Cap.3.- El café de las ocho y media

Había pasado el tiempo, y la conversación, que no había estado evitando pero que tampoco había esperado ansiosamente, había llegado. Había intentado sacar el tema de forma casual, que resultara natural, pero sin saber cómo, las cosas se habían ido enredando.

-Dilo ya Tony, ¿qué narices tienes con el Capitán América? Porque solo se me ocurre una opción y es difícil de creer.- Dijo James sentado en frente de su gran mesa de director. Happy se encontraba al lado, de pie, esperando la misma respuesta.

-Sorpréndeme James. ¿Qué crees que sucede entre el Capi y yo?- Pregunta Tony sonriente, como si se tratara de un juego, mientras se pasa un pelota anti estrés de una mano a otra. Tomárselo con calma sería lo mejor.

Pasa un silencio, Tony lo sigue mirando desafiante.

-¿Te lo estás tirando?- Pregunta inseguro James haciendo que Happy mire a una pared incómodo.

-Algo así.- Responde con toda la calma del mundo.

-¿Algo así? Tony por Dios, ¿desde cuando te gustan los hombres si puede saberse?- James empieza a alterarse un poco.

-Ahí te equivocas querido amigo, no me gustan los hombres, solo me interesa Steve.

Y Tony siente que James podría haberse caído de su silla en ese momento. Lo entiende, si su amigo le hubiera llegado un buen día diciéndole que de repente estaba en una relación con otro hombre también se habría sorprendido.

-¿Y cuanto tiempo llevas follando con el jodido Capitán América si puede saberse?

-Cuatro meses… cinco. Aunque todo empezó en Portofino.- Responde sin pensárselo mucho. No se había dado cuenta de que hubiera pasado tanto tiempo. James resulta alterarse más de lo que se esperaba.

-¿Portofino? Dios santo... ¡Si lo dejaste con Pepeer apenas un mes antes de largarte a ese pueblo perdido!

-Yo no dejé nada. Fue ella la que decidió irse un día de buenas a primeras.-Eso quizá sí que le ha molestado un poco. James siempre le ha hecho sentir de alguna forma como si la culpa de que ella decidiera dejarlo fuera suya. Quizá lo era, pero no le gustaba que se lo echaran en cara.

-Habla tú con él Hogan, porque a mí me supera.- Termina James antes de levantarse de la silla para empezar a pasear nervioso por el amplio despacho.

-¿Qué tienes con él? Quiero decir, ¿sois novios o algo así?- Pregunta inseguro el guardaespaldas. Lo que no sabe, es que esa pregunta se la lleva haciendo Tony desde que empezaron a quedar asiduamente. Porque realmente llevan ya quedando más de cuatro meses, no solo para echar un polvo, hablan, cenan juntos… Nunca pasan más de dos o tres días sin verse. Así que Tony lo piensa bien antes de responder.

-Verás, cuando uno empieza a ver a una persona de forma regular, es siempre la chica quien te hace la típica pregunta de "¿qué somos?". Pero claro, somos los dos hombres, así que hemos ido dejando esa conversación…

-Increíble. Simplemente increíble.- Interrumpe James. -Llevas ya viéndote con otro tío, Steve Rogers, el Capitán América, más de cinco meses y ni si quiera sabes qué estás haciendo.

-No creo que sea algo demasiado relevante ponerle nombre a lo que somos.

Un nuevo bufido por parte de su amigo. Happy simplemente ve la situación con cara de circunstancia.

-Sinceramente, que Potts se fuera te ha dejado peor de lo que pensaba. Rogers supo aprovecharse bien de lo perdido que estabas en ese momento- Terminó James.

Ahora Tony sí que se enfadó realmente. Se levantó de su cómodo sillón atrayendo la total atención de James, ya que por primera vez en toda la conversación, Tony parecía tomarse aquello en serio.

-Mira James, eres mi amigo, así que por eso no te voy a pegar, pero deja ese camino.

