Dentro de la aldea perteneciente a los dominios del oeste y por lo tanto de la casa de la luna, se estaba celebrando un festival.
Se trataba de una fiesta en honor a la primavera que estaba comenzando a hacerse notar poco a poco.
Ese día absolutamente todos los habitantes utilizarían su mejor kimono. Había diversos puestos de deliciosas comidas, juegos, hermosas decoraciones e infinidad de cosas que se podían observar a lo largo del recorrido desde la entrada de la aldea hasta el templo.
Ahí fue donde los cuatro youkais hicieron su aparición con una forma humana prestada. Pero al contrario de lo que pensaban, de todas formas atrajeron la atención de la gente.
Todos se los quedaron viendo y las razones eran infinitas. La principal era que jamás los habían visto por ahí y se notaba que debían ser una familia muy rica por las ropas que llevaban, sus kimonos eran muy finos y sus facciones no eran de gente del pueblo.
Seguramente el muchacho era algún terrateniente muy poderoso, la hermosa joven a su lado debía ser su esposa y el otro su pequeño hijo, ya que eran muy parecidos; los otros dos seguramente eran familiares, ya que, también se encontraban vestidos con ropas muy finas.
Esa y muchas otras eran las especulaciones de toda la gente que los observaba.
Susurraban entre ellos, algunos con suficiente sentido común como para continuar lo que estaban haciendo, otros dedicados solo al chisme y a parlotear sobre cómo era posible que existiera gente tan bien parecida en este mundo.
(1)
Jamás en la década y cuarto de su existencia había estado con tantos humanos juntos, simplemente lo estaba enfermando. Afortunadamente tenía el delicioso y exquisito aroma de su Kagome al lado para relajar a sus sentidos.
No podía entender que era lo que tenían en la cabeza aquellas personas. Hasta donde se encontraba podía escuchar claramente lo que murmuraban entre ellos.
"Son tan patéticos", murmuró con desagrado y por primera vez desde que lo conoció, Kagome no difirió con su opinión.
Gracias a sus recientemente adquiridos sentidos percibía los olores, que se supone no debía percibir, provenientes de todas las personas. Ahora entendía porque su taiyoukai se quejaba tanto del olor de los humanos.
También podía escuchar las incoherencias que murmuraban y ahora por fin comprendía lo que Sesshoumaru sentía, pero decidió concentrarse en otra cosa.
Había venido a disfrutar de esa festividad, así que se arrodilló al nivel de Inuyasha y con una sonrisa le preguntó: "Te gusta inu-chan?".
El pequeño sonrió.
"Hai, hai Kagome onee-chan. Hay luces y cosas muy bonitas".
La muchacha sonrió nuevamente. Simplemente Inuyasha le caía de las mil maravillas, si alguna vez tenía un hijo de seguro sería como Inu.
"Sesshoumaru vamos a ver más allá?", preguntó completamente entusiasta a su marido.
El taiyoukai la observó con algo de aburrimiento.
"No gracias, ya cumplí mi deber con venir hasta acá. No puedo mezclarme con este tipo de gente".
Kagome se desilusionó al oírlo decir eso, y ahora se reprochaba a si misma el haberlo obligado a venir. Pero bueno, ya no había nada que hacer. Si no la quería acompañar pues que no lo hiciera.
'Aunque quería pasar tiempo con él', pensó con un poco de tristeza, pero Inuyasha también estaba ahí, así que la pasaría con él.
"Lamento haberte obligado a venir. Gomen nasai", dijo en un tono algo desanimado y volteando fue caminando junto al cachorro de inu, mirando cada uno de los puestos y los diferentes adornos que se encontraban en su camino.
(2)
El inuyoukai pestañeó varias veces. Por qué siempre que se trataba de Kagome tenía que hablar demás o decir algo que le molestara.
Miroku movió la cabeza de lado a lado.
"A veces puedes ser tan denso mi querido amigo. Pero bueno, nosotros también nos vamos a dar una vuelta".
"Te aconsejo que arregles lo que acabas de hacer". Diciendo eso él y Sango se retiraron por el mismo lado en el que se había dirigido Kagome hace unos minutos.
Sesshoumaru se quedó ahí parado por otro par de minutos, decidiendo cuales eran sus posibilidades. Iría a buscar a Kagome y la acompañaría.
Tomándose su tiempo caminó lentamente, analizando cada una de las cosas que veía. Al parecer los humanos no eran criaturas tan estúpidas después de todo.
