Cap.2.- Silencios incómodos

Tony abrió los ojos de forma nerviosa cuando el sol de la mañana ya llevaba un rato golpeándole la cara. Al momento giró su cabeza hacia su derecha para comprobar que esta vez Steve no lo hubiera dejado. Cuando lo vio a su lado, con los ojos cerrados, su pecho subiendo y bajando de forma sutil y su pelo rubio totalmente desordenado, se sintió extrañamente tranquilo por que no se hubiera ido.

Porque en serio, él era Tony Stark, ¿qué narices hacía con un hombre en su cama? Y que además de todo tenía que ser el Capitán América.

Desde que Steve se marchó de su mansión de Portofino dejando una sola nota como despedida, había sentido que ahí había algo más. No sabía qué, pero realmente quería volver a verlo, saber exactamente qué narices estaba pasando con él.

Durante bastantes días pensó que tan solo estaba como atontado por su locura de vida, pero aún cuando recuperó el control sobre su compañía, y aún cuando no se sentía un miserable que había sido abandonado por la única mujer en la vida que podría aguantarle, seguía pensando en Steve. No, las ganas de verle no eran consecuencia de su inestable vida, era algo más.

Por eso hizo toda esa estupidez de la fiesta de cumpleaños principalmente. Necesitaba una excusa para verlo, porque siendo realistas, Tony en su vida habría cogido un teléfono para llamarlo diciéndole lo que realmente le pasaba, además de que tampoco era como si él tuviera muy claro que sucedía en su cabeza. También con la tontería de la fiesta y los mensajes se vengaba de ellos por la bronca que le habían echado en su día por no llamarles cuando se tuvo que enfrentar a Killian.

Quizá lo que realmente le molestaba de toda esa situación, era que ese tipo que ahora dormía a su lado, había sido capaz no solo de enervarle hasta límites insospechados por ser tan perfecto y honrado, sino que había conseguido hacerle replantearse toda su sexualidad ya habiendo pasado la mitad de su vida. ¿Qué se suponía que debía hacer ahora con él?

Porque seguía pensando lo mismo. ¿Qué era lo que le llevaba a estar continuamente pensando en Rogers? Según una hipótesis suya lo descubriría si volvía a encontrarse con él. Sinceramente, no había planeado acabar de nuevo en la cama con él. De hecho, simplemente quería verlo, quedarse tranquilo y convencerse de que no pasaba nada, que lo que le llevó a acostarse con Steve Rogers aquella noche fue pura curiosidad.

Pero entonces lo vio entrar y todo se fue a la mierda. Encima después pudo verlo con ese traje negro que le quedaba demasiado perfecto. Incluso se descubrió a sí mismo pensando en formas de enterrar un cadáver cuando lo vio hablando con ese gilipollas de David Casttol, uno de los accionistas que hasta ese día le había parecido uno más pero que en ese momento se le antojaba como su peor enemigo.

Por eso, cuando se suponía que solo iba a hablar con sus compañeros Vengadores, se descubrió pidiéndole a Jarvis que hiciera esa tontería del ascensor para evitar que se fuera. Y luego su siguiente plan era simplemente hablar, pero fue verle con esa mirada inquieta, saber que le deseaba tanto o más que aquella noche, saber que realmente ese imbécil Capitán babeaba por él, y olvidarse de todo.

Empezó a comportarse como un auténtico imbécil la verdad, porque de verdad, ¿qué era eso de "me dijiste que harías que quisiera quedarme contigo esa noche, la mañana y quizá un par de noches más, pensé que tú eras un hombre que cumplías sus promesas…" o algo así? ¿De qué telenovela barata había sacado esa tontería de frase?

Y sin embargo allí estaba Steve, mirándole con esos ojos azules llenos de luz, como si fuera un niño al que se le juntaron Navidad, Halloween y su cumpleaños. Fue conmovido por cada una de las estúpidas palabras que salían de su boca.

Pero lo peor de toda esta historia es que ahora él mismo, Tony Stark, se sentía como un idiota por mirarle embelesado mientras dormía. Se veía tan vulnerable, tranquilo… ¿adorable? Definitivamente algo estaba mal con él.

Cuando Steve se removió quedando de lado hacia él, Tony no pudo evitar tragar saliva en clara señal de nerviosismo. De repente, sus ojos empezaron a abrirse de forma muy lenta, dejando ver el azul claro a través de los párpados.

