Cap.4.-El restaurante Worthington's
Daba vueltas sobre su gran sillón con la mirada hacia el alto techo de su despacho. Su pequeña pelota anti estrés naranja se encontraba siendo apretada por su mano derecha una y otra vez sin descanso.
En más de una ocasión había cogido el teléfono con la intención de marcar el número de Steve para decirle algo, cualquier cosa. Le echaba demasiado en falta. Su plan de "encontrarse por casualidad" había sido un completo fracaso porque el estúpido tipo que andaba detrás de él como una lapa se encargaba de monopolizar todos los ratos en los que podría haberse hecho el sorprendido si lo encontraba.
Y además esa noche irían a cenar a Worthington's, uno de los restaurantes más exclusivos y exquisitos de Nueva York. El jodido tío no iba descalzo por la vida si pensaban ir a ese sitio. Pero lo peor era que ya habían tenido varios encuentros: comidas, pequeñas citas para tomar café… y aquello era una cena. Seguro que el idiota ese le decía algo del tipo "te acompaño a casa" y luego Steve le invitaría a subir a tomarse la última copa y luego… No podía permitirlo. Eso tenía que acabar ya.
Estaba empezando a maquinar en su mente cómo hacer de esa cena un fracaso: provocar un incendio, comprar el restaurante y cerrarlo para evitar que fueran, presentarse allí directamente… no, eso no podía ser. Se notaría perfectamente que iría allí solo para ver a Steve si se aparecía solo. Pero si llevaba a alguien...
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Tras un par de comidas con John, éste finalmente le había invitado a una cena en un lujoso y conocido restaurante de Nueva York. No recordaba el nombre pero juraría que había oído a Tony nombrarlo alguna vez.
El sitio era de etiqueta y por tanto tenía que llevar traje. Aunque siempre había llevado uniformes, un traje era algo totalmente distinto. Amy de hecho se ofreció para ayudarle a escoger uno.
Frente al espejo, Steve acabó de ajustar la corbata con cierta duda. Realmente no quería ir. Seguía pesando en su cabeza el nombre de Tony y no era realmente justo para John tener que estar con alguien que no dejaba de compararlo a cada momento en su cabeza con una "relación" pasada. Y lo peor de todo, era que definitivamente John era mucho mejor persona que Tony. En todas las comparaciones ganaba John. Era mucho más amable, sociable, atento, no tenía esa tendencia a la autodestrucción ni el narcisismo característico de Tony, y sin embargo, no dejaba de pensar que elegiría al estúpido hombre de hojalata sobre todo. Simplemente patético.
Pero no podía dejarse ganar por él. Iría a esa cena, disfrutaría e intentaría pasárselo bien con John.
Así que allí se encontraba, a la puerta de ese sitio tan lujoso que le resultaba incómodo. Apenas pasaron dos segundos antes de que John apareciera por la calle con una sonrisa radiante de oreja a oreja. Tras un breve saludo ambos entraron al restaurante, al fin y al cabo ya hacía bastante frío en la ciudad de Nueva York por el invierno.
A veces le costaba acostumbrarse a eso de que el mundo hubiera avanzado setenta años y no dejó de sentirse algo intranquilo al verse en una mesa con un hombre en medio de un montón de gente. Bien podían pasar como amigos, pero una cena a las nueve y media de la noche y con los ojitos que le estaba poniendo John bien podía parecer otra cosa. Así lo confirmaba la señora que les miraba desde la mesa de en frente con lascivia, seguro que ya se los imaginaba hasta casados.
-Hoy he llevado un día de locos, por un momento temí que tuviera que cancelar la cena.- Habló John mientras miraba la carta sin verdadero interés en ella.
-Si estabas demasiado ocupado podríamos haberlo dejado para otra ocasión.- Respondió algo preocupado por el trabajo de John. Era un abogado de un importante bufete y estaba seguro de que ello tenía que suponer una gran responsabilidad y esfuerzo.
-Tampoco era para tanto. Merece la pena.- Sonrisa encantadora. Quizá a veces era demasiado empalagoso, pensó Steve. Aunque claro, si Tony algún día hubiera llegado a decirle eso podría haber llegado a llorar de felicidad. Bueno, quizá era una exageración, pero sin duda no le habría molestado para nada escuchar algo así viniendo de Tony.
