El almuerzo se dio sin ninguna eventualidad, pero definitivamente esta vez fue mucho más ameno, ya que, habían catorce personas sentadas a la mesa.
Los pequeños comían y conversaban sobre cosas de su edad, mientras que los adultos discutían sobre cosas referentes a los territorios y diversos tratados.
En realidad algo no muy interesante para los que eran un poco más jóvenes quienes ya habían terminado de comer y por educación no se movían de la mesa, hasta que en este caso Inu-Taisho, les concediera el permiso para poder dejar el comedor.
(1)
Viendo el rostro de total aburrimiento de Kagome y Sango, el taiyoukai del oeste dio una sonrisa.
"Si quieren pueden levantarse, no creo que nada de lo que estemos discutiendo aquí sea algo interesante".
En ese instante se pudieron escuchar tres audibles suspiros de alivio, seguidos por una neko, dos inus y un kaze Youkai saliendo del salón.
Una vez afuera, Miroku dio un fuerte bostezo.
"Y bien, que se supone que vamos a hacer ahora?".
El inuyoukai, que estaba al lado de su mujer, levantó una ceja. Él ya tenía planes, pero decidió no decir nada por el momento.
"Por qué no salimos más tarde", sugirió la neko Youkai con una expresión animosa en el rostro.
"Salir?, y se puede saber a dónde si fueras tan amable?", preguntó el taiyoukai en un tono aburrido.
Sango dio un gruñido. Por qué ese perro tenía que ser tan irritante.
"He oído que en una aldea cerca de aquí hay un festival, podemos ir".
Sesshoumaru la miró como si lo que había dicho fuera la tontería más grande del mundo.
"Claro, cuatro youkais en un festival repleto de desagradables humanos". "Magnífica idea Sango".
La muchacha que estaba al lado del joven inuyoukai dio un gruñido inaudible.
'No puedo creer que aún siga con eso, y pensar que yo era humana hace unas horas', se dijo a si misma Kagome, mientras su aura comenzaba a flotar de un color rubí para todo aquel que podía verla.
Le mandó una mirada asesina al inu ouji que estaba parado a su lado y al mismo tiempo, la neko Youkai percibió el cambio de aroma en su amiga, lo que provocó que una sonrisa maléfica apareciese en su rostro.
Sesshoumaru tendría mucho trabajo que hacer logrando contentarla así que solo se limitó a decir: "Usamos hechizos para sellar nuestro youki, cambiar a una apariencia humana y listo".
"Pero eso será al anochecer, por ahora los dejo".
Diciendo eso se fue caminando hacia sus aposentos, recordando preguntarle a Kagome más tarde lo que había hecho con el taiyoukai que estaba a su lado.
"Me rehúso a tener una apariencia humana, es degradante", dijo Sesshoumaru, aún muy cegado por su ego como para darse cuenta de la energía que estaba despidiendo su pequeña miko.
Miroku percibió el peligro, así que dando una sonrisa un poco tonta comenzó a caminar justo por el mismo lugar donde se había regresado Sango.
"Nos vemos en la noche".
Y con eso desapareció del campo visual de los dos inus que se encontraban ahí.
(2)
"Es inaudito que aún sigas con eso, para tu información hace unas horas yo era uno de esos desagradables y degradantes humanos". Prácticamente le gritó la muchacha a su pareja, gruñendo en el proceso, mientras se iba caminando de su lado.
Sesshoumaru salió de su pequeño mundo al escuchar las palabras de su mujer y trató de no golpearse él mismo.
Está bien, era su culpa, pero no lo podía evitar, realmente detestaba a los seres humanos, eran desaseados, incultos, malcriados, y una serie de cosas, sin mencionar el mal olor y la falta de control sobre sus reacciones y emociones.
Caminando hacia la muchacha la cogió de la cintura.
"Kagome, no quise ofenderte, pero la verdad la única humana que no me desagradaba eras tú. Los demás son como cosas inservibles, no los soporto", le dijo mientras acariciaba con su rostro la marca que le había hecho la noche anterior, lamiéndola y dándole pequeños mordiscos.
Mal movimiento, a diferencia de él, la muchacha que en ese instante se encontraba en sus brazos, era una persona, o bueno ahora Youkai, para la que no había diferencia alguna entre los seres que habitaban este mundo, y con lo que estaba diciendo, simplemente estaba logrando irritarla más.
Dando un fuerte gruñido se soltó de él, volteando a verlo con ojos que poco a poco se estaban tornando rojos como la sangre.
"Sea como sea, no tienes derecho de hablar así".
El inuyoukai levantó una elegante ceja. Así que su Youkai interior estaba comenzando a tomar el control, muy bien pues entonces era un buen momento para ver si había ganado las mismas habilidades que él posee, así que decidió provocarla un poco.
"Aunque te ame con todo mi corazón Kagome, no puedo cambiar mi parecer hacia los humanos, son criaturas desagradables y desaseadas".
La muchacha lo observó incrédula. Su Youkai interno gruñía dentro de su mente para que lo dejara libre y poco a poco se fue dejando llevar por esa nueva fuerza que estaba dentro de su ser, poniéndose instintivamente en posición de pelea.
El taiyoukai la observó y una sonrisa descarada apareció en su hermosos rostro dejando ver sus blancos y filosos colmillos; solo un poco más y lograría lo que quería.
"Crees que vas a poder contra mí?. Mujer debes estar loca", le dijo en un tono completamente arrogante. Sabía que con eso la pondría a la temperatura perfecta.
(3)
Kagome escuchó lo que dijo y su recién adquirido inu interior comenzó a susurrarle: 'Dejarás que nos hable así?'.
'Tienes que demostrarle quien es el más poderoso, demuéstrale que nosotras tenemos más fuerza. Él no nos puede dominar'.