Ya se había imaginado lo que sería verle abrir esos ojos una mañana como esa, pero para nada pensó que le aclararía la mente de esa manera. ¿Qué estaba pensando hacía un momento?

-Buenos días.- Dijo Steve al verlo a su lado, algo dudoso de si esas serían las palabras correctos.

-Buenos días.- Respondió él escuetamente.

Silencio. Uno de los incómodos.

Sabía que Steve quería besarlo, lo veía en su mirada. Sin embargo no hizo nada por incitarle a ello, de hecho, puso una cara de clara indiferencia por el hecho de tenerlo a su lado. Si se sintió molesto o dolido, no fue capaz de notarlo.

-Creo que me voy a ir.- Dijo sin más Steve dejándolo algo sorprendido. ¿Ya? ¿Tan rápido?

-Puedes tomar una ducha si quieres.- Tenía que retenerlo como fuera. No sabía realmente por qué. Pero si se tomaba una ducha quizá podía esperarlo con el desayuno y así se quedaría y podrían hablar o simplemente estar o…

-No vivo lejos.- Respondió saliendo de entre las sábanas, quedando completamente desnudo a contra luz de la ventana que tenía detrás. La escena de su musculosa espalda y de su perfecto culo completamente desnudo dejó a Tony sin respiración un segundo. Encontró su ropa interior demasiado deprisa para el gusto de Tony y en un momento ya tenía los pantalones y la camisa medio desabrochada encima. Él simplemente se dedicaba a mirarlo desde la cama, como si se tratara de un espectáculo privado para él el mirarle cómo buscaba su ropa para luego ir poniéndosela. Definitivamente verle desnudarse sería mucho más interesante.

-Me marcho. Y feliz cumpleaños.

Se iba, tenía que hacer algo, pero ya.

-Te dejas la chaqueta.- Fue lo único que se le ocurrió.

Steve le miró con cierta perspicacia, ¿acaso se le había notado demasiado en esa frase que no quería que se fuera?, porque realmente había usado un tono demasiado desesperado.

Cuando lo vio recoger la chaqueta arrugada del suelo vio caer una tarjeta blanca. Steve se agachó para recuperarla y Tony volvió a querer investigar eso de cómo ocultar un cadáver. Si no se equivocaba era la tarjeta del idiota de Casttol.

-¿Es esa la tarjeta de David Casttol?- No debía preguntar, sabía que no debía, pero claro, la impulsividad…

Steve se calló claramente incómodo por su pregunta. Tenía que serla, se le notaba en la cara.

-¿Vas a llamarlo?- En serio debía callarse. Ahora sí que se ganó una mirada de cierto enfado por parte de Steve.

-No lo sé. Pero de todas formas no sé por qué te interesa.

-Bueno, teniendo en cuenta que acabas de follarme sobre esta misma cama creo que puedo permitirme tener cierta curiosidad.- Respondió sonriente como quien hablaba del tiempo.

Simplemente lo descolocó. Al momento ya Steve empezaba a sonrojarse por esa frase.

-No sé que narices pretendes con todo esto Stark.- Fue lo que respondió Steve ya con un pie fuera de la habitación. Claramente quería escapar de allí, dejarse de sentir expuesto, dejarse de sentir como un juguete en manos del gran Tony Stark.

Aunque ni si quiera él sabía a dónde quería llegar con todo eso, se levantó de su cama, desnudo sin pudor alguno, y caminó hacia él.

-Casttol es un idiota, no te conviene.

-¿Y tú sí?

-Tampoco, pero estás enamorado de mí.

-¿Quieres dejar de repetir eso? Ya nos ha quedado muy claro a todos que soy un completo imbécil, no necesitas estar recordándomelo todo el tiempo.

Y ahora parecía que iba a marcharse, enfadado con él y con el número de ese tipo en la mano. No podía permitirlo, de ninguna de las maneras. Lo sostuvo del brazo lo más firme que pudo y le hizo tener que girarse. No sabía si realmente conseguiría parecer serio o imponente estando completamente desnudo, pero debía intentarlo.

Lo besó, fue un beso de lo más absurdo y mediocre y sin embargo Tony pudo sentir cómo Steve se rendía completamente ante él. Tomó el papel ya arrugado del puño cerrado que lo guardaba y por un momento pareció que quería tomarle de la mano. Pero para cuando tuvo el papel en las manos simplemente se alejó de él.

