Kagome había despertado en medio de la madrugada, a escasas horas para la llegada del amanecer. Había sido arrancada del placido sueño que tenía por un ardor en el cuello.
Tocándose el lugar donde el dolor había comenzado sintió unos pequeños bultos. Simple hinchazón, pensó, cuando de pronto recordó todo lo que había sucedido la noche anterior, o bueno hace unas horas. De solo imaginarlo nuevamente se sonrojó.
Estaba tan feliz de que por fin estaba junto a la persona que amaba tanto, por fin le pertenecía y él le pertenecía a ella.
Sesshoumaru había sido tan gentil y tan amoroso, jamás pensó que podía llegar a amar tanto a una persona, y ahí estaba, en los brazos del Youkai que había robado su corazón y solo podía agradecerle a kami.
Antes de que pudiera decir una oración en el nombre del ser supremo, agradeciéndole por toda la felicidad que había recibido, otra vez ese dolor se hizo más fuerte y no pudo aguantarlo.
Sentía que los fuertes brazos del taiyoukai estaban rodeando su diminuta cintura, manteniéndola posesivamente a su lado, y muy cuidadosamente los removió, saliéndose de la cama con una gracia casi felina.
Sin hacer el más mínimo ruido puso los pies en el frío suelo de mármol. Al principio se sintió un poco mareada; qué demonios le estaba pasando.
Sus ojos aún se mantenían cerrados. Estando estabilizada y bien parada en el suelo los abrió.
Gracias a kami que no había caminado más, si no se hubiera tropezado con los cobertores de la cama que estaban regados por el piso.
Sobando un poco sus ojos, pestañeó unas cuantas veces.
'Extraño, no recordaba que podía ver tan bien en la…. Un minuto…'. Pensó.
'Desde cuando puedo ver tan bien en la oscuridad'. Se dijo a si misma mientras caminaba hacia las aguas termales, un buen baño le haría bien después de todo, ya que estaba muy adolorida, sobre todo en aquel lugar, el lugar más preciado de toda mujer, y obviamente su cuello, que por alguna razón le estaba quemando como si le hubieran prendido fuego.
(1)
Caminando de puntillas para no hacer el más mínimo ruido, abrió la puerta que daba hacia las aguas termales, no sin antes echar un vistazo hacia su esposo, sin poder evitar que una sonrisa se apoderara de su bello rostro.
Que hermoso se veía el inuyoukai, bañado con los casi inexistentes rayos de sol que comenzaban a salir desde el horizonte, una expresión de total felicidad y tranquilidad plasmada en sus angelicales facciones.
Las sabanas de seda solamente lo cubrían hasta el comienzo de su torso, y por el sonido de su respiración estaba completamente dormido y otra pausa ahí.
'Sonido de su respiración?'. Como en el nombre de kami puedo escuchar su respiración desde tan lejos.
La joven comenzó a masajear su sien, las cosas estaban un poco extrañas.
Decidiendo no pensar en ello, entró a las aguas termales y se metió al agua caliente. Sus adoloridos músculos se relajaron instantáneamente.
Después de haberse refrescado un rato, cogió una de las botellas de cristal que guardaban los implementos para el aseo de su cabello y vertió un poco en su mano izquierda, untándoselo en la parte superior de su cabeza masajeando y creando espuma para luego seguir con el resto del cabello. Cerró los ojos, disfrutando la sensación.
En ese instante un pensamiento la hizo abrir los ojos.
"Por qué mi cabello esta tan largo", se dijo a sí misma en un murmullo. No recordaba tener el cabello tan largo, pero la verdad tenía miedo hasta de mirar.
Muy bien era definitivo, estaban ocurriendo cosas muy extrañas.
Al momento de asear su cuerpo notó diversas cosas. La primera de ellas era que si alguna vez tuvo un solo gramo de tejido adiposo en su cuerpo como era natural, pues ahora no tenía ninguno, su abdomen estaba completamente duro, su piel estaba más suave de lo que podía recordar y sus pechos habían crecido por lo menos dos tallas.
Ella nunca había sido una mujer muy voluptuosa, pero por lo que podía notar ahora era completamente diferente.
Ya sin poder aguantarlo más se remojó en el agua y se enjuagó sin darse cuenta que se había pasado una buena hora y ya había amanecido, así que prácticamente salió corriendo a mirarse en el espejo.
(2)
La muchacha se quedó ahí parada contemplándose por lo que parecía una eternidad. Estaba tan sorprendida que ni siquiera podía articular palabra alguna. La hermosa y perfecta mujer que estaba reflejada en el espejo no podía ser ella, Kagome simplemente no lo podía creer.
Estaba por lo menos unos diez centímetros más alta que su usual metro sesenta y cinco.
Todas sus amigas le decían que tenía un cuerpo perfecto, completamente envidiable, pero lo que estaba frente a ella era el cuerpo más perfecto que se habría podido imaginar.
Sus atributos estaban más notorios que antes, sus formas femeninas completamente estilizadas, como las de una perfecta escultura. Simplemente no lo podía creer.