-¿Qué camino? Admite que es raro. Justo en Portofino, cuando estabas hecho una real mierda llega ese tío y mágicamente empezáis una relación. ¿Qué coño te dijo ese gilipollas para que de repente dieras este cambio tan drástico? – James parece estar ya fuera de sí y Tony en respuesta se inclina sobre la mesa reconsiderando eso de que es su amigo y que por eso no va a pegarle una buena hostia. James parece entenderle, porque al momento relaja su cara de enfado.

-Ni se te ocurra volver a insultar a Steve en mi presencia si quieres que sigamos siendo amigos.- Responde escupiendo las palabras, controlándose por no saltarle encima. Quiere comprender a su amigo, porque realmente todo aquello también es culpa suya por no hablar con él antes para explicarle todo.

Acto seguido se ve a sí mismo saliendo de su despacho. No puede tener a James un minuto más delante suyo porque realmente acabaría golpeándolo. Sabe que debe haberlo descolocado con la noticia, pero nunca pensó que tendría que escucharle insultando a Steve de esa manera.

Más de una vez James había criticado a alguno de sus ligues, de hecho solía criticar a Pepper por su afán algo controlador, pero nunca le había molestado tanto. Quizá porque no podía haber acusado a Steve de algo más equivocado. Aprovecharse. El único que se aprovechaba ahí era él.

Porque sabía, cada vez que miraba a Steve, que él besaba el suelo que pisaba. Nunca, sabía que nunca en la vida nadie le había querido tanto como él. Mientras, él tan solo se dejaba querer.

Solo una vez había escuchado a Steve decirle "te quiero", al final de una buena sesión de sexo sobre aquella cama de muelles del pequeño apartamento de Steve. Él tan solo fue capaz de enterrar su cabeza en su pecho sin responderle de ninguna manera. Steve nunca había vuelto a decir algo parecido. Ignoraba si esa situación le molestaba o algo por el estilo, pero es que él realmente no era capaz de decir algo así. Ya se había apresurado una vez a decir estupideces y cursiladas y salió bastante mal parado...

Escuchó a Happy correr detrás suyo, pero lo ignoró para subirse al ascensor y alejarse de allí. Sin embargo, Happy logró colarse en el ascensor por los pelos.

-Perdona a James, se ha sorprendido por la noticia y le cuesta aceptar…

-¿Y tú? ¿Tú tampoco aceptas lo que sea que tengo con Steve? Has estado muy callado.- Inquirió más alterado de lo que pretendía. La idea de juntar a sus dos únicos amigos para decirles algo así realmente no había salido muy bien.

-Bueno, verás, yo ya sabía que debías estar teniendo algo más que una amistad con Rogers, así que lo acepté hace bastante. Al contrario que James, yo me paso media vida en esta torre.

-¿Y estás bien con ello?- Preguntó algo más tranquilo. Happy parecía ser mucho más razonable. Claro que la gente razonable para Tony Stark eran aquellos que pensaban como él.

-Hizo que volvieras de tu estúpido aislamiento en ese pueblo y se te ve bien. Quiero decir, estás feliz, mucho. Más de lo que nunca te había visto. A ver, con Potts también eras feliz, como nunca, pero siempre parecías preocupado por algo, estabas en constante tensión, ahora estás como, libre, no sé si me explico…

Tony solo pudo reír. Se explicaba realmente mal, pero probablemente le había entendido. Demasiado tiempo con él le hacía comprenderle aún cuando realmente no decía nada coherente.

Pepper era genial. La quería, eran felices, pero siempre estaba preocupado de hacerle daño. Porque desde aquella vez en que su traje los despertó en medio de la noche todo había ido a más. Constantemente estaba en la mira de los problemas por ser Iron Man, y eso por tanto arrastraba a Pepper. No le dejaba dormir la idea de que ella pudiera sufrir algún daño por su culpa. Porque si algo así pasaba no se lo podría perdonar en la vida. Así que todo era una presión constante, tenía que ser cada día más fuerte, más inteligente y más poderoso si quería protegerla.

Con Steve, eso era una tontería. Ver su casco abollado nunca le había hecho tan feliz. Él era el jodido Capitán América, no necesitaba que nadie le cuidara y de hecho, atraía tanto a los problemas como él mismo. Por eso era capaz de dormir toda una noche del tirón sin ninguna preocupación, porque sabía que si de repente a alguien les apetecía atacarlos o alguna armadura se volvía loca o a los alienígenas les daba por invadirlos otra vez, serían dos para luchar.