"Este Sesshoumaru debe admitir que tienen algo de inteligencia", murmuró mientras observaba las decoraciones.
No era partidario de la comida humana, es más, la consideraba desagradable, pero los platillos que se encontraban ahí no se veían del todo mal, así que decidió continuar con su profundo análisis.
Así estuvo por un buen rato sin darse cuenta del tiempo que había pasado, hasta que escuchó el llamado de su Kagome. Se encontraba en peligro y sin pensarlo dos veces salió a toda velocidad hacia ella, encontrándose con algo que lo hizo comenzar a gruñir de manera amenazante.
(3)
La muchacha había estado caminando por un buen rato con Inuyasha, mostrándole todas las cosas que habían, hablando de una que otra cosa. En general, dando un paseo.
Había pensado que Sesshoumaru iba a ir tras ella, pero todo parecía indicar que se había equivocado.
Conforme pasó el tiempo se fue olvidando de ese pequeño detalle y ahora se encontraba en el final del recorrido, en la entrada del templo, justo donde se reunía la mayor cantidad de personas.
"Por qué hay tantos humanos aquí?".
Esta noche en particular Inuyasha estaba muy curioso y eso le causaba mucha gracia a Kagome.
"Porque a los templos se viene a orar, a pedir por las personas que más quieres y a agradecerle a Kami por todo lo que te da cada uno de los días de tu vida".
El hanyou formó una pequeña 'o' con sus labios mientras procesaba la información adquirida. Estaba a punto de preguntar algo más, cuando fue interrumpido por un extraño hombre que se les acercó.
(4)
Naraku se encontraba muy cerca de donde se estaba realizando el festival. Kagura le había informado que su obsesión asistiría a aquella festividad, él solo tenía que esperar el momento preciso para acercarse y que mejor que el que tenía justo frente a sus ojos.
Le parecía un poco raro que la muchacha se encontrara con una apariencia humana, ya que, se suponía que se había convertido en una youkai; había percibido la mezcla de poderes que se había formado en la perla de Shikon, pero ahora eso era lo de menos.
Deshaciéndose de su tradicional abrigo de mandril, bajo del árbol en el que se encontraba vestido con un kimono violeta con negro, estampado con diseños de medias lunas amarillas con verde. Su largo cabello negro y rizado, estaba amarrado en una media cola y sus parpados sombreados con una especie de marcas celestes que hacían resaltar más sus enigmáticos ojos rojos los cuales brillaban con malicia.
Así fue como Kagome lo observó. Era un hombre muy guapo, pero no entendía porque se estaba acercando a ella, al menos ella no recordaba cómo ni cuándo lo había conocido, pero al parecer él sí, ya que se acercaba hacia ella a paso seguro y no pudo evitar sonrojarse cuando por fin se paró frente a ella y le sonrió.
Ahora lo podía percibir, era un hanyou.
"Así que tú eres la hermosa Kagome", le dijo cogiendo su mentón entre sus dedos, para luego acariciar suavemente su mejilla, haciendo que la muchacha se paralice en el acto. Algo de ese hombre le gritaba peligro, pero ella era una persona educada, así que alejándose lentamente de él lo miró a los ojos.
"Lo lamento, pero es que acaso lo conozco?", preguntó algo dudosa y una sonrisa malévola apareció en los labios de Naraku, quien se acercó a ella susurrándole al oído en un tibio respiro: "Que si me conoces?. Tu eres mía, me perteneces … Kagome".
En ese instante la joven sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Ese hombre la estaba poniendo nerviosa.
"Yo no lo conozco y mucho menos le pertenezco. Me parece que se ha equivocado de persona".
Aquel ser la cogió fuertemente de las muñecas, acercándola peligrosamente a él.
"Tú eres mía Shikon no tama", agregó, besándola a la fuerza, tratando de imponerse sobre ella, de someterla a él.
Un quejido salió de los deliciosos labios de la muchacha y él le dio un fuerte golpe en el rostro, tirándola al piso. Era hora de comenzar con su plan.
"Así que no te puedes defender sola y tienes que llamar a ese perro inservible".
La joven se cogió el rostro parándose lentamente, sintiendo la presencia de Sesshoumaru justo detrás de ella, quien estaba gruñendo de manera casi feroz.
Todos los aldeanos observaban la escena completamente aterrados, pero lo suficientemente curiosos como para no irse de ahí. Como era posible que un humano gruñera?.
No sabían que sus incógnitas estaban a punto de ser reveladas.
