"Déjame demostrarte cuanto te amo", le dijo el taiyoukai a la joven miko mientras la besaba con mucha ternura.

No habría nada ni nadie que lo hiciera moverse de ahí, jamás se separaría de su amada Kagome.

La muchacha se volteó con los brazos del Youkai aun rodeándola y lo abrazó del cuello, terminando el beso para decirle entre agitados respiros: "Onegai Sesshoumaru, dime que me quieres", le susurró en una de sus sensitivas orejas.

Su aliento acariciaba el borde de esta, mandando pequeños escalofríos por la espalda del taiyoukai, quien la cogió de la cintura y muy lentamente la fue recostando sobre la cama, susurrándole muy despacio al oído como ella había hecho con él.

"Aishiteiru mi Kagome".

Lamió con su cálida lengua el contorno del oído de la muchacha y lo mordió suavemente.

Al escuchar su voz, la cual estaba un poco más ronca, Kagome sintió que se derretía en el abrazo del inuyoukai. Ya no le importaba lo que pasara afuera, lo único que importaban eran ellos dos, ellos dos y nadie más.

Sesshoumaru le dio un pequeño beso en los labios, para luego ir bajando, besando cuidadosamente su mandíbula, pasando por su delgado cuello y parando un momento en el lugar donde dejaría su marca, justo debajo de su agitado pulso, que con cada una de sus inocentes caricias iba aumentando el ritmo.

Besó, lamió y mordió con cuidado aquel punto, dejando una pequeña aureola roja.

Se volvía loco al escuchar las inhalaciones de aire de la muchacha y los insignificantes sonidos que hacía como respuesta a sus caricias. Pero eso no era suficiente, quería oirla llamarlo, gritar su nombre en inconfundible placer.

(1)

Dirigiéndose a su pecho decidió ir despacio y por partes, saborear cada centímetro de la hermosa mujer que tenía debajo suyo.

Abriendo el suave kimono blanco que tenía sobre ella, lo deslizó cuidadosamente por su cuerpo, besándola para distraerla y cuando sintió que ya no habían más impedimentos para ver su hermoso cuerpo se separó un poco de ella y la miró haciéndola sonrojar.

Aún habían unas extrañas prendas que no le permitían verla completamente y no tenía la menor idea de cómo sacárselos cuidadosamente, así que con un rápido movimiento de sus garras cortó las dos prendas que cubrían las partes más íntimas de la sacerdotisa.

Tirándolas a un lado, miró hambriento el cuerpo de la joven, memorizando cada curva, cada sonrojo de su piel; pero fue sacado de su transe por los delgados brazos de la joven quienes modestamente trataron de tapar su cuerpo de su visión, haciendo que un leve gruñido salga de sus delgados labios.

Kagome sintió como su ropa interior era descartada y por un momento de distracción pensó, que sería lo que se pondría después?, pero cuando sintió la mirada del taiyoukai sobre su cuerpo instintivamente sus brazos trataron de cubrirla, fallando miserablemente ya que el joven inu la cogió suavemente de las muñecas y las puso firmemente a sus lados.

"No tienes por qué cubrirte Kagome. Eres hermosa", le dijo con una sonrisa en el rostro mientras bajaba lentamente su cabeza y besaba uno de sus pechos, sacando su hábil apéndice para lamerlo y degustar el sabor de la piel de su miko.

No podía dejar de deleitarse con el aroma de la floreciente excitación de la muchacha con solo acariciarla. Su espíritu se intranquilizaba, desesperado por salir a jugar con la joven, pero él no lo permitiría. El primero en tomarla sería él, tal vez después dejaría libre a su Youkai interior pero la primera vez no. No quería asustarla.

(2)

De un momento a otro, en su boca tenía uno de los delicados pezones de la miko.

Lo acarició suavemente con uno de sus colmillos, abriendo una insignificante herida y lamiendo el hilo de sangre que salía. Aquel exquisito sabor a miel y frutas que lo embriagaba.