Eso no quería decir que no se preocupara por él, pero obviamente, preocuparse de más habría sido un insulto hacia el primer vengador.

Tras despedirse de Happy prometiéndole que hablaría con James para que arreglaran las cosas, Tony caminó hacia el piso de Steve. Podía coger un coche y estar allí en un minuto, pero simplemente decidió caminar. Esperaba que no hubiera ido al gimnasio o estuviera fuera, realmente necesitaba verlo.

Debido a su paso apresurado, antes de lo previsto estaba ya delante de la puerta desgastada de Steve. Por la prisa y el cabreo había salido olvidándose las llaves del piso, así que se vio obligado a timbrar. En un segundo tenía a Steve delante con cara de sorpresa por su llegada. La sonrisa que puso el rubio al verlo le hacía querer sacarle una foto para llevársela a James y decirle "Mira lo jodidamente feliz que se pone por verme aparecer." Era imposible que ese tipo pudiera aprovecharse de nadie.

Sin darse cuenta, ya está besándolo, conduciéndolo a la habitación sin notar un mínimo de resistencia. Escuchó un maullido algo enfadado del Señor Guantes por verse echado de lo que sería algo así como su habitación también, pero ninguno de los dos pensaba parar de besar al otro para disculparse con el animal.

La ropa se desperdiga por el cuarto ya algo desordenado mientras ellos caen sobre la cama haciendo bastante ruido. Aunque a Tony no le gustan para nada las camas de muelles, el sonido de estos no le disgusta, ya que son un eco de cada movimiento que ellos realizan sobre el colchón, y eso le parece de lo más excitante.

Piensa dejar toda su frustración con James y consigo mismo por no saber qué narices está haciendo con su vida en ese polvo que va a echar al capitán América. Lo besa por todas partes, de hecho, él mismo se encarga de quitarle los pantalones y la ropa interior con más delicadeza de la que lo tiene acostumbrado. Quizá por eso los ojos de Steve brillan un poco más.

De repente olvida la discusión con James, la conversación con Happy, sus fracasos en el terreno amoroso y solo mira a Steve. ¿En qué momento ese idiota se ha convertido en la solución de todos sus problemas? Nunca le cayó realmente bien y sin embargo ahora sabe que no sería capaz de concebir una vida sin esos ojos azules que centellean cada vez que le ven.

Apoya sus manos a cada lado de la cabeza de Steve y en un segundo ya está introduciéndose en su interior. Lo escucha jadear, como siempre, lo ve morderse los labios para no decir algo demasiado cursi o vergonzoso. Y Tony, en medio del estasis y el balanceo de sus propias caderas es capaz de pensar un momento en lo mucho que le gustaría escucharle decir ese "te quiero" que soltó tímidamente un día hace ya tiempo. No quiere saber el porqué de ese pensamiento que rápidamente saca de su mente, pero comprende que ya es demasiado tarde. Solo debe aceptarlo en su cabeza… aunque no aún.

Cuando termina, se deja caer a su lado en esa cama. No es demasiado grande, por lo que se ve obligado a estar pegado a él, algo que no el disgusta en absoluto. En ese momento es cuando se fija en que ya está atardeciendo en la ciudad de Nueva York. Steve entonces se levanta de la cama con claros gestos de agotamiento.

-No esperaba que vinieras hoy.- Dice Steve una vez que ha recuperado el aliento.

-Yo tampoco pensaba venir.- Él por su parte lo mira desde la cama.

-Venías enfadado. ¿Ha pasado algo en el trabajo?

-Discutí con James, ya sabes mi amigo. Pero lo solucionaré, no tienes que preocuparte.- Steve lo mira escéptico. Parece que quiere preguntarle algo más. Sin embargo, Tony es lo bastante rápido como para cortarle.- ¿Puedo usar tu ducha?

