Capítulo 1

Santana caminaba a su siguiente clase de la mano de su nuevo novio. El rubio la llevaba como un trofeo orgulloso.

No era un chico malo pero se había encaprichado con ella, tanto que tuvo que terminar con su novia, perdón, ex novia para poder salir con la latina.

Podía ser lo que sea pero era honesto y no jugaría con las dos. Al menos ese pensamiento lo reconfortaba.

-Samy tengo algebra ¿Nos vemos después de clase? – ronroneo la latina con una enorme sonrisa y una mirada de hipocresía que mataría a cualquiera y lo haría su esclavo.

-Por supuesto linda, dalo por hecho – dijo con su ya conocida voz que podía llegar a irritarla.

-Adiós – se despidió coqueta dejándole un rápido beso en los labios con una sensación de agobio que solo la hiso salir a toda prisa de ahí.

Sam se quedo mirando cómo se iba por el pasillo con un andar que le ponía los bellos de punta. El siempre tuvo una debilidad por esa chica, había algo en su piel y la forma en que podía desnudarte con la mirada que lo dejaba embobado.

Pero había una escena completamente diferente al otro lado del pasillo donde tres chicos miraban todo lo sucedido con repudio, o al menos una de ellas.

-Imbécil – siseo cerrando de golpe su casillero.

-Quinnie no pierdas la clase por ese tipo de hombres, no valen la pena – le aconsejo Kurt poniendo su mano en su hombro en señal de apoyo.

-No era para él – gruño apretando la mandíbula.

-¿No me digas que a él lo perdonaste? – pregunto incrédula Rachel que estaba parada en medio del pasillo.

-¿Estás loca? Los dos son unos imbéciles, pero más la zorra que le calentó la cabeza – la acuso apoyando su espalda en los casilleros verdes.

-No te apoyo del todo, pero Santana es un ser despreciable – suspiro resignado Kurt recordando todo el daño que le había causado – Me encantaría poder devolverle todo lo que me ha hecho.

-Tranquilo, todos sabemos que ella solo tiene esa actitud porque es una acomplejada.

Los tres se miraron con una cómplice expresión al recordar prácticamente toda su vida y el pesar de haber tenido que cargar con ese ser.

-Si bueno, acomplejada o no eso no quita lo pesada que es.

Esas últimas palabras de Kurt estaban llenas de rencor, desde que el salió del closet López era la encargada de guiar al escuadrón anti gay de Mckinley.

-Quizás podamos devolvérsela – dijo dudosa Rachel – Ya saben, encararla o con una broma.

-Vivo devolviéndose Rach – rio Quinn – La perra está enojada porque doy pelea y no soy como los demás.

-Puede ser… - suspiro Kurt - ¡Esperen! – dijo de pronto viendo como Sam acomodaba su largo cabello y se acercaba a un bebedero ajeno a todo lo que sucedía a su alrededor.

-No grites – rodo lo ojos Rachel.

-¿Todos odiamos a Santana no? – pregunto dudoso recibiendo una afirmación de las chicas – Pero jamás logramos siquiera hacerla enojar.

-Eso es lo que tú piensas – corrigió Quinn – Se la tengo jurada.

-Tengo una idea, vamos a joderla por donde más le duele.

-¿El ego? – rio Rachel haciendo que Quinn sonriera.

-El ego y su orgullo, ¿se imaginan que alguien la use y la tire públicamente?

-De que hablas – dijo una interesada Quinn Fabray.

-Ya veras, hoy reunión en mi casa en la tarde. Rachel vamos, necesito tu mente egocéntrica para que me ayudes a planearlo a la perfección – dijo tomándola del brazo y arrastrándola a la biblioteca – Nos vemos luego Q – se despidió.

-Pobres, creen que podrán contra Santana – reía cruelmente mientras caminaba por esos pasillos que se abrían a su paso.

Compartía clase con quien menos deseaba. El diablo en persona.

La vio sentada al fondo del aula y decidió ignorarla pero como siempre le fue imposible, la morena la atrapo espiándola y le clavo la mirada sin ningún tipo de vergüenza.

Le sonrió con una sucia y picara sonrisa que mostraba todos sus perfectos dientes consiguiendo que se le removiera algo en su interior.

Luego recordó que ella le quito a su novio y simplemente frunció el ceño decidida a ignorarla.

Pero lo que realmente ignoraba era la razón del porque Santana estaba prácticamente encima de ella.

La morena no pudo despegar la vista de esa melena rubia durante toda la clase sintiéndose extrañada, apenada y por sobre todo nerviosa.

No era la primera vez que todos esos sentimientos la invadían a la vez, y siempre eran al ver esos labios suaves y mirada verde ocre que la dejaba pensando.

El timbre la saco de sus pensamientos y se puso de pie instintivamente junto con ella, como ya era costumbre la siguió a una distancia prudencial.