'Déjame salir', le gritó su Youkai interior y la muchacha siendo apabullada por las nuevas sensaciones, dejo libre a su inu interno.
Sus hermosos ojos dorados ahora si se habían teñido de un rubí intenso. Las delgadas brechas que tenía a cada lado de su rostro se volvían completamente irregulares, mientras gruñía amenazante y de sus estilizadas garras comenzaba a gotear exactamente la misma poción que poseía el taiyoukai que estaba frente a ella, pero de un color rosa.
Sesshoumaru observó a la joven miko someterse ante su Youkai interior y la posición que adquirió. Se le veía completamente fiera, una Youkai indomable y extremadamente apetecible.
Al escuchar sus gruñidos sentía que se estaba volviendo loco. Los sonidos que hacía lo estaban llamando, estaban buscando despertar a su Youkai interior y lo estaban logrando.
'La escuchas?, nos está llamado, tenemos que demostrarle quien es el que manda, tenemos que someterla a nosotros'.
'Déjame salir, déjamesalir a jugar", le susurró su Youkai y no se pudo aguantar el llamado de sus instintos, liberando de sus cadenas a su ser interior.
Sus ojos cambiaron al igual que hicieron los de su mujer y sus hermosas marcas se volvieron completamente irregulares.
Sus garras mucho más grandes y peligrosas goteaban un líquido venenoso color verde, quedando en la misma posición que la inuyoukai frente a él.
Los dos estaban siendo dominados por sus instintos, sus lados racionales habían sido enterrados en lo más hondo de su ser, mientras sus youkais después de mucho tiempo salían a "jugar", en el caso de Sesshoumaru.
Se mostraron los colmillos tratando de amedrentarse el uno al otro, pero no lo lograrían. En ese instante había más en juego que simplemente ganas de pelear, en ese momento iban a cumplir uno de los ritos más antiguos del mundo de los youkais.
Con eso probarían quien sería el que llevaría el dominio de los dos, competirían por ser el más fuerte y el que lo lograse, sometería al otro; aunque ninguno de los dos tuviera ni la menor idea de lo que estaba pasando ya que estaban completamente perdidos e sus instintos.
(4)
Sesshoumaru se quitó la armadura que llevaba puesta, quedándose simplemente con el ahori y la hakama que vestía siempre.
Su mujer se lamió los labios y decidió que era el momento de atacar, así que corriendo a una velocidad completamente inhumana se aproximó a él, dispuesta a todo, atacándolo con sus garras.
Pero el taiyoukai era más rápido y logró esquivar el ataque recibiendo solamente un rasguño en el pecho.
Dando un gruñido ante la osadía que tenía su mujer, apareció detrás de ella y la cogió fuertemente de la cintura, clavando sus filosas garras en las caderas de la joven, pegándola completamente contra su cuerpo y haciéndole sentir su calor y deseo.
"Ríndete", le susurró al oído, lamiendo el contorno de la puntiaguda oreja de la muchacha, mientras comenzaba a acariciar de arriba hacia abajo las caderas de la joven y su vientre de una manera suave pero a la vez firme.
Kagome dio un gruñido. Si creía que se iba a dejar ganar tan fácil estaba completamente loco.
Volteándose en el abrazo del taiyoukai, subió una pierna a la altura de sus caderas acercándolo más a ella, haciéndolo sentir todas sus formas.
Dejándolo pensar que tenía asegurada la victoria, lo abrazó del cuello y comenzó a lamer la marca que ella misma le había hecho, despertando el deseo del joven, su Youkai gruñendo porque se encontraba libre y esta vez tendría el control.
Frotó su cuerpo de manera provocativa contra el bien formado cuerpo del taiyoukai, provocando que la coja más fuerte de la cintura.
Se empinó un poco, su tibio aliento acariciando esta vez el oído del inu y le susurró: "Oblígame si puedes", e instantáneamente se separó de él y salió corriendo con una sonrisa triunfante en los labios.
Sesshoumaru dio un gruñido frustrado. Así que la pequeña insolente quería jugar no es así?. Pues la complacería, iría tras ella y le demostraría que con él no se podía tontear.
Flexionando sus dedos y preparando sus garras, las cuales brillaban de un verde fosforescente, fue detrás de su presa; definitivamente se iba a divertir mucho.
Kagome sentía como el frío viento refrescaba su acalorada piel mientras corría por todo el amplió bosque de la casa de la luna. Su corazón latía con anticipación por el juego que estaba preformando.
Su Youkai ronroneaba, completamente complacido de que hubiese ganado la primera batalla contra Sesshoumaru, pero antes de que pudiera proclamar su victoria, una brisa borrosa entre plateado y blanco paso a su lado y frente a ella apareció el taiyoukai en toda su gloria con su látigo venenoso liberado de sus garras.
(5)
Kagome lo miró levantando una ceja. Sus ojos ahora de color rubí brillaban con la luz del atardecer.
En un acto completamente arrogante, el inuyoukai dejo caer su látigo muy cerca de ella, haciéndolo resonar por lo largo y ancho del bosque, derramando un poco de su veneno.
La muchacha dio un gruñido como respuesta y ya que ella nunca antes había tenido experiencia utilizando sus poderes y nueva naturaleza, solamente se manejaba por el instinto de la nueva sangre que ahora corría por sus venas; así que, sacudiendo su mano derecha dejo libre su propio látigo de color rosa, haciéndolo resonar, imitando las acciones de su pareja.
Los dos se provocaban, viendo atentamente quien era el que daría el primer paso esta vez. Y el de la iniciativa fue el príncipe de la casa de la luna, elevándose elegantemente en los aires y atacando a la muchacha con su delgado látigo.
La joven dio un salto, recibiendo un corte un poco profundo en el brazo, mostrando sus filosos colmillos.