-Sí si no te importa ducharte con un hilillo de agua y encima fría.- Responde con una sonrisa divertida a la que Tony mira extrañado.- Tuberías viejas, vecinos que no quieren pagar… y el caso es que llevo con agua fría desde ayer por la noche. Pareciera que esta casa quiere echarme. Se estropea la televisión, cada tres días se rompe una bombilla, si pongo dos cosas a la vez se va la luz...- Enumera Steve con cierto humor.

Y entonces a Tony se le va la cabeza.

-Ven a mi casa.

-No hace falta. Me duché en casa de mi vecina y mañana vienen a ver lo del agua, no es para tanto.

Idiota.

-No digo temporalmente.

Steve ahora se incorpora en la habitación ya bastante oscura por el atardecer y lo mira con los ojos muy abiertos, totalmente sorprendido por la naturalidad con la que Tony le acaba de soltar una bomba.

-No hablas en serio.

-Por una vez sí que lo hago. Vente a vivir conmigo.

Tony no sabe de dónde salen esas palabras, pero no se arrepiente de ninguna. Es todo práctico. No hay día que pase sin que quiera ver a Steve, y tenerlo en casa sería todo un avance. Podría despertar con él cada día, no tendría que verlo marchar nunca y estaría siempre cerca.

-Eso es una locura. Te arrepentirás de lo que estás diciendo.

-No lo haré. En serio, múdate a mi casa. Así no tendrás todos esos problemas.

Steve sigue alucinando. Se sienta sobre la cama dándole la espalda. Tony se acerca a él sobre el colchón y pasa sus brazos por la ancha espalda de Steve, abrazándolo de una forma demasiado íntima a la que no está acostumbrado. Puede sentir cómo el corazón de Steve late desbocado y el orgasmo ya queda bastante lejos como para ser la explicación.

-No creo que sea buena idea.

-¿Por qué?- Pregunta en su cuello intentando sonar convincente. Steve tarda en responder.

-Esta casa está cerca del gimnasio…-

-La torre Stark está a veinte minutos de tu estúpido gimnasio y existen los coches.- Apoya su cabeza en su hombro. Sabe que no se podrá negar. No si se lo pide él. De hecho, no entiende por qué pone objeción alguna. Se supone que debería estar dando saltitos de alegría porque le esté proponiendo algo como vivir juntos.

Sin embargo, Steve se suelta de su abrazo y sale de la cama, dejando a Tony muy confundido. ¿No que el Capitán América estaba enamorado de él? ¿Por qué no está contento de que el gran Tony Stark le invite a vivir con él?

Steve encuentra sus calzoncillos en el suelo y se los pone ignorando la última frase de Tony. Después se pone una camiseta sacada de uno de los cajones de su cómoda y mira a Tony aún sobre la cama, esperando.

-La torre Stark está cerca del gimnasio, pero los dos sabemos que no vas a estar allí por siempre.

Y entonces sale de la habitación hacia la cocina. Tony se apresura a colocarse sus propios calzoncillos para salir detrás de él.

-¿A qué te refieres?

-Venga Tony, no te hagas el idiota.

-Sabes que eso no va conmigo. Explícate.- Sí, ahora se pone algo más rudo. Pero detesta ver a Steve así, nervioso, y se nota perfectamente que lo está por el hecho de que se ha puesto a prepararse un café. Un café a las ocho y media de la tarde.

-Me refiero a que en algún momento decidirás que "esto" se ha acabado, entonces cogerás tus cosas y te marcharás a una nueva mansión en Malibu o en algún otro sitio glamuroso dejándome no solo totalmente jodido porque te largas, sino con el problema de tener que buscarme una nueva casa.

-¿No crees que eso es demasiado suponer? ¿Quién te ha dicho a ti que yo vaya a dejarte?

-Los dos lo sabemos. Sabemos que esto es algo temporal. Que te aburrirás. Si ni si quiera eres capaz de llamarme por mi nombre.

-¿Qué tendrá que ver el que no te llame por tu nombre con que te pida que vivas conmigo?

Steve resopla agotado. Tony lo mira todavía desde el sofá sin llegar a entender absolutamente nada de lo que está pasando allí. ¿Cómo de un momento a otro han acabado discutiendo de esa manera?

