Cap.6.- Un día
A Tony nunca le gustaron los animales especialmente, aunque tampoco era como si los odiara. De hecho, como todo ser humano, encontraba monos a los gatitos, a los perritos y a todas las crías de cualquier bicho viviente en este mundo (incluso los bebés).
El gato de Steve, el famoso señor Guantes, de hecho le había caído bastante bien en su momento. Las veces que lo había visto en ese apartamento que solía tener Steve, o estaba durmiendo o simplemente vagabundeaba sin molestar a nadie. Claro, que nunca se había quedado mucho rato con el gato.
El caso era, que ahora que vivía con Steve y por consiguiente también con el señor Guantes, le había cogido cierto resquemor. Ya con Pepper se había dado cuenta de que era una persona algo celosa, pero con Steve había acabado de confirmarlo. Porque tenía envidia de ese gato. Sí, tan patético como sonaba.
Era como en ese mismo momento. Llegaba tras una tarde algo cansada en su oficina y nada más entrar veía al señor Guantes mirándolo en la puerta.
-Buenas señor Guantes.- Le dijo como un completo psicópata que habla con gatos al cerrar la puerta tras de sí.
El felino le ignoró completamente y se dio la vuelta hacia el salón. Tony sabía adonde iba. Siempre hacía lo mismo el condenado gato.
Se aflojó el nudo de la corbata mientras también iba desabrochando algunos botones de la camisa a medida que avanzaba por el corto pasillo. Al llegar al salón vio a Steve sentado en el sofá viendo la tele tranquilamente y cómo no, con el gato sobre sus piernas.
Tony estaba completa y absolutamente seguro de que ese gato le odiaba, porque cada vez que lo veía, corría hacia Steve para echarse a su lado o encima de él. Como si quisiera decirle que Steve era suyo y que no tenía el derecho a acercarse.
El condenado gato estaba mucho más tiempo con su novio que él mismo.
-Llegas algo tarde hoy.- Dijo Steve girándose a verlo con tono casual.
-Fury me tuvo media hora dándome una regañina por webcam, creo que por una supuesta "actuación imprudente" o algo así, no lo sé, mientras hablaba tenía otra pantalla con el buscaminas. ¿Sabías que ese juego tiene una lógica?
Steve lo miró con claro enfado ante su despreocupación.
-Te ha llamado la atención con todo el derecho. Hiciste temblar todo Nueva York porque tu último experimento en ese condenado sótano salió mal.
-Solo fue un pequeño movimiento, mucha gente ni siquiera lo notó.
-Tienes que dejar de hacer cosas peligrosas Tony. La próxima vez podría no ser solo un pequeño movimiento y convertirse en un problema real.- Terminó con el ceño un poco fruncido.
-Está bien. Prometo tener cuidado. ¿Por qué no me das un beso de bienvenida al menos?
Steve a regañadientes le dejó un beso en la mejilla. Al fin y al cabo él tampoco era muy fan de SHIELD y realmente le gustaba confiar en que Tony sabía lo que hacía. Tampoco quedaba más opción.
Ya habían pasado tres semanas desde que decidieran ser una pareja con todas las de la ley, y realmente estaba resultando mucho mejor de lo que esperaba. Lo de dormir ocho horas aún quedaba lejano, pero había pasado de tres o cuatro a seis, un gran avance en tan poco tiempo. Además de que el sueño se había vuelto mucho más reparador, quizá porque los malos sueños que solía tener no le llegaban al dormir al lado del Capi.
Nunca tuvo asistentes como cocineros o servicio interno en ninguna de sus mansiones desde que cumpliera los veinte años. Siempre se había apañado bien con Jarvis, el Tonto, y demás máquinas que pudiera creer necesarias. En ese piso solo venía algunos días a la semana una empleada a remover un poco el polvo y nada más. No le gustaba tener mucha gente cerca. Y la verdad es que vivir con alguien hacía todo mucho más fácil.