(5)
"Quién te crees que eres para tratar así a mi mujer. Con qué derecho le pones un dedo encima a lo que le pertenece a este Sesshoumaru?", exclamó el taiyoukai.
Un aura invisible hizo levitar su hermoso cabello que en algún momento fue negro y ahora era de su color plateado natural. Sus marcas y facciones regresaron y poción venenosa comenzó a gotear de sus garras.
Los gritos de todos los humanos presentes debido al youkai que se encontraba frente a ellos eran el fondo musical del enfrentamiento.
Naraku simplemente lo observó con desagrado.
"Yo no me creo nada. Soy el dueño de Kagome, el dueño de la perla".
Esa exclamación hizo que el inuyoukai, pierda los estribos y se prepare para atacar; pero antes de que pudiera hacer algo el hanyou cogió al pequeño Inuyasha y lo levantó frente a él.
"No lo creo Sesshoumaru sama, que diría su padre si le pasara algo al ser que tengo ahora entre mis manos. No creo que se ponga muy contento".
El inuyoukai gruñó como símbolo de su frustración. Ese maldito tenía razón, si algo le pasaba al mocoso habría un infierno que pagar.
Antes de que los dos pudieran moverse o hacer algo el uno contra el otro, un inmenso poder se desató en el campo o mejor dicho en la entrada del templo.
(6)
La miko inu youkai estaba comenzando a ofuscarse poco a poco. Ese hombre la estaba confundiendo con una cosa, la estaba tratando como si fuera un objeto de su propiedad y no había cosa que ella más detestara que ser tratada así.
Lo peor vino cuando uso Inuyasha como un escudo contra el ataque de Sesshoumaru, eso le pareció el acto más vil que había presenciado en toda su vida y al igual que con el inuyoukai, ella tampoco pudo controlar a su youkai interior.
Detrás de su hermosa silueta apareció el espíritu de su inu, listo para volver a fundirse en su cuerpo, mientras pronunciaba: "Eres un desgraciado, como te atreves a usar a un inocente como escudo".
Las olas de energía que emanaba eran impresionantes. Un aura color índigo, la cual era su inu mezclado con sus poderes sagrados, se fundió nuevamente con ella, permitiendo que vuelva a ser la hermosa inuyoukai de cabellos plateados y misteriosas marcas en el rostro.
Su propia poción rosa goteaba de sus estilizadas garras, sus ojos dorados se tornaron de un color completamente rojo, y Sesshoumaru pudo percibir que el instinto maternal de Kagome se había apoderado de ella y de su youkai, y si algo era peligroso era interponerse entre una inuyoukai y su cachorro.
Por mucho que le pesara esta vez tendría que quedarse atrás sino resultaría fatal para ambos. Podía observar que su Kagome estaba dispuesta a todo, pero él estaría preparado para lo que sea.
(7)
Si una cosa era sexy, eso era una youkai con una pose tan fiera, pensó Naraku mientras cogía al hanyou del cuello, dándole un efectivo golpe en la yugular. Se estaba cansando de su lloriqueadera.
'Ya me serás útil', pensó, mientas una nube de miasma violeta se formaba debajo de sus pies y extraños insectos se juntaban a su alrededor.
La inuyoukai en ese instante no pensaba en otra cosa que no fuera rescatar a Inuyasha.
Corriendo a toda velocidad estaba preparada para destrozar a aquel infeliz con sus garras, pero de la nada un grotesco tentáculo salió del cuerpo del pálido hombre, dándole un fuerte golpe en la cabeza a la youkai, mandándola inconsciente al suelo por la fuerza de impacto.
Al tocar su piel, el hanyou percibió algo que le desagrado completamente, pero que después de todo serviría para sus planes.
(8)
Sesshoumaru corrió a toda velocidad al lado de su mujer, levantándola cuidadosamente en sus brazos.
"Kagome estas bien?. Kagome Koishi despierta", le susurró al oído cuidando que nadie escuchara, sin recibir respuesta alguna, haciendo que un feroz aullido abandone sus labios, a lo que el vil hanyou respondió con una siniestra carcajada, elevándose por los aires.
"Supongo que me llevaré esto", exclamó, observando el frágil cuerpo de Inuyasha en sus brazos.
"Ah, y una cosa más Sesshoumaru sama, este Naraku le informa que debería cuidar más a su mujer. Si no fuera por su inmenso poder, hace escasos segundos habría perdido los mocosos que lleva en su vientre".
Diciendo eso desapareció en los aires con el pequeño hijo de Inu-Taisho en brazos, riendo malévolamente mientras maquinaba la segunda parte de su plan.
