Bueno, este es el capítulo final. Espero que les haya gustado mucho la historia y gracias a todos los que han seguido este fic a pesar de la gran demora que he tenido en postear los últimos dos capítulos (fueron unos problemillas técnicos). Estaré posteando otra historia que escribí antes de esta, se llama "Wings of a tenshi", ojalá puedan leerla también y bueno gracias nuevamente por seguir mis locuras y mis invenciones. Nos vemos en el siguiente Fic. Saludos y gracias de nuevo.
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Un mes exactamente había pasado desde aquel incidente con el hanyou, siendo por el transcurso de este tiempo, la miko y youkai mujer del príncipe de la casa de la luna de lo que más se hablaba en toda la sociedad de los youkais.
La poderosa miko inuyoukai que curó a todo un ejército, revivió al hijo del gran Inu-Taisho y además destruyó a un hanyou con solo tocarl.
La noticia recorrió toda la sociedad de los youkais. Ahora todos los puntos cardinales guardaban un gran respeto por el poderoso clan de los Inus del oeste y nadie se atrevía a ir contra sus mandatos; además, hace algunas semanas Inu-Taisho le había dejado el trono a su hijo mayor alegando que ya estaba muy viejo y él ya se encontraba en edad de comenzar a tener unas cuantas responsabilidades.
Por supuesto todos los gobernantes y demás miembros de la corte estuvieron de acuerdo en que Sesshoumaru sería un muy buen líder y sabría manejar sus tierras con sabiduría y justicia, convirtiendo a Kagome en la dama de la casa de la luna.
(1)
Un muy intranquilo taiyoukai y nuevo gobernante de la casa de la luna camina de lado a lado frente a la puerta de SU propio dormitorio, en donde no lo dejan entrar porque su mujer se encuentra dando a luz y por el momento su presencia no es necesaria.
Su padre ríe disimuladamente, cuidando de que su hijo no se dé cuenta.
Era increíble. Cuando Sesshoumaru nació él había estado en las mismas condiciones, pero una buena oportunidad nunca podía ser desaprovechada.
"Si sigues moviéndote de esa manera vas a hacer un hoyo en el piso", le dijo, el humor evidente en su voz, pero lo único que recibió como respuesta fue un exasperado gruñido.
Cualquier cosa que su hijo estuviera a punto de decirle fue interrumpida por el fuerte gruñido de una inuyoukai.
"SESSHOUMARU VEN ACA EN ESTE PRECISO INSTANTE", rugió Kagome desde el otro lado de la puerta mientras se escuchaban los esfuerzos que hacía para traer al mundo a sus hijos.
Inu-Taisho creyó ver a su hijo asustado por unas e insignificantes milésimas de segundo, para luego verlo desaparecer detrás de la puerta.
(2)
Yukina se encontraba entre las piernas de Kagome.
"Puja Kagome chan, ya puedo ver al primero. Solo un poco más", decía mientras Sango le limpiaba el sudor a la ofuscada muchacha.
El taiyoukai se quitó la armadura y las botas que llevaba puestas y le dijo a Sango que se moviera, ocupando su lugar.
Apoyó a la joven sobre su pecho, limpiando su rostro con una toalla.
"Vamos koishii, solo un poco más", le dijo, acariciando su marca con su rostro, pero la muchacha dio otro rugido.
"ES FACIL DECIRLO PORQUE NO ERES EL QUE ESTA DANDO A LUZ", le gritó con voz ronca, pujando más fuerte y el taiyoukai dio una pequeña sonrisa mientras seguía acariciando el cuello de la muchacha.
Las inuyoukais tendían a ponerse un poco especiales en los últimos días del embarazo.
"Kagome chan ya esta saliendo la cabeza, un poco más", interrumpió Yukina mientras sonreía por lo que acababa de decir la muchacha y a la vez Sesshoumaru podía escuchar las carcajadas de su padre fuera del dormitorio.
(3)
La muchacha reunió todas sus fuerzas y pujó.
Casi al instante se pudieron escuchar los quejidos de un cachorrito.
"Es un niño", dijo Yukina con una sonrisa, pero antes de que pudiera alcanzárselo a su madre llamó rápidamente a una embarazada Sango para que cargara y limpiara en una pequeña tina al pequeño.
