Cap. 5 –Pintalabios rojo
Steve sabía que el hecho de empezar a vivir juntos no quería decir que además fueran a comenzar a ser una pareja de verdad. También sabía que el trabajo de Tony era bastante absorbente, debía ir a fiestas, cenas y por supuesto, estar pendiente de todo lo que fuera que tenía que ver con una empresa como Industrias Stark. Asimismo, entendía que por lo tanto no pasarían tanto tiempo juntos como se había podido llegar a imaginar en un primer momento. Incluso había llegado a aceptar el hecho de que Tony durmiera una media de cuatro horas al día a pesar de querer mandarlo a la cama de una patada cada vez que lo veía irse al sótano del edificio para trabajar en sabría Dios qué.
Sí, el sabía ya todo eso antes de aceptar mudarse con él, y sin embargo no podía evitar vivir en un incomodidad constante. Porque a cada segundo quería poder decirle, "come algo", "duerme", "descansa", "deja de jugar con tus armaduras un rato"… pero no se veía con el derecho a pedirle nada de eso. De hecho, aunque la gran mayoría de las noches acababan pasándolas juntos, cada uno tenía su propia habitación.
Ya habían pasado más de dos semanas desde que se mudara a ese último piso de la Torre Stark y mentiría si no dijera que realmente estaba mejor que en su pequeño y deficiente piso anterior. Aquí por lo menos había agua caliente siempre y el chorro de la ducha no era un pequeño hilillo de agua corriendo.
Pero dejando a un lado las obvias comodidades de un ático de lujo como aquel, lo referente a Tony no era tan perfecto.
Como en esa noche por ejemplo. Hacía ya varios días, en un momento que coincidieron delante de la tele para cenar, vieron el anuncio de una película que a Steve se le antojaba interesante. Comentó el hecho de que le gustaría verla y Tony, como buen multimillonario, le prometió conseguir entradas para la premier aún cuando ya debían estar todas vendidas. Steve no pudo evitar sentirse conmovido por lo que sería algo así como una cita.
Pero ahí estaba, con Guantes sobre su regazo, en el sofá, mirando la tele como un auténtico perdedor. La película debía haber empezado hacía ya una hora y sin embargo dos entradas descansaban arrugadas, hechas una bola, sobre la mesilla en frente de él.
Unas horas antes, justo cuando Steve llegaba del turno de tarde en el gimnasio, se encontró a Tony anudando una corbata alrededor de su cuello. Sonrió imaginando que se estaba arreglando para ir a la película.
-¿No es un poco temprano para vestirse aún?- Preguntó repentinamente emocionado por creer que a Tony le hacía tanta ilusión como a él salir esa noche. Sin embargo él lo miró con cara de no entender su comentario.
-Para nada, de hecho ya llego tarde. Esta noche tengo que ir a una fiesta de compromiso de la hija de uno de mis accionistas mayoritarios que había olvidado completamente, ¿puedes creer que no recuerdo su nombre?- Y luego sonrió de forma divertida.
Steve ocultó como pudo su cara de decepción.
-Vaya, qué repentino.
-Sí, bueno, estaba programado desde hacía un mes en mi agenda, pero se me había pasado por completo. Definitivamente necesito un asistente.
Al momento se colocó la chaqueta frente a la mirada algo perdida de Steve, tomó el abrigo y tras dar una mirada rápida a la casa se encaminó a la puerta.
-Volveré algo tarde.-
Steve estúpidamente esperó algo más, quizá un beso, o un buenas noches, o "espera por mí", pero nada. Tony simplemente caminó hasta la puerta y la cerró sin decir una palabra más.
Así que allí estaba, en el sofá, con los recipientes vacíos de la comida tailandesa que había encargado a domicilio. Tampoco estaba realmente enfadado. Tony se había olvidado, no lo había hecho a mala intención. Era un hombre ocupado y comprometido con el trabajo, así que no había nada que hacer. Lo entendía, era comprensible.
Pero a pesar de que lo entendía no pudo evitar odiarlo un poco antes de meterse en su cama y apagar las luces para dormir.
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-¡Anthony Stark! Bienvenido.- Al momento le recibió el anfitrión de esa fiesta. Menos mal que Jarvis le había dicho el nombre de ese tipo que recordaba de alguna reunión en el coche. Sino habría sido un momento realmente vergonzoso. Se estrecharon las manos y el hombre lo acompañó hasta la sala donde estaban el resto de los invitados.- Permítame que le presente a mi hija y su prometido. Marie, Anderson, el señor Anthony Stark.