Ya no abusaba de la comida a domicilio, a Steve se le daba bien cocinar y le gustaba hacerlo. Por supuesto si un día no le apetecía darse el trabajo bien podían pedir algo o salir.
Tampoco había resultado ser un maniaco del orden, así que podía seguir siendo bastante desordenado sin que pareciera molestarlo en absoluto. Y ahora desayunaba, porque una taza de café solo, que era lo que tomaba antes, no podía llamarse desayuno.
Quizá lo único malo de tener a Steve allí eran los pelos del señor Guantes por toda la casa. Pero eso era un problema muy pequeño comparado con todo lo demás.
-¿Qué es esto?- Preguntó de repente tomando un folio con un retrato del señor Guantes, muy a su pesar.- ¿Lo has hecho tú verdad?
-Sí, no es nada.
-Realmente nunca he visto tus dibujos aunque siempre andas con un lápiz en las manos.- Habló con cierto tono de reproche.
-Simplemente lo hago para pasar el tiempo, ya te digo que no es nada.- Y entonces le quitó el dibujo para luego hacerlo una bola de papel, quitándole importancia.
-Hiciste un retrato del tío ese, ¿cómo se llamaba? el abogado.
-John Dixon.
-Ese. ¿De mí no has hecho ninguno?
Steve al momento se levantó del sofá claramente incómodo.
-¿Cenamos? He hecho pasta.
Tony lo miró con los ojos entrecerrados. Nunca se había parado a pensarlo, pero Steve realmente siempre andaba con un cuaderno de dibujo o folios. Pero esta era la primera vez que conseguía ver uno de sus dibujos, después del retrato de la servilleta claro. Verdaderamente aún había muchas cosas que desconocía.
-No te evadas. Quiero ver tus dibujos. Deberíamos colgar algunos.- Habló mientras lo seguía hasta la mesa para sentarse. Steve pasó a la cocina abierta y se puso a servir los platos.
-No bromees anda.
-No bromeo.-Respondió serio.- Quitemos ese cuadro impresionista y pongamos algo tuyo.- Realmente lo decía con sinceridad.
-Ese cuadro tiene pinta de valer cientos de dólares.- Dijo Steve mientras llevaba un primer plato a la mesa.
-En realidad miles, pero te prefiero a ti. Creo que realmente quiero un retrato. ¿Qué tal uno desnudo?- Habló ya con una gran sonrisa mientras Steve llevaba ahora los vasos y los refrescos.
-No me estás ayudando a servir.- Dijo ignorándolo.
-Yo pondré el lavavajillas y te daré un beso, pero no te desvíes del tema. ¿Qué me dices de un desnudo? Sería todo muy artístico.
-Come anda.- Y así terminó la historia. Tony vio que no había forma de insistir en aquello. Steve era tozudo como él solo. Así que se limitó a hablar de otras cosas. Claro que la idea de ver los dibujos no se le fue de la cabeza. Estaba seguro de que alguna vez había visto un cuaderno por ahí.
No fue hasta un par de días después que tuvo la ocasión de buscar aquellos dibujos, cuando recibió un mensaje en el móvil de parte de Steve informándole que se quedaría a comer con Amy y que por lo tanto se apañara solo.
Al momento salió corriendo del laboratorio donde jugaba con su nuevo traje directo al ático.
-Jarvis, dime donde guarda Steve sus dibujos. – Ordenó mientras entraba a lo que hacía ya tres semanas había sido la habitación de Steve.
-No creo que el señor Rogers quisiera que usted los viera, de no ser así él mismo le diría donde están.
-Dímelo Jarvis.
-Lo siento señor, pero me configuró para que aceptara al señor Rogers como igual a usted en ciertos aspectos y por tanto no puedo darle esa información.
Tony se mordió un labio enfadándose con su yo del pasado. Ahora tendría que buscar a la antigua usanza, aunque sabía por donde empezar.