"Como te atreves", le gritó en una voz ronca, demostrando que era su Youkai la que estaba hablando y liberando ella también su arma.
El taiyoukai sonrió y entrelazo su látigo con el de la muchacha, los dos venenos fundiéndose en total armonía el uno con el otro mientras la energía saltaba en poderosas chispas.
La acercó a él, sus manos derechas amarradas con la unión que había creado entre ellos.
La aferró fuertemente a su pecho, asegurándose de tenerla bien cogida de la cintura, la beso con mucha fuerza saboreando sus labios, sus rosados y dulces labios, que con solo verlos lo estaban tentando, mientras que la joven en su terquedad trataba de resistirse y eso solo hacía el deseo del taiyoukai mucho más grande.
Cuando por fin logró someterla hizo que habrá su boca, introduciendo su inquieto apéndice en ella, probándola, saboreando su esencia, pero esta vez el beso iba con más pasión y fiereza, por lo que de casualidad arañó el labio inferior de la muchacha con uno de sus colmillos, haciendo que un fino hilo de sangre brote de la herida.
Ni bien su olfato detecto el embriagante olor de la sangre de la joven la separó de él. Viendo que provenía de su labio lo lamió y saboreo.
'Más, más de esa sangre, más de ese dulce sabor', gritaba su mente, pero Kagome tenía otros planes.
La joven se separó de él, y le dio un fuerte empujón, haciéndolo caer al piso y ella saltando al otro extremo del campo.
(6)
El joven taiyoukai ya se estaba cansando, quería tenerla y la quería ya, así que si era preciso utilizaría medidas drásticas. No podía negar que le encantaba ese comportamiento testarudo e indomable, pero ya era suficiente.
Parándose, una brisa completamente fuerte se apoderó de su ser y su hermoso rostro comenzó a deformarse; un sonido que asemejaba el chillido de una bestia se escuchó por toda la casa de la luna.
Cabello blanco comenzó a aparecer sobre cada parte de su cuerpo, hasta que fue cubierto en una humareda roja, desapareciendo en el aire, para que luego ese mismo humo se esparciese por todo el campo, provocando que la inu que estaba observando tenga que cubrirse los ojos.
En lugar del hermoso joven que estaba ahí parado hace algunos momentos con una mirada completamente fiera, apareció un inu de tamaño colosal.
Una sustancia verdosa y viscosa brotaba de su hocico.
Acercándose a la muchacha se paró a centímetros de ella y a propósito dio una fuerte exhalación, provocando que el aire que salió de sus fosas nasales la hiciera caer al piso.
Kagome se paró.
'Tú también, no dejes que nos gane. Déjate llevar, busca en tu interior'.
Los ojos de la joven se abrieron más de lo normal y ahora sí ella no estaba en control de su cuerpo.
Exactamente igual como sucedió con el príncipe de la casa de la luna, se transformó en un inu plateado. La única diferencia entre los dos colosos era que la miko era un poco más pequeña que el taiyoukai, y la obvia diferencia en sus marcas.
Después de unos momentos se podían ver a dos inus completamente grandes jugando uno sobre otro, golpeándose con sus patas durante un buen rato, uno saltando sobre el otro, mordiéndose juguetonamente sin hacerse daño, simplemente uno que otro rasguño.
Momentos más tarde, Sesshoumaru estaba sobre la muchacha quien estaba echada sobre su lomo, y de un gruñido la hizo dejar de moverse.
'Ríndete, eres mía', le dijo su inu, y la youkai como signo de sumisión movió su cabeza hacia un lado dejando ver la mordida que demostraba que ella le pertenecía.
Dando un gruñido triunfante, el inu lamió la marca y los dos volvieron a sus apariencias humanoides.
(7)
El príncipe de la casa de la luna levantó a la joven en sus brazos e inmediatamente ella rodeo sus delgadas y fuertes caderas con sus igual de delgadas y largas piernas. Su kimono se remangó, dejando su cuerpo al aire libre hasta los muslos.
El muchacho utilizó su cola como soporte para no golpear a la joven y la apoyó contra un árbol, con su cola protegiendo su espalda.
Comenzó a besarla, para ir bajando poco a poco por su mandíbula y hasta su cuello, dejando húmedos besos a su paso, mientras que la joven miko rodeaba su cuello con sus brazos y lo pegaba más a ella.
Sesshoumaru estaba saboreando cada parte por la que pasaba, hasta que de un jalón abrió el kimono de la inu, dejándolo caer al piso. La tenía sostenida cubierta solamente por sus pantaletas.
Mirando su cuerpo hambrientamente, se lamió los labios como signo de la anticipación que hacía que la sangre en sus venas comience a hervir.
(8)
Kagome estaba impaciente por saber lo que haría y solo lo observaba mientras él la miraba.
Decidió tomar la iniciativa, algo le decía que esta vez sería diferente y no era para menos. Los que estaban ahora en control eran sus youkais; los hermosos ojos dorados que ahora ambos compartían estaban teñidos de un rojo profundo.
Acercando el rostro del Youkai hacia ella comenzó a lamer la sensible oreja del muchacho, acariciándola con sus colmillos y chupando suavemente el lóbulo mientras movía su cuerpo de lado a lado y de arriba hacia abajo, creando una fricción en las zonas intimas de los dos, las cuales estaban solamente separadas por la hakama del inuyoukai y la ropa interior de la joven miko.
Gimió silenciosamente en el oído del joven.
"Sesshoumaru", suspiró aun moviéndose, esta vez acompañando sus caricias por su mano derecha, la cual metió dentro del ahori del joven, trazando pequeños círculos en su perfectamente esculpido pecho.
(9)
El inuyoukai estaba utilizando todo su autocontrol para no gemir ante las caricias y los movimientos de su mujer, pero ya no podía más tenía que sentirla, tenía que estar dentro de ella.