La chica de unos veinte años le saludó cortésmente, al igual que el chico. Tras las típicas palabras de enhorabuena y etc etc, se escabulló entre la gente para tomar una copa. Esas fiestas no eran del todo aburridas, pero reconocía que en ese momento preferiría haber estado en casa con Steve. No sabía por qué, pero esa noche el Capi había llegado con una sonrisa más amplia de lo habitual. Algo que realmente le había alegrado el día. Esa sonrisa le había hecho saber que aquella noche podría arrastrarlo hasta su cama para hacer lo que quisiera con él, y sin embargo allí estaba, en esa fiesta en la que no era capaz de encontrar un camarero.
Que Steve le propusiera dormir en habitaciones separadas le pareció lógico y hasta más cómodo, al menos en la teoría, pero en la práctica no valía para nada. Seguro que Steve dijo aquello pensando en que así le estaría haciendo un favor, pero nada más lejos de la realidad. Nunca había sido una persona especialmente cariñosa o atenta, por lo que como Steve no parecía acercarse, él tampoco se acercaba. Y así estaban en una especie de situación fría y distante.
Sabía que aquello tenía fácil solución, solo debía acercarse y decirle cualquier cosa bonita para que el Capi cayera rendido. Porque sabía que Steve se contenía cada vez que quería darle un beso o un abrazo, quizá por miedo a molestarle o quizá simplemente porque era un idiota. Si le había pedido que viviera con él era porque claramente no le molestaría para nada estar un poco más cerca… pero Steve parecía que no acababa de creerse el hecho de que Tony realmente pudiera sentir algo por él más allá de simple atracción sexual.
Por fin encontró al camarero, alargó un brazo y bebió de la copa de champán siguiendo metido en sus pensamientos. La noche pasaba despacio, saludando gente, hablando aquí, allí. Happy se había negado a acompañarlo volviendo a su argumento de que ser el guardaespaldas de Iron Man era demasiado patético. Y por mucho que le rogó, él solo le soltó "lleva a Steve como acompañante, para algo estáis viviendo juntos".
No sabía si el mundo estaba preparado para ver a Tony Stark como gay con pareja estable, en realidad ni él mismo estaba preparado para aceptar algo como eso. Y por eso estaba allí solo con esa copa, ahora de vino, hablando con no sabía exactamente quien.
En un momento tuvo una mini-entrevista con una reportera de a saber cual o tal revista. Tras insistirle un poco en que respondiera al menos tres de sus cien preguntas que llevaba preparadas, él accedió con la promesa de que lo dejaría ya en paz toda la noche. Entendía el interés de los periodistas, pero por ello precisamente había dado una rueda de prensa hablando de su regreso y sus proyectos con Industrias Stark, no esperaba tener que preocuparse de algo como aquello en esa noche.
-Primera pregunta, ¿ha conseguido ya un sustituto para el puesto que ocupaba anteriormente la señorita Pepper Potts?
Tony intentó no fulminar con la mirada a la chica.
-Aún no. La señorita Potts era impecable en su trabajo. Dudo que pueda encontrar a otra persona tan eficiente como ella para sustituirla.
-¿Con ello se refiere también a su vida personal? Porque ya ha pasado más de medio año desde que se conociera su ruptura con ella y no hay indicios de que vaya a establecer una nueva relación.
-Vosotros los periodistas siempre retorciendo las cosas.- Dijo aún con su sonrisa hipócrita intacta. La chica tampoco dejó de sonreír con su bolígrafo en la mano.- Si volviera a comenzar una relación con alguien llamarle sustituto sería un poco cruel ¿no cree?
-¿Entonces sigue creyendo en el amor?
Tony, a pesar de ser ateo, rezaba a cualquier Dios por que aquella entrevista acabara ya.
-Nunca creí realmente del todo. Ahora si me disculpa…- Hizo el ademán de darse la vuelta.
-¡Espere!, ¡eso no responde mi pregunta!- Iba a seguirlo, pero Tony ya se había alejado bastante de ella y por supuesto al momento dos hombres se acercaron a pedirle amablemente que no molestara al señor Stark.
Le había dicho a Steve que volvería tarde, pero realmente ya estaba deseando irse a casa. Las fiestas ya no eran tan divertidas como las recordaba ¿se estaría haciendo mayor? El caso, un rato más y se iría dando alguna excusa.