El inuyoukai levantó cuidadosamente a su pareja, resguardándola en sus fuertes brazos. Sus ojos estaban ligeramente enrojecidos.
"Ah, y una cosa más Sesshoumaru sama, este Naraku le informa que debería cuidar más a su mujer. Si no fuera por su inmenso poder, hace escasos segundos habría perdido los mocosos que lleva en su vientre".
Su Kagome estaba embarazada, estaba esperando sus cachorros y no había sido capaz de protegerla, el gran Sesshoumaru no había sido capaz de proteger a la que pronto sería la madre de sus hijos.
Si algo le sucedía a su mujer no se lo perdonaría jamás, pero en este momento lo más importante era averiguar quién era ese bastardo.
'Naraku', pensó, repitiendo su nombre en su mente con un odio y desagrado evidentes. Ya se haría cargo de ese infeliz.
Se había llevado al hanyou y su padre estaría más que dispuesto a ayudarlo a acabar con él.
El problema ahora era la cantidad inmensurable de humanos que lo estaba observando.
La solución más razonable sería salir de ahí matándolos a todos, pero algo en el fondo de su ser no lo dejaba y eso era el solo pensar que le diría su Kagome si se enteraba de lo que había hecho. Su Kagome… su Kagome que ahora se encontraba inconsciente en sus brazos.
Tenía que apurarse.
(9)
La gente observaba completamente atemorizada. Como era posible que dos humanos se hubiesen podido convertir en youkais, iba contra las leyes de la naturaleza.
Y ahora que harían, tenían que exterminarlos, eran una amenaza, tenían que deshacerse de ellos lo más pronto posible.
"Mátenlos", gritó un oficial de alto rango que se encontraba resguardando las puertas del templo en el que había sucedido toda la escena, y la gente rodeó a los dos inuyoukais.
Sacerdotes y sacerdotisas aparecieron de la nada, pergaminos sagrados en mano, cánticos inentendibles siendo recitados.
"Kuso", gruñó el taiyoukai, por eso detestaba tanto a los humanos.
"Criaturas barbáricas e irracionales", murmuró.
Ahora no tenía tiempo para eso, ni siquiera para ponerse a localizar a Sango y a Miroku, pero siendo el astuto youkai que es, rápidamente se le ocurrió una idea, así mataría dos pájaros de un solo tiro.
Dando un fuerte gruñido liberó todo su youki, logrando amedrentar a todos los humanos y de un salto salió de ahí rumbo a la casa de la luna.
Lo único que le preocupaba ahora era el bienestar de su Kagome y el de sus pequeños cachorros.
(10)
Los dos youkais escucharon el gruñido y se quedaron completamente congelados.
"Algo malo a sucedido", dijo Miroku observando a la muchacha que se encontraba a su lado.
La joven asintió.
"Debemos regresar a la casa de la luna", agregó Sango.
Los dos liberaron su energía sobrenatural, dejando ver su verdadera apariencia, pero a diferencia de los inuyoukais desapareciendo en un dos por tres antes de poder ser detectados y en las puertas del templo una mujer vestida en ropas de sacerdotisa con una especia de armadura encima observaba toda la escena.
Su cabello negro flotaba detrás de ella mientras sus labios rojos se abrían ligeramente.
"Ha comenzado". Diciendo eso desapareció, como si nunca hubiera estado ahí.
(11)
Sesshoumaru corrió apresurado por el vasto bosque de las tierras del oeste, hasta que finalmente llegó a la casa de la luna.
Los guardias que resguardaban el castillo lo observaron preocupados al ver a la mujer del príncipe de la casa de la luna completamente desmejorada en los brazos de este.
Se movieron rápidamente para abrir la puerta, dejando pasar al inuyoukai que en menos de un segundo ya se encontraba dentro del castillo.
(12)
Inu-Taisho e Izayoi se encontraban sentados en el salón principal de la casa de la luna disfrutando de su tiempo a solas, pero había algo que molestaba a la mujer humana que acompañaba al gobernante de las tierras del oeste.
Izayoi tenía un mal presentimiento. No se había atrevido a decírselo a su señor, no lo quería preocupar, pero estaba segura que algo muy malo estaba a punto de desatarse.
Ahora en sus brazos solamente pudo respirar profundo y acurrucarse en su regazo, hasta que momentos después el hijo mayor de Inu-Taisho apareció con su mujer en brazos, y una preocupación inmensa se apoderó de su ser.