Cualquiera que lo estuviera observando podría pensar que era un pequeño cachorro alimentándose de su madre, por la manera en la que succionaba el pecho de la muchacha.

Con su otra mano acariciaba el otro seno de la joven, jugando con otro de sus rozados pezones mientras lo pellizcaba ligeramente, cambiando de seno para lamer el que había acariciado y viceversa.

Kagome sentía la tibia boca del inuyoukai estaba sobre su cuerpo, dejando húmedos besos por donde pasaba, acariciando sus pechos.

No podía soportarlo, esas caricias estaban haciendo que la temperatura en la parte inferior de su cuerpo aumente, algo se estaba formando y tenía la necesidad de tenerlo completamente cerca de ella. Quería sentir su piel sobre la de ella.

Dando un gemido debido a las caricias que recibía, levantó la cabeza de Sesshoumaru y lo miró a los ojos, pidiéndole algo silenciosamente, No podía articular palabra alguna porque estaba respirando agitadamente, las sensaciones eran muy nuevas para ella, y por lo tanto más intensas.

El inu al verla a los ojos, esos hermosos ojos marrones que lo miraban brillando con anticipación, entendió el mensaje y separándose de ella se despojó de la ropa que llevaba, quedando desnudo igual que ella, sonriendo descaradamente al ver cómo, al igual que él había hecho, lo devoraba con los ojos.

'Así que le gusta lo que ve', pensó con orgullo resbalando de cada una de sus facciones.

Sesshoumaru se puso sobre la miko. De vuelta a su adorada tarea de explorar cada rincón de su cuerpo, bajó poco a poco.

Primero por su pecho, besando cada rincón por el que pasaba, memorizando cada curva nuevamente, acercándose poco a poco al preciado tesoro que guardaba para el hombre que amaba, solo para él.r

Acarició con sus manos las caderas de la muchacha, haciéndola temblar un poco, tocando cada rincón de su suave piel.

Jamás pensó que una mujer pudiera ser tan sensual. El solo hecho de tocarla, despertaba algo nuevo en su interior, así que siguiendo con su camino, bajo hasta la femineidad de la joven, abriendo suavemente sus piernas y haciéndola sonrojar nuevamente.

Aspiró el aroma que irradiaba la muchacha. Mareándose ante la intensidad de aquel exquisito olor, acercó su rostro a la húmeda intimidad de la joven y comenzó a darle pequeños besos, haciendo que Kagome comience a hacer insignificantes sonidos que parecían los maullidos de un pequeño gatito.

El taiyoukai estaba perdiendo la cordura con el paso lento, pero sabía que luego valdría la pena.

Con ayuda de dos de sus dedos partió los labios inferiores de la miko e introdujo su lengua acariciando cada rincón de la húmeda cueva de la muchacha, buscando aquel pequeño punto que la haría gritar de placer.

Tuvo que cogerla firmemente de las caderas nuevamente para que no se moviera, sonriendo ya que estaba comenzando a responder como él quería.

(3)

Kagome sintió cuando el Youkai comenzó a acariciarla de esa manera tan íntima. Se sentía tan bien.

Podía sentir como su cálida lengua acariciaba cada rincón de su intimidad. La sensación era nueva para ella, pero no podía describir el placer que sentía.

Jadeando bajo sus brazos, cogió la cabeza del inu y la sostuvo, acariciándolo, enterrando las manos en su suave cabello plateado, pegándolo más a ella para que no parara y no la soltara.

Los quejidos de placer de la joven aumentaban cada vez más, al igual que el paso del taiyoukai, quien ahora había agregado uno de sus largos dedos y lo había introducido en ella poco a poco, para prepararla para la intrusión mayor que sentiría dentro de unos momentos.

Ni él mismo podía soportar la excitación que llevaba al hacerle eso a la joven, más aun cuando de manera inconsciente comenzó a mover sus caderas de arriba hacia abajo, haciendo que entre más en ella.