La vio pararse de golpe y se asusto con justa razón.

-Deja de seguirme, acosadora – gruño la rubia sin ni siquiera voltearse.

Esa rabia innata de su ser afloro enseguida, ya era una obsesión enfermiza. Lo sabía.

Sabía que eso que sentía no era ni normal ni sano para ella. Tenía miedo, ¿si alguien la descubría?

Sería su fin.

Suspiro con pena y camino hasta el estacionamiento pasando por su lado con total naturalidad y saludando a su paso a prácticamente todo el mundo pero ninguno con un significado real.

-¿Qué tal tu clase linda? – pregunto Sam tomándola por la cintura.

-Aburrida – murmuro quitando su mirada y buscando algo entre sus pies mientras lo abrazada - ¿Podemos irnos ya? – suplico al mirar como Quinn y sus amigos pasaban por ahí.

-¿Te sientes bien? – le pregunto preocupado tomándola por el mentón.

-Solo es cansancio – se disculpo y acto seguido lo beso.

Ese beso que fue inmediatamente correspondido pero que no parcia real. Y no hablo de algo inimaginable, sino que simplemente parecía que ella no estuviera ahí.

Sus labios eran bruscos por más de besarla suavemente y sus manos eran demasiado toscas, tanto que la incomodaba.

Se separo y lo abrazo pasando sus brazos por sus fuertes brazos.

-Vamos, te llevare a casa para que descanses – la reconforto besando su frente.

Agradecía eso, lo amable y comprensivo que Sam podía ser en comparación de otros chicos. Le gustaba.

Si tan solo… si tan solo fuera otra persona la que comprendiera.

Pero eso jamás pasaría, en su mente lo tenía muy claro.

Esa tarde en casa de Kurt no paso nada fuera de lo normal. Chismes, música y un poco de televisión.

Rachel y Kurt evadían el tema de Santana notoriamente cosa que molestaba a la rubia.

-Bueno… ¿Y bien? – Dijo acomodando su peso en la pared donde estaba apoyada – Ya casi anochece y no me has dicho tu brillante idea.

-¿Te mueres de la intriga? ¿No? – bromeo alzando sus cejas.

-No tienes idea – respondió en tono burlón.

-Chicos ¿Y si solo olvidamos el asunto?

-Como se nota que a ti nunca te ha molestado Rach – rio Kurt.

-Molestar es una palabra fuerte, yo solo creo que Quinn y Santana se tienen una pequeña rivalidad.

-¿Pequeña? – Enfatizo la cherrio – Me robo a mi novio, logro que la hagan co-capitana, en el coro se queda con todos mis números de baile y para colmo me supero en promedio académico – gruño levantando un puño.

-¿Necesitamos más? Sin mencionar que es una homofóbica sin corazón, todos los días me lanza slushies y me dice apodos horrendos.

-Lo sé – suspiro la castaña – Pero ya saben lo que dicen, no puedes apagar el fuego con más fuego.

-Acá la que se incendiara será la perra López. En fin ¿Cuál es tu brillante plan?

-¿No es obvio? – Dijo con una sonrisa malévola – Vamos a conseguir a alguien que ella no conozca y lo dirigiremos para que haga de su vida una porquería.

-Según Kurt, podemos conseguir a un chico que la enamore de verdad y luego pues… que él la deje para estar contigo – explico Rachel - ¿Suena lógico no?

-Me gusta… - murmuro – Así sentirá toda la mierda que yo tuve que pasar ¡Sí! Tenemos que hacerlo – exclamo.

-¡Lo sabia! Soy un genio.

-Te dije que la idea era buena, el problema es de donde sacaremos a un chico – murmuro Rachel con temor de bajarle los ánimos a sus amigos – Ya sabes que Santana prácticamente se ha metido con todos los chicos de Mckinley, al menos los más guapos.

-Tenemos que conseguir uno, uno que ella no conozca y que este de nuestro lado… Pero quien – suspiro Quinn.

-Podríamos ver a chicos online…

-Estás loco, queremos vengarnos no que la viole y asesine un depravado de internet Kurt – lo corto Rachel.

-No es mala idea.

-¡Quinn! – dijo sorprendida.

-Era broma Rach, pero de todas formas… De donde sacaremos un chico…

No podían sentirse más impotentes, Rachel y Kurt eran hijos únicos y la hermana mayor de Quinn no venia al caso, además ni un primo o vecino que los pudiera ayudar.

Sentían que sería lo correcto, solo era una pequeña broma. No traería consecuencias mayores.

Pero al parecer acabaría antes de empezar.

-¡Kurt baja! – escucharon a Burt desde las escaleras.

El padre de Kurt, un hombre soltero que se encargaba de un taller de autos siempre tenía ese tipo de entradas.