"Qué le sucedió. Dónde está Inuyasha?", preguntó a punto de llorar. Algo le decía que su pequeño no estaba bien.
El inuyoukai del oeste cogió a su mujer fuertemente y la acercó a su pecho.
"Sesshoumaru que sucedió?".
El joven taiyoukai movió la cabeza de lado a lado. Esto no podía ser bueno, es más no iba a ser nada bueno, Kagome no se veía muy bien y parecía que tenía fiebre.
"Padre en ese momento lo más importante para mi es Kagome, no es encuentra bien, y…", por primera vez el joven inu tuvo que pasar un poco de saliva para deshacer el nudo que tenía en la garganta.
"Esta embarazada, si no hago algo rápido…". La última parte la dijo en un susurro que ni su padre pudo oír y salió hacia su dormitorio a toda velocidad.
El inu se quedó sin decir nada. La joven mujer estaba esperando cachorros de su hijo mayor.
Algo malo había sucedido, algo muy malo. Jamás había visto a Sesshoumaru tan preocupado, definitivamente algo no estaba bien.
"Dónde esta Inuyasha?", preguntó Izayoi completamente pálida y el gobernante de la casa de la luna no supo que decirle.
Dónde se encontraba su hijo menor, qué había sucedido. Lamentablemente no tenía respuestas para todas esas interrogantes así que tendría que esperar unas horas y si Sesshoumaru no venía hacia él, él iría a buscarlo.
(13)
El joven inuyoukai abrió la puerta de su dormitorio, cerrándola detrás de él.
Muy suavemente echó a la joven sobre la cama, para luego quitarse la pesada armadura que llevaba puesta junto con sus botas.
Subiendo a la cama levantó a la joven y la posicionó en su regazo. Con todo el cuidado del mundo cogió su rostro y observó la parte donde el mal nacido ese la había golpeado.
No tenía ningún rasguño, solamente una marca roja que se estaba desvaneciendo poco a poco. Entonces que era lo que la había dejado tan débil?.
Aparentemente no tenía ninguna herida o contusión visibles, y él no podía curar lo que no podía ver.
'Seguramente uso algo de su energía inconscientemente para no salir muy afectada y simplemente esta agotada', pensó inhalando el dulce aroma de su mujer.
Efectivamente estaba embarazada, ahora podía percibir claramente su delicioso olor y aparte su aroma mezclado con el de ella.
En unos dos días se le comenzaría a hinchar el vientre y él la cuidaría, la cuidaría como nunca había cuidado algo en su vida. No permitiría que nada ni nadie se le acercara ni le hiciera daño, especialmente ese desgraciado, del cual personalmente tendría que encargarse.
Después de unos momentos de simplemente tenerla ceca y acariciar su hermoso rostro, sintió como se comenzaba a despertar, preparándose para lo que vendría. Lo más seguro era que comenzara a desesperarse por la desaparición del pequeño hibrido, además tenía que informarle que ahora estaba embarazada.
(14)
Kagome se sentía muy cansada, no sentía absolutamente nada de su cuerpo, pero en medio de su inconciencia comenzó a sentir unas suaves caricias sobre su rostro y un reconfortante calor a su alrededor, lo que la hizo abrir lentamente los ojos.
Acompañado de aquello, vinieron los recuerdos de lo que había sucedido hace algunas horas.
Pestañeando repetidas veces logró ajustar su visión a la oscuridad y observar el rostro de su querido Sesshoumaru, lo que provocó que el rostro de un pequeño niño se cuele en sus recuerdos, haciendo que comience a llorar.
Kami sama, que le diría a Inu-Taisho y a Izayoi. Ellos confiaron en ella y ella no pudo hacer nada para ayudar al pequeño.
El inuyoukai observó el suave y descorazonador llanto de su compañera. Como detestaba verla llorar, además eso no le haría nada bien a sus cachorros.
Sentándola correctamente sobre él, la abrazó fuertemente contra su pecho.
"Shh, ya pasó. Ya estoy aquí. Kagome ya no llores más, no me gusta verte llorar", le susurró al oído, su tibio aliento acariciando las puntiagudas orejas de la miko inuyoukai quien se abrazó del cuello del joven, dando un fuerte suspiro para calmarse.
"Se llevó a Inuyasha, Sesshoumaru ese hombre se llevó Inuyasha y yo no pude hacer nada. Quien sabe que le pueda estar haciendo en estos momentos", le dijo entre sollozos y el joven inu dio un suspiro, no sería buena idea decirle lo de su estado en estos momentos, primero tendrían que ocuparse de aquella pequeña molestia.
