Si ya lo veo", respondió el joven inu mientras observaba que a lo lejos se abría el gran portón que daba a la casa de la luna y los youkais invitados comenzaban a entrar.

Adelante iban los tres gobernantes de cada uno de los puntos cardinales restantes con sus respectivas esposas e hijas, y en ese momento vio el rostro de alguien que no quería ver nunca más en su existencia.

"Kagura", murmuró.

(6)

Yukina entró al dormitorio de la muchacha y por el olor que percibía podía adivinar que se estaba bañando.

Dejó el hermoso kimono que su señor le había dado para la joven miko extendido en la cama y vio salir a la muchacha con una toalla envuelta alrededor de su esbelto cuerpo.

"Bien Kagome chan, comencemos, tiene que quedar completamente hermosa para mi señor. Ese será su mejor obsequio", dijo la inu, moviéndose a un lado dejando ver el hermoso kimono blanco que estaba en la cama, escuchando dar a la joven miko un respiro, muestra de su sorpresa.

Kagome no podía creer lo que estaba observando. Era la pieza de ropa más hermosa que había visto en toda su existencia, aún más hermosa que todos los kimonos que había observado anteriormente.

Sin poder aguantarlo más, se acercó y acarició la frágil tela.

"Le gusta Kagome chan?", preguntó Yukina mientras observaba como la joven humana se maravillaba ante el kimono que su señor había mandado confeccionar especialmente para ella.

"Que si me gusta, es hermoso, es completamente perfecto. Es para mí?", preguntó incrédula y Yukina tuvo que resistir el deseo de caerse de espaldas ante una pregunta tan tonta.

"Por supuesto Kagome chan. Mi señor lo mandó a hacer especialmente para usted".

Los ojos de la joven brillaron llenos ilusión. No podía creer que Inu-Taisho sama hubiera mandado a hacer algo así para ella, seguramente era muy costoso.

"Puedo percibir que los invitados ya han comenzado a llegar así que lo mejor será comenzar con usted, no queremos hacer esperar a mi joven señor verdad".

La miko se sonrojó como respuesta, dejando que la inu la ayude a vestirse, con mucho cuidado de no dañar aquel precioso kimono.

Una vez que lo logró, ató con una cinta roja muy fina el ahori transparente y con bordados dorados que iban sobre este.

Luego sentó a la muchacha en la silla que se encontraba al frente de su espejo, peinando su largo y brillante cabello. En ese momento decidió que se lo dejaría suelto.

Después cogió el accesorio que llevaría la miko sobre su cabeza. Una pequeña corona dorada con hilos que caerían por su cabello.

Lo posicionó bien y lo amarró en el sitio, entrelazando insignificantes trenzas en la parte de atrás.

Kagome se miró al espejo y se sorprendió, solo esperaba que le gustara a Sesshoumaru.

Parándose dejo de darle la espalda a Yukina, quien la observó de pies a cabeza, orgullosa de su trabajo.

"Kagome chan te ves muy hermosa, estoy segura que todas las youkais que se encuentran allá abajo se morirán de la envidia".

La modesta miko se sonrojó y Yukina abrió la puerta.

"Venga conmigo, es hora de presentarla con los demás invitados".

Con eso las dos mujeres bajaron hacia el gran salón.

(7)

Izayoi llegó momentos después y se posicionó al lado de su esposo como él se lo había indicado, solamente unos cuantos centímetros detrás de él.

Los invitados comenzaron a llegar, primero fue el gobernante de las tierras del norte. Era un ookami, y se encontraba con su esposa y su pequeño hijo.

"Konbanwa Inu-Taisho, Sesshoumaru", saludó el ookami con voz grave, mientras su esposa les hacía una reverencia y su pequeño hijo, que al parecer tenía la misma edad de Inuyasha, quien se encontraba al lado de su madre, se escondía detrás de él.

"Kouga, saluda por favor", le dijo con una voz amable, y el pequeño ookami salió de detrás de su padre y les dio una reverencia.