Casi como un reflejo levantó sus dos manos y las observó como si fueran las dos cosas más extrañas del mundo. Sus ordinarias e indefensas uñas se habían convertido en peligrosas garras.
"Como las de Sesshoumaru", murmuró en trance mientras se seguía observando.
En sus dos brazos había una marca de color magenta, una sola línea que rodeaba su delgada extremidad desde su muñeca hasta unos cuatro dedos debajo del codo; pero eso no era todo.
Cuando levantó su rostro y se observó en el espejo realmente quiso gritar, pero lamentablemente ningún sonido salió de sus labios.
Su usual hermoso y dulce rostro, había sido reemplazado por el bello, delgado y estilizado rostro de una despampanante mujer. Los ojos marrones que había tenido desde que podía diferenciar los colores, ahora eran de un hipnotizante color dorado.
En cada una de sus mejillas había una línea magenta adornando su bello rostro, sus orejas ahora eran puntiagudas y en su frente llevaba una medialuna, una media luna índigo con una estrella del mismo color en el centro.
"Kami sama, pero que fue lo que me pasó", se dijo a si misma mientras se seguía observando.
Ahora se explicaba el porqué del gran esfuerzo que tuvo que hacer para lavarse el cabello, estaba muchísimo más largo que siempre, ahora llegaba hasta sus rodillas, y no contento con eso era de un brillante color plateado, casi blanco.
Lo único que se le venía a la cabeza era "Sesshoumaru", tenía todas sus facciones, era idéntica a él, claro que muchísimo más femenina y con alguna que otra diferencia en las marcas que poseía en el rostro.
Por más que quería no estaba molesta, al contrario, no le desagradaba nada el cambio, y para ser honesta consigo misma, creía que se veía digna de su taiyoukai. Ya no tendría que preocuparse por ella siendo humana, ya no más.
(3)
Caminando hacia el armario sacó un kimono violeta adornado con flores blancas, bordes fucsias y un obi fucsia para combinar.
Quería darle una sorpresa, pero cuando estaba yendo, notó que algo atrás de ella estaba más pesado.
Jalando lo que era dio un pequeño "auch", y esta vez en lugar de querer gritar quería comenzar a reírse. Eso si no se lo podía creer.
Levantando lo que parecía ser una peluda cola, recordó que el joven inuyoukai la llevaba en su hombro, así que decidió ponérsela igual. Seguramente así sería más fácil de cargar.
Ya vestida, su cabello plateado bien peinado y su cola asegurada alrededor de sus hombros, respiro profundo. Era el momento de pedir las explicaciones, solo esperaba que a su querido taiyoukai no le desagradara su nueva apariencia.
Caminando igual de despacio como hizo al despertar, se acercó al inuyoukai que yacía en la cama.
"Sesshoumaru", murmuró muy despacio mientras lo movía un poco; luego regresó a su posición esperando a que abra los ojos, cruzando los brazos y con una expresión preocupada mientras pensaba que era lo que él le podría decir.
(4)
El taiyoukai estaba durmiendo plácidamente cuando sintió que alguien lo movía.
Estaba a punto de mandar a quien fuere el que lo despertó a lo más recóndito del infierno, de no ser porque la voz de su dulce Kagome llegó a sus oídos.
Rápidamente se sentó y dio un pequeño bostezo, haciendo que la joven Youkai piense que era la cosa más tierna que le había visto hacer.
Abrió los ojos, ajustándose a la luz del día, y al no ver a nadie a su lado volteo hacia donde sentía la presencia de su Kagome. Podía percibir que su presencia ahora era más poderosa, algo extraño pasaba con ella.
Cuando volteó, por primera vez en su vida sus ojos se abrieron como dos platos y si se observaba con cuidado podías ver que sus delgados labios estaban partidos por unos milímetros.
Frente a él estaba la Youkai más hermosa que había visto en toda su vida, era perfecta, endemoniadamente bella, su rostro parecía el de un ángel y lo más sorprendente de todo era que era una inuyoukai.
Dando una pequeña inhalación sintió el delicioso aroma a rosas y jazmines de su Kagome viniendo de esa belleza, definitivamente era el aroma de su mujer, pero esta vez tenía el indiscutible olor de una Youkai. No podía ser, acaso era ella?, pero cómo?.
"Ka..gome?", preguntó dudoso. No fue su intención que su voz saliera tan entrecortada, por favor él era el príncipe de la casa de la luna, pero lo que estaba sucediendo en ese momento era algo que al más firme de la tierra lo dejaría balbuceando.
La muchacha lo observó, al parecer estaba completamente sorprendido, bueno era de esperarse, y no pudo evitar que una risita saliera de sus labios, dejando ver sus blancos colmillos.
"Hai?".
Ahora si era completamente oficial, Sesshoumaru simplemente no lo podía creer. Como era que su angelical Kagome se había convertido en tan tentadora belleza.
Pensándolo bien, no le molestaba en lo más mínimo. Cogiendo de la cintura de la muchacha la jaló hacia la cama y la sentó en su regazo. La joven levantó una ceja.
"Me puedes explicar que fue lo que me sucedió". Le dijo cruzando los brazos sobre su pecho y haciendo un pequeño puchero.