-En serio, no te conviene.

Y acto seguido lo rompió en demasiados pedazos sin si quiera mirarlo un segundo y lo dejó caer al suelo.

Steve solo podía sonreír, pero de una forma demasiado triunfal.

-Ese era el nuevo número de Bruce. Cambió el móvil ayer mismo y decidió dármelo en papel dado que ninguno traíamos encima los móviles. Juraría que de hecho te dio a ti un papel también.

Tony empezó a sentirse como un completo idiota al instante. Steve se reía. Se reía de él como un niño pequeño de una gracia, y es que realmente había hecho el ridículo.

Iba a intentar defenderse de alguna forma cuando lo vio sacar la tarjeta ahora sí de Casttol. Antes de empezar a maquinar un plan sobre como quitársela, el mismo Steve estaba ya rompiendo ese número.

-De todas formas no era mi tipo- Dijo con una sonrisa de superioridad que molestó demasiado a Tony. Acto seguido le dio un ligero beso en los labios para después darse media vuelta.

-Te llamaré.- Gritó Tony desde la puerta de la habitación mientras lo veía avanzar hacia el ascensor a través de la sala.

-Esperaré por ello Stark.- Respondió él sin darse si quiera lo vuelta para responderlo.

Le molestó un poco pero bueno, tenía que aceptar que Steve había salido como claro vencedor de aquella disputa si es que acaso lo había sido.

"Te llamaré…" qué estúpido había sonado.

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Tony había pasado los dos últimos días con Jarvis investigando a Steve. Sí, sonaba demasiado a acosador pervertido, pero bueno, le habían pasado muchas cosas en la vida que podían justificar su comportamiento inmoral. Había salvado al mundo, al presidente, a un montón de gente, mantenía la paz en el mundo… se merecía poder hacer esas cosas.

Así descubrió que tal y como el mismo Steve había dicho, vivía cerca, endemoniadamente cerca de hecho. Quizá eran tan solo quince minutos caminando. Incluso podía vislumbrar vagamente desde sus ventanales cual era el edificio en el que se suponía que vivía. En el 3º piso, letra A, de alquiler, cuya casera era una tal Señora Smith. Además ya sabía que trabajaba en un gimnasio a apenas otros diez minutos de su casa, como entrenador de boxeo. A Tony le constaba además que no tenía por qué trabajar ya que recibía una cuantiosa pensión del Gobierno por haber sido militar. Al fin y al cabo, eran pensiones de por vida, así que siendo descongelado y todo eso seguía teniendo derecho y después de haber sido uno de los mejores soldados y haber incluso "muerto" por la patria, se la merecía más que nadie.

Por eso se preguntaba qué le llevaba a querer trabajar. Aburrimiento quizá. También sabía que le gustaba el cine, cualquier tipo de película, pero tenía un abono para el cine que se encontraba más cerca de su casa.

Ya habían pasado tres días desde su cumpleaños y sabía que era hora de llamarlo. Pensó en que quizá se le pasarían las ganas, que no querría llamarlo porque ya no le importaría, pero era todo lo contrario. A cada hora que pasaba, en vez de olvidarse, lo que hacía era tenerlo más presente.

Y ya, en el tercer día no se aguantaba. Sin embargo, no sabía qué decirle realmente. Lo llamaba y le decía "Ei, te hace un polvo en mi casa?" Nunca había repetido con nadie. Bueno, más bien nunca había tenido que llamar nunca para volver a quedar con alguna chica. Ella se encargaban de regresar a él rogándole.

Por eso en ese momento se encontraba caminando de forma totalmente casual por la zona en la que vivía Steve Rogers. Con sus gafas de sol para no ser reconocido y un traje algo discreto de color gris, parecía uno más entre los neoyorquinos. Si no se equivocaba, a esa hora Steve volvía a su casa del gimnasio y necesariamente tenía que pasar por esa calle si tomaba el camino que resultaría más corto.

Decidió sentarse en la terraza de una cafetería de forma que viera de frente la esquina por la que Steve aparecería en cualquier momento si tenía suerte.

Pidió un café a la camarera rubia que en otro tiempo no habría dudado en ligarse, y se dedicó a hacer como que leía el periódico de ese mismo día. Patético, sí, podía resultar totalmente patético. Pero le daba igual.