Aunque le pesase en el alma decirlo, desafortunadamente no podía afirmar que se encontraba contento con el hecho de que su medio hermano hubiese sido secuestrado. Por más que trataba de convencerse de que era lo mejor había algo ahí molestándolo.
"Ese mocoso altanero ha logrado que este Sesshoumaru desarrolle un insignificante afecto por él", murmuró, y en ese momento la muchacha levantó el rostro y lo quedó mirando completamente incrédula, mientras que el taiyoukai levantó una ceja.
"Qué es lo que sucede?", dijo algo irritado.
La muchacha sonrió a pesar de estar con toda esa preocupación y culpa sobre sus hombros.
"Lo sabía, siempre supe que te preocupabas aunque sea un poco por tu pequeño hermano", alegó con su hermosa sonrisa plasmada en sus labios rosas y el inu no pudo aguantar la tentación, besándola suave pero de manera demandante, abrazándola de la cintura mientras ella acariciaba su pecho.
Antes de que pudieran llegar más lejos la joven se separó de él.
"Gomen, gomen nasai, pero no puedo. No puedo estar así sabiendo que Inu-chan se encuentra en peligro, debemos… de..debemos ir a informarle a Inu-Taisho sama que es lo que sucede, mientras más tiempo pase peor va a ser".
Él simplemente asintió. Era increíble el valor que tenía su mujer, pero no estaría sola, él la apoyaría si es que a su padre le daba por entrar en una furia que de seguro no terminaría nada bien.
Bajando de la cama con Kagome en brazos, se puso sus zapatos y salió por la puerta de su dormitorio caminando hasta que la joven le dio un pequeño jalón en uno de sus sedosos mechones plateados.
"Sesshoumaru ya me puedes soltar, me parece que puedo caminar sola", dijo la joven entre risas y el inuyoukai le dio un pequeño gruñido algo juguetón, besándola en el cuello antes de ponerla en el piso sin soltarla hasta estar seguro que no perdería el equilibrio, lo que dejo a la miko un poco confusa.
Por qué Sesshoumaru estaba siendo tan extra cuidadoso con ella?. Eso sería algo que tendría que averiguar más adelante, primero lo primero.
De la mano se dirigieron hacia el salón donde en ese instante se encontraban Inu-Taisho e Izayoi.
(15)
Kagome entró al salón principal del castillo de la mano con Sesshoumaru.
"Y bien, qué es lo que ha sucedido?", Preguntó Inu-Taisho notablemente irritado y la muchacha dio un respiro profundo.
Podía percibir los sentimientos de Izayoi y sabía que lo que estaba a punto de suceder no sería nada bueno, pero sea lo que fuere lo recibiría porque sabía que se lo merecía.
Apretando la mano de su esposo comenzó a relatar absolutamente todo lo que sucedió desde que salieron de la casa de la luna hasta que Naraku se llevó a Inuyasha.
"Gomen, gomen nasai. No pude hacer nada. Lo lamento, lo lamento tanto", culminó, cubriéndose el rostro con las manos y preocupando mucho a Sesshoumaru ya que, el estado en el que se encontraba su Kagome no le iba hacer nada bien a sus cachorros.
Pero antes de que alguno de los presentes pudiera reaccionar, una casi histérica Izayoi le lanzó una fuerte cachetada a la inuyoukai haciéndola caer al piso.
"Cómo puedes mirarme a la cara sabiendo que dejaste a mi pequeño en las manos de ese ser. Eres una…", lamentablemente antes de que pudiera terminar lo que estaba a punto de decir, un completamente furioso Sesshoumaru la tenía agarrada del cuello, apretándolo con fuerza.
"Humana, como te atreves a tocar a mi mujer. Esta embarazada y si algo malo le sucede, me importa muy poco que seas la concubina de mi padre, haré que tu cabeza ruede por el suelo en el que este Sesshoumaru se encuentra".
La amenazó con ojos completamente rojos como dos rubíes e Inu-Taisho ayudó a levantarse a la muchacha pidiéndole disculpas por lo sucedido. La única culpa debía recaer sobre él; si les hubiera informado antes de la existencia de Naraku nada de eso hubiera sucedido.
"Sesshoumaru sueltala", dijo con voz firme y su hijo mayor dio un fuerte gruñido triando a la mujer rudamente al piso, como ella había hecho con su Kagome, para luego cargar a su esposa y sentarse en uno de los amplios sillones del salón del castillo del oeste con ella en su regazo.