Inu-Taisho sonrió y se dirigió al padre del pequeño.

"Konbanwa Sugimi", dijo haciéndolo pasar.

"Por qué no dejas a tu hijo con Inuyasha. Será mejor que los dos permanezcan juntos ya que esta será una reunión de adultos".

El gobernante del norte hizo como Inu-Taisho le dijo y en menos de un dos por tres los dos niños ya estaban conversando muy amenamente, mientras sus padres entraron al salón y se pusieron más cómodos.

Los siguientes en llegar fueron la familia del sur.

El jefe de familia, Soujiro, quien era un neko Youkai, se acercó junto a sus dos hijos y dio los saludos respectivos, dejando a su hijo menor Kohaku junto con los otros dos jovencitos, quienes habían desaparecido junto con el nuevo niño hacia el jardín.

Ellos serían los únicos tres pequeños en la celebración. Así que, ha pedido de Inu-Taisho, Izayoi y Sango, la hija mayor de Soujiro, salieron junto a los niños a cuidar que nada les suceda, dejando solos al gobernante del sur y a su esposa, quienes al igual que los otros dos se dirigieron al salón.

Para terminar con los invitados más importantes, entraron en escena el gobernante del este, un kaze Youkai llamado Ritsuke y sus dos hijos, Kagura y Miroku.

Saludando a los dos inuyoukais que se encontraban parados frente a ellos, la Youkai abrió su abanico y se cubrió el rostro. En sus ojos danzaba la malicia mientras escondía una sonrisa descarada.

"Konbanwa Sesshoumaru", dijo la Youkai con una voz que ya de por si trataba de seducir al joven, quien la miraba con algo de disgusto.

"Kagura", respondió el inu, como si ese nombre fuera algo desagradable que pasaba por sus delgados labios.

La mujer cerró su abanicó y cogió el hombro del alto Youkai.

"Pero que sucede Sesshoumaru, porque me tratas tan mal", preguntó con forzada ternura, haciendo que el taiyoukai coja su mano y la desplace de su cuerpo.

"No me vuelvas a tocar", le dijo con disgusto alejándose de ella, yendo nuevamente al lado de su padre para seguir saludando a los invitados.

La Youkai dio una sonrisa malévola. Esta vez no se le escaparía tan fácil.

Ya habían terminado de llegar los invitados y se podía decir que la casa de la luna estaba repleta de Youkais.

Todos hablaban en pequeños grupos, con comida en una gran mesa, para que de ahí pudiera coger lo que desearan.

Un conjunto de youkais tocaba hermosas melodías como fondo musical, y Sesshoumaru conversaba con las únicas dos personas que consideraba sus amigos, Kadsuki y el degenerado de Miroku, hijo del gobernante del este, lastimosamente hermano de la molestia que era Kagura.

Ya estaba comenzando a desesperarse, no veía a Kagome por ningún lado y ella era a la primera persona que quería ver en ese día; pero en esos instantes escuchó la puerta de atrás abrirse y vio salir a Yukina.

Al parecer sus plegarias habían sido escuchadas.

(8)

Yukina fue junto a la muchacha y le dijo que se quedara un momento atrás para que pudiera anunciar su presencia.

Delicadamente abrió la puerta, haciendo que absolutamente todos los presentes volteen a observar que era lo que pasaba.

Inu-Taisho se acercó con una gran sonrisa y la inu les dio una reverencia a todos.

"Muy buenas noches mis señores".

Después de eso dejo ver a la hermosa joven que se acercó a la puerta y salió haciendo que absolutamente todos se la queden viendo, mientras Inu-Taisho anunciaba su presencia.

"Ella es Kagome sama, la miko del clan de los inus", dijo, dando un pequeño empujón a la sonrojada muchacha para que saliera.

Sesshoumaru se la quedó viendo algo atontado, se veía completamente bella y justamente se encontraba en una posición en la que la luz de la luna, que hace pocos momentos acababa de aparecer, brillaba y la iluminaba como si fuera una hermosa tennyo.