Apenas diez minutos más tarde, tal y como lo había previsto, Steve apareció por esa esquina. Se veía condenadamente atractivo con esa ropa de deporte, el pelo totalmente despeinado algo húmedo quizá por la ducha que se habría dado antes de salir del gimnasio, y esa bolsa de deporte colgada de su brazo derecho.

Cuando estaba a punto de pasar por su lado retiró el periódico lo bastante como para ser visible. Tenía que verlo, no había forma de que no lo viera, estaba ahí delante de él. Lo vería, sin duda.

Y justo cuando ya sentía que en cualquier momento lo saludaría, vio aparecer a esa camera rubia que tan amablemente le había atendido antes caminando hacia su Steve.

Estaba tan cerca que hasta podía oír la conversación. Le decía hola, le llamaba por el nombre, le tocaba un brazo, sonreía, y entonces escuchó a la chica invitarle a comer. ¡Esa era su idea! Encuentro casual, charla y luego invitarle a comer. Disimuladamente dejó caer su taza al suelo quebrándola al instante.

La camarera se giró al momento para acercarse a él. Obviamente también recibió la atención de Steve, quien se sorprendió enormemente al verlo.

-Discúlpeme, de verdad qué torpe soy. He ido a levantarme para irme y la he tirado sin querer.- Dijo mientras la chica sonreía diciéndole que no se preocupara y recogía los trozos de la taza rota para marcharse a tirarlos. Entonces fue cuando hizo como si de repente reparara en la presencia de quien realmente había ido a buscar. – Steve, qué casualidad. ¿Qué haces por aquí?- Preguntó considerando su actuación perfecta.

-Vivo aquí al lado ¿y tú?

-He tenido una reunión especialmente cansada y necesitaba salir a tomar aire. Este sitio quedaba cerca.- Dijo mientras señalaba a la imponente torre Stark que se alzaba justo detrás de ellos.

-Entiendo. Qué coincidencia más extraña.- Dijo Steve arqueando las cejas.

-Así que vives por aquí cerca…- Dijo Tony sin hacer caso al tono de Steve y quitándose las gafas de sol para mirarle directamente. El rubio sonrió abiertamente ante esa frase tan incitadora.

Iba a responder algo cuando salió nuevamente la camarera caminando hacia Steve, aunque en cuanto vio a Tony quitó un poco la sonrisa. Lo reconoció de las revistas, pero aún así la chica intentó no aparentar su nerviosismo al encontrarse ante el mismísimo Iron Man.

-Disculpe, ¿quería algo más?- Preguntó educadamente.

-No Amy, es un amigo mío. Estábamos hablando y ya nos íbamos.- Se apresuró a aclarar Steve con esa sonrisa tan encantadora.

-Oh, entiendo.- Respondió ella de forma demasiado risueña. Stark no pudo evitar fruncir el ceño un poco antes de volver a colocarse sus gafas de sol.

-Dejemos ese almuerzo para otro día. Yo invitaré.- Terminó Steve. Siempre tan caballeroso y correcto.

La tal Amy sonrió y después se despidió de ambos para volver a su trabajo.

Entonces fue cuando Steve le preguntó a Tony si le gustaría subir a su casa. Él solo sonrió.

El camino hasta allí fue tan corto como sabía que sería, pero el edificio se veía algo más destartalado de lo que parecía en fotos. Subieron a pie, pues no había ascensor, hasta su piso.

Al entrar, lo primero que pensó Tony fue que era pequeño. Claro, acostumbrado a mansiones y pisos de lujo, aquello le parecía una caja de zapatos. Aunque el espacio era limitado, podía decirse que era acogedor. Un sofá, televisión, alfombra… Además estaba bastante ordenado teniendo en cuenta que vivía un hombre solo.

Apenas habían dado un par de pasos dentro de la vivienda cuando escuchó un leve maullido. Entonces una diminuta bola de pelo comúnmente llamada gato apareció por la puerta del fondo del pasillo. Pudo observar la sonrisa de Steve antes de verlo avanzar delante de él para agacharse a coger a esa pequeña cosa que había empezado a maullar demasiado.

-¿Tienes un gato?- Preguntó Tony observando al pequeño bicho entre sus fuertes brazos.

-Así es. Es el señor Guantes.- Dijo Steve sonriendo de sobremanera y arrancandole una leve carcajada.