Ya avanzada la noche, entre chistes malos y anécdotas sin gracia del grupillo en que se encontraba, vio como a unos metros de distancia una mujer realmente atractiva le miraba fijamente con su propia copa de vino en la mano. Él simplemente siguió con la conversación, intentando no volver a mirarla. Hasta ese momento no se había dado cuenta de cuando tiempo llevaba realmente sin mirar a una mujer. Steve se había vuelto el único de repente en su vida. Lo que a Pepper le llevó años él lo había conseguido en una estúpida noche en Europa.
Su subconsciente le traicionó y volvió a mirar a aquella mujer pelirroja. Desde donde estaba no alcanzaba a ver de qué color serían sus ojos, pero su instinto le decía que serían claros. El vestido largo que llevaba le marcaba todas y cada una de sus curvas, haciendo que a Tony le costara recordar el hecho de que Steve estaba en casa.
Se excusó con las personas que estaba para salir un momento en busca del baño. Esa mansión era bastante grande y realmente solo quería salir de esa sala llena de gente donde aquella mujer le miraba. Caminó por el primer pasillo que vio y tras trastear un poco llegó al cuarto de baño. Se lavó la cara y descansó un segundo. Sabía que se había colado en el baño privado de la familia debido al hecho de que había caminado demasiado por los pasillos y a que ni siquiera escuchaba la música del cuarteto de cuerda que debía estar tocando en el salón.
Estaba a punto de salir de aquel baño cuando la puerta se abrió, entrando al momento aquella mujer joven que le miraba desde hacía rato. Tal y como supuso, sus ojos eran azules claros.
-Si me disculpa, yo ya iba saliendo.- Habló de forma rápida para luego intentar pasar por su lado. Sin embargo, la chica cerró la puerta tras de sí.
-No se disculpe, al fin y al cabo, he venido por usted.
Entonces ella acercó sus labios pintados de carmín hasta los suyos. Tony sabía que debía apartarse, pero no fue capaz de moverse. Le dejó tomarle de la camisa para acercarlo aún más, y en un segundo estaba respondiendo a aquel beso tranquilo.
Recordaba todo aquello. El por qué las fiestas eran divertidas. Llegaba siempre con la intención de conocer a alguna chica que llevarse a casa ese día. Y sin embargo en ese momento no se estaba divirtiendo para nada.
La chica dejó de besarlo para empezar a bajar su boca hasta su cuello, dándole pequeños mordiscos mientras comenzaba a desanudar la corbata negra. Fue entonces cuando fue capaz de separarse de ella, apartándola de un empujón no del todo suave.
-¿Qué sucede?-. Preguntó la chica claramente ofendida por el rechazo.
-Perdona pero debo irme.
Dijo aquello de forma demasiado apresurada antes de salir corriendo de aquel baño. Se odiaba infinitamente. Él había querido besarla, quería haberle dejado quitarle la corbata y seguir sintiendo su boca por su cuello. Sin embargo esa sonrisa de Steve antes de marcharse pesaba más en su cabeza que todo aquello.
Por eso de repente se vio fuera de la mansión pidiendo que le trajeran su coche para marcharse a su casa, con Steve, donde realmente debía estar.
Dejó un recado para su accionista, del cual había vuelto a olvidar el nombre, y antes de que se diera cuenta ya estaba conduciendo hasta su casa.
Cuando llegó esperó que Steve no estuviera acostado, era viernes, y apenas las dos de la madrugada. Sin embargo todas las luces estaban apagadas. Quizá era así mejor. Pasó por el salón despertando a Guantes, quien estaba echado sobre el sofá. Miró los envases de comida tailandesa sobre la mesilla. Era raro. Steve solía ser ordenado. Al lado vio una bola de papel. Iba a pasar de largo a su habitación cuando se fijó un poco más de cerca. Tomó aquella bola y al deshacerla vio con aún más sentimiento de culpabilidad las dos entradas que había comprado días antes para esa premier de la película que quería ver Steve.
Se sentó en el sofá al lado del gato y se llevó las manos a la cabeza. ¿Qué estaba haciendo? ¿Cómo había podido olvidarse de aquello? Por eso Steve había llegado tan contento aquel día, porque esperaba ir con él al cine.