Bajando lentamente, apoyada aún sobre su cola, ya que no iba a permitir que su tersa y delicada piel se maltrate, se deshizo del pequeño pedazo de tela que le impedía verla completamente, escuchando la insignificante inhalación de aire que dio al ser completamente descubierta.
Vio como su hermoso rostro se sonrojaba nuevamente y levantó una ceja con una sonrisa descarada en el rostro.
'A pesar de todo lo que nos ha hecho sigue siendo tan inocente', dijo su Youkai ronroneando ante el prospecto de otra vez hacerla suya.
Se sacó la ropa poco a poco sin dejar de tener contacto visual con ella, hasta que se deshizo de sus hakamas, quedando como kami lo trajo al mundo al igual que su mujer.
Kagome lo miró, admirando su cuerpo y dio un pequeño quejido, señalándole lo que quería.
El taiyoukai la supo entender muy bien. En insignificantes fracciones de segundo se posicionó sobre ella, besándola, poniendo su mano derecha debajo de ella para acercarla más a él, para sentir su cálida y tersa piel pegada a la suya.
"Kagome", decía entre sonidos completamente inentendibles, mientras que con su mano libre acariciaba sus blancos pechos, siendo esta vez un poco menos cuidadoso, dejando pequeños arañones a su paso.
Pero la joven inu no se quejaba. El placer que le estaba dando opacaba el insignificante dolor de las heridas.
Le dio el mismo tratamiento al otro seno, para finalmente lamer los escasos residuos de sangre que quedaban después de sus caricias, haciendo que la muchacha de pequeños maullidos de placer, justo como la primera vez que la tomo como suya. La única diferencia era que esta vez, esos sonidos arrullaban a su inu, ya que ahora la joven era de su misma especie.
Por más que quería ir despacio esta vez no se pudo aguantar.
"Kagome, mi Kagome, te deseo tanto".
La joven lo acercó a ella y mordió suavemente en la marca que le había hecho para provocarlo más, lamiendo la sangre que luego había dejado caer.
"Entonces hazme tuya", le devolvió el susurro con el mismo tono de voz completamente opacado por el deseo que los dos sentían el uno hacia el otro.
Eso fue lo único que el taiyoukai necesitó escuchar, pero primero lo primero. Primero debía probar su esencia, nunca iba cansarse de ese exquisito sabor.
(10)
Lentamente fue bajando su mano derecha, no sin antes acariciar cada parte por donde pasaba mientras la besaba, llegando hasta su feminidad y sorprendiéndose cuando ella voluntariamente abrió sus piernas un poco para darle mejor acceso. Lo miraba un poco sonrojada y con ojos suplicantes.
El inuyoukai sonrió y se acercó a su cuello, mordiendo y chupando la marca, inflamándola un poco debido a sus atenciones.
Lentamente introdujo dos de sus dedos dentro del tesoro que la miko inuyoukai guardaba solo para él, dando un quejido de placer debido a lo húmeda que se encontraba. Su excitación aumentaba con solo pensar cómo se sentiría tenerla cerca, estar en ella.
Moviendo sus dedos esta vez con gran rapidez, escuchaba los gemidos y quejidos de la joven quien lo estaba cogiendo fuertemente.
Levantando su rostro pudo observar el de ella. Había una expresión de total placer en sus hermosas facciones.
Sus deliciosos labios estaban partidos por el incesante jadeo, sus ojos cerrados y un hermoso sonrojo en su rostro; el solo observarla y escucharla aumentaba su deseo.
Masajeándola más y más rápido, sintió como la joven empujaba sus caderas, haciendo que sus expertos dedos entren más en ella.
"Así que estamos impacientes", dijo y con unas cuantas caricias más a su pequeña joya la hizo llegar al clímax sobre su mano, sintiendo como sus paredes vaginales se contraían sobre sus dígitos, mientras la joven movía su cabeza de lado a lado, después de haber dado un pequeño grito.
Una vez que observó a su Kagome tranquilizarse saco sus dedos de la húmeda caverna de la muchacha y los llevó a su boca, limpiándolos y lamiéndolos, mirándola a los ojos mientras lo hacía, provocando que el deseo de la joven vuelva a crecer.
"Oishii", dijo el inuyoukai lamiéndose los labios, posicionándose sobre ella nuevamente.
"Sesshoumaru onegai", le pidió la joven y el inuyoukai dio un gruñido cogiéndola de las muñecas y poniéndolas sobre su cabeza.
Entró en ella rápidamente, haciéndola dar un pequeño grito muy cerca de su oído, ya que se encontraba a su altura.
Se quedó quieto un rato, solamente para disfrutar la sensación de por fin ser uno con ella nuevamente.
Después de unos segundos el inuyoukai comenzó a moverse a paso lento, haciendo que la joven se impaciente un poco. Pero Kagome podía esperar, después de todo ella y su Youkai tenían todo el tiempo del mundo.
Entrando y saliendo de ella de manera rítmica y pausada, fue subiendo la velocidad poco a poco, logrando escuchar los gemidos de la joven que se encontraba debajo de él.
Disfrutaba el sonido de su irregular respiración, su voz la cual le rogaba que fuera más rápido resonaba en sus oídos. Él mismo ya se estaba cansando del paso lento, así que cogió la pierna izquierda de la joven y la puso sobre su hombro, permitiendo que su miembro entre más en ella, y los dos pudiesen disfrutar más de la sensación.
"Sesshoumaru, más …. Más rá..rápido", le escuchó decir y el príncipe de la casa de la luna fue más y más rápido gruñendo fuertemente, clavando sus garras en las caderas de la pequeña miko y en la pierna que estaba sosteniendo.
Los dos se movían al compás de una música imperceptible, sus auras se entrelazaban la una conla otra al igual que sus cuerpos, los gruñidos inconscientes que emitían advertían a cualquier ser que estuviera cerca que el acercarse a interrumpir significaría la muerte.
