Como es natural ese día fuí sólo al instituto, aunque no fue fácil. Tú insistias todo el tiempo que estabas bien y que me acompañarias como siempre. No tenía ni idea de porque estabas tan emperrado en ir a clases, ese día era Viernes y ese curso en ese día de la semana se juntaban todas las materias que no te gustaban. Pero no era mi trabajo de hermano mayor averiguarlo, si no hacer que te quedaras en casa y en verdad, Kaoru, no fue fácil. Necesite la ayuda de las mucamas para casí atarte a la cama.
- ¡Y como haras la actuación sin mí! -Insistias.
- Pues haciendola -suspire hastiado- Ahora lo que tienes que hacer es descansar. Vamos Kaoru. Por mí -te roge y salí de nuestra habitación.
No me engañabas, puede que Haruhi demostrara que eras más sensato que yo pero llevaba contigo diecisiete años y sabía que te escaparias a la primera de turno. Y lo que me faltaba en ese momento era que te pusieras peor.
Se lo advertí a las mucamas, ellas me prometieron que se encargarían. En verdad esperaba que pudieran contigo.
La verdad era que no quería irme, quería quedarme como siempre había hecho cuando estabas enfermo o como siempre hacías tu cuando era yo el enfermo.
La verdad es que más de una vez estuve a punto de correr escaleras arriba... Pero entonces recordé lo que había sucedido hace sólo unas horas y me entraba miedo y si, por el roce... llegaba a enamorarme más de ti. Definitivamente eso sería terrible, no por mi, si no por ti ¿Como quedaría tu reputación por mi culpa? No podía ni pensarlo.
Decidí que necesitava pensar el asunto con calma, así que cuando nadie miraba tire mi mochila al hueco de las escaleras y salí pitando de la mansión, para cuando se dieran cuenta (o tu te dieras cuenta) ya sería tarde. Ese día hice pellas como un campeón.
Acabe en uno de los parques de plebeyos. A esa hora estaba casí vacío, y sólo había unas contadas madres jóvenes que pasaban el rato con sus hijos que todavía eran bebés o dentro de poco ya no lo serían pero aún así seguían siendo pequeños.
Por un momento llegue a asustarme de que se fijasen en mi. Cosa que sería muy natural. Podría pasar por un chico que pasaba de ir al insti ese día como cualquier otro... pero yo no era cualquier chico y el hecho de que llevará puesto el uniforme de uno de los institutos más prestigiosos de Japón no ayudaba a pasar desapercibido.
Sorprendentemente ninguna de las mujeres se dignó siquiera a mirarme, lo que me hizo que soltara un audible suspiro de alivió, lo que fue o un error o una bendición.
Al parecer llame la atención de dos niños pequeños que corrieron hacia mi y cada uno me cogió por un brazo.
-¡Chico, ¿Juegas con nosotros?! -Me preguntaron a la vez muy animados.
Los miré un tanto aburrido pero después juraría que mis ojos iban a salirseme de las órbitas al estilo de Tono.
Sí, eran dos niños... que además vestían de la misma forma, ambos tenían una muy revuelta cabellera negra y unos grandes ojos verdes.
Sólo una palabra inundó mi mente hasta casí ahogarme: gemelos.
Miré de un lado a otro bastante abrumado esperando ver a algún adulto parecido a los dos hermanos que acababan de interceptarme y que viniese hacía aquí para quitarmelos de encima, me recordaban demasiado a nosotros y eso era lo último que necesitaba en ese momento. Ya no me importaba que se fijaran en mi ropa.
Sin embargo no logre ver a nadie de esas características por los alrededores.
- Ey, chico... -Empezó uno.
- ... Que estamos aquí abajo... -lo secundo el otro.
- ...¡Así que no nos ignores! -Terminaron ambos a la vez un poco enfadados.
Yo los mire muy hastiado, era la misma cara que ambos poníamos cuando le indicabamos a Tono que estabamos enfadados con él y siempre se íba a su esquina.
Lo que verdaderamente me sorprendió es que los dos niños tenían la misma mirada dirigida a mi. Pero aunque fueran dos y yo uno gané ese duelo de miradas en muy pocos segundos.
Porque era como trece años mayor que ellos, supongo.
Aún así pude apreciar que el que sujetaba mi brazo derecho desistió unos segundos antes que el otro, que de seguro sólo lo imitaba.
Yo sonreí, en verdad ellos eran como nosotros, ojalá hubieras podido verlos, Kaoru, eran tan monos, casí tanto como tú...
Y en cuanto pensé eso se me fue la sonrisa y sobrevino una cara sería. Los niños debieron pensar que esa tristeza repentina era culpa suya y vi como se alejaban tristes. Por alguna razón eso me descorazono.
- Esperad -les pedí y creo que pude recomponerme antes de que se volvieran a verme.- ¿No queríais que jugara con vosotros?
Los cuatro ojos verdes brillaron, pero no de felicidad, eran miradas casí... malvadas.
-Así que...
- ...Quieres jugar...
-...Entonces...
- ¡JUGEMOS! -Gritaron y sin que pudiera esperarmelo se me lanzaron encima como bestias salvajes.
Oh, ¿Que le harán los niños a Hikaru? ¿Se escapara Kaoru? ¿Morirán todos en el siguiente cap? XDDDD