"Viene otro Kagome. Ahora tienes que pujar con mucha más fuerzas", exclamó la fiel sirviente de la casa de la luna, y Sesshoumaru cogió las manos de su mujer para darle fuerzas, mientras que la miko sonrió, tendría dos cachorros, y eso la ayudó a pujar más fuerte.
Con un grito su último hijo nació.
"Es otro niño Kagome chan".
Finalmente Yukina se encargó de limpiar a su señora, quien dio una de las más hermosas sonrisas que Sesshoumaru hubiera podido observar, mientras trataba de recuperar su aliento por el fuerte esfuerzo que acababa de hacer.
No era fácil para ninguna mujer, aunque fuera youkai, dar a luz a dos cachorros y mucho menos en su verdadera forma.
"Van a ser unos youkais muy poderosos", murmuró Sango.
"Por qué lo dices?", preguntó la madre en el usual tono dulce de su voz, acurrucándose en su taiyoukai quién ahora la tenía sentada sobre él, sus brazos rodeando su cintura.
Sango no respondió y fue hacia ellos y les entregó a sus dos pequeños hijos.
Eran dos hermosos cachorritos, cubiertos en sedosas y suaves melenas blancas. Eran idénticos a su padre en su forma original, solo que en miniatura, hasta tenían las mismas marcas.
"Gemelos", murmuró Sesshoumaru. Estaba tan orgulloso, sus dos hijos habían sido hombres.
"Son tan hermosos", dijo Kagome, acariciándolos suavemente. Ahora era ella la que inconscientemente hacia aquellos tranquilizantes sonidos, efectivamente haciéndolos dormir, mientras que el taiyoukai detrás de ella sonrió y le dio un tierno beso en los labios.
"Como los vamos a llamar?", preguntó la miko inuyoukai mientras su esposo fingió estar pensativo por unos momentos.
"Seisuke y Keisuke, te parece?", le susurró al oído.
"Perfecto", respondió, sintiendo como el cansancio le estaba ganando.
"Y te advierto que la proxima vez…", trato de decir, pero un bostezo la interrumpió a media frase.
"El que va a tener que pasar por todo esto vas a ser tu".
Sesshoumaru simplemente levantó una ceja para luego bajar la cabeza y observar a su mujer dormida con sus dos pequeños hijos descansando en su regazo, mientras las otras dos mujeres que se encontraban ahí se fueron del dormitorio silenciosamente.
Ahora podía decir que se sentía el youkai más feliz sobre la tierra.
(4)
"Seisuke deja de estar molestando a tu hermano", rependió Kagome sentada debajo de su árbol favorito mientras observaba a sus dos hijos y a un pequeño Inuyasha jugar a lo largo de todo el campo.
"Pero Okaa san.. Keisuke onii-chan no quiere jugar con nosotros", dijo un pequeño sonriente y de cabellos sueltos señalando a su hermano que lo miraba de pies a cabeza con una mirada completamente frígida.
"Me niego a meterme en un juego de niños, es demasiado infantil", respondió su hermano mayor por unos escasos segundos, regresando al libro que se encontraba leyendo.
Inu-Taisho, sentado en una mesa hecha especialmente para la intemperie, dio una sonrisa mientras Izayoi a la vez miraba divertida a los niños.
"Que alguien me diga donde he escuchado eso antes", dijo el gran taiyoukai observando de reojo a su hijo que se encontraba sentado al lado de su mujer y Kagome no pudo evitar comenzar a reírse.
"No solo son completamente idénticos a ti físicamente, si no que ahora mi Keisuke tiene tú mismo carácter", alegó la muchacha dándole un beso a su esposo y el taiyoukai dio un pequeño gruñido tratando de sonar amenazante.
"Tiene eso algo de malo?", preguntó mientras besaba el cuello de su mujer y esta vez el que respondió fue su padre.
"No, pero ya pronto veras lo que es tener que lidiar con hijo orgulloso, cabeza dura y terco".
"Claro que siempre hay la esperanza que una hermosa y joven miko venga y nos salve a todos".
Sesshoumaru fingió no escuchar nada y la muchacha se tapó los labios con la mano para reirse, pero la atención de los cuatro ahí sentados fue captada por los pequeños.
(5)
Una sonrisa maliciosa apareció en los labios de Keisuke.