Esa habitación, desde que la dejara Steve, parecía un poco desorden. Simplemente había algunas cajas y cosas sobre la mesa. En la cómoda había algo de ropa, pero nada que Steve pareciera que usara. En realidad no tardó mucho en encontrar lo que estaba buscando, de hecho, encontró más de lo que buscaba. En una de las cajas que Steve nunca abrió al mudarse hacía ya más de un mes, descubrió un montón de cuadernos de dibujos y folios o simples hojas sueltas. Y por supuesto además en un cajón encontró el cuaderno que le había visto rondando esos últimos días.
El gusto por el dibujo no era solo un hobby sino una pasión, al igual que él con sus trajes o sus máquinas. Había demasiados por mirar. Lo primero que vio fue un retrato suyo.
Lo sabía, sabía que Steve le habría dibujado una y mil veces, era lógico. Y sí, en verdad la mayoría de dibujos de los dos cuadernos que ya había mirado eran suyos, aunque a veces eran simples paisajes, otros, edificios, cosas, el señor Guantes, Amy… Steve parecía dibujar de todo, pero sin embargo le encantó saber que él era lo principal.
Encontró incluso un dibujo de ambos. Ahora que lo pensaba no tenía realmente ninguna foto juntos como pareja. Quizá por eso se quedó más rato mirando aquella hoja donde ambos sonreían en actitud cariñosa.
Aún no se había cansado en verdad de mirarse a sí mismo retratado cuando decidió coger un cuaderno de los que estaban al fondo en la caja. Lo abrió totalmente expectante por ver qué encontraba. La fecha marcaba 1943, así que aquellos dibujos quizá le mostrarían un poco qué era lo que veía Steve en aquella época.
Al abrirlo, vio en primer lugar una mujer muy hermosa, con una sonrisa inocente y vestida de militar. Luego habían algunos paisaje y más personas que no reconocía, pero en un momento, al pasar la página, se vio a si mismo retratado. Por supuesto no podía ser él, así que al mirarlo con más detenimiento se dio cuenta de que aquel era su padre, Howard Stark. Lo observó completamente embobado, incapaz de seguir mirando nada más. Tenía fotos de su padre en verdad, pero aquel dibujo consiguió conmoverlo. De hecho, escuchó la puerta de casa abrirse y no fue capaz de moverse. Siguió allí, mirando el rostro de su padre con esa sonrisa atrevida y los ojos brillantes y muy abiertos.
-¡Tony! ¿Qué haces hurgando en mis cosas? Esto no está bien.
Habló Steve cuando lo vio sentado sobre el suelo con uno de sus cuadernos.
-Sabía que os conocíais pero nunca pensé que fuerais tan cercanos como para que lo dibujaras.- Dijo ignorando un poco el intento de regaño.
Steve supo que no podría quejarse de aquello antes de explicarle el porqué de aquel papel.
-Tu padre fue un buen amigo para mí.
-Él me contó que os conocisteis y que diseñó tu escudo. Yo no me lo creía mucho. Al fin y al cabo eras el increíble Capitán América, el superhéroe entre los superhéroes. Pensé que decía aquello para hacerse el interesante.
-Pues era verdad. Me ayudó mucho cuando estuve en problemas y realmente se parecía mucho a ti. Estaba completamente loco y era condenadamente inteligente.
Tony se giró ya para mirarlo. Se había librado de una regañina por andar donde no debía gracias a esa mirada melancólica y triste que había puesto al mirar el rostro de su padre. Aunque tampoco era como si hubiera necesitado fingirla.
-En fin, definitivamente vamos a colgar varios. Tiraré ese cuadro.
-Tony, no digas tonterías. Si quieres deshacerte del cuadro al menos dónalo.
-Entonces aceptas que los colguemos.- Dijo triunfante levantándose del suelo.
-Yo no he dicho eso.
Era realmente fácil liar a Steve, una faceta increíblemente adorable.
-Y este lo enmarcaré para ponerlo en la mesa de mi despacho.- Dijo mientras sacaba el dibujo de ellos dos juntos. Aunque realmente deberíamos sacarnos alguna foto.
-En serio, todo esto es vergonzoso Tony.