Y él ni si quiera le dijo nada. Si incluso le dijo que se lo pasara bien. Steve era demasiado bueno para él.
Se sintió tentado a aparecer en su cuarto, pero no tenía el valor de hacerlo teniendo en cuenta cómo la había cagado aquella noche.
Volvió a hacer de las entradas una bola de papel y después caminó hasta su propia habitación profundamente preocupado. Si seguía así acabaría perdiendo a Steve.
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Ese fin de semana fue realmente frío. Tony echó la excusa de tener que ver algo de sus trajes y se pasó la mayor parte del tiempo en el laboratorio subterráneo que tenía la torre Stark.
Steve no le mencionó nada sobre el cine y tan solo le preguntó de pasada por la fiesta. Él tan solo pudo responder un escueto "normal" antes de salir corriendo hacia el taller. No podía mirarlo mucho rato a la cara porque la culpa le golpeaba cuando miraba los ojos inocentes de Steve.
Ya el lunes, en cuanto vio a Happy entrar a su despacho supo que podría desahogarse.
-Tony, hay que hacer algo con la mansión que compraste en Malibú para vivir con Pepper. No has vuelto a pisarla y no haces nada con ella. Ahora que estás con Rogers. quizá podríamos ver si…
-Happy tengo que contarte algo.- Habló seriamente ignorando lo que Happy quería decirle.
-¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan serio?- Al ver la mirada preocupada de Tony se sentó en frente de él.
-El viernes, en la fiesta, besé a una chica.
-¿Qué!- Exclamó Happy inclinándose en la silla.- Se supone que estás con Steve.
-Lo sé, joder, lo sé. Solo fue un beso. La tipa esa me siguió al baño y tardé en apartarla.
-¿Tardaste? ¿Qué quieres decir con que tardaste!
Tony bajó la mirada algo enfadado. Se levantó de la silla con claro nerviosismo.
-Todo es culpa de Steve.
-¿Se puede saber qué tendrá que ver Steve con que tú hayas besado a otra?
-Pensé que vivir juntos sería perfecto y sin embargo todo es demasiado distante.- Dijo removiéndose en su sitio y agitando demasiado las manos.
-Explícate.
-Me refiero a que pareciera que tuviera miedo a acercarse demasiado a mí por si me enfado. En su pequeña cabeza debe pensar que es una molestia o qué sé yo.
-¿Y por qué no te acercas tú?- Happy de repente no daba crédito. Escuchar a Tony despotricar sobre una relación no era algo que esperaba que fuera a pasar nunca.
-¡Él es el que está enamorado de mí! Él debería acercarse. Si he estado tentando con esa otra tipa es porque él ni si quiera se fija. Se suponía que el viernes íbamos a ir al cine y yo lo olvidé por completo yéndome a la fiesta. ¡No me dijo nada! ¡Ni un regaño ni un enfado ni nada!
-Por Dios Tony, ¿te das cuenta de lo egoísta que estás sonando? A parte de que tus argumentos son realmente horribles. No culpes a Rogers de no "fijarse", tú deberías hacer algo ya que al fin y al cabo, por mucho que lo niegues, tú también estás enamorado.
Happy lo vio sonrojarse como un auténtico idiota al escucharle decir aquello. De verdad que daba igual cuanto tiempo pasara, Tony seguiría siendo un inútil en aquellos temas. Lo observó sentarse de nuevo en su sillón para coger la pelota naranja anti-estrés.
Hacía mucho que no veía a su amigo con esa mirada de estar absolutamente perdido en un verdadero problema.
-Tony, ¿recuerdas cuando te dije que cuidaras bien de Pepper porque nunca encontrarías a nadie como ella? Pues retiro lo dicho. Realmente en su día pensé que ella sería la única que lograría a aguantarte, pero Rogers ha demostrado que puede lidiar mil veces mejor que Pepper contigo y tu horrible personalidad.
-Por favor Happy, deja de halagarme tanto porque al final me sonrojaré.
-No seas idiota. ¿Entiendes lo que quiero decir verdad?
Tony bajó la mirada avergonzado. Comprendía que realmente era un gilipollas que muy probablemente no merecía para nada tener a Steve. Pero sin embargo el Capi lo había elegido a él, y de hecho hacía aceptado vivir con él y estar a su lado a pesar de saber que probablemente no encontraría más que problemas. Así que a Tony solo le quedaba saber conservarlo, hacer que Steve nunca quisiera dejarlo, porque él de alguna manera ya sabía que jamás querría perderlo.