-Por cierto, Amy el otro día me enseñó una servilleta de un retrato suyo. Me dijo que lo hiciste tú. Era precioso. No tenía ni idea de que dibujaras.
-No es para tanto la verdad. Simplemente de vez en cuando, en la cafetería cojo un bolígrafo y hago algún garabato. Amy se empeñó en guardar ese.
-No era para menos. ¿Podrías hacer uno ahora?
-¿Ahora?
-Sí. Ahora mismo. En la servilleta.
-Pero estas servilletas son de tela.- Replicó algo nervioso. Poco sabía de etiqueta, pero seguro que dibujar en una servilleta no era algo que estuviera bien visto.
-Sí, qué más da. Pienso llevármela de todas formas, así que nadie te llamará la atención.
-Ah bueno, me quedo mucho más tranquilo sabiendo que solo vas a robar…- Respondió sinceramente divertido con una sonrisa.
Sin mayor insistencia, al final Steve se vio dibujando en esa tela con un bolígrafo negro que el propio John le había prestado. Cuando se puso a dibujarlo realmente se acabó de dar cuenta de lo atractivo que era.
Al momento en que llegó el camarero con el vino se encargó de ocultar medianamente su dibujo mientras John simplemente se tapaba la boca para no reírse de él y su pequeño intento por aparentar ser un hombre que no hacía ese tipo de maldades.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-En serio Tony, ¿a dónde narices vamos?- Preguntaba James con cara de pocos amigos sentado en el asiento copiloto de uno de los muchos coches de lujo de Tony.
-Ya te lo he dicho. A cenar. Hace poco que nos reconciliamos como buenos amigos y esto hay que celebrarlo.
James lo miró con cierta suspicacia. Ya habían arreglado las cosas y estaban como antes de la discusión, pero ciertamente la semana de estar sin Tony como amigo había resultado ser hermosamente tranquila. Sin embargo, a pesar de que esa vida pacífica sin un amigo como Tony era bastante bonita, no podía seguir mucho más enfadado con él. Eran amigos al fin y al cabo. Así que tras una conversación donde acabó evitando que muriera de un coma etílico al beber llorando por la pérdida de Steve, se vio de nuevo envuelto en esa autodestructiva amistad.
-Desde que lo dejaste con Steve has estado como medio muerto. Y la verdad es que no me quejo, tenerte tranquilo para variar es un descanso.
-¿Quieres decir que te alegras de mi depresión por el hecho de que así no te causo molestias?- Preguntó de repente bastante insultado por el que consideraba su mejor amigo.
-Estás triste, pero ya estás pensando la forma de solucionarlo. Es un estado perfecto. Estás lo bastante deprimido como para relajarte un poco pero a la vez te ves entusiasmado.
-Bueno James, te reconozco que has acertado de pleno. Esta noche voy a recuperar a Steve.
-Eso si él quiere dejarse recuperar.- James sabía que su amigo podía llegar a ser muy persuasivo, pero entendía bien la razón por la que Pepper se fue y de alguna manera podía entender también los motivos del Capi.
Muchas veces le costaba ser amigo de Tony. No era un secreto que más de una vez habían tenido que arreglar sus diferencias a golpes. Golpes que habían llegado a causar graves desperfectos en la casa de Stark.
-¿Te importaría hacer de amigo durante un rato y apoyarme?- Tony elevó el tono más de lo que quiso y James no dejó de ver cierto brillo de incertidumbre en sus ojos iluminados por las luces de la noche de Nueva York. Estaba preocupado. Preocupado de verdad de que realmente no consiguiera recuperar a Steve.
Al final iba a ser verdad que su idiota amigo se había enamorado no solo una vez en su vida, sino dos. Y esta segunda sin duda sería mil veces más problemática que la primera.
Suspiró con resignación como quien admite que la guerra ha empezado y ya solo se puede luchar.
-Está bien. Perdona. Lo conseguirás Tony, como todo.- Dijo intentando conseguir quitarle esa mirada tan poco habitual en su rostro.- El hombre al volante solo sonrió con ironía. Había veces en las que Tony Stark no siempre conseguía lo que quería en realidad, pero esta noche no permitiría que fuera una de ellas. -Pero en serio Tony. ¿A dónde vamos?