-Estoy con mis amigas papá – le dijo asomando la cabeza por la puerta.

-Ven baja, quiero que saludes a Susan que ha venido a cenar – escucharon los tres con un tono de voz completamente ajeno al de él.

Se miraron y bajaron curiosos de saber que sería tan importante para tal interrupción.

-Papá no esperaba verte en casa tan temprano – comento Kurt abrazándolo y mirando a la mujer un tanto mayor y de cabello rubio.

Las dos amigas se miraron extrañadas la una a la otra compartiendo la misma expresión.

-Ella es Susan – aclaro Burt a las jovencitas – Olvide mencionarte que había quedado con ella – comento un tanto sonrojado a Kurt.

-Buenas noches Susan– dijo Kurt saludándola con un beso en la mejilla acostumbrado ya a su presencia.

-Mucho gusto – dijeron Rachel y Quinn al unisonó.

-Tus amigas se pueden quedar, vamos a ordenar comida tailandesa.

-Muchas gracias Sr. Hummel pero soy vegetariana – dijo rápidamente Rachel.

-Igual que mi hija – dijo efusiva Susan – Tranquila que les pediremos una ensalada a las dos.

Eso los desconcertó por completo.

-Está en la entrada mirando el sol ponerse o algo así – rio Brut – Es una chica muy profunda.

-En mi días les decíamos haraganas – se carcajeo Susan – Vayan a saludarla por favor, nosotros ordenaremos.

Y tal cual si fueran una orden, Kurt , Rachel y Quinn salieron por simple inercia.

Kurt ya estaba familiarizado con ella, la había visto en unas cuentas ocasiones y sabía que era una chica callada pero siempre con una sonrisa.

Al verla ahí mirando al cielo sin mucho interés en moverse recordó lo introvertida que podía llegar a ser.

Sus padres ya tenían meses saliendo y no conocía a pleno su tono de voz.

La primera en acercase fue Quinn que dudaba por el aspecto poco común que destilaba esa rubia.

-Hey hola – saludo parándose a su lado – Debes ser la hija de Susan.

-Hola, sí, soy Brittany. Mucho gusto – saludo muy educadamente con una voz baja y tranquila que transmitía paz por donde la oigas.

-Hola Britt – se acerco rápidamente el chico al oírla – Me alegra verte por aquí – le sonrió.

-No nos conocemos, me llamo Rachel Berry, somos amigas de Kurt – aclaro señalando a la rubia de ojos verdes.

Los tres chicos amantes de la moda no podían pasar por alto la vestimenta tan común y poco favorecedora de la chica.

Traía el cabello suelto levemente despeinado con una gorra negra puesta al revés y unos jeans rotos por las rodillas completamente desteñidos. Su camiseta gris de mangas cortas con un logotipo verde en el pecho la hacía ver plana por donde la vieras y sus tenis estaban tan gastados que no tenían suela.

Se le veía cansada pero con una sonrisa estática en sus labios que estaban adornados por una perforación que resaltaba a lo lejos, y quizás con un poco de maquillaje se le viera algo de vida.

-Brittany… ¿Quieres pasar? – pregunto Kurt.

-En un segundo – le dijo señalando el cielo – Me encanta ver el sol ponerse, los colores son increíbles.

-Clarooo…. – dijo ahora Quinn.

-¿Esta fumada? – murmuro Rachel al oído de Kurt cuando vio como se tiraba al jardín.

-No lo sé… - rio un poco Kurt – Britt levántate que te mancharas con el gras – dijo dudoso de si le interesaría.

-Tienes un lindo jardín, muy amplio – rio tomando una flor a su alcance – Me gusta mucho la naturaleza.

-Ya lo notamos – rio junto con ella Quinn – Rayos, es hermoso – murmuro mirando el cielo y sentándose al lado de Brittany.

-¿Verdad? – Suspiro – Solo dos veces al día se puede ver esta hermosura.

Rachel y Kurt miraron como Brittany se ponía de pie junto con Quinn y como se podía notar una diferencia abismal entre la chicas.

El porte, la estatura, la ropa y fue al caminar donde los chicos solo compartieron una mirada rápida para saber que pensaban lo mismo. Ella sería su salvación, tenía que ser el destino.

-¿Qué tanto nos ven? – pregunto extrañada Quinn pasando al lado de sus amigos.

-Creo que encontramos un candidato.

-¿Disculpa? – le contesto a Kurt extrañada.

-Es perfecta – rio Rachel – Es alta, linda, educada – enumeraba.

-¿Enloquecieron? – bufo Quinn mirando como Brittany entraba a la casa a paso lento.

-¿No lo ves? ¿Enserio? – Pregunto Kurt – Brittany será nuestro cómplice.

-Definitivo, ustedes realmente enloquecieron – suspiro Quinn entrando.