Él simplemente le dio un beso en la mejilla tomando los dibujos que más le gustaban.
-Lo que sea, pero realmente tenemos que hablar lo del desnudo…
Steve lo miró con gesto de enojo, pero sabía que en el fondo se estaba sintiendo realmente halagado. Y Tony no estaba de broma, finalmente donó ese cuadro tal y como pidió Steve y en su lugar puso el retrato de su padre junto a uno suyo. Viéndolos así se veían realmente parecidos.
Nunca había decorado una casa con algo como fotos familiares o cosas que no fueran de diseño, extrañamente se sentía cálido de repente el ambiente. Enmarcó ese cuadro de ambos haciendo caso omiso a las suplicas de Steve por dejarlo en la caja y lo puso sobre su mesa.
El ambiente de la oficina por supuesto se volvió también mucho más personal y acogedor. Claro que cada dos por tres acababa mirando el dibujo olvidando sus obligaciones. Ahora tendría que buscar más para dejar también en su laboratorio y en el taller.
-Señor Stark, le recomendaría que hiciera algo con la mansión que tiene en Malibu. Pierde dinero con ella y no creo que la piense usar.- Habló su nuevo ayudante que había resultado ser tan eficiente como en su tiempo lo fue Pepper.
-Tengo dinero de sobra para tirar en lo que quiera.- Respondió girándose sobre su silla. Ese día se sentía especialmente animado.
-En mi humilde opinión sería mejor que se mudara a ella. Hubo otro temblor en Nueva York tras la pequeña explosión que provocó su experimento en el sótano.
Tony lo miró con cierto odio, sin embargo el chico de no más de 30 años lo miró impasible. Si Jarvis fuera una persona, sería como él.
En cuanto a lo de la mansión, lo sabía. Realmente era un peligro andar haciendo las cosas que hacía en ese sótano en medio de una gran ciudad. Sabía que en cualquier momento llegaría una nueva video llamada de Nick Fury para un nuevo sermón, y lo que más le jodía era que realmente tendría razón.
¿Pero cómo mudarse de allí? Steve trabajaba en el gimnasio que estaba a veinte minutos de esta Torre. ¿Si le pedía que se fuera con él a alguna mansión alejada de donde pudiera causar un desastre lo haría? No, tampoco sería justo preguntarle algo así. Pero en realidad tampoco podía dejar de hacer sus experimentos y sus pruebas con sus nuevas armaduras, nunca se sabía cuando las iba a necesitar. Difícil elección, Steve, o sus juguetes.
-Te odio Scott.
El chico simplemente asintió y se fue del despacho.
Pero definitivamente algo tenía que hacer con esa mansión. Realmente, pensándolo bien lo mejor sería venderla y ya está. Comprarse una nueva, ya que siempre era bueno tener un lugar grande donde dejarse caer si era necesario. Aunque obviamente para ello debería ir allí antes y recoger varias cosas. Probablemente ya fuera capaz de volver allí y ver el papel pintado que tanto le había entusiasmado a Pepper sin ningún problema.
Lo de una posible mudanza podría esperar. Lo primero era quitarse de en medio esa mansión, y para ello sabía que debía hablar antes con Steve.
Aquella noche habían quedado para ir al cine, así que no fue hasta la mañana siguiente, en un sábado tranquilo, cuando le habló de aquello.
-Steve.- Lo nombró Tony mientras pasaba su dedo por el musculoso brazo del hombre a su lado. Él en respuesta solo soltó un ligero "mmm".
-¿Recuerdas que tengo una mansión en Malibu? La que compré con Pepper.- Dijo apoyándose sobre un hombro en la cama para mirarlo. Ahora Steve se giró hacia él. Hacía apenas unos diez minutos que había despertado el Capi y como siempre, los sábados se quedaban pegados a la cama aún despiertos.
-Sí. ¿Sucede algo?- Ahora Steve también pareció espabilarse y lo miró.