El inuyoukai se la quedó mirando, observando cuidadosamente su rostro. Tenía las mismas marcas que él, las únicas diferencias eran que solamente tenía una sola brecha en cada lado de su rostro y dentro de la luna creciente había una estrella.
Se veía verdaderamente bella, pero lamentablemente la joven quería respuestas y se estaba irritando un poco.
"Sesshoumaru serías tan amable de responderme", dijo, golpeándolo juguetonamente en el pecho con el dedo índice.
El taiyoukai le sonrió.
"No tengo ni la menor idea", le respondió en tono serio, demasiado serio para la respuesta que había dado.
Sinceramente a Kagome ya no le importaba en lo más mínimo, el estar en sus brazos había borrado cualquier preocupación de su mente, así que acurruco su cuerpo en el de él y apoyó su cabeza en su hombro, respirando de su aroma.
Ahora que se percataba, sus sentidos estaban mucho más desarrollados, podía percibir el delicioso aroma del inuyoukai, olía como el bosque en primavera, con una mezcla de aquel aroma que se percibe cuando una tormenta está por iniciarse.
Sin darse cuenta comenzó a acariciar la unión entre su cuello y su hombro con su rostro, justo como hacen los inus, abrazándolo y besándolo inconscientemente en el lugar donde lo había mordido la noche anterior.
Sesshoumaru sintió las caricias de su mujer, y comenzó a hacer sonidos de aprobación, esos pequeños sonidos que parecían ronroneos.
Levantó el rostro de la muchacha y lo puso al mismo nivel del suyo para besarla con mucha ternura, rápidamente invadiendo su boca, probando nuevamente cada rincón de ella.
Su sabor seguía siendo el mismo a pesar de haberse convertido en una inuyoukai, seguía teniendo ese dulce y adictivo sabor, la única diferencia aparente de ese lugar era que ahora tenía unos filosos colmillos igual que los suyos.
(5)
Pasaron un buen rato besándose, abrazándose, disfrutando el tibio sentimiento y la cálida sensación de estar el uno con el otro, hasta que tuvieron que separase por falta de aire.
"Te ves bellísima Kagome", le dijo el mientras la observaba nuevamente, y la joven se sonrojó. Aquel tono rosa en su ahora más pálida y blanca piel no pasó desapercibido por los ojos del taiyoukai.
'A pesar de todo sigue teniendo ese espíritu inocente', pensó con una pequeña sonrisa.
"Será mejor que me vaya a cambiar, tenemos que preguntarle a mi padre que fue lo que sucedió. Probablemente él pueda saberlo".
La muchacha hizo un pequeño puchero.
"No quiero, quedémonos un ratito más", le respondió con su labio inferior un poco salido, pareciendo un pequeño cachorrito.
El inuyoukai la alzó y la sentó en la cama, parándose y dándole un pequeño beso en los labios y luego uno en la nariz.
"Te prometo que más tarde te recompensaré", agregó con una sonrisa algo descarada mientras caminaba hacia las aguas termales, y aunque la muchacha se avergonzó y se sonrojó, decidió por esta vez tener la última palabra.
"Más te vale", respondió y la sonrisa que Sesshoumaru llevaba solamente se agrandó. Definitivamente más tarde la recompensaría.
Después de una media hora el joven inu ya se encontraba impecablemente vestido y listo, así que tomando de la mano a su mujer salieron de su dormitorio rumbo al estudio de su padre; por lo que podía percibir los demás gobernantes también se encontraban ahí.
Definitivamente esto sería una gran sorpresa.
(6)
Inu-Taisho, como era su costumbre, se había levantado muy temprano y ya se encontraba en su estudio trabajando con los tratados y diversos documentos que se encontraban apilados en su escritorio.
Gracias a Kami los demás gobernantes estaban de visita, así que entre conversación y conversación el tiempo y el trabajo pasaba más rápido.
El tema de ese momento era la extraña sensación que percibieron ayer justo antes de retirarse hacia sus aposentos. Ninguno tenía la más mínima idea de que podía haber sido.
El taiyoukai del oeste tenía una sospecha, sin embargo, analizándolo bien, creía que era algo muy improbable, así que prefirió no decir nada. Pero la respuesta estaba a punto de entrar por la puerta que estaba justo frente a él.
Después de un momento escuchó que golpeaban la puerta y murmuró un "adelante".
El primero en pasar fue su hijo.
"Ohayou Sesshoumaru", dijo con una sonrisa; muy bien, ahora era el momento de molestarlo solo un poco. No podía evitarlo, se había vuelto algo casi adictivo eso de irritar a su hijo mayor.
Sesshoumar observó a su padre y levantó una ceja, no le gustaba nada esa sonrisa, pero siendo el Youkai educado y reservado que era saludó a los demás que estaban presentes, y a su padre también.
"Ohayou Chichiue".
El taiyoukai observó a su hijo a los ojos.
"Pero que haces por aquí tan temprano?. Pensaba que estarías descansando al lado de tu mujer". "Después de lo que tuvimos el placer de escuchar ayer, era más que obvio que estarías durmiendo aún".