Ahora Tony le miró para sonreír sinceramente. Algo tramaba.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-..-.-.-.-.-.-.-.-
La cena podría decirse que estaba saliendo perfecta. En toda su vida Steve se había podido sentir más cómodo en una cita. Claro que teniendo en cuenta su corto historial amoroso quizá aquello no era ningún logro realmente destacable. Aún así para él era grandioso. La conversación era agradable, John era un encanto y el vino que acababan de servirles mientras esperaban los primeros platos era delicioso. Todo iba bien hasta que vio desde su sitio como alguien que se parecía mucho a Tony se acercaba hacia su sitio por entre las mesas de aquel distinguido lugar.
Dio un trago a su copa mientras John seguía contándole alguna anécdota del trabajo que no estaba escuchando del todo y siguió mirando a ese tipo. Al momento se dio cuenta de que no era solo parecido, sino que el mismísimo Tony estaba allí, vestido en un imponente traje, consiguiendo que todo el mundo se girara a verlo ya que era el famoso Iron Man. John mismo, al notar que Steve no le prestaba atención y sentir el enrarecido ambiente del restaurante, se giró para ver qué era aquello que causaba tal conmoción.
-¡Anthony Stark! Lo reconocerás ¿no, Steve? Sabía que le gustaba este restaurante por alguna revista, pero nunca pensé que llegaría a encontrármelo. ¿Tú crees que me firmaría un autógrafo?
Steve no supo si John se molestó por su cara de circunstancia al respecto. Sabía que debía responderle algo, pero en ese momento solo intentaba taparse el rostro con la mano esperando que Tony no lo viera y no parecer demasiado ridículo.
Pensaba que todo iba a quedar en nada, que Tony pasaría de largo al no verlo o que se haría el desconocido cuando sintió una mano en su hombro.
-¡Steve Rogers! ¡Qué sorpresa encontrarte aquí!
La inconfundible voz de Tony con su fingido tono de sorpresa le hizo dar un bote en su silla. En frente, John solo podía sonreír de admiración.
-Buenas noches Stark.- Respondió intentando no parecer alterado por su presencia.
-¿Stark? Déjate de formalismos.- Habló con esa sonrisa encantadora que estaba haciendo que John en frente suya babeara. El pobre abogado tenía en ese momento a su superhéroe favorito tan cerca que si estiraba la mano podría tocarle, a él, al mismísimo Iron Man.
-Tony, ¿qué hacemos aquí?- Preguntó James detrás en un susurro al comprender que el estúpido de su amigo le había liado una vez más para hacer alguna estupidez.
-Cenar James, pero por una pura y grata casualidad voy a poder presentarte personalmente a Steve Rogers, compañero de trabajo y también íntimo amigo mío. Steve, ya te he hablado alguna vez de James.- Respondió sin quitar su expresión de felicidad, a la que James solo pudo poner los ojos en blanco antes de estrecharle la mano a Steve.
-Señor Stark, tengo que decirle antes que nada que le admiro profundamente, sin duda alguna usted siempre ha sido para mí el mejor de los Vengadores.- Se apresuró a hablar John.
-Vaya, un admirador. Steve por favor, preséntanos.- El primer Vengador solo pudo dar un suspiro de resignación ante esa situación tan incómoda.
-Tony, este es John Dixon. John, creo que no hace falta que te diga quién es.
Después de que ambos hombres estrecharan sus manos Tony procedió a presentarle a James a John mientras Steve claramente se sonrojaba al notar la mirada de evaluación de James. Nunca antes se había encontrado con ninguno de los dos amigos de Tony, así que no tenía ni idea de si aquel hombre estaba al tanto de su ya pasada "relación".
-Bueno, después de este encuentro creo que deberíamos cenar los cuatro. ¡Camarero, un par de sillas más por favor!
-No sé si admitirán algo así.- Steve intentaba evitar a toda costa la que podría ser la peor cena de su vida, pero a pesar de todas las miradas asesinas dirigidas a Tony instándole a marcharse, él no pareció captar ninguna.