-Vale, me has ayudado un poco.
-¿Un poco? Sabes que en realidad he salvado tu relación con cuatro palabras.
-No te pases. Y oye, creo que deberíamos buscar algún sustituto como ayudante. Yo solo no puedo con todo.
Happy, ante esa petición no pudo hacer más que sonreír para luego salir corriendo a buscar la multitud de currículos que habían legado solicitando la plaza.
Tony se echó hacia atrás en el sillón soltando la pelota naranja y recordó a la periodista y sus endiabladas preguntas. La razón por la cual le habían molestado tanto era el reconocer que no era capaz de sustituir a Potts porque quizá aún sentía algo por ella.
Porque realmente una parte de él seguía pensando que volvería en cualquier momento, retomaría su puesto y quizá su relación. Por ello no había buscado un nuevo ayudante y por ello se negaba a avanzar con Steve. Quería acercarse más a él, tener una verdadera relación. No era que no llevara al Capi a la fiesta porque el mundo fuera a escandalizarse por descubrir que ahora también se sentía atraído por los hombres. Un escándalo más no era nada del otro mundo. No, era porque tenía miedo de que Pepper volviera.
Pero como la misma reportera dijo, ya había pasado más de medio año, ella no pesaba regresar. Así que en aquella tarde encontraría un ayudante y después, ya en casa, unos pisos más arriba, se encargaría de acercarse a Steve un poco más.
Debía ir a comprar unas entradas de cine.
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Aquel día simplemente no quería volver a casa. El dueño le había dejado las llaves para que cerrara y eso solo le había dado la oportunidad de tener más tiempo para quedarse golpeando el saco de boxeo. Eso sí, sin demasiado fuerza, ya le habían llamado la atención más de una vez por cargarse el material del lugar.
Desde que Tony volviera de aquella fiesta de repente todo se había vuelto terriblemente incómodo. Al despertarse por la mañana vio las entradas arrugadas sobre la mesa, rápidamente las cogió y las tiró para evitar que Tony pudiera verlas. Pero tampoco habría habido real peligro, pues se paso todo el fin de semana con sus historias. No era algo que le molestara, sabía lo que era tener un hobby, él dibujaba y por lo tanto sabía lo que significaba perderse en lo que uno estuviera haciendo, sin embargo aquella vez fue distinto. Apenas habían cruzado palabra alguna en la cena o la comida.
Algo había pasado. Y fue el mismo domingo, ya tarde, cuando Tony le entregó la ropa que dejar para lavar cuando sin querer se dio cuenta. La camisa de ese viernes tenía un tono rojo en el cuello. Tras observarlo un rato pensando que podría ser vino, se dio cuenta de que en realidad era de una barra de labios de mujer.
No podía creerlo, pero todo indicaba a que Tony lo había engañado. No, en realidad no se podía hablar de engañar, porque él nunca le prometió nada realmente. Todo había quedado muy bonito con esas palabras en el baño del restaurante, pero la realidad y el día a día eran distintos. Quizá ya se había cansado. Fueron dos semanas y media viviendo juntos y para él fue suficiente.
¿Se habría tirado a la dueña de ese pintalabios rojo en un baño tal y como hacía con él apenas unas semanas antes? Los celos le invadieron al momento a pesar de sentir que no tenía derecho a ello.
El caso era que ni siquiera había tenido el cuidado de ocultarse. Le pasó la camisa como queriendo que lo descubriera incluso. Eso era lo que más le dolía. Que ni si quiera se hubiera preocupado por hacerle daño si hallaba aquella mancha de pintalabios.
Ahora no sabía qué haría. Seguir viviendo con Tony sabiendo aquello sería imposible, pero tampoco tenía el valor para recriminarle nada. Y además, aunque le constara que Tony había estado con otra, no se veía con fuerzas para abandonar aquella casa donde a su manera era feliz. Porque no tenía orgullo si quiera cuando se trataba de Tony.
Cuando ya pasó la medianoche se dio cuenta de que era hora de volver a casa. Tony ya se habría acostado con un poco de suerte.
Sin embargo, al entrar en casa se lo encontró dormido sentado en el sofá y la tele encendida.
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Tony despertó al notar la presencia de alguien en el salón. Durante un momento de confusión miró hacia la derecha antes de ver a Steve justo al otro lado.