En esos instantes agradeció a Kami porque aún tenía control sobre sus emociones, si no, hubiera abierto la boca y se hubiera quedado así por horas.

Kagome se veía completamente bella. La ropa que llevaba la complementaba perfectamente, solamente quería tenerla entre sus brazos. Pero eso no sería prudente ahora, primero tenía que hacer el aviso de que ella sería su futura mujer.

Por otro lado, todos los youkais, especialmente los varones, estaban observando a la muchacha, teniendo los mismos pensamientos que alguna vez tuvo el ejército de Inu-Taisho cuando por primera vez vieron a la joven humana.

Nadie se explicaba cómo podía ser tan hermosa, como podía irradiar tanta calidez y ternura. La inocencia resbalaba de sus hermosos ojos café, mientras que un poder que solo los gobernantes de los puntos cardinales pudieron identificar, irradiaba de su ser haciéndola brillar más de lo normal, junto con el brillo de la luz de la luna.

Las youkais por su parte, se dividían en distintas opiniones. Unas estaba completamente trastornadas, preguntándose cosas como: Cómo su piel puede verse así?, por qué tiene el cabello de esa manera?. Su cuerpo es perfecto, pero si solo es una human.

No había nada de malicia en esas preguntas, si no por el contrario admiración ante la belleza de la muchacha.

Otras tenían una sonrisa en el rostro al sentir el aura de la joven e igualmente alabar su belleza, entre ellas las esposas de los gobernantes y la joven Sango, que ya sin conocerla podía percibir que era muy buena persona.

Un pequeño conjunto no podía faltar. Un grupo de jóvenes youkais que miraban con desagrado a la miko humana, la envidia resbalab de sus ojos y venenosas palabras salían de sus bocas al hablar de ella; entre ellas estaba Kagura, para quien no pasó desapercibida la manera en la que Sesshoumaru miraba a aquella insignificante humana.

(9)

Kagome se encontraba un poco nerviosa ante todas las miradas que recibía, pero dando un respiro profundo, dio unos cuantos pasos al frente y con una hermosa sonrisa se dirigió a todos los youkais que se encontraban en el recinto.

"Konbanwa, watashi wa Kagome desu, dozo yoroshiku onegaishimasu", dijo dando una reverencia.

Segundos más tarde, fue escoltada hacia donde se encontraba Sesshoumaru por Inu-Taisho, quien tuvo que suprimir una risa ante el rostro que puso su hijo al ver a su protegida.

Después de caminar unos cuantos pasos, se encontraba al frente del inuyoukai y al verlo a los ojos, adquirió un hermoso color rosa en las mejillas.

Insegura le murmuró: "Felíz día", y se paró de puntillas para darle un pequeño beso en la mejilla.

Algunos de los presentes, quienes estaban pendientes de los movimientos de la muchacha, es decir las más jóvenes de las youkais, dieron unos gruñidos de molestia; mientras que Kagura comenzó a dar fuertes respiros para controlarse y no ir a cortarle la cabeza a esa humana.

Sesshoumaru percibió los suaves labios de la muchacha sobre su mejilla y se sintió un poco decepcionado, el hubiera querido que ese beso fuera sobre sus labios. Pero cuando ella se acercó pudo percibir su delicioso aroma a jazmines y rosas.

'Delicioso', se dijo a sí mismo, pero había algo más que lo hacía más embriagante. En ese momento no podía especificar que era, pero no se pudo aguantar y se agachó un poco, abrazando tiernamente a la muchacha.

Escondió su cabeza entre sus cabellos, dándole un pequeño beso en el cuello, provocando que ella de un suspiro, mientras le susurraba al oído: "Te ves hermosa mi Kagome, arigatou".

La muchacha le correspondió el abrazo sin esperar más y así se quedaron por unos momentos sin siquiera percatarse y mucho menos importarles las miradas completamente sorprendidas e incrédulas que estaban dirigidas hacia ellos, ahora de parte de todos los que se encontraban presentes en el salón.