-Por favor, Steve, soy Tony Stark, ya sabes, Iron Man, un Vengador, multimillonario… ¿o es que quizá os molesto a vosotros? ¿No me estaré colando en una cena íntima?- Preguntó con una hipócrita mirada de preocupación.
-Ya tendremos en otro momento una cena a solas Steve, creo que pasar una cena con Tony Stark y su amigo James Rhodes sería muy agradable.
John por supuesto no fue consciente de las miradas asesinas de Steve que esta vez se dirigieron a él. Por su parte, James observaba el espectáculo con cierto grado de diversión.
Al momento un camarero, claramente impresionado por la presencia de Iron Man, apareció con un par de sillas que quedaron perfectamente colocadas a la mesa.
Al principio Tony se encargó de llevar la conversación sin dejar decaer el ánimo aún cuando James y Steve no hacían nada por ocultar sus caras de clara inconformidad.
-Bueno Steve, no sé si te lo había comentado, pero James también es soldado. Seguro que tenéis mucho en común. Ya sabes, amor a la patria, armas, uniformes pintorescos…
-No sabía que fueras militar. Amy me dijo que trabajabas en el gimnasio.- Salió de repente John.
-Era soldado. Estoy retirado ahora mismo.- Su respuesta fue tan tosca que John dejó el tema.
Tony sintió a James dándole un golpe en la pierna, instándole a que dejara de decir comentarios que pusieran en un aprieto al pobre Capitán América, quien estaba empezando a caerle bien. Sin embargo, ese golpe a escondidas de todos le dio una idea muy distinta a la de dejar de molestar a Steve. De hecho consiguió todo lo contrario.
Mientras John se apasionaba hablando de su último caso en el bufete, Tony pasó una de sus manos por la rodilla de Steve. Al estar mirando a John hablar para no levantar sospechas, no pudo saber si la cara de Steve cambió por el toque, pero sí pudo notar como se removía bajo su tacto.
Tras dejar caer algún comentario banal respecto a la hazaña que les estaba relatando el abogado, comenzó a hacer círculos con su dedo índice en la rodilla de Steve. Ya no tenía ni idea de que hablaba el tío en frente suya, solo podía pensar en su mano pasando por su pierna, llegando cada vez un poco más arriba en su muslo, deseando poder llevarse a Steve de allí, a su casa, a donde siempre debía haber estado y dejarse de tonterías.
En un momento, alejado de toda la conversación, su mano subió hasta tocar la entrepierna de Steve sobre el fino pantalón. Pudo sentir su ya hinchada erección y apenas tuvo unos segundos para acariciarla antes de que Steve se levantara de la mesa como un resorte.
-¿Ocurre algo?- Preguntó John al ver la reacción tan precipitada.
-No, no pasa nada. Solo necesito ir al servicio un momento.- Tony fue muy consciente de la mirada de odio que le dejó Rogers antes de dejar el salón apresuradamente. Fue entonces cuando se percató del extraño dibujo que parecía haber sobre una servilleta doblada. La tomó al instante y la extendió para descubrir lo que parecía un retrato del tío al que en ese mismo momento había empezado a odiar acérrimamente a pesar de no caerle del todo mal.
-Steve lo dibujó poco antes de que llegarais, es todo un artista.
Tony miró con odio y celos mal disimulados a esa servilleta. Steve nunca le había dibujado, al menos que él supiera.
-Lo sé, a mí también me ha hecho varios retratos, solo que con bastante menos ropa.- Ni si quiera pestañeó al soltar su mentira. Y por supuesto, la cara de John cambió radicalmente por el tono sugerente de Tony. James solo pudo llevarse una mano a la cabeza rezando por que Tony dejara allí el asunto, pero sabía que no sería así.
-Te voy a explicar una cosa John Dixon…
-Tony.- Lo llamó James intentando inútilmente que su amigo se callara.
-No sé qué pretendes con Steve, pero por tu bien deberías dejarlo.
-¿Perdón?- Habló John empezando a comprender la situación.
-Steve y yo estamos juntos, así que te agradecería que te olvidaras de él.
-Me dijo que no estaba con nadie.