-¿Guantes? ¿En serio?

-Señor Guantes he dicho.- Repitió dando énfasis a la primera palabra. Tony seguía mirándolo intentando aguantar las risas.- No le puse yo el nombre. Me lo dio mi vecina de seis años y ella se encargó de bautizarlo.

Steve se lo ofreció pero Tony prefirió mantenerse alejado. Era un bebé gato, demasiado pequeño y frágil. Podía caérsele o aplastarlo o sabría Dios qué cosa podría hacer. No era realmente cuidadoso si no se trataba de tuercas u objetos inertes.

-Bonita casa.- Dijo Tony mientras se sentaba en el sofá. Steve no tardó en aparecer con dos cervezas para sentarse a su lado. El señor Guantes se encontraba en el suelo jugando con lo que sería una pelota que por poco podía haber sido más grande que él.

-No es nada comparada con tu gran piso en la Torre Stark.- Y acto seguido abrió la lata para dar un trago.

Silencio. Incómodo.

-Hoy estabas buscándome ¿verdad?- Dijo Steve de repente consiguiendo poner nervioso a Tony. Ahora tenía dos opciones, mentir lo inmentible o ser sincero… aunque siempre se puede conseguir un término medio.

-Realmente quería salir a tomar aire, aunque esperaba encontrarte. No sabría qué decirte por teléfono.

-Ya pensaba que habías vuelto a tus cabales y que no llamarías.

-Dudo mucho que vaya a volver a mis cabales en un futuro próximo.

Steve se acercó a la mesa para dejar la lata de su cerveza. Fue entonces cuando lo miró con cierto deje de seriedad.

-No sé que narices estamos haciendo Stark, la verdad. Pero por ahora simplemente no voy a darte tiempo para que te arrepientas.

Tony no dejó de sentirse en cierto modo expuesto ante el tono grave de sus palabras. Él decía que no iba a darle tiempo para arrepentirse, pero en cambio, empezó a acercarse a él demasiado despacio, dándole todo el tiempo del mundo para irse si así lo quería. Tan estúpido. Así que no se movió. De hecho, los últimos milímetros que faltaban para que sus labios chocaran fueron cortados por él. No podía evitarlo, Steve era demasiado atrayente. En cuanto lo tenía a su vista no era capaz de controlarse y todo su cuerpo le reclamaba estar a su lado.

Seguía sin entender realmente por qué Steve de entre todo el mundo, pero simplemente ya había dejado de preguntárselo. Dejarse llevar sería una buena solución y probablemente además la más cómoda.

Por eso de repente estaba ya sobre el Capitán, revolviéndole el pelo con las manos, mordiéndole los labios, succionando su labio inferior, moviendo sus caderas sobre las suyas en ese sofá de dos plazas de un color, en su opinión, muy horrible.

Steve tampoco parecía controlarse mucho más que Tony. Tenía sus manos fuertemente sujetas en su trasero, ayudándole en ese movimiento que le estaba enloqueciendo a cada segundo.

Tony sentía cómo su chaqueta caía al suelo para luego notar las manos de Steve aflojando el nudo de su corbata y encargándose de desabrochar los botones de su camisa. Él tampoco había perdido el tiempo y ya se había encargado de quitarle la camiseta. Realmente se notaba el ejercicio físico en cada uno de sus músculos.

-Quiero hacértelo Tony, sobre este sofá.- Dijo Steve empezando a desabrochar sus pantalones.

Tony odiaba que lo llamara por el nombre, le hacía sentir cercano, como si realmente hubiera algo allí de lo que preocuparse. Pero claro, al mismo tiempo sentía que su nombre nunca había sonado tan bien como en la suave voz entrecortada de Steve. Tan contradictorio.

Notaba las manos de Steve remover sus pantalones para empezar a acariciar su trasero bajo sus calzoncillos, acercando sus dedos peligrosamente hacia su entrada, separando sus nalgas mientras repartía besos húmedos por su pecho. Era demasiado que con casi cuarenta años viniera este a hacerle esas cosas…

Tony por su parte tampoco quiso quedarse atrás, consiguió liberar el pene de Steve y comenzó a acariciarlo lentamente, arrancando por fin algunos jadeos del rubio debajo de él. Tuvo que parar un minuto para poder librarse por fin de sus pantalones y de su ropa interior. Steve llevó uno de sus dedos a la boca de Tony para que este lo salivara, sabiendo que en un momento ese mismo dedo estaría en otra parte.