Al final, Steve se acerca hasta él, se sienta a su lado y parece pensar bien antes de hablar.

-Lo que quiero decir es que sé que tú no sientes lo mismo por mí. Por eso algún día te cansarás de mi, conseguirás a alguien y te irás. Si me dices de vivir ahora contigo es porque estás demasiado loco y no piensas realmente las consecuencias.- Tony abrió la boca para reclamar al instante, pero Steve siguió hablando sin dejarle decir una palabra.- No me pidas que viva contigo porque así solo me das la estúpida esperanza de que algún día tú me corresponderás.

Entonces Steve se levanta hacia su café para echarle la leche caliente. Tony sigue en el sofá. Sopesando lo que le ha dicho. Quizá sí que se ha pasado pidiéndole algo así. Porque casi todo lo que ha dicho Steve tiene sentido. Realmente no sabe qué narices siente por él todavía. Y es verdad que nunca le llama por su nombre… pero ¿aburrirse?, ¿dejarle? No se le había pasado por la cabeza nunca realmente.

Sí, no le ha dicho nunca qué piensa realmente de toda esa relación, ni si quiera le ha llegado a decir nunca que le cae bien de hecho. Pero pensaba que estaba claro que con cinco meses de exclusividad total con él le podrían dar la pista de que hay algo más.

-¿Realmente piensas que cualquier día de repente me largaré sin más?

Steve se gira para encararle ya con su café en la mano. Lo ve aún más nervioso, incómodo, distante, todo lo contrario a hace apenas media hora, cuando lo tenía debajo de él pidiéndole más.

-Sí.

Entonces Tony se levanta del sofá, camina a la habitación y se viste lo más rápido que puede. Vuelve a salir al salón, allí sigue Steve con el café en las manos, no ha dado ni un solo sorbo.

Se ve acorralado y sale de esa casa huyendo literalmente. Al final ha cumplido con la predicción de Steve.

-.-.-.-.-.-.-..-.-.-.-.-

El invierno cada vez está más presente en la ciudad de Nueva York, algo que no agrada para nada al Capitán América por eso de que tuvo que estar 70 años en un bloque de hielo dormido. Aún así, esa experiencia traumática no es excusa para quedarse en su casa a invernar cual oso de montaña. Aunque realmente está pensando en hacer algo así. Porque desde que Tony hizo lo que había ya predicho, largarse y no llamar, realmente ha querido meterse en su cama y desaparecer al menos durante un tiempo.

Desde el mismo momento en que se dio cuenta de que estaba enamorado del ególatra de Tony Stark, supo que no le traería más que problemas y sufrimientos. Fue una verdadera sorpresa descubrirse durmiendo con él cuatro días a la semana durante esos meses que ahora le parecían tan cortos e insuficientes.

Pero sabía que no podía quejarse. Sabía como iba a acabar todo aquello y aún así se quedó con él. Creía que estar al lado de Tony hasta que él se cansara sería suficiente para alguien como él, pero ahora que sentía que todo había acabado entre ellos no dejaba de querer correr hasta esa torre para suplicarle al mayor narcisista del mundo que le permitiera estar a su lado un poco más.

Por supuesto su orgullo y en mayor grado el no querer molestar a Tony se lo impedían. Así que llevaba dos semanas en esa especie de depresión donde todo lo hacía con desgano y con la imagen de Tony continuamente en su cabeza.

Rememoraba una y otra vez su sonrisa al pedirle que viviera con él. Estuvo realmente tentado a aceptar, a irse con él sin pensar en lo que inevitablemente acabaría pensando. Pero realmente no quería tener que verse en lo más alto para luego tener que darse la hostia de su vida contra el suelo. Porque no eran nada. Sí, bueno, quizá podían considerarse amigos, amigos con derechos, pero nada más. Ni una sola vez lo había oído llamarle por su nombre, nunca había recibido una palabra que le hiciera pensar que no estaba haciendo el idiota en esa relación.