Aunque llevarle la contraria al invencible Iron Man no era algo que cualquiera se plantearía hacer, John consiguió conservar cierto gesto de tranquilidad. Tony vio la decisión en su mirada y supo que solo una de sus sonadas estupideces haría que John se largara, que era lo que realmente deseaba conseguir en ese momento.
Subió la manga de su traje un poco y dejó ver su pulsera del traje de Iron Man, consiguiendo por fin que John pareciera nervioso.
-Tony te estás pasando.- Dijo James irguiéndose sobre su silla y poniendo su mano sobre el brazo amenazante de Tony.
-¿Sabes lo que es esto?- Sonrió.- Claro que lo sabes, ves la televisión. Volveré a repetírtelo.- Habló ignorando completamente a James.
-Tony, baja la mano ya.- Pidió Rhodes.
-Aléjate de Steve.
-¡Tony!- Exclamó finalmente James levantando un poco la voz.
-Esto no asunto tuyo.- Dijo Tony sin siquiera apartar la mirada de John, intentando hacerle sentir miedo para conseguir su propósito.
-No Tony, estás amenazando a un civil delante de mí. Baja el brazo ya o la noche acabará contigo en comisaría.- Hizo un poco más de presión en su agarre y finalmente consiguió que Tony dejara de amenazar al pobre abogado.
-Entonces solo tendré que buscarle cuando tú no estés delante.- Terminó razonando mirando a su amigo, para después dirigir una sonrisa de triunfo hacia John. Ciertamente, el gran Iron Man en ese momento parecía un psicópata recién salido del manicomio.
En ese segundo John se levantó de su silla totalmente pálido y se dirigió a la salida claramente apresurado por alejarse lo máximo posible de Anthony Stark.
En cuanto lo perdió de vista, Tony también se levantó de la mesa.
-¿A dónde vas ahora? En serio, te has vuelto totalmente loco. Amenazar así a un pobre hombre que solo…
-Sermones luego James. Ahora tengo que hablar con Steve.- Y acto seguido salió corriendo hacia los baños, dejando a su amigo con el ceño fruncido y muy enfado.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Las puertas del baño se abrieron con gran estruendo. A pesar de ello, Steve no se giró, simplemente se limitó a observar al intruso a través del espejo que tenía en frente. Acababa de lavarse la cara con agua fría para intentar serenarse, así que varias gotas le caían por el rostro hacia su cuello por erguirse a mirar.
Detrás de él, cómo no, estaba Tony, mirándole fijamente con sus ojos castaños, demandándole con su actitud que le hablara al momento. Sin embargo, él solo se giró a su izquierda para coger algo de papel y así poder secarse. El otro, entendiendo que Steve no estaba por la labor de iniciar una conversación, acabó acercándose hasta él.
-Ha sido una bonita cena.
Steve ahora sí le miró de reojo intentando hacerle entender que estaba enfadado y que no quería en ese momento hablar con él para nada. Va allí, fastidia su cena con John y para colmo le hace esas cosas debajo de la mesa con el pobre abogado delante. Tony Stark no sabía lo que era el respeto o el decoro. Pero lo que más le molestaba de todo aquello, era que al verlo entrar en el baño lo único que había querido hacer era tirársele al cuello para besarlo.
-¿Por qué has venido esta noche?
Esa era la pregunta que llevaba haciéndose toda la velada. Obviamente aquello no había sido una coincidencia y por lo tanto, su parte más positiva quería creer que Tony había ido a buscarlo para decirle todas esas cosas que nunca dijo cuando estuvieron juntos. Pero simplemente se había comportado como el multimillonario irrespetuoso que era siempre. Sinceramente pensaba que solo había ido allí para fastidiarlo un rato.
-Fue una coincidencia.
Se giró para mirarlo ya directamente con el ceño fruncido para luego intentar pasar por su lado y volver a su mesa. Escuchar mentiras era lo último que le apetecía para acabar la noche.
Sin embargo, Tony lo tomó del brazo con suficiente fuerza como para hacer que alguien como Steve Rogers se viera de repente empujado contra el lavabo. Sabía que iba a besarlo, sus ojos mirándolo fijamente y sus labios entreabiertos se lo anticipaban y le avisaban. Debía moverse, con un empujón se lo quitaría de encima. Sí, solo tenía que apartarse.