-He pensado en venderla. Al fin y al cabo no la uso y fue ella quien la eligió la decoró y bueno, la que se encargó de todo. Así que no la siento como mía. Puedo buscarme otra.
-Si es lo que te parece mejor adelante.
-Pero antes debo ir a recoger algunas cosas, quizá te gustaría venir.
-Claro.- Respondió sin más.- Pasaron bastantes minutos antes de que Steve volviera a hablar.- Tony, ¿algún día me contarás qué fue lo que sucedió con Potts?
Tony sabía que Steve realmente sentía curiosidad por aquello. Lo miró un segundo antes de remover las sábanas para acabar sobre él para besarlo. Le contaría, claro que lo haría, pero no en ese momento.
-Cuando vayamos a la mansión.
Steve simplemente asintió antes de recibir un nuevo beso de sus labios.
Fue al siguiente fin de semana, el domingo a eso de las diez, cuando ambos tomaron un jet hacia la famosa mansión.
Steve ya había montado en ese jet en alguna otra ocasión, pero sin embargo no dejaba de asombrarse por el lujo y el detalle del lugar. A Tony se le olvidaba a veces que no todo el mundo era tan asquerosamente rico como él.
Cuando llegaron a la mansión le dio cierta pena saber que la venderían. Pepper tenía buen gusto, y la pista de aterrizaje de jets que tenía en los terrenos de alrededor era realmente perfecta, además de que también tenía el mar. En fin, bonito lugar.
Sacó las llaves de su bolsillo mientras Steve observaba todo a su alrededor bastante boquiabierto. Quizá sí que estaba acostumbrado a los lujos de la Torre y la mansión de Portofino también era bastante impresionante, pero aquel lugar sin duda se llevaba la palma.
Al entrar, la impresión del Capi no aminoró. Todo estaba cuidado al detalle, era amplio, a pesar del abandono, seguía demostrando esa grandiosidad y el lujo que la caracterizaban.
-Es preciosa.- Dijo Steve mirando para todos los lados.
-Sí, al final hasta me dará algo de pena venderla. Es una buena casa.- Dijo mientras miraba alrededor sin detenerse mucho realmente.- Solo tengo que coger unas cosas de arriba. Un par de camisetas que me gustaban y unos cuadernos de notas en los que juraría que tengo algo interesante.- Dijo con una sonrisa divertida.- Espera aquí si quieres.
Steve lo miró claramente aliviado de que Tony no pareciera afectado por el recuerdo de Pepper. Se suponía que en ese día le contaría qué había ocasionado la ruptura de una de las parejas más famosas de EEUU.
No pasó mucho rato antes de que Tony bajara con una bolsa que se notaba claramente muy vacía.
-¿Solo era eso?
-Ya te dije que era poco.
Tony se lo quedó mirando, sabía que Steve esperaba algo más. Quería saber.
Se sentó a su lado en ese amplio sofá y le miró serio.
-Quieres que te cuente ¿verdad?
-Solo si tú quieres.
De verdad que era un jodido encanto. Se echó hacia atrás en el respaldo bajo la atenta mirada azul de Steve y se dispuso a contarle todo.
-Pepper y yo estábamos bien por fin después de los problemas varios que habíamos tenido: Nueva York, Killian... Estábamos tan bien que un día sin más le compré un anillo.-En ese momento se metió la mano al bolsillo del pantalón y sacó una cajita de color azul marino. Steve lo miró con algo de tristeza.
-Le pediste que se casara contigo.
-Y ella me rechazó.- Respondió con una sonrisa burlesca.- Me dijo que realmente me quería, pero que no se veía teniendo que aguantar cada día el verme en peligro, en vivir situaciones de riesgo cada dos por tres. Ya sabes que los superhéroes atraemos ese tipo de cosas. Supongo que la gota que colmó el vaso fue el hecho de que la convirtieran en algo así como mutante. Pensé que al encontrar la cura todo estaría bien, pero por lo visto ella no llegó a estar cómoda del todo. Me dijo que si nos casábamos y formábamos una familia no sería capaz de aguantar la presión con hijos de por medio. Digamos que su punto de razón tenía.