El joven inu simplemente no podía creer el descaro de su padre, nunca antes había tenido tantas ganas de estrangularlo como hoy, pero no le daría el gusto.
Lo miró de manera totalmente frígida y murmuró un "humph", acomodando su cabello detrás de una de sus orejas.
Por más que su subconsciente racional le gritaba que mantuviera la calma, esta vez no se pudo aguantar, tenía que responderle, por lo menos una sola vez. No podía permitir que su padre se saliera con la suya.
"Por lo menos yo hago algo de ejercicio en la noche", le dijo con una sonrisa completamente malévola en los hermosos labios, y su padre dio un pequeño gruñido.
Un golpe bajo, muy bien se lo merecía.
"Qué se supone que significa eso?", le respondió a su hijo, observando de reojo a los entretenidos gobernantes quienes estaban observando la pequeña discusión con ojos en los cuales danzaba la diversión.
(7)
Kagome se encontraba detrás de la puerta escuchando todo lo que decían.
Sesshoumaru le había advertido que el entraría primero, así que se quedó esperando pacientemente. Pero cuando escuchó lo que dijo Inu-Taisho sama se sonrojó como loca y no pudo evitar preguntarse a si misma: 'Hicimos tanto ruido', mientras escuchaba la respuesta que le había dado el joven a su padre.
Movió la cabeza de lado a lado, si dejaba que siguieran, lo más probable era que no pararan en un buen rato. Y ahora que se ponía a reflexionar sobre la situación el asunto en lugar de parecer padre e hijo, parecían dos hermanos.
Decidiendo que ya era suficiente, empujó la puerta y entró en todo su esplendor, dejando a cuatro Youkais completamente boquiabiertos y a uno gruñendo por la manera en la que miraban a su mujer.
(8)
Cuando escuchó la dulce voz de su nuera, el taiyoukai del oeste dirigió su mirada hacia la entrada al estudio y lo que vio lo dejó igual de sorprendido que a los demás.
En la puerta se encontraba una hermosa y más que perfecta inuyoukai. No lo podía creer, después de todo, sus sospechas eran ciertas.
Moviéndose de su silla, se acercó a la muchacha moviendo la cabeza de lado a lado al ver a sus colegas y al escuchar el amenazante gruñido de su hijo.
"Vamos caballeros, cierren la boca, ya no están en edad. No creo que quieran que mi hijo mayor termine cortándoles la cabeza por la manera en la que están mirando a su esposa, y los mismo digo por sus respectivas mujeres". Exclamó, efectivamente logrando que los demás gobernantes recuperen la compostura y que su hijo deje de gruñir.
"Pero Kagome, que hermosa te has puesto. Si no fuera porque estoy muy enamorado de Izayoi y que mi hijo esta atrás mirándome de manera nada amigable, te raptaría y te llevaría muy lejos", dijo en forma de broma haciendo que su hijo aparezca detrás de la inu en menos de un segundo y la abrase posesivamente de la cintura.
"Muy gracioso padre", le contestó su primogénito igual de frígido como la primera vez.
Kagome simplemente sonrió y recordó cual era la razón por la que habían ido al estudio de Inu-Taisho, pero antes de que pudiera preguntar, el gobernante de las tierras del norte hizo la misma pregunta que ella deseaba tanto exclamar.
"Sin ofender Kagome sama, como es posible que una humana se haya vuelto una Youkai de la noche a la mañana", preguntó Sugimi, apoyando su mentón en su mano derecha.
El gobernante del oeste suspiró. Al parecer había llegado la hora de la explicación, así que le indicó a su hijo mayor y a su esposa que se pusieran cómodos.
Sesshoumaru se sentó y la muchacha se acomodó a su lado mientras el rodeaba su delgada silueta con uno de sus fuertes brazos pegándola más a él.
Todos miraron atentamente al inuyoukai quien volvió a sentarse en su escritorio.
"Y bien?", urgió Soujiro impaciente.
El inuyoukai se aclaró la garganta.
"Al parecer Kagome, por ser la joya, al momento del rito de complementación, justo en el instante que bebió la sangre de Sesshoumaru, adquirió todas sus cualidades y rasgos".
Sesshoumaru y Kagome se miraron. Ninguno entendía una sola palabra y la misma pregunta poblaba sus mentes. De que joya estaba hablando?.
"Padre explícate quieres. A qué te refieres con eso de la joya?".
Los demás Youkai presentes no dijeron nada, ellos ya sabían de la verdadera identidad de la muchacha, pero lo que no sabían era porque se había vuelto una Youkai, así que decidieron solo escuchar atentamente.
(9)
"Kagome es la encarnación de la poderosa perla de Shikon creada por la sacerdotisa Midoriko. Es la joya hecha mujer".
La muchacha se quedó con la boca abierta. Había escuchado de esa perla en sus clases de historia, había llevado un semestre entero sobre ese tema. Como podía ser posible, como podía ser que ella fuera aquella perla.
Si eso era cierto, entonces según la leyenda, ella no habría nacido del vientre de una madre como todos los seres vivientes, sino que había sido creada.
El joven inuyoukai al sentir la molestia de su mujer, la abrazó con un poco más de fuerza y miró a su padre.