Después de unas horas un fuerte rugido se escuchó, seguido por uno mucho más leve, acompañados por el sonido de piel rasgándose por la penetración de colmillos.
(11)
"Sesshoumaru…", dijo la muchacha recuperando su estado normal ya que su deseo había sido saciado, lamiendo tiernamente la sangre que había dejado caer después de la fuerte mordida que le había propinado al inu.
Sesshoumaru soltó a la joven, sus garras saliendo de la abusada piel de sus caderas y pierna.
Se recostó al lado de ella para no aplastarla con su peso, rodeando su cuerpo con su cola para protegerla del frío, pegándola a él, como si en cualquier momento fuera a desaparecer de sus brazos.
"Kagome, mía, mía", decía mientras acurrucaba su rostro en el cabello de la muchacha, relajando sus sentidos, que ya estaban comenzando a volver a la normalidad, con el dulce aroma de la miko inuyoukai.
Así se mantuvieron por unos minutos, simplemente descansando después de todo lo que habían hecho, y se dieron cuenta que ya había anochecido.
La joven que ya había recuperado sus energías se soltó del príncipe de la casa de la luna y se estiró, pero Sesshoumaru no la dejaría ir tan fácilmente.
Cogiéndola juguetonamente de la cintura la bajó a su nivel nuevamente.
"A dónde crees que vas?", preguntó dándole un pequeño beso en los labios.
La joven sonrió.
"Ya es de noche. No crees que deberíamos regresar, además Sango dijo que podíamos ir a ese festival. Y la verdad es que yo quiero ir a ver".
El inuyoukai dio un gruñido y se rehusó a soltarla.
"Este Sesshoumaru se niega a ir, no pienso mezclarme con los humanos y menos tener que aparentar ser uno. Jamás", le dijo, sosteniéndola muy cerca de él.
Kagome dio un suspiro. No sabía por qué pero ya tenía el presentimiento de que diría una cosa así, así que ni siquiera se dio la molestia de contradecirlo o ponerlo en su sitio, después de todo ese era el Sesshoumaru que ella amaba.
En ese instante una sonrisa malévola apareció en sus labios.
"De verdad no quieres ir?, pero yo quiero. Por favor", le rogó con voz muy dulce aun sin verlo a la cara, ya que estaba abrazada y apoyada en su fuerte pecho.
El inuyoukai levantó una ceja. Si creía que esta vez iba a caer en eso estaba muy equivocada.
"Este Sesshoumaru se rehúsa y punto final".
La joven se soltó de él y se paró.
Yéndose hacia el árbol en el que anteriormente había sido apoyada, cogió su kimono y se vistió sin siquiera mirar al inuyoukai que se encontraba ya sentado mirándola con curiosidad.
Minutos después de que su ropa y cabello estuvieran decentemente arreglados, caminó pasando de largo por él lado de su esposo, sin siquiera regalarle una mirada y el inuyoukai se paró y fue tras ella, cogiéndola del brazo.
"Kagome qué te pasa?".
La jovencita se quedó con la cabeza gacha, sonriendo divertida para sí misma.
'No creo que Kami me castigue por hacer una pequeña travesura', pensó, poniendo la mejor cara triste y tierna que tenía.
Sesshoumaru no sabía que le pasaba así que la abrazó y puso su mano debajo del fino mentón de la inu.
"Koishi que es lo que sucede dime".
'Es el momento', pronunció en su mente riéndose internamente de su pequeña maldad, después de todo por algo era una mujer, si no utilizaba sus encantos, pues entonces para que los tenía?.
(12)
Cuando el joven levantó su rostro para verla más de cerca se encontró con los ojos brillantes de la joven, los cuales estaban a punto de rebalsar por las pequeñas lágrimas que tenían.
Estaba haciendo un pequeño puchero y su labio inferior temblaba.
"Nunca he ido a un festival. Onegai, vamos, onegai, hazlo por mi si?", le rogó nuevamente.
Sesshoumaru la miró y trató de no inmutarse.
"He dicho que no", le dijo a punto de caer en las redes de la jovencita.
'Ya falta poco', pensó Kagome. Aunque se lo hubiera dicho con la voz más fría del mundo, ella sabía que se estaba resistiendo.
Parándose de puntillas y abrazándolo de la cintura lo besó con mucha ternura, pegándose a él.
"Onegai Sesshoumaru, onegai onegai, hazlo por mi", le pidió como si fuera una pequeña niña rogándole a su padre por un juguete.
El inuyoukai suspiró, definitivamente era una injusticia. Su Kagome era demasiado tierna como para negarle algo.
"Esta bien, esta bien".
La muchacha pestañeó varias veces y una hermosa sonrisa de triunfo y alegría apareció en su rostro ahora convertido en el de una igualmente bella inu.
Dando un pequeño salto se abrazó del cuello de inuyoukai que ahora se encontraba vestido y le dio un tierno beso en los labios.
"Arigatou mi amor".
El joven inu sonrió y no pudo evitar mencionarse a sí mismo que desde que Kagome entró en su vida se estaba comenzando a volver más y más blando.
Ese lado de él solo se le mostraría a ella y a nadie más, porque ella era su mujer y la amaba con todo el corazón del que alguna vez renegó por hacerlo tan débil.
(13)
Los dos youkais caminaron por los amplios y bastos jardines de la casa de la luna, llegando nuevamente a aquel maravilloso castillo al anochecer.
Entrando por la puerta de vidrio que dejaba ver los amplios jardines se encontraron en el comedor con Sango y Miroku.
El kaze youkai los esperaba con una expresión de total perversión en el rostro y la joven neko simplemente miraba a nada en especial ya que si se le apreciaba de cerca se podía notar una de sus cejas temblar esporádicamente debido a la irritación por la que estaba pasando.