-Joder, qué tarde llegas, me tenías preocupado.- Dijo mientras se restregaba los ojos intentando espabilarse.- Jarvis enciende las luces.- El mayordomo obedeció y al momento la sala entera se iluminó, por lo que Tony pudo ver el rostro confuso de Steve. Sin duda ese "me tenías preocupado" había hecho que el Capi diera saltitos de emoción en su interior.
-Mañana a primera hora deber ir a una reunión importante, no tenías por qué esperarme.- Habló con ese deje de distanciamiento. Acto seguido, tomó la intención de irse a su habitación sin más charla que aquella, pero Tony se desperezó rápidamente para tomarlo de un brazo.
-Espera, tenemos que hablar algo antes.- Dijo con un rostro que probablemente Steve no supo identificar. Sin embargo, Tony pudo ver con claridad la mirada de incertidumbre del Capi. Sin duda esperaba malas noticias.
Lo arrastró de la mano hasta el sofá para sentarlo justo en frente suya, sin embargo, teniéndolo una vez delante no supo exactamente por donde empezar.
-¿Quieres que me vaya?- Preguntó Steve al ver que no decía nada. Tony al momento puso una cara de horror.
-¿Irte?
-Ya sabes, buscarme otro lugar donde vivir. Esto no está saliendo tan bien como queríamos.-Hablaba con una expresión de extrema tristeza, de la cual Tony se sentía enteramente responsable. Él sabía.
-¿Por qué lo dices?- Preguntó ya sabiendo la respuesta. Steve apretó los labios, no quería poner en palabras los pensamientos que rondaban su mente.
-En la fiesta del viernes… pasó algo ¿verdad?
Tony bajó la mirada claramente avergonzado y arrepentido.
-Te lo iba a contar ahora. No pensé que lo supieras ya.
-Tu camisa estaba manchada de pintalabios.- Tony seguía bastante mudo, buscando en su cabeza las palabras exactas para hacer que Steve no se enfadara con él y lo abandonara. Sin duda alguna esta vez resultaría mucho más difícil recuperarlo.- Oye, no te culpo. Imaginaba que algún día tendrías ganas de acostarte con una mujer, pero la verdad que no me lo esperaba tan pronto.
¿No se enfadaba? ¿Por qué no se enfadaba? ¿Cómo que no le culpaba? Y lo peor de todo ¿por qué sonreía tan calmado aún cuando sus ojos se veían claramente apesadumbrados? Dios, en ese momento podía odiarlo. Esperaba que le gritara, que se molestara al menos un poco. Y aun creyendo que se había acostado con esa tipa no era capaz si quiera de fruncir el ceño. De repente era él el que se había enfadado con Steve.
-No nos acostamos. Me besó durante no más de diez segundos antes de que la apartara.- Dijo con expresión severa. Steve no comprendió el porqué de su gesto, pero claramente se vio bastante aliviado al escucharle decir aquello.- La aparté porque estoy contigo.- Dijo unos segundos después al ver como los ojos de Steve recuperaban la alegría por segundos.
-¿La apartaste? ¿Tú?- Preguntó incrédulo el Capi clavando una espada directa al orgullo de Tony Stark.
-No confías para nada en mí ¿verdad? Ni si quiera un poco. Estás pendiente de que en cualquier momento te diga "adiós muy buenas Steve, se me ha pasado la tontería homo así que puedes irte".
Steve solo se calló al oír aquello. Sin duda había dado en el blanco.
-No estoy esperando eso.
-¿Cómo que no? Acabas de decirlo hace un momento, me has preguntado si quiero que te vayas.-Tony ahora se levantó del sofá claramente irritado. Dio un par de pasos nerviosos antes de volver a mirar Steve.- No quiero que te vayas Steve, en serio, no sé que hacer ya para demostrártelo. Volví de Portofino con la única meta de encontrarte, volví por ti cuando tuvimos aquella discusión en tu apartamento, te pedí que vivieras conmigo. ¿Por qué no te mojas un poco por todo esto? Se supone que estás enamorado de mí, no sé cuantas veces te lo he dicho ya. ¿Así que por qué cojones no duermes en mi jodida cama cada noche?
Supo que había levantado el tono de voz demasiado cuando vio la sorpresa de Steve al oírle decir aquellas cosas. Al momento se dio cuenta de ello para sonrojarse un poco por las tonterías que estaba diciendo. Debía verse como un completo idiota a los ojos del Capi. Dio la espalda a Steve intentado reponerse un poco del ataque emocional que estaba suponiendo reconocer todo aquello.