(10)

Nadie lo podía creer. El temido hijo de Inu-Taisho, el taiyoukai del oeste, quien clamaba detestar a los humanos y era famoso por no mostrar ninguna clase de emoción, estaba abrazando a una humana con algo más que simple afección irradiando de los dos.

Definitivamente era algo para recordar.

En algunos de los rostros aparecieron genuinas sonrisas, mentalmente felicitando a la joven pareja que por lo que percibían sus desarrollados sentidos pronto serían marido y mujer.

"Me puedes explicar que es lo que sucede aquí", dijo Miroku, el kaze Youkai hijo del gobernante del sur, Ritsuke, al inu que se encontraba a su lado.

Kadsuki dio una sonrisa.

"Al parecer nuestro querido Sesshoumaru pronto tendrá mujer".

En ese instante un peligroso brillo apareció en los ojos de Miroku. Por más que fuera la mujer de Sesshoumaru, ninguna señorita escaparía a su pregunta.

Cuando los dos se separaron se quedaron mirando a los ojos, y la muchacha le sonrió al joven Youkai.

De un momento a otro fue jalada de ahí por un joven de cabellos cortos y marrones, agarrados en una pequeña cola, dos aretes de oro en su oreja izquierda, kimono violeta con diseños en azul oscuro y una armadura parecida a la de Sesshoumaru pero mucho más liviana a la vista.

"Señorita creo que no hemos tenido el placer de ser presentados. Mi nombre es Miroku, y soy el hijo de Ritsuke, el gobernante del este".

Kagome simplemente le sonrió.

"Mucho gusto".

El taiyoukai que se encontraba detrás de ella dio un gruñido de advertencia. Conocía muy bien a Miroku y no le gustaba a donde estaba llegando su atrevimiento, pero lamentablemente el kaze Youkai no escuchó, y cogiendo las manos de la joven miko entre las suyas, la acercó a él y la observó con mirada seductora.

"Kagome sama, le gustaría tener un hermoso hijo conmigo?".

La miko se sonrojo de diez diferentes tonos de rojo, mientras que la ceja de Sesshoumaru comenzó a moverse de arriba abajo, con un pequeño temblor en su parpado. Ese depravado, pero ahora se las pagaría.

Cuando estaba a punto de acercarse a él fue interrumpido por una neko que apareció detrás del kaze Youkai y le dio un fuerte golpe en la cabeza, haciendo que instantáneamente suelte a la avergonzada muchacha.

"Gomen nasai, Kagome sama, pero Miroku a veces no sabe controlarse", dijo mirando de manera asesina al Youkai, para luego voltear y sonreírle a la miko.

"Watashi wa Sango desu, soy hija de Soujiro, gobernante del sur".

La muchacha dio un suspiro de alivio y le contestó a la joven: "Mucho gusto yo soy Kagome", y después de eso comenzaron a conversar en paz hasta que Sesshoumaru se excusó un momento y Kagome lo miró extrañada, parecía que se sentía incómodo, pero no encontraba la manera de preguntarle que le pasaba, así que solo siguió conversando.

(11)

El inu se excusó un momento y salió del jardín.

Hace ya un buen rato había estado sintiendo el aura de Kagura fastidiando sus sentidos y ya no lo soportaba más, ya era hora de que arreglase las cosas. Que acaso esa mujer no entendía que lo que pasó entre ellos no era nada.

Ocurrió solamente porque ella se encontraba en celo y se le andaba ofreciendo, y aunque intentó muchas veces no había forma de evadirla y que lo dejara en paz. Además, era la época en el año donde los youkais se aparean para tener descendencia, y no había forma de parar a sus instintos con aquella ofrecida, cosa de la que hasta ahora se arrepentía.

Ese definitivamente fue un día fatídico para él. Ni bien terminó de, no tenía ni cómo llamarlo, con ella se fue disgustado y asqueado consigo mismo por haber caído tan bajo.