"Continua".
Inu-Taisho podía percibir la preocupación emanando de su nuera. Al parecer no estaba enterada de su origen.
"Cuando Midoriko creo esa perla, uniendo su alma con la de los demonios que intentaron matarla, hubieron diversas batallas, guerras, desastres, y una serie de desastrosos eventos cuyo único propósito era el apoderarse de la perla, así que viendo semejante caos el espíritu de aquella sacerdotisa descendió de la tierra de los muertos".
"La perla llegó nuevamente a sus manos y decidiendo que aquella preciada joya había causado incontables fatalidades, llegó a la conclusión que debía hacer algo".
"Por muchos meses pensó la forma de destrozarla, pero lamentablemente no había un modo. Y cuenta la leyenda que el espíritu de la sacerdotisa moldeó aquel preciado tesoro en una pequeña niña de apariencia humana".
"Ese sería el nuevo cuerpo de la perla, así nadie la buscaría y nadie trataría de apoderarse de ella, porque su poder estaría encerrado en los confines de su interior".
"Esa niña eres tú Kagome".
(10)
La joven escuchó todo y procesó toda la información con mucha dificultad.
Honestamente no tenía ni la más mínima idea de que decir, todo aquello era un repentino giro a lo que creía que era su existencia. Así que simplemente continuó ahí sentada sin decir nada, esperando a que Inu-Taisho sama continuara. Ya después pensaría al respecto.
Por otro lado, Sesshoumaru estaba igual de sorprendido. Cuando era pequeño había escuchado muchas de esas historias sobre la perla de Shikon, y ahora ahí estaba. Su mujer era la encarnación de esa poderosa joya.
Ahora entendía porque desde que la vio sintió ese poder tan grande dentro de ella.
Definitivamente su Kagome era una caja de sorpresas, y estaba muy orgulloso de que ella fuera su compañera para toda la eternidad.
(11)
El taiyoukai continuó con su explicación; ahora venía la parte que todos estaban esperando.
"Debido a que Kagome es la perla de Shikon, es el epítome de la pureza y el poder. No es un ser humano y mucho menos una Youkai, pero como su alma es un equilibrio perfecto de las dos sangres, tampoco podía ser un hanyou".
"Es ahora donde viene la parte complicada".
"Al instante en que Sesshoumaru compartió su sangre con ella, ocurrió algo que es completamente imposible".
"Normalmente si un humano común mantiene relaciones con un Youkai y este la marca o lo marca como suyo, al compartir la sangre el uno con el otro, lo único que sucede es que se crea un lazo irrompible, como sucede también con los youkais".
"Ahora, cuando ustedes dos compartieron su sangre, por ser Kagome la joya, un ser que no es ni uno ni el otro, cuando tomó la sangre de un inuyoukai su ser adquirió todas las cualidad de este, fundiéndose con la parte de las almas de los youkais que ayudaron a crear la joya".
"Es por eso que nuestra querida Kagome ahora es una hermosa y despampanante inuyoukai, muy parecida a Sesshoumaru", dijo finalmente el gobernante del oeste culminando con su explicación.
Los otros gobernantes se encontraban con caras pensativas entendiendo finalmente el porqué de la situación y concordando con Inu-Taisho, mientras que Kagome simplemente miraba a la nada.
'Así que esa es la razón. Quien iba decir que fui creada, que no nací del vientre de mi madre, que fui la unión del alma de una sacerdotisa y la de muchos youkais'.
'Tal vez yo no soy nada y solo soy una mezcla de algo, tal vez ni siquiera tengo un alma propia. Solo soy… un objeto', pensó la muchacha. No se sentía nada bien, tenía ganas de llorar.
Tenía que pensar, que estar sola, así que soltándose de Sesshoumaru se paró, murmuró un "disculpen" y al llegar a la puerta corrió a toda velocidad hacia el único lugar en donde encontraba paz, el árbol de Sakura.
(12)
El joven inuyoukai sintió la tristeza que irradiaba su compañera y eso lo estaba preocupando mucho.
Cuando se soltó de él y salió de ahí, los demás también se dieron cuenta.
"Debe estar confundida", murmuró Ritsuke.
"Iré con ella, no puedo dejarla así. No puedo dejarla sola", exclamó Sesshoumaru en un murmullo que solo alcanzó a oír su padre, saliendo del estudio y siguiendo el rastro de Kagome, aunque ya tenía más o menos una idea de donde podía estar.
Inu-Taisho dio una sonrisa. Su hijo amaba con todo su corazón a la muchachita.
Por fin había encontrado a alguien por quien preocuparse, a alguien a quien proteger. Pero aún no le había dicho lo peor.
"Por qué no le dijiste lo que investigamos. Sesshoumaru tiene derecho de saber, es su mujer la que está corriendo peligro", preguntó preocupado Ritsuke.
La muchacha le caía muy bien y estaba preocupado por ella, además tenía una deuda con ella por la manera en la que su hija la trató.
"Es cierto Inu-Taisho, debiste haberle dicho lo que averiguamos sobre ese hanyou llamado Naraku. La niña está en peligro", agregó Soujiro.