Y en cambio simplemente se odio a sí mismo y recibió el beso furioso y hambriento de la boca de aquel idiota que siempre se encargaba de fastidiarle la vida. Sintió las manos de Tony tomarle la cara, con fuerza, con miedo quizá a que cambiara de opinión y saliera corriendo de allí. Steve mientras, tan solo intentaba mantener sus manos fuera de aquel juego que estaba empezando Tony.
No pasaron muchos segundos hasta que Steve recordó en su mente qué hacía en aquel restaurante. Había ido allí a cenar con John. Estaba con él porque una relación con Tony no podía ser sana de ninguna manera. Así que, ¿qué hacía besándolo mientras John le esperaba en la mesa?
Finalmente logró darle ese empujón y consiguió que se apartara con la respiración agitada para mirarlo confuso.
-No sé qué pretendes pero John está ahí afuera y esto no está bien.- Exacto, por fin había dicho lo que tenía que decir. Ya solo tenía que conseguir que esa vocecita en su cabeza diciéndole que volviera a besarlo dejara de hablar.
-No está. Le pedí amablemente que se fuera.- Respondió apartando la vista un segundo.
Mentía, otra vez.
-¿Qué le has hecho Tony?- Esta vez ya estaba realmente enfadado.
-No le hecho nada malo. Simplemente le informé de que tú estás conmigo y que por tanto podía irse a casa y buscarse a otro.
Absurdamente se sintió conmovido al escucharle decir aquello, pero no podía permitir que Tony hiciera lo que quisiera con su vida, no tenía derecho.
-Tú y yo no tenemos nada ahora. De hecho realmente nunca lo tuvimos.
-Por Dios, ¿quieres dejar de pensar que realmente no fue nada? Hemos pasado cinco meses juntos y yo solo he podido pensar en ti desde esa estúpida semana en Portofino. Tú fuiste el que irrumpió en mi vida, la cambió completamente y luego decidió largarse. Deja de hacerte la víctima.- Replicó elevando la voz y siendo ahora él el que estaba realmente enfadado.
Steve no pudo ocultar su asombro ante la inesperada respuesta de Tony.
-Entonces realmente nunca debí ir a Portofino por ti. Perdóname por "irrumpir" en tu vida. No pretendía causar todo esto.
Ahora tenía que irse. Lo último que le faltaba era que Tony se pusiera a recriminarle todo ese tiempo juntos.
-En serio, como puedes ser tan…? ¿Es que no me entiendes? Me importas Steve. No te mentiré. Todavía no sé si estoy enamorado de ti, tampoco sé si podré llegar a quererte como tú me quieres. Pero llevo todos estos días siguiéndote como un acosador, sin dormir porque no he podido hablar contigo, y muriéndome de celos al ver que salías de repente con este tío. He venido a este restaurante a por ti. Porque no sé cómo lo has hecho pero te has vuelto necesario en mi vida.
Steve lo miró durante un instante totalmente congelado, sin saber qué decir, cómo responder a aquello. No era la promesa de amor eterno que había tenido alguna vez en sueños pero sinceramente era mucho más de lo que nunca esperó viniendo de él.
De hecho, pudo ver como un ligero sonrojo subía hasta las mejillas de Tony, que al momento apartó la mirada en actitud nerviosa, pareciendo de repente mucho menos increíble que cuando entró en ese baño. De repente era un hombre confundido pidiéndole de alguna manera que no le dejara solo.
Ya no importaba nada, qué más daba si después Tony le dejaba porque había recuperado el juicio, tenía que aprovechar ese momento de locura donde le estaba diciendo que le necesitaba.
Así que fue él esta vez quien lo besó.
Seguramente Tony se sintió realmente agradecido de no tener que seguir hablando más para intentar convencerlo. Llevaban demasiado sin besarse, por ello quizá Tony no pudo resistir bajar sus manos hasta la entrepierna de Steve haciendo que la erección que había conseguido bajar hacía apenas un momento volviera a aparecer.
Aquello se estaba volviendo demasiado intenso, así que no se sorprendió del todo cuando notó a Tony empujándolo hacia uno de los baños para cerrar la puerta de un golpe al estar dentro. Después fueron todo movimientos nerviosos e intentos de no hacer demasiado ruido por si alguien entraba.