Aun así había cuidado en cada momento de no dejarla con cachorros, hubiese sido una desgracia aún mayor.

Podía recordarlo hasta ahora, no fue nada placentero. Terminaría con esa estupidez de una buena vez y por todas.

(12)

Kagura había estado observando desde un rincón todo lo que sucedía y ya no lo soportaba más.

Silenciosamente llamó al taiyoukai para que se fuera al jardín, y siguió haciéndolo hasta verlo acceder. Una humana insignificante no se lo quitaría, y mucho menos alguien inferior a ella.

Cuando lo vio separarse del grupo fue hacia él, no sin antes acercarse por detrás de Kagome y susurrarle al oído: "Él no te ama, y te lo voy a demostrar".

La muchacha al escuchar esas palabras volteo a ver quién era la persona que se las había dicho, y solamente pudo ver a una mujer con un abanico en la mano alejarse de ahí justo en el mismo rumbo que se había ido Sesshoumaru.

Su aura era violeta, llena de maldad y resentimiento. Algo de ella no le terminaba de convencer, tenía un mal presentimiento.

"Quién es ella?", preguntó a nadie en especial mientras veía la espalda de la mujer alejarse entre la muchedumbre.

Miroku que había estado siguiendo cautelosamente todos los pasos de su hermana dio un suspiro, seguramente algo malo se traía entre manos.

La verdad era que aunque fuere su hermana jamás se llevó bien con ella, algo había en ella desde pequeña que no estaba bien, su padre siempre se lo decía.

"Ella es mi hermana menor, Kagura".

La joven miko lo miró y las palabras que aquella mujer le dijo se repitieron en su cabeza. A qué se refería con eso, es que acaso tenía algo que ver con Sesshoumaru?. Algo no estaba bien.

"Kagome chan te encuentras bien?", preguntó Sango al notarla desencajada. Esa muchacha le caía muy bien.

"Nada Sango chan, es solo que…", respondió la miko, quien rápidamente había adquirido confianza con la joven neko.

Le contó lo que le había dicho la Youkai aquella cuando pasó detrás de ella, y Sango dio un gruñido. Que acaso esa descarada no se cansaba. Todos en aquel círculo de Youkais sabían lo que había hecho con el inuyoukai, por eso nadie lo consideró un compromiso oficial, y decidieron que toda la culpa la tenía Kagura-

Lo peor de todo había sido que Sesshoumaru anunció lo que sucedió y no se responsabilizaba, por lo que obtuvo la comprensión de todos. Pero ahora que era lo que quería no tenía idea.

"Quieres ir a ver qué es lo que está sucediendo?", dijo la neko con una sonrisa en el rostro.

Kagome asintió tímidamente y las dos se disculparon yendo una detrás de la otra. Sango lideraba el paso hacia el jardín, y cuando llegaron la joven miko sintió su corazón romperse en mil pedazos.

(13)

La kaze Youkai llegó hacia donde estaba el inu y se paró frente a él.

"Se puede saber quién es esa humana?", le preguntó con tono altanero y el inu la observó de manera completamente gélida.

"Creo que no tengo por qué darte ninguna clase de explicaciones".

Kagura lo miró de manera nada amistosa y se acercó a él acariciando su rostro.

"Pero Sesshoumaru, si tú eres mío, como puede ser que estés atrás de una basura como ella".

El taiyoukai la escuchó referirse de esa manera a Kagome y le dio una cachetada, rasgando el rostro de la mujer, dejando tres brechas en su mejilla. Jamás en su vida le había levantado la mano a una mujer, pero la verdad era que no se arrepentía.

Dándo un peligroso gruñido la cogió fuertemente del cuello.

"Jamás vuelvas a referirte de esa manera a mi futura mujer".

Cuando escuchó eso, la Youkai sintió su sangre hervir ante la seriedad que había en las palabras de Sesshoumaru.

"Así que decidiste seguir los pasos de tu padre, y vas a estar con una desagradable humana. Sesshoumaru que pena me das".