Así que ahora, el Capi paseaba libremente sus manos por su culo, introduciendo levemente su dedo de la forma más sutil posible, intentando no acelerarse, pero Tony al momento comenzó a gemir consiguiendo quitarle todas esas ideas sobre la calma y la lentitud.

Apenas se sintió medianamente preparado, Tony elevó un poco más sus caderas para ya posicionarse sobre el pálido pene de Steve. Empezó a bajar lentamente, resultaba más difícil de lo que esperaba y realmente sentía el dolor de la intrusión recorrerle el cuerpo, sin embargo, no podía dejar de sentir ese placer al ver sus ojos azules entrecerrados en frente suya.

Cuando lo sintió ya completamente dentro se dio un par de segundos para controlar su respiración antes de empezar su movimiento de caderas, subiendo y bajando, cada vez un poco más deprisa. Rápidamente los jadeos, gemidos y el golpeteo de ese viejo sofá sobre un parquet demasiado antiguo se hicieron eco por el piso entero.

Tony apoyó sus manos en el respaldo del sofá mientras Steve seguía masturbándole con la misma rapidez con la que él se movía sobre él. Cuando se sintió cerca del final se sorprendió a sí mismo buscando los labios de Steve, quien no dudó en corresponderle.

-Tony, voy a…

-Yo también…

Y se volvieron a besar. Fue entonces cuando escuchó el gruñido de Steve sobre su boca para luego sentirlo correrse en su interior. Al segundo, él también estaba corriéndose, manchando sus vientres y la mano de Steve.

Respiraban pesadamente, Tony sobre todo, por el ejercicio realizado y el placer del orgasmo. Apoyó su cabeza en el hombro de Steve sin apartarse ni un milímetro. Notó entonces los brazos de Steve atraerle más, juntando sus pechos y extendiendo su semen aún caliente sobre sus cuerpos.

Claro, se le olvidaba que Steve sentía algo por él. Sabía que tenía que alejarse, quizá irse ya. Todavía no sabía exactamente qué era lo que se suponía que tenía que hacer al acabar. A pesar de todo, se ahorró el bochornoso momento de tener que separarse, pues Steve mismo le soltó permitiéndole así levantarse. Aunque sus piernas no le respondieron del todo y acabó sentado a su lado. Tal y cómo habían estado un rato antes, solo que ahora totalmente sudados y sin ropa.

Ese sofá era demasiado pequeño, dos plazas, es decir, aún poniéndose en el borde era incapaz de no rozar sus rodillas o sus hombros. Debía decir algo, no podía seguir manteniendo ese silencio.

-¿Te importa si uso tu ducha?- Preguntó de repente.

-Claro. Yo voy a preparar algo de comer. ¿Te quedarás?-

Tony vio la incertidumbre en su mirada. Realmente esperaba que se quedara. Iba a decir que no, era lo que procedía. Podía tolerar el sexo con él porque sencillamente era demasiado deseable, pero una comida agradable no podía ser, no era algo que casara con lo que él tenía en mente en su especie de relación. Sí, se iría a casa, comería cualquier cosa, o quizá pasaría a un restaurante, o por qué no, simplemente ayunaría.

-Claro, más vale que cocines bien.

Y sonrió. El hijo de la gran puta sonrió como nunca le había visto sonreír. Seguro que en su mente ya estaba fantaseando con un montón de escenas romanticonas y estúpidas sobre ellos dos en ese piso tan perfectamente ordenado.

-Cocino muy bien. Pero antes te dejaré unas toallas y ropa más cómoda.

Y Tony lo observó levantarse del sofá en dirección a lo que sería a la habitación, de la que alcanzó a ver la cama de un tamaño considerable y poco más. Lo vio también pasar al baño para dejar las cosas y entonces ya acercarse nuevamente al salón-cocina.

-Iré después de ti.- Dijo antes de caminar hacia la cocina.

Tony se vio a punto de pedirle que le acompañara en su ducha, sin embargo fue capaz de callarse a tiempo. No procedía, no era momento, no era un opción. Por mucho que imaginarse un Steve jadeante apoyado sobre la mampara de la ducha le resultara una imagen más que apetecible no se veía capaz de decirle algo así como "ei Steve, dúchate conmigo que no me he cansado de follar aún". Por eso Tony Stark se dirigió solo hacia esa ducha.