-Vale, tienes algo de razón.- Notó a Steve detrás suya tomándole de la mano.-No he dado todo, es verdad, nunca he sido una persona realmente segura. No sé hasta que punto quieres tenerme cerca y tengo miedo de llegar a incomodarte. Sí, sé que has hecho todo eso por mí, pero aún no sé exactamente qué es lo que pretendes conmigo y odio estar en tus manos sin saber qué es lo que verdaderamente quieres o esperas de mí.- Terminó mientras le pasaba el otro brazo por el pecho, dando un abrazo que hizo que Tony se relajara completamente al sentirse tan cerca. Se le había olvidado lo bien que podía sentirse el contacto con las personas más allá del puro sexo.
-Quiero que estemos más juntos, que tengas la confianza de decirme lo que te pasa, que hablemos, que si me olvido de una película para la que yo mismo compré las entradas me lo recrimines y me obligues a compensarte, que no actuemos como si fuéramos simples compañeros de piso, porque sabes que somos mucho más que eso. Quiero que te enfades si te enteras de que una tía me ha besado como me enfadaría yo si me entero de algo así, quiero una relación de verdad.
Demasiadas cosas, lo sabía, pero todas razonables, al menos desde su punto de vista. Escuchó a Steve bufar con una ligera risa en su hombro.
-Así que simplemente quieres que te preste más atención.- Le dijo en su oído.
De repente sintió como tiraba de él para dejarlo sentado en el sofá sobre él de forma desordenada.
-¿Qué haces?- Preguntó claramente avergonzado por la posición demasiado vergonzosa.
-Pienso empezar ahora mismo con todas tus peticiones.- Y entonces le besó la mejilla como si se tratara de una pura e inocente damisela. Sin duda le avergonzó aquel acto tanto como le gustó. Steve era cariñoso, lo sabía, y eso era lo que más le había molestado esas semanas, su distancia. Pero claro, de golpe y porrazo verse en aquella posición era demasiado para él.
Steve por su parte pasó olímpicamente de su queja y pasó sus manos por su abdomen, acariciándole completamente feliz después de aquella dulce confesión que claramente no esperaba para nada. Ni siquiera el propio Tony la había visto venir.
-¿Me vas a abrazar así todos los días o qué?-
-Probablemente. Y me llevarás a ver la película que nos perdimos esta semana. Y ya que quieres una relación también vas a tener que dormir ocho horas diarias y alimentarte mejor si quieres que alguna vez volvamos a tener sexo.
-¿Qué?- Ahora Tony se giró sobre él para mirarlo incrédulo.
-Dices que quieres una relación, pues entonces tengo derecho a cuidarte. Si sigues con esta mierda de ritmo de vida no me duraras ni la mitad de los años que quiero pasar contigo. Sabes que soy un superhombre que no se muere ni aunque se quede congelado por 70 años, así que necesito que tu también te hagas un poco más fuerte.
-Deja de fardar del hecho de que seas invencible, ser un superhéroe de probeta no es nada honorable ¿sabías?
-No más honorable quizá que ser un superhéroe de traje.
-¿Vamos a empezar una discusión?- Preguntó divertido Tony ya consiguiendo sentarse en el sofá a su lado.
-Esta noche no.
Y acto seguido lo besó. De la forma más dulce que Tony recordara que le habían besado en su vida. Le acariciaba la mejilla mientras su lengua se movía lenta y tranquila por el interior de su boca y su otra mano le empujaba hacia atrás en aquel sofá.
En ese momento Tony se preguntaba cómo había llegado hasta allí. La mansión de Portofino quedaba lejana desde aquel ático de Nueva York. Para empezar ni si quiera había tenido pensado quedarse a vivir allí por más de un par de meses. Pero aquel rubio había conseguido darle la vuelta a su mundo por completo. Y lo peor de todo era que le gustaba, que nunca se había sentido más feliz en la vida que con él.
Sinceramente, no sabía si definitivamente se había enamorado de Steve, pero tal y como dijo en el restaurante, ya le era imposible vivir en un mundo sin su presencia.
En un segundo, los besos de Steve se detuvieron para mirarle a los ojos. Él tardo en abrirlos, esperando que siguiera con aquello.
-¿Qué pasa?