Hizo pequeños sonidos para calmarla y acarició suavemente la maraca que le había hecho en el cuello con su rostro, lamiendo y dando pequeños mordiscos, logrando efectivamente que la miko comenzara a dejar de llorar y pasara a quedarse profundamente dormida.
(16)
El gobernante de la casa de la luna ayudo finalmente a su mujer, la cual estaba completamente devastada, a pararse, diciéndole al oído: "No debiste hacer eso, sabes muy bien que la culpa no es de Kagome. La responsabilidad es mía por no haberles advertido antes", algo compungido por la perdida de su hijo menor.
Sesshoumaru había escuchado claramente lo que su padre había dicho.
"Por supuesto que no fue culpa de Kagome, y por lo que puedo escuchar padre, tú sabes muy bien quién es ese Naraku, así que si fueras tan amable de explicarme por favor. Ese infeliz no puede quedar impune después de lo que le hizo a mi mujer y mucho menos puede permanecer con uno de los hijos del gran Inu-Taisho en su propiedad. Es degradante".
Lo último sorprendió verdaderamente al gran demonio perro, pero por primera vez decidió no molestar a su hijo al respecto. El asunto que estaba por tratar era muy serio.
"Escucha atentamente lo que te voy a decir y recuerda que tu mujer esta embrazada y ahora te necesita más que nunca, así que deberás mantener la calma".
Su hijo levantó una de sus delgadas cejas.
"Prosigue".
Inu-Taisho, al igual que Kagome había hecho hace algunos momentos, procedió a explicar todo lo que sabía de Naraku, y le mostró aquella carta que hace tiempo ya había llegado a sus manos.
Sesshoumaru leyó una y mil veces aquella carta y sintió como la ira comenzaba a fluir por sus venas.
"Yo sé que usted tiene a la joya, la shikon no tama de carne y hueso, la encarnación del poder, las cuatro almas moldeadas en una sola". "No descansaré hasta que me pertenezca, esa joya será mía".
"Y no fuiste capaz de decírmelo en el momento en el que te enteraste. Sabes todo lo que hubieras podido ahorrarnos padre", prácticamente rugió sin pensar, completamente cegado por la ira y la molestia al saber que su propio padre le había ocultado semejante información.
Inu-Taisho esta vez no le dijo nada, no tenía derecho. Sesshoumaru tenía razón, pero ahora no era momento de lamentarse, lo que tenía que hacer era comenzar a pensar en un plan para deshacerse de ese Naraku de una buena vez.
El joven inuyoukai estaba muy agradecido de que su mujer se encontrara entre sus brazos. Si no fuera por su dulce y relajante aroma no estaba seguro de todo lo que hubiera podido destruir dentro de la casa de la luna.
Estaba tan ofuscado. Como era posible que su padre le hubiese ocultado una amenaza de tal magnitud, era inconcebible; tenía que relajarse y mantener sus emociones totalmente controladas, esa había sido la táctica que siempre lo había ayudado a triunfar sobre sus enemigos, y no iba a perder el control por un simple e inferior hanyou.
Dando una fuerte inhalación de aire logró efectivamente calmar todos sus sentidos y a su inu interno.
"Y bien, supongo que ya debes haber pensado en algo. No podemos permitir que esa escoria se salga con la suya", exclamó en voz alta, mientras el gobernante de la casa de la luna tomaba una instancia pensativa.
"Por lo pronto debemos descubrir dónde se esconde y quiénes son sus aliados".
"Eso lo podemos hacer con la ayuda de los demás gobernantes. Después tendríamos que armar una estrategia para atacarlo, y me parece que eso sería todo. Aunque no debemos subestimarlo ya que si tiene conocimiento sobre la perla de Shikon quiere decir que no debe ser un ser que se tome a la ligera".
Sesshoumau escuchó atentamente lo que dijo su padre y concordó con él. Eso sería lo mejor, por lo pronto debería concentrarse en su Kagome, en ella y en sus cachorros.
(17)
La muchacha se encontraba en un lugar completamente sombrío y oscuro, no podía percibir absolutamente nada aparte de la sofocante oscuridad que se encontraba a su alrededor.
Había algo de esto que no estaba nada bien, todos sus sentidos le gritaban que saliera de ahí, pero no podía hacerlo, había algo que no la dejaba, algo que la mantenía en su lugar.
"Hay alguien ahí", preguntó cuidadosamente.
"Mi querida Kagome", recibió como respuesta casi instantáneamente.