Steve no era del tipo que se prestara a algo como tener sexo en un baño, pero tratándose de Tony, toda su moralidad y sentido común se le escapaba al momento. Así que decidió no darle más vueltas al asunto para seguir besándolo, bajando su boca por su cuello mientras aflojaba el nudo de su corbata para tener más acceso. Sentía como su pantalón era desabrochado sin ningún tipo de cuidado por unas manos increíblemente nerviosas.
-Demasiado sin vernos…- Dijo Tony en un susurro mientras Steve también desabrochaba sus pantalones para empezar a masturbarlo. Mientras, Tony introducía sus dedos en la entrada de Steve con la misma rapidez que él lo tocaba.
-Lo sé.- Y acto seguido lo empujó para que Tony quedara sentado en la taza, con su camisa a medio desabrochar y su pene totalmente erecto entre sus piernas.
Dejó caer sus pantalones por sus caderas, dejándolos tirados en el suelo junto a sus calzoncillos para luego sentarse a horcajadas encima de él. Tomó el pene de Tony con su mano para dirigirlo a su entrada y se dejó caer sobre él. Sin lubricante resultó más doloroso de lo que pensaba. A pesar de ello solo se dio un segundo para acostumbrarse a la sensación, pues al momento ya estaba subiendo y bajando sobre esa erección mientras rodeaba el cuello de Tony con sus brazos, mezclando sus respiraciones y leves jadeos que intentaban que no sonaran demasiado en aquel baño.
Sentía la mano de Tony masturbándolo mientras él solo podía dejar caer su cabeza hacia atrás sin parar de moverse sobre él. Entonces notó las manos de Tony en su cintura, instándolo a levantarse para cambiar de posición.
Ahora se encontraba mirando a la pared, con Tony dándole besos por el cuello mientras que detrás suyo volvía a introducirse en su interior. Podía sentir sus manos sujetas en su trasero ayudándole en el vaivén.
Juraría que en algún momento escuchó la puerta del servicio abrirse, seguro que quien fuera que hubiera entrado debía de haberles oído, y sin embargo, no pareció importarle a ninguno de los dos.
Cuando se empezó a sentir cerca del final, notó como la mano de Tony volvía a su erección para masturbarlo. Con ese toque finalmente acabó corriéndose entre sus dedos con un gruñido que no pudo silenciar. Al segundo, sintió a Tony irse dentro de él mientras lo mordía en la espalda para no hacer ruido a través de la camisa que ni siquiera había llegado a desabrochar del todo.
En cuanto notó a Tony salir de su interior quiso ponerse a buscar su ropa en ese pequeño cubículo para poder largarse de ese restaurante cuando antes. Seguro que les habían oído y que en cualquier momento alguien llegaría a llamarles la atención. Pero Tony, con toda la calma del mundo, volvió a besarlo.
Steve no dejó de sorprenderse. No era su estilo algo como un beso romántico después de un polvo y por ello quizá, no pudo dejar de sentirse algo emocionado por el gesto.
-Deberíamos irnos.- Habló Steve aún con cierta agitación.
-Nos marcharemos por la puerta de atrás. No creo que podamos cruzar el restaurante con estas pintas. Tienes el orgasmo pintado en tu cara aún Steve.
-No seas idiota.- Respondió ante su tono burlón. En un segundo ya tenía puestos sus pantalones y Tony se encargaba de ver que no hubiera nadie en el baño.
Salieron de allí a paso apresurado y tras ver a Tony soltar algunos billetes a gente del personal, se encontraron saliendo por la puerta trasera del restaurante. No sabía si fue porque le estaba guiando o porque el millonario se había vuelto loco, pero no le soltó la mano desde que salieran del baño hasta llegar a su coche aparcado en el parking del lugar. Por supuesto, aquella noche la pasaría en la torre Stark.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
A eso de las once de la mañana, aproximadamente, Tony se despertó al sentir a Steve a su lado levantándose de la cama. Estaba terriblemente cansado de aquella noche de reencuentro, y realmente le sorprendió verlo levantándose como si hubieran pasado una noche de sueño reparador. Claro, se le olvidaba eso de que él era el Capitán América con o sin traje.