En una sola ocasión susurró un tímido "te quiero" hacia Tony y él simplemente apartó la mirada para callar. Sinceramente ¿qué esperaba? Que le abrazara, le propusiera matrimonio (pues al menos en ese estado podían casarse los homosexuales) y le jurara amor eterno?

Para empezar nunca pensó llegar a verse e una situación así con un hombre. Despertarse en un mundo tan libre de repente (aún con sus problemas) le había llevado a darse cuenta de que verdaderamente le interesaban los hombres mil veces más que las mujeres. Se preguntó más de una vez si lo que había sentido por su amigo Bucky fue un primer amor o algo por el estilo.

Pero luego llego Tony Stark. Ese hombre que conseguía querer darle un golpe a cada palabra que soltaba por la boca y que a la vez era capaz de girar su mundo por completo.

Recordaba sus conversaciones con Natasha cuando ella llegó un día para decirle que no se inmiscuyera con Tony Stark, que solo sufriría. No tenía ni idea de cómo ella podría haberse enterado de sus sentimientos pero lo único que pudo hacer fue asentir. Algo parecido sucedió con Bruce. Solían hablar bastante y quedaban mucho cuando el doctor se instaló un tiempo en Nueva York. Su consejo fue "en esta ciudad viven más de cuatro millones de hombres, seguro que encuentras a alguien". Claramente Tony tampoco parecía ser una buena opción para él.

Las conversaciones por teléfono que había mantenido desde entonces con ellos, (habían sido pocas), fueron de lo más divertidas. Mientras Natasha se mostraba escéptica y totalmente en contra de aquello Bruce solo reía diciéndole que adelante con todo.

Realmente no eran buenos consejeros…

En todo caso, estaba dilatando el momento de tener que llamarlos para contarles que todo había acabado. No porque sintiera que pudiera arreglarse su situación con Tony, sino porque admitirlo en alto para sus amigos, sería acabar de dar por zanjado todo. Sabiendo solo él que Tony lo había dejado, de alguna manera era menos verdad…

De todas formas, la vida seguía y por ello se encontraba en ese momento en la cafetería de su buena amiga Amy. Ella ya sabía que era gay y probablemente se imaginaba que tenía algo con Tony Stark. Realmente no tenía ninguna evidencia real, pues las veces que los había visto juntos bien podrían haber pasado como simples amigos, pero suponía que sería más divertido imaginárselos como pareja.

-¿Quieres otro café Steve?- Pregunto la chica con una gran sonrisa. Él asintió ante la pregunta. Amy iba a retirar la taza cuando de repente otro chico la tocó en la espalda para saludarla.

-¡John! ¿Qué narices haces aquí?- La chica parecía realmente sorprendida y contenta por la llegada de ese tal John. Steve los observaba algo incómodo y sintiéndose un poco fuera de lugar.

-Quería darte una sorpresa. Sé que he estado ocupado y ya no nos vemos nunca.- Habló el chico con una voz que a Steve se le antojó parecida a la de Tony. Lo miró entonces con más atención. Moreno, ojos marrones oscuros, facciones duras, indudablemente atractivo… Ciertamente guardaban cierto parecido. O quizá solo era él buscando a Tony hasta en los amigos de Amy.

En eso se dio cuenta de que la conversación de repente le incluía a él.

-John, te presento a Steve Rogers, un buen amigo mío. Steve, este es John Dixon.

Tras el típico "encantado" Steve lo sintió mirándolo demasiado fijamente. Amy le pidió al chico que la esperara sentado con Steve ya que en nada acabaría su turno. Notó que al irse le guiñó un ojo a John y este al momento le miró con renovado interés.

Los diez minutos en los que Amy se cambiaba de ropa, Steve se vio envuelto en una conversación bastante refrescante de toda esa nube de melancolía que llevaba encima desde hacía dos semanas. John era agradable, educado, con humor y le resultaba fácil hablar con él aún cuando se consideraba una persona tímida.

Finalmente, cuando ya salió Amy y pensaba que se irían, estos lo invitaron a salir con ellos esa noche. Steve inventó una excusa cualquiera y denegó la petición. Notó como John parecía especialmente entristecido por su respuesta. En todo caso, él no estaba como para salir con nadie. Quizá un poco de fiesta le haría bien para parar su estado de desánimo, pero como buen humano se fue a su casa a seguir auto compadeciéndose. Solo le faltaba poner canciones tristes.