Decidió meter otro de sus dedos dentro de la intimidad de la miko, moviéndolos en círculos y de adentro hacia fuera, cada vez más y más rápido, con ayuda de su lengua. Hasta que encontró el punto de placer que tenía toda mujer, la pequeña joya de la muchacha que se había dejado ver debido al constante movimiento.

Dando un pequeño lengüetazo ahí y chupando con mucho cuidado, mandó una ola de placer por todo el cuerpo de la joven quien dio un fuerte grito, para luego suspirar: "Sesshoumaru".

Al recibir los jugos vaginales de la muchacha, el inu lamió sin desperdiciar ni una sola gota. Aquel néctar era demasiado sabroso como para dejar algo, era casi igual que su deliciosa sangre solo que con el sabor característico de su excitación.

Una vez que quedó satisfecho, subió al nivel de la joven y la beso esta vez con mucha pasión, dejando que ella pruebe su propia esencia, haciéndole el amor a su boca.

Sus dos lenguas batallaron por dominarse la una a la otra, mientras el bajaba su mano poco a poco por el cuerpo de la muchacha y otra vez volvía a introducir dos dedos en ella, volviéndolos a mover en círculos como había hecho anteriormente, haciéndola gemir en medio del beso y que comience a moverse instintivamente frotando su cálido y suave cuerpo contra el suyo,

Su piel acariciaba su dolorosamente erecto miembro, haciéndolo dar un pequeño gemido.

Él también comenzó a moverse al compás de la joven, tratando de apaciguar su deseo y ella lo pudo notar.

Cuando llego a su tan esperado clímax, beso tiernamente al Youkai y se separó de él. Lo recostó en la cama y se puso sobre él, acariciando su bien formado cuerpo.

Besó cada parte de este al igual que él había hecho con ella, devolviéndole las mismas atenciones, hasta que se posicionó entre sus piernas y con sus suaves e inexpertas manos comenzó a acariciar el engrosado miembro del Youkai haciendo que de audibles gruñidos llenos de placer.

(4)

Sesshoumaru no tenía ni la más remota idea de lo que iba hacer Kagome, pero cuando sintió sus suaves labios sobre él y sus manos acariciándolo, cualquier idea de objetarla se esfumó de su cabeza.

Jamás había dejado que una mujer lo toque durante el acto sexual, él era el único que saseaba sus deseos. Pero con ella era distinto, era tan gentil, tan femenina.

Fue sacado de sus pensamientos al sentir las caricias sobre su intimidad.

La forma en que sus delgadas manos lo acariciaban, los pequeños besos que le daba, la menara en la que se sentía su cálida boca alrededor del comienzo de su erecto miembro, sus movimientos para darle placer, nada, no olvidaría nada, ni un solo detalle.

De un momento a otro se vio sosteniendo la cabeza de la muchacha en su lugar, excitándose de solo observar la manera en que su cabeza se movía de arriba para abajo, sin poder controlar los sonidos de placer que dejaban sus labios.

Sintió su clímax acercarse y la separó gentilmente de él, subiéndola a su nivel para besarla y rodearla con sus fuertes brazos. Quería venirse dentro de ella, no sobre ella, simplemente le parecía algo que no estaba bien, así que mientras la besaba la volvió a poner en el lugar que estaba inicialmente, demostrándole quien era él que llevaba el mando.

Posicionó su cuerpo entre sus piernas, rozando su intimidad con la de ella. Entraba por unos centímetros, para luego volver a salir, incitándola a que le ruegue, que le pida, que lo desee, aunque el movimiento fuera doloroso para él, ya que lo que más quería era estar dentro de ella, sentir su cálido cuerpo alrededor del suyo.

La muchacha se abrazó fuerte del Youkai e impaciente comenzó a moverse para lograr que él le diera lo que quería, que calmara su necesidad, dando audibles quejidos cada vez que se separaba de ella.