Él también tenía simpatía por la jovencita, simplemente había algo de ella que hacía que te caiga bien.
Sugimi cruzó los brazos y movió la cabeza de lado a lado en signo de desaprobación.
"Yo opinó lo mismo. Ese ser es capaz de todo".
El taiyoukai del oeste dio un gruñido completamente exasperado.
"Ya encontraré el momento adecuado de decírselo. No podía hacerlo con ella aquí, no quería alterarla más de lo que estaba con la noticia que acaba de recibir".
Los demás simplemente asintieron y continuaron con el trabajo que tenían, averiguar más sobre el origen de ese tal Naraku y la relación que tenía con la perla.
(13)
Kagome corrió a una velocidad imperceptible por el ojo humano sin darse cuenta, echándose a llorar en aquel árbol que le brindaba tanta paz.
Ahora que su olfato era cien veces más delicado, el dulce aroma de aquel árbol de Sakura parecía arrullarla suavemente hacia un estado de total relajación, pero no podía evitar la confusión que se estaba apoderando de su ser poco a poco, carcomiéndole el alma.
Necesitaba de alguien que la calme, alguien que desapareciera todos sus miedos.
Afortunadamente la persona indicada apareció justo frente a ella.
(14)
Sesshoumaru siguió a la muchacha y como sospechaba, estaba justo en el mismo árbol que su madre usaba para relajarse.
No soportaba verla llorar. Recién estaba comenzando a entender poco a poco aquellas emociones que estaban comenzando a crecer en su ser, pero estaba completamente seguro de que detestaba ver llorar a su miko.
Aunque su apariencia hubiera cambiado y ahora fuese una bellísima inuyoukai, para él siempre seguiría siendo su miko, porque de alma y corazón seguía siendo su Kagome, y aparte de que era una envidiable belleza, eso era lo que más amaba de ella, su ternura, su inocencia y su generosidad.
Yendo hacia ella se sentó a su lado y la acurrucó en su regazo, acariciando su espalda, meciéndola y diciéndole cuanto la amaba para que se calmara, logrando por fin que deje de llorar.
"Qué sucede Kagome, por qué estas llorando, no me gusta verte llorar", le dijo. Ya lo había decidido, ella sería la única persona con la que dejaría caer su máscara, la única que vería sus emociones, que observaría al verdadero Sesshoumaru que yacía bajo esa gélida fachada.
La muchacha levantó el rostro y el inuyoukai limpió suavemente las lágrimas que caían de sus ojos.
"Yo.. yo.. estoy muy confundida. No sé qué soy, soy un objeto que fue convertido en un cuerpo".
"Sesshoumaru que pasa si yo no tengo un alma propia?, que pasa si Kagome nunca existió", dijo con la voz completamente entrecortada abrazando fuerte al Youkai que más amaba.
El inuyoukai comenzó a pasar sus manos por el sedoso y brillante cabello plateado de la inuyoukai, apoyando su mentón en la parte superior de la cabeza de la jovencita, abrazándola fuerte a él.
Nunca había sido bueno con las palabras y mucho menos con aquellas que eran para consolar a alguien, así que a su manera trató de calmarla.
"No me importa si eres la perla de Shikon o si eres Youkai o humana. Para mí siempre vas a ser mi querida Kagome, y siempre te voy a proteger. No voy a permitir que nada te pase porque eres lo más preciado para este Sesshoumaru".
Con esas simples palabras el mundo de la joven se estabilizó completamente.
Tal vez él aún no comprendía lo importante que esa frase había sido para ella, pero algún día lo haría, y ahí sabría lo agradecida que ella estaba con él.
"Arigatou Sesshy. Aishiteru", le respondió la muchacha levantando su cabeza un poco para darle un beso en los labios y luego volver a su posición anterior.
El taiyoukai estaba después de mucho tiempo verdaderamente feliz, ya que la mujer más hermosa lo amaba, pero recopilando en su mente lo que había dicho levantó una ceja.
"Sesshy?", preguntó algo irritado.
La joven percibiendo la molestia irradiando de él, se sentó correctamente sobre su regazo, de manera que estaban frente a frente, y comenzó a reírse en la cara del taiyoukai, haciendo que se irrite aún más.
Dando un gruñido, miró algo molesto a su esposa.
"Se puede saber que es tan gracioso mujer?".
Kagome recobró por fin la compostura. Lo mejor sería que usase aquel método infalible, definitivamente eso no le iba a fallar y ahora le tenía que salir mucho mejor ya que era una inuyoukai.
Poniendo sus mejores ojos de cachorrito abandonado en medio de un día lluvioso, su labio inferior un poco salido y temblando, miró al inu que estaba frente a ella.
"Pero si el nombre te queda muy bien", le dijo en un tono completamente dulce, asemejando el de una pequeña niña a punto de llorar.
'Kuso', pensó el taiyoukai. 'Manipuladora', fue la primera palabra que se le vino a la mente, ese rostro era la única cosa a la que no se podía resistir, era demasiado… tierno.
Así es, ante ustedes el gran Sesshoumaru, taiyoukai príncipe de las tierras del oeste y de la casa de la luna, Youkai más temido de todo su territorio, cayendo a la merced del irresistible rostro de una mujer.