Esa voz, esa horrenda voz, ella la había escuchado antes.
"Quién eres, muéstrate". Le respondió, mirando frenéticamente para todos lados, escuchando una risa malévola y burlona sin poder identificar de dónde provenía; la podía percibir de todas las direcciones.
"Pero si nos acabamos de conocer hace algunas horas. Es que acaso ya te has olvidado de mi Kagome chan".
La joven miko sintió como la sangre era drenada de su cuerpo mientras se ponía completamente pálida.
"Naraku. Naraku donde tienes a Inuyasha, respondeme", gritó completamente alterada y otra vez esa risa, esa odiosa y enfermiza risa.
"Veo que estamos apurados. Si yo estuviera en tu lugar tomaría las cosas con calma, no creo que quieras que le suceda algo malo al pequeño bastardo de Inu-Taisho verdad", dijo aquel ser, seguido por los gritos de auxilio de un niño.
"Kagome onee-chan, Kagome onee-chan tasukete kudasai, tasukete kudasai", gritaba el pequeño Inuyasha y la muchacha no sabía que hacer, no sabía en dónde buscar. En su voz se podía escuchar la desesperación y desolación.
"Dime donde tienes a Inuyasha, suéltalo por favor, haré cualquier cosa, cualquier cosa si me dices donde se encuentra Inuyasha. Onegai te lo pido, dime donde se encuentra", rogó con toda su alma, cuando por fin pudo observar la silueta de un hombre acercándose a ella.
"Harías cualquier cosa?", le preguntó, esta vez cogiendo su delicado rostro entre sus manos, acariciando su suave piel grotescamente despacio.
"Ha..hai, cualquier cosa", el hanyou sonrió.
"Entonces ven a mi castillo, ven a donde yo me encuentro y dejaré que el niño regrese a salvo. Pero ni se te ocurra decirle nada a tu perro guardian, o mi mano podría resbalarse y podría cortarle la cabeza a este mocoso infernal que no deja de moverse para pedir auxilio, cosa que se esta volviendo demasiado exasperante para mi gusto".
"Y que me dices mi Kagome, vienes?".
La muchacha tragó saliva y pensó: 'Gomen Sesshoumaru'.
"Hai, dime donde y cuando".
El hombre sonrió, esta vez triunfante.
"Esta noche. Tu sola sabrás por donde ir". "Te espero mi preciosa Shikon, ahora despierta y no digas nada de lo que hablamos". Con eso la inuyoukai abrió los ojos, encontrándose con los dorados luceros de su amado taiyoukai.
(18)
Naraku dio una carcajada.
"Las cosas están saliendo justo como yo quiero. Pronto tendré a la hermosa Kagome en mis manos, y con ella la Shikon no tama", dijo, escuchando un gruñido a su lado.
"Qué sucede Kagura, acaso no estas contenta?".
La kaze youkai se paró y le dio la espalda a su creador.
"No se supone que la ibas a matar después de haber obtenido tu deseo?".
El hanyou movió la cabeza de lado a lado, aquella sonrisa perversa aún plasmada en sus labios.
"Tengo nuevos planes para aquella belleza. Tal vez haga que su propio taiyoukai la mate, o mejor aún que ella se encargue de librar al mundo de la presencia de Sesshoumaru".
"Me sorprende Naraku. Acaso crees que cuando noten la falta de la presencia de esa mosca muerta no vendrá a buscarte Inu-Taisho, su hijo y todo su ejército, eso sin contar los ejércitos de las demás casas de los puntos cardinales".
El despreciable ser sonrió, observando al niño dormido que tenía encerrado en una especie de jaula.
"Ya tengo algo preparado para todos ellos. Lo único que me va a costar es dejar libre a este engendro, como me hubiera gustado verlo sufrir un poco. Pero es el precio que tengo que pagar por tener a mi querida Shikon no Tama junto a mí".
"Ya verás Kagura que las cosas saldrán como yo quiero al final".
La kaze youkai, quien ahora llevaba una máscara de plata en la parte derecha de su rostro, desamarró al pequeño inu hanyou y lo sacó de la celda que lo mantenía cautivo.
"Permanece preparada. Cuando Kagome llegue deberás ir a entregar a ese mocoso y así alertar a tu precioso Sesshoumaru de que su mujer se encuentra aquí".
"Y cuando el venga por ella, tendrá una placentera sorpresa esperándolo", dijo para finalmente comenzar a reírse de las maldades que estaba próximo a cometer.