Steve escuchó en silencio. El discurso de Tony no había sido tan elocuente a como lo tenía acostumbrado. Pero sin embargo comprendió todo. Lo mismo le había pasado a él en su día cuando se creyó enamorado de Peggy. Pensaba día y noche en cómo podría protegerla aún cuando sabía que ella era bastante capaz. Lo mismo suponía que le pasaba a Thor con la física Jane Foster. Así eran las cosas para los superhéroes. Estaban condenados a vivir solos si no querían hacer daño a nadie.
-Supongo que yo también entiendo a Pepper. Pero desde mi perspectiva yo no puedo perdonarla por abandonarte.- Tony de repente se quedó pasmado antes esas crueles palabras proviniendo de alguien como Steve Rogers. No era alguien rencoroso para nada.- Vivir con alguien que sea como nosotros sería sin duda un peligro constante, pero por qué no sopesó las consecuencias antes de empezar nada contigo? ¿Por qué tuvo que esperar a que le pidieras matrimonio para decirte todo aquello? Y ella sabía lo inestable que eres. Pasé unos días horribles cuando me enteré de que habías desaparecido, ya sabes que hasta tuve que ir a pedir un favor a SHIELD.
Tony sonrió divertido y le pasó una mano por el cuello para acercarlo.
-¿Te enfadas con ella por mí? Ten en cuenta que gracias a que me rechazó ahora puedes follarme todas las noches que quieras.
Steve lo miró algo disconforme por su comentario.
-Cierto que al final todo parece que ha salido bien, pero podría no haber sido así.
-No te preocupes, ya ha pasado casi un año de aquello.- Steve aún no parecía convencido así que le dio un suave beso. -Mira, creo que dejaré este anillo aquí mismo, como regalo para los dueños que compren la casa.
-Debe ser caro.
-Qué más da. Aquí mismo le pedí matrimonio y me rechazó, así que aquí se quedará el anillo.
Steve no vio la lógica a aquello, pero era Tony, él en sí era una contradicción constante e inexplicable y aquella era su decisión. Poco podía decir al respecto.
Tony cogió la bolsa de las pocas cosas que quería llevarse y luego le tendió la mano a Steve para marcharse de allí con la intención de nunca volver.
-¿Sabes que las bodas gay están admitidas tanto en Nueva York como en California?- Dijo Steve con un tono burlón y divertido que a Tony le hizo reír.
-Claro que lo sé. ¿Acaso me estás pidiendo tú matrimonio ahora?
-No. Creo que es demasiado pronto. Además, creo que si me pusiera de rodillas me darías una patada antes de que pudiera sacarme la caja del bolsillo.
-Pues claro. Nunca permitiría que fueras tú quien me lo pidiera, seguro que comprarías un anillo horrible.
Ambos rieron antes algo tan estúpido como casarse, aunque extrañamente a Tony la idea no le pareció tan descabellada. Apenas llevaban casi un año desde que sucediera aquella locura de Portofino, pero sin duda había sido bastante intenso. Quizá en un año más se tenía que ver comprando un anillo otra vez.
Miró a Steve, quien caminaba a su lado completamente ajeno a sus ideas locas de matrimonio. Sin duda alguna, si él estuviera en su cabeza y supiera l oque estaba pensando podría llorar de felicidad. No se le olvidaba que sin duda alguna Steve estaba mil veces más enamorado de él que al revés. A veces sentía que realmente no se merecía tener a alguien que lo antepusiera ante todo.
-El problema sería tener hijos. Entre dos hombres la cosa es difícil y yo necesito un heredero.
-Hay adopciones, vientres de alquiler y un montón de métodos.- Explicó Steve.
-Te veo informado... ¿por qué será?