Suspirando la cogió de la cintura.
"Muy bien, tu ganas, pero más te vale que no me llames así cuando estemos en público, si no conocerás la ira de este Sesshoumaru".
La muchacha sonrió.
"Ja!, sabía que eso no iba a fallar", murmuró triunfante, y el joven inu levantó una de sus elegantes cejas nuevamente.
"Así que lo hiciste a propósito, ahora verás…", le respondió en un tono amenazante, comenzando a hacerle cosquillas hasta verla llorar de la risa.
(15)
Miroku y Sango estaban paseando en el jardín junto con los pequeños, Kouga, Inuyasha y Kohaku, cuando vieron a Sesshoumaru junto con una mujer de cabello plateado que estaba sentada sobre él.
"Y ella es?", preguntó Sango algo confundida. No se suponia que el inuyoukai estaba con Kagome?.
El kaze Youkai que estaba a su lado puso en su rostro una sonrisa completamente pervertida.
"Al parecer no fue suficiente con la señorita Kagome".
La neko Youkai movió la cabeza de lado a lado.
"Eres incorregible, hentai".
Así los dos se acercaron a la pareja y Miroku aclaró su garganta, obteniendo efectivamente la atención de una agitada Kagome y un muy divertido Sesshoumaru.
(16)
Al sentir la presencia y el aroma, la muchacha se levantó; al menos ya se estaba ajustando a eso de ser una Youkai poco a poco.
"Ohayou, Miroku sama, Sango chan".
Los dos se la quedaron mirando completamente tontos, pero el kaze Youkai no perdió el tiempo.
"Hermosa señorita, veo que me conoce muy bien. No le gustaría tener un hijo conmigo, estoy seguro que con su incomparable belleza va a ser la criatura más hermosa de estas tierras".
Sango, quien había percibido el aroma y el aura de Kagome en esa preciosa Youkai, aún sin creerlo, movió la cabeza de lado a lado al ver la mirada que prometía dolor y muerte en el rostro de Sesshoumaru.
La inuyoukai se sonrojó, pero escuchó un gruñido detrás de ella, y por lo que pudo interpretar no era nada bueno, así que rápidamente se soltó del kaze Youkai, mientras que el taiyoukai príncipe del oeste ya lo tenía del cuello.
Lastimosamente para Miroku, recién se acababa de percatar del aroma y la presencia de la Youkai, quien era Kagome.
"Vuelves a decirle una cosa así a mi mujer y este Sesshoumaru se asegurará de que no puedas volverle a hacer esa pregunta a ninguna otra".
El kaze Youkai tragó saliva y de un salto se soltó del agarre del inu.
"Vaya, vaya, no pensé que fueras tan celoso Sesshoumaru".
El inu simplemente volteo su rostro y miró hacia otro lado.
"Señorita Kagome, pero que hermosa se ha puesto".
La muchacha se sonrojó y estaba a punto de responder cuando cierto muchachito saltó sobre ella.
"Kagome onee-chan, Kagome onee-chan, de verdad eres tú. Estas muy bonita, que te pasó?".
La inuyoukai cargó al pequeño hanyou.
"Inu-chan, muchas gracias", le dijo, viendo a otros dos pequeños que la miraban con los ojos brillantes. Así que arrodillándose con el pequeño cachorro de inu en sus brazos llamó a los otros dos.
"Y ustedes como se llaman?".
El pequeño cachorro de neko se acercó a ella.
"Yo soy Kohaku, hijo de Soujiro", le respondió sonriendo.
Kagome le devolvió la sonrisa. Era un niño muy bonito, o bueno un cachorro muy bonito, así que le acarició la cabeza. El pequeño hizo un sonido que parecía ser un ronroneo y comenzó a correr alrededor de la muchacha.
"Kagome onee-chan, Kagome onee-chan." "Sango onee-chan, Kagome también será nuestra hermana".
La neko Youkai le sonrió cálidamente a su hermano. Kohaku era muy tímido y le sorprendía que fuera tan amigable con Kagome, pero la verdad le alegraba mucho, así que asintió.
La inuyoukai miró al otro pequeño niño que estaba ahí parado, seguramente de grande sería muy guapo.
"Y tú cómo te llamas?", le preguntó de manera dulce.
El cachorro de ookami abrió sus hermosos ojos celestes.
"Mi nombre es Kouga, soy el hijo de Sugimi".
La muchacha le sonrió y acarició su rostro.
"Mucho gusto Kouga kun".
En ese instante el pequeño cachorro de ookami tomo una de las manos de la joven inuyoukai.
"Kagome chan, quisieras ser mi mujer cuando crezca?".
Al escuchar aquello todos se congelaron, todos incluyendo solamente a los adultos, ya que el pequeño Inuyasha saltó de los brazos de la miko inuyoukai y se paró enfrente de ella.
"Cierra la boca lobo rabioso, Kagome onee-chan va a ser mi mujer cuando yo crezca".
El pequeño ookami miró de manera desagradable al inu-hanyou.
"Bestia tonta, Kagome va a ser mi mujer ya lo verás".