Sesshoumaru levantó una ceja mientras cogía de la cintura a su mujer, parándose detrás de ella y pegándola a su cuerpo. Definitivamente Miroku otra vez había vuelto a las andadas.
"Y ustedes donde estaban?", pregunto el kaze youkai su expresión empeorándose aún más.
Sango simplemente movió la cabeza de lado a lado.
Cuando vieron a los dos inuyoukais en su verdadera forma a lo lejos, comenzó la discusión sobre lo que estaban haciendo. Ya llevaban más de seis horas en eso y solo lograba que Miroku se pusiera más pervertido; simplemente estaba llegando a afectar sus nervios.
La expresión del inuyoukai se volvió más fría que nunca mientras que le pobre Kagome no sabía dónde esconderse. Se había sonrojado del tono más rojo que alguien pudiera alcanzar.
El inu sintió la incomodidad de la muchacha y respondió en un tono que prometía una muerte lenta y dolorosa a todo aquel que se atreviera a discutirle lo contrario.
"Creo que eso no es de tu incumbencia".
Miroku tragó saliva y puso una mano detrás de su cuello, dando una risa un poco nerviosa.
"Bueno si me lo pones de esa manera no se hable más del asunto".
Ante la respuesta Kagome dio un audible suspiro y sintió que las cosas estaban un poco tensas así que miró como pidiendo ayuda a la joven neko y ella le devolvió la mirada accediendo.
"Cambiando de tema, cuando ustedes estaban, ejem… ocupados", comenzó con una sonrisa. No quería ser pervertida como Miroku ni nada por el estilo, pero tuvo que hacerlo.
Le dio una mirada de arrepentimiento a la joven inu quien solo sonrió y a Sesshoumaru ni siquiera se atrevió a mirarlo, iba a ser demasiado atemorizante, así que procedió.
"Y antes de ponerme a discutir con este hentai, le pedí permiso a Inu-Taisho sama para que me prestara las pócimas y brebajes que habían en la biblioteca, y logré preparar algo para que nos convierta en humanos por unas buenas trece o hasta quince horas, para poder disfrutar del festival". dijo la neko con una sonrisa.
A Kagome le comenzaron a brillar los ojos.
"Sugoi, sugoi".
El inuyoukai la miraba sorprendido, no podía creer lo fácil que se entusiasmaba su mujer, pero algo en su pecho se sentía tibio cada vez que la observaba así de feliz, así que a pesar de estar completamente en contra de la idea cerró los ojos y se dijo a si mismo: 'Así me vuelva un humano en apariencia no me podrán obligar a vestir como uno'.
"Y entonces qué hacemos?", preguntó Kagome.
"Supongo que nos daremos un baño y nos encontramos nuevamente acá en veinte minutos para poder salir". "La aldea en donde se llevará a cabo el festival está a unas tres horas de camino, es decir unos diez minutos para nosotros", agregó Miroku respondiendo a la pregunta de la joven.
Cada uno se fue por su lado, alistándose y vistiéndose adecuadamente para salir, y cumplidos los veinte minutos se volvieron a encontrar en el salón.
(14)
Las jóvenes se encontraban con unos hermosos kimonos, pero el de Kagome sin duda era el más hermoso, ya que ella era una de las dueñas de casa.
Sesshoumaru estaba con su tradicional kimono blanco y armadura, mientras que Miroku estaba con un kimono azul oscuro con diseños parecidos a los del inuyoukai pero de color celeste y el obi era de un color violeta.
"Muy bien, aquí tienen", dijo Sango repartiendo pequeñas botellitas a cada uno.
El primero en tomar el brebaje fue el kaze youkai, cuyas orejas puntiagudas desaparecieron y el diamante color azul que tenía en su frente, el cual demostraba su linaje como youkai, desapareció al igual que sus garras y colmillos junto con su energía sobrenatural, dejándolo ver como un simple humano que parecía provenir de una familia muy rica.
La siguiente fue Sango, pasando por los mimos cambios que el joven a su lado. Afortunadamente los dos tenían el cabello de un color no muy estrafalario y fuera de lo común, es por eso que permaneció de su tono natural.
Luego le tocó el turno a Kagome, pero a diferencia de los demás a ella la rodeo una pequeña luz dorada muy tenue y regresó a ser exactamente igual a como era antes de haber sido marcada por Sesshoumaru, perdiendo su cabello plateado y sus marcas, al igual que todas sus cualidades demoníacas.
El inuyoukai la observó. El kimono que llevaba puesto la hacía ver muy hermosa, en cualquiera de las formas que estuviera, sea como youkai o como humana. Su Kagome siempre iba a ser endemoniadamente bella, pero lamentablemente ahora llegaba su turno.
Mirando a la pequeña botella como si fuera su peor enemigo, la olió meticulosamente, destapándola lo más lentamente posible; cualquier cosa para retrasar el tener que convertirse en una humano.
Todos levantaron una ceja ante el comportamiento de Sesshoumaru, era demasiado infantil para ser él y la inu ya estaba comenzando a irritarse, así que se acercó a él y lo miró hacia arriba, ya que, junto con su verdadera apariencia había perdido algo de su estatura.
"Te lo piensas tomar?".
El inuyoukai la miró con una ceja levantada, de repente le dieron ganas de molestarla, después de lo que paso por provocarla, estaba más que dispuesto a convertirlo en un hábito diario.
"Y qué si no lo hago, humana?", le respondió con una sonrisa algo descarada en el rostro, y a pesar de que la muchacha tenía su aura sobrenatural escondida por la poción que acababa de tomar, él pudo sentir como sus bellos se erizaban ante la fluidez y fuerza con la que salía su poder espiritual debido a que su temperamento estaba igualmente por los cielos.