-Mañana tienes una reunión y ya te he dicho que debes dormir ocho horas. Así que a la cama.
Steve se levantó del sofá dejando a un confuso Tony. Una vez de pie, lo hizo levantarse a él también y en un abrir y cerrar de ojos lo había tomado en brazos para empezar a caminar hacia la habitación.
-¿Qué coño haces? Esto es vergonzoso. ¡No soy una chica!
-Pues pesas lo mismo que una. O quizá es que soy muy fuerte, no lo sé.- Respondió para hacer rabiar a Tony, quien se limitó a removerse lo máximo que podía para fastidiarle el camino a Steve, aunque este solo reía divertido por la actitud tímida de Tony que tan pocas veces podía ver.
-Ya estás consiguiendo que me arrepienta de todo lo que he dicho.
Steve simplemente lo ignoró y rio un poco más alto para abrir la puerta de la habitación. Lo dejó sobre la cama antes de gatear sobre ella hasta él.
-También querías que durmiera aquí.- Dijo mientras que se quitaba la camiseta y los pantalones.
Si esperaba que le pidiera algo iba listo. Seguramente Steve estaría tan caliente como él en ese momento.
-Algo así.
-Pues durmamos, porque ya sabes. Mañana tienes una reunión.- Y después se metió bajo las mantas sin más. Tony claramente quedó paralizado.
-¿Dormir? ¿En serio?
-Y tan en serio. Ya te lo he dicho. Mañana madrugas y tenemos tiempo.
Volvió a darle un beso corto y se recostó con una amplia sonrisa, sabiendo que estaba haciéndolo rabiar.
-Sabes que te odio.
-Ódiame lo que quieras, pero duerme.
Tony supo que esa noche no habría sexo. El idiota del Capitán realmente tenía planeado arreglarle eso del sueño. Finalmente él mismo se quitó su ropa y ni se molestó en buscar un pijama. Se metió bajo las sábanas y dio un suspiro de resignación.
-Jarvis, apaga las luces y despiértame a las 7 mañana, ya sabes, reunión.
-Por supuesto señor. Buenas noches.- Respondió el mayordomo con su impecable acento inglés.
No tenía sueño en realidad, ni siquiera un poco, estaba pensando en alguna forma para escaquearse a su laboratorio cuando sintió el brazo de Steve rodearle bajo las sábanas.
-Por favor Tony, duerme.
Si él se lo pedía no podía hacer nada. Además, ese brazo alrededor de su estómago no se sentía para nada molesto y realmente le gustaba la sensación de tenerlo a su lado.
Al final no pasaron ni cinco minutos antes de que se durmiera. Tenía más cansancio acumulado del normal. Ese fin de semana con la culpabilidad y la tensión de ver a Steve alejándose había sido especialmente agotador.
Odiaba admitirlo, pero muy seguramente Steve acabaría consiguiendo que durmiera las jodidas ocho horas diarias que tan recomendadas eran por todo el mundo.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.
Bueno, y con este capi hemos pasado ya la mitad del fic y vamos hacia el final. De hecho, en un principio este capítulo nunca existió. Fue después de habar avanzado bastante en el que sería el sexto capítulo que se me ocurrió todo esto. Supongo que Tony y Steve necesitaban un poco más de "drama" antes de poder vivir juntos y sin problema alguno. Por ello, aunque es importante para la relación de ambos, es auto conclusivo y no parece seguir hacia ninguna trama. Bueno, en realidad este fic nunca tuvo trama alguna xD
La parte del cine y las entradas no es totalmente idea mía. Una amiga leyó un fanart en su día y me contó medianamente una historia donde Tony olvidaba una cita para el cine con Steve y había unas entradas echas una bola de papel. En fin, que nunca llegué a leerlo y no sé de quién sería. Solo quería decirlo por si alguien lo ha visto y se piensa que soy una plagiadora… Que realmente lo soy un poco en este caso, pero bueno, perdónenme xD
También quería decir que calculo que el próximo capítulo será algo más corto de lo acostumbrado, para que vayan avisados.
En fin, que me callo ya, nos vemos en otras tres semanillas o dos. Me está costando eso de acabar este fic y no sé yo cómo se me dará. Espero no dejarlo inacabado, estaría muy feo por mi parte.
Gracias por los reviews, favoritos y seguidores. De verdad que me animáis a no querer dejar esta historia tirada.
Besos y hasta pronto!