Steve lo miró aún entre risas. Obviamente todo el mundo sabía eso. Sin embargo Tony realmente quería saber si él estaba dispuesto a tener hijos. Realmente él mismo nunca se vio como un buen padre, pero Steve sin duda alguna sería el mejor y ciertamente alguien debía hacerse cargo de Industrias Stark en el futuro porque… espera… ¿realmente se estaba planteando la posibilidad de que en un futuro tuviera hijos con Steve? Al final iba a ser verdad lo que dijo Happy, él parecía que también se estaba enamorando como auténtico idiota.
-.-.-.-.-.
Que Tony finalmente se decidiera a contarle la historia de Pepper le hizo sentir aún más confianza en aquella relación. Todo estaba siendo mucho más fácil de lo que se esperaba. Dormir con él, desayunar juntos, salir de vez en cuando, reír, conversar, parecía que llevaban haciendo todo aquello desde siempre, como si toda su vida hubiera pasado solo para llegar a este momento.
Pero a pesar de toda esa felicidad no podía dejar de tener cierto resquicio de duda y miedo. Tony al fin y al cabo no dejaba de ser una persona veleidosa en muchos aspectos. Tenía miedo de que acabase dejándose llevar totalmente por toda aquella vida que de repente se veía tan perfecta y por tanto, en cierto modo, sentía que le estaba faltando el respeto a Tony. Porque ya le había dejado muy claro que le quería con él, a su lado.
De todas formas suponía que podía guardarse un poco de cautela mientras Tony no supiera nada. El problema llegaría cuando realmente se viera totalmente envuelto por todo ese mundo de luz y color. Algo que no tardaría en pasar para su desgracia.
Así acabó, totalmente arrastrado por Tony hacia donde él lo quería. Ya era completamente suyo, podía hacer lo que quisiera con él. No dejaba de pesarle todo aquello en el orgullo, pero aún así sentía que no estaba tan mal del todo. El caso era que no dejaba de pensar en qué pasaría si Pepper volviera algún día.
Desde la cama de Tony, teniendolo a su lado, algo así parecía totalmente imposible, pero esa idea no dejaba de rondarle la cabeza. Quizá su mente sabía que no había forma humana, o sobrehumana en este caso, de que pudiera llegar a ser tan feliz.
Y al final, tal y como tenía, un día Pepper Potts volvió para quedarse.
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Buenas noches o ya más bien buenos días, son las 5.51 ahora mismo en España u.u Debería estar durmiendo, pero tras más de una semana entera postergándolo no quería dejar pasar más tiempo para subir este capítulo.
Realmente ha pasado casi un mes, realmente no tengo una excusa muy buena… estudios, trabajo, Navidades, familia, un catarro que dura ya más de una semana… básicamente lo mismo de siempre xD
En cualquier caso espero que aquellos que leéis sepáis perdonarme por esta tardanza y espero no volver a hacer algo así, pero es que realmente quería tener medio escritos los siguientes dos capítulos antes de subir nada y además soy muy vaga…
En fin, que espero que el capítulo os haya gustado. Todo era demasiado bonito durante demasiadas palabras y necesitaba acabarlo con un mínimo de angst. Aunque ya os digo que tampoco será nada muy deprimente, soy una chica muy feliz y no aguanto las cosas tristes muy bien xD
Gracias a los reviews, los seguidores y los favoriteos. Realmente me habéis animado más de un día.
Nos vemos en breve espero!
PD. La escena del señor Guantes estaba pensada desde mucho antes de empezar el fic y me alegró saber que algunos esperábais algo así porque sabía que os iría como un guante Sí, podéis matarme por ese chiste malo xDD
PD2. A los reviews anónimos que supuestamente no puedo responder pero mehhh…
Naoki.- Espero que te siga gustando el fic y que reúnas a tu amiga para leer este siguiente capítulo xD Un saludo y nos vemos!
Jenn- ¡Qué review más largo! Parece que no te gustó mucho ese momento de tensión entre Tony y Steve… así que prepárate para lo que llega ahora que creo que te gustara poco o nada xD También espero que te gustara esa escenilla del principio del Señor Guantes. Un saludo y nos vemos!