En cualquier caso, al día siguiente volvió a pasar por la cafetería de vuelta a su casa del gimanasio. Amy también tendría turno y podría tener una charla agradable antes de volver con el señor Guantes.

-Steve, espero que no te moleste pero, le di tu móvil a John.- Dijo la muchacha mientras le servía la taza de café de ese día.

-¿Por qué hiciste algo así?- Preguntó sorprendido más que molesto. Realmente no le importaba que Amy diera su número a quien fuera, si ella lo daba era porque tenía confianza en esa persona.

-¿No te diste cuenta ayer o qué?- Preguntó ella de vuelta con los ojos muy abiertos.

-¿Cuenta de qué?- Seguían las preguntas y esta vez estaba mucho más curioso. Amy al momento soltó una carcajada para luego sentarse en frente de Steve un momento.

-John también es gay.

Steve seguía con el ceño fruncido sin comprender exactamente la relación entre… ¡quería liarlos!

-Amy, no creo que yo le interese. Apenas hablamos diez minutos.

-Pues no sé que harías en esos diez minutos entonces porque él realmente se quedó embobado contigo. ¡Quién no lo haría! Eres atractivo, amable, encantador…

A Steve se le ocurría una persona.

Había pasado toda su vida sintiéndose mal consigo mismo, menospreciándose, y cuando por fin conseguía empezar a sentirse mejor se quedó congelado 70 años. A su vuelta, a penas tuvo tiempo de probar lo que era ser atractivo y deseado antes de enamorarse de Tony, algo que claramente volvió a bajarle la autoestima, pues sabía que nunca sería lo suficientemente bueno para él.

Así que eso de encontrarse con que John se había interesado en él no dejó de hacerle sentir algo mejor consigo mismo. Quizá no era tan horrible como el mundo quería hacerlo ver a veces.

-No sé Amy…

-¿Qué pasa? ¿A ti no te gustó? Si es así puedo decirle que no te llame.

Steve estaba a punto de aceptar su oferta. Tampoco se sentía con ánimos de pensar en alguien que no fuera Tony. Sin embargo se sorprendió a sí mismo diciendo algo bastante distinto.

-No que va. Dile que a mi también me cayó muy bien y que espero su llamada.

No pasaron ni dos segundos antes de que se arrepintiera de aquello.

Por ello, al día siguiente se vio recibiendo una llamada de John invitándolo a tomar café a la hora del almuerzo antes de que él tuviera que volver al bufete. Por lo visto era abogado. Apenas hablaron un rato por teléfono antes de acordar la hora y al colgar Steve se sintió extrañamente nervioso. Tony había sido el primero en todo con él. No sabía si realmente quería estar con otra persona.

En cualquier caso, al final Steve se encontró tomando café en una cafetería céntrica no demasiado lejos de su gimnasio, al que pensaba volver en cuanto acabara con aquello.

La cita, si podía llamarse así, fue confusa. Acostumbrado al humor pesado de Tony y a sus excentricidades, encontrarse de repente con un hombre amable que le llamaba por su nombre sin problema era extrañamente agradable. Alguna sonrisa, anécdotas, temas entretenidos y todo parecía ir bien. De hecho, un café de quince minutos se convirtió en una hora hablando con sus tazas vacías hacía siglos sobre la mesa.

-Oye Steve. Tengo que volver al bufete ya, de hecho llego tarde. Pero me encantaría que volviéramos a vernos otro día. ¿Qué te parece si te invito a comer mañana?- Preguntó John no con cierta incertidumbre que Steve alcanzó a notar. Una comida, una comida en público,… nunca había comido con Ton. Bueno, pedían por teléfono y comían en casa y alguna vez se habían encontrado para comer en algún sitio… pero realmente nunca habían tenido una cita, porque si no se equivocaba, lo que John le estaba prometiendo en ese momento era un cita con todas las de al ley.