Aquella reacción lo incitaba en grandes proporciones a pensamientos nada puros. Tenía tantas ganas de cargarla y llevársela a su dormitorio.
'Al diablo con el festival', pensó, pero Kagome tenía otros planes.
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Como se atrevía, ahora le enseñaría.
Levantando su brazo le quito la pequeña botellita, la abrió y vertió el contenido en su boca y Sesshoumaru solo se podía preguntar que se proponía.
Se acercó a él y lo cogió suavemente del cuello bajando su cabeza a su nivel para besarlo.
Se pegó a su cuerpo a propósito, esta vez agregando un poco más de pasión en el beso haciendo que el inu abriera su boca y en el momento preciso ella también lo hizo, provocando que se trague el líquido.
Unos segundos después se separó de él para poder observar los cambios que había sufrido.
Sus marcas habían desaparecido, sus delgadas manos carecían de garras y sus orejas ahora eran redondas iguales a las de cualquier humano común y corriente. Sus hermosos ojos dorados ahora eran de un color negro y lo que más la sorprendió fue su largo cabello, que en lugar de estar del hermoso plateado de siempre ahora se encontraba de un color negro.
Kagome se sonrojó como si fuera la primera vez que lo estuviera viendo. Jamás se hubiera podido imaginar que la versión humana de Sesshoumaru podría haber sido tan bien parecida.
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Decir que el inuyoukai se encontraba irritado era una manera muy vaga de describirlo, la realidad era otra.
Podía sentir como su amplia energía sobre natural había sido ocultada y se había convertido en un simple y desagradable humano, aunque solo fuera de apariencia.
Tenía ganas de destrozar algo en pedacitos, pulverizarlo, y lo primero que estaba en su lista era su querida Kagome.
Como se había atrevido a engañarlo de esa manera, tal vez una buena lección la pondría en su lugar, después de todo él era el que mandaba y por lo tanto ella lo tenía que respetar. Sí eso haría, le daría una buena lección.
Cuando el inuyoukai bajó la mirada y observó a la muchacha no pudo evitar que una sonrisa apareciera en su rostro. Esa expresión, esos ojos, con ese mismo rostro lo había observado la primera vez que lo miró a los ojos, la primera vez que lo conoció, la primera vez que lo cautivó.
En ese instante todos los pensamientos que tenía de hacerle algo a su mujer se fueron por la ventana, literalmente hablando.
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Sango estaba casi boquiabierta, la táctica de su nueva amiga había sido definitivamente buena y el resultado fue algo que ni ella misma se esperaba.
Quien se hubiera imaginado en todos estos años, observar al gran Sesshoumaru como un humano, simplemente era algo que quedaría escrito en los libros de los youkais; claro si es que alguien se llegaba a enterar.
Segundos después consiguió salir de su estupor y logró sacar a Miroku del suyo.
"Bueno me parece que ya es hora de irnos".
Kagome sabía que Sesshoumaru debía estar molesto por lo que ella había hecho, pero en realidad no era del todo malo, así que para que no siguiera enojado con ella se acercó a él y se empino cogiéndolo del cuello suavemente para susurrarle al oído.
"Gomen nasai, pero no te ves tan mal. Jamás pensé que como humano te verías tan apuesto", le dijo suavemente, aumentando dramáticamente el ego del taiyoukai, quien dio una sonrisa llena de orgullo a pesar de su actual situación y la cogió de la cintura elevándola un poco del suelo, besándola y demostrándole a su manera que no se encontraba ofuscado.
Ella le correspondió con el mismo fervor, le sonrió y volteó para dirigirse a sus amigos los cuales observaban la escena con una ceja levantada.
"Nos vamos?".
Con eso caminaron hacia la salida, en donde se encontraron con un sorprendido Inu-Taisho cargando a su pequeño hijo el cual tenía una apariencia humana y se parecía mucho a como se veía Sesshoumaru, solo que mucho más pequeño.
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El gobernante de la casa de la luna había estado todo el día encargándose de los deberes de su territorio, escuchando todo el barullo que causaron su hijo mayor y su nueva mujer.
Bueno, eso tenía que pasar alguna vez no?, sobre todo si los dos eran inyoukais.
Era una regla de su naturaleza que en el comienzo de la relación se demuestre quien era el que mandaba y el que iba a llevar las riendas, aunque por cómo se percibían las cosas, los dos estaban actuando por puro instinto y modestia aparte, a él le parecía que esa era la mejor forma de hacerlo.
El minúsculo inconveniente fue que en su estudio tenia a un visitante, el cual le comenzó a hacer preguntas sobre los dos Inus gigantes que se encontraban en sus jardines y quería saber a toda costa a que estaban jugando.
Inuyasha aún era muy pequeño para entender sobre esas cosas así que siendo el taiyoukai inteligente y astuto que es le inventó una historia que gracias a Kami lo dejó satisfecho, y ahora se encontraba caminando con un Inuyasha humano.
Acababa de descubrir que su cachorro se transformaba en humano en las noches de luna nueva, cosa que desgraciadamente no era muy favorable. Afortunadamente aún era un niño y se le podía proteger.
De pronto algo captó su atención. En la puerta principal de la casa de la luna, cuatro humanos estaban parados. Y un momento, esas ropas le parecían conocidas, kimono blanco?, armadura?. No lo podía creer, simplemente era demasiado; definitivamente el sake que tomó durante la cena le estaba haciendo ver visiones, no podía ser.
Tanta fue la sorpresa que su mandíbula quedo abierta, pero guardando la compostura pensó rápidamente. Definitivamente esa no sería una oportunidad que se presentaría dos veces, no señor. Así que acercándose a ellos miró de frente a su primogénito con una sonrisa maliciosa en los labios.