Y como Steve dijo, en cuanto salió, él entró. Tardó mucho menos ya que había dejado la comida haciéndose. Tony se descubrió ayudándole con la ensalada e incluso fue él quien le puso la leche al gato en su cuenco antes de sentarse en la pequeña mesa de ese salón multifunción donde también comerían.

Para su sorpresa, hablaron más de lo que pensaba que podrían. Desde la tensión sexual latente entre Barton y Natasha hasta la última Super Bowl que habían televisado hace un poco. Además eso de ser ambos superhéroes les hacía tener ciertas cosas en común.

Tony sabía que tenía que estar en su despacho para la tarde. Al fin y al cabo no tenía ayudante y eso le hacía tener el doble de trabajo, sumándole además eso de que su empresa no acababa de estar asentada desde su llegada.

Por eso tuvieron que despedirse sin echar ese polvo que Tony había esperado. Se despidió del Señor Guantes y con Steve apenas hizo una despedida con la mano en medio de un silencio, cómo no, incómodo. Porque besarle no habría sido algo que hubiera estado bien… o quizá sí. Realmente no tenía ni idea.

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Steve, como en un jueves más, se veía caminando hacia la torre Stark. Tony, como era un completo cobarde para llamarlo, había establecido que en caso de que no se encontraran por "casualidad", cada jueves se verían en su casa para cenar.

Realmente era algo adorable. Las pocas veces que había conseguido llamarlo había actuado como un completo idiota diciendo cosas incoherentes y eso no dejaba de resultarle en cierta manera tierno. Era sarcástico e ingenioso cuando estaban juntos, pero aún por teléfono parecía un vendedor de seguros inseguro.

Realmente se habían encontrado "por casualidad" dos días atrás. Habían acabado en su piso, cenando para después acabar revolcándose en el sofá para finalizar con un baño en su pequeña bañera. Realmente era bastante estrecha, pero le encantaba, así era imposible que Tony se le escapara de entre sus brazos de alguna forma.

Lo que sí había acabado dejando aparte era hablar sobre qué era lo que se suponía que tenían. Le constaba que Tony no veía a nadie más, él también sabía como enterarse de cosas aunque no tuviera un mayordomo como Jarvis, y cada vez pasaban más tiempo juntos. Realmente eran algo así como una pareja sin el título oficial.

Sabía que más de una vez Tony había estado a punto de decirle cosas demasiado cursis para él, de hecho, alguna vez se le había escapado alguna palabra que había conseguido darle un vuelco a su corazón. Era extraño. Quería creer que realmente pasaba algo más entre ellos a parte del sexo sin control cada vez que se miraban, pero con Tony nunca se tenía nada seguro.

Llegó a la entrada principal donde saludó al guarda de turno antes de dirigirse a los ascensores. Solo un par de veces se había cruzado con el famoso Happy Hogan. Se preguntaba qué diría Tony de él a los dos únicos amigos que le conocía.

Los pisos se le hicieron algo cortos y cuando se abrió la puerta del ascensor se sorprendió al ver uno de los trajes de Tony moviéndose solo en su dirección.

-Tony, ¿estás ahí dentro?- Preguntó inseguro. Sin embargo, la armadura seguía avanzando hacia él. Vio como levantaba su brazo derecho hacia él con la intención de soltarle algún puñetazo o algo por el estilo. Sin mucho esfuerzo consiguió esquivarlo para después darle una patada con bastante fuerza que le hizo trastabillar.

-¡Tony! ¿Qué le pasa a tu armadura?- Preguntó esperando que Tony apareciera por algún lado. El laboratorio no estaba lejos y debía de ser capaz de escucharle. Sin embargo, la armadura vacía volvió a intentar darle un nuevo golpe.

Steve no se arrepintió al darle otro puñetazo, esta vez en la cabeza, que la hizo desmontarse por completo. De hecho incluso abolló el casco de forma significativa.

Entonces justo apareció el causante del problema.

-¿Estás bien?- Preguntó Tony repentinamente preocupado.

-Sí, ¿qué le pasaba?- Dijo Steve intentando no sentirse extraño por esa mirada de Tony revisándole de arriba abajo para asegurarse de que no le hubiera pasado nada.