Sesshoumaru sonrió.

"Qué es lo que sucede mi Kagome?", le preguntó molestándola, tentándola a que le dijera.

La muchacha sabía que era lo que él deseaba, y aunque estuviera muy por debajo de ella rogar, solo por esta vez accedería.

Cogiendo el poco aliento que le quedaba, le dijo entre gemidos: "O..onegai…Sesshoumaru".

Mientras se movía poco a poco, entrando en ella para después salir, bajó su rostro para morder y lamer el lugar donde la marcaría y le suspiró al oído: "Por favor qué?".

La joven lo apretó más fuerte contra ella y sus delgadas piernas se entrelazaron sobre las caderas del joven.

"Onegai, te necesito".

El taiyoukai siguió lamiendo su cuello, acariciando con una de sus manos su seno derecho.

"Qué necesitas de mi?", le dijo. No lo haría hasta que ella se lo pidiera.

La sacerdotisa no podía esperar más, era una urgencia casi desgarradora tenerlo. Así que tomando la iniciativa por primera vez, levantó la cabeza del joven y lo besó.

"Te necesito dentro de mi Sesshoumaru, onegai", le respondió de manera completamente fogosa y desesperada, lamiendo sus secos labios, y el inu pudo jurar que con solo escucharla su deseo se multiplicó diez veces más,.

Entró en ella cuidadosamente, hasta que llegó a la barrera que demostraba que él sería el primer y único hombre en tocar a su Kagome.

Murmurándole dulces disculpas al oído por el dolor que estaba a punto de sufrir, embistió en ella haciendo que la joven de un grito.

(5)

Kagome sintió como algo se rompía dentro de ella. No era nada grave, solo un pequeño dolor, pero de todas formas una molestia que hizo que diminutas lágrimas dejaran sus ojos mientras se cogía fuerte del joven, tratando de apaciguar el pequeño ardor que sentía.

Sesshoumaru no se movió ni un solo centímetro, esperando que el dolor de perder su virginidad se calmara, haciendo sonidos que asemejaban ronroneos cerca de su oído.

Las vibraciones de su pecho la relajaron notablemente y acarició su cintura y una de sus piernas para que los músculos también se relajasen, hasta que la joven miko dejó de sentir aquella pequeña molestia y dio un ligero movimiento que la hizo gemir ya que permitió que el joven se introdujera más en ella.

Los músculos vaginales de la joven se contrajeron sobre el miembro del taiyoukai, haciendo que el también de un gemido, y sus hermosos ojos dorados que parecían haber sido besados por el sol se comiencen a teñir de un color rubí y sus pupilas se hagan de un verde esmeralda.

Sesshoumaru empezó a moverse primero muy despacio, ajustándose al cuerpo de la miko y ella ajustándose a la presencia de él dentro de ella. Hasta que su youkai interno no lo pudo soportar más, y comenzó a ir más y más rápido, cogiéndola de la cintura, clavando sus garras en su blanca piel, haciendo que hilos de sangre resbalen de esta.

Kagome trató de seguirle el paso, moviéndose con él, gimiendo de placer por el solo hecho de sentirse completa, por los lugares que estaba tocando, lugares dentro de ella que ni siquiera sabía podían ser tan placenteros.

Miró a sus ojos rubí, justo como la primera vez que lo conoció. Esa mirada fiera no la asustaba, al contrario, la hacía sentirse extrañamente segura.

"Sesshoumaru, Sesshoumaru aishiteiru", le gemía al oído, como muestra del placer que estaba sintiendo y el taiyoukai le respondía con gruñidos y sofocantes besos.

De pronto Kagome sintió que algo estaba comenzando a formarse dentro de ella, algo que estaba haciendo que los músculos e su vientre se contraigan. La temperatura de su cuerpo aumentaba haciendo que clave sus uñas en la espalda del Youkai.