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Sesshoumaru dio un suspiro, por qué de todas las personas con las que se podía que cruzar, la primera tenía que ser su padre. A veces se preguntaba si kami lo odiaba, pero no lo creía así, si no jamás se hubiera encontrado con su hermosa Kagome.
"Alguien me puede dar una explicación?", inquirió Inu-Taisho con una ceja levantaba mientras observaba al grupo de youkais disfrazados de humanos.
La muchacha de cabellos negros y hermosos ojos marrones sonrió de manera tierna.
"Lo que sucede es que queremos ir al festival que se esta dando en la aldea a las afueras de la casa de la luna, y pensamos que sería un poco peligroso si cuatro youkais se aparecieran frente a una multitud de humanos", explicó Kagome con una sonrisa.
El taiyoukai de la casa de la luna se quedó más sorprendido aún y decidió que ese sería el mejor momento para fastidiar a su primogénito.
"Simplemente no lo puedo creer, que kami y todos mis ancestros se apiaden de mi pero jamás en mis largos siglos de existencia hubiera pensando que TU Sesshoumaru estarías dispuesto a convertirte en un humano. Dime quien te lavó el cerebro, quien fue el responsable de semejante aberración. Simplemente no lo puedo creer".
Si alguien veía muy de cerca el rostro del joven inuyoukai que ahora aparentaba ser un joven humano muy guapo, se podía observar como una de sus ahora negras y delgadas cejas estaba comenzando a temblar de manera constante y sus manos se cerraban en fuertes puños; afortunadamente carecían de garras, si no como en ocasiones anteriores hubiera provocado que las palmas de sus manos sangren.
La joven miko inuyoukai logró percibir el estado emocional de su inu y cogió sus manos suavemente, relajándolo con su aura, la cual dejó fluir de manera intencional porque sabía que eso era un tranquilizante para él, y decidió esta vez ayudar un poco a Sesshoumaru. Inu-Taisho sama a veces se pasaba un poco de la raya.
"Yo fui la que lo convenció, pero déjeme decirle que me costó demasiado", le respondió a su padre político de manera seria, y el taiyoukai quedó sorprendido. Esta vez Kagome se había puesto de lado de su hijo, pero no se dejaría. Después de todo solo quería divertirse un rato.
"Así es querida, tuve el placer de escuchar como convencías a mi joven hijo", respondió con una sonrisa y esta vez el temperamento de la muchacha fue el que se elevó por los cielos y su energía purificadora, aumentada por su energía youkai, la cual estaba escondida debido al pequeño brebaje, comenzaron a fluir de cada una de las células de su cuerpo.
Ahora fue el turno de Sesshoumaru el calmar a Kagome, cogiéndola nuevamente de la cintura y pegándola a su cuerpo.
"Padre ya es suficiente…".
Pero eso no era todo, ah no!. Acaba de notar un pequeño y molesto detalle y eso no se lo dejaría pasar.
"Pero que es lo que tienes en los brazos, es que acaso esta etapa del ciclo lunar es cuando el hanyou pierde su sangre youkai", dijo con una voz llena de malicia. Cuando se trataba de aquel mocoso no podía aplacar la irritación que se formaba en lo más hondo de su ser.
"Así es, esta noche es la noche en que Inuyasha es más vulnerable".
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Kagome no se había percatado en lo más mínimo del cambio que había sufrido el pequeño hanyou de inu, pero ahora que habían tocado el tema, efectivamente tenía una apariencia humana y no era debido a ningún brebaje.
Acercándose al pequeño lo cogió en sus brazos.
"Inu-chan, pero que guapo estas. Te vez muy bien", le dijo acariciando su cabeza. Sentía dentro de si que el cachorrito debía sentirse un poco incómodo debido al cambio que había sufrido y la discusión entre su hermano mayor y su padre no estaba ayudando mucho.
"Kagome onee-chan. Tú también estas diferente, por qué? Y él también, ya no se parece a chichi. Por qué Kagome onee-chan?", preguntó inocentemente el niño y la muchacha le sonrió.
"Es magia Inu-chan".
El jovencito le devolvió la sonrisa, pero un poco de confusión logró colarse en su inocente rostro.
"Y lo mío también es magia?", volvió a inquirir, y esta vez el que se propuso responder su incógnita fue su medio hermano.
"No mocoso. Lo tuyo es permanente, cada luna nueva te volverás humano por una noche, así que vete acostumbrando", le respondió de manera fría, pero el niño simplemente lo quedó mirando sin decirle absolutamente nada. Su reacción era evidente en su pequeño rostro.
Kagome movió la cabeza de lado a lado, haciendo notar su disgusto.
"Sesshoumaru podrías ser más gentil, es solo un bebe, no puedes decirle cosas tan horribles", le recriminó en tono molesto, recibiendo un "humph" como respuesta.
Sango podía sentir nuevamente la tensión en el aire, así que como era su especialidad decidió dar una sugerencia.
"Por qué no llevamos también a Inuyasha. Podemos aprovechar que es humano y así el podrá disfrutar del festival".
"Me parece buena idea. Se los encargo", replicó Inu-Taisho al ver el rostro de desagrado de su hijo mayor. Por más que a él le pesara el gran Inu-Taisho nunca perdía.
Eso le haría bien a su hijo y así lograría dejar de pensar un poco en su transformación.
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Los cuatro youkais salieron de la casa de luna, Kagome llevando en brazos a Inuyasha.
Todos corrían utilizando su velocidad demoníaca, efectivamente llegando a la aldea en muy poco tiempo. Pararon unos metros atrás para no levantar sospechas.
La joven bajó al pequeño niño y caminó con él de la mano, con Sesshoumaru cogiéndola de la otra sin siquiera percatarse de su hermano. Sango y Miroku caminaban un poco más atrás de ellos; entrando de esa forma por las puertas de la aldea.