A pesar de que seguía pensando en Tony, no pudo evitar aceptar la invitación de John. Quizá se merecía poder tener una comida de verdad, aunque no pudiera ser con Tony. Y por otra parte John era endiabladamente agradable, quizá sí podía pasar algo entre ellos.

-.-.-.-.-.-.-.-

Desde la acera de enfrente, Tony, cual acosador en potencia, se encontraba detrás de un periódico observando como Steve recibía un beso en la mejilla de ese tipo del que no sabía si quiera el nombre. Arrugó el diario en sus manos al no necesitarlo ya, pues Steve ya estaba lejos, y lo tiró a la papelera que tenía al lado.

Aquel día había decidido encontrarse "por casualidad" con Steve en la cafetería donde trabajaba su amiga Amy. Cual fue su sorpresa cuando ella le dijo que el Capi se había ido a otro lado por una cita. La chica había sonreído risueña, al nombrar la palabra cita. Puso una sonrisa hipócrita antes de marcharse sin más.

Pensaba volver a casa para pensar un nuevo plan de reconquista, cuando no pudo más con su curiosidad. Tenía que saber qué clase de "cita" estaba teniendo Steve. Pidió a Jarvis por tanto que lo localizara. Hackeó sin problema todas las cámaras de seguridad de esa ciudad y en menos de cinco minutos ya sabía la localización exacta del Capitán América.

Era un sitio cercano, así que caminó hasta la cafetería en cuestión y a través de los cristales pudo ver a Steve sentado con el tipo. Se suponía que solo era una cita para café, ¿entonces por qué llevaban ya más de media hora hablando? Un café es un café, cinco minutos y punto. Veía como el tipo sonreía a cada palabra que decía Steve, como un gilipollas encandilado. Pero lo peor, era que Steve también reía. ¿Por qué reía Steve? Mientras él se ahogaba en el alcohol pensando en cómo recuperar a Steve tras esa estúpida pelea sin sentido, él se dedicaba a salir con otros tíos y a reírse.

Poco le faltó para irrumpir en pleno establecimiento, traje de Iron Man incluido, para tener una conversación con aquel tío que encima tenía que ser guapo.

Tony tenía que hacer algo, algo antes de que en cualquier momento perdiera a Steve para siempre. Porque realmente aún no sabía que era lo que pretendía decirle para recuperarlo, ni si quiere tenían aún claro qué era lo que pretendía con aquella relación, pero debía evitar a toda costa que Steve se largara con aquel tipo.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Buenas! Realmente quería subirlo antes de que dieran las doces para así entrar en mi plazo de dos semanas que dije… pero ya son las tres. Lo siento, me he atrasado por un día xDD

Espero que os haya gustado y que no os riais mucho de mi intento de angs… algo patético lo sé, pero lo intento! Es que soy incapaz de crear drama serio xD

El próximo capi creo que es mi favorito, aunque hay que tener en cuenta que aún no he escrito los capítulos finales, así que no sé si seguirá siéndolo por mucho tiempo. El caso es que creo que os gustará

Y bueno quiero agradecer por los reviews, los favoritos y los seguidores. Me hace mucha ilusión la verdad y me anima a seguir con este fic. También quería deciros que voy a buscar una beta para los siguientes capítulos. Como he subido solo one-shotts realmente, no me molestaba ser yo misma la que se lo leyera una y mil veces hasta dejarlo medio decente, pero como esto se me ha alargado (porque para mí los ocho capítulos de extensión que tendrá este fic son demasiado xD) creo que lo mejor sería que encontrara a alguien más que me aconsejara, corrigiera, editara y me ayudara en general. No me gustaría que el fic perdiera el rumbo o que se me pirara la pinza con él.

Así que buscaré una beta y si no encuentro a nadie secuestraré a alguna amiga mía para que me eche una mano a cambio de invitarle a algo…

En fin, eso y nada más. Gracias por leer hasta aquí y nos vemos en otro par de semanas, y espero que con una nueva beta.

PD. Al review no registrado al que no puedo responder no le digo que gracias, ni le digo que la boda se me ha pasado por la cabeza aunque se ve difícil, ni le digo nada porque está prohibido contestar reviews (guiño guiño).