"Más rápido, más rápido, onegai, más fuerte, Sesshouma ..ruu", gritó y el taiyoukai hizo como su amada mujer le dijo.

(6)

Su Kagome estaba tan estrecha y húmeda, sus paredes vaginales se contraían alrededor de su miembro poco a poco, siendo esa la señal de que estaba a punto de llegar a su clímax al igual que él.

De un rápido movimiento la cambió de posición, haciendo que se apoye sobre sus brazos y piernas, usando como soporte sus codos y rodillas. Envolvió su cintura con su cola para que no vaya a perder el equilibrio, y en ese instante bajo su cabeza al nivel del cuello de la muchacha y embistió en ella con más fuerza.

"Te gusta?", le preguntó en una voz completamente ronca y llena de deseo.

"S..S…Sii", respondió agarrándose fuerte de las sabanas.

El inuyoukai dio un fuerte gruñido y nuevamente sintió que la joven estaba a punto de llegar a su clímax pero esta vez era con más fuerza.

Utilizó su velocidad demoníaca y embistió en ella con más fuerza y rapidez. Sintiendo como las paredes de la muchacha apretaban su miembro, él también comenzó a llegar al suyo.

"Ahhh SESSHOUMARUU", gritó la joven viniéndose sobre él con mucha intensidad, haciendo que el inu también alcance el climax y la muerda fuertemente en el cuello, enterrando sus alargados colmillos en la suave piel que se encontraba entre la unión de su cuello y hombro, para luego lamer la sangre que salía, mientras su cálida semilla entraba en el cuerpo de la muchacha, llenándola completamente.

Sesshoumaru aulló a todo el que escuchara en la casa de la luna que ahora tenía una mujer y nada ni nadie la apartaría de su lado.

Finalmente los dos cayeron rendidos sobre la cama. El taiyoukai se movió suavemente y acomodó a su lado a la joven.

"Mía", dijo mientras la abrazaba fuerte a su lado.

"Hai, tuya, para siempre tuya", le respondió Kagome mientras se acurrucaba en él.

(7)

Al escuchar el amor en las palabras de su amante, Sesshoumaru levantó su mano derecha y con sus garras cortó una pequeña brecha en su cuello, solamente para que sangrara lo suficiente.

"Bebe".

Kagome lo observó, entendiendo inconscientemente lo que tenía que hacer. Acercando su boca, la puso sobre la herida y comenzó a beber la sangre del inuyoukai, mordiendo con fuerza como él había hecho con ella.

Cuando sintió las acciones de la muchacha, el deseo en el inuyoukai volvió a crecer. Era natural, ese era el propósito de las marcas, además de significar que se pertenecían el uno al otro. Así que como aún estaba dentro de ella, simplemente la cargó y la posicionó sobre él.

La secerdotisa instantáneamente comenzó a moverse de arriba abajo sin siquiera soltarlo, mientras mordía su cuello y bebía aquél líquido vital y de sabor metálico, haciendo gemir y gruñir fuertemente al taiyoukai.

Después de unos minutos se separó de él, para quedar bien sentada sobre su ahora esposo y pareja para toda la eternidad, con pequeños residuos de sangre resbalando de su boca, lamiéndose los labios mientras miraba al taiyoukai a los ojos.

(8)

Sesshoumaru observó la mirada insaciable y hambrienta que le dedicó su ahora mujer; de no ser porque sabía de ante mano que la joven era humana, podría haber jurado que lo que tenía en frente era una inuyoukai.

Cogiéndola de atrás, apretó sus nalgas y se lamió los labios.

Kagome comenzó a moverse de arriba a abajo nuevamente, esta vez añadiendo más presión ya que se encontraba sentada y apoyó sus manos en el pecho del inuyoukai mientras gemía y gritaba el nombre del príncipe de la casa de la luna.

El taiyoukai podía sentir el placer que le brindaba su hermosa mujer nuevamente. Levantando sus brazos comenzó a acariciar y pellizcar sus senos esta vez con algo de fuerza, no demasiada ya que no quería hacerle daño, pero suficiente para dejar caer unas pequeñas gotas de sangre debido a sus garras.