"Muy bien, quieren jugar?, entonces vengan".
Los otros dos niños hicieron como el pequeño de cabellos plateados amarrados en una cola alta les dijo y fueron hacia él, haciendo un círculo y susurrando que era lo que iban a hacer.
"Cuando mi nieto pone esa cara no significa nada bueno", exclamó Inu-Taisho cogiendo su mentón en una pose de total concentración.
"Será mejor que solo observemos que es lo que se traen entre manos", agregó Sesshoumaru igual de curioso acerca de lo que su hijo mayor estaba planeando.
Seisuke había salido con el mismo carácter gentil y generoso de su madre, pero Keisuke, tenía que admitir, era idéntico a él y tomando en cuenta lo que él hacía de pequeño, definitivamente tenía que estar atento.
Por fin los vieron separase, Inuyasha con sonrisa que mostraba todos sus dientes y sus colmillos, Seisuke con una picara y tierna sonrisa propia de su madre, mientras que su hermano Keisuke tenía aquella sonrisa algo siniestra y descarada propia de su padre.
(6)
"Ojii-chan, otou san, no quieren jugar con nosotros?", preguntó Seisuke mientras dejaba gotear poción venenosa de sus garras.
"Hai, después de todo eso si puede ser divertido", agregó su hermano mayor dejando libre su látigo venenoso.
"Hai hai, onii-chan, otou san, vengan", finalizó Inuyasha cuyas garras brillaban de color dorado.
Al ver eso las dos madres ahí presentes se quedaron completamente sorprendidas al igual que sus maridos y una expresión no muy amistosa apareció en los rostros de ambas.
"Muy bien, quien de los dos fue el que les enseñó eso?", dijo Kagome, ahora muy bien parada y con las manos en las caderas.
Sesshoumaru no sabía si estar molesto o extremadamente orgulloso por sus hijos. No era posible que hubiera podido dominar sus poderes a una edad tan corta, sinceramente estaba muy orgulloso.
"No tengo idea", respondió el inuyoukai tratando de parecer inocente.
La joven miko inuyoukai simplemente levantó una ceja.
"Inu-Taisho sama?", preguntó al igualmente sorprendido taiyoukai al lado de su esposo.
"No, definitivamente no fui yo".
Las dos mujeres movieron la cabeza de lado a lado y Sesshoumaru se acercó a los pequeños sacándose su tradicional armadura.
"A ver. Muéstrenme lo que han aprendido", dijo mirando a sus hijos y a su hermano hacia abajo, pareciendo muy intimidante, pero los dos gemelos simplemente levantaron una ceja y el pequeño hanyou le sacó la lengua, hasta que Inu-Taisho se unió al grupo, el también sin su armadura.
"Ataquen muchachos", y con eso comenzaron.
Obviamente los pequeños no les hacían ningún daño, pero si uno que otro rasguño que en pocos minutos terminaba de sanar.
"Keisuke, Seisuke que es lo que sucede, creí que el objetivo del juego era atacar", dijo Sesshoumaru con una sonrisa orgullosa en el rostro tratando de retar a sus hijos, lo cual logro eficazmente ya que esa era otra cualidad que habían adquirido de su madre, jamás abandonarían un reto.
(7)
Así se pasaron un buen rato hasta que los pequeños quedaron completamente agotados.
Su padre y su hermano, junto con su mujer ya se habían retirado hacia sus aposentos y ahora él junto con su Kagome, cada uno llevando a uno de sus dormidos hijos en brazos caminaban hacia el dormitorio de los gemelos, dejándolos en sus camas y observándolos por un momento.
Sesshoumaru abrazó a su mujer de la cintura y la pegó a su cuerpo.
"Arigatou Kagome".
La muchacha apoyó su cuerpo en él.
"Por qué?".
El inuyoukai la cargó suavemente y cerró la puerta detrás de él dirigiéndose hacia a su dormitorio.
"Por haberme hecho el youkai más feliz de la tierra, por haberme dado dos hermosos hijos y por haberme regalado un nuevo comienzo, el día que llegaste a mi campamento y me curaste las heridas".
Kagome sonrió y se acurrucó en su taiyoukai.
"Te amo Sesshoumaru".
El inuyoukai sonrió.
"Yo también te amo mi Kagome, con todo mi corazón".
Fin