El taiyoukai apretó el agarre que tenía en ella y la acercó peligrosamente a él dejando ver sus colmillos.

"Tú no eres nadie para hablar de lo que no te compete… mujer. Lo que haga este Sesshoumaru no es de tu incumbencia".

Kagura sonrió con un brillo algo extraño en sus peligrosos ojos rubí, confundiendo al inu.

Ella había percibido mucho antes que él la presencia de la humana, el viento se lo decía, la forma en que cambiaba cuando cada persona caminaba, así que ahora aprovecharía.

Moviendo insignificantemente su abanico detrás del Youkai, le susurró: "Ahora harás lo que yo diga".

En ese instante junto sus labios con los de él, moviendo ligeramente su abanico. El viento se posesionó del cuerpo del inu, manipulándolo a su antojo, para que pareciese ante los ojos de Kagome que le estaba correspondiendo fervorosamente, que la abrazaba y besaba con pasión.

Sesshoumaru no se podía mover, esa desgraciada había usado el viento para controlarlo. Ahora tenía que pensar una forma de soltarse de ella.

Muy tarde, unos cuantos segundos después pudo percibir aquel delicioso aroma a rosas, y luego un fuerte olor a sal.

'Kagome' pensó, y en ese instante Kagura decidió soltarlo riendo de manera horrible y dirigiéndose a la muchacha.

"No te dije que te lo iba a demostrar humana, pues ahí lo tienes o que creías, que alguien como él se iba a acercar a ti".

Si no era de ella, no era de nadie, pensó la kaze Youka.

Sintiendo al inu soltarse de su hechizo, lo amarró fuertemente con el viento, volteando para decirle: "Tú no te muevas, mejor disfruta del espectáculo".

Era imposible que luche con el viento y Sesshoumaru no tenía como soltarse, lo único que podía hacer era ver el rostro de Kagome lleno de dolor y con lágrimas cayendo de sus hermosos ojos marrones.

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Cuando llegaron la joven miko lo vio besándola, abrazándola como si no hubiera un mañana.

'Por qué Sesshoumaru, por qué me mentiste', pensó sollozando silenciosamente, pero antes que pudiera salir de ahí Kagura volteó a confrontarla.

"No te dije que te lo iba a demostrar humana. Pues ahí lo tienes, o que creías, que alguien como él se iba a acercara ti".

Sango también lo escuchó y estaba a punto de ir a defender a su nueva amiga, cuando sintió que algo la amarró, y ahí lo comprendió. La desgraciada estaba usando ese sucio truco.

"Así que eso era, bruja mentirosa, ahora veras… Kagome no vayas a pensar que…". Cuando estaba a punto de terminar la kaze Youkai dio un pequeño giro con su abanico haciéndola callar.

"Ahora dime, qué cosas bonitas te dijo Sesshoumaru para que te enamoraras de él. No me vas a decir que le creíste verdad".

"No puedo entender cómo pudiste siquiera pensar que alguien como él se fijaría en una humana como tú, pero es comprensible, en una cabeza como la tuya, en un humano con tan poca inteligencia, en tu pequeño universo cualquier cosa puede pasar verdad", dijo riéndose al ver el rostro de Kagome.

Se acercó a ella y le dio un empujón muy fuerte, haciéndola caer dolorosamente al piso.

La muchacha escuchaba todo lo que le decía, y no podía creer que Sesshoumaru le había mentido de esa manera, su corazón se estaba cayendo a pedazos.

"Iie, no es verdad, no es verdad", dijo la joven miko en el piso mientras tapaba sus oídos.

Kagura ya se estaba hartando de esa molestia, así que bajando a su nivel la cogió fuertemente de las muñecas, jalándola para que vea al taiyoukai quien por la manera en la que estaba atado por el viento, parecía simplemente estar parado.

"Entonces dime, por qué no se mueve, por qué no te defiende si tanto te quiere. Dime?".

La joven miko lo observó. Era cierto, no se movía, no hacía nada y eso provocó que más lágrimas cayeran de su rostro.