Se irguió para lamerla, sentándose y apoyándose en el respaldar de la cama, quedando la muchacha sentada igualmente sobre él, besándola mientras la acariciaba nuevamente.

La joven miko se mecía cada vez más rápido, rodeando con sus brazos el cuello del Youkai y apoyando su cabeza como soporte en el lugar donde lo había mordido.

(9)

Los dos explotaron nuevamente en aquel delicioso orgasmo, el taiyoukai dejando por segunda vez su cálida semilla dentro de la muchacha. Su miembro se engrosó aún más dentro de ella, como el de un inu, asegurándose de que su mujer quedara embarazada, sin soltarla hasta que lo consiguiera.

La sensación fue tan fuerte que la muchacha daba pequeños gemidos mientras él la llenaba completamente, hasta que después de un rato ella cayó completamente cansada sobre él y el inu comenzó a lamer y a morder muy despacio la marca que le había hecho hace algunas horas, regresando a su lado racional.

Justo antes de quedarse dormida, la joven miko acarició con su rostro la marca que le había hecho a él, produciendo como respuesta un ronroneo de parte del inuyoukai.

"Te amo Sesshoumaru", le dijo, para finalmente quedar completamente dormida en los brazos de su amado.

Sesshoumaru jamás se cansaría de escucharla decir que lo amaba, eso hacía que su corazón se llene de una calidez incomparable. Por fin era suya, ahora la protegería, nadie la separaría de él, nunca más.

Saliendo cuidadosamente de ella, se echó sobre la cama y la acurrucó a su lado envolviéndola con su cola para protegerla del frío.

Acarició su rostro y le dió un pequeño beso en los labios.

"Te amo Kagome, con todo mi corazón", le susurró al oído, quedándose completamente dormido al lado de su mujer.

Ninguno de los dos se percató de la luz dorada que se apoderó del lugar unos segundos después.

(10)

Ya todos se habían retirado, menos los tres gobernantes y sus familias, quienes se quedarían de invitados en el palacio, al menos hasta que se resolviese el misterio de la joya.

Inuyasha, Kouga y Kohaku se encontraban completamente dormidos, cada uno en los brazos de sus madres a excepción de Kohaku quien se encontraba con su hermana.

Las mujeres estaba sentadas en los espaciosos sillones conversando, mientras que los youkais discutían asuntos referentes a sus territorios; cuando de pronto escucharon el aullido del inuyoukai, y absolutamente todas las mujeres que estaban ahí se sonrojaron, eso incluyendo a Izayoi, Sango, la madre de Sango y la madre de Kouga.

Ritsuke, Sugimi, y Soujiro felicitaron a Inu-Taisho, quien estaba con una sonrisa algo malévola en el rostro. No podía esperar a molestar a su hijo sobre eso mañana.

"Así que Sesshoumaru por fin consiguió una mujer", exclamó Ristuske.

"Sinceramente ya era hora, me preguntaba cuando sería", dijo Sugimi sonriendo mientras veía a las sonrojadas mujeres.

Inu-Taisho sonrió, al parecer Kadsuki ganaba la apuesta, había sido menos de un mes.

"Creo que ganaste Kadsuki".

El inuyoukai de cabellos marrones sonrió.

"Lo sabía, pero jamás pensé que Sesshoumaru podía ser tan ruidoso". Ante ese comentario todos comenzaron a reír y de la nada las señoras y señoritas ahí presentes se levantaron.

"Bueno es suficiente, me parece que no es adecuado estar hablando de eso", dijo Izayoi cargando a su pequeño en brazos.

"Me retiro. Procederé a mostrarles sus dormitorios", agregó mirando de manera asesina a su esposo.