"Feh cierra la boca lobo".
"Quieres pelear?", le respondió el pequeño ookami poniéndose en posición de ataque.
"Como sea rabioso", dijo el pequeño Inuyasha poniéndose también en posición.
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Miroku comenzó a reír.
"Veo que hasta los pequeños se pelean por usted señorita Kagome. Qué vas a hacer Sesshoumaru?".
La neko Youkai comenzó a reír también, cubriéndose discretamente los labios con la mano derecha.
La inuyoukai no podía creer que dos pequeñitos estén discutiendo por eso, así que se sonrojó un poco. A diferencia de cierto taiyoukai cuya ceja estaba comenzando a temblar.
Mocosos malcriados, que se habían creído.
Caminando con mucha calma cogió a cada uno del cuello y los elevó en el aire.
"Será mejor que los dos se queden callados, mocosos altaneros", dijo con un gruñido, y los dos pequeños cruzaron los brazos.
"Mocosos altaneros, Sesshoumaru baka", dijo el pequeño hanyou sacándole la lengua a su hermano mayor, y el taiyoukai dejó caer al cachorro de ookami quien corrió a esconderse detrás de Kagome junto con Kohaku.
"Que demonios dijiste?", gruñó el taiyoukai mirando a su pequeño hermano.
Miroku y Sango se habían sentado al lado de Kagome a observar el show.
"Apuesto a lo que quieras que van a comenzar a pelear", susurró Miroku.
"Crees que el gran Sesshoumaru se pondría a pelear con un pequeño cachorro?". Preguntó Sango completamente sorprendida y Kagome simplemente suspiró sonriendo.
"A veces me preguntó quién es el más niño de los dos. A pesar de que dice que no soporta a su hermano por ser un hanyou, míralo".
El niño se soltó de las garras de su medio hermano de un salto y comenzó a correr.
"Alcanzarme si puedes Sesshoumaru baka", retó a su hermano mayor, sacándole la lengua mientras corría de un lado a otro a lo largo del pasto.
"Me rehuso a perseguir a un simple mocoso", respondió el taiyoukai, mirándo de reojo a la muchacha quien estaba con los otros dos pequeños sentados en su regazo. Si no hubiese sido porque estaba en público, una hermosa sonrisa hubiera aparecido en su rostro.
'Definitivamente va a ser una muy buena madre, tiene ese ángel especial para tratar con los cachorros', pensó siendo sacado de sus reflexiones por el hanyou que se paró frente a él mirándolo de manera igualmente frígida.
"Me rehusó a perseguir a un simple mocoso", le dijo y el taiyoukai comenzó a gruñir. Como detestaba cuando ese pequeño malcriado lo imitaba.
"Ven acá hanyou", dijo saliendo detrás de él. 9
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Desapareció completamente, haciendo que Inuyasha se quede mirando para todos lados sin saber a dónde se había ido, cuando de pronto apareció detrás de él en toda su gloria, cogiéndolo del cuello del ahori.
"Decías?".
Miroku miró a su amigo. Increíblemente había ido tras su pequeño hermano, aunque eso fue injusto, así que haciéndose el trágico exclamó: "Sesshoumaru que tramposo eres, abusar así de un pequeño niño".
El taiyoukai le mandó una mirada asesina.
"Cierra la boca".
La muchacha comenzó a reírse cuando vio a Sesshoumaru salir tras su hermano, pero de ahí vio el rostro cansado del pequeño y se paró.
"Sesshoumaru ya suéltalo, está agotado y ya casi es hora de almorzar".
El taiyoukai dio un gruñido y dejo caer al pequeño hanyou en los brazos de la muchacha.
"Bueno vayamos a almorzar", dijo Sango con su hermano, quien se había quedado dormido, acurrucado en sus brazos.
Todos la siguieron y cuando los demás se habían adelantado, y aprovechando que el pequeño inu igualmente se había quedado dormido el taiyoukai beso a la muchacha y le cogió la mano caminando junto a ella.
"Me gustaría tener bebes", dijo Kagome mirando el rostro dormido del pequeño que llevaba en brazos.
Sesshoumaru la miró de manera provocativa.
"Tenemos toda la noche", le dijo haciendo que se sonroje.
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Inu-Taisho miraba todo lo que ocurría desde la gran ventana en el comedor.
Ver a Kagome caminando junto con su hijo mayor y su pequeño hijo menor en sus brazos los hacía parecer una hermosa familia.
No permitiría que el tal Naraku arruine eso, no permitiría que destroce la felicidad que tanto necesitaba su primogénito.
Aunque él tratara de decir lo contrario, podía ver que Sesshoumaru estaba dejando poco a poco esa fachada dura y fría que había tenido desde la muerte de su madre.
"Y todo gracias a la sacerdotisa que le salvó la vida", murmuró, volteando y dándole la bienvenida a todos, invitándolos a que se sienten a la mesa.
Lo que daría por que todos sus días sean así. Pero sabía que no duraría por mucho, tiempos difíciles estaban por venir y todos tenían que estar preparados, empezando por la nueva inuyoukai en la familia quien pronto tendría que aprender a controlar sus nuevas habilidades.