Sesshoumaru la observó y se le partía el corazón, al verla así. Kagura le estaba diciendo esas cosas tan estúpidas, haciendo que su querida Kagome sufra. Pero lo último que hizo, esa bruja tramposa.

Con más fuerza intentó safarse sin resultado alguno.

La hechicera de los vientos cogió a la muchacha de las manos y la jaloneo más.

"Bueno ya que lo sabes es mejor que dejes de hacerte ilusiones, humana inmunda".

Kagura trató de soltarla pero no pudo.

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La miko la escuchó y no lo soportó más. El que la persona que amaba le hubiese mentido de esa manera la hizo explotar.

Subió la cabeza mirando con unos ojos esta vez de un rosado completamente brillante a la Youkai, cogiéndola fuertemente de los brazos.

Al ver sus ojos, Kagura sintió miedo, mucho miedo. Nunca pensó que aquella mujer tenía tanto poder.

Antes de que pudiera zafarse, una energía color azul se apoderó de ella haciéndola gritar en agonía mientras sentía como su cuerpo era purificado.

Inu-Taisho sintió la energía de Kagome fluir y entre los demás gobernantes con los que estaba hablando sobre la presencia de la joya y la carta que había recibido, sin mencionar que se quedarían hospedados en el castillo por un tiempo, se observaron y fueron a toda velocidad hacia allá.

Cuando llegaron vienron como la sacerdotisa purificaba a la youkai del viento.

Ritsuke no hizo ni el más mínimo movimiento para defenderla, hasta que la muchacha la soltó por fin y comenzó a llorar, dejando a tres gobernantes completamente anonadados por su cantidad inmensurable de poder.

Kagura tocó el lado derecho de su rostro. Estaba completamente carbonizado.

Sabía que ya no tenía nada que hacer ahí, su padre ni siquiera se había preocupado por defenderla, pero no le importaba, de todas formas él no era su verdadero progenitor.

Cogiéndose el rostro sacó una de las pequeñas plumas que se encontraba sobre su bien elaborado peinado y la agrandó para luego montarse sobre ella.

"Maldita seas miko endemoniada, me las vas a pagar me escuchaste". Con eso salió de ahí, desapareciendo en el oscuro cielo con rumbo aparentemente indefinido.

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Sango y Sesshoumaru por fin se encontraban libres del agarre y el taiyoukai corrió hacia donde se encontraba la miko, cogiéndola suavemente de los hombros.

Imaginen su sorpresa cuando ella se soltó bruscamente de él, gritándole: "No me toques, no te me vuelvas a acercar nunca más. TE DETESTO, TE ODIO", le dijo levantándose con lágrimas en los ojos.

El Youkai sintió un vacío muy desagradable en el pecho al oírla decir que lo odiaba.

"Kagome espera, no es como tu…", trató de explicarle mientras intentaba abrazarla, pero la muchacha puso sus manos en su pecho y lo empujó sin el valor de darle una descarga de su poder purificador.

"Te he dicho que no te me acerques, eres un mentiroso, no te quiero ver nunca más. Te odio Sesshoumaru, tú y esa pueden quedarse juntos para siempre", le dijo para salir corriendo hacia su dormitorio, pasando desapercibida por todos los invitados.

Al llegar a su dormitorio se encerró ahí, quitándose todo menos la parte interior del kimono y subiéndose en la cama abrazando sus rodillas. Habiéndose olvidado de ponerle el seguro a la puerta, comenzó a llorar desconsoladamente.

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Sango se levantó y observó el rostro de Sesshoumaru. Jamás lo había visto así, se veía triste?, pero cómo?, si él era el príncipe de hielo. Aún recordaba como lo molestaban cuando aún eran cachorros de doce y once años.

"Qué sucedió aquí", preguntó Inu-Taisho completamente desconcertado por lo que acababa de ver.

Sesshoumaru simplemente se quedó callado, contemplando a la nada, asimilando las cosas que le había dicho la mujer que amaba.