"Vaya parece que hoy tendrás problemas Inu-Taisho", dijo Sugimi sonriendo, pero esa sonrisa fue rápidamente borrada de sus labios cuando la madre del pequeño Kouga se acercó a él y lo miró exactamente de la misma manera que observó Izayoi al gobernante de la casa de la luna.

"No puedo creerlo, simplemente es inaudito, Sugimi más te vale que permanezcas callado y mañana no estés molestando al cachorro". Diciendo eso se fue.

Sango se retiró con su hermano sin siquiera dirigirle una mirada su padre, mientras que su madre movió su cabeza de lado a lado.

"Soujiro, es una vergüenza, como puedes hacer esos comentarios", y con eso igualmente salió de ahí detrás de las demás mujeres, mientras que Miroku siguió a Kadsuki quien le iba a mostrar su dormitorio, recordando mañana interrogar a su querido amigo.

Los gobernantes de los cuatro puntos cardinales se quedaron conversando por unos momentos más, y cuando cada uno se dirigía a sus respectivos dormitorios, pudieron observar un resplandor dorado salir de uno de los cuartos.

"Qué fue eso?", preguntó Sugimi.

Inu-Taisho, levantó una ceja y se quedó parado un momento.

"Algo me dice que mañana tendremos una sorpresa", dijo sintiendo el poder que fluía del dormitorio de su hijo.

Ninguno de los otros gobernantes entendió la indirecta del gobernante de la casa de la luna así que decidieron dejarlo ahí por hoy, mañana ya saldrían de sus dudas.

Finalmente cada uno se dirigió a su dormitorio. Ninguno de los nuevos habitantes de la casa de la luna estaban preparados aún para la sorpresa que recibirían al día siguiente.

(11)

No muy lejos de ahí, específicamente a unas, se encontraba un hanyou rompiendo todo lo que tenía a su paso, destrozando cuanta cosa viviente se cruzara en su camino.

"Maldita sea, ese infeliz. La joya ya no es pura, pero aún es poderosa, y ahora más, ahora más que tiene sangre inmortal, no importa, igual será mía", murmuraba aquella sombra, rodeada por un miasma violeta y un aura completamente negra.

Extraños insectos volaban a su alrededor y una piel de mandril abrigaba su pálido cuerpo del frío.

"No importa que Kagome haya sido poseída por otro, de todas formas es ella, es esa mujer que yo tanto deseo, y la tendré".

Caminando hacia su nuevo hogar, comenzó a maquinar un plan que sería completamente efectivo, no podía fallar, simplemente no podía, y para eso necesitaría al pequeño hanyou, con eso sería suficiente para llamar la atención de todos en la casa de la luna, incluyendo a su mayor obsesión.

Pero primero tendría que arreglar las cosas de su nuevo castillo, aquel sombrío lugar, cubierto por la muerte.

"Kagura", llamó el sombrío ser, y de la nada se apareció una hermosa mujer con una máscara de plata cubriendo la mitad de su rostro, desfigurado por la mano de una sacerdotisa.

"Qué es lo que quieres", dijo la mujer. Desde pequeña cada vez que ese hombre la llamaba no había forma de escaparle. Estaba tranquila porque ya había dejado de pasar, pero otra vez estaba de vuelta, y cada vez que el la llamara de donde sea ella saldría.

"Por lo que veo mi amada Kagome te dejó un pequeño presente", le dijo sonriendo malévolamente.

La bruja del viento dio un gruñido.

"Cierra la boca, esa perra me las va a pagar", Naraku apareció detrás de ella en un dos por tres y la cogió fuertemente del cuello.

"Sabes, no creo que sea saludable que te expreses así de la mujer de Sesshoumaru".

Los ojos de la kaze Youkai se abrieron tan grandes como dos platos. No podía ser esa maldita…

El hanyou podía sentir el odio irradiando de una de sus creaciones, la cual había dejado abandonada en el palacio del este hace ya muchos años.

"Muy bien Kagura, muy bien, así me gusta, tú me serás de mucha ayuda".