-¿Te vas?- No supo por qué, pero su voz sonó preocupada. Steve se giró ya con la ropa interior puesta.
-Sí.
-Es sábado, no trabajas.
-Ya, pero tengo una mascota que debe estar muerta de hambre ahora mismo.
-El señor Guantes…
-El mismo.
Y sonrió para después girarse a buscar sus pantalones por la habitación. Definitivamente podría pasar todas sus mañanas así, con Steve a su lado caminando desnudo por la habitación, buscando su ropa, y con la seguridad de que volvería a verlo.
Cuando lo observó con la intención de abrocharse la camisa no pudo evitar salir de la cama a pesar de su esfuerzo para tomarlo por detrás y hacerle sentarse en la cama otra vez.
-¿Qué haces?- Preguntó Steve riéndose por la actitud algo infantil de Tony, quien no dejó de abrazarlo.
-Mi proposición de que vivas aquí sigue en pie Steve.
Usar su nombre, esa era la clave. No podría negarse, no había forma. Y sin embargo silencio.
-No sé Tony…
-¿El qué no sabes? Ya te lo dije ayer, te necesito cerca y sinceramente, tu piso es una real mierda.
-Será una real mierda, pero es mi piso y le tengo un aprecio.
-¿Y a mí no me tienes aprecio?- No se reconocía, realmente ¿qué pretendía con esos argumentos? Bueno, sí, quería que Steve se quedara con él, pero realmente esa frase era bastante cursi y propia de una tía.
Aunque claramente consiguió que Steve titubeara en su negación.
-Tengo un gato y sabes que no lo dejaría.
-Mi invitación hacia ti incluía al señor Guantes, sabes que adoro a ese gato.- Ahora Steve se giró con ojos escépticos pero aún con la sonrisa divertida. Sí, estaba disfrutando de ese Tony tan distinto y a la vez tan parecido al de antes. -En serio Steve, vente a vivir conmigo.
Y entonces lo besó en el cuello, subiendo hasta su mejilla para después hacerlo girar y besarlo en los labios. No había forma de que dijera que no. Era imposible.
-Lo pensaré.- Dijo para romper el beso abruptamente.
¿Pensar? No había nada qué pensar. ¿Por qué tenía que ser tan cabezota a veces? Lo observó poniéndose sus pantalones, cogió sus zapatos y le dio un último beso antes de marcharse.
Tony se dejó caer nuevamente en la cama. Seguiría durmiendo por ahora porque estaba terriblemente cansado, pero no descansaría hasta que Steve Rogers estuviera viviendo bajo su techo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
No muchas horas atrás, aproximadamente cuando Tony y Steve salieron huyendo de ese restaurante olvidándose de todo, un hombre se encontraba sentado en la mesa sin saber qué hacer.
-Disculpe señor, pero sus acompañantes parece que no van a volver y vamos a cerrar en breve. ¿Le importaría que le trajera ya la cuenta?- Preguntó el camarero de la forma más educada que pudo.
James lo miró con resignación suspirando agotado. Aquella cena en ese jodido restaurante de lujo le costaría el sueldo de un mes. Porque ni Dixon, ni Rogers ni Tony habían pensado en que lo que habían cenado costaría dinero. Pero el principal culpable, cómo no, era Stark. Él había montado todo aquello y como siempre, él tenía que lidiar con los desastres que iba dejando a su paso.
"Me las pagarás Tony…"
Pensó en su mente para luego buscar su cartera en el bolsillo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Bueno, he tardado muuuuucho en subir este capítulo. Pero la vida es así, impredecible. Cuando menos te lo esperas te pones a trabajar, te enfermas, te bombardean a trabajo en clase etc…
También dije que buscaría una beta… pero me dio mucha pereza y acabé pasándoselo a una amiga que se lo leyó por hacerme el favor. Su aportación al respecto fue "muy bonito todo" y no hizo mucho más. Así que me tocó a mí releer el capítulo mil veces xD
En fin, espero que os haya gustado este capi y subiré el próximo, espero, en un par de semanas. Ya no prometo nada xDD