Sango se pareó frente a los tres taiyoukais, uno de ellos siendo su padre, y rápidamente les explicó todo lo que había sucedido, mencionando las cosas horribles que le había dicho y hecho Kagura a la muchacha que había salido destrozada de ahí.

Ritsuke bajo la cabeza, demostrando la vergüenza que sentía.

"Como lo siento Inu-Taisho sama, jamás pensé que mi hija pudiera llegar a tanto".

El gran inuyoukai lo miró de manera seria.

"No te preocupes, no fue tu culpa, uno a veces no puede controlar a los hijos cuando son mayores".

Mirando a su hijo dijo: "Será mejor que salgamos de aquí o los demás podrían sospechar que algo sucede".

Los gobernantes asintieron.

Sugimi y Soujiro pensaban sobre lo que acababan de presenciar mientras Sango se quedó atrás.

Acercándose al inuyoukai le dijo: "No piensas ir tras ella?, o acaso quieres que siga pensando que le mentiste", exclamó con una sonrisa antes de irse detrás de su padre.

Sesshoumaru salió en un rayo de blanco y plateado hacia la habitación de Kagome e Inu-Taisho dio una sonrisa y excusó a su hijo por el resto de la noche.

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Caminando llegó al dormitorio de la muchacha. Podía escucharla llorando.

Se acercó a la puerta y movió la manija, dando un suspiro de alivio al sentir que la puerta no tenía seguro.

Entró silenciosamente y sin hacer ni el más mínimo ruido cerró la puerta con seguro detrás de él. Se quitó la armadura que llevaba, no pensaba irse de ahí sin que ella lo perdonara, y de seguro eso tomaría tiempo.

Sacándose también los zapatos, subió a la cama y se sentó al lado de ella.

Al sentir el movimiento, Kagome abrió los ojos y no podía ver nada, así que secándose los ojos trató de ajustarlos a la oscuridad y pudo observar al taiyoukai sentado frente a ella.

"No te dije que te fueras, no te dije que no te quería ver?", le gritó tratando de pararse de la cama y en cambio fue fuertemente cogida de la cintura, y empujada hacia un cálido y fuerte pecho.

"Suéltame, no me toques. Largarte Sesshoumaru, aléjate de mí. Te odio enriéndelo, no te quiero ver más".

El taiyoukai sintió esa familiar punzada en el pecho cuando la escuchó decir esas cosas y la abrazó más fuerte.

"No digas eso, déjame explicarte".

Kagome comenzó a llorar nuevamente.

"Explicarme que, que me vas a decir. Otra vez me vas a mentir?", le respondió esta vez en un susurro, logrando soltarse de él.

El taiyoukai la miró a los ojos, y le contó todo lo que había pasado, y la muchacha lo escuchó. Pero aun había algo que le molestaba. Y si no era verdad?.

"Y como sé que no me estas mintiendo?", le preguntó secándose nuevamente los ojos.

En ese instante el inuyoukai la miró, asimilando su apariencia completamente.

El kimono de seda blanco que llevaba estaba entre abierto, dejando ver el comienzo de sus delicados senos. Estaba sentada sobre la cama de tal manera que la parte inferior del mismo kimono se remangaba dejando ver sus largas y delgadas piernas.

Su cuerpo lo estaba llamando y él la quería tener solo para él, para siempre, y ahora mismo le enseñaría cuanto la necesitaba.

Acercándose a ella, la tomó en sus brazos, sentándola sobre él, de manera que su espalda estuviera apoyada en su pecho.

Acarició con su nariz y rostro la unión entre su cuello y su hombro, para luego darle pequeños besos y mordiscos insignificantes, haciendo que la muchacha de un pequeño gemido.

Volteando un poco su rostro con una de sus delgadas manos, la beso suavemente, abrazándola de la cintura y presionándola contra su cuerpo, bañándose de su dulce aroma, disfrutando su exquisito sabor.

"Déjame demostrarte cuanto te amo".