-Algo está fallando. Intento programarlos para que hagan cosas pero siempre acaban golpeando a cualquiera que se mueve…- Explicó mientras cogía el casco abollado. -¿De verdad que estás bien?- Preguntó una vez más sin apartar la mirada del casco, intentando aparentar algo de indiferencia sin conseguirlo.

-Ya te he dicho que sí. Esa armadura no era de tus mejores.- Dijo quitándole hierro al asunto mientras avanzaba por la casa hacia el salón.- Y supongo que no te habrás si quiera preocupado de encargar la cena por estar jugando.- Dijo dejando su chaqueta sobre el sofá.

-Perdona, es que estoy a punto de conseguir algo espectacular. Conseguiré que tengan cierto grado de conciencia. Es decir, si alguien malo les dice que hagan algo malo no le harán caso.- Explicó como si Steve fuer aun niño pequeño, a lo que no hizo ni caso.

-¿Y por qué iban a hacer caso a alguien que no fueras tú?

-Con esta cosa cualquiera podría controlarlos.- Respondió señalando a su oído y a su extraño aparatito que siempre andaba colgado de su oreja.

Steve se sentó cogiendo el teléfono de la mesilla mientras le miraba entretenido.

-¿Y si tú les pides algo malo te harían caso?

-Por favor Steve, yo nunca les pediría nada malvado. Pareciera que no me conoces.

-Precisamente porque te conozco te lo digo.- Dijo con una sonrisa que arrancó un pequeño grito de indignación fingido por parte de Tony. Al momento empezó a marcar el número de un restaurante chino que entregaba comida a domicilio.

-No me apetece chino.- Dijo dejándose caer a su lado en el amplio sofá y quitándose su pinganillo de la oreja.

-A mí sí.- Dijo llanamente Steve.- Sí, por favor, quería pedir dos menús con…- Mientras pedía observó a Tony mirando su mano con un ligero corte. Seguro que se imaginaba que se lo había hecho golpeando a su estúpida armadura cuando en realidad se lo había hecho poco antes de llegar a su edificio al chocar con una persona que le hizo rasparse la mano con una farola. Aunque la mirada de cierta consternación que mantenía no podía evitar que le hiciera sentir algo feliz por ver que se preocupaba.

Recordó el episodio que el mismo Tony le había contado, cuando llamó a su armadura en sueños y este se presentó en su cuarto dándole un susto de muerte a Pepper que en ese momento se encontraba a su lado. Entendía que para una persona normal algo como el gran traje de Iron Man podía resultar bastante impactante. Pero realmente para él ese traje era un trozo de chatarra algo más fuerte de lo normal.

Terminó de pedir y miró a Tony justo cuando él intentaba hacer como si no hubiera estado pendiente de nada.

-Oye, que ya te he dicho que no pasa nada, no te preocupes. Ya sabes, soy el Capitán América, tus armaduras no sirven de mucho conmigo. Además, ese corte no me lo he hecho golpeando tu saco de chatarra.

Tony intentó seguir pareciendo indiferente.

-Me preocupo porque esa es la mano con la que me haces las pajas, cuídala mejor.- Dijo mientras se levantaba hacia la nevera en busca de algo de beber.

Steve tan solo sonrió ligeramente. El sarcasmo y el humor eran usados por Tony como mero sistema de defensa. Se imaginaba lo que habría sido tener que estar constantemente preocupado de no hacer daño a la persona que quería. Porque Pepper podía ser realmente inteligente, eficiente, encantadora y amable, pero le constaba que nunca fue capaz de lidiar con eso de que su novio fuera un superhéroe.

Steve quería demostrarle a Tony que no tenía que preocuparse por esas cosas con él. Le entendía perfectamente. Él estaba en el ajo, era un Vengador, una armadura de Iron Man fuera de control no sería ningún problema para él.

Quizá esa era una de las facetas que más le gustaban de Tony. Era atento. En silencio, en la distancia y a veces camuflado como un gilipollas, pero se preocupaba.

Y realmente todo iba bien, aunque a veces se quedaran en silencio. Pero ya nunca eran incómodos.

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EII! Gracias por leer y gracias también por los reviews, favoritos y seguidores. Espero que os haya gustado este nuevo capi y en otro par de semanas subiré el siguiente. La vagueza me puede, porque realmente este pensaba subirlo hace tres días u.u Soy popó.

En fin, saludos y nos